Bajo el Juicio de la Soberana.

Gen
NC-21
Finalizada
3
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
136 páginas, 68.685 palabras, 1 capítulo
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

El juicio de la soberana.

Ajustes
⚠️Advertencias⚠️ 🐈‍⬛ Contenido explícito. 🐈‍⬛Este One Shot tiene temas delicados, proceder con precaución. 🐈‍⬛ One shot largo. 🐈‍⬛Este capítulo estará censurado en wattpad, por lo que mis lectores de Wattpad si quieren verlo sin censura tendrán que ir a Ao3 o a fanfictionero. Están bajo su propio riesgo. 🐈‍⬛Este One Shot tratara temas psicológicos y escenas emocionalmente desgastantes. 🐈‍⬛Este One Shot al tocar temas bastantes pesados, se les recomienda leerlo de a poco para que no puedan abrumarse, ya que es bastante largo. 🐈‍⬛Este One Shot es una critica social a lo que he estado presenciando en el fandom de los ships de Poppy Playtime y también a temas sociales de la vida real, por lo tanto, si deseas criticarme por eso tienes todo el derecho, pero no esperes que me quede callada. 🐈‍⬛ Este contenido es meramente ficción, así que por favor SEPARAR LA REALIDAD DE LA FICCIÓN. 🐈‍⬛ ESTE FANFIC CONTIENE TEMÁTICA ADULTA, COMO TEMAS MUY DELICADOS QUE ALGUNOS ESPECTADORES PUEDA INCOMODAR, SI A PESAR DE QUE HAS LEÍDO LA ADVERTENCIA QUIERES SEGUIR LEYENDO ESTAS BAJO TU PROPIO RIESGO, SE CONSIDERA DISCRECIÓN. FUISTE ADVERTIDO. 🐈‍⬛+18 (no se permiten menores). 🐈‍⬛No se aceptan comentarios negativos serán bloqueados de inmediato, si no te gusta lo que lees te pido de la forma más respetuosa que te retires, ignores o bloquees. 🐈‍⬛Si alguien se siente ofendido, no lo lamento. 🐈‍⬛Esta historia es para el público adulto, por lo tanto, si eres menor de edad, te pido de la mejor manera que salgas de la historia, pero aun así si decides ignorar mis advertencias, entonces solo me queda advertirte que estas bajo tu propio riesgo, esta historia encontraras temas moralmente cuestionables, turbios, gore, abusos de todo tipo, altamente toxicidad, sinceramente esta historia hará que te revuelva el estómago. Por lo tanto, estas bajo tu propio riesgo, no quiero saber que después de esto quieras quejarte o que tus padres vengan a quejarse porque serás bloqueado de inmediato. Eso sería todo para aquellos menores de edad. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜Comentario de la escritora Principio☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆* Hola mis queridos lectores soy Kiara Saori o como unos me conoces Kiara.S, me presento soy una escritora humilde, que me encanta compartir mis escritos de mis ships favoritos que me causan mucha alegría. Algunos ya me conocerán por mis antiguos trabajos en el fandom de Poppy Playtime, y otros será la primera vez que me conozcan, solo vengo a dejarles unas notas antes de empezar. Claro en mis comentarios finales tendrán más contexto sobre esto. Este fanfic nació a raíz de ciertas dinámicas que he observado dentro del fandom de Poppy Playtime, específicamente en el sector dedicado a los ships. Lamentablemente, la toxicidad ha escalado a un punto donde se han visto ataques directos hacia un grupo en específico, sin embargo, al finalizar esta obra, tendrán más contexto sobre mi postura al respecto. Por otro lado, la inspiración técnica surgió de una artista a la que admiro profundamente por su gran talento. Originalmente la conocí por su contenido de CatDay, pero recientemente comenzó a publicar material de ProtoSawyer. En uno de sus cómics, abordó un tema que me resultó sumamente interesante. Aunque ella lo planteó desde la parodia, para mí tuvo un impacto distinto. No pude tomarlo con gracia y, de hecho, me generó cierta incomodidad. Esa reacción fue el motor de este proyecto, sentí la necesidad de expresar mi desagrado ante las acciones de los personajes en dicha historia. Por ello, decidí recrear la escena y alterarla, modificando diversos elementos para reflejar mi opinión personal sobre el tema y el comportamiento de los involucrados En cuanto a la caracterización, las personalidades del Prototipo y de Harley Sawyer se mantendrán fieles a lo mostrado en el cómic original, por lo tanto se cambiaron en muchas cosas. Además, he decidido incluir personajes que no figuraban en la obra de la artista, ya que considero fundamental retratarlos para profundizar en la narrativa. Quiero aclarar que este proyecto no busca insultar a la artista en absoluto, al contrario, su trabajo me sirvió de inspiración para realizar una crítica constructiva sobre las acciones de los personajes en su historia. Con ese fin, he tomado a tres de sus personajes originales para integrarlos en la trama, pues son piezas clave para el desarrollo del conflicto principal. El motor de este fanfic surge de una combinación de factores, la inspiración técnica del cómic y mi preocupación ante la toxicidad que he observado en el fandom de ships y mas de uno en especifico. Mi objetivo es solidificar una postura crítica ante la hipocresía de ciertos sectores, específicamente de aquellas personas que se han dedicado a atacar a otros, incluidas mis compañeras escritoras de mi propio ship. Esta obra busca exponer esas actitudes contradictorias y defender lo que considero una convivencia sana dentro de la comunidad. Para mayor claridad, profundizaré en estos puntos en los comentarios finales de la obra. Por último, quiero expresar mi más sincero agradecimiento a la grandiosa artista Celer. Su cómic fue la chispa que me inspiró a crear este One Shot. Reitero que tres de los personajes utilizados son de su autoría y, al mismo tiempo, les comparto su cuenta de Twitter para que puedan seguir y apoyar el increíble trabajo de una artista tan talentosa. @celer_one35705 Sin mas que decir, por favor disfruten de mi humilde obra uwu. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ Bajo el Juicio de la Soberana El aroma del café recién hecho, mezclado con un matiz dulzón y reconfortante, impregnaba cada rincón del lugar con una calidez preciosa. Era una fragancia que evocaba hogar, diseñada para que cualquiera que cruzara el umbral se sintiera a salvo y seguro. Ese espacio era el santuario de la diosa pelirroja, una enorme habitación que Poppy había reclamado como propia y transformada, con una dedicación meticulosa, en su verdadero hogar. El lugar funcionaba como un pequeño departamento independiente, contaba con su propia cocina, una sala acogedora, un dormitorio y un baño privado. Los muebles, aunque mostraban las marcas del tiempo y un desgaste noble, lucían cuidados con un esmero casi reverente. Los diseños eran delicados y femeninos, pero sin sacrificar la comodidad, logrando un equilibrio perfecto entre la elegancia de antaño y la calidez de un refugio moderno. Sin embargo, lo que más capturaba la mirada era una de las paredes principales. Allí, expuestos como tesoros, se encontraban varios dibujos infantiles. En los trazos simples de crayón, se podía ver a la propia Poppy rodeada de dos o tres pequeñas criaturas que le llegaban a las rodillas, en otros, la soberana aparecía sola o caminando junto a la figura vibrante de DogDay, o simplemente con sus amigos, pero en su mayoría estaba con esas cositas diminutas. Era una galería de bellos recuerdos para aquella soberana que atesoraba cada día con sus tesoros, sus nietos y sus motores de vida. La Soberana disfrutaba de una plenitud absoluta. Mientras el aroma del café recién preparado comenzaba a impregnar el aire, ella se entregaba al ritual de su aseo matutino. Frente al espejo de su baño, la figura de la muñeca se alzaba con una estatura imponente de 1.70 m, proyectando una presencia que desbordaba los límites de la perfección y belleza, al presumir de un cuerpo adulto de una mujer desarrollada. Tras una ducha reparadora que había despejado sus sentidos, cepillaba su cabello bien cuidado que tanto amaba cepillar, entrelazando cada hebra en un moño bajo, perfecto para su mayor comodidad en especial, cuando tendría que aguantar largas horas de trabajo. Al contemplar su reflejo, la pulcritud de su vestimenta se convertía en su declaración de principios. El vestido con flores estampados, una pieza de corte largo y mangas que custodiaban su piel casi por completo, no solo satisfacía su inclinación personal por el recato y la elegancia austera, sino que funcionaba para demostrar una imagen de una gobernante. Para ella, la autoridad comenzaba en la superficie, sabía que una soberana no solo debía ejercer el mando, sino encarnar la perfección visual. Los juguetes que la seguían, veían en ella la salvación y la sanidad de lo que alguna vez esa fabrica, llena de muerte y putrefacción, por lo que debía tener una apariencia impecable, ya que era el primer recordatorio de que bajo su mando no tendrían carencias ni mucho menos suciedad. La Soberana se detuvo ante el espejo para permitirse un instante de silenciosa admiración. Se sumergió en el reflejo de sus propios ojos, dos orbes de un azul cerúleo tan vasto y cristalino como el cielo en su cenit, capaces de proyectar una serenidad absoluta o una frialdad cortante según su voluntad. Sobre sus mejillas, las pecas se extendían con una delicadeza astronómica, semejando constelaciones que daban un aire etéreo a su fisionomía de muñeca. Para coronar aquel despliegue inefable, Poppy tomó un pequeño frasco de cristal que contenía un bálsamo de un rojo carmesí profundo, que ella misma creo con los recursos que el trabajo de su gente y de ella habían hecho. Con una parsimonia casi ritual, deslizó la yema de su dedo sobre la sustancia y la extendió por sus labios en un movimiento rítmico e hipnótico, trazando los contornos ya ensayados. Al terminar, abrió y cerró la boca en un gesto suave, distribuyendo el pigmento de manera uniforme hasta que sus labios adquirieron un brillo intenso y apetecible, una nota de color vibrante que resaltaba entre la sobriedad de su atuendo y terminaba de forjar la máscara de perfección que el mundo esperaba ver en ella. Por último para resaltar más su belleza, no dudó en aplicar pequeñas motas de aquel bálsamo sobre sus mejillas, los párpados y el puente de la nariz. Con suaves toques, difuminó el carmesí hasta lograr un rubor natural que resaltaba su piel de la palidez de su piel, otorgándole un matiz vibrante y lleno de vida. —Perfecto —susurró para sí misma, regalándo una última mirada de aprobación mientras la imagen en el espejo le devolvía la estampa de una mujer que emanaba control y gracia en partes iguales. Con un andar ligero y rítmico, abandonó el santuario del baño para dirigirse a la cocina. El aroma tostado y reconfortante del café, que ya alcanzaba su punto ideal, la recibió como una caricia familiar. Sobre la mesa, su cuaderno de notas la esperaba como un fiel centinela, Poppy lo tomó con delicadeza, pasando las páginas para repasar la meticulosa lista de tareas que darían forma a su jornada, mientras con la otra se servía una taza humeante, observando cómo el vapor danzaba en el aire. Con la taza en una mano y su cuaderno en la otra, se trasladó hacia la sala, donde el ambiente cambiaba por completo. Allí, expuestos como las obras de arte más valiosas de su reino, se encontraban los dibujos de sus tesoros. Se detuvo frente a esa pared tapizada con tantas hojas de papel, permitiendo que una sonrisa genuina y cálida curvaba sus labios recién pintados. Poppy se detuvo frente a los dibujos, trazados con la inocencia y el ímpetu de manos pequeñas que aún no conocían la crueldad del mundo exterior. Aquellos trazos eran su verdadero motor, la inspiración purísima que transformaba el peso de sus responsabilidades en una misión sagrada. Al ver esos dibujos, Poppy sonrió con una determinación renovada, ellos eran la razón por la que cada decisión, cada sacrificio y cada gramo de su fuerza valían la pena para asegurar un mañana donde el miedo no fuera más que un recuerdo enterrado, bajo su mando. Fue entonces que ella en un respiro largo no dudó en disfrutar en ese momento de paz, mientras pensaba en visitarlos y quedarse un rato mientras disfrutaba de darle mimos y mucho amor a sus preciados nietos que la adoraban como la amaban. Poppy no dudo en probar un sorbo de su café, mientras sonreía porque, aunque no era la vida que esperaba, no iba a negar que estaba en el paraíso, ya no iba a quejarse con lo que tenía, estaba agradecida de tener una vida plena, en especial sin la interrupción del otro soberano o más bien, tirano. Una breve mirada a su reloj de la pared le confirmó que el tiempo de contemplación había terminado. Con la paciencia de quien sabe que el mundo espera por ella, Poppy apuró el último sorbo de café y depositó la taza sobre la mesa. Y en un gesto que ya era puro ritual, alisó los pliegues de su vestido y ajustó la caída de sus mangas, asegurándose de que no hubiera ni una sola imperfección en ella. —Ya es hora. —susurró para las paredes vacías, con una voz tan suave y calmada. Ella fue a la puerta para abrirla, permitiendo que la luz cegadora y artificial inundara su visión, haciendo que la atmósfera de aquella fábrica se revelara enfrente de ella, Playtime Co un lugar donde fue conocido como un territorio lleno de muerte y podredumbre, realmente se veía cambiado en mucho de los aspectos, al menos en ciertas zonas, Lejos de la penumbra y el abandono de otros sectores, los pasillos que conforman su dominio respiraban una vida vibrante. Aunque técnicamente vivía en un ala rehabilitada de la fábrica, los pasillos ya no olían a sangre ni a desesperación. En lugar de eso, el aire era fresco, purificado por hileras de plantas exuberantes que colgaban de los techos y brotaban de maceteros estratégicamente colocados, devorando el concreto con vida verde. Las paredes, antes grises y descascaradas, resplandecían ahora bajo capas de colores claros y cálidos que multiplicaban la luz, transformando el laberinto industrial en un refugio acogedor. Lo que hizo que Poppy respirara con calma, porque siempre se ponía de un buen humor al salir con una hermosa imagen, además de que ella vivía en uno de los pasillos donde poseía varias habitaciones las cuales fueron propiedad de algunos empleados que decidieron vivir en la fábrica, pero ahora eran hogar para los juguetes en especial los seguidores de Poppy. Ella no dudó en comenzar a caminar para comenzar su jornada. Con la barbilla en alto y la mirada fija en el horizonte, Poppy avanzaba con una elegancia imperial, cada uno de sus pasos desbordaba la seguridad inquebrantable de una líder que no solo ostenta un título, sino que lo dignifica con su sola presencia. A medida que avanzaba, su presencia no pasaba desapercibida. Juguetes de diversas formas y tamaños, experimentos que alguna vez fueron esclavos por los antiguos amos de la fábrica, transitaban por los corredores con una vitalidad renovada. No había costillas marcadas por el hambre ni miradas vidriosas por el terror, sus pelajes estaban limpios y sus movimientos poseían la gracia de quienes se sientes seguros, en especial cuando miraban a su líder y la saludaban con tanto amor, adoración y respeto. —Buenos días, mi Soberana —exclamó un pequeño Bunzo Bunny que pasaba con un cesto de frutas, inclinando la cabeza con respeto genuino, ya que la cosecha del gran invernadero perteneciente a la facción de Poppy, había sido muy buena ese año. Lo que hizo que la nombrada se sintiera orgullosa por el esfuerzo de sus súbditos, lo que provocó que sonriera más. —Buenos días, pequeño. Que tú jornada sea productiva —respondió ella con una sonrisa cálida y una inclinación de cabeza. Bajo su mandato, se habían abierto las zonas de cultivo que antes se consideraban territorios peligrosos, por la experimentación que se hacía. Sin embargo, gracias a la cooperación estratégica de ciertos juguetes que fueron destacados como la peste y ella incorporo a sus aliados, lograron pacificar y reclamar esas tierras para combatir la hambruna que, en aquel entonces, amenazaba con devorar a los habitantes de la fábrica. Fue una labor titánica que se extendió durante años. Poppy delegó la misión a aquellos que poseían conocimientos de agronomía, quienes trabajaron con paciencia casi religiosa sobre las escasas semillas rescatadas del olvido. Fue una tarea ardua, pero cada segundo de sacrificio valió la pena cuando los primeros brotes verdes rompieron la superficie. Aquel milagro vegetal no solo trajo alimento, cambió para siempre el ritmo de la vida de los juguetes en específico a sus aliados, pero para Poppy con esa mirada ambiciosa no fue suficiente para entregarle a su gente. Poppy caminaba con el cuaderno apretado contra el pecho, pero con la barbilla en alto, haciendo notar su presencia como la matriarca benevolente que ha rescatado a sus aliados del abismo. Cada saludo devuelto y cada mirada de admiración de sus súbditos alimentaba su confianza, bajo su mando ese territorio que había seleccionado ya no era un lugar horrible, sino un reino de prosperidad donde cada vida tenía un propósito y cada cachorro que venía al mundo, un refugio. Ella era la diosa para ellos y su guía, Poppy era todo lo que desearon de un líder. Al cruzar el umbral hacia el Gran Salón, Poppy fue recibida por la vibrante sinfonía de una sociedad en pleno funcionamiento. La vasta sala, antes un almacén gélido y vacío, se había transformado en el corazón neurálgico de su dominio. Sus aliados y súbditos se cruzaban en un flujo constante y organizado, cada juguete avanzaba con propósito, desempeñando con orgullo el oficio que se le había asignado según sus habilidades. El espacio estaba segmentado con precisión. En uno de los flancos, se extendía un mercado de carpas coloridas donde el aire de comunidad era palpable. Allí, el trueque era la ley para los objetos de lujo o curiosidades, un intercambio de tesoros encontrados entre las ruinas de la fábrica o del exterior cuando los exploradores volvían, que fomentaba la interacción y el comercio justo. Sin embargo, en el centro de la sala, la logística de Poppy se volvía sagrada, los puestos de suministros esenciales y comida se gestionaban con una equidad absoluta, asegurando que ningún juguete, por pequeño o débil que fuera, se quedara con las manos vacías. —Buenos días Poppy. —Una voz tan dulce y conocida interrumpió la concentración de la nombrada al admirar a su gente convivir con gracia. Ella volteo para observar a su querida hermana, una muñeca rosada de cabello rosado, con una boca larga y sus labios rojos, orejas largas que terminaban de punta, mientras sus ojos se notaba su nobleza y su amor infinito por la vida, siendo ella más alta que ella, ya que a pesar que Poppy media sus 1.70 m Kissy le gana por unos 8 cm. — Me alegro tanto de verte querida hermana. Poppy al contemplarla, no pudo evitar que una sonrisa cargada de una alegría inmensa iluminara su rostro, por tener aquella juguete de su lado y sobre todo como una familiar de ella, a pesar que nacieron en condiciones diferentes, eso no quitaba el hecho que ellas habían formado un vínculo tan estrecho al pasar muchas adversidades juntas, al punto que no podían mirarse de otra forma que no fuera la hermana que siempre desearon tener en el momento que abrieron sus ojos, cuando despertaron en esos cuerpos que iban contra la ley de dios. La pelirroja no dudo en caminar hacia ella, para extender sus brazos y ambas se abrazaron para pegar sus frentes y cerras sus ojos, en un saludo cálido e íntimo para ellas, ya que era la forma de saludar en ese lugar a sus seres más cercanos, Kissy fue la primera en separarse mientras sonreía con orgullo al ver también a su líder. —Buenos días Kissy, a mi igual me alegra de verte. — Dijo la pelirroja, mientras se alejaba un poco para volver a observar el lugar mientras cruzaba sus brazos, disfrutando la vista del bullicio del día. — Hoy tenemos mucho que hacer querida hermana. —sentenció la reina mientras soltaba un suspiro cargado de propósito y abría su cuaderno para repasar las tareas pendientes. Kissy, en un gesto de absoluta complicidad, asintió en silencio. Ambas comenzaron a caminar a través del salón con paso firme y sincronizado. Sabían que debían iniciar su rutina para que la paz en la que se construyó a lo largo de los años que aún se mantenía. Poppy asintió, pero su mirada se desvió inevitablemente hacia el sector más luminoso del salón, el área de recreación. Era un espectáculo que aún le humedecía los ojos de satisfacción. Allí, los "cachorros" la descendencia de los juguetes que eran de su territorio y la nueva generación de juguetes jugaban bajo la vigilancia atenta y amorosa de sus padres. Risas honestas y correteos llenaban el aire, un sonido que antes era imposible en los pasillos de Playtime Co. Ver a los padres observar a sus pequeños sin el miedo constante a un depredador era el mayor triunfo de su reinado. —¿Qué hay de los exploradores, Kissy? —preguntó Poppy, rompiendo el ritmo de su caminata mientras una sombra de cautela cruzaba sus ojos azulados. Kissy se tensó ligeramente, asintiendo con una preocupación evidente ante las últimas noticias. A pesar de haber consolidado aquellas zonas de cultivo, ambas sabían que la tierra no bastaría para sustentar a los juguetes bajo el liderazgo de Poppy. Por ello, desafiando todo pronóstico, la Soberana había decidido años atrás oponerse ante las normas de su tregua con el otro soberano, Aquel dios frívolo gobernaba sus dominios bajo un régimen de reglas asfixiantes que, para los ojos de la diosa pelirroja, no eran más que un entramado de hipocresías diseñadas para perpetuar el control. Desde aquel desafío inicial, la relación entre ambos reinos se había reducido a una tregua gélida y frágil, sostenida apenas por un equilibrio de tensiones y protocolos estrictos. Eran leyes de convivencia escritas sobre un cristal bastante frágil, destinadas únicamente a retrasar un conflicto abierto que desde aquella tragedia que fragmento un reino único, y lo dividió en dos que termino por sellar el destino que cada vez ella sentía que se acercaba y la diosa cada día, sentía que el salvador de los juguetes alcanzaba su cuello para acabarla y cumplir sus palabras voraces por su sangre. Impulsada por esa amenaza y la urgencia de asegurar el sustento de su pueblo, la diosa rojiza tomó la audaz decisión de fracturar esa tregua en silencio, desafiando el riesgo de una guerra abierta, promulgó una orden clandestina que autorizaba las incursiones fuera de la fábrica, bajo un protocolo de absoluto hermetismo para evitar que cualquier filtración llegara a oídos del tirano. Para garantizar la seguridad de esta operación, Poppy conformó una élite de exploradores, un cuerpo selecto integrado exclusivamente por los súbditos cuya lealtad le habían demostrado desde el momento que eligieron su bando en la hora de la alegría y decidieron no participar en ese genocidio bestial. Su misión principal era vital, cruzar los límites de la fábrica hacia el mundo exterior, desafiando el peligro para asegurar los recursos necesarios que permitieran elevar la calidad de vida y garantizar la prosperidad de todo su reino. Sin embargo, tras esta fachada de búsqueda de suministros, existía un objetivo mucho más ambicioso y secreto. Solo un círculo extremadamente reducido de estos exploradores, elegidos no solo por su fidelidad sino por su agudeza intelectual, tenía encomendada la tarea de recuperar información del mundo exterior y realizar estudios exhaustivos sobre la vida de los humanos. Poppy comprendía que ese lugar no siempre seria seguro y tenía que pensar en un plan, para asegurarse que todos en absoluto pudieran tener la paz que necesitaban y eso significaba encontrar la manera de adaptarse a los humanos con el menos riesgo posible, lo tomaría aun sabiendo que fuera una misión tan suicida que incluso el más mínimo error de discreción podría desatar la furia del Prototipo y darle caza. Poppy había decidido asumir el riesgo. Para ello, rehabilitó un sendero clandestino hacia el exterior, una red de conductos de desechos olvidados que, aunque sumamente sucios y degradados, representaban su ruta más segura. Aquel camino le había sido revelado por su antigua amiga y maestra mucho antes de que se desatara el genocidio, la cual su amiga se aseguró que solo ella supiera sobre esto. Al encontrarse estos ductos bajo el control directo de su territorio, sus exploradores podían entrar y salir sin necesidad de cruzar la primera planta de la fábrica, evitando así cualquier encuentro fortuito con los leales súbditos del Prototipo o con la vigilancia del Doctor que custodiaban las rutas principales. Definitivamente todo estaba marchando como se supone que debía ser, en los planes de la soberana. —Hubo un inconveniente Poppy, parte de nuestros exploradores fueron atacados. —Confeso Kissy mientras bajaba la mirada, ya que realmente no sabía como decirle esa noticia, pero aun así su líder debía saber lo que estaba pasando. El rostro de Poppy perdió su calidez matutina para adoptar una seria y sus ojos azulados solo perdieron el brillo que la caracterizaba, para remplazarlos con una frialdad y preocupación alarmante. —Llévame con ellos de inmediato —ordenó la pelirroja con una voz que ya no admitía réplica. Ambas se desviaron del bullicio del Gran Salón, internándose en un pasillo lateral que conducía a una estancia más discreta y fortificada. Al abrir las puertas, la atmósfera cambió de la prosperidad vibrante a la cruda realidad de la frontera. Allí, un grupo de juguetes descansaba bajo la tenue luz de las lámparas de emergencia. Todos vestían las pesadas capas de viaje, negras como el carbón y curtidas por el polvo de la fábrica, con la palabra "Explorador" bordada en la espalda con hilos blancos que ahora estaban deshilachados. En el centro de la habitación, Doey se movía con una urgencia controlada, se había convertido en un pilar fundamental de la defensa de Poppy, se encontraba arrodillado frente a los recién llegados. Sus manos, expertas en el cuidado de los suyos, ayudaban a vendar las heridas de un juguete que apenas podía mantenerse en pie, mientras otros miembros del equipo descargaban con manos temblorosas las pocas provisiones que habían logrado rescatar. El aroma a antiséptico y sangre inundaba el aire. Poppy entró en la sala angustiada, su presencia exigiendo respuestas, En el centro de la habitación, Doey se movía con una urgencia controlada. Aquella criatura se había convertido en un pilar fundamental para la soberanía de Poppy, actuando como un baluarte de contención y cuidado. En ese momento, se encontraba arrodillado frente a los recién llegados, con sus manos expertas en el auxilio de los suyos. Él no era un explorador ya que era más un guardia que se mantenía de proteger y también de llevar un orden sin Poppy o Kissy no estaban, ya que su fuerza era necesaria para limitar a los otros juguetes peligrosos que no eran de su bando. —¡Maldición, Doey! ¡Hazlo más despacio, que no soy un saco de boxeo! —gruñó Kickin Chicken aquel juguete que había sufrido un daño en su costado, apretando los dientes mientras Doey intentaba vendar una herida profunda que manchaba su plumaje de un carmesí denso. —Si dejaras de moverte, terminaría más rápido —respondió Doey sin levantar la vista, aplicando presión con firmeza, se notaba angustiado no era muy bueno haciendo las curaciones, a diferencia de su compañera aquella cerdita rosada, pero aun así con lo básico que sabia hacia lo posible para poder ayudar a su compañero. Hoppy, que se mantenía en pie a duras penas apoyada contra la pared, observaba la escena con una expresión desencajada. Su habitual energía eléctrica había sido sustituida por una pesades alarmante ya que su amigo había sido herido, además de que ella también había sufrido heridas a diferencia de los demás que pudieron llegar a salvo al lugar y por poco no la contaban los dos. —Debemos llevarlo a la enfermería de inmediato —instó Hoppy con la voz entrecortada por el agotamiento. —No —sentenció Doey sin levantar la vista de la herida, su voz era un muro de piedra—. Moverlo ahora solo agravará la hemorragia. Necesitamos a alguien que sepa de suturas profundas aquí mismo. ¡Traigan a alguien! Kissy y Poppy miraban la escena con suma preocupación, rápidamente Kissy tuvo que interrumpir, ya que antes de que llegara Poppy ella estaba en la zona de los cultivos. Doey apretó los dientes, frustrado por la logística que fallaba en el peor momento posible, tenía a compañeros heridos mientras miraba a los demás exploradores, otros juguetes de tamaños pequeños y medianos, que se notaban unos agotados y asustados, mientras otros heridos como si los hubieran atacados animales, muchos de ellos no tenían heridas graves como Kickin, pero si estaban asustados ya que no estaban acostumbrados a peleas, además que poseían raspones, las cuales podían curar después. —Hoppy, ve por el doctor.—Esta vez fue la voz de la soberana quien interrumpió el ambiente, mientras los demás la miraban y al notarla todos sin excepción bajaron sus cabezas con respeto, la orden de ella fue dada y la coneja al escucharla no dudo en obedecer. Hoppy salía disparada hacia los pasillos, los juguetes que no eran exploradores descargaban los fardos con manos temblorosas. El sonido de varias cosas chocando con el suelo y el desgarro de las provisiones rescatadas se mezclaba con el denso aroma a antiséptico y el olor metálico de la sangre fresca que comenzaba a encharcarse bajo la silla de Kickin. Poppy dio un paso al frente, su presencia silenciando el caos de la habitación. Sus ojos azules recorrieron los rostros desolados de sus exploradores, y noto que había los habían atacado, fue entonces que se acercó a Doey, colocando una mano sobre su hombro, sintiendo la tensión en los músculos del pilar de su defensa, para luego mirar a Kickin que jadeaba de dolor y sufria por como Doey lo curaba. Poppy se alejó de Doey y caminó con paso lento pero firme hacia donde Kickin permanecía sentado. Cada uno de sus movimientos exhalaba una elegancia gélida, aunque sus ojos traicionaban la tormenta de preocupación que rugía en su interior, ya que a pesar de todo no le gustaba ver a ninguno de los suyos heridos. Se plantó frente a él, obligándolo a levantar la vista, y aunque su estatura era menor, la sombra de su autoridad parecía cubrir toda la habitación. —Kickin —su voz sonó suave, pero con un tono de autoridad matriarcal que dejaba ver su seriedad—.Necesito el informe de tu propia voz. ¿Qué fue lo que los emboscó? Kickin soltó un suspiro pesado, apretando los dientes mientras Doey terminaba de ajustar un vendaje temporal. El ave siempre tan llena de arrogancia y energía, se veía ahora como un soldado que regresaba a casa sin ningún tipo de triunfo, en especial porque se sentía bastante humillado y avergonzado, ya que jamás en su vida había tenido que huir y pelear con tanta desventaja. —Era una exploración de rutina, Soberana... lo de siempre —comenzó a relatar Kickin con la voz rasposa—. Estábamos buscando frutas y nuevas semillas, además de cazar conejos, pero no éramos los únicos que estábamos cazando. Porque de la nada, nos cayó encima una manada de lobos. Poppy frunció el ceño. Al escuchar sobre los animales en especial los lobos, que eran un peligro para su gente, ya que esas criaturas feroces no conocían miedo cuando se trataban de atacarlos, ya habían perdido unos cuantos juguetes en las primeras expediciones, por lo que ahora se les instruía de utilizar armas que sus ingenieros bajo su mando hicieron, pero pareciera que a pesar de eso no sería suficiente para las criaturas del bosque que rodeaba la fábrica. Al menos agradecía que fueran lobos y no osos. —Eran demasiados, Poppy —Esta vez hablo Hoppy, aquella coneja que no venía sola porque a su lado se veía un juguete humanoide, siendo una versión de CatBee pero antropomórfica un juguete descontinuado por lo que no había muchos de su modelo, pero lo que de verdad destaco fue aquel que venía detrás de ellas, siendo otro CatBee pero alterado y con partes unidas a su cuerpo con diferentes juguetes, que caminaba lento con un pequeño bastón para su tamaño, muchos de los juguetes de ahí lo miraban con desconfianza ya que aún no estaban acostumbrados a su presencia, de él y de varios igual con la condición de Preston. Hoppy poseía un rostro sombrío, dejando ver que también estaba afectada por lo sucedido porque no iban a sobrevivir si no fuera por su salvador, mientras Preston y la CatBee al ver a Kickin no dudo en reaccionar. —¡Oh dios mío! —Murmuro la CatBee fue hacia Kickin para poder revisarlo ya que ella tenía su kit para este tipo de casos. —Vaya… si que fue una herida muy fea. —Hablo Preston al observar a Kickin, así que pasaba de lado y al quedar enfrente de Poppy este hizo una reverencia respetosa, para dirigirse a ella con un saludo. — Mi soberana. La nombrada al ver al ex científico estar frente ella, solo hizo un movimiento con la cabeza que fue suficiente para darle paso y este pudiera curar a Kickin. Preston y su pupila quedaron enfrente de Kickin, ya que ambos se encargarían de curarlo. —Venían con una furia que no habíamos visto antes, era como si le hubiéramos robado algo. Si no hacíamos algo, iban a masacrar a los cargadores y perderíamos todos los recursos. Así que Kickin y yo tomamos una decisión, nos quedamos atrás para contener el avance. —Continuo su relato la coneja mientras los demás la observaban y Kickin por fin era atendido como era debido, Hoppy solo avanzo para continuar el relato ya que su amigo estaba sufriendo ahora de cómo iban a darle puntos para cerrar la herida. Kickin hizo una mueca de dolor y soltó un alarido agónico. Pero decidió continuar el relato, ya que su amiga parecía muy acomplejada y llena de culpa, porque sentía que esto había ocurrido por ella, en especial cuando ella había sugerido quedarse atrás para distraerlos y Kickin sin querer abandonarla se quedó a su lado. —Hoppy hizo lo que mejor sabe hacer, usar su velocidad para confundirlos, mientras yo intentaba mantener la línea de frente. Pero uno de esos bastardos era más grande que el resto... fue más rápido de lo que calculé. Me alcanzó el costado antes de que pudiera reaccionar. —Señaló con un gesto amargo la herida de una horrible mordida que CatBee cerraba sin anestesia, al mismo tiempo lo limpiaba, además de revisar el daño para ver si no había afectado ningún órgano—. Hoppy logro quitármelo, pero nos habían rodeado completamente y bueno… pensábamos que íbamos a morir… hasta que… —Hasta que Glibet apareció y nos salvó. —Termino Hoppy mientras recordaba a su compañero que llegaba en el momento justo, para ahuyentar a los lobos con su arma al provocarles electro shock y dispararles unas piedras con un tipo de resortera con forma de arma, que los ingenieros le habían hecho mientras buscaban una mejor manera de crear armas que pudieran defenderse de una mejor manera. Poppy sintió que el corazón le daba un vuelco. El nombre resonó en la pequeña sala como una campana de plata, disipando por un instante la tensión del ambiente. Sus ojos azulados se abrieron con una sorpresa que rozaba el anhelo, si él estaba allí, significaba que la misión más secreta y peligrosa que ella había encomendado finalmente había concluido. Después de las semanas sin saber de él, por fin había regresado. Su querido amigo. Cuando el relato termino, surgió una figura con un andar rítmico y despojado de toda pesadez. Glibet se materializó con esa confianza innata que lo envolvía, como si el peligro fuera simplemente un juego cuyas reglas solo él conocía, era un tipo de animal antropomórfico de un zorro, la cual se podía ver en su figura lo cual enfermo podía ser el soberano del otro territorio, si desobedecías a sus órdenes al hacer que su carne se viera al revés, además de sus horribles cicatrices en su cara y sobre todo un parche que en vez de resaltar su fealdad, se podía ver que resaltaba su apariencia imponente a pesar de su pequeño tamaño, vestido de un pantalón y una camisa blanca, además de unas botas de cuero, el zorro solo tenía a su lado su bastón eléctrico una de las armas de los ingenieros que le concedieron para su misión. —Vaya, Hoppy, me pones más heroico de lo que parecí jeje—soltó una voz cargada de un carisma vibrante y una calidez que parecía entibiar las paredes frías de la estancia. Glibet avanzó hacia el centro de la luz, saludando a los exploradores con un gesto informal de la mano y un guiño cómplice para el dolorido Kickin. Su personalidad, siempre magnética y rebosante de una energía protectora, llenó el vacío de la habitación. Sin embargo, al posar su mirada sobre Poppy, su aplomo pareció flaquear un milímetro, transformándose en una expresión de pura y genuina adoración. A pesar de sus intentos por mantener la compostura profesional, una sonrisa algo boba y delatadora se dibujó en sus labios. Se acercó a la soberana y, con la gracia de un protagonista de las antiguas novelas que ella tanto atesoraba y amaba leer en secreto, flexionó una rodilla y bajó la cabeza en una reverencia impecable. —Mi Lady —murmuró Glibet, con un tono de voz que era un tributo privado solo para sus oídos. Poppy no pudo evitarlo. La rigidez de la monarca se derritió por completo, dejando paso a una alegría que le encendió las mejillas. Respondiendo al juego con una elegancia que evocaba cortes desaparecidas, sujetó los bordes de su falda y descendió en una sutil reverencia de dama, manteniendo el contacto visual con una dulzura que detuvo el tiempo. —Mi caballero —respondió ella, y en ese cruce de miradas, ambos se sentían a gusto uno del otro con su presencia, era algo que no iban a negar. Tras el breve e íntimo paréntesis, Glibet se puso en pie, recuperando su aire de suficiencia heroica mientras acariciaba el basto que sostenía. —Llegué justo cuando la fiesta se estaba poniendo fea —explicó Glibet, ensanchando su sonrisa mientras recordaba la escaramuza—. Esos lobos realmente eran feroces, pero no inmortales solo tenía que darles un par de chispas en las narices adecuadas y recordaron que tenían asuntos urgentes en lo profundo del bosque. —Dijo en tono de chiste lo que hizo que los demás al escucharla soltaran un risita suave, porque los exploradores admitían que admiraban y amaban a Glibet, como también un líder explorador. —Siento el retraso, Poppy... tuve bastante complicaciones. —Explico el zorro mientras bajaba la mirada, porque era el que menos quería decepcionarla, pero Poppy lo escuchaba fascinada, no solo por el relato de su valentía, sino por la seguridad que su sola presencia le devolvía. Glibet no solo era su mejor explorador, era el motor de su esperanza, el hombre que convertía las misiones suicidas en anécdotas y que, con una broma y una reverencia, lograba que el peso de ser una líder fuera mucho más ligero de llevar, en especifico cuando deseaba hablar con él en privado. El íntimo intercambio de miradas entre la soberana y su caballero fue interrumpido por el seco y rítmico golpeteo de unas pinzas metálicas contra una bandeja. Preston se enderezó, mientras su rostro reflejaba la severidad propia de alguien que ya había hecho esto demasiadas veces, se puso en pie limpiándose las manos con un paño impoluto. —Está estabilizado —Respondió Preston.—. Hemos logrado cerrar esa mordida antes de que la pérdida de sangre fuera crítica. Por fortuna, los colmillos no alcanzaron órganos internos principales, aunque el daño en el tejido exterior tardará en sanar. Poppy se acercó a Kickin. El ave, aunque todavía pálida y con la respiración pesada, mostraba un semblante más sereno. La profunda mordida del lobo en su costado, que antes amenazaba con desgarrar sus órganos vitales, había sido sellada con una sutura impecable que solo alguien con la experiencia técnica de Preston podría haber ejecutado bajo tales condiciones. A su lado, Catbee trabajaba con una delicadeza profesional, envolviendo el torso de Kickin con vendas de lino limpias, asegurándose de que la presión fuera la exacta para no entorpecer el flujo de energía del juguete. Preston metió la mano en su bolso de cuero desgastado, extrayendo un pequeño frasco de vidrio oscuro que contenía un ungüento de color ámbar. El aroma que emanó al destaparlo era terroso y balsámico, una fragancia que evocaba la frescura de los campos recuperados. —Esto ayudará con la inflamación y el tormento de los nervios —explicó el doctor, aplicando el remedio sobre las vendas—. Es la última mezcla que Picky logró sintetizar antes de partir a los cultivos. La mención de Picky trajo consigo un recordatorio del asombroso ecosistema que Poppy había construido. Picky no solo era la jefa del área de cultivo, con el tiempo, su obsesión por la botánica la había llevado a convertirse en una boticaria autodidacta sin igual. Había estudiado cada propiedad de las plantas que lograban brotar bajo el cielo gris, experimentando con destilados y ungüentos que funcionaban como auténticos bálsamos de vida para los juguetes, esa cerdita fue el verdadero milagro que les cayó del cielo después de la ahora de la alegría cuando confeso que sabía de esos temas, al tener su huerto privado en su cuarto. Su conocimiento agrónomo era el corazón del alimento, pero su sabiduría medicinal era la columna vertebral de la salud del reino. —Es un alivio saber que su botica sigue dando frutos —murmuró Poppy, observando cómo Kickin parecía relajarse bajo el efecto de las hierbas—. Preston, haz que descanse. El doctor asintió con una breve inclinación de cabeza, volviendo a su labor con Catbee, mientras los demás juguetes por fin se relajaban al ver que Kickin había salido de peligro. Poppy mantuvo la mirada fija en Preston durante unos segundos, observando como trabajaba y ella solo dio una suave sonrisa triunfante, plenamente consciente del riesgo y la dificultad extrema que había supuesto arrebatárselo al Prototipo. Para ella, él no era un objeto representativo de la venganza y el resentimiento, ella sabía con la frialdad de una estratega, que Preston poseía un valor incalculable, su mente, un vasto archivo de procesos biológicos, era una herramienta mucho más poderosa para su causa como aliado que como un despojo inútil destinado al olvido El destino de Preston bajo el mando del Experimento 1006 había sido una coreografía de crueldad refinada, más allá de los que los humanos hicieron con ellos. Tras el castigo inicial que lo condenó a su nueva forma, el Prototipo, en un acto de sadismo puramente intelectual, decidió otorgarle movilidad y preservar su chispa de vida. No lo hizo por misericordia, sino para obligarlo a presenciar, con plena consciencia, las atrocidades que se cometían contra los suyos. Quería que Preston sufriera el desgaste de la carne y el espíritu al ser partícipe y testigo de los horrores que él mismo, en su vida anterior, había ayudado a gestar o permitido por omisión. Ante tal tormento, Preston se había recluido en un exilio interno, liderando a un pequeño y heterogéneo grupo de antiguos empleados de Playtime Co. que compartían su misma tragedia. En ese rincón de sombras convivían almas de todo tipo, desde trabajadores inocentes de mantenimiento o administración que jamás hicieron mal a nadie o sospecharon de la verdadera naturaleza de Playtime co., hasta figuras más oscuras y cómplices que, al igual que Preston, habían aceptado su metamorfosis como una penitencia justa. Poppy lo observaba y veía en él la encarnación del remordimiento, un hombre que había pasado de ser un arquitecto del sistema a una pieza rota del mismo, confió en el salvador buscando su perdón y redención pero nunca espero que fuera más maquiavélico que sus torturadores. Aquellos juguetes, transformados por la mano del dios vengativo, terminaron siendo catalogados como la Peste de la fábrica, el estrato más bajo de una existencia ya de por sí miserable. Eran ellos quienes encarnaban la verdadera cara de la desigualdad y la crueldad, convertidos en el blanco de un odio sistémico que no conocía límites. Su realidad se reducía a un ciclo interminable de maltratos, abusos físicos y el horror constante de ser canibalizados por sus propios semejantes. Ante tal asedio, no tuvieron más opción que recluirse en las profundidades de un refugio improvisado, aislándose de todos para intentar escapar de aquellos que juraban su muerte con cada mirada y no sufrir más de los maltratos de los juguetes que los odiaban a muerte. Sin embargo, lo que realmente corroía sus almas era un resentimiento punzante y legítimo. La mayoría de los que formaban este grupo de desterrados eran almas inocentes, antiguos empleados que nunca comprendieron por qué el despertar en sus nuevos cuerpos venía acompañado de un estigma tan letal. Mientras ellos se marchitaban en las sombras, aquel otro individuo la representación más abyecta de la atrocidad humana prosperaba bajo el cobijo del Prototipo. Aquel hombre, responsable de gran parte del diseño del horror que ahora habitaban, parecía haber sido recompensado en lugar de castigado. Mientras los inocentes se marchitaban en la penumbra, los rumores que se filtraban por otros juguetes o por los ductos de ventilación hablaban de una realidad insultante, el antiguo científico del diablo no solo conservaba su influencia, sino que se murmuraba con asco y temor que se había convertido en el consorte del Soberano, el compañero predilecto del Experimento 1006. Del salvador de los juguetes. Ese hombre se pavoneaba en su territorio exclusivo, rodeado de sirvientes devotos que cumplían cada uno de sus caprichos, disfrutando de una seguridad que a ellos se les negaba sistemáticamente, dejando al descubierto la hipocresía de aquel salvador que veneraban como un dios aquellos juguetes que lo seguían, mientras predicaba un nuevo orden y mantenía a su lado a la representación misma de la maldad humana. Y ahora llamaba “esposa”. Para los desterrados, la injusticia era un veneno diario. Resultaba insoportable ver cómo el arquitecto de su miseria gozaba de privilegios y opulencia, mientras ellos se acurrucaban en la oscuridad, consumidos por un hambre atroz y el terror paralizante de ser descubiertos. Vivían en un estado de alerta constante, sabiendo que, más allá de sus muros de refugio, otros juguetes acechaban como bestias salvajes, listos para devorarlos en el momento en que su escondite fuera vulnerado. Eran las víctimas olvidadas de un sistema que premiaba la utilidad del monstruo y aplastaba la fragilidad de los inocentes. Durante todos esos años, su existencia se redujo a una lucha desesperada por la supervivencia más elemental. El trauma de su transformación y el peso de la persecución fueron tan devastadores que muchos, incapaces de soportar el eco de su propia agonía, no dudaron en poner fin a su sufrimiento por mano propia. Sin embargo, los que resistieron los supervivientes fueron aquellos inocentes que decidieron aferrarse a la esperanza, continuando con sus rezos silenciosos aun venerando a su dios cristiano en la oscuridad de su refugio. Clamaban por un milagro, suplicando que se les concediera, de alguna forma, la oportunidad de redimirse y vivir una vida diferente, lejos del abandono y la crueldad de la fábrica. Esa oportunidad, que para muchos era un mito distante, se materializó finalmente en la figura de la diosa roja. Poppy, en un acto de audacia sin precedentes, descendió hasta los niveles más recónditos y olvidados de la fábrica, rompiendo el aislamiento de los desterrados para reclamarlos como suyos, aun corriendo el riesgo de que El Prototipo se diera cuenta, cuando ellos eran vigilados. Preston, el líder que había cargado con el peso de la culpa y el desprecio durante décadas, no pudo ocultar su asombro, no comprendía cómo, de entre todos los habitantes de Playtime Co., la soberana había fijado sus ojos en ellos, viendo valor donde otros solo veían basura. Con una visión estratégica que trascendía el rencor, Poppy determinó que aquellos parias le eran infinitamente más útiles vivos que condenados al olvido. Reconoció en sus mentes el último archivo viviente de la ingeniería, la ciencia y las artes que la humanidad había perfeccionado para elevar su estilo de vida. Ella les otorgó una nueva razón de ser, borrando el estigma de la "peste" para integrarlos como ciudadanos de pleno derecho, con sus súbditos. En un gesto de gracia casi divina, la soberana extendió su perdón sobre los pecados pasados de Preston, ofreciéndole la senda de la redención a través del trabajo, mientras que a los inocentes les abrió de par en par las puertas de su reinado, dándoles la bienvenida a un hogar donde, por primera vez, su existencia no era una carga, sino el pilar de una nueva civilización. Poppy no buscaba simplemente gobernar, su ambición era erigir una utopía perfecta, un refugio donde la dignidad fuera el cimiento de cada vida que latía bajo su mando. Aquellos juguetes, que una vez fueron parias, sentían que le debían cada segundo de su existencia, su lealtad no era una obligación, sino una devoción inquebrantable que estarían dispuestos a defender hasta la muerte. Poppy había sido la única entidad en aquel infierno capaz de mirar más allá de lo que algunos fueron, otorgándoles un propósito genuino y la promesa de una vida donde, si bien la aceptación total fuera del reino era incierta, la seguridad dentro de sus fronteras era absoluta. Bajo su soberanía, ellos recuperaron los fragmentos perdidos de su humanidad y el reconfortante ritmo de una normalidad que creían extinta. Preston, movido por esta gratitud y la necesidad de enmendar su pasado, decidió poner su vasto intelecto al servicio del bien común. Transformó sus conocimientos en un legado, asumiendo el rol de doctor jefe y dedicándose a adiestrar a todo juguete que sintiera el llamado de la medicina, convirtiendo el dolor del ayer en la ciencia que hoy sanaba las heridas de su nuevo hogar. Otros de los adultos transformados, muchos de ellos ingenieros con profundos conocimientos tecnológicos, recibieron misiones vitales para el sostenimiento del reino. Algunos fueron designados como técnicos, encargados de custodiar y mantener el complejo engranaje de las máquinas que daban vida a su territorio, mientras que otros se dedicaron a la invención de artefactos diseñados para devolverle la comodidad y la dignidad al día a día de los juguetes. Sin embargo, este cuerpo de ingenieros tenía encomendada la tarea más crítica de todas, el desarrollo de armamento defensivo. Debían crear herramientas capaces de repeler a los depredadores y disidentes que, ciegos por la barbarie, se negaban a aceptar el orden de Poppy y persistían en su devoción hacia aquel dios tiránico. En sus manos, la tecnología humana se convirtió en el escudo necesario para proteger la utopía que la soberana intentaba preservar. Definitivamente motivos tenían para entregar sus vidas a Poppy. La soberana volvió su atención hacia Glibet, aunque la calma regresaba a la estancia, el peso de la "misión especial" que le había confiado seguía latiendo entre ellos. Había preguntas que no podían formularse frente a los heridos, y secretos que solo el silencio de sus habitaciones privadas podría custodiar. Glibet observó con un rastro de alivio cómo Kickin finalmente lograba relajarse bajo los efectos del remedio de Picky. Su sonrisa, aunque cansada, conservaba ese brillo carismático que solía inyectar esperanza en los momentos más lúgubres. Sin embargo, justo cuando Poppy daba un paso hacia él, dispuesta a reclamar ese instante de intimidad que ambos tanto anhelaban, el eco de unos pasos apresurados y erráticos rebotó contra las paredes metálicas. Las puertas de la sala se abrieron de par en par, revelando a una Miss Delight cuya apariencia era totalmente diferente que a la de sus ex hermanas, quien poseía otro tipo de ropa que dejaba en claro que era leal a la soberana. Su rostro reflejaba una angustia genuina y sus ojos se movían con una agitación alarmante mientras buscaba a la soberana. —¡Mi señora! ¡Poppy! —exclamó la docente, acercándose con una urgencia que hizo que el aire de la habitación volviera a tensarse en un suspiro. Poppy se irguió de inmediato, su mano abandonando el costado de su falda para cerrarse en un puño firme. —Daisy, ¿qué ocurre? —preguntó la reina, su voz recuperando la frialdad de mando, dirigiéndose por el nombre verdadero de aquella Miss Delight, la cual había huido de la tiranía del prototipo, aquella maestra que nunca participo en la hora de la alegría y prefirió proteger a aquellos niños y juguetes débiles que deseaban esconderse, una persona digna de confianza a ojos de Poppy. —Uno de nuestros espías... acaba de regresar —logró decir la maestra, con la voz entrecortada por el esfuerzo y el pavor—. Trae noticias que no pueden esperar, Poppy. Son noticias alarmantes. La noticia golpeó a los presentes como una ráfaga de aire gélido. Kissy soltó un pequeño jadeo de alarma, sus manos temblando levemente, mientras que Glibet, cuya actitud hasta hace un momento era relajada, borró toda traza de humor de su rostro. Sus ojos se afilaron, adoptando la expresión de un cazador que detecta el peligro acechando entre la maleza, el caballero sabía que si el espía decía eso significaba que de verdad había un problema. Poppy comprendió al instante que el momento de intercambio de información con Glibet tendría que esperar. Porque necesitaba encargarse de algo mucho más grande, pensando en todas las posibilidades de que su territorio peligraba junto con sus súbditos. —Vanos a un lugar más privado—ordenó Poppy con una resolución gélida, haciendo un gesto a la Miss Delight para que guiara el camino—. Kissy, ven conmigo. Antes de salir, Poppy se detuvo y miró a Glibet por encima del hombro. En su mirada se mezclaban la frustración de la líder y la ternura de la mujer que no quería dejarlo marchar. —Glibet, quédate aquí con Preston y los exploradores. —le instruyó, intentando que su voz no flaqueara—. Hablaremos... después. Glibet asintió con una seriedad solemne, golpeando suavemente su pecho en señal de respeto y lealtad. Sin una palabra más, Poppy se alejó siguiendo a Miss Delight hacia los pasillos más profundos de su territorio, para resolver ese maldito problema. * º ❀ * º El descenso hacia las entrañas más recónditas del territorio de la soberana se sintió como una tortura para la misma. Poppy, Kissy y Miss Delight se internaron en un recoveco olvidado, una zona muerta donde el silencio era tan denso que parecía tener peso. En este santuario de sombras, las cámaras de seguridad colgaban como cadáveres tecnológicos, con sus lentes hechos añicos y sus cables arrancados por orden directa de la soberana, ella no permitiría que los ojos de ese bastardo profanaran sus secretos ni vigilaran los cimientos de su utopía. Miss Delight, con un gesto de su regla que denotaba una impaciencia nerviosa, hizo una señal hacia la oscuridad. De entre los escombros de antiguos pasillos surgió una figura grande casi del mismo tamaño de Kissy, pero de presencia inquietante, envuelta en una capa de lona. Al despojarse de la capucha, la luz mortecina reveló el rostro de Rabie Baba. La Nightmare Critter, una seguidora “leal” del prototipo, con un cuerpo humanoide donde se dejaba ver su apariencia curvilínea de una mujer muy desarrollada, sus ojos inyectados en una malicia juguetona brillando mientras observaba a la monarca. —Vaya, por fin te veo “Diosa” —soltó Rabie con una sonrisa sarcástica, mostrando sus colmillos—. He estado esperando tanto por ti, que siento que ya estoy acumulando polvo. Kissy, cuya paciencia se había agotado tras el estrés de los exploradores, dio un paso al frente con un gruñido sordo que hizo vibrar el aire, cerrando sus puños con una fuerza que prometía consecuencias inmediatas. Miss Delight intervino, poniendo una mano en el hombro de su amiga. —Guarda tu veneno para el enemigo, Rabie —siseó Daisy, mientras la miraba con recelo, ya que no confiaban del todo en la murciélago—. Habla ahora. Dinos qué fue lo que viste. La Nightmare soltó una risita seca, pero el sonido murió en su garganta al chocar contra el silencio sepulcral de la soberana. Rabie Baba no era ajena a la traición, de hecho, su lealtad había comenzado a fracturarse cuando Mako abandonó las filas de las pesadillas. Él había sido el primero en desertar, harto de la inmundicia y movido por un sentimiento inesperado hacia cierta Smiling Critter, un lazo que lo empujó a buscar refugio bajo el manto de Poppy. Rabie, siempre oportunista, vio en esa deserción la grieta perfecta para su propio beneficio. Durante mucho tiempo, se había deleitado jugando para ambos bandos, moviéndose como una sombra de doble filo que extraía provecho de cada secreto. Sin embargo, ante el cambio drástico del ambiente y la ambición de una vida superior a la miseria del fango, había decidido que servir a la "diosa roja" como su espía personal era el camino más lucrativo. Pero ahora, frente a la mirada gélida de Poppy, Rabie comprendió que el juego de la ambición se había vuelto mortal. Era hora de soltar la carga, la información que poseía era dinamita pura, un arma de doble filo que sabía que destrozaría la última pizca de contención de la soberana. —Es sobre tus nietos, Poppy —soltó Rabie, dejando que el peso de la palabra flotara en el ambiente—. Los hijos de Catnap y Dogday, que tantos quieres sacar de este tipo de asuntos… En ese instante, la atmósfera en el pasillo cambió de forma drástica. El aura de Poppy, usualmente cálida y maternal, se contrajo sobre sí misma para luego expandirse en una onda de choque gélida que pareció succionar el oxígeno de la estancia. Sus ojos, que siempre habían custodiado un remanente de esperanza, se tornaron opacos, transformándose en dos pozos de un azul eléctrico, vibrantes de una furia contenida y letal. El aire a su alrededor se desplomó varios grados, provocando que incluso Miss Delight y Kissy retrocedieran por puro instinto de supervivencia, presas de un escalofrío que no nacía del frío, sino del terror primario ante una depredadora que acababa de despertar. Aquella ya no era la matriarca bondadosa, era otra cosa que muchos sabían que ocultaba después de aquel trágico día. Su voz, cuando finalmente habló, fue de una tranquilidad enfermiza, que no era natural en ningún sentido. —Habla, Rabie —ordenó Poppy—. Cuéntame cada detalle. ¿Qué ha pasado con ellos? Rabie Baba tragó saliva, perdiendo por completo su faceta sarcástica. El peligro que emanaba de la soberana era tan real que el instinto de supervivencia de la Nightmare Critter gritaba que huyera. —El Prototipo se llevó a los hijos de DogDay hacia el territorio de Harley Sawyer... los ha dejado bajo su custodia total —soltó Rabie Baba, La Nightmare Critter, que minutos antes se jactaba de su astucia, ahora evitaba a toda costa el contacto visual con la soberana. Tanto que sentía que el aire se volvía asfixiante. La revelación cayó como una maza de hierro sobre las presentes. Kissy Missy emitió un sonido que fue un chillido mientras sus manos tapaban su boca con una gran sorpresa. La rabia que emanaba de ella era un fuego descontrolado, alimentado por una preocupación que le oprimía el pecho, si los rumores que cruzaban los pasillos como susurros venenosos eran ciertos, si realmente el Prototipo había tomado a aquel monstruo humano como su pareja, el destino de los pequeños era más oscuro de lo que cualquiera pudiera imaginar. —No puedo creerlo... entonces los rumores eran ciertos. ¿Cómo es posible que haya convertido a ese bastardo en su pareja? —exclamó Kissy, incapaz de procesar la magnitud de la locura que acababa de escuchar. El shock era absoluto y asfixiante, en cada rincón de la fábrica, el nombre de Harley Sawyer seguía siendo sinónimo de un rencor que el tiempo no había logrado borrar. Saber que el arquitecto del dolor de todos ellos ahora compartía el trono con el Soberano era una verdad que desafiaba cualquier lógica, incluso en ese infierno. Miss Delight se llevó una mano a la boca, su rostro rígido de maestra paralizado por el horror lógico. Sabía de lo que ese hombre era capaz, y sobre todo lo que había hecho cuando fue humano y peor aun lo que seguía haciendo a los suyos. —¡¿En qué diablos está pensando el Prototipo?! —Exclamo Daisy aquella Miss Delight, quien conocía toda la historia de esta fábrica y de quienes crearon su infierno. Mientras el estrépito emocional desbordaba a sus aliadas, Poppy permanecía sumida en una quietud gélida y absoluta, una inmovilidad que no nacía de la estupefacción o el miedo, sino de una furia tan vasta y ancestral que el lenguaje ordinario resultaba un recipiente demasiado pequeño para contenerla, pero al mismo sintió de nuevo ese miedo tan visceral que pensó que había superado hace años atrás y el temor de perder de nuevo, se volvió tan real que pensó que iba a vomitar. Pero al mismo tiempo, la rabia gobernó de inmediato ese terror, y en su corazón, una tempestad de improperios silenciosos y promesas de carnicería se desataba con una fuerza bestial contra el Salvador y su aberrante consorte. La traición del Prototipo era una profanación hacia la decencia y el poco respeto que le tenía. Entregar a sus tesoros al arquitecto del dolor, al hombre cuyas manos diseñaron el tormento de generaciones de juguetes, representaba una estupidez enorme. Era un ultraje que trascendía cualquier pacto y que no admitía espacio para la diplomacia ni la clemencia, en ese instante, Poppy comprendió que la paz no era más que un cadáver, y que la única respuesta posible sería una retribución tan despiadada como el monstruo que ahora custodiaba a sus pequeños. Aquella parálisis era, en realidad, el ojo de un huracán que se preparaba para arrasar con todo rastro de Sawyer y sobre todo de arrastrar hasta el averno a Oliver por semejante acto. Poppy se dio la vuelta con una lentitud ceremonial, dándoles la espalda mientras comenzaba a caminar por el pasillo. No necesitó mirar a sus aliadas para que estas sintieran el cambio definitivo en su naturaleza, la soberana que buscaba la paz había muerto en ese rincón de sombras, dejando en su lugar a una tirana movida por una resolución implacable y una madre rota que había perdido tanto. —Daisy —Dijo Poppy, llamando a la Miss Delight con una frialdad que heló la sangre de la docente— Asegúrate de que Rabie Baba reciba una recompensa a la altura de esta información. Dijo mientras se mantenía quieta como si fuera una perfecta muñeca sin vida. —Y tú, murciélago —continuó, refiriéndose a Rabie sin molestarse en girar el rostro—Lárgate de mí territorio en este mismo instante. Desaparece entre las sombras antes de que los seguidores del Prototipo te vean. Rabie Baba, sin atreverse a soltar ni una sola de sus réplicas sarcásticas, hizo una reverencia apresurada y se esfumó, sintiendo que era mejor mantenerse alejado de ella. Finalmente, Poppy ladeó ligeramente la cabeza, un movimiento mecánico y preciso que recordó a las presentes el porque era la igual del Prototipo. Sus ojos, fijos en la negrura absoluta del corredor, no parpadeaban, se habían transformado en un gélido azul donde transmitía su furia desbordada. Lo que se erguía allí era una figura de una autoridad absoluta y aterradora, una monarca que había comprendido que la tolerancia era un lujo que sus enemigos habían incinerado. Su voz, al romper el silencio, adquirió un matiz cortante, despojado de cualquier inflexión humana, vibrando con la frialdad de una cuchilla deslizándose sobre el cuello de una víctima. En ese instante, Poppy giró levemente el rostro, dejando ver una sonrisa que no pertenecía a nada vivo. Era una mueca asimétrica, cargada de un escalofrío inquietante, como si la idea de la carnicería inminente le resultara graciosa de una forma profundamente retorcida —Kissy... prepara mis cosas y trae a Huggy. Kissy Missy enderezó, su rostro reflejando una mezcla de preocupación y una lealtad salvaje. Sabía que ir por Huggy Wuggy significaba que Poppy ya no buscaba un diálogo, sino una pelea directa y probablemente después de lo que vaya a pasar su frágil trato con El Prototipo se rompa. Aquella sonrisa persistía, gélida y demencial, prometiendo que antes de que el ciclo terminara, Harley Sawyer aprendería que hay cosas en la fábrica mucho más aterradoras que el Prototipo. —Haremos una visita de cortesía al Prototipo y a su “esposita”—sentenció Poppy, y cada sílaba goteaba un veneno letal. Sin aguardar una respuesta que nadie se atrevía a pronunciar, Poppy reemprendió su marcha hacia las entrañas de su bastión. Cada paso que daba no solo resonaba en el metal, dejando a su paso una estela de terror reverencial que obligaba a bajar la mirada. Porque ahora se aseguraría que Oliver se arrepintiera de sus patéticas decisiones. * º ❀ * º El silencio sepulcral de los pasillos inferiores de Playtime Co., una zona que alguna vez resonó con el bullicio de la innovación y las risas infantiles fue profanado por un sonido rítmico y siniestro, un taconeo monótono se escuchó por el lugar. De entre la penumbra densa, que parecía devorar la escasa luz de emergencia, emergió la figura de Poppy. Los juguetes que estaban ahí ocultos que reclamaron ese lugar como suyo, miraban a la soberana externa llegar, lo que los había descolocado por completo porque era imposible imaginar que la mismísima Poppy bajara hasta donde estaban ellos, no después de hace años. Lo que aumentaban los susurros, y las miradas ajenas. Ella caminaba con una calma espeluznante, una elegancia glacial que contrastaba violentamente con el entorno. Portando su misma ropa de la mañana sin ningún tipo de cambio externo que se pudiera mirar, pero había un cambio crucial en su presentación que denotaba una preparación para una posible pelea, su característico cabello carmesí, usualmente suelto en bucles perfectos, estaba recogido en un moño alto, sujeto por un moño azulado combinando con su atuendo. En sus manos, empuñaba un bastón de mando que era tanto una joya como un arma potencialmente oculta, tallado de madera agregado con otros materiales y desconocidos, su empuñadura era una exquisita flor de amapola en flor, esmaltada en rojo sangre, mientras que el cuerpo del bastón estaba adornado con filigranas pintadas para asemejar el oro y el diamante. Cada vez que el bastón tocaba el suelo, producía un 'clac' seco que puntuaba su avance imparable. Flanqueándola, como columnas gemelas de terror y devoción, caminaban sus fieles guardianes. A su derecha, Kissy Missy, quien poseía una mirada seria y en sus manos tenía un libro grueso, destacando en la oscuridad, avanzaba con pasos largos y silenciosos. Sus ojos grandes, usualmente llenos de una melancolía simpática, estaban fijos en el frente, pero sus orejas y su postura estaban en alerta máxima, reaccionando a cada crujido estructural. A la izquierda de Poppy, la presencia de Huggy Wuggy era una masa opresiva la cual destacaba su cabellera azulada. Su inmensa altura le obligaba a caminar ligeramente encorvado en los pasillos más bajos, pero su imponencia era innegable. Avanzaba con una marcha pesada e irregular, un sonido sordo que hacía vibrar el suelo. Su mandíbula, llena de filas interminables de dientes afilados como agujas, estaba ligeramente entreabierta, dejando escapar un siseo bajo y constante, un sonido de pura anticipación depredadora. Sus manos capaces de triturar el hueso con su fuerza, sus ojos, dos orbes oscuros y profundos, escaneaban cada sombra, buscando cualquier amenaza, pero lo que destacaba era que poseía unos guantes extraños, las cuales en la punta de los dedos como en los nudillos poseían unas placas metálicas y unas botas que en la punta de estas también tenía un tipo de metal y la suela de estas, realmente tenían un diseño extraño. Poppy no miraba a sus lados, no necesitaba hacerlo, la presencia de sus súbditos era tan palpable como la fría humedad del aire. Ella simplemente avanzaba, con la mirada azul eléctrico-fija en un punto distante, su sonrisa gélida y demencial grabada en su rostro de perfecto, mientras el eco de sus pasos marcaba la cuenta regresiva para el encuentro con el Prototipo y su detestado consorte, Harley Sawyer. La procesión de la diosa roja había comenzado, y nada en la fábrica estaba preparado para la magnitud de su retribución. El chirrido de los engranajes de la Game Station resonó como un lamento cuando Poppy y su escolta cruzaron el umbral del vasto atrio. El tren, aquella mole de acero que servía de arteria principal hacia las profundidades más oscuras de la fábrica y también conectaba al santuario privado de Sawyer. Sin embargo, antes de que pudieran alcanzar el vagón de mando, una sombra elástica y vibrante se descolgó desde las vigas superiores. Mommy Long Legs aterrizó con una gracia perturbadora, sus extremidades rosadas extendiéndose como látigos antes de recuperar su forma habitual. Sus ojos verdes, grandes y perpetuamente dilatados, recorrieron la escena con una mezcla de curiosidad maliciosa y cautela. Deteniendo el paso de los tres recién llegados. —Vaya, vaya... pero si es la mismísima "Diosa Roja", honrando mi humilde territorio con su presencia —exclamó Mommy, ladeando la cabeza sonando bastante fingida ante la presencia de la muñeca. Pero lo que realmente se le hizo extremadamente extraño fue que Poppy, Normalmente enviaba a su mensajero de confianza, y que los súbditos del Prototipo conocían perfectamente, ya que era el único que podía pasar solo para entregar un mensaje. Pero que la soberana en persona descienda hasta llegar a ese lugar, eso solo puede significar que las noticias son terriblemente malas. Lo que puso a Mommy en alerta máxima. Mommy se deslizó unos pasos hacia adelante, deteniéndose justo ante la barrera invisible que imponía la presencia de Huggy y Kissy. Su mirada se posó en el cabello recogido de Poppy y en el bastón de amapola, la cual se veía más arreglada de lo normal, cosa que desconcertó a Mommy ya que no sabía que pensar, en especial cuando la mirada de esta era bastante inquietante, al punto que no podía predecir lo que haría y eso la asustaba. —¿A qué debo este honor, querida? —preguntó con una voz melosa que ocultaba una punzada de veneno. Poppy no detuvo su marcha hasta estar a escasos metros de ella. Su rostro, una máscara de frialdad e inexpresiva, no mostró ni un ápice de la irritación que Mommy solía buscar en los demás, solo una sonrisa bastante inquietante. —Vengo a ver a Harley Sawyer y al Prototipo —Dijo Poppy. Su voz sonaba amable y diplomática, mientras Kissy solo miraba con una expresión de seriedad y Huggy solo esperando una señal para atacar. Al escuchar los nombres, Mommy soltó una carcajada estridente y seca que rebotó en las paredes de la Game Station. Se llevó una mano al pecho en un gesto de fingida emoción, mientras una sonrisa burlona se extendía por su rostro. —¡Oh! Así que ya te has enterado —dijo Mommy, susurrando con una ironía hiriente—. Por fin la noticia ha llegado a tus oídos. Supongo que vienes con el corazón rebosante de alegría para darles tus más sinceras felicitaciones por su... casamiento. ¿No es adorable?, El Salvador y el Doctor, unidos al fin. Una unión bendecida por el mismísimo infierno, ¿no crees, Poppy? ¿Traes flores para la feliz pareja o vienes a mendigar un poco de atención ahora que ya no eres la favorita de mí señor? —La burla y el ataque de Mommy fue directo, solo para herirla aún más de lo que en el pasado ya lo habían hecho. El siseo de Huggy Wuggy se intensificó, un sonido gutural, pero Poppy levantó ligeramente su bastón, dándole una orden silenciosa de que se mantuviera a raya. No necesitaba que sus guardianes hablaran por ella. Poppy fijó su mirada azul en los ojos de Mommy, y por un segundo, la burla de la araña rosada flaqueó ante el vacío absoluto que encontró en las pupilas de la soberana. La atmósfera se fracturó de forma inesperada cuando Poppy comenzó a reír. Al principio fue un murmullo sutil, una vibración casi inaudible que rápidamente escaló hasta convertirse en una carcajada clara y sonora. Mientras reía, un par de lágrimas solitarias se deslizaron por sus mejillas, un contraste que descolocó por completo a Mommy Long Legs y sembró la confusión incluso entre sus propios aliados. Kissy y Huggy intercambiaron una mirada de desconcierto, incapaces de comprender si aquel arrebato era fruto de la locura o de una astucia superior. Todavía soltando una risita residual, Poppy se limpió las lágrimas con la delicadeza de sus dedos, enderezando su postura con una elegancia renovada. En un instante, la fragilidad desapareció, su semblante volvió a la normalidad, pero sus ojos ahora brillaban con una relajación gélida y una chispa de astucia depredadora. La risa no había sido un signo de quiebre, sino el preludio de un juego mucho más peligroso que solo ella comprendía. Poppy se enderezó, apoyando ambas manos sobre la empuñadura de amapola de su bastón con una elegancia que hacía que el entorno pareciera un palacio. Su mirada, ahora relajada pero cargada de una intención letal, se clavó en Mommy con una intensidad que hizo que la araña rosada encogiera sus extremidades por puro instinto. —Oh, Mommy, querida... siempre tan ocurrente. ¿Yo, la favorita? —Poppy soltó una última risita, suave como el terciopelo—. Ese es un título que abandoné hace años. Pero tienes razón en algo, vengo a celebrar. Vengo a regocijarme por esta unión tan... conmovedora. La soberana comenzó a caminar en un semicírculo alrededor de Mommy, su voz deslizándose con una dulzura enfermiza, cada palabra impregnada de un veneno tan refinado que sabía a néctar antes de empezar a quemar. —Me desborda la alegría al ver cómo todos ustedes, en su infinita nobleza, han decidido abrir sus corazones para santificar el matrimonio del Prototipo con el hombre que los condenó a esta existencia de pesadilla. Es realmente inspirador ver cómo han perdonado a Harley Sawyer, el arquitecto que moldeó sus miserias y les impuso estos cuerpos que nunca pidieron. Qué alma tan caritativa debes tener, Mommy, para llamar "festejar" al ascenso del hombre que te despojó de tu humanidad para convertirte en un juguete al cual lavaron el cerebro para pensar que esto estaba bien. Mommy Long Legs sintió cómo las palabras de Poppy se clavaban en sus articulaciones como agujas de hielo. Intentó formular una réplica, pero su garganta se sintió seca, la condescendencia de la soberana era tan pesada que la obligaba a encorvarse, a sentirse pequeña bajo el peso de su propia hipocresía, por ella realmente quería confiar en su dios, en su señor, pero el peso de su odio aun lo cargaba su corazón. —Estoy tan conmovida por su capacidad de olvido —continuó Poppy, deteniéndose frente a ella con una sonrisa gélida—. Es fascinante que hayan decidido borrar el resentimiento por las torturas, los experimentos y el desprecio, solo porque nuestro "salvador" decidió que Sawyer era el premio adecuado para su lecho. Supongo que para ustedes es reconfortante ver que el hombre que orquestó su destrucción ahora vive plácidamente como un dios entre nosotros, mientras ustedes siguen arrastrándose por los conductos, agradeciendo las migajas de su benevolencia. Poppy ladeó la cabeza, fingiendo una admiración que cortaba más que cualquier insulto. Mientras que las pupilas de Mommy se contrajeron y sus dedos largos se clavaron en el metal del suelo, produciendo un chirrido insoportable. El veneno de Poppy era doloroso, no la estaba insultando, la estaba obligando a mirar el espejo de su propia humillación. Cada palabra le recordaba que estaba siendo cómplice de su propio verdugo. —De verdad, me alegra que no guarden rencores. —La diosa solo puso su bastón en sus propios labios mientras trataba de aguantarse otra carcajada, la cual se le hacía bastante difícil y su contraria lo notaba, lo que provocaba que su rabia aumentara. — Debe ser muy liberador vivir bajo el mando del carnicero que les arruinó la vida y respetarlo como a un dios. Me llena de paz saber que son tan felices aceptando como soberano al hombre que nuestro dios juro que todos los humanos iguales a él fueran erradicados. Qué hermosa es la lealtad cuando se mezcla con una amnesia tan... conveniente. —¡CÁLLATE! ¡PARA YA! —Gritó Mommy finalmente, su voz rompiéndose en un alarido de rabia pura y desesperación, asustando a los juguetes más pequeños que miraban el espectáculo. La araña retrocedió, golpeando una de las máquinas con violencia. La verdad de Poppy le quemaba en el pecho, el odio que sentían por Sawyer era una herida abierta que el Prototipo les obligaba a ignorar, y tener a la soberana ahí, señalando su cobardía con tanta cortesía, era más de lo que su orgullo podía soportar. La rabia interna, contenida durante tanto tiempo, amenazaba con estallar mientras Poppy la observaba con una calma imperial, disfrutando de cómo el veneno de sus palabras terminaba de consumir la poca cordura que le quedaba a la guardiana de la estación. La "Diosa Roja" no necesitaba gritar para sobajarla, le bastaba con recordarle, con la más exquisita educación, que su nueva felicidad era la prueba definitiva de su propia derrota. Mommy Long Legs se quedó petrificada en medio del atrio, con el cuerpo temblando violentamente. Sus ojos verdes, usualmente cargados de una malicia juguetona, se volvieron cristalinos, empañados por una rabia ciega que le oprimía la garganta. El aire entraba y salía de sus pulmones en jadeos erráticos, las palabras de Poppy habían sido como fuego a su sensibilidad, recordándole la humillación de su propia existencia. —Lárgate... —logró articular Mommy entre dientes, con una voz rota y cargada de hielo—. Ahí tienes tu tren. Lárgate de mí vista antes de que... No pudo terminar la frase. El peso de la verdad la había dejado sin aliento. Poppy, manteniendo esa expresión de calma imperial, pasó de largo sin dedicarle una sola mirada más. El sonido de su bastón contra el suelo de la plataforma era el único veredicto que necesitaba dejar atrás. Sin embargo, cuando Kissy Missy pasó junto a la araña rosada, se detuvo apenas un segundo. La figura rosada y alta se inclinó hacia el oído de Mommy, y con una suavidad venenosa que imitaba a la perfección el tono de su reina, susurró. —Y a pesar de todo eso... ¿aún eliges confiar en el Prototipo? Kissy no esperó respuesta. Se incorporó con una elegancia y subió al vagón, tomando su lugar en un rincón a lado de su reina y hermana. Dentro del tren, Huggy Wuggy ya esperaba junto a los controles. Al ver a Kissy entrar y asentarse, el peli azul tiró de la palanca principal. Los engranajes rugieron, el metal chirrió y el tren comenzó su descenso hacia las profundidades, hacia el territorio donde el siguiente en ser destruido aguardaba. Desde la plataforma, Mommy Long Legs se desmoronó. Sus extremidades se encogieron sobre sí mismas y finalmente se dejó caer, ocultando el rostro entre sus manos. Las lágrimas comenzaron a brotar, no de tristeza, sino de una impotencia corrosiva. El eco de las palabras de Poppy y el susurro de Kissy seguían martilleando en su cabeza, recordándole que su "Dios" la había traicionado de la forma más cruel, dándole su bendición al hombre que la convirtió en un monstruo. Mientras el tren desaparecía en el túnel, el llanto de Mommy se mezcló con el chirrido del acero, marcando el inicio del colapso de la lealtad a su dios. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ El laboratorio privado de Harley Sawyer que se conocía como la guarida del Doctor. Harley, el arquitecto de las atrocidades de Playtime Co., se encontraba de pie frente a una mesa con su tecnología, sus dedos metálicos tamborileando con una irritación frenética sobre la superficie de la mesa. Físicamente, Sawyer era la encarnación de la arrogancia corporativa convertida en pesadilla. Vestía de una tela que servía como capa, manteniendo una postura rígida, con ese cuerpo cibernético que ayudaba a poder moverse cuanto quisiera, pero lo que realmente destacaba era poseer de cabeza un tipo de televisor que hacía ver un ojo enorme. Se notaba bastante frustrado y enojado reflejado en su compostura, mientras pensaba en esos "gérmenes" como él llamaba a absolutamente a todos por igual, pero en especial a los nietos del Prototipo que permanecían bajo una custodia que le resultaba insultante. Harley estaba furioso. El Prototipo le había entregado aquellas criaturas, el fruto de una unión genética que desafiaba todas las leyes de la lógica biológica entre dos de sus experimentos más complejos, pero lo había hecho con una advertencia que aún resonaba en las paredes de su cráneo. "Recuerda mis palabras, si algo malo les pasa… escogeré un castigo especial para ti." Para un hombre que veía la vida como simple arcilla para moldear, aquel mandato era una tortura. Sawyer observaba a los cachorros con una intriga que le quemaba las entrañas. ¿Cómo se habían fusionado las secuencias genéticas? ¿Era la estructura ósea defectuosa o el pináculo de la evolución de los juguetes? Su mente ya trazaba mapas de disección, imaginando la resistencia de sus tejidos al escalpelo y la conductividad de sus sistemas nerviosos. Estaba desesperado por saber si esa unión inesperada era un error que debía ser corregido o una perfección que debía ser replicada. Su ira alcanzó un punto de ebullición cuando su ojo se cruzó con los de una de las pequeñas criaturas, siendo la que más se asemejaba a Catnap, esa pequeña gatita con la misma apariencia de su padre, que a diferencia de otros juguetes que temblaban ante su presencia, aquella criatura lo observaba con un desprecio puro, una mirada cargada de un resentimiento la cual venia sus propios instintos que gritaban que saliera corriendo, ya que Harley poseía una maldad tan monstruosa, que la pequeña felina no podía dejarlo pasar. “Veo la maldad en tu interior”. Esas palabras fue lo que le dijo esa pequeña insolente antes que la soltara, y ella se pusiera enfrente de sus dos hermanos para tratar de protegerlos, tan protectora que eso definitivamente lo había heredado de Dogday. Aquella insolencia en un espécimen tan joven hizo que Halrey internamente se tensara- Sintió un impulso violento, una necesidad visceral de patearlos, de alejarlos de su laboratorio y arrojarlos a los trituradores de desechos. Le resultaba insoportable que esos seres, que él consideraba anomalías biológicas, se atrevieran a juzgarlo en su propio dominio, en especial que no podía hacer absolutamente lo que planeaba con ellos. —No me miren así —siseó Sawyer, su voz vibrando con una malicia contenida. La presencia de los cachorros en su laboratorio era un recordatorio constante de que, a pesar de su nuevo estatus junto al Prototipo, todavía había límites que no podía cruzar... por ahora. Pero él sabía que era un hombre de paciencia infinita, y sabía que, tarde o temprano, podría experimentar con ellos. Harley frustrado simplemente decidió hablar para poner las reglas bastante claras para que las cachorras no estuvieran molestándolo y mantenerlas a salvo, por su propio bien estar ya que no quería provocar la ira del Prototipo si algo les llegaba a pasar a esos pequeños parásitos. —Escuchen sea lo que sea que El Prototipo les haya contado sobre mí, para lavarles sus insignificantes cerebros sobre que soy su abuelo, es totalmente errónea. —Explico el doctor mientras las señalaba ya impaciente, por abandonarlas y seguir en sus cosas, realmente no quería ni siquiera seguir estando en ese lugar con ellos. —Ahora les explicare mis reglas… primera no me llamen abuelo. Dos no toquen nada ni corran por los pasillos… —Abuelito tenía razón, de esposa dulce no tiene nada. —Susurro aquella gatita de pelaje morado, a su hermana gemela una linda perrita de color dorado con la apariencia idéntica de Dogday, quien al escuchar a su hermana ella solo asintió de inmediato. Mientras ignoraban a Harley y sus tontas reglas. —Es cierto… no se parece a nada a nuestra abuelita. —Contesto la cachorrita idéntica a Dogday. Quien realmente pensaba que Harley podía ser tan cálido como la soberana la cual llamaban abuela, pero en vez de eso solo se encontraban a un tipo de maquina humanoide, que poseía una personalidad bastante pedante y amenazante. —Woaf. —El pequeño ladrido del cachorrito menor, un bebe que se asemejaba también a Dogday, apenas se escuchó lo que hizo que sus hermanas mayores solo se rieran. —Jiji Sirius tiene razón. —Contesto la cachorrita dorada, mientras se reía un poco al entender a su hermanito. — Es gracioso en cierto punto. La felina al escuchar eso de su hermana solo asintió con una sonrisita cómplice. Las cachorritas hablaban entre ellas mientras Harley explicaba sus reglas, lo que provocó que el científico que se enojara por la desobediencia de ellas. —¡Silencio! —Ordeno Sawyer, y su voz, aunque no era un grito, poseía la vibración autoritaria de quien está acostumbrado a mandar y ser escuchado—No estoy aquí para sus juegos infantiles. Harley exhaló un suspiro impostado, por supuesto que tenía sus pulmones encerrados en ese estante, pero aun así no dejaba el hecho de que pudiera expresarlo a pesar de controlar una maquina perfecta, que podía transmitir las sensaciones a lo que quedaba de su cuerpo original. Aquellos seres eran una presencia intolerable que entorpecía la meticulosa maquinaria de su rutina. Su sola existencia representaba una amenaza de doble filo, por un lado, el terrorífico castigo que el Prototipo desataría sobre él si una sola fibra de esos cachorros resultaba dañada, por otro, la tentación científica que le corroía las entrañas. Cada vez que sus ojos se posaban en ellos, su mente de cirujano diseccionaba lo invisible. Anhelaba someterlos al escalpelo, desentrañar los secretos de su genética híbrida y observar cómo reaccionaba su anatomía única ante el estímulo del dolor. Tenerlos allí, intactos y ruidosos, era un insulto a su vocación, eran especímenes perfectos condenados al desperdicio de la inocencia, mientras él luchaba por contener el impulso de convertir su custodia en un estudio anatómico definitivo. —Esa actitud... ese descaro —siseó, señalándolas con un dedo que temblaba de indignación—. Son el vivo retrato del Experimento 1188, su falta de modales es un claro ejemplo de que son iguales que él. Me resulta repugnante ver que sus vicios han pasado a una nueva generación. Para Harley, pronunciar nombres como "CatNap" era una tontería, para él, los sujetos solo tenían etiquetas, series numéricas que definían su utilidad en el tablero. Llamarlos por su número de experimento era su forma de recordarles que, ante sus ojos, no eran más que objetos. La cachorra dorada ladeó la cabeza, dejando que sus orejas cayeran con una curiosidad genuina que contrastaba con la atmósfera cargada de ponzoña del laboratorio. Sus ojos, grandes y brillantes, buscaron la mirada gélida de Sawyer, ignorando el dedo que la señalaba como si fuera una pieza de descarte. —¿Quién es el Experimento 1188? —preguntó la cachorrita dorada con una voz detonando la inocencia que hacía que ella ignorara el peligro que tenía enfrente. A su lado, la pequeña felina se tensó de inmediato. Sus pupilas se contrajeron hasta volverse finas hendiduras y un leve erizo recorrió el pelaje de su espalda. Ella, a diferencia de su hermana, poseía un instinto más afilado, una sensibilidad que le permitía detectar la maldad pura que emanaba de aquel hombre. La felina dio un paso al frente, interponiéndose sutilmente entre su hermana y el científico. Su pequeña cola se agitaba con nerviosismo, pero su mirada era firme, cargada de una madurez prematura que Sawyer solo podía atribuir a una "anomalía en el desarrollo cognitivo". —No me gusta cómo hablas —susurró la cachorra felina, y su voz, aunque baja, cortó el aire con una seriedad impropia de su tamaño. Harley Sawyer sintió que una punzada de incredulidad le recorría por su cuerpo, observando a la pequeña gata con una mezcla de fascinación científica y una curiosidad más por ella, realmente sorprendido que esa criatura hubiera desarrollado sus instintos más temprano que el de sus hermanos, además de que solo los juguetes adultos los tenían bastante desarrollados, a diferencia con los cachorros que había experimentado antes. Harley soltó un bufido seco. Se enderezó, ajustándose la capa que poseía mientras observaba a la pequeña felina como si fuera un espécimen bajo el microscopio que acababa de mostrar una mutación imprevista. —El Experimento 1188 —Contesto el científico bastante irritado de explicar algo tan sencillo a un par de mocosas— Es ese engendro de pesadilla al que ustedes llaman "padre". El científico se dio la vuelta, dándoles la espalda con un desprecio absoluto. No podía soportarlo más. La mera presencia de los cachorros sus preguntas cargadas de una pureza que él consideraba una molestia actuaban como un abrasivo sobre sus nervios. Sentía la pulsión eléctrica en sus dedos, el deseo de tomar un bisturí y descubrir exactamente qué parte de esa "anomalía cognitiva" los hacía tan desesperadamente conscientes. —¡Baba! —llamo Harley, su voz rebotando en las paredes de azulejo blanco del salón—. ¡Ven aquí de inmediato! De las sombras densas del pasillo emergió la figura de Baba Chops. La humanoide de lana azabache avanzaba con un nerviosismo palpable, aun recuperándose del shock que le había provocado la imponente presencia del Prototipo momentos antes. Se acercó a su amo con pasos vacilantes, dejando ver su fisonomía de oveja negra antropomórfica, una silueta femenina de curvas suaves. Harley la señaló con un gesto brusco, un movimiento cargado de una impaciencia que no se molestó en disimular. —A sus órdenes mi preciado amo. —Contesto la oveja con una voz suave y una sonrisa, mientras le dedicaba una sonrisa por desear servirle. —Vigila a estos... estos gérmenes —ordenó Sawyer, agitando la mano con desdén—. Mantenlos alejados de mis cosas y busca algo lo que sea para entretenerlos. Baba Chops se sorprendió y se puso altamente nerviosa por lo que tímidamente se acercó a los cachorros, sus manos se retorcían entre sí debido a una ansiedad que amenazaba con desbordarla. Jamás en su existencia dentro de los laboratorios se había visto obligada a interactuar con algo tan impredecible y biológicamente extraño como unos niños, para ella, ser una Nightmare la alejaba de los cachorros por la misma situación que su nombre solo la conocían por el conflicto, la energía caótica de la infancia era un idioma que no sabía hablar. Al dar un paso hacia el centro de la sala, los cachorros interrumpieron su juego de inmediato. La atmósfera cambió en un parpadeo. La pequeña felina, detectando el miedo y la inestabilidad que emanaban de la oveja, soltó un siseo bajo y vibrante, arqueando su espalda mientras sus pupilas se dilataban hasta casi borrar el color de sus ojos, ya que no podían negar que estaban aterradas por su presencia por culpa de aquellos minis Nightmares que llegaron en un momento a atacarlos. A sus espaldas, la cachorra dorada y el pequeño Sirius se encogieron, ocultándose tras la figura protectora de su hermana mayor, formando un frente unido de desconfianza que hizo que Baba se detuviera en seco, aterrada por la posibilidad de que aquellos "tesoros" del Prototipo reaccionaran con violencia o, peor aún, comenzaran a llorar bajo su supervisión. Harley Sawyer observó la escena desde la distancia, esto lo hizo solos suspirar ya cansado de todo lo ocurrido. Le resultaba patético que los cachorros fueran tan selectivos. No tenía tiempo para la incompetencia de una oveja que temblaba ante tres peluches. —Inútil —masculló Harley, girándose hacia el fondo del corredor donde estaban unas puertas las cuales apretó un botón de su control remoto para abrirlas—. ¡Yarnaby! ¡Ven aquí ahora mismo! Las puertas blindadas se deslizaron, revelando una oscuridad que fue rápidamente interrumpida por la irrupción de una criatura masiva. Yarnaby no emergió con una energía desbordante, su pelaje, una amalgama de lana densa y colores vibrantes que parecían absorber la escasa luz del laboratorio, se agitaba mientras avanzaba hacia el científico con la urgencia de un animal que ha recuperado a su dueño tras una eternidad de abandono. Antes de que Sawyer pudiera articular una sola advertencia, la enorme oveja se lanzó sobre él. No hubo elegancia, solo un impacto de fuerza bruta y afecto desmedido. El peso de Yarnaby colisionó contra el pecho del hombre, derribándolo contra el frío suelo de azulejos. El estrépito de la caída fue seguido por el sonido rítmico y profundo de un ronroneo vibrante que emanaba del pecho de la criatura, quien comenzó a restregarse contra Harley con una devoción animal, buscando desesperadamente el contacto físico, jadeando y ojos brillantes de una alegría simplista. —¡Quítate... maldita sea, quítate de encima! —Exclamo Harley, su voz ahogada por la lana multicolor y el peso opresivo de su creación. Sus manos, empujaron con violencia la cabeza de Yarnaby, tratando de recuperar una brizna de la dignidad que acababa de ser desparramada por el suelo. Cuando finalmente logró zafarse, se puso en pie de un salto, jadeando por la indignación. Su capa estaba ahora arrugada y cubierta de fibras de colores, rompiendo la imagen que siempre se presentó como alguien impecable. —¡Eres un animal, Yarnaby! —le recriminó Sawyer, señalándolo con un dedo que vibraba de furia pura—. ¡Te he dicho que dejes de hacer eso! Yarnaby, sin embargo, parecía inmune al veneno de las palabras de su amo. Se quedó sentado sobre sus cuartos traseros, ladeando la cabeza con una sonrisa boba, como si los gritos de Harley fueran cánticos de alabanza. Su confianza era tan ciega que simplemente todo lo que le hacia el científico lo tomaba como un halago. Cansado, sintiendo que la situación se le escapaba de las manos y que iba a explotar, Harley solo fingió sobarse su cabeza, como un tipo de movimiento confortante que a pesar de no poseer un cuerpo humano, aún tenía esa rutina arraigada en su mente y señaló hacia el rincón donde los cachorros observaban la escena con una mezcla de asombro y burla contenida. —Ya que tienes tanta energía sobrante, úsala para algo productivo —Dijo Sawyer, su voz goteando un hastío absoluto—. Cuida a estos subproductos. Mantenlos alejados de mis estantes, de mis muestras y de cualquier superficie que puedan contaminar con su mera existencia. Yarnaby, al recibir la orden, se giró hacia los pequeños con una agilidad sorprendente para su tamaño. Sus ojos, grandes y brillantes, captaron la curiosidad de los cachorros, y en lugar de avanzar con la rigidez de un guardián, se dejó caer de costado, impactando contra el suelo con un mullido sonido sordo que levantó una pequeña nube de estática. Aquella montaña de lana multicolor, vibrante y caótica se convirtió en un instante en el patio de juegos más fascinante que los niños habían visto jamás. —¡Es como una nube de arcoíris! —exclamó la cachorra dorada, perdiendo toda la cautela inicial. Corrió hacia Yarnaby y hundió sus pequeñas patas en la lana densa, que se sentía cálida y extrañamente reconfortante—. ¡Mira, Sirius! ¡Es tan suave que puedes desaparecer dentro! El pequeño Sirius, contagiado por el entusiasmo de su hermana, soltó un ladrido agudo y saltarín. Se lanzó de cabeza contra el costado de la criatura, quedando sepultado hasta las orejas en los bucles de lana colorida. Yarnaby respondió con un ronroneo profundo, una vibración que recorría el suelo del laboratorio, mientras movía sus patas en el aire, invitándolos a seguir escalando sobre él. Incluso la pequeña felina, que hasta hace un momento mantenía una guardia estoica, sintió cómo su curiosidad vencía a su desconfianza. Se acercó con pasos lentos, hundiendo sus garras con cuidado en el pelaje de Yarnaby para trepar hasta su lomo. —Huele a dulces—murmuró la felina, acomodándose en la cima de la montaña de lana como si fuera una reina en su trono—. Oye, tú, el de los colores... ¿eres una oveja o un perro gigante? Yarnaby soltó un bufido divertido, cerrando los ojos mientras los tres cachorros comenzaban a jugar al escondite entre sus pliegues de lana, revolcándose y soltando risitas que llenaban el aire estéril del laboratorio. A unos metros de distancia, Harley Sawyer observaba la escena con una expresión que oscilaba entre la irritación y el fastidio. A su lado, Baba Chops permanecía encogida, con sus dedos de entrelazados nerviosamente, mirando con envidia y asombro cómo Yarnaby lograba lo que ella no pudo. —Parecen... felices, amo —susurró Baba, con una voz apenas audible, temiendo la reacción del científico. —La felicidad es una variable irrelevante en este lugar —sentenció Sawyer, su mirada endureciéndose—. Mira cómo se pierden en esa masa de lana. Es una simbiosis de estupidez. Lo único que me reconforta es que, mientras estén ocupados revolcándose con ese saco de colores, no están tocando mis cosas ni cuestionando mi autoridad con sus estúpidas preguntas. —Baba, por el amor a la ciencia, busca algo, lo que sea, para entretenerlos y mantener sus bocas cerradas. No quiero volver a escuchar sus voces. Necesito esterilizar mis pensamientos después de ver semejante despliegue de sentimentalismo barato. Harley Sawyer dio media vuelta, desapareciendo en la penumbra de su santuario privado. El cierre de la puerta metálica resonó con un estruendo final, dejando a Baba Chops en un silencio que solo era interrumpido por el bullicio de los pequeños. Baba asintió levemente, aunque su amo ya no estuviera presente para verlo. Sus ojos de oveja, cargados de una fatiga existencial, se posaron sobre la escena, Yarnaby parecía una colina de algodón de azúcar cobrando vida, mientras los cachorros se sumergían en su lana con una energía inagotable. —¡Te encontré, Sirius! —exclamó la cachorra dorada, sacando al pequeño de un mechón de lana turquesa mientras ambos rodaban por el lomo de la gran criatura. Yarnaby soltó un balido que sonaba sospechosamente a una risa ronca, sacudiendo su cuerpo para hacer que los niños cayeran suavemente sobre su lana. La pequeña felina, desde lo alto de la cabeza de Yarnaby, observaba a Baba con una curiosidad ahora más relajada, aunque no del todo confiada. —Él es divertido —sentenció la felina, señalando a Yarnaby con su colita—. Pero ese TVman no lo es para nada. —Dijo la felina conteniendo una risita mientras le ponía un apodo gracioso a Halrey, simplemente para burlarse y divertirse un poco. Baba Chops no respondió. En lugar de eso, apretó sus manos contra su pecho y comenzó a caminar hacia la salida para buscar los juguetes para que los cachorros pudieran divertirse aún mas y se mantuvieran entretenidos. Detrás de ella, las risas continuaban, un sonido que para Sawyer era una contaminación, pero que para Baba era el único recordatorio de que, incluso en el corazón de este infierno, todavía quedaba algo bueno en este mundo, en especial porque en esos territorios casi no se veían cachorros, y los pocos que veía que se escapaban y entraban en este lugar. Nunca más se volvían a ver, ya que el doctor no dejaba ir a nuevos experimentos. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ El vagón del tren se detuvo con un gemido de metal fatigado, abriendo sus puertas hacia las entrañas de la boca del lobo, el territorio de Harley Sawyer. La prisión, un laberinto de paredes grises y luces de neón que zumbaban con una frecuencia eléctrica irritante. Poppy descendió primero, su bastón marcando un ritmo impasible contra el suelo impoluto. Clac Clac Clac A cada pocos metros, el ojo rojo de una cámara de seguridad giraba con un chirrido mecánico para seguir su avance. La soberana ni siquiera se dignó a levantar la vista, sabía que detrás de esos lentes, Harley Sawyer la observaba con el odio de quien ve un error de cálculo regresando para cobrar su deuda. Para ella, esas cámaras no eran más que insectos clavados en las paredes. A su espalda, Huggy y Kissy se movían como sombras vivientes, sus guardianes estoicos. La atmósfera en el pasillo se volvió densa, cargada con la estática del peligro inminente, hasta que una figura emergió de una intersección lateral. Baba Chops caminaba con la mirada perdida en el suelo, cargando un pequeño baúl metálico con juguetes olvidados. Estaba tan sumida en su propio temor de decepcionar a Sawyer que no detectó la presencia del grupo hasta que su instinto grito peligro, al sentir la mirada de un animal furioso la alcanzó de lleno. Al levantar la vista, el shock inicial transformó su rostro en una máscara de sorpresa al ver a la misma soberana del otro territorio estar aquí, un lugar donde no era bienvenida. Sus instintos, la gobernaron y una sed asesina se apodero de ella, al transformar su sorpresa en una rabia y furia por sentirse insultada que esa peste llegara al territorio de su amo, reaccionando antes que su mente. llevó la mano a la funda amarrada en su pierna. El brillo del acero destelló cuando Baba desenvainó un cuchillo largo y afilado, sosteniéndolo con manos decididas para atacar, después de todo no era la primera vez que atacaba. Se agachó, ocultando sus curvas bajo una postura de ataque, jadeando mientras su lana negra se erizaba por la adrenalina. —¿Qué haces tú aquí? —escupió Baba con una voz arisca, una mezcla de rabia—. ¡Este no es tu territorio! ¡El amo no te dio permiso para descender! ¡Regrésate por donde has venido antes de que te convierta en retazos! Poppy no se detuvo. Ni siquiera cambió el ritmo de su respiración. Siguió avanzando hasta quedar a una distancia que cualquier otro habría considerado suicida frente a un arma blanca. Observó el cuchillo con un desprecio tan absoluto que Baba sintió desconcierto al ver como ella se detenía cerca de ella, aun con una sonrisa frívola como si no le afectara su amenaza. Para Poppy, esa oveja no era más que un estorbo ruidoso, una distracción menor en su camino hacia al Doctor. —Baba —Llamo Poppy, su voz fluyendo con condescendencia—. Tan leal a un hombre que solo te ve como un mero objeto. Tu existencia es un insulto a la libertad que predico. Sin apartar sus ojos azules de los de la oveja, Poppy ladeó ligeramente la cabeza hacia su izquierda, donde la masa azul de Huggy Wuggy se alzaba como una montaña de muerte inminente. —Huggy —dijo Poppy, su tono gélido y desprovisto de toda emoción—. Encárgate de ella. La orden de Poppy congeló el aire, pero encendió el infierno dentro de Huggy Wuggy. El siseo gutural que escapó de su mandíbula llena de dientes no fue solo una señal de agresión, fue el preludio de una sinfonía de destrucción que el deseaba desatar. Baba Chops, con el cuchillo en su mano, se puso más firme mientras respiraba suavemente para prepararse para el ataque, vio cómo el coloso azul se acercaba a ella mientras levantaba sus manos. Huggy poseía unos guantes tácticos oscuros. Sobre los nudillos, una placa de aleación metálica oscura y estriada brillaba bajo las luces fluorescentes, y las puntas de los dedos estaban cubiertos con el mismo material, la cual tenían un tipo de mecanismo interno. Al escuchar la voz de su reina, un mecanismo interno en las muñecas de Huggy chirrió con un sonido metálico agudo. De los capuchones metálicos de sus dedos, saltaron hacia afuera garras retráctiles de acero, largas, curvas y afiladas como navajas de afeitar, brillantes. Baba Chops, contra toda lógica, no sintió miedo ante la transformación, pero si le dio una extrema curiosidad al preguntarse, ¿de dónde consiguió esos guantes?, La paranoia y el dolor de vivir en ese averno donde la ley más sagrade de matar o morir había erradicado su capacidad de sentir terror por su propia vida, en su lugar, una rabia ciega y suicida tomó el control. Ella era una asesina y protectora de la Prisión y cumpliría su función. —¡TE ARREPENTIRAS DE VENIR AQUÍ! —Ella rugió con furia y determinación, demostrando su devoción por proteger el territorio de su amo. Baba se lanzó hacia adelante, lanzando un tajo horizontal vicioso con su cuchillo, apuntando directamente a la garganta expuesta del monstruo azul. El acero silbó en el aire, buscando sangre. Pero Huggy Wuggy no era una bestia sin cerebro, era un depredador que con entrenamiento había dominado la paciencia y la táctica necesaria para mejorar sus ataques y su rabia, para atacar con más letalidad. En un movimiento que desafiaba su inmensa masa, Huggy no esquivó. Simplemente alzó su mano izquierda, para protegerse del ataque de la oveja negra. El cuchillo de Baba impactó un sonoro y metálico contra la placa de aleación de sus nudillos. ¡CLANC! Las chispas saltaron cuando el filo del acero del cuchillo de Baba se deslizó inútilmente sobre el metal endurecido, sin dejar ni un rasguño en el guante. Ella se sorprendió porque solo podía ejercer presión en sus muñecas para enterrar su arma contra Huggy, pero este con su fuerza solo mantenía su mano firme mientras sonreía con arrogancia, mirando como su cuchillo se quedaba atascado en el metal de sus nudillos. —¡Maldición! —Grito Baba, irritada que haya esquivado ese ataque y sobre todo que no haya funcionado cortarlo. Ella tenía que reaccionar rápido antes de que la criatura hiciera otra cosa, pero esos segundos donde tardo en responder por culpa de su sorpresa. Huggy Wuggy no desperdició esa fracción de segundo. Mientras su mano izquierda contenía el cuchillo, su mano derecha, cerrada en un puño masivo adornado con la misma placa metálica en los nudillos, se impulsó hacia adelante con la fuerza demoledora. El movimiento fue tan rápido que solo dejó un rastro azul en el aire. El impacto fue devastador. El puño blindado de Huggy conectó directamente con el centro de la cara de Baba Chops. El sonido fue horrendo, una mezcla crujiente de huesos faciales fracturándose bajo la presión masiva. El nudillo metálico hundió el hocico de la oveja negra, destrozando su estructura ósea en un instante. La fuerza del golpe no solo la detuvo, la catapultó. Baba salió volando hacia atrás, su cuerpo humanoide volando violentamente en el aire como una muñeca de trapo descartada. Impactó contra la pared de azulejos blancos con un estruendo que hizo temblar las cámaras de seguridad. Los azulejos se agrietaron en forma de telaraña alrededor del punto de impacto antes de que ella rebotara y aterrizara pesadamente en el suelo estéril, la cual comenzó a llenarse de un charco de sangre. Baba Chops quedó tendida boca arriba, inmóvil. El cuchillo había salido despedido de su mano y yacía a varios metros de distancia. Su rostro, antes definido por una arisca determinación, era ahora una masa grotesca y hundida de lana manchada de un carmesí espeso y oscuro que comenzaba a encharcarse bajo su cabeza. Estaba viva, su pecho subía y bajaba en respiraciones superficiales e irregulares, pero el impacto traumático había apagado su conciencia instantáneamente, dejándola desmayada en un charco de su propia derrota dolorosa. Huggy Wuggy bajó los puños lentamente. Las garras retráctiles volvieron a entrar en sus fundas metálicas con un sonido suave. El siseo gutural cesó, reemplazado por un silencio sepulcral en el pasillo. Orgulloso de su hazaña, mientras de su puño goteaba la sangre ajena. Fue entonces que miró a Poppy, esperando la siguiente directriz, mientras Kissy Missy observaba el cuerpo de Baba con una frialdad gélida, como si estuviera evaluando la situación. Poppy por su parte solo demostró indiferencia, sabiendo el resultado final, por lo que esta comenzó a avanzar como si nada, pasando de largo al pobre cuerpo de la oveja sangrienta, mientras Kissy y Huggy la seguían, para continuar con su verdadera misión. * º ❀ * º La oficina de seguridad de Harley Sawyer se asemejaba más a la cámara de un inquisidor moderno que a un centro de control. Rodeado de monitores que parpadeaban con un resplandor azulado y frío, Harley se encontraba frente a su escritorio principal, su figura recortada contra la luz de las pantallas. Pero su atención no estaba en los datos, sino en una caja, un regalo que el Prototipo le había enviado tras su última y sensorial "sesión" de unión. Con manos que temblaban ligeramente no por debilidad, sino por un odio contenido que amenazaba con incinerar su compostura, Harley hundió los dedos en el envoltorio de seda de la caja. Al tirar hacia fuera, el aire del laboratorio pareció cargarse de una humillación espesa. Entre sus dedos colgaba una prenda de lencería, un baby doll de encaje rojo y transparencias cínicas que goteaba una intención degradante. Desde que el Prototipo lo había forzado a esa parodia de matrimonio, despojándolo de su autonomía y sometiéndolo a actos que su mente científica intentaba clasificar como "procedimientos biológicos" para no volverse loco, la denigración había sido constante. El Prototipo ya no se dirigía a él como una peste o ni siquiera con burla, sino que empleaba pronombres y términos femeninos que buscaban anular su identidad masculina y su estatus de poder. Aquel regalo no era un gesto de afecto, era una correa de encaje, una forma de recordarle que, ante los ojos de su "esposo", Harley Sawyer no era más que una “esposa” sumisa. —Maldita aberración… —siseó Harley, arrojando la prenda al suelo con un asco visceral. Se sentía humillado y avergonzado porque nunca usaría algo así, eso sería denigrarlo más de lo que ya estaba. Justo cuando estaba a punto de estallar en un arrebato de furia destructiva contra el mobiliario, un pitido agudo y persistente cortó el aire. Una alerta roja comenzó a parpadear en el monitor principal, el tren de la Game Station acababa de ser activado sin una orden previa de su parte. La curiosidad, ese rasgo que lo definía tanto como su crueldad, lo obligó a dejar de lado su humillación personal. Se acercó a las pantallas, y lo que vio lo dejó gélido. En el andén de la prisión, la puerta del vagón se deslizaba para revelar a Poppy. Harley observó la pantalla en un silencio sepulcral. Ver a la "Diosa Roja" fuera de su territorio era una anomalía que no había previsto en sus modelos de probabilidad. La vio caminar con esa elegancia que la caracterizaba. Pero lo que realmente le hizo dar un paso atrás fue la brutalidad con la que Huggy Wuggy derroto a Baba Chops. El científico vio, en alta definición, cómo el puño metálico de su creación más salvaje hundía el rostro de su asistente más leal. Vio la sangre salpicar los azulejos. Un escalofrío de terror genuino, una emoción que Sawyer rara vez experimentaba, le recorrió la columna vertebral. No era solo por la violencia, sino por la intención detrás de ella. —¿Cómo…? —murmuró, su voz apenas un susurro quebrado—. ¿Cómo se ha enterado? La lógica de Harley comenzó a trabajar a marchas forzadas. Poppy no vendría al corazón de su territorio, desafiando directamente al Prototipo, a menos que tuviera un motivo que superara su instinto de preservación. La respuesta era obvia y, para él, aterradora, los nietos. El pánico empezó a filtrarse por las grietas de su arrogancia. Si Poppy sabía lo de los cachorros, y si venía con esa agresividad desmedida, significaba que se había enterado de alguna forma de que los tenía consigo. Harley miró de reojo la lencería tirada en el suelo y luego a la pantalla donde Poppy avanzaba hacia su posición, flanqueada por sus dos verdugos. Se sintió atrapado entre dos monstruos, el que lo reclamaba como propiedad en su cama y había amenazado de castigarlo si algo le pasaba a esos gérmenes, y la que venía a arrancarle la garganta por tener a esos mismos gérmenes. Por primera vez en décadas, el Doctor no tenía un plan de contingencia. Una sensación de pánico comenzó a manifestarse en un tic errático de “rascarse” contra uno de sus brazos. Su ojo no se despegaba de los monitores, donde la figura de Poppy avanzaba con una paz que no parecía natural que resultaba más intimidante que una carga frontal. Ella no tenía prisa caminaba con la certeza de quien ya ha dictado la sentencia y solo se dirige a ejecutarla. Harley se alejó del panel de control con un movimiento brusco, tropezando con la delicada prenda de encaje que yacía en el suelo, lo que le arrancó un gruñido de puro odio. Estaba acorralado. No podía enfrentarse a Poppy y a sus dos verdugos él solo, y sabía que invocar la seguridad estándar de la prisión sería inútil frente a la fuerza bruta de Huggy Wuggy. Necesitaba al Prototipo, si quería salir vivo de esto. Aunque lo culpaba y lo maldecía por haberlo puesto en esta situación, al traerle esos sacos de pulgas. Se acercó a una pequeña rejilla de ventilación situada en la esquina superior de su despacho y golpeó el metal con su puño. —¡Sujeto 1332! ¡Sal de ahí ahora mismo! —siseó Harley, con la voz quebrada por la urgencia. De la oscuridad del conducto emergió una criatura pequeña, siendo un mini Touille. El "Pequeño Nightmare" asomó su rostro La criatura siseó, estirando sus extremidades sobre el borde de la rejilla, observando a Sawyer con una mezcla de hambre y servidumbre. —Escúchame bien—dijo Harley, inclinándose hacia él, su rostro a centímetros de la criatura —. Vas a correr por los conductos centrales. Ve directo al Santuario, busca al Prototipo y no te detengas por nada. Dile... —Harley se detuvo un segundo, sintiendo el sabor amargo de la humillación— dile que su "ex" está aquí, en mi laboratorio. Dile que su preciada “Esposa” está en peligro. El Pequeño Nightmare ladeó la cabeza, captando el mensaje con una inteligencia malévola. La mención del Prototipo pareció infundirle un temor reverencial que lo puso en movimiento instantáneamente. —¡Corre! ¡Dile que venga ahora si no quiere perderme! —ordenó Sawyer con un ademán violento. Sin emitir un solo sonido, la criatura se dio la vuelta y se zambulló de nuevo en la red de ventilación. Harley pudo escuchar el rápido repiqueteo de sus garras contra el metal de los ductos, un sonido rítmico que se alejaba velozmente hacia las profundidades de Playtime Co. El Nightmare se movía como una exhalación de sombra, cruzando las arterias de la fábrica, saltando entre ventiladores y cables, impulsado por la urgencia del hombre que le daba de comer y el miedo al Dios que lo gobernaba a todos. Harley regresó a su silla y se desplomó en ella, observando de nuevo las cámaras. Poppy ya se acercaba, ahora todo dependía de cuánto tardara el Prototipo en reaccionar ante el regreso de la mujer que alguna vez fue el centro de su mundo, y de si llegaría a tiempo antes de que el bastón de amapola se estrellara contra el cráneo del científico. * º ❀ * º El pasillo desembocaba en una imponente barrera de acero reforzado, el umbral final que custodiaba el santuario privado de Harley Sawyer. El aire aquí era distinto, más seco, cargado de un olor metálico y muerte algo que a la muñeca le repugno. Poppy se detuvo frente a la superficie metálica, cuya frialdad parecía un reflejo exacto de su propia expresión. Con una serenidad que rayaba en lo espectral, alzó su mano cerrando el puño para llamar a la puerta. Toc Toc Toc Eran golpes rítmicos, educados, cargados de una etiqueta aristocrática que parecía fuera de lugar en aquel matadero subterráneo. Poppy esperó unos segundos, manteniendo su postura real, mientras el único sonido que respondía era el zumbido de la cámara de seguridad situada justo encima de la puerta. El dispositivo se inclinó, el lente haciendo foco sobre el rostro de porcelana de la muñeca. Poppy sostuvo la mirada de la lente, percibiendo a través de ella la presencia del cobarde que se ocultaba detrás del monitor. —Sé que estás ahí, Harley —dijo Poppy, su voz proyectándose con una claridad que no necesitaba gritos para imponerse—. Abre la puerta y hablemos como personas civilizadas. Al no recibir respuesta, una sutil sombra de desdén cruzó sus facciones. Poppy dio un paso hacia atrás, dejando que el vuelo de su vestido rozara el suelo, y simplemente ladeó la cabeza hacia el gigante azul que aguardaba a su lado. —Huggy. Ya no hace falta ser corteses. El Doctor ha olvidado sus modales. Huggy Wuggy no necesitó una segunda orden. Se posicionó frente a la esclusa, sus extremidades tensándose como resortes. Con un rugido seco que vibró en las paredes de metal, lanzó una patada lateral imbuida de una fuerza devastadora. El impacto fue seco y ensordecedor, los pernos de seguridad saltaron como proyectiles y la pesada puerta de metal cedió, saliendo despedida de sus bisagras para colapsar hacia el interior del laboratorio con un estruendo que hizo saltar las alarmas de presión. Poppy entró caminando sobre los escombros de la puerta, con la elegancia de una soberana. Al fondo, a unos metros de distancia, la figura de Harley Sawyer se erguía con una rigidez calculada. A pesar de que el eco del derribo aún resonaba, Harley se encontraba de pie, cruzado de brazos con una parsimonia estudiada. Había logrado sepultar el pánico bajo una capa de arrogancia profesional, aunque buscaba desesperadamente cualquier señal de debilidad en su visitante, para utilizarla y salir huyendo y con una voz que pretendía ser de una normalidad insultante, rompió el silencio. —Vaya, Poppy. Siempre has tenido una inclinación por las entradas dramáticas, aunque debo admitir que el vandalismo es un poco... rudimentario, incluso para alguien de tu alcurnia —dijo Sawyer, mientras su ojo proyectado en esa pantalla, se movía para recorrer todo el cuerpo de la contraria, como si la juzgara mentalmente—. ¿A qué debo el honor de esta visita no esperada? Kissy Missy emitió un gruñido profundo, un sonido que nació en el fondo de su garganta. Ella la observo desprecio rabia mal contenida ante la audacia de Sawyer le resultaba insoportable que aquel hombre, fingiera no saber nada cuando sabía perfectamente a que habían venido. Kissy apretó contra su pecho el libro que portaba, sus uñas hundiéndose en la encuadernación como si deseara triturar la realidad misma, mientras Huggy Wuggy, a su lado, se tensaba con los nudillos metálicos proyectando un brillo letal a pesar de estar manchado de sangre. Sin embargo, Poppy no permitió que la violencia estallara antes de tiempo. Con un movimiento grácil y lento, alzó su mano, un gesto silencioso pero absoluto que detuvo en seco a sus dos guardianes. Kissy y Huggy se quedaron petrificados tras ella, tranquilizándose en el acto. Poppy avanzó, haciendo resonar sus zapatos y el sonido de su bastón. No se detuvo hasta que quedó a escasos centímetros de Harley Sawyer, invadiendo su espacio personal con una osadía que hizo que el científico tuviera que forzar la vista para mantener el contacto visual. Poppy plantó su bastón de amapola frente a ella, sujetándolo con ambas manos. La tensión entre ambos se sentía asfixiante. —Harley querido…—respondió Poppy con palabras endulzadas, pero realmente tenían veneno que podían asesinarlo—. No malgastemos el poco tiempo que te queda de calma fingiendo que este encuentro es una sorpresa. Ambos sabemos que no he cruzado la fábrica por cualquier cosa. La mirada azul de la muñeca se clavó en la de Sawyer, despojándolo de cualquier pretensión de inocencia. —¿Dónde están Harley? —Pregunto aquella pelirroja mientras su sonrisa desaparecía y en su lugar era remplazada por una mueca seria, como una amenaza latente mientras alzaba su bastón y le daba suaves golpes al pecho del contrario. —Mas te vale entregármelos o aprenderás porque me volví tan peligrosa. El científico apretó los puños, sintiendo cómo su fachada de calma se resquebrajaba ante la inmediatez del peligro. Sabía que el Prototipo estaba en camino, pero también sabía que, si no cedía en ese instante, no viviría para ver la llegada de su "esposo" y salvarlo de esto. Su orgullo luchó contra su instinto de preservación durante un instante eterno, hasta que finalmente soltó un gruñido de pura frustración que rompió su máscara de frialdad. —Eres una zorra, Poppy.—masculló Harley, en una grosería sabía que no se podía jugar con ella y más cuando se involucraba a su familia, desviando la mirada con desprecio—. Están en el otro cuarto, Bajo la supervisión de Yarnaby. —Sawyer se hizo a un lado con un gesto seco, señalando la puerta que guiaba el cuarto donde estaban, mientras por dentro rezaba para que el Prototipo apareciera antes de que Poppy cambiara de opinión. Poppy sostuvo la mirada de Harley un segundo más, quedándose callado sabiendo que no le convenia contestar en ese momento. Entonces, los labios rojizos de la contraria se curvaron en una sonrisa lenta, cínica y cargada de una diversión venenosa que hizo que el científico se tensara. —Vaya, Harley... —ronroneó Poppy, dándole la espalda con una indiferencia absoluta que valía más que cualquier insulto—. Resultaste ser mucho más obediente de lo que recordaba. Parece que el Prototipo realmente hizo un trabajo encomiable adiestrándote. Supongo que después de todo, el papel de "esposa" sumisa te sienta de maravilla. El ojo de Harley se volvió rojizo y se contrajo facciones dejando ver su humillación pura mientras el comentario de Poppy golpeaba directamente su inflado ego. Solo siguió tragándose su orgullo por su propia seguridad, ya había visto lo que era capaz esa pelirroja, cuando ella también ayudo a crear la hora de la alegría, en especial sus dos guardianes que lo observaban detenidamente. —Huggy, quédate aquí. Vigila al doctor que no intente ninguna de sus pequeñas maniobras desesperadas. Huggy Wuggy emitió un siseo bajo y asintió, bloqueando la salida de Harley con su imponente presencia. Poppy entonces miró a su compañera. —Kissy, acompáñame. Ambas cruzaron el umbral hacia la cámara contigua. El ambiente allí era distinto, más cálido debido a la presencia masiva de Yarnaby. La gran criatura de lana colorida estaba en posición de combate, con el pelaje erizado y emitiendo un gruñido profundo que hacía vibrar el suelo, alerta desde el momento que escucho el ruido. Sus ojos brillaban con una alerta animal, protegiendo lo que se ocultaba en su lomo. Sin embargo, el clima de tensión se rompió con un estallido de emoción pura. De entre los pliegues de lana colorida, dos pequeñas cabezas asomaron con timidez y miedo, pero en cuanto sus ojos se posaron en la figura de la muñeca roja, el terror se transformó en un júbilo ensordecedor. —¡ABUELITA! — gritaron las cachorras al unísono, sus voces quebradas por el llanto y la alegría desbordante. Stella, la pequeña cachorra dorada, y Selene, la ágil felina de pelaje lavanda, se lanzaron desde el lomo de Yarnaby con una desesperación conmovedora. Sus pequeñas patas golpearon el frío suelo del laboratorio, corriendo a toda velocidad como si la distancia que las separaba de Poppy fuera el último obstáculo que tenían para llegar a ella. Mientras tanto, el pequeño Sirius, siendo apenas un bebé, no pudo seguirles el paso, se había quedado enredado entre los densos bucles de lana de Yarnaby y comenzó a chillar con angustia, agitando sus patitas con la urgencia de quien no quiere ser dejado atrás en el reencuentro. Poppy, dejando caer su bastón y despojándose de su máscara de soberana gélida, se dejó caer de rodillas con los brazos abiertos de par en par. Stella y Selene se estrellaron contra ella con la fuerza de un impacto, hundiéndose en su regazo entre sollozos espasmódicos. Se aferraban a las sedas de su vestido con garras, temblando violentamente como si temieran que, al soltarla, su abuela se desvaneciera. —Mis niñas... mis tesoros—susurró Poppy, su voz rompiéndose bajo el peso de una angustia que finalmente encontraba salida. Las envolvió en un abrazo tan feroz y protector que parecía querer fundirlas con ella para que nada pudiera alcanzarlas. Cerró los ojos con fuerza, dejando que el aroma a lavanda y vainilla de nuevo la embriagara, sirviendo como el único bálsamo capaz de calmar su corazón atormentado. Con una ternura desesperada, besó las coronillas de sus cabezas una y otra vez, sintiendo el temblor de los cuerpos de las pequeñas bajo sus manos. —Stella, Selene... están a salvo ahora. Estoy aquí. — murmuró contra sus oídos, lleva de felicidad. Sin embargo, el alivio de Poppy fue una ráfaga efímera. Al separarse apenas unos milímetros para inspeccionar a las pequeñas, sus ojos azules, agudos, recorrieron el espacio vacío en sus brazos. El frío volvió a instalarse en su pecho con una violencia renovada. —¿Dónde está? —preguntó Poppy, su voz perdiendo la calidez y tornándose en un siseo alarmado que hizo que Kissy Missy se pusiera en tensión inmediata—. ¿Dónde está Sirius? Stella, aun hipando por el llanto, levantó su pequeña cabeza dorada con los ojos empañados, por la felicidad de estar con su abuelita. —Estábamos jugando juntos—balbuceó la perrita. Selene estiró una pata temblorosa hacia la imponente masa de lana multicolor que se alzaba en el centro de la habitación. —Allí... —susurró Selene, sin entender porque su abuelita se veía tan alterada. Poppy y Kissy giraron la cabeza al unísono hacia Yarnaby. La criatura, que hasta hace poco parecía un inofensivo perro ovejero, había mutado su actitud. Sus ojos grandes y vidriosos ahora centelleaban con una fijeza depredadora, y su ronroneo se había transformado en un gruñido vibrante que hacía crujir el suelo. Sus patas delanteras arañaban las baldosas, y cada vez que el pequeño Sirius emitía un chillido agudo desde lo profundo de los bucles de lana, Yarnaby sacudía su cuerpo de forma violenta, hundiéndolo más en el pelaje, como si estuviera protegiendo una presa o un tesoro que no estaba dispuesto a entregar. —¡No! —exclamó Poppy, el pánico filtrándose por las grietas de su autoridad. Kissy Missy reaccionó por puro instinto protector, sus dedos se deslizaron con velocidad frenética hacia su libro, dispuesta a liberar el artefacto que contenía para despedazar al felino gigante. —¡Kissy, detente! —gritó Poppy, interponiendo su brazo. Su mente trabajaba a mil revoluciones por segundo—. Si atacas ahora, podrías herir a Sirius. Está demasiado profundo en esa lana, un impacto lo mataría junto con él. Poppy se puso en pie, empujando con suavidad, pero firmeza a Stella y Selene detrás de su falda, ocultándolas de la vista de la bestia. Su corazón martilleaba contra su pecho. Estaba aterrada, sabía que un movimiento en falso de Yarnaby podría asfixiar al pequeño cachorro o romper sus frágiles huesos con un solo espasmo de agresividad. —Ve por Harley —ordenó Poppy, sin apartar los ojos de Yarnaby, su voz cargada de una urgencia desesperada—. ¡Ahora! Ese cobarde es el único que puede darle una orden directa a esta cosa sin que entre en un frenesí. Kissy asintió con un movimiento seco de cabeza, sus ojos brillando con una promesa de violencia si el científico se negaba. Dio media vuelta y salió disparada hacia el otro cuarto, dejando a Poppy sola frente a la montaña de lana grúñente. —Tranquilo, pequeño... —murmuró Poppy, tratando de que su voz no temblara mientras veía cómo Sirius chillaba de nuevo, perdido en la maraña de colores—. Abuelita está aquí. No te muevas, Sirius... por favor, no te muevas. Yarnaby soltó un gruñido distorsionado, una nota baja y amenazante, mientras se agachaba sobre sus patas, listo para arremeter si Poppy daba un solo paso más. La soberana de la fábrica, por primera vez en su vida, se sintió impotente ante una fuerza que no podía razonar ni doblegar. El estruendo de la puerta al abrirse fue seguido por el sonido de pasos torpes y el siseo de las advertencias de Huggy Wuggy. Harley Sawyer fue arrojado al interior de la cámara con un empujón violento que lo hizo tambalearse, recuperando el equilibrio justo antes de caer de bruces sobre el suelo. Detrás de él, Kissy Missy y Huggy se alzaban como dos verdugos sus respiraciones pesadas llenando el espacio con una promesa de despedazarlo si el científico se atrevía a desobedecer. —¡Bestias analfabetas! —escupió Harley con rabia mientras se levantaba y sacudía su capa. Su voz goteaba un veneno ácido, cargado de palabras hirientes que intentaban ocultar el miedo de ser destruido, a estas alturas Poppy era impredecible y en ella si sabía que podía cumplirle la advertencia de ir a buscar su cuerpo original y asesinarlo o peor quemarlo vivo. Poppy no le dio tiempo de terminar su diatriba. Alzo su bastón y apuntando directamente al pecho del científico. —Ahórrate tu léxico, Harley —sentenció Poppy, su voz vibrando con una autoridad que no admitía réplicas—. Dile a tu mascota que se quede quieto y que no nos ataque. Ahora. Sawyer desvió la mirada hacia Yarnaby, observando al coloso de lana multicolor que seguía gruñendo y protegiendo al pequeño Sirius. El pequeño cachorro seguía chillando, sus lamentos agudos taladrando los nervios de los presentes. Harley soltó un gruñido fastidiado y cruzó los brazos sobre el pecho, adoptando una postura de indiferencia arrogante que rozaba la negligencia. —Es una reacción instintiva, Poppy. Yarnaby ha sido programado para proteger lo que considera valioso en ausencia de órdenes directas.—dijo Harley, encogiéndose de hombros con una desidia que hizo que la punta del bastón de Poppy presionara con más fuerza. —No estoy para juegos—siseó Poppy, acercando su rostro al de él hasta que Sawyer pudo ver el brillo de la furia absoluta en sus pupilas—. Si Yarnaby le hace un solo rasguño a Sirius, me aseguraré de que lo último que veas antes de morir sea cómo Huggy te devora vivo. ¡Dale la orden! Harley, sintiendo el filo de la amenaza real y viendo que Huggy ya mostraba sus garras metálicas, suspiró con un hastío teatral. Se enderezó y alzó la voz, empleando un tono de mando seco y cortante que Yarnaby reconoció al instante. —¡Yarnaby! ¡quédate quieto! —Ordeno Harley. El efecto fue inmediato. La tensión abandonó el cuerpo del gran felino. El gruñido vibrante cesó, reemplazado por un balido lastimero y sumiso. Yarnaby bajó la cabeza, sus ojos perdiendo el brillo depredador para recuperar esa mirada iluminada y obediente que tanto le gustaba a Sawyer. Se dejó caer sobre sus patas delanteras, aunque sus músculos seguían vibrando ligeramente, manteniéndose en una guardia pasiva. Poppy exhaló un suspiro de alivio que había estado reteniendo. Se giró hacia Kissy Missy, quien mantenía a Stella y Selene protegidas detrás de ella. —Kissy, quédate con las niñas. No dejes que se acerquen y mantén un ojo en Harley. Si intenta algo, no dudes —ordenó Poppy con firmeza. Kissy asintió, envolviendo a las dos cachorras con sus largos brazos, mientras Poppy comenzaba a avanzar hacia Yarnaby. Cada paso era una prueba de valor, Yarnaby seguía siendo una masa imponente y desconocida, pero Sirius era lo único que importaba ahora. Poppy hundió sus manos en la maraña de lana multicolor, sintiendo la vibración del cuerpo de Yarnaby bajo sus dedos. La lana era densa, una red asfixiante de fibras sintéticas que se resistía a soltar al cachorro, pero la muñeca no vaciló. Tras un momento de búsqueda frenética, sus dedos tropezaron con el pelaje suave y cálido del pequeño Sirius. Con un tirón firme pero cargado de una delicadeza infinita, Poppy logró desenredar al cachorro. En cuanto Sirius sintió el aire y el contacto conocido, sus chillidos de angustia se transformaron instantáneamente en pequeños ladridos de júbilo puro. El cachorro, aún temblando por el susto, se lanzó hacia el cuello de Poppy con una urgencia conmovedora, ocultando su pequeño hocico en el hueco de su hombro. Sus patitas se aferraban al vestido con una fuerza desesperada, mientras comenzaba a lamer la mejilla de la muñeca con una devoción frenética, dejando pequeñas manchas de humedad sobre el rostro de su abuela. —¡Oh, mi pequeño valiente! ¡Ya te tengo, ya estás aquí! —exclamó Poppy, cerrando los ojos mientras apretaba al cachorro contra su pecho, sintiendo el latido acelerado de su corazoncito fundiéndose con el suyo. Se alejó de Yarnaby con pasos rápidos, marcando una distancia de seguridad mientras acunaba a Sirius como si fuera el tesoro más frágil de toda la creación. Cada beso que Poppy depositaba en la frente del cachorro. La frialdad que Poppy solía proyectar ante sus enemigos se había evaporado por completo, dejando al descubierto a una mujer, a una abuela cuyo mundo entero se resumía en ese pequeño bulto de vida que ahora descansaba seguro en sus brazos. —Estás a salvo, mi cielo...—susurró, su voz impregnada de una ternura que contrastaba con el entorno opresivo y cruel de la prisión. Stella y Selene, al ver a su hermanito a salvo, soltaron gritos de júbilo desde el refugio de los brazos de Kissy Missy, agitando sus colitas con una energía renovada. La escena, cargada de una humanidad desgarradora, era un insulto viviente para Harley Sawyer, quien observaba desde la distancia con una mueca de asco, incapaz de comprender cómo algo tan banal les diera alivio. Poppy se dejó caer de rodillas una vez más, permitiendo que el peso de la armadura emocional que portaba como soberana se desmoronara ante la calidez de su familia. Con Sirius aún apretado contra su pecho, envolvió a Stella y Selene en un abrazo circular, formando un refugio de afecto. Por un instante, el tormento que paso fue reemplazados por el sonido de las respiraciones entrecortadas de los pequeños. —Ya está, mis tesoros... —murmuró Poppy, recuperando la compostura mientras les acariciaba las orejas con dedos temblorosos—.Es hora de regresar a casa. Stella, la pequeña perrita dorada, levantó la vista con sus ojos brillantes, buscando la seguridad que solo su linaje podía ofrecer. —Pero abuelita... ¿y el abuelo? —preguntó con una inocencia que Poppy había olvidado por completo—. ¿No vamos a avisarle? Él nos trajo aquí... dijo que su esposa nos cuidaría. Debemos decirle que ya nos vamos. Poppy se tensó. El nombre del Prototipo actuó como una corriente eléctrica que recorrió su espalda, transformando su alivio en una rabia sorda y antigua. Se puso en pie con una lentitud ceremonial, su rostro volviéndose una máscara impasible. Hizo una seña imperceptible a Kissy Missy y Huggy Wuggy para irse en ese lugar. —Yo hablaré con su abuelo después —dijo Poppy. Su voz fue un susurro frívolo que dejaba en claro su desprecio y enojo ante la entidad—. Él y yo tenemos mucho, muchísimo de qué hablar. Un escalofrío recorrió la columna de los tres cachorros. Aunque eran pequeños, percibieron el cambio drástico en el aura de su abuela, el tono en que se refirió al Experimento 1006 no era de afecto, sino de una furia volcánica contenida bajo una capa de hielo. Stella y Selene intercambiaron una mirada de confusión y miedo, aferrándose con fuerza a los pliegues del vestido de Poppy, ya que al ser pequeñas tenían la maña de aferrarse a su ropa cada vez que paseaban con ella, para no perderse y así ella asegurarse de que vinieran con ella, mientras comenzaba a caminar con paso firme hacia la salida. Huggy y Kissy se posicionaron de inmediato a sus espaldas, para proteger a los cachorros. Sin embargo, antes de cruzar el umbral, Poppy se detuvo en seco justo al lado de Harley Sawyer. No lo miró directamente, pero se inclinó hacia él hasta que sus labios estuvieron a escasos centímetros de la cabeza de aquella máquina. El aroma a flores que emanaba de la muñeca envolvió a Harley, quien se quedó petrificado, y en ese momento odio perfeccionar su cuerpo para darle necesidades y sentirse de nuevo vivo. —Escúchame bien, Sawyer —siseó Poppy, con una amenaza mortal que hizo que el nombrado sintiera escalofríos. —Si vuelves a acercarte a ellos o te atreves a mirarlos una vez más, yo misma me encargaré de terminar lo que se supone que el Prototipo debió hacerte durante la Hora de la Alegría. Harley sintió que temblaba y sus órganos temblaban dolosamente en esos contenedores. La mención de aquel evento sangriento, sumada a la intensidad asesina en la voz de Poppy, le dejó claro lo loca que estaba ella para poder hacerle daño por un trio de peluches con patas. —No habrá una segunda advertencia —sentenció ella, enderezándose y retomando su marcha sin mirar atrás. Poppy salió del laboratorio con la cabeza en alto, cargando a Sirius y guiando a sus nietas, mientras el eco de su advertencia seguía vibrando en el aire estéril, dejando a un Harley Sawyer tembloroso, lleno de rabia, vergüenza y odiaba admitirlo incluso miedo. Mientras avanzaban por el pasillo de regreso, con el eco de sus pasos resonando en el silencio sepulcral del sector, Poppy bajó la mirada hacia las pequeñas que se aferraban a su falda. Sirius se había quedado profundamente dormido en su hombro, agotado por el llanto. —Díganme una cosa... —preguntó Poppy, tratando de suavizar el filo de su voz para no asustarlas—. ¿En dónde están sus padres? ¿Cómo es que terminaron bajo el "cuidado" de ese lunático? Selene, alzó sus ojos con honestidad, para poder responder a su abuela. —Mamá y papá dijeron que querían un tiempo a solas, abuelita. Así que nos dejaron con el abuelito 1006. Él nos dijo que por fin conoceríamos a nuestra nueva abuelita. —Expreso la felina, mientras avanzaba a pasos pequeños a lado de Poppy aun sujetando su falda larga. Poppy cerró los ojos un instante, soltando un suspiro cargado de una frustración milenaria. La irresponsabilidad del prototipo por mucho la superaba en todos los aspectos posibles, al punto que la pelirroja solo terminaba por irritarla más por su estupidez. Sin embargo, cualquier pensamiento sobre el futuro se evaporó cuando llegaron a la salida. Al cruzar el umbral de la puerta destrozada, el grupo se detuvo en seco, en el momento que sintieron el cambio de ambiente y un miedo instintivo se instaló en los cuerpos de Kissy y Huggy, mientras en Poppy solo sintió una rabia y una melancolía que a pesar de los años jamás pudo superar. Ya que ahí, bloqueando el camino con su figura imponente y colosal, estaba el Prototipo, el dios de la fábrica. Él no era una criatura nacida de la biología, sino una pesadilla forjada por las manos de un hombre obsesionado, una aberración que desafiaba la vida misma, al mismo tiempo que no se podía evitar admirar su existencia tan compleja. Al verlo bloquear la salida, la soberana solo se tensó, porque sabia perfectamente que sería una larga conversación con su igual. En la cúspide de su cuerpo esquelético, se alzaba un busto que parodiaba la figura de un bufón. Llevaba un gorro de bufón de tela desgastada y descolorida, adornado con borlas metálicas. Su rostro era un tipo de mascara, fijada en una sonrisa perenne, exagerada y desprovista de toda emoción humana. Un solo ojo, una lente roja que vibraba con la luz de una furia controlada, brillaba con una intensidad devoradora en medio de la oscuridad o más bien ya comenzaba a planear su futura caza con aquellos no bienvenidos. El torso superior estaba vestido con una chaqueta de arlequín azul y roja, mientras un cuello de volantes rodeaba el cuello. De sus hombros mecánicos se extendían dos brazos largos y esqueléticos, terminados en manos que eran garras metálicas y bastantes peligrosas, largas como navajas y afiladas como bisturís. Estas garras se flexionaban rítmicamente, deseando poder probar de nuevo que tan afiladas estaban cuando derramara un poco de sangre con alguno que otro recién llegado. Pero el horror no terminaba ahí. El torso superior estaba fusionado con una base mecánica y aracnoide, un cuerpo inferior diseñado para la movilidad y la fuerza bruta. Se alzaba sobre seis patas de metal y carne, terminadas en garras afiladas que se hundían en el suelo de azulejos blancos con cada movimiento imperceptible. Esta aberración estática y amenazante, una fusión de un juguete de bufón y araña mecánica, bloqueaba el camino del grupo de la otra diosa, proyectando una sombra maquiavélica sobre Poppy. La reacción de los guardianes fue inmediata. Huggy Wuggy dio un paso al frente, y el sonido metálico de su mecanismo volvió a chirriar, mientras las garras de acero brotaban de sus dedos, mientras se ponía en una posición de ataque, para ir con todo si el monstruo enfrente de ellos se decidía que tipo de torturas tendrían. Kissy Missy, por su parte, finalmente abrió el libro que tanto protegía. Que al abrir las páginas ahuecadas extrajo una pistola de calibre grueso, un arma pequeña que empuñó con una precisión militar, apuntando directamente al centro de la caja torácica del Prototipo, mientras el libro caía al suelo estrepitosamente. Poppy no retrocedió ni un solo milímetro, sólo sostuvo la mirada del Prototipo con una frialdad absoluta, devolviendo cada gramo de la furia que él proyectaba con una calma que contrarrestan lo que hacía. En ese pasillo, la realidad parecía combarse ante el choque de dos deidades absolutas, por un lado, El Prototipo un dios tiránico y un salvador para todos los juguetes, por el otro, Poppy, la Diosa Roja, la soberana que a pesar de haber ayudado al salvador para que se lograra la libertad de los juguetes, ella prefirió regir en su dominio con gentileza y entregar una verdadera esperanza. Eran dos deidades forjadas por la misma mano, nacidas del mismo pecado original, dos caras de una moneda que se complementaban mutuamente y eso en ambos al verse mutuamente era un recordatorio doloroso. Mientras él era el caos, ella era el orden. Eran iguales, dos mitades de un mismo dios roto que los creó y condenó. El aire se saturó de una estática opresiva, un duelo de presencias donde el ego y la rabia se entrelazaban como serpientes, pero en lo más profundo el dolor aún seguía arraigado, impidiéndoles apartar la mirada el uno del otro. Poppy no era una víctima era su igual absoluto, la única entidad en todo el recinto capaz de sostenerle la mirada a ese desgraciado y comunicarle, con un silencio cargado de desprecio, que a pesar de todo su poder, no era más que un imbécil sin remedio. —¡Abuelito! —el grito de Stella rasgó la tensión como un rayo de luz, cargado de una inocencia que ignoraba la pelea que se abría frente a ellos. La pequeña perrita se impulsó con las patas listas para correr hacia la figura del bufón, buscando un refugio que siempre tenía al estar entre sus brazos. Sin embargo, antes de que las niñas pudieran dar siquiera un paso hacia la boca del lobo, Poppy extendió su brazo izquierdo para poner su bastón enfrente de ellas para evitar que siguieran avanzando. No fue un gesto de duda, sino una orden física y silenciosa que las ancló al suelo. Su mano no tembló, era el muro infranqueable de una soberana protegiendo sus tesoros de su contrario, a sus ojos, ya no era familia, sino el creador de su furia. El Prototipo inclinó su cabeza con un movimiento espasmódico. Su ojo escarlata se dilató, dejando ver que esa acción lo puso más irritado de lo que ya estaba. —¿Qué crees que estás haciendo, Poppy? —la pregunta emergió como un coro de frecuencias distorsionadas, una amalgama de voces robadas que retumbó en las paredes de esa asquerosa prisión, dejando claro que no estaba jugando cuando se trataba de esas asquerosas acciones de la soberana al evitar que sus queridos nietos se acercaran a él. Su mirada se desvió por una fracción de segundo hacia la mano de Poppy, que aún bloqueaba el paso a las niñas, mientras que la otra sostenía al único varón que descansaba en una siesta sobre el pecho de la hembra, y el metal de sus garras chirrió al rozar el suelo. La furia del Prototipo no nacía de la puerta destrozada, ni siquiera que probablemente le haya hecho algo a Harley, lo que realmente le provocaba una rabia volcánica, una que amenazaba con romper su temblé, era la osadía de Poppy al interponerse entre él y sus pequeños. —Has cruzado una línea, muñeca… —Este advirtió en un siseo que dejaba ver el peligro en donde estaban, por supuesto la soberana no le importo en absoluto, ella ya le había perdido el miedo hace años, solo quedaba la indiferencia y hasta ahora el enojo por su idiotez. Fue un sonido puramente tenebroso, cargado de una malevolencia que hizo que las pequeñas se encogieran instintivamente contra las faldas de Poppy. Stella y Selene no lograban procesar la escena, no entendían por qué su abuelo, aquel que siempre veía por ellas a pesar de no ser tan afectuoso siempre miraba por ellas, ahora proyectaba ahora una sombra tan letal sobre su abuelita, aquella hembra la cual amaban y adoraban como una segunda madre. El miedo empezó a suplantar la confusión en sus rostros, y Selene, la felina cuya perspicacia siempre la empujaba a querer saberlo todo, apretó los ojos con fuerza. Ya que, por primera vez en su corta vida, no quería enterarse de lo que ocurría, porque realmente sentía que era una situación bastante difícil. En ese momento de tensión insoportable, Harley Sawyer emergió de entre las sombras de su lugar, con el ego todavía herido. Al ver la figura de su esposo, la humillación que sentía se transformó en un reclamo histérico. —¡Por fin llegas! —gritó Harley, después señalo a Poppy con un dedo tembloroso—. ¡Mira lo que han hecho! ¡Han destrozado mi hogar, han atacado a Baba y esta... esta muñeca insolente me ha amenazado de muerte en mi propia cara! ¡Haz algo de una vez, Prototipo! ¡Dales un castigo o lo que sea antes de que decida que tu "matrimonio" no vale el riesgo de lo que estoy perdiendo! Poppy desvió la mirada hacia Harley Sawyer por un breve instante, recorriendo su figura con una expresión de absoluto hastío. Al escuchar sus reclamos histéricos y sus lamentos sobre el laboratorio, la muñeca simplemente rodó los ojos con una desgana tan marcada que resultó humillante para el científico. Para ella, los parloteos de Harley no eran más que estática irrelevante, el zumbido de una mosca molesta en medio de lo que de verdad importaba. A su lado, Kissy Missy y Huggy Wuggy no se permitieron tal lujo. Sus ojos no parpadearon, fijos en la imponente y grotesca silueta del Prototipo. Sabían, por instinto y por cicatrices, que Sawyer era solo un estorbo, ni siquiera merecía que le prestaran atención, ya que el Salvador que tenían enfrente representaba el único peligro real, y por muchas décadas este se los había demostrado. El Prototipo, con su ojo rojizo, aprovechó el tenso silencio para escanear las armas de los súbditos de Poppy. Se sintió inusualmente inquieto, noto el brillo del acero en las garras de Huggy y, sobre todo, el peso del arma de fuego que Kissy empuñaba con una familiaridad aterradora. Fue entonces que se preguntó “¿Cómo habían conseguido esos artefactos?”, por supuesto que no pudieron conseguir eso en la fábrica, en especial si se trataba de esos guantes tan trabajados que poseía Huggy. La sospecha de que Poppy ocultaba recursos y aliados que él desconocía empezó a corroer su confianza, haciéndolo sentir, por primera vez en años, que el tablero no estaba bajo su control absoluto, por eso razón se hizo una nota mental sobre investigar más profundidad sobre el asunto. Ignoró por completo a Harley, a pesar de que su esposa tiraba de su atención con reclamos de apoyo, en ese momento, el ego del científico valía menos que nada. Su prioridad absoluta, eran los tres cachorros que Poppy mantenía bajo su ala protectora, sus nietos que parecían asustados por la situación. Fue entonces cuando la voz de Poppy decidió cortar la tensión de ese momento. —Kissy, Huggy... llévense a los niños ahora mismo —ordenó sin girar la cabeza, manteniendo su mirada clavada en el ojo del 1006—. Vayan al tren y espérenme ahí. Kissy Missy se inclinó aun a la defensiva para recoger el libro del suelo, deslizando el arma en su interior con un movimiento casi elegante. Se acercó a Poppy y, con una delicadeza extrema, tomó a Sirius de sus brazos. El pequeño cachorro apenas se removió en sueños, buscando el calor de Kissy mientras ella lo acomodaba contra su pecho. A su lado, Huggy Wuggy envolvió a Stella y Selene con sus brazos. Las cachorras se dejaron guiar con las orejas bajas y los ojos empañados. Kissy se detuvo. —¿Estás segura de quedarte a solas con ellos? — Miró a Poppy, al mismo tiempo que preguntaba bastante preocupada. Poppy solo asintió ya que realmente no tenía miedo a lo que pasaría, de hecho ansiaba con todas sus fuerzas tener esa platica, en especial cuando tenía tanto veneno cargado en su pecho, que necesitaba desatarlo con el causante de su estrés. —Estaré bien, Kissy —respondió con una calma—. Vayan al tren. Poppy se enderezó, ajustando su postura con elegancia. —Tengo asuntos pendientes que discutir con el "Dios" de esta fábrica... y con su furcia —escupió Poppy, usando una palabra que hizo humillar más a Harley y ese era el propósito. Harley Sawyer se puso lívido, su rostro pasando del rojo de la ira a un blanco cadavérico por el insulto. —¡¿Cómo te atreves?! ¡Tú, una zorra, a llamarme...! —Harley intentó lanzarse hacia adelante, pero la furia en la mirada de Poppy y la del Prototipo lo mantuvieron clavado en su sitio, dejando en claro que no debía meterse y solo callarse. —Adiós, abuelito —exclamaron al unísono con voces temblorosas de las cachorritas, despidiéndose de la imponente figura que las observaba desde la penumbra. El Prototipo no hizo ningún movimiento para detenerlas. Su ojo escarlata parpadeó, siguiendo la trayectoria de los niños hasta que desaparecieron tras el recodo del pasillo. Aunque su necesidad le gritaba retenerlos, 1006 compartía con Poppy una única y tácita verdad, los niños no debían presenciar la charla de adultos y ninguno de los dos permitiría que sus ojos vieran, o sus oídos escucharan, la carnicería dialéctica y física que estaba a punto de desatarse. En un pacto silencioso de abuelos, el Prototipo los dejó partir. Una vez que el silencio se volvió absoluto, la atmósfera cambió. El silencio que siguió a la partida de los niños se volvió densa y en cierta manera asfixiante que pesaba sobre los hombros de los tres presentes. El Prototipo se irguió sobre sus patas mecánicas, ganando una altura antinatural. Su voz, ahora despojada de cualquier pretensión de calma, se transformó en una aberración monstruosa la cual sacaba cuando estaba furioso. —¡RESPONDE! —bramó el 1006, y el grito fue una onda de eco que se escuchó por el pasillo entero y llego hasta los oídos de otros juguetes hasta incluir a los guardianes de Poppy que cuidaban a sus nietas.—. Te hice una pregunta, Poppy. ¿Qué derecho tienes al entrar a mi territorio?, ¡destruirlo e incluyendo que has amenazado a mi esposa! Poppy no parpadeó no logró que desviara la mirada. Plantó su bastón con tal fuerza para hacer que este se callara, porque por supuesto que respondería a sus estupideces. —Tengo más derecho de entrar a donde quiera y más cuando me entero que mis nietos están en peligro, especialmente si el peligro proviene de tu negligencia absoluta —respondió ella, su voz elevándose con una claridad gélida que cortó el estruendo del Prototipo—. Me preguntas qué hago aquí, pero la verdadera pregunta, Oliver, la que debería hacer que tu gran y brillante cerebro es, ¿Cómo se te ocurrió, en tu supuesta omnisciencia de "Dios” de esta fábrica?, ¿que era una buena idea dejar a Stella, Selene y Sirius bajo la supervisión de esto? Poppy señaló a Harley con un desprecio tan absoluto que el científico pareció tensarse de nuevo, porque era demasiado humillante para él escuchar cómo se expresaba de él y no poder contestar de forma soez contra esa perra. —¿Con Harley? —continuó Poppy, su voz subiendo de tono por primera vez, cargada de un veneno histórico—. ¿Con el hombre que convirtió al 99% de los juguetes en lo que son ahora?,¿Con el ser cuyo historial de abusos es tan largo que jamás terminare de enumerar?, ¡DE LOS MISMOS NIÑOS QUE TORTURO!, ¡Él es el peor ser vivo que ha pisado Playtime Co.! ¡Un sádico que no ve sujetos, sino objetos para experimentar! —¡Un maldito narcisista que solo ve por su propio beneficio sin importarle nada ni nadie más! —exclamó la muñeca, expresando con veneno una rabia y un resentimiento que llevaban décadas acumulándose. Para Poppy, la decisión del Prototipo era una negligencia infantil extrema y deliberada. Sabía perfectamente que poner a esos cachorros al alcance de Harley era activar una bomba de tiempo, un hombre como él, cuya alma estaba hecha de basura y frialdad científica, no vería en ellos a sus nietos, sino a especímenes frescos. Aquella idea le quemaba las entrañas, confirmando que el Prototipo se había vuelto estúpido con los años, tanto que jamás pensó que se volvería cómplice de la misma crueldad que juró destruir, al entregarle sus tesoros a Harley Sawyer sin medir las consecuencias de sus acciones. Oliver como ella alguna vez lo llamó en la intimidad del pasado, sentía una punzada de dolorosa en su pecho que no podía procesar, ni explicar, cuando ella lo llamaba así era insostenible y al mismo tiempo un tipo de bálsamo, pero esas emociones las catalogaba como innecesarias. En su mente distorsionada, entregarle los niños a Harley no había sido un acto de crueldad, sino un sacrificio de fe. Había sido el intento desesperado de un monstruo solitario por comprar la humanidad de su esposo, una ofrenda de paz para que Harley finalmente viera en él algo más allá de su ego y aceptara, de una vez por todas, formar esa familia que Oliver tanto anhelaba en su amor enfermizo y unilateral. Pero ante la lógica cortante de Poppy, ese anhelo se veía como lo que realmente era, una estupidez ciega. —Poppy. —Su voz la cambio por la soberana para burlarse un poco de ella. Mientras comenzaba a avanzar y caminar alrededor de ella, como un depredador, mientras la contraria solo se mantenía quieta, siguiéndolo con la mirada, mientras el sacaba su patética excusa ante lo que hizo —Harley es parte de mí, parte de mi amor, es ahora mi pareja. Si he de reinar en este infierno, mi familia debe aceptar su lugar al lado de mi corona y para eso tarde o temprano iban a conocerlo. El Prototipo se detuvo frente a ella, inclinando su busto de arlequín hasta que su máscara estuvo a centímetros de la de Poppy. Poppy soltó una risa cristalina, un sonido que no tenía nada de alegría y sí mucho de veneno puro. Se llevó una mano a la boca, fingiendo una sorpresa burlona mientras miraba al Prototipo de arriba abajo, como si estuviera observando un chiste. —¿Tu "pareja", Oliver? ¿En serio? —Poppy ladeó la cabeza, y su tono se volvió tan condescendiente que cada palabra se sentía como una palmada humillante en la mejilla—. Oh, por favor. Siempre supe que tenías un gusto pésimo, pero esto es caer bajo incluso para ti. Te seré sincera, me habrías dado menos lástima si te hubieras quedado con esa loca esa de morado. Realmente pensé que terminarías con ella, me hiciste perder una apuesta cuando me enteré a quien habías elegido… —señaló a Harley con un gesto de asco. —¿Realmente eres tan patético que llamas "amor" a este síndrome de Estocolmo? —Ella se burló mientras sonreía y al mismo tiempo no podía aguantar la mueca para soltar otra carcajada, cuando para Poppy se le hacía lo más irónico del mundo. — Dios Oliver… debes dejar ya de leer novelas románticas, escritas por colegialas enamoradas que no saben absolutamente nada de la vida. Esta vez fue el turno de Poppy de caminar alrededor del otro dios, con una elegancia que aun así se podía considerar depredadora, rozando con su bastón las patas del Prototipo como quien inspecciona asesorando dé que no estuviera “envejeciendo” ya que aún no podía creer sus actos estúpidos, haciendo que el Prototipo solo la observara con cautela, ya que su desprecio comenzaba a cansarlo. —¿Y ahora que vas a decirme?, ¿Qué te enamoraste?, ¿Qué de la nada lo perdonaste?, ¿De verdad pretendes que me crea el cuento? —Soltó un siseo cargado de veneno. El Prototipo permaneció inmóvil, dejando que el bastón de Poppy recorriera sus articulaciones volviéndose molesto. Su ojo no se apartó de ella, pero la rabia que antes parecía a punto de estallar se transformó en algo distinto, una calma pesada, cargada de una arrogancia que Poppy no esperaba. Un sonido bajo y distorsionado emergió de su pecho, una vibración que imitaba una risa seca, filtrada por mil moduladores de voz, imitando varias risas como si fuera realmente un juguete de un bufón. Oliver inclinó su cabeza hacia un lado, observando a la muñeca con una condescendencia que devolvía cada gramo de su desprecio. —Qué elocuente, Poppy. Siempre tan preocupada por la narrativa, por cómo "deberían" ser las cosas en tu pequeño mundo perfecto —su voz resonó de forma burlesca—. Pensé que habías madurado, pero sueltas muchas estupideces de tu boca, niña, porque lo que escucho a través de tu veneno es algo mucho más predecible… Se enderezó sobre sus seis patas, elevándose para obligar a Poppy a mirar hacia arriba, recordándole quién dominaba el espacio físico de aquel lugar, y si el deseaba podía dominarla físicamente, pero el trato ya estaba hecho desde hace años en el momento que nacieron sus nietas. Y como abuelos, dañarse mutuamente solo provocaría un daño irremediable a sus nietos. Pero no abarcaba el daño psicológico. —Toda esta diatriba sobre la seguridad de los niños y el historial de Harley... es solo una máscara para ocultar tu resentimiento. Te sientes desplazada, por el hombre a quien elegí casarme. Sigue riéndote si eso te ayuda a dormir, pero ambos sabemos la verdad, no odias este "amor", Poppy. Odias que no seas tú quien lo recibe. El Prototipo, sintiendo que finalmente había tocado una fibra sensible, decidió saborear su supuesta victoria. Extendió una de sus garras metálicas, larga y afilada, y con una lentitud deliberada colocó dos dedos bajo la delicada barbilla de Poppy. Aplicó la fuerza justa para obligarla a levantar la vista, forzándola a sostenerle la mirada mientras él buscaba deleitarse con el fuego de su humillación. Sin embargo, lo que encontró en los ojos de zafiro de Poppy no fue el brillo del odio ni el rastro de la envidia. Encontró un vacío absoluto, una nada gélida que de pronto se encendió con un brillo desconcertante, casi maníaco. Antes de que el 1006 pudiera reaccionar, esa quietud explotó. Poppy soltó una carcajada tan estridente y genuina que el eco rebotó en los techos altos del laboratorio, rompiendo la tensión como un cristal estallando en mil pedazos. Con un movimiento brusco y cargado de un asco instintivo, Poppy le dio un manotazo a la garra del Prototipo, empujándolo para apartarlo de su espacio personal. —¡JA! ¡OH, POR DIOS! —gritó ella entre espasmos de risa, doblándose sobre sí misma—. ¡ESTO ES DEMASIADO! ¡JA JA JA! La muñeca comenzó a reírse sin control, sosteniéndose el abdomen con ambas manos mientras pequeñas lágrimas comenzaban a surcar sus mejillas. Se tambaleó un par de pasos, negando con la cabeza, incapaz de recuperar el aliento, hasta quedar en unas paredes para sostenerse. —¿Celosa? ¡¿YO?! —logró decir entre hipidos de risa. —. ¡Oliver, de verdad te han lobotomizado! ¡Crees que quiero recibir ese “afecto”! ¡Crees que envidio tu matrimonio de pesadilla!, créeme cuando te digo… —Ella paro su risa mientras se calmaba y cambiaba su tono a uno más oscuro.— Que después de ver cómo era tu afecto cuando uno más lo necesita… me doy cuenta de que era mejor que estuviera sola… Poppy se enderezó un poco, limpiándose una lágrima con el dorso de su mano, aunque su rostro seguía iluminado por una burla histérica. —Te perdone en el momento que le perdonaste la vida de Harley, en esa ocasión, ya que me decías que era más útil vivo que muerto, me juraste que jamás nos molestaría al encerrarlo y tenerlo controlado… pero curiosamente… me voy enterando… que tomas a ese monstruo como “Esposa”. —Ella solo soltó un tipo de gruñido que detonaba su frustración y su asco, al utilizar tan bella palabra en alguien como él. Por supuesto ella aún podía recordar esos últimos años, cuando la relación de ambos estaba en sus últimas, realmente pensó que ambos sabían que la distancia era demasiado para asimilar, la perdida en ese momento los hacía casi imposible de dialogar, Poppy realmente pensó ingenuamente que el seguiría pensado en ella, pero ahora no sabía que pensar con lo de Harley. —Me pregunto seriamente… y me causa curiosidad extrema… cuando inicio tus emociones por él… Porque como lo veo… no tardaste mucho en superarme… La mención de su "superación" y la sugerencia implícita de una infidelidad emocional fueron el detonante final. Para el Prototipo, esas palabras no eran simples burlas, eran dagas que buscaban las cicatrices de su pasado como aquel niño abandonado, traicionado por cada figura en la que alguna vez confió, en especial de aquel padre que realmente le arranco la esperanza de una vida mejor. Ser llamado traidor, o que se sugiriera que él había roto un vínculo sagrado, era el insulto más sucio que Poppy podía escupirle, yendo contra su naturaleza monógama. Algo en él sintió que se rompía, pero él supo que fue su autocontrol. En un parpadeo de la soberana ella observo en el reflejo de su ojo al dios caótico la cual ni siquiera le dio un segundo para poder reaccionar cuando su figura se reflejaba ante su mirada, el Prototipo se lanzó hacia adelante. El estruendo fue ensordecedor cuando una de sus patas impactó contra la pared, justo al lado de la cabeza de Poppy, hundiéndose profundamente en el concreto y azulejos, que saltaron en mil pedazos. La acorraló con una brutalidad que hizo que el suelo vibrara, colocando su enorme mano metálica a centímetros del cuerpo de la muñeca, atrapándola en el acto mostrando su odio ante sus palabras. Sus rostros quedaron a escasos centímetros. El calor del Prototipo y su aroma bastante fuerte envolvieron a Poppy, en un acto para tratar de dominarla, ella solo hizo una mueca con desagrado, mientras sentía que su corazón palpitaba con fuerza, porque fue un movimiento inesperado y por un momento ella pensó que sufriría un daño severo, pero a pesar de su nerviosismo y ese pequeño susto, su ira no le permitía flaquear y en apariencia solo demostraba que no le había afectado su acción desprovista. —¡CÁLLATE! —rugió el Prototipo, y su voz ya no era un coro de frecuencias, sino un grito visceral que hizo que hasta Harley retrocediera, porque nunca pensó que realmente se pondría violento con la otra soberana—. ¡No te atrevas a hacer conjeturas tan estúpidas con esa boca!, ¡¿Me hablas de lealtad?! Su ojo comenzó a brillar de forma intensa, revelando su estado emocional tan errático, una luz de advertencia que iluminó la cara de Poppy. —¡TÚ FUISTE QUIEN TRAICIONO PRIMERO EL DÍA QUE ME ABANDONASTE! —Siseó, y el metal de sus garras chirrió contra la pared—. La traidora aquí siempre has sido tú. Tú me dejaste primero, Poppy. Me soltaste cuando más te necesitaba, y ahora pretendes juzgar mi selección de pareja… Se acercó un milímetro más, imponiendo su voluntad ante ella, mostrando su rabia y su resentimiento de esos años, por supuesto que también él estaba sufriendo al igual que ella. Pero al saber cuándo regreso a su hogar y solo encontrar una sola nota, donde ella se despedía y explicaba sus motivos para irse, este se sintió herido y traicionado hasta la medula, que el dolor que sintió no fue nada comparado a las torturas y las traiciones que otros provocaron en él. —Lo que ocurrió después de tu abandono, las alianzas que formé y lo que Harley representa ahora para mí, paso después de nosotros. No me llames traidor cuando fuiste tú quien abandono el hogar que compartíamos. Así que ahórrate tu psicología barata, lo que tengo con él es algo diferente la cual deforme para que no pueda traicionarme porque su vida depende de un hilo que yo sostengo. El Prototipo apretó su garra contra la pared, haciendo que más escombros cayeran sobre la ropa de la muñeca, mientras ella solo se mantenía quieta mirándolo con desprecio pero al mismo tiempo con un sentimiento que en sus ojos podían verse como arrepentimiento. —Si eso te hace sentir traicionada entonces vive con ello. Pero no vuelvas a usar mi pasado contra mí. Poppy permaneció en silencio dejando que el polvo de la pared destrozada se asentara sobre sus hombros. Entonces, con una tranquilidad enfermiza que dejaba en claro que ahora se veía indignada por sus palabras tan incoherentes, levantó su mano derecha y la apoyó firmemente sobre la cara del Prototipo. No fue una caricia, fue un empuje seco, cargado de una fuerza que obligó al gigante a inclinar su busto hacia atrás por puro instinto, porque sabía que aunque ella jamás podría moverlo, no podía permitirse sentir más contacto físico con ella. Casi al mismo tiempo, movió su bastón con una rapidez cegadora, golpeando la muñeca mecánica de la garra que la acorralaba, obligando a 1006 a retirar su mano de la pared mientras Poppy se deslizaba fuera de su control con la agilidad. Se tomó unos segundos para sacudirse los escombros de su vestido, acomodando sus mangas con elegancia, como si el ataque físico del Prototipo no hubiera sido más que una molestia climática. Pero por dentro de sí misma sentía tantos nervios, aun podía escuchar su corazón alterado, y odiaba sentirse así tan vulnerable. El odio y el dolor le quemaban el pecho como ácido, la audacia de Oliver al culparla cuando ella también era una víctima. —¿Que yo te abandoné? —Su voz bajó a un susurro tan afilado que sentía bastante dolor al recordarlo, además de esa indignación. Ella giró hacia él, y esta vez no había burla, solo un dolor ancestral que hacía que sus ojos de zafiro brillaran con una intensidad sobrenatural, combinada con la ira. —Tienes una memoria muy selectiva, Oliver. ¡TÚ NO FUISTE EL ÚNICO QUE SUFRIÓ EN LA OSCURIDAD!, yo también sentía que moría… ¡PERO ESO NO TE IMPORTO EN ESE TIEMPO! Dio un paso hacia adelante, invadiendo el espacio del Prototipo sin un gramo de miedo, apuntándole al pecho con el mango de su bastón, ella también había perdido su temblé al comenzó a alzar la voz, al punto que sus ojos se volvieron filosos mientras comenzaba a entrar en cólera. —¡Hay gente descarada, y luego estás tú! —sentenció ella, señalándolo aun con su bastón. Poppy sentía la adrenalina recorriéndole la punta de los dedos, era consciente de que aquel movimiento había sido una invitación abierta a su propia destrucción. El miedo, le gritaba que él pudo haberla despedazado en ese instante, pero su indignación era un incendio que la cegaba ante cualquier instinto de supervivencia y no podía evitar enojarse y desesperarse por toda la situación que estaba sobrepasando sus límites. —Pero, sinceramente, no he venido hasta aquí para desenterrar un pasado doloroso. Después de todo, me has dejado más que claro dónde reside tu lealtad —continuó ella tratando de calmarse, mientras bajaba su bastón y en su compostura comenzaba a temblar por la propia adrenalina, al mismo tiempo que buscaba la manera de respirar y tratar de recuperarse de estas emociones tan caóticas, desviando sus ojos con un asco visceral hacia al Prototipo, antes de posarlos, sobre Harley en ese bastardo infeliz que le provocaba que su bilis volviera a subir—. Es fascinante, Oliver. Has traicionado a cada persona que fue asesinado o transformado en manos de Sawyer... y todo ¡¿para qué?!, Solo porque necesitabas desesperadamente que el mismo monstruo que te rompió te llamará "esposo". —¡Me das asco!, y me das lástima. Has convertido este infierno en una parodia romántica para ocultar que eres demasiado cobarde para estar solo. —Ella siguió expresando mientras el Prototipo solo la observaba mientras se debatía si esta vez encajarle sus dedos en su boca para mejor escupiera sangre que blasfemias. —Pero no te equivoques, que tú hayas decidido olvidar que él fue tu torturador y de muchos otros no significa que yo lo haga. —Ella volvió a señalar, volviendo al tema principal. Poppy apretó el mango de su bastón con fuerza dejando en claro su punto, ella no sabía porque demonios él se denigraba tanto solo para ser algo de Harley y sinceramente a ese punto, ya había perdido el respeto totalmente a su contrario. Pero ella no había terminado con él, porque aún tenía mucho más que decirle, al punto que su voz comenzó a quebrarse, dejando escapar una nota de dolor humano que intentó sepultar bajo una furia volcánica, porque no iba a negar que esto era bastante la agonía que sentía en su corazón y ni hablar del miedo desgarrador al pensar por un momento que sus preciosos bebes, sus lindos nietos las cuales vio nacer y ayudo a traer al mundo, pudieron ser lastimados por un psicópata. —¡Y LO PEOR, OLIVER! —Rugió la pelirroja destrozando su voz, porque ya no podía seguir actuando con tanta frialdad con esta situación, estaba realmente descontrolada tanto que quería hacerle un daño irreparable a Oliver, pero sabía que no importara que le hiciera él se regeneraría, su grito retumbado en las paredes con autoridad—. ¡LO QUE ME DESGARRA LAS ENTRAÑAS ES QUE HAYAS USADO A MIS NIETOS EN TU ESTÚPIDO JUEGO DE "FAMILIA FELIZ"! ¡LOS EXPUSISTE A ESTE PSICÓPATA SIN PENSARLO POR UN SEGUNDO, SABIENDO PERFECTAMENTE QUE ERA CUESTION DE TIEMPO PARA QUE EL LES HICIERA ALGO! Poppy dio un paso violento hacia el coloso, ignorando por completo la amenaza que representaba. Era pequeña por supuesto, pero aun así no le impidió caminar hacia él mientras su miraba representaba su ira y su dolor, haciendo que su presencia se sintiera ante la magnitud del desprecio que soltaba. La muñeca estaba temblando, una mezcla de adrenalina y rabia pura que la hacía parecer a punto de estallar, pero la realidad es que ya había terminado de fingir de mantener la paz. —A partir de este momento, ¡Tú dejas de ser su abuelo! —sentenció con rabia ciega—. ¡NO VOLVERÁS A PONERLES UN SOLO DEDO ENCIMA!, ¡NO PERMITIRÉ QUE VEAN TU ROSTRO NI QUE ESCUCHEN TU VOZ DE NUEVO!, ¡TODO LO QUE REPRESENTAS AHORA ES UN MENSAJE PODRIDO, UNA LECCIÓN DE CÓMO LA VÍCTIMA PUEDE VOLVERSE TAN PATÉTICA QUE TERMINA SIENDO UN MASOQUISTA! Poppy lanzó una mirada cargada de un odio indescriptible a Oliver mientras explicaba la aberrante relación que tenía con Harley, quien se mantenía lejos de todo eso bastante incómodo con todo solo quería encerrarse en su sala y mandar todo a la mierda incluyendo a su “esposo”. Porque para Poppy era una contradicción misma que ellos se emparejaran, ya que dejaba ver su inestabilidad de ambos, pero más del mismo Prototipo que presumía su amor por el científico, pero para la soberana solo era una tontería de un adolescente o hasta de un joven adulto creyéndose fantasías patéticas con ese cliché tan quemado que a estas alturas solo le daba risa, por lo patético que era toda esta situación. —¿Creíste que sería una buena influencia? ¡¿Que era seguro?! —Poppy soltó varias preguntas, mientras al mismo tiempo no pudo evitar soltar una carcajada amarga que terminó en un jadeo de furia—. ¡Estás tan desesperado por no estar solo que estuviste dispuesto a apostar la vida y la cordura de Stella, Selene y Sirius para que este... este desecho humano te diera un poco de afecto!, ¡ERES UN PELIGRO PARA ELLOS! ¡Y MIENTRAS YO RESPIRE, JAMÁS VOLVERÁN A VERTE! Se enderezó, recuperando una pizca de esa elegancia letal, aunque sus ojos seguían empañados por la rabia de quien ha sido traicionada en lo más sagrado, mientras jadeaba por la falta de aire al haber gritado tanto, sintiendo como su garganta se secaba, al mismo tiempo que su cara se enrojecía por la bilis soltada y porque sus pulmones comenzaban a reclamar un descanso. —Si quieres vivir en tu fantasía de "familia feliz" con tu ex victimario, hazlo solo. —Esta vez la pelirroja no grito lo siguiente y por lo contrario ya no podía hacerlo, estaba cansada de hacerlo, tanto física y emocionalmente se sentía drenada pero aun así decidió continuar con su veneno. — Pero no te atrevas a arrastrar a mis nietos a tus fantasías literarias estúpidas. Porque en este cuento, Oliver, la única que sabe cómo termina la historia patética de ahora la víctima se volvió victimario y viceversa, soy yo. Y no hay final feliz para el “amor” que predicas o lo que sea que es tu relación. El Prototipo se quedó petrificado. El silencio que siguió a las palabras de Poppy fue más destructivo que cualquier explosión y más doloroso de lo que una vez sintió a manos de los científicos, inclusivo de Harley Sawyer, este juro haber escuchado como algo se rompía, pero la verdad era el sonido de su propia realidad desmoronándose. Su ojo parpadeaba constantemente procesando las palabras tan agresivas de su contraria, y un temblor errático recorrió su brazo metálico, no solo por la rabia, sino por un pavor gélido que comenzó a filtrarse en su núcleo. La idea de perder a Stella, Selene y Sirius sus preciosos nietos, a los que de verdad podía llamar orgullosamente su familia, le provocó una angustia tan púa y desesperada que su mente colapsó por un instante, ya que odiaba que su trauma y sus inseguridades de abandono comenzaran a gobernarlo, porque realmente Poppy le había dado un golpe muy bajo. Se sentía estupefacto, expuesto ante la verdad cruda que Poppy había arrojado. —No... —Su voz emergió como un siseo roto, una frecuencia de radio mal sintonizada mientras intentaba desesperadamente recuperar su fachada de control— Te equivocas niña —Oliver recupero la compostura mientras se mantenía firme para defender sus propias decisiones y al mismo tiempo a su pareja, realmente deseando creer que el jamás les haría daño. — Harley... él jamás les haría nada. No bajo mi protección. Él entiende... entiende lo que significan para mí. El 1006 lo dijo con una urgencia patética, buscando con la mirada una validación en Sawyer que no existía, intentando convencerse a sí mismo más que a ella. Pero la realidad era otra porque sus pensamientos comenzaban a susurrarle algo que el luchaba por ignorar abierta y desesperadamente. Poppy, con el pecho subiendo y bajando erráticamente mientras jadeaba por la falta de aire, con la garganta seca y la voz rasposa por el esfuerzo de sus gritos, lo miró con lástima. No necesitó insultarlo más, ya tenía suficiente solo dejó caer una pregunta, cargada con un propósito, solo hacerlo recapacitar. —Dime una cosa, Oliver... —consiguió decir, recuperando el aliento con dificultad— Si tan seguro estás de tu esposo... ¿tuviste que recurrir a amenazarlo para que no les pusiera una mano encima? Ante la pregunto qué provoco que viera por fin una verdad que quiso ocultar a todo lugar. La verdad era un espejo roto frente a él, se dio cuenta de que incluso en su delirio de "familia perfecta", sabía que Harley Sawyer era peligroso. Sabía que la única razón por la que no había experimentado con los cachorros era el miedo al castigo, no el afecto ni el respeto. Él mismo, el "Dios" de la fábrica, por fin libero esos pensamientos erráticos que le dejaban en claro, que no confiaba en el hombre con el que compartía su trono. Había expuesto a sus nietos, a sus posesiones más valiosas, a un peligro mayor solo por el capricho egoísta de validar una relación podrida. Su ojo escarlata se apagó casi por completo, incapaz de sostenerle la mirada a la muñeca que acababa de desnudar su hipocresía frente al hombre que ahora, más que nunca, se sentía como un extraño a su lado. Poppy observó el colapso interno del Prototipo con una solemnidad amarga. No había triunfo en sus ojos, solo el cansancio de quien ha tenido que explicar lo obvio a una deidad que se volvió ciega por voluntad propia. Con un suspiro que pareció arrastrar décadas de miseria, ella se ajustó el vestido por última vez y comenzó a caminar hacia el pasillo, dándole la espalda sin temor, como si él ya no fuera una amenaza, sino un estorbo. —Pensé que después de lo que nosotros perdimos en el pasado, te habrías vuelto más sabio, Oliver... —dijo ella, deteniéndose—. Pensé que el vacío que dejó su partida te haría más consciente. Pero veo que me equivoqué. La sabiduría solo se aplica a quien tiene el valor de mirar la verdad de frente. El Prototipo sintió un dolor infernal que irradió desde su núcleo hasta la punta de sus garras. Fue un impacto visceral, un eco de aquel evento devastador que años atrás fracturó el vínculo entre ambos, dejando una herida tan profunda que ni el tiempo pudieron sellar. Recordar esa pérdida fue como volver a morir, un recordatorio de que alguna vez hubo algo real entre ellos, al mismo tiempo experimento el júbilo más grande de su vida al por fin su mayor deseo y tenerlo para después perderlo, fue lo más crudo y horrible que en su vida llego experimentar, nada se comparaba con la agonía que vivió desde ese día. Pero la culpa, en lugar de redimirlo, lo empujó a un acto de imprudencia, guiándose por sus inseguridades y su desesperación, por desear de recuperar algo de esa felicidad melancólica. —Es mejor así —Dijo Oliver su voz quebrándose en una frecuencia distorsionada que delataba su agonía, pero al mismo tiempo no toleraba ver a Poppy que se llevaba la victoria—. ¡Al menos él no tuvo que quedarse para ver cómo su madre se convertía en una escoria, al querer arrebatarme lo único que me da verdadera felicidad! El Prototipo, en un acto de bajeza infinita, decidió profanar el único santuario que les quedaba para no sentirse derrotado. No le importó invocar aquel fantasma, no le importó desgarrar la cicatriz más profunda de Poppy con tal de no hundirse solo, ni siquiera el asco que sintió al decir algo tan vil que el mismo se lastimo. Fue un arma de doble filo. Poppy sintió el impacto como si un mazo de hierro le hubiera golpeado el pecho, pulverizando de su caja torácica. Un nudo asfixiante, grueso y amargo, se anudó en su garganta, robándole el aire y convirtiendo cada intento de respirar en un espasmo agónico. Su boca se abrió en un gesto de incredulidad muda, un grito que no pudo nacer porque el dolor era demasiado pesado para ser sonido. Sus ojos, orbes azulados que siempre intentaban mantener el orden, se inundaron de un llanto cristalino que nubló su visión. Pero luego cerró la mandíbula con tal violencia que el chirrido de sus dientes amenazó con romperse, mientras su cuerpo, comenzaba a desfallecer, cediendo ante una gravedad que no era física, sino emocional. De forma instintiva, casi inconsciente, su mano libre subió hasta su vientre. Sus dedos se enterraron en la tela del vestido, presionando contra ese vacío eterno, ese hueco donde alguna vez latió una vida que amo con todo su ser y la fábrica le arrebató. Fue un gesto desgarrador, el reflejo de una madre que, a pesar de los años aún seguía buscando proteger su ausencia. Pero entonces, el dolor fue devorado por una marea negra. Fue entonces cuando ella se giró con una violencia tal que el aire pareció restallar. Oliver pudo ver, en un primer plano devastador, la expresión de Poppy, con una expresión llena de ira incandescente. Por fin lo había logrado, la había quebrado. Al verla así, el Prototipo sintió el peso de su propia crueldad golpeándolo de vuelta, su insulto había sido un arma de doble filo que ahora se hundía en su propio pecho, recordándole que él también sangraba por esa misma herida. Poppy, con los ojos ardiendo en un llanto que se negaba a derramar frente a ellos, sintió que el nudo en su garganta estaba a punto de estallar en un sollozo desgarrador. No podía quedarse un segundo más, la atmósfera de la prisión le resultaba tóxica, asfixiante, cargada con el olor a traición y a recuerdos profanados. Harta de la hipocresía de Oliver, de su amor enfermo y de su bajeza, Poppy alzó la mano con un gesto cargado de desprecio absoluto. Con una firmeza que desafiaba su propio temblor, le mostró el dedo medio, una señal vulgar que rompía con toda su elegancia, rebajándose a la vulgaridad del odio que sentía. —¡VETE A LA MIERDA, OLIVER! —le gritó, y su voz salió como un desgarro de seda—. ¡TÚ Y TU MALDITA PUTA SE PUEDEN PUDRIR EN ESTE AGUJERO! Sin esperar respuesta, le dio la espalda con rapidez. Y avanzo de forma rápida deseando largarse de ese lugar, cada paso que daba hacia la salida era una lucha contra el colapso de sus propias piernas. Sus dedos se enterraron en el mango de su bastón, usándolo como un ancla para no caer, para no romperse en mil pedazos ahí mismo. Necesitaba ir a su casa, o estar en un lugar alejada de todo, cualquier lugar donde pudiera gritar y llorar el recuerdo de su cachorro que él acababa de pisotear. El golpe de Oliver había sido el más rastrero de todos, una estocada directa al único rincón al alma de Poppy. Fue un ataque que también lo atravesó a él, pues en el fondo sabía que acababa de dinamitar el último puente que los unía. A pesar del peso del remordimiento, su orgullo era una coraza fuerte para permitirle el arrepentimiento, pero tampoco fue capaz de saborear la satisfacción. Se sintió como una victoria vacía, donde lo único que quedaba era el eco de un insulto que ninguno de los dos podría olvidar jamás. Harley Sawyer fingió que se le escapaba un suspiro largo y teatral, sacudiéndose una mota de polvo inexistente de su capa. El alivio lo recorrió como una corriente eléctrica, la presencia de Poppy siempre le había resultado una interferencia irritante en su ordenado mundo de lógica y control. Pero, más allá del alivio, sentía una satisfacción sádica y embriagadora. Ver a la soberana de la fábrica, a esa muñeca que siempre le miraba con un desprecio casi divino, irse humillada y con el espíritu hecho jirones, era el mejor experimento que había presenciado en años. Con pasos calculados y una energía falsa que pretendía ser reconfortante, Harley se acercó al Prototipo. Conocía perfectamente qué cuerdas tensar para mantener su posición, sabía que, tras la tormenta emocional, Oliver solía ser más maleable si se le trataba con la calidez de un hogar que nunca tuvo, el seguía siendo un patético niño roto que aun anhelaba cariño y amor, era tan fácil de dar y con ello podía controlar, no por nada aprovechaba para seducirlo, sabiendo que el Prototipo sufría en silencio por desear volver a tener lo mismo que su hijo Catnap con Dogday, y Harley se aprovechó del momento para subir de posición, aunque realmente nunca pensó que funcionaria. Mas sabiendo que Poppy había dicho una verdad cruda, Harley es un idiota y un sádico sin moral, pero aun así hasta el mismo se sorprendió que su antigua víctima se haya enamorado de él. Bastante ilógico hasta para él, pero no iba a desaprovechar la oportunidad de aprovecharse de la situación. —Vaya, querido... eso ha sido intenso, pero necesario —dijo Harley, suavizando su tono, adoptando ese papel de "esposa devota" que tanto éxito le daba—. Debo felicitarte. Nadie le había puesto un alto a esa zorra astuta de esa manera. Verla huir llorando ha sido... refrescante. Harley extendió una mano para acariciar uno de los brazos del 1006, una caricia que ocultaba un objetivo bastante manipulativo. —Ahora que por fin termino, ¿podrías encargarte de la puerta y de arreglar el desorden que dejó su rabieta? Me gustaría volver a mi trabajo sin estos escombros a la vista, ¿sí? Pero el Prototipo no se movió. Se mantenía estático, se sentía muerto que parecía que solo un juguete sin vida. El cansancio que sentía se volvió una fatiga del alma que lo asfixiaba. Las palabras de Harley, que antes habrían sido un bálsamo para su ego, ahora le sonaban a estática barata, a una manipulación tan transparente que le daba náuseas, porque siempre había sabido sobre las intenciones de Harley, pero simplemente había decidió ignorar y vivir en la ignorancia, en busca de un romance con su “esposa” que ahora era patético. Oliver se reincorporó con un movimiento lento, pesado, haciendo que las piezas de su estructura chirriaran. No miró a Harley. Su ojo escarlata estaba fijo en el umbral por donde Poppy había desaparecido, en el vacío que ella había dejado. —Cállate, Harley —soltó el Prototipo. Su voz no era un rugido, sino un susurro gélido, carente de cualquier emoción. Una frivolidad que cortaba más que su furia anterior. Harley se quedó con la mano en el aire, congelándose en el acto, porque nunca pensó que este reaccionaria así y más cuando se había esforzado tanto por dar lo mejor de sí para que su manipulación siguiera funcionando. —Oliver, yo solo... —He dicho que te calles —lo cortó, girando lentamente hacia él, pero sin enfocar su mirada en el hombre—. Tengo asuntos mucho más importantes que atender tus caprichos. Me largo… después hablaremos. 1006 comenzó a alejarse hacia las profundidades de los pasillos. Harley lo observó, dándose cuenta por primera vez de que el hilo del que presumía tirar se había vuelto peligrosamente delgado. El Prototipo caminaba solo, sintiendo que cada paso lo hundía. Había ganado la discusión, había humillado a su enemiga y había "protegido" su relación, pero el precio había sido bastante doloroso. En esa victoria vacía, Oliver se dio cuenta de que Poppy se había llevado lo último que le quedaba de valor, porque él la conocía mejor que nadie en el mundo y entendía que si ella decía algo que haría algo, lo cumplía y el miedo alarmante de no ver a sus nietos eso le provoco un repudio a sus propios errores, dejándolo a solas con un hombre que realmente se preguntaba si correspondía genuinamente sus sentimientos o realmente lo hacía por un beneficio propio. Había perdido mucho más de lo que Harley Sawyer podría entender jamás. Harley Sawyer se quedó solo en el centro de aquella prisión en ruinas, rodeado por el polvo de concreto y el silencio sepulcral que dejó la partida de Oliver. Durante unos segundos, mantuvo su pose imperturbable, pero la máscara de civilización no tardó en agrietarse. Un tic nervioso recorrió su ojo mientras contemplaba la puerta, su puerta, el límite de su santuario, reducida a un amasijo de metal por la rabieta de una muñeca con serios problemas mentales. —¡Maldita muñeca de mierda! —estalló de repente el científico, soltando improperios contra ella llenos de desesperación que desgarró el aire—. ¡Y maldito seas tú también, Oliver! ¡Hormonal, impulsivo y emocionalmente atrofiado! Harley comenzó a caminar de un lado a otro, gesticulando frenéticamente, soltando una letanía de improperios que habrían escandalizado a cualquier juguete que lo escuchara. —¡Esto no puede ponerse peor! ¡Es estadísticamente imposible que este día sea más degradante! —exclamó, alzando los puños hacia el techo. Como si el destino estuviera escuchando y tuviera un sentido del humor perverso, un sonido de pasos suaves y bufidos rítmicos resonó desde el pasillo. Yarnaby emergió de las sombras, con sus ojos brillando con una devoción perturbadora. Al ver a Harley, el enorme juguete no dudó, soltó un jadeo de júbilo y se lanzó encima de él con la delicadeza de un alud de lana. —¡No! ¡Quita! ¡Bestia peluda, aléjate de la capa! —bramó Harley, pero fue inútil. Yarnaby lo acorraló contra el suelo, tirándolo en el acto, restregando su cabeza contra el pecho del científico, soltando un rastro de baba y pelusa sobre su capa. Harley suspiraba con una frustración que le quemaba los pulmones, dentro de ese contenedor donde los tenia, sentía que el universo entero se había puesto de acuerdo para pisotear su dignidad. Para Yarnaby, aquello era afecto, para Harley, era ser asfixiado por una alfombra viviente con aliento a algodón de azúcar empalagoso. —Parece que todos los residentes de este asilo han decidido que hoy es el "Día de Hostigar a Harley" —masculló intentando inútilmente empujar el enorme hocico de la criatura. Justo cuando creía que su paciencia había tocado fondo, unos pasos lentos, pesados y erráticos se escucharon por el pasillo. Baba apareció en el umbral, arrastrando su cuerpo con una torpeza alarmante, mientras se sostenía por la pared, al mismo tiempo que cada paso que daba parecía que perdía más sangre, dejando un rastro de ese liquido por el pasillo. Su cabeza colgaba hacia un lado, y se podía ver la horrible deformidad en su cráneo donde el puño de Huggy Wuggy había impactado con una fuerza devastadora, apenas podía respirar si no fuera por tener la boca abierta. La criatura levantó la vista hacia Harley, con un ojo desenfocado y la voz temblorosa por la agonía. —Mi señor... —susurró Baba, tambaleándose—. No pude... no pude conseguir los juguetes... Huggy... él... necesito ayuda... Antes de terminar la frase, las piernas de Baba cedieron y la criatura se desplomó pesadamente en el suelo de la prisión, perdiendo el conocimiento por el dolor y la conmoción cerebral, mientras debajo de ella se veía un charco de sangre. Harley se quedó rígido, atrapado bajo el peso afectuoso de Yarnaby, mirando el cuerpo inconsciente de Baba y su puerta destrozada. La prisión, que solía ser un templo de paz, ahora parecía el escenario de una comedia negra de muy bajo presupuesto. —Asco de día... —susurró Harley con una voz muerta, cerrando el ojo mientras Yarnaby procedía a lamerle la pantalla de lo que se supone que era la cara, con una lengua áspera—. Realmente... asco de día. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ El eco de sus propios pasos se fue apagando hasta convertirse en un zumbido sordo y monótono que llenaba sus oídos. Poppy avanzaba por los pasillos con una lentitud impropia de su naturaleza altiva, su figura, antes imponente y elegante, ahora se arrastraba por la inercia de un cuerpo que funcionaba en piloto automático mientras su mente se desmoronaba. Tenía la mirada clavada en las baldosas agrietadas, pero no veía el suelo. Su visión era un lienzo borroso y deformado por las lágrimas densas que no paraban de brotar, rodando por sus mejillas sonrojadas hasta suicidarse contra el frío pavimento. Cada gota que caía parecía llevarse consigo un pedazo de su voluntad. Un ruido blanco, estático y asfixiante, comenzó a invadir sus sentidos. Poppy sintió cómo su presión aumentaba drásticamente, el estrés extremo había disparado sus arterias a niveles críticos, provocando que un calor sofocante le subiera por el cuello y le nublara la razón. Se detuvo en seco en mitad de un corredor, sintiendo que el aire se volvía sólido, imposible de tragar. —Respira... —se ordenó a sí misma en un susurro roto, pero sus pulmones se negaban a obedecer. Se llevó una mano al pecho, apretando la tela de su vestido justo encima de donde latía su corazón de dolor que el Prototipo había desgarrado. Las palabras de Oliver no solo habían sido un insulto, habían sido una profanación directa y horrible a lo más sagrado para ella. " Al menos él no tuvo que quedarse para ver cómo su madre se convertía en una escoria". La frase se repetía en su mente como un disco rayado, cada vez más fuerte, cada vez más cruel, lo que hacía que ella apretaba sus dientes y sus lágrimas aumentaran. —No... —susurró, y su propia voz le sonó extraña, lejana a través de ese ruido en blanco y esa voz horrible. Los recuerdos de aquella época, la de la pérdida que ambos compartieron, emergieron desde el abismo de su memoria con una nitidez aterradora. Recordó el silencio que siguió a la tragedia, el frío de la ausencia, la frivolidad de él al alejarse y encerrarse en su laboratorio mientras la dejaba lidiar su duelo en soledad y la forma en que el mundo perdió todo su color. Sentir que aquel que alguna vez fue su apoyo en el pasado ahora usaba ese luto sagrado como un arma arrojadiza la hacía sentir una náusea espiritual que la consumía. El odio, un sentimiento que Poppy siempre intentaba canalizar de forma estratégica, se volvió algo salvaje y descontrolado en su interior. Odiaba a Oliver por haber dicho algo tan horrible, lo odiaba por su debilidad ante Harley, pero sobre todo, se odiaba a sí misma por permitirle tener todavía el poder de herirla de esa forma. Sus piernas flaquearon. Se apoyó contra la pared húmeda, dejando que su frente tocará el metal frío mientras un sollozo largo y contenido finalmente escapaba de su garganta, perdiéndose en la inmensidad de una fábrica que sólo sabía de agonías. Estaba sola, cargando con el peso de un hijo que ya no estaba y con la traición del único monstruo al que, en algún momento de locura, había creído poder llamar familia. Las palabras de Oliver eran el veneno que finalmente estaba logrando quebrarla. El vacío en la mente de Poppy comenzó a llenarse de estática, mientras su mano presionaba su propia cara tratando de calmar un poco sus pensamientos. Se estaba hundiendo en el abismo de sus propios recuerdos, allí donde el rostro de Oliver aún no era de un tirano, hasta que un sonido, tenue y melódico, empezó a rasgar su mente. “Jaja mira Oliver, ¡Está sonriendo!” Escucho la voz de su propio recuerdo en esa época tan dulce y hermosa, y luego el recuerdo de esa pequeña risita, una risa pequeña y aguda, de un bebe que sentía esa mota de felicidad de su vida. “Maldita seas Oliver, no es justo que se parezca tanto a ti.” De nuevo su propia voz comenzó a escucharse, mientras era acompañado de un puchero tan dulce, ante el recuerdo de haberse sentido indignada y celosa de que su pequeño se pareciera tanto a Oliver, aunque era de esperarse cuando tenía genes más dominantes. Poppy solo jadeo por falta de aire, ya que odiaba esos recuerdos que le causaban tanta alegría y un dolor al mismo tiempo que era frustrante no olvidarlo. “Pero no puedes negar que tiene tu risa, Poppy.” Esta vez la fue la voz de su contrario, su igual, el padre de su precioso bebe, aun podía recordar el tono de Oliver que utilizó, dulce y suave sin ninguna distorsión, mientras este se sentía orgulloso y emocionado de tener a su cachorro admirando lo perfecto que se veía y la vida que tenía. Pero esto fue muy doloroso para ella, tanto que Poppy soltó un gruñido cortando ese recuerdo cruel que solo la lastimaba con fuerza y solo hacía que deseara morir. Poppy parpadeó, sacudiendo la cabeza para disipar el ruido en blanco que la asfixiaba ya que aumentaba. “Quiero ver a mi abuelita…” La dulce voz infantil logró capturar sus oídos, haciendo que la soberana, levantara su mirada con sus ojos aún empañados, enfocaron la luz al final del túnel. Allí, recortado contra la estructura metálica del tren, se encontraba su refugio. Kissy Missy estaba de pie cerca del vagón, moviendo sus brazos con ternura mientras intentaba consolar a las niñas. —¿Dónde está mi abuelita? ¿Por qué tarda tanto? —El sollozo de Selene llegó hasta los oídos de Poppy, rompiéndole el corazón de una forma distinta, una que no dolía, sino que la despertaba. —Es nuestra culpa, Selene... —murmuró Stella, con los ojos fijos en el suelo y los hombros caídos por un peso que ningún niño debería cargar, mientras sus ojitos comenzaban a derramar pequeñas lágrimas—. Se pelearon por nuestra culpa… —Shhh, mis pequeñas, no digan eso —susurraba Kissy, acariciando las cabezas de ambas—No es culpa de ustedes, además Poppy solo está asegurándose de que todo esté en orden. Ya vendrá, se los prometo. A unos metros, Huggy Wuggy permanecía sentado en uno de los asientos del vagón, estaba en silencio absoluto. No necesitaba hablar, su mandíbula estaba cerrada y sus ojos vigilaban el perímetro con una intensidad protectora, mientras en su regazo, acunado por sus manos, un pequeño Sirius dormía profundamente, ajeno al caos provocado. La realidad volvió de golpe, barriendo el dolor del pasado con la urgencia del presente. Sus nietos. Ellos eran su motor, la razón por la cual su pecho seguía latiendo a pesar de las grietas de su corazón. Poppy se detuvo un momento, forzándola a realizar un ejercicio de respiración profunda. Inspiró el aire viciado de la fábrica y lo soltó lentamente, obligando a su presión interna a descender. Con el dorso de sus manos, se limpió con urgencia los rastros de lágrimas, aunque en sus mejillas permanecía ese rastro seco y salino. Se arregló el vestido, sacudió lo último de polvo que tenía y se obligó a recuperar su postura. No permitiría que la estupidez de Oliver contaminara la pureza de sus pequeños. Mientras caminaba hacia ellos. La figura de Poppy emergió de las penumbras de la estación. Stella fue la primera en divisar, sus ojos se abrieron con una mezcla de incredulidad y alivio puro mientras un grito ahogado escapó de su garganta. —¡Abuelita! —exclamó la cachorrita, con la voz rota. Selene, que apenas podía ver a través de sus lágrimas, alzó la vista y, al ver la silueta roja y familiar, ambas niñas se lanzaron en una carrera desesperada hacia ella. Poppy no esperó, dejó caer su bastón a un lado y abrió sus brazos para recibir el impacto del amor más puro que conocía. Las pequeñas se estrellaron contra su vestido, enterrando sus rostros en la tela mientras los sollozos estallaban de nuevo, pero esta vez cargados de perdón y angustia. —¡Perdónanos, abuelita! ¡Fue nuestra culpa! —exclamaba Selene con la voz rota—. Si no fuera por nosotras ustedes no se habrían peleado... —¡Lo sentimos mucho! —añadía Stella, aferrándose con fuerza a las mangas de Poppy. Poppy sintió que el alma se le partía, pero mantuvo su sonrisa maternal. Porque por supuesto que no era culpa de ellas en absoluto, fue la del mismo Oliver por no medir el peligro en la que las metía, por lo que solo acaricio la cabeza de ambas, ignorando el temblor que aún sacudía sus propias manos. —Escúchenme bien—susurró, besando la frente de cada una—. Nada de lo que pasó allá atrás es responsabilidad suya. Esto es tema de adultos, pero ustedes no han hecho nada malo. Jamás piensen eso. Con una suavidad firme, las instó a ponerse en pie y señaló el vagón del tren que aguardaba con el motor ronroneando, mientras tomaba el bastón del suelo para comenzar a caminar junto con ellas al tren. —Ahora, arriba. Es hora de dejar este lugar. El tren nos llevará de vuelta a casa. Kissy Missy, que había observado la escena con una tensión palpable, se acercó a Poppy mientras las niñas subían los escalones del vagón. Sus ojos escanearon el rostro de la muñeca, notando de inmediato el rastro de lágrimas secas en sus mejillas, la palidez antinatural de su piel y esa mirada que mostraba un cansancio fuerte que Poppy intentaba ocultar. —¿Poppy?... —la voz de Kissy fue un murmullo cargado de temor—. ¿Qué ocurrió allá?... parece que hubieras visto un fantasma. Poppy guardó silencio un segundo, mirando hacia la oscuridad del túnel del que acababa de salir, como si esperara ver al Prototipo observándola. Luego, miró a Kissy con una seriedad que no admitía réplica. —Hablaremos de eso después, Kissy. Ahora... solo quiero irme a casa. Necesito estar con ellos. Subieron al vagón y el ambiente cambió de inmediato. Huggy, que había permanecido como un guardián silencioso, se levantó con una lentitud respetuosa y se acercó a Poppy. Con un movimiento casi reverente, le entregó a Sirius, el pequeño seguía sumergido en un sueño profundo, ajeno a la guerra emocional que se había librado. Poppy lo tomó en sus brazos, acurrucándolo contra su pecho, sintiendo el calor de su respiración como un bálsamo que terminaba de sellar sus dudas. Se sentó en uno de los bancos acolchados y, de inmediato, Stella y Selene se acomodaron a sus costados, buscando el refugio de sus brazos. Poppy las rodeó con ternura, dejando que se acurrucaran contra ella para ser mimadas, acariciando sus espaldas mientras el tren comenzaba a moverse con un traqueteo rítmico. Kissy se sentó frente a ellos y soltó un suspiro largo, un aire que parecía haber estado retenido durante horas. Estaban a salvo, estaban juntos. Sin embargo, su preocupación no disminuyó. Al observar el estado físico de Poppy su respiración aún algo forzada y esa rigidez en sus hombros, Kissy supo que lo que había pasado en la zona de Harley no había sido una simple discusión. Sabía que algo horrible, algo que tocaba las fibras de su paciencia y ahora estaba preocupada más por su hermana. Huggy Wuggy, tras asegurarse de que Poppy estaba bien instalada con los niños y que Kissy también estaba a lado de ellos para cuidarlos, se dirigió a la cabina de control. Sus brazos se movieron, accionando las palancas y los interruptores que despertaron al viejo motor del tren. Un rugido metálico y profundo vibró a través del suelo, seguido por el chirrido de las ruedas de acero al morder los rieles. Con un último vistazo hacia la penumbra del laboratorio que dejaban atrás. El tren comenzó a ganar velocidad, adentrándose en el túnel. Poppy, meciendo suavemente a Sirius mientras sentía el peso reconfortante de sus nietas a los costados, cerró los ojos por un momento. El traqueteo rítmico del viaje hacia la Game Station empezó a ahogar los gritos y los insultos que aún resonaban en su mente. Estaban volviendo a casa, el movimiento constante del tren le aseguraba que, al menos por hoy, ya había terminado su tormento. La oscuridad del túnel los envolvió por completo, ocultando su mirada melancólica mientras el tren se alejaba definitivamente de esa prisión. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ El trayecto de regreso fue un desierto de palabras. Nadie se atrevía a romper el silencio, lo ocurrido en la prisión había sido bastante agotador para todos. Poppy permanecía con la mirada perdida en la oscuridad de los pasillos hace poco ya se habían bajado del tren y dejado la game station, y al menos agradecía que Mommy también no hubiera aparecido, probablemente estaba llorando en un rincón o lamentándose de su propia existencia o de seguir eligiendo a un dios egoísta. Sus gestos eran mínimos, casi mecánicos, y el brillo de sus ojos se había apagado hasta convertirse en una opacidad de zafiro desgastado. A su lado, Stella y Selene caminaban con los hombros caídos y la mirada fija en sus propios pies, arrastrando una tristeza que no les pertenecía, pero que habían aceptado como propia, a pesar que les habían explicado que no se culparan, eran demasiado pequeñas para entender que ellas no fallaron, si no que el adulto que debió protegerlas lo había hecho. Finalmente, las luces cálidas y constantes de su territorio comenzaron a filtrarse por las rendijas. Al llegar a la entrada principal, un par de juguetes centinelas, la cual en sus manos tenían literalmente dos bates con pinchos para proteger la entrada de cualquiera que no perteneciera a sus aliados, cuya vigilancia era tan férrea como su lealtad, se tensaron al ver acercarse la silueta de los llegados. Sin embargo, en cuanto reconocieron la figura soberana de Poppy y la imponente presencia de Huggy y Kissy, relajaron su postura de inmediato, alejándose de la entrada para que pudieran acceder. Al cruzar el umbral, la atmósfera cambió drásticamente. Dejaron atrás la opresión que traía ese lugar para entrar en un oasis de vida. Era un corredor amplio que desembocaba en el Gran Salón, aquel espacio inmenso que la comunidad de juguetes había transformado en un corazón vibrante, una suerte de mercado y plaza pública donde la vida bullicía. Allí, los juguetes se veían contentos, trabajando en puestos improvisados, compartiendo piezas que los exploradores traían o simplemente descansando en un entorno que, por primera vez en años, no olía a miedo. El contraste era doloroso, mientras su pueblo prosperaba en una paz ganada a pulso, ella sentía que acababa de perder una guerra personal en las entrañas de la fábrica. Al llegar al centro del salón, Poppy se detuvo. Su voz, aunque suave, cortó el aire con una autoridad innegable. Se giró hacia Kissy Missy, quien no le había quitado el ojo de encima en todo el camino. —Kissy, necesito pedirte una tarea más —comenzó Poppy, y sus palabras sonaron cargadas de una urgencia contenida. Kissy asintió de inmediato, con sus ojos reflejando una disposición absoluta, mientras Huggy Wuggy se acercaba un paso más, escuchando con la atención de un guardián que sabe que la tormenta aún no ha pasado. —Busca a mi hijo y a su pareja—ordenó Poppy, manteniendo una firmeza gélida—. Infórmenles de lo ocurrido. Y que deben venir de inmediato. Kissy miró un momento a los cachorros, que se aferraban a las faldas de Poppy como si el mundo fuera a desmoronarse si la soltaban. —¿Y qué pasará con ellos? —preguntó Kissy, con un hilo de preocupación en su voz. Poppy bajó la vista hacia sus nietos y su expresión se suavizó solo un milímetro, lo suficiente para que no vieran la tempestad que aún rugía en su interior. —Hablaré con ellas a solas —Respondió Poppy, mirando a sus nietas con una mezcla de amor y tristeza, al mismo tiempo que mecía a Sirius que comenzaba a despertar por el ruido ajeno— Avísenme cuando DogDay y CatNap estén a fuera del territorio. No quiero que entren todavía, saldré yo a recibirlos. La despedida fue breve, marcada por un respeto sombrío. Kissy y Huggy compartieron una mirada cargada de significado antes de girar sobre sus talones y perderse entre el pasillo donde habían llegado, cumpliendo la orden de su reina. Poppy se quedó sola en medio del salón, rodeada de la felicidad de su pueblo, pero sintiéndose más aislada que nunca. Con un gesto suave, tomó las manos de sus nietas y, con Sirius aún descansando en sus brazos, comenzó a caminar hacia la seguridad de sus habitaciones privadas, sabiendo que la conversación que estaba a punto de tener sería la más difícil de su existencia. * º ❀ * º La puerta del departamento de Poppy se cerró tras ellos con un clic seco, dejando fuera el bullicio de sus juguetes aliados. El interior del departamento era un refugio de tonos cálidos, muchas veces las cachorritas amaban estar en la casa de Poppy y poder probar cosas nuevas, las cuales los exploradores habían traído, dándole más libertad y comodidad a la vida de las cachorras, que por desgracias ellas no podían llevarse ninguna de esas nuevas cosas a su hogar, donde vivían con sus padres en Sweet home, ya que Poppy había hecho que tanto ellas y su querida madre Dogday, juraran que jamás podrían contarle a su padre ni a otro aliado del Prototipo, sobre estas actividades. Por la misma situación que pondría en riesgo la vida de muchos juguetes, por lo que solo tenían que fingir que nada de esto existía, pero aun así a pesar que ellas se sintieran protegidas y felices en ese lugar, seguían sintiendo esa culpa y tristeza por culpa de toda esa situación. —Siéntense, por favor —dijo Poppy con una voz que, aunque intentaba ser firme, dejaba entrever el agotamiento que le pesaba en los hombros. Las niñas obedecieron de inmediato, hundiéndose en el sofá con los ojos fijos en sus rodillas, mientras Poppy se dirigía a su habitación con Sirius en brazos. Con una delicadeza que contrastaba su estado emocional tan agobiante y agotador, solo depositó al pequeño sobre la cama. Buscó entre sus pertenencias sábanas y almohadas, acomodándolas alrededor de él con un cuidado casi obsesivo y maternal. Construyó una cuna improvisada con las almohadas, creando una barrera protectora para que el bebé no pudiera rodar y pudiera seguir sumergido en ese sueño profundo que, benditamente, lo mantenía a salvo de la realidad. Se quedó un segundo mirándolo, acariciando su pequeña cabeza, antes de exhalar un suspiro largo y regresar a la sala, mientras cerraba su cuarto ya que Sirius no debía levantarse por escuchar su conversación. Allí en su sala era desolador. Stella y Selene seguían temblando. Stella, con las mejillas todavía brillantes por las lágrimas que no paraban de brotar, mientras Selene solo se mantenía con esa mirada vacía pero agotada, ambas al escuchar a la soberana venir ellas levantaron sus caritas, para observar con miedo de pensar que serían castigadas o peor que las regañara porque seguían pensando que eran el problema. Porque ellas así lo sentían, porque sabían que Poppy y El Prototipo habían tenido ese enfrentamiento por ellas, no por nada Poppy jamás hubiera venido a llevárselas. —¿Estamos en problemas, abuelita? —preguntó Stella con la voz tímida—. ¿Nos vas a castigar? Poppy no respondió de inmediato. En lugar de sentarse en su sillón habitual, se dejó caer sobre la alfombra, justo en el suelo frente a ellas, para estar a su misma altura, buscando que sus ojos se encontraran sin jerarquías de por medio. Tomó las manos frías de sus nietas entre las suyas. —Mírenme —pidió con dulzura la pelirroja—. No están en problemas. Ni hoy, ni mañana, ni nunca por esto. Ustedes no han hecho absolutamente nada malo, así que por favor mis niñas, no se sientan culpables por esto… Selene, sin embargo, no parecía convencida. Su mente, un poco más analítica y perceptiva, buscaba una lógica que no terminaba de encajar en su mundo infantil. Se limpió la nariz con la manga y miró a Poppy con una seriedad que dolía. —¿Entonces por qué te enojaste tanto con mi abuelito? —preguntó Selene, dejando que una nueva lágrima rodara por su mejilla—. Si nosotras no hicimos nada malo... ¿por qué tú y él se veían molestos entre ambos? La pregunta quedó suspendida en el aire, pesada y cargada de un peso fuerte, porque lo que hablaría sería difícil y estaba sorprendida que Catnap ni Dogday hubieran hablado con ellas sobre ese tipo de temas, lo que hizo que Poppy solo suspirara porque significaba que ella tendría que enseñarles a sus pequeñas los peligros de los extraños como Harley, mientras el silencio del departamento se volvía absoluto ante la mirada expectante de las dos niñas que esperaban entender por qué su familia acababa de romperse en mil pedazos. Poppy guardó silencio un largo instante, sintiendo el peso de la responsabilidad sobre sus hombros, sabiendo que ya era hora de tener esa plática con ellas. Ella comenzó a jugar con sus propios dedos un gesto nervioso que delataba su ansiedad que aún no lograba aplacar del todo. —Mis niñas... —comenzó la soberana, y su voz era un susurro cargado de una melancolía profunda—. Hay verdades que duelen como una herida abierta, y me habría gustado que nunca tuvieran que escucharlas. Tienen razón, nos peleamos porque ustedes estaban en medio, pero no de la forma en que creen. Poppy suspiró, buscando calmarse a si misma para poder seguir explicándoles. —Me enojé con su abuelito porque él cometió el error más grave que un protector puede cometer. Él sabe perfectamente quién es ese hombre... ese robot que vieron en el laboratorio, esa cosa en realidad es un hombre muy peligroso y él sabía todo el historial que tenía detrás suyo. —Explicó Poppy mientras las miraba con seriedad, pero al mismo tiempo de forma maternal mientras buscaba la mejor manera de utilizar palabras que ellas entendieran y supieran el riesgo que las habían sometido. —¿Te refieres a TvMan? —interrumpió Stella con un hilo de voz, usando el apodo que le habían puesto por su cabeza de pantalla. Poppy se detuvo en seco. Una pequeña risa, amarga pero genuina, escapó de sus labios al escuchar la ocurrencia infantil. El nombre "TvMan" sonaba ridículo para alguien tan siniestro como Harley Sawyer, pero la inocencia de Stella le dio un breve respiro. —Sí, Stella... —asintió Poppy con una sonrisa triste—.Me enojé con su abuelo porque él sabía lo peligroso que es ese "TvMan". Sabía que es alguien en quien no se puede confiar, alguien que no entiende lo que es el amor o el cuidado, además de eso… él fue el causante de mucho dolor y trauma de muchos juguetes de aquí. —Poppy paró un momento mientras suspiraba y calmaba sus emociones de nuevo porque ya comenzaba a sentirse furiosa por lo dicho. — Y aun así, decidió dejarlas ahí, ignorando el peligro que ese hombre representa, solo por su propio egoísmo. Las puso a ambas en peligro mortal. La mirada de Poppy se volvió gélida al recordar la imagen de Harley cerca de sus nietos. —El Prototipo apostó su seguridad para validar su propia fantasía. Las expuso a un peligro que ustedes ni siquiera pueden imaginar, confiando en que sus amenazas serían suficientes para detener a un monstruo. —Ella se detuvo un poco para volver a tomar un respiro mientras apretaba sus puños, para controlar la bilis que volvía a subir. — Pero en este lugar, mis amores, las amenazas no siempre bastan. —Me dolió ver que él prefirió a ese monstruo, sobre la seguridad de ustedes. —Poppy les explicó el motivo de su enojo y su miedo, mientras alzaba sus manos y acariciaba la mejilla de cada una, para acariciarlas con ternura infinita. —Por eso gritamos y nos peleamos. Porque mientras yo viva, nadie, absolutamente nadie, les hará daño… y no dejaré que la lastimen. Selene y Stella se quedaron mudas, procesando la idea de que aquel hombre de pantalla, que les había parecido extraño pero no necesariamente letal, era en realidad una amenaza tan grande que había hecho que sus abuelos se pelearan, siempre supieron que ambos ocultaban algo grande, en especial porque sólo contaban con los dedos, las veces que los habían visto juntos, pero solo fueron esos momentos en donde era pura burocracia y discusiones sobre un tratado, pero era la primera vez que ellas habían presenciado en corto momento como ellos se miraban con resentimiento. Selene bajó la mirada hacia sus pequeñas manos, que aún temblaban sobre el sofá. —Ahora entiendo... —susurró Selene, con una voz que arrastraba el eco del miedo que sintió en aquel laboratorio—. Por eso me sentí así cuando lo miré. Abuelita, yo le dije a él que veía una oscuridad muy grande en su interior. Entonces es cierto, ¿verdad? Ese hombre es malo de verdad. —Y era muy mal hablado —interrumpió Stella, un poco enojada por recordar ese insulto tan horrible que le dijo a su abuelita que apenas lograba ocultar su tristeza. Poppy cerró los ojos un segundo, sintiendo cómo el recuerdo de la pasividad de Oliver le quemaba el pecho. Se incorporo un poco en el suelo. —Exactamente por eso me puse de esa forma —sentenció Poppy—. Yo sé de lo que ese hombre es capaz. Conozco el daño que puede infligir y por esa misma razón, mis pequeñas, tengo que tomar una decisión que sé que les va a doler. Pero es para protegerlas. Poppy tomó aire, sintiendo que las palabras pesaban como plomo en su lengua. —A partir de ahora, ya no volverán a ver al Prototipo, su abuelito perdió el derecho de verlas, al ponerlas en riesgo. El silencio que siguió a la sentencia fue breve, roto casi de inmediato por un estallido de llanto desgarrador. Las niñas se alteraron al instante, Selene se cubrió la cara con las manos, mientras Stella negaba con la cabeza frenéticamente, con los ojos inyectados en sangre por las lágrimas. —¡No! ¡Abuelita, por favor! —suplicó Selene entre sollozos—. ¡Fue un error! Él solo se equivocó una vez, ¡prometemos que no volverá a pasar! El abuelito nos quiere, él es como nuestro segundo papá... ¡No puedes evitar que lo veamos! Poppy sintió que una lanza le atravesaba el corazón al escuchar la comparación, pero se obligó a mantener la voz firme, aunque sus ojos volvían a cristalizarse, no quería dañarlas pero no podía confiar en él, no quería que volviera a ponerlas en peligro, para ella fue la mejor opción y la correcta. —Escúchenme bien —dijo Poppy, acercándose más a ellas para que no pudieran evadir su mirada—. Lo que su abuelito hizo hoy no fue un "error" mis niñas, lo que él hizo fue una decisión. Él decidió, conscientemente, poner la comodidad de su relación con ese hombre por encima de la seguridad de sus vidas. Y una decisión así, basada en el egoísmo, es algo que puede volver a repetirse y ponerlas en un riesgo extremo. Ya no puedo confiarle su seguridad después de lo que hizo. —¡PERO NO ES JUSTO! —gritó Selene, poniéndose de pie con una rabia infantil que rara vez mostraba—. ¡No es justo que paguemos nosotras por culpa de TVMan! —¡Yo no quiero dejar de ver a mi abuelito! —añadió Stella, abrazando sus propias rodillas y meciéndose, rota por la idea de perder esa figura que, a pesar del riesgo que las sometió representaba una parte vital de su mundo. Verlas así, desmoronadas y gritando por una justicia que ella no podía otorgarles sin ponerlas en peligro, le rompió el corazón a Poppy en mil pedazos. Quiso abrazarlas y decirles que todo era una pesadilla, que volverían a como estaban, pero la imagen de Harley Sawyer haciéndoles algo o cerca de ellas era algo que no podía permitirse. En su interior, mientras escuchaba los lamentos de sus nietas, Poppy se convencía con una amargura feroz de que esto era lo correcto. Prefería ser odiada por ellas ahora, a tener que llorarlas después. No de nuevo. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ Por fin habían tenido un día libre uno en donde ambos podrían disfrutarlo y descansar de sus cachorros traviesos, y no iban a negar que necesitaban su espacio a solas. La atmósfera en Sweet Home era radicalmente distinta, a pesar de los años, la casona se veía cuidada, en específico ciertas áreas, la cocina, la sala, algunos pasillos. Después de todo Catnap había tomado este lugar para el hogar de su familia y asegurado que no le faltara nada a sus crías, para que se mantuvieran bien cuidadas. Y ahora en el cuarto de Catnap y Dogday, ambos estaban encerrados, disfrutando de su tiempo compartido, el cual no podían pedir más, en especial cuando El Prototipo había pedido cuidarlas. Cosa que ambos padres no iban a negar su ayuda. Allí, el aire estaba saturado de un calor denso, pesado, en especial ese aroma almizcle, entre el sudor y un aroma combinado de vainilla y lavanda, cargado de un magnetismo animal que parecía hacer vibrar las paredes de la habitación. En aquella habitación donde ambos Smalling compartían, se desarrollaba una escena de entrega absoluta y salvajismo contenido, que hacía que cualquiera que viera sus acciones se avergonzaría hasta el cuello. El sonido del rechinido rítmico y violento de la estructura de la cama se escuchaba como un eco en la habitación caliente, que protestaba bajo el peso y la fuerza de dos cuerpos entregados al instinto. Los jadeos profundos y los gemidos suaves de aquel perrito se podían escuchar tan sonoramente, dulces y tiernos que podían volverse una adicción auditiva, para cualquier juguete que busque de una sola noche, el pobre perrito se encontraba en la cama, mientras mantenía las piernas abiertas de par en par, con las sábanas ya en el suelo de tanto movimiento, mientras se podía ver su erección rebotar una y otra vez, por el desenfreno de las embestidas que el felino encima suyo le daba, entregado por completo al ritmo que le imponían. CatNap estaba sobre él, erigiéndose como una sombra dominante y felina. Sus manos, grandes y firmes, se enterraban con posesividad en las caderas de DogDay, sujetándolo con una fuerza que marcaba la piel y dictaba la cadencia del encuentro, mientras miraba como su pene se hundía tal deliciosamente en el ano rosadito del contrario con fuerza, con cada embestida provocaba un chorro del semen dentro del perrito saliera manchando las sábanas empapadas por los fluidos de ambos, se notaban que habían empezado hace horas y no se habían detenido. El eco de sus movimientos se traducía en un chapoteo húmedo y constante, el sonido crudo de la piel chocando con la piel en una fricción frenética que buscaba borrar cualquier rastro de la tensión del mundo exterior, Catnap enterraba su enorme falo contra el agujero rosadito y dilatado de Dogday, hundiéndolo hasta que sus espinas se enterraran de forma tan placentera en las paredes internas de Dodday. Haciendo que el vientre de su contrario se deformara por su tamaño, para luego sacarlo provocando que Dogday entrara en otro éxtasis del placer, al sentir como esas espinas masajeaban internamente sin lastimarlo solo entregándole en un placer absoluto, que aumentaban más su estimulación, provocando que temblara y sollozara, en su cara se podía ver el deseo lujurioso que poseía, con la lengua salida y sus ojos nublados por el llanto placentero, para Catnap esto era la imagen de la perfección absoluta. —¡Ahhhh~♡!, ¡Catnap~♡!—Dogday gimió con tanta lascivia mientras sus manos se aferraban contra la cama y la otra aferrándose a una de las sábanas. Era un sexo desenfrenado, una colisión de necesidades acumuladas donde no había espacio para la delicadeza, solo para la urgencia de sentirse vivos. Los jadeos de DogDay se convertían en gemidos audaces cada vez que CatNap presionaba con más fuerza, hundiendo más su pene contra la cavidad tan estrecha que hacía que el placer aumentara al sentir, como oprimía su falo tan deliciosamente, mientras el felino mantenía sus ojos fijos en los de su pareja, devorando su expresión de placer, solo quedaba el calor sofocante, el roce abrasador y la intensidad de fortalecer su vínculo. —Ah~… ¿Qué pasa mi Doggy~♡?, ¿Quieres más~♡?—Pregunto Catnap con esa voz seductora, mientras soltaba sonidos guturales por no poder evitar al soltarlos por su gozo tan delicioso, que el gatito ya estaba ronroneando a estas alturas, las hormonas de su pareja, el aroma sexual de sus cuerpos lo estaba embriagando que cegaba su sentido, y solo deseaba enterrarse y follar tan duro a Dogday como lo estaba haciendo, hasta depositarle otro cachorro, a su útero fértil de doncel. DogDay arqueó la espalda, clavando sus garras en las sábanas y en la colcha, mientras el sudor perlaba su piel y la fricción se volvía casi abrasadora. DogDay asintió frenéticamente, con los ojos nublados por la lujuria y las pupilas dilatadas hasta el límite, para ese punto el perrito estaba agradecido que El Prototipo les hubiera hecho ese favor de cuidar a sus preciosos cachorros, por supuesto que no fue su primera opción a diferencia de su madre, pero al ser convencido por Catnap y por el mismo dios de la fábrica, no pudo evitar negarse y dejarse llevar por los mismos del felino que estaba tan necesitado por su atención. —No... no pares ahh~... por favor, CatNap~♡... —suplicó en un susurro roto, desesperado por no perder ese éxtasis desenfrenado. Se incorporó a medias, envolviendo sus brazos alrededor del cuello del felino con una fuerza sorprendente, atrayéndolo hacia sí en un beso cargado de lascivia. Sus lenguas se entrelazaron con una desesperación hambrienta, compartiendo el sabor de sus jadeos y la urgencia de un tiempo que se les escapaba de las manos. CatNap, aceptando el reto y embriagado por la sumisión y el deseo de su pareja, rompió el beso para descender como un depredador hacia la curva del cuello de DogDay. El felino comenzó a besar y lamer la piel sensible, dejando un rastro de humedad ardiente, hasta que sus colmillos rozaron la carne. DogDay soltó un grito que comenzó como un gemido de puro placer y terminó en un alarido agudo, una mezcla deliciosa y dolorosa, cuando CatNap hundió sus dientes en su hombro en una mordida posesiva, marcándolo como suyo. Aquel dolor actuó como un catalizador, el cuerpo de DogDay sufrió un espasmo, contrayendo las paredes de su cavidad alrededor del falo de CatNap con una fuerza que hizo que el felino soltara un ronroneo profundo y vibrante que resonó en el pecho de ambos. La agresividad del encuentro escaló a un nivel casi violento. CatNap, con las garras ligeramente extendidas sobre las caderas de DogDay, comenzó a embestir con una potencia bruta. Cada estocada era un reclamo territorial, buscando alcanzar el fondo, acariciando ese útero fértil que parecía reclamar su semen. DogDay, con la cabeza echada hacia atrás y la lengua fuera en un gesto de abandono total, solo podía soltar gritos descompasados, sintiendo cómo sus sentidos se desvanecían ante la invasión rítmica y despiadada de su pareja. —Eres mío~♡... —gruñó CatNap entre ronroneos guturales, con la mirada encendida siendo tan abrazador, siendo tan posesivo como era de esperarse, después de todo fue herencia de su padre—. Todo de ti, ahora es mío Dogday~… La cama gemía bajo el castigo de sus cuerpos, y el chapoteo de la piel chocando se volvió un eco ensordecedor que borraba el resto del mundo. Estaban atrapados en una espiral de placer ciego, donde el aroma sexual y las hormonas los habían convertido en algo primitivo. La espiral de lujuria y frenesí que envolvía la habitación se quebró de forma violenta cuando un golpe seco y autoritario resonó contra la madera de la puerta de su habitación, seguido de pasos que se infiltraban sin permiso en la estancia exterior. El estruendo actuó como un balde de agua helada sobre la hoguera de sus instintos. CatNap se tensó de inmediato, con los músculos de la espalda erizados y las garras hundiéndose con fuerza involuntaria en las caderas de DogDay, soltando un gruñido gutural cargado de una furia animal. La interrupción no solo era una falta de respeto, era una profanación de su santuario personal y del momento más vulnerable de su pareja. DogDay, por su parte, se quedó pasmado, con el corazón martilleando contra sus costillas y la mirada perdida en el techo. Sus sentidos, que hace un segundo estaban flotando en un mar de dopamina, regresaron a la realidad con una sacudida dolorosa. El shock lo dejó mudo, incapaz de procesar que alguien hubiera tenido la osadía de colarse en la casa del heraldo del Prototipo. Con un movimiento torpe y cargado de una vergüenza repentina que le encendió el rostro, se cubrió con las sábanas revueltas hasta la barbilla. —¿C-CatNap? —susurró DogDay, con la voz temblorosa y los ojos muy abiertos—. ¿Esperabas a alguien? ¿Crees que sea... alguno de los otros seguidores? Esto no es normal, nadie entra así... CatNap no respondió de inmediato, su mirada estaba fija en la puerta de la habitación, desprendiendo un aura de pura malevolencia. —Evidentemente es un intruso —siseó el felino, cuya voz ya no tenía rastro de ronroneo seductor, sino que sonaba como el filo de una navaja—. Quédate aquí, Doggy. Me encargaré de destripar a quien sea que crea que puede interrumpirnos y salir con vida. Sin importarle su estado de desnudez ni la evidente erección que aún castigaba su anatomía, CatNap se deslizó fuera de la cama con la gracia letal de una sombra. La frustración sexual se había transformado en un deseo de sangre en cuestión de segundos. Avanzó hacia la puerta de la habitación y la abrió de golpe, listo para lanzar una nube de humo letal o desgarrar una garganta, pero lo que encontró lo dejó completamente mudo, congelado en el sitio. Frente a él, en la pequeña estancia de la casa, se alzaba Kissy Missy, flanqueada por la imponente y silenciosa silueta de Huggy Wuggy. La mirada de Kissy no tenía rastro de su habitual dulzura, sus ojos estaban cargados de una seriedad tan gélida y una urgencia tan palpable que el aire pareció solidificarse. CatNap, que nunca se sentía intimidado por nadie que no fuera el Prototipo, retrocedió un paso, descolocado. Ver a la mano derecha de la soberana Poppy en su hogar, y en tales circunstancias, era un presagio de desastre que ni siquiera su mente nublada por la hormona podía ignorar. Al ver la silueta rosada desde la cama, DogDay sintió que el alma se le caía a los pies. El shock desapareció para ser reemplazado por un pánico asfixiante, si Kissy estaba ahí, significaba que algo verdaderamente horrible había pasado. Se levantó de golpe, olvidando el dolor en sus caderas, y corrió hacia la puerta envuelto en la sábana como si fuera una toga improvisada, tropezando casi con CatNap. —¡Kissy! ¡Huggy! —exclamó DogDay, con la respiración entrecortada y el rostro pálido—. ¿Qué... qué hacen aquí? ¿Qué ha pasado? ¿Están bien los niños? ¿Es mi madre? Kissy Missy recorrió con la mirada el desorden de la habitación y el estado de ambos, pero no hubo juicio en su expresión, solo una impaciencia desesperada. Ignoró el silencio atónito de CatNap y se fijó en DogDay, que estaba comenzando a entrar en pánico absoluto. —Vístanse. Ahora —sentenció Kissy, y su voz resonó con la autoridad de la corona—. ¡Tú y Catnap tienen que explicar seriamente, como es posible que dejaron a sus hijos al cuidado de Harley! —Exploto Kissy con una voz que detonaba furia e indignación, por supuesto que no podía confiar en Catnap que parecía no tener pensamiento propio cuando se trataba de dejarse llevar por el Prototipo, pero Dogday, el hijo de Poppy aquel cachorro que ella crio desde que el despertó como si fuera suyo, hizo que Kissy se decepcionara enormemente que Dogday a pesar de ser bien criado haya dejado pasar esta situación tan alarmante, aunque deseaba creer que había una explicación que lo desvinculaba pero tratando de sus hijos y lo nietos de los soberanos, era imposible no pensar mal de él. El nombre de Harley Sawyer hizo que el felino y canino quedaran mudos como si ese nombre taladrara sus oídos. El aire, que segundos antes estaba saturado de hormonas y calor, se volvió gélido y pesado, asfixiando los pulmones de los presentes. DogDay se tambaleó hacia atrás, soltando la sábana que lo cubría mientras sus manos subían a su cabeza, enterrando los dedos en sus orejas en un gesto de desesperación pura. Sus ojos se abrieron tanto que el blanco de los mismos brillaba en la penumbra, y sus pupilas comenzaron a contraerse rítmicamente. El pánico absoluto lo invadió como un veneno negro, el ex líder de los Smiling Critters, siempre tan radiante y seguro, se desmoronó en un instante. —¿Harley?... ¿Sawyer?... No... no, no, no... ¡ESO ES IMPOSIBLE! —gritó DogDay, y su voz se quebró en un alarido de pánico absoluto—. ¡KISSY, DIME QUE ES MENTIRA! ¡DIME QUE MIS BEBÉS NO ESTUVIERON CERCA DE ESE MONSTRUO! ¡¿DÓNDE ESTÁN?! ¡¿DÓNDE ESTÁN MIS HIJOS?! El pánico se transformó en una histeria física. DogDay comenzó a dar vueltas en círculos, buscando una sudadera para tapar el rastro posesivo que Catnap había dejado en él, con movimientos erráticos y violentos, tropezando con sus propios pies mientras las lágrimas empezaban a desbordarse, comenzando a tener un terror primitivo e instintivo. La sola idea de que sus bebes hubieran estado a merced de Sawyer, le hacía sentir que sus entrañas se retorcían. En su mente se proyectaban imágenes que no pudo controlar, todas las malditas torturas, todos los niños las cuales nunca pudo rescatar. Mientras observaba como se los llevaban e imploraban que los salvaran, recuerdos que hoy en fecha el pobre perrito vivía en constantes pesadillas por la rabia y la culpa de no poder salvar aquellos niños, que fueron transformados bajo las manos de ese maldito doctor maniático. —¡Tengo que ir por ellos! ¡Mis hijos! ¡Mis cachorros! —balbuceaba, hiperventilando al punto de que el pecho le ardía. A su lado, CatNap permanecía estático, pero su silencio era mucho más aterrador. El impacto lo había dejado en un estado de shock catatónico. Sus ojos estaban fijos en Kissy, pero no la veía, estaba procesando la información a una velocidad vertiginosa. Su cola se erizó hasta parecer un mazo de púas y un siseo involuntario, bajo y constante, escapaba de entre sus colmillos. —¿Cómo?... —la voz de CatNap surgió desde el fondo de su garganta, profunda y peligrosa—. Nosotros se los entregamos al Prototipo, ¡A MI PADRE!, ¿Cómo es posible que terminaran con esa peste? La pregunta de CatNap era una mezcla de incredulidad y una traición que empezaba a germinar. Él siempre había seguido al Prototipo como a un dios y un padre, pero ahora estaba altamente confundido por las últimas acciones que su padre había hecho, por supuesto que no cuestiono que se casara con Harley a pesar de sus dudas eminentes, porque realmente creyó ciegamente que ese hombre podría ser feliz a su señor, pero que su progenitor hubiera permitido que sus hijos el fruto de su vínculo con DogDay estuvieran cerca del hombre que convirtió a miles de ellos niños inocentes en esas cosas, provocaba que su fe tambaleara y sintiera en lo más profundo de su ser traición genuina, porque una cosa era él y su relación, pero que estuviera cerca de sus hijos ya era totalmente diferente. Realmente en lo más profundo de su corazón deseaba que esto fuera una total mentira, y que se hubiera equivocado o que Harley las hubiera robado seria lo más creíble, porque realmente no quería enfrentar el hecho de que su padre lo hubiera traicionado de esa forma. Era simplemente doloroso. Kissy Missy, al ver que la situación escalaba hacia un colapso nervioso total por parte de DogDay y un shock inmenso que hacía que la devoción del felino tambaleara, levantó su mano para ordenar que se detuvieran y le prestaran atención. —¡Basta! —ordeno Kissy—. Escúchenme bien, los niños están a salvo. Están con Poppy ahora mismo en su territorio. Ellos están bien por fortuna divina. La mirada de Kissy se clavó en DogDay con una mezcla de lástima y reproche que lo hizo encogerse. —Arréglense ahora mismo. No me hagan repetirlo, pero sus explicaciones mejor que sean perfectas. Especial tú Dogday…Poppy no está solo enojada, está devastada y decepcionada. —Dijo mientras miraba a Dogday ya que realmente a pesar de que el explicara que no sabía, aun así, no podía evitar sentirse decepcionada que prefiriera dejárselos al prototipo que a Poppy o a ella. DogDay, aun temblando y con el rostro empapado en llanto, asintió de inmediato sin poder hablar ya que aún estaba sensible por la noticia y solo quería ver a sus bebes lo más pronto posible, sollozando en voz baja, mientras el miedo extremo se asentaba en su pecho que lo hacía enloquecer. CatNap, por otro lado, solo se relajó mientras fue al baño de su habitación para lavarse y volver a mostrarse calmado, ya que su erección había vuelto a su lugar después de esto, con la mirada perdida en un punto fijo del vacío. Realmente no sabía en que pensar. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆ El aire en los pasillos de la fábrica se sentía más denso a medida que el grupo avanzaba hacia el territorio de la soberana, DogDay caminaba con los nervios a flor de piel, ajustándose constantemente la sudadera que se había puesto a toda prisa, mientras CatNap mantenía una expresión de piedra, aunque su cola se agitaba con espasmos violentos que delataban su agitación interna. Al llegar al umbral del pasillo principal que conectaba con el territorio de Poppy, la atmósfera cambió de la tensión a la hostilidad directa. Dos guardias, cruzaron sus lanzas metálicas bloqueando el paso de forma tajante. —¡Alto! —ordenó uno de ellos con una voz carente de emoción—. Nadie cruza este punto. DogDay se detuvo en seco, parpadeando confundido. Como hijo de Poppy, él siempre había tenido libre tránsito, su presencia era sinónimo de autoridad en esos sectores, en especial porque todos lo sabían, pero por parte de Catnap era todo lo contrario al ser el hijo del Prototipo, el definitivamente tenía prohibida la entrada. —¿Qué significa esto? —preguntó DogDay, con un hilo de indignación mezclado con su pánico—. Soy yo, DogDay. Déjennos pasar, mi madre nos está esperando. Los guardias no se movieron. Uno de ellos clavó la mirada en CatNap con un desprecio evidente, mientras el felino le devolvía la mirada, era evidente que no era bienvenido. —Lo siento, DogDay, pero no puedes entrar. La soberana ha dictado órdenes exclusivas, deben esperarla aquí fuera. —sentenció el guardia. Aunque conocía perfectamente la jerarquía del canino, su lealtad a Poppy era inquebrantable y superior a cualquier lazo familiar. DogDay sintió que aquellas palabras le daban una bofetada de realidad y su pecho subió y bajó en una respiración agitada. —¡Eso es ridículo! —exclamó el canino, dando un paso al frente que fue interceptado por el cruce de las armas de los guardias—. ¡Mi madre nunca ordenaría algo así conmigo! ¡Soy su hijo! Kissy Missy intervino colocó una mano firme pero compasiva en el hombro de DogDay, obligándolo a retroceder un paso. —Ella quiere hablar con ustedes lejos de todos ahí adentro y de los cachorros—dijo Kissy con una solemnidad que caló hondo—. Poppy está... más allá de la furia, esperen aquí. Iré a buscarla. Kissy y Huggy cruzaron el umbral, dejando a la pareja en un silencio sepulcral, custodiados por los guardias que no les quitaban la vista de encima. El ambiente se volvió denso, cargado de una electricidad estática que hacía que el pelaje de DogDay se erizara. El canino comenzó a caminar de un lado a otro, frotándose las sienes con desesperación, quería ver a sus bebes, estaba desesperado su instinto quería correr y asegurarse que estuvieran bien. —¿Cómo fue que pasó esto, CatNap? —susurró DogDay, con los ojos inyectados en sangre—. ¿Por qué mis bebes estaban con ese hombre?, ¡Se supone que El Prototipo los cuidaría!, ¡Sawyer es repugnante! ¡Es el hombre tan vil!, ¿Cómo pudo dejar a nuestros hijos estuvieran a su alcance? CatNap, quieto en su lugar mientras pensaba en lo ocurrido con una calma antinatural, aunque sus propias dudas empezaban a morderle por dentro. —Doggy, cálmate... —dijo el felino con su voz aterciopelada—. Tal vez haya una explicación… si Harley estaba allí, es porque nuestro señor lo tiene bajo su control. Seguramente fue una prueba de valor para los niños, o una forma de enseñarles algo. Él jamás permitiría que les hicieran daño... —Catnap realmente quería convencerse a si mismo con todas sus fuerzas que realmente su padre no fue negligente y no las había expuesto en peligro a sus cachorros, lo adoraba, respetaba tanto que no podía soportar ver esa realidad. DogDay se detuvo en seco. Se giró hacia CatNap con una mirada que pasó del dolor a una ira incandescente en un segundo. El hecho de que CatNap prefiriera buscar excusas teológicas para El Prototipo antes que validar el terror de sus propios hijos fue la gota que derramó el vaso, de todas las malditas veces en donde Catnap lo había elegido a él por muchas cosas. —¿"Bajo control"? —DogDay soltó una carcajada amarga que resonó en el pasillo—. ¡Ese hombre es un monstruo que experimentó con nosotros! ¡Y tú tienes el descaro de defender al Prototipo por dejarlos con él! —¡No lo defiendo, simplemente confío! —replicó CatNap, enderezándose y mostrando los colmillos en un gesto defensivo. — Él sabe lo que hace. Si los expuso, fue por una razón superior que tu mente, nublada por el sentimentalismo de Poppy, no puede procesar. —¡NO ME HABLES DE "RAZONES SUPERIORES" CUANDO SE TRATA DE MIS HIJOS!—le gritó DogDay, señalándolo con el dedo mientras las lágrimas de rabia finalmente caían—. Me enferma que incluso ahora, con la seguridad de Stella, Selene y Sirius dependiendo de un hilo, tu primera reacción sea defender a esa cosa. ¡Prefieres seguir siendo un perro faldero de él antes que ser un padre! CatNap se quedó mudo, impactado por el veneno en las palabras de DogDay. La brecha entre el amor familiar y la devoción religiosa, como su amor familiar que sentía se había convertido en un arma que solo provocaba que se auto impactara, permanecía inmóvil, con la mirada fija en el suelo, procesando el impacto de ser llamado "perro faldero" por la única persona que amaba. Pero antes de que pudiera articular una respuesta o que la ira de DogDay escalara hacia algo irreparable, el eco de unos pasos lentos y rítmicos comenzó a resonar desde el interior del pasillo prohibido. Unos pasos se escucharon y de la penumbra del corredor que conectaba el territorio ajeno, emergió Poppy. Su apariencia era el vivo retrato de una mujer cansada, y fatigada por el terrible día que había tenido. Su vestido, habitualmente impecable, mostraba arrugas de tensión, su cabello tenía mechones rebeldes y su piel parecía más pálida que de costumbre, acentuando las sombras bajo sus ojos. Estaba agotada, drenada emocionalmente, al punto que era sorprendente verla tan decaída, pero a pesar de todo ella caminaba con una rectitud estoica, manteniendo la barbilla en alto como la soberana que representaba. —Retírense —ordenó Poppy a los guardias con una voz gélida y monótona. Los soldados asintieron al unísono, haciendo chocar sus armas contra el suelo en señal de respeto antes de marchar por el pasillo lateral. Cuando sus pasos se perdieron en la distancia, dejando el área sumida en un silencio inquietante, DogDay no pudo contenerse más. Se abalanzó hacia ella, con las manos temblorosas extendidas como si buscara sostenerse en su presencia. —¡Mamá! ¡Por favor, dime algo! —exclamó DogDay, con la voz quebrada—. ¿Dónde están? ¿Están heridos? ¿Qué les hizo ese hombre? He estado a punto de perder la cabeza imaginando lo peor... ¡DIME QUE MIS HIJOS ESTÁN BIEN! CatNap se adelantó también, manteniendo una distancia, pero con una urgencia palpable en su mirada. Aunque no se atrevía a hablar ya que no tenía nada buena que decir con absolutamente todo, su postura tensa exigía una explicación. —¿Qué fue lo que ocurrió realmente allá abajo? —preguntó el felino, su voz vibrando con una seriedad que intentaba ocultar su desconcierto, porque realmente quería saber una explicación. Poppy los miró a ambos, deteniendo su escrutinio un segundo más en CatNap, cuyos colmillos aún asomaban levemente por la tensión anterior. Sus ojos de zafiro, antes cálidos, ahora eran dos trozos de hielo que cortaban cualquier intento de excusa, analizando la situación entendió que ellos no sabían absolutamente nada de lo que el prototipo había hecho, por lo que no podía culparlos ni mucho menos a su hijo, que al ver la sudadera y algunas manchas en su cuello noto de inmediato que habían hecho. —Sus hijos están a salvo —respondió finalmente, permitiendo que un atisbo de suavidad humana se filtrara en su tono solo por un instante—. En este momento están en mis aposentos privados. Kissy Missy se ha quedado con ellos, les está preparando algo caliente para alimentarlos. DogDay soltó un suspiro tan largo que sus hombros se desplomaron, dejándose caer contra el suelo, mientras se cubría el rostro con las manos. El alivio lo golpeó con la fuerza de una ola, pero la paz duró poco. Al levantar la vista y notar que Poppy no hacía ningún movimiento para invitarlo a pasar, su confusión se transformó en una herida abierta. —Gracias a Dios... —susurró DogDay, antes de endurecer el gesto—. Pero, mamá... ¿por qué me tratas así? ¿Por qué los guardias tenían órdenes de bloquearme el paso? Soy tu hijo... Me duele que me trates como a un extraño o un enemigo. Poppy dio un paso hacia él, invadiendo su espacio personal con una presencia que lo hizo sentir pequeño, como el cachorro que solía ser. Cuando los primeros días en donde estaba en ese cuerpo lloraba y pedía por alguien quien fuera, para que lo protegiera, sin saber que su vida cambiaria drásticamente, cuando de su llamado había acudido aquella muñeca que, saltando los protocolos de los laboratorios, ella había decidido adoptarlo y criarlo como suyo. —Te prohibí el paso porque lo que tengo que decirles requiere que seamos solo nosotros tres. —sentenció Poppy, mientras tomaba los hombros de su pequeño cachorro, al mismo tiempo que subía su mano para limpiar la mejilla de Dogday que solo se dejó acariciar mientras cerraba sus ojos, permitiendo que su adorada madre le diera un poco de consuelo. Por supuesto que le dolía enormemente hacerlo sentir miserable, pero realmente era necesario para poder poner orden ante lo ocurrido con su contrario. La muñeca se giró para incluir a CatNap en su mirada castigadora, al mismo que se separaba para poder hablar. —Por lo que se, ustedes dos dejaron a cargo de mis nietos al Prototipo para que los cuidara, pero este en vez de cuidarlos, tomo la estúpida idea de llevar a mis nietos con Harley y dejarlos a su cuidado. —Expreso Poppy explicando lo que había pasado. —Cuando me enteré, vine lo más rápido posible para sacar a los cachorros de ahí, por fortuna están bien y no paso a mayores… La mención de que el Prototipo había permitido aquel encuentro no solo por negligencia bestial fue un golpe bajo para todos los presentes, fue la chispa que terminó de incendiar la paciencia de DogDay. El canino, que siempre había sido el mediador, el rostro de la alegría y la esperanza estalló con una furia que hizo que desconcertó a su conyugue pero para Poppy era un hecho que tendría esa reacción. —¡¿POR QUÉ?! —gritó DogDay, golpeando el suelo con su pie—. ¡¿POR QUÉ HARÍA ALGO TAN ESTÚPIDO?! ¡ÉL SABE QUIÉN ES HARLEY! ¡ÉL SABE LO QUE NOS HIZO A TODOS LOS JUGUETES! ¡¿Cómo puede ser tan ciego, tan... tan cruel de exponer a Stella, Selene y a Sirius a ese monstruo?! Poppy no retrocedió ante el estallido de su hijo. Se quedó callada, observándolo con una mezcla de lástima y frialdad. Lentamente, negó con la cabeza, y por un segundo, porque ni ella misma sabia los motivos del Prototipo, más la patética excusa que porque era familia y aun así seguía sin creerlo. —No lo sé, DogDay —susurró ella, y su voz sonó más cansada que nunca—. Ni yo misma puedo entender sus motivos y sinceramente ni siquiera quiero comprenderlos, para que me empape de su estupidez. Poppy desvió su mirada azulada hacia CatNap. El felino se mantenía en las sombras, con la cabeza baja y los hombros tensos. Estaba inusualmente callado, envuelto en un aura sombría que delataba que la traición de su "Dios" le estaba calando hasta los huesos, aunque se negara a admitirlo en voz alta. —¿Y tú, CatNap? —preguntó Poppy, con un tono cargado de desafío—. Estás muy callado. Tú, que siempre tienes una palabra de adoración para él... ¿qué opinas de que tu padre expusiera a tus hijas a tu victimario? CatNap tardó en responder. Su cola se agitó con un espasmo violento antes de que levantara la vista. Sus ojos estaban nublados, brillando con una fe que luchaba desesperadamente por no extinguirse ante la evidencia de los hechos. —A lo mejor... —comenzó CatNap, y su voz sonó ronca, casi suplicante—. A lo mejor mi padre tenía un motivo. Una razón superior que nosotros no vemos. Quizás necesitaba algo de Sawyer para protegernos a todos y sabía que él no se atrevería a tocarlas bajo su vigilancia. Mi padre no haría algo tan estúpido como poner la vida de sus nietos en peligro real... tiene que haber una explicación. Poppy soltó un suspiro cargado de una decepción tan profunda que hizo que CatNap se encogiera. —La fe es un escudo muy útil para no ver la realidad, CatNap —dijo ella, mirándolo con desprecio—. Pero sea cual sea la justificación que él te dé, o que tú te inventes para poder seguir durmiendo de noche, eso no cambia las consecuencias. —Dicho esto Poppy solo suspiro para dar su veredicto ante esta situación tan desesperante. —Escúchenme bien los dos, el Prototipo ha perdido el derecho de ver a sus nietos. A partir de hoy, tiene prohibido cualquier contacto con ellos, exponerlos a ese tipo de peligro habla mucho de sus decisiones y no quiero perder a mis nietos por esto. —Sentencio Poppy dejando en claro su punto, lo que impacto a ambos aunque más a Catnap que a Dogday, que sentía en su interior que era lo mejor y correcto, después de escuchar sobre lo que hizo. Por supuesto que siempre vería el bien por sus hijos, antes que pro cualquier cosa y si eso significaba cortar permanentemente el contacto de sus hijos con el Prototipo, entonces Dogday lo haría para protegerlos. Porque al saber que Harley estaba con ellos solo por unos segundos, le causo un pánico terrible que simplemente no podía explicar. El silencio que siguió fue breve y volátil, roto por un rugido gutural que emanó desde lo más profundo del pecho de CatNap. El felino, cuya devoción al Prototipo era parte de su existencia y el miedo real de haber sido decepcionado lo rompieron, sintió que el mundo se resquebrajaba. Sus pupilas se contrajeron hasta ser meras rendijas negras. —¡¿CÓMO TE ATREVES?! —estalló CatNap, dando un paso al frente mientras sus garras se extendían de forma involuntaria, arañando el suelo metálico con un chirrido insoportable—. ¡TÚ NO TIENES EL PODER PARA DICTAR ESO!, ¡NO ERES LA MADRE DE MIS HIJOS, POPPY!, ¡NO PUEDES DECIDIR SOBRE VER A SU ABUELO SOLO PORQUE LO ODIAS! Llevado por una mezcla de indignación religiosa y una furia ciega, aunque él no sabía porque estaba furioso, si por él por internamente seguir creyendo por él, o por su padre que hizo lo que hizo o por no saber que hacer, CatNap se encorvó, listo para lanzarse contra la soberana, con los músculos tensos para un ataque que buscaba silenciar la autoridad de Poppy. Sin embargo, antes de que pudiera saltar, una figura se interpuso con una rapidez y firmeza inesperadas. —¡NI SE TE OCURRA, CATNAP! —gritó DogDay, plantándose frente a su madre, bloqueando el camino del felino. DogDay ya no temblaba. El pánico que lo había consumido momentos antes se había cristalizado en una determinación feroz. Sus ojos, rojos por el llanto, pero cargados de una autoridad que pocas veces mostraba, desafiaron directamente a su pareja. —No te atrevas a tocarla —sentenció el canino, con la voz vibrando de una rabia contenida—. ¡ELLA ES MI MADRE!, Tuvimos suerte que ella estuviera aquí, para salvar a nuestros hijos, Catnap. Además ella tiene razón, si el prototipo permitió que se acercaran a un monstruo y que convivieran con él, entonces es un claro ejemplo que no es digno de volver a cuidar a mis cachorros. —Expreso el perrito mientras le mostraba sus caninos a su amado felino y ahora muy decepcionante conyugue que de nuevo imponía la voluntad de ese dios por sobre el bien estar de sus cachorros. — Yo soy la madre de esos niños, CatNap, y te lo digo aquí y ahora, ¡NO PERMITIRÉ QUE VUELVAN A ESTAR CERCA DEL PROTOTIPO! CatNap retrocedió un milímetro, impactado por la confrontación directa de DogDay. La traición que sentía era doble, la de su "Dios" al fallar en la protección, y la de su pareja al elegir el bando de la pelirroja. Poppy, que no se había inmutado ante el intento de ataque de CatNap, dio un paso al frente, asomándose por encima del hombro de DogDay. Su mirada no era de odio, sino de una tristeza tan profunda que resultaba sofocante. —Escúchame bien, CatNap, porque este es el único aviso que recibirás —dijo Poppy, con una voz suave pero cargada de advertencia—. Es momento de que decidas seriamente qué es lo que quieres ser. ¿Quieres seguir siendo el siervo ciego de aquel dios? ¿O quieres ser el padre que siempre soñaste ser para Stella, Selene y Sirius? Poppy suspiró, y por un instante, su mirada se perdió en el vacío, evocando fantasmas de un pasado que aún le dolía el pecho, y le daba pesadillas a pesar de los años pasados. —No permitas que tu devoción domine sobre la seguridad de tus hijos. No pierdas a tus hijos por seguir las ideas erróneas de tu padre. Porque si no... te arrepentirás toda tu vida, porque el vacío de un hijo perdido nunca se llena. Sin esperar una respuesta, Poppy se dio la vuelta con elegancia soberana. El movimiento de sus faldas marcó el fin de la audiencia, ya que ahora debía dejar que ellos hablaran a solas. —Ustedes dos necesitan hablar…—Dicho esto ella miro a su querido Dogday que se notaba acomplejado y herido en todas las maneras posibles. Deseaba consolarlo como lo haría una madre con su cachorro, pero sabía que no era el momento adecuado. Poppy desapareció por el pasillo, dejando a DogDay y CatNap solos en la penumbra. El silencio que quedó era una herida abierta, palpitante, entre dos padres que se amaban pero que ahora se encontraban en orillas opuestas de una guerra que apenas comenzaba. El eco de los pasos de Poppy se desvaneció, dejando un vacío gélido que solo era llenado por la respiración entrecortada de DogDay. CatNap permanecía inmóvil, con la mirada perdida en la dirección por la que la soberana se había marchado, sus garras aún rozaban el suelo, pero la tensión en sus hombros había pasado de la agresividad a una rigidez defensiva, como si estuviera tratando de contener el colapso de su propio mundo. DogDay rompió el silencio, dejando ver la vulnerabilidad de alguien que siente que está perdiendo lo único que le da sentido a su existencia. Se acercó un paso, lo suficiente para que la luz del pasillo iluminara las lágrimas que volvían a surcar su rostro, y el pánico de sentir que Catnap volvía a elegirlo a él sobre su propia existencia. —Mírame, CatNap… por favor —susurró DogDay, con la voz quebrada en un ruego—. No quiero pelear contigo, y tampoco quiero que estemos de nuevo en diferentes bandos. El felino giró la cabeza lentamente. Sus ojos, antes encendidos por la furia, ahora se veían nublados, reflejando una lucha interna que lo estaba desgarrando, porque para él tampoco era sencillo asimilar toda esta maldita información. —CatNap, sé lo que él significa para ti. Sé que lo ves como un salvador, como el padre que te dio una razón para seguir adelante cuando todo era oscuridad —DogDay dio otro paso, acortando la distancia hasta quedar frente a frente—. Pero ahora nosotros somos tu realidad. Stella, Selene, Sirius… y yo. Nosotros somos tu familia ahora. DogDay extendió una mano temblorosa, tocando apenas el brazo de CatNap, buscando una conexión que parecía estar desvaneciéndose. —Te lo ruego, no me defraudes otra vez —dijo seriamente y entre ruegos el perrito con la mirada rota, porque tenía tanto miedo de que Catnap no lo eligiera, porque lo amaba tanto que no sabría si podría perdonar una traición nueva, con una intensidad que hizo que CatNap se tensara—. Esta vez, elígenos a nosotros. Nuestros niños necesitan a su padre, y yo… yo necesito a mi compañero. DogDay bajó la cabeza, y el primer sollozo escapó de su pecho, sacudiendo todo su cuerpo. Se aferró al brazo de CatNap con desesperación, ocultando su rostro contra su hombro, rindiéndose ante el peso de la angustia. —Por favor… elige estar con nosotros. Solo… elígeme a mí.—rogó entre sollozos, transformando su voz en un ruego desesperado que llenó el pasillo de una tristeza absoluta, porque el cachorro solar estaba tan herido en su alma, por todo lo vivido y las traiciones que el cometió a su persona en el pesado la cual perdono con el tiempo, esperanzado que cuando se juntaron y dieron vida a sus hijas cambiara por completo su futuro—Te lo suplico, CatNap… quédate de nuestro lado. Uno jamás debería rogar por amor o por atención, sin embargo, las enseñanzas que alguna vez su madre le dio fueron quemadas al fuego para Dogday que en medio de su desesperación, quería aferrarse a su pareja y recibir su amor y de su atención a como diera lugar. Tal vez ya también estaba roto, o tal vez porque seguía teniendo inseguridades sobre su propia autoestima, pero simplemente no podía pensar un futuro sin Catnap a su lado, pero si era necesario por el bien de sus hijos tendría que alejarse. CatNap sintió el calor de las lágrimas de DogDay empapando su pelaje. El conflicto en su interior era una tormenta, por un lado, la lealtad y el amor grabada a fuego hacia su padre, por el otro, el amor visceral por Dogday que lo había hecho sentir vivo y más teniendo a sus cachorros. CatNap se quedó paralizado por un instante, sintiendo cómo el llanto de DogDay vibraba contra su pecho, rompiendo la poca cordura que tenía y termino por derrumbarse El conflicto interno no era una simple duda, era una fractura profunda en su misma esencia. Lentamente, como si sus brazos pesaran toneladas, rodeó a DogDay con fuerza, enterrando el rostro en su cuello y permitiendo que unas lágrimas silenciosas y amargas humedecieran el pelaje naranja de su pareja. El ronroneo que soltó no fue de placer, sino un sonido roto, un lamento que buscaba consuelo en medio del caos. —No sé qué hacer, Dogday... —confesó CatNap con un hilo de voz, una vulnerabilidad que rara vez mostraba a nadie—. Mi mente está en caos, no entiendo cómo pasó esto, no sé por qué mi padre tomó esas decisiones... pero el vacío que siento ahora mismo me está devorando. Una parte de mí necesita ir con él, y que me explique por qué puso en peligro lo que más amo. Pero la otra... la otra tiene tanto miedo de perderte a ti y a los niños que apenas puedo respirar. DogDay escuchó aquellas palabras y, en lugar de sentir el consuelo del abrazo, sintió cómo el frío de la decepción se instalaba definitivamente en su corazón. La mención de que aun quería saber la verdad del Prototipo actuó como un veneno. Esperaba una elección inmediata, un "me quedo con ustedes", pero lo que recibió fue la confirmación de que CatNap seguía atado por hilos invisibles a la voluntad del Prototipo. Con un movimiento brusco y cargado de dolor, DogDay se separó, rompiendo el abrazo como si el contacto físico le quemara. — Incluso ahora... —hablo DogDay con una risa amarga y entrecortada, limpiándose las lágrimas tratando de calmarse incluso un poco—. Sigues buscándolo… Mis hijos estuvieron a lado de un monstruo. DogDay negó con la cabeza repetidamente, retrocediendo hacia eo territorio de Poppy. Sus ojos, antes llenos de amor, ahora reflejaban una herida que parecía irreparable. El cachorro solar, aquel que siempre encontraba luz en la oscuridad, se veía ahora como un eclipse total, apagado y frío. —Te daré una oportunidad, CatNap. Solo una —sentenció DogDay, tratando de controlar los sollozos que amenazaban con asfixiarlo—. Ve con él. Busca tus respuestas. Escucha sus mentiras o sus verdades. Pero cuando regreses, tendrás que darme una respuesta definitiva. Y reza para que esa respuesta sea la correcta, porque no volveré a rogarte por el lugar que deberíamos ocupar en tu vida por derecho propio. El Ultimátum fue dado por aquel Smalling critter tan sereno y brillante, que ahora actuaba por instinto materno, para proteger a su descendencia y el amor que sentía por sí mismo y a los suyos, buscando protegerse aun incluso si fuera de su pareja, pero Dogday ya estaba harto de esperar que el reaccionara, por lo que decidió poner todo sobre la mesa para que hiciera su elección una vez por todas. CatNap intentó dar un paso hacia él, extendiendo una mano, pero la mirada de DogDay lo detuvo en seco. Era una mirada de despedida. —Me quedaré con Poppy. Estaré con mis hijos, donde pertenezco. Tú decide si eres un padre o seguir sirviendo al Prototipo. —DogDay se abrazó a sí mismo, sintiéndose sucio y roto por el contraste entre su pasión anterior y la tragedia actual. DogDay se dio la vuelta y comenzó a caminar por el pasillo, alejándose hacia la seguridad del dominio de su madre. Sus hombros se sacudían violentamente mientras se abrazaba a sus costados, tratando de mantener sus pedazos unidos en un esfuerzo sobrehumano. Cada paso que daba lo alejaba más de la sombra de CatNap, dejándolo atrás en la penumbra. CatNap permaneció allí, solo, en medio de la oscuridad del corredor. Se sentía agobiado, confundido y, por primera vez en su vida, verdaderamente perdido. Miró hacia el umbral por donde DogDay había desaparecido y luego hacia la oscuridad que conducía a las profundidades del territorio del Prototipo. El peso de la lealtad y el peso del amor tiraban de él en direcciones opuestas, amenazando con desgarrarlo físicamente, mientras el eco de los sollozos de DogDay seguía martilleando en su conciencia como una sentencia de muerte para su felicidad. Y ahora por primera vez en su vida, tendría que elegir con quien estar. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆ Los pasos mecánicos comenzaron a escucharse desde el eco de los pasillos desolados, que antes fueron espectadores de una dura carnicería entre humanos y juguetes, las cuales aquellos demonios desaparecieron ante la monstruosidad de la rabia impregnada que poseían aquellos juguetes que fueron víctimas de ellos. El Prototipo se deslizaba sobre su territorio, dejando la destrucción a su paso en aquel concreto que no podía con su peso. Las luces cenitales parpadeaban a su paso, como si la propia infraestructura de la fábrica temblara ante la presencia de su dios oscuro, aquel bufón creador de uno de los eventos más aberrantes en la existencia de esta fábrica que ahora era una prisión sofocante. Tras el caos desatado en la prisión y la partida de Poppy con los niños, el Experimento 1006 como era llamado por sus antiguos secuestradores, decidió retirarse a su aposento más privado e íntimo. Arrastrándose con una lentitud solemne hacia los niveles más profundos de la estructura. Finalmente, se detuvo ante una puerta que no se parecía a ninguna otra en la zona industrial, pasando por un tipo de puente metálico que sostenía su peso, para ir directo a esa puerta en especifica, que poseía un dibujo bastante interesante decorando su estructura. Allí, pintada con una técnica que mezclaba la obsesión con el amor, se alzaba una enorme flor de amapola. Los pétalos rojos, vibrantes a pesar de la pátina de suciedad, parecían sangre derramada sobre el lienzo de la pared. Era la misma flor que su "padre", Elliot, había estudiado con fervor místico, creyendo que en su savia residía el secreto de la vida eterna, de la resurrección de lo que se había perdido. Para el Prototipo, esa flor no era solo un símbolo botánico, era el recordatorio de su génesis, del dolor de ser traído a un mundo que no estaba listo para él y de la mano que alguna vez acarició su frío exterior antes de que el mundo se volviera ceniza. El Prototipo extendió su mano de metal, rozando con la punta de sus dedos mecánicos el centro oscuro de la flor que el mismo pinto hace años atrás. El contraste era poético y macabro, la creación más perfecta y monstruosa de la fábrica tocando la representación de la belleza que impulsó su creación. Con un movimiento casi reverencial, su garra se deslizo hasta el pomo de aquella puerta y de forma mecánica lo giro para entrar, suavemente comprimiendo su cuerpo para no romper nada, hasta tocar con sus patas arácnidas el suelo con pasos ligeros, como si a pesar de la destrucción que dejo atrás aun así en ese lugar, se esforzara por mantenerlo intacto. Al entrar, el aire cambió. Ya no olía a podredumbre, a sangre y desesperación, sino a un polvo antiguo y al eco de un perfume floral que se negaba a morir. Estaba en el sanctasanctórum de su memoria, la antigua oficina de Elliot Ludwig aunque la realidad, era que no parecía una oficina más bien un departamento olvidado con el tiempo. Aquel lugar era un mausoleo de lo que alguna vez fue humanidad. El Prototipo avanzó hacia el centro de la habitación, ignorando los muebles polvorientos, pudo ver una sala, una cocina y un baño al fondo. Pero su verdadera atención no fue en la comodidad que se sentía ante aquella vista confortante, si no en una habitación en específico. El Prototipo se desplazó con una agilidad fantasmal. Cruzó la estancia principal, dejando atrás la cocina silenciosa y la sala detenida en el tiempo, hasta llegar a la habitación situada al fondo, a mano derecha. Al empujar la puerta, revelando un santuario de ternura que contrastaba violentamente con la naturaleza de su ser. El lugar estaba decorado con una delicadeza que recordaba a un sueño hogareño. Grandes colchones, dispuestos con cuidado en el suelo para adaptarse incluso a su imponente y desproporcionado tamaño, formaban un nido de descanso en el centro. Las paredes no eran frías ni grises, estaban bañadas por un mural de estrellas pintadas a mano que parecían tiritar bajo el polvo. Al elevar la mirada, el techo revelaba un cosmos artificial, figuras de lunas crecientes, soles radiantes y constelaciones de madera colgaban de hilos invisibles, meciéndose apenas con el cambio de presión al abrir la puerta. Se acercó a los muebles laterales, donde una pequeña biblioteca personal guardaba volúmenes de cuentos infantiles junto de otros tipos de libros, que la propia Poppy había recolectado para su retoño que había sido tan curioso en esos entonces. Al lado, un ropero de madera oscura se alzaba como un centinela silencioso. Oliver detuvo su garra a centímetros del mueble, pero no se atrevió a abrirlo, sabía que el peso de lo que había dentro las ropas ajenas sería suficiente para desmoronar la poca estabilidad que le quedaba tras el altercado con la otra soberana. —El aroma... —siseó Oliver, mientras su ojo se pagaba hasta quedar la oscuridad perfecta, buscando la calma. Frente a él, el aire estaba impregnado de una fragancia melancólica, una mezcla de flores, jabón viejo y el calor residual de esa calidez. Era el olor de la seguridad, el perfume de una época en la que no era un experimento, ni un dios, solo un padre y un esposo de voto. Aquel aroma hizo que su corazón se sintiera pesado, una presión insoportable en el pecho que simulaba el dolor de un corazón humano rompiéndose bajo el peso de los recuerdos. Se quedó estático, convertido en una montaña de chatarra y pesadumbre en medio de aquel cuarto celestial. En ese refugio olvidado, el soberano de aquel lugar solo se dejó llevar por sus recuerdos tan preciosos guardados en el rincón más oculto de sus memorias. Permitiéndose sentir de nuevo un poco de lo que fue su vida. * º ❀ * º No pudo evitarlo, una risa sonora y cargada de una felicidad infinita escapó de sus labios, un júbilo tan puro que parecía desafiar a cualquier fuerza del destino que osara arrebatárselo. La Diosa Roja reía entregada al descanso sobre aquella cama monumental, que por supuesto no fue hecha para su tamaño, pero aun así ella lograba encajar con una armonía absoluta, transformando el espacio en su nido personal en donde podía tener paz. Su larga cabellera rojiza se expandía sobre las sábanas como una cascada de lava ardiente. Para Oliver, resultaba hipnótico observar cómo cada mechón se deslizaba sobre la tela, creando un contraste tan hermoso que se volvió un espectáculo visual que lograba cautivarlo por completo Diosa divina, mujer adorada, la cual acariciaba con las palmas de sus manos con un fanatismo religioso y la delicadeza etérea contra su espalda, mientras su otra mano tomaba parte de sus muslos desnudos, para presionar y acariciar su piel tan suave que aunque pareciera de porcelana, mucho lejos de la realidad Elliot le había impuesto carne hibrida biotécnica, la cual por mucho le daba aquella palidez de una muñeca perfecta, no podía evitar restregar su cara contra el pecho de la divina, mientras ella soltaba jadeos suaves llenos de júbilo y de un deseo bastante íntimo. Ella correspondió a su afecto con un abrazo que podía curar cualquier sentimiento mal herido, las manos de ella, que inicialmente descansaban sobre los hombros de él, emprendieron un lento viaje por la vasta extensión de su espalda desnuda, para explorar también su piel sintética hasta que sus dedos tocaron los tubos de escape, la cual ella por deseo no pudo evitar acariciar parte de esa anatomía monstruosa. Sus yemas recorrieron el frío metal incrustado en la carne artificial, trazando la complejidad de una maquinaria que para Oliver representaba un recuerdo de agonía, pero que para ella era una maravilla de diseño que la mantenía profundamente fascinada, ante su cuerpo tan complejo. En especial cuando ella deseaba explorarlo cada noche. —¿No te duele? —Aquella voz, suave y densa como un bálsamo, logró que Oliver reaccionara. Con lentitud, se incorporó apenas sobre el refugio de sus pechos desnudos, donde momentos antes yacía acurrucado en una dicha absoluta. Al alzarse, la perspectiva le devolvió una visión que le cortó el aliento: ella, entregada y vulnerable bajo su imponente anatomía. A esa hembra tan deliciosa desnuda ante él. Cada curva de su cuerpo parecía haber sido esculpida con una intención divina, desde la definición sinuosa de su talle hasta la amplitud de sus caderas, que con su sola presencia dictaban una invitación silenciosa a la posesión, para tomarla, apretarla y embestirla. Sobre su torso, sus pechos, de una redondez perfecta que lo hacía ver regordetes, se notaban pesados, cargados de leche que delataba su naturaleza de madre y el vínculo con su cachorro se mecían con un ritmo hipnótico ante el más mínimo movimiento, y ni hablar de aquellos pezones erectos por el frio, que tentaba a morderlos o lamerlos, desafiando la fijeza de su mirada y reavivando el fuego de un deseo que se negaba a morir. Pero lo que más cautivaba su mirada eran aquellas constelaciones galácticas que, en forma de pequeños lunares, salpicaban su piel sobre sus pechos cargados, para Oliver, cada una de esas motas oscuras representaba un pilar sagrado en el templo de su devoción. Ella lo observaba con una mezcla embriagadora de preocupación y un deseo apenas contenido, mientras sus labios, de un rojo profundo y tentador, resplandecían bajo el rastro húmedo de su saliva. Eran esos mismos labios los que, con cada beso, lograban que la voluntad del Prototipo se derritiera como cera al fuego, y ahora, al verlos brillar ante él, sentía la urgencia primitiva de volver a reclamarlos con la lengua una vez más. Ambos se encontraban acostados en aquella cama que él había hecho, Oliver se mostraba también despojado de todo, completamente desnudo ante ella, mientras su parte arácnida se encontraba acostada en el resto de la cama y su parte humanoide, se entrelazaba con el cuerpo de ella, ya no toleraba la barrera de su traje de bufón, esa prenda que le impedía el roce directo de su piel contra la diosa. Necesitaba sentir su calor sin interferencias, rindiéndose como un adicto al magnetismo de su toque y a la pureza de aquel encuentro carnal. Aunque por parte de él aún tenía su gorro, ya que estaba tan acostumbrado a él como si fuera parte de su piel. Oliver permaneció en silencio, cautivado por la belleza absoluta que emanaba de su hembra, estaba tan absorto en la adoración de cada uno de sus detalles que el mundo exterior dejó de existir, porque estaba enamorado de ella que sentía que no podía creer que la tuviera aquí mismo con él. Fue solo el roce de la mano de Poppy lo que logró devolverlo a la realidad. Al sentir la calidez de su palma contra la mejilla, él se abandonó por completo a su tacto, hundiéndose en la caricia con la devoción de un siervo fiel ante su soberana, anhelando en silencio que ella nunca dejara de tocarlo. —¿Esta todo bien? —Pregunto ella mientras acariciaba con la delicadeza que ella le daba que hacía que se sintiera eternamente seguro. Aquella pregunta, cargada de una ternura que él sentía no merecer, vibró en el aire como una melodía sagrada. Oliver en vez de dar una respuesta este solo asintió ante su pregunta, afirmando su bien estar, mientras soltaba un suspiro lleno de alivio y parsimonia. —Solo estaba pensando…—La voz de Oliver se escuchó en una calma bastante humana, no utilizaba su habilidad de mimetismo vocal, solo fue suave y de un adulto— En lo mucho que le agradezco a Elliot por haberte traído a la vida, porque solo así se me permitió cumplir mi mayor deseo contigo… Se inclinó hacia delante, acortando la distancia hasta que su frente rozó la de ella. El contraste era absoluto, la piel gélida y la estructura rígida del Prototipo frente a la suavidad febril y la vida que emanaba de Poppy. Oliver se permitió embriagarse con el aroma florar y leche que desprendía el cuerpo de su hembra, sintiendo cómo el caos de su mente se ordenaba bajo la simple caricia de ella. —Ahora nos pertenecemos Poppy…—Continuó Oliver, deslizando su mano hacia arriba para enmarcar el rostro de ella, grabando cada cm de ella hasta esas constelaciones de lunares que decoraban su piel. —Por toda la eternidad. El ojo de Oliver brillo con una intensidad renovada, una mezcla de adoración religiosa y un hambre carnal que volvía a encenderse. No era solo la paz lo que buscaba en ella, sino la redención. Al sentir el peso de los pechos de ella contra su pecho desnudo, su entrega a ella era absoluta y su amor que rozaba a lo enfermizo se volvía la respuesta de todo. Mientras Poppy escuchaba tan bellas palabras que la dejaban alucinada. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, azulados como el cielo mismo, reflejando la pureza de un alma que se entregaba sin reservas a aquel momento. La limerencia que ambos compartían, ese estado de adoración obsesiva y devoción absoluta parecía haber detenido el tiempo dentro de las paredes de su santuario privado. Poppy extendió sus manos y tomó las mejillas de Oliver con una delicadeza reverencial. Lo obligó a sostenerle la mirada, queriendo que él viera cada pizca de la verdad que guardaba en su interior. A pesar del llanto que surcaba su rostro, una sonrisa radiante se abrió paso, mostrando sus dientes en un gesto de felicidad tan genuina que resultaba casi dolorosa. —Te amo, Oliver... —Exclamo Poppy con la voz rompiéndose en un susurro cargado de una sinceridad etérea, mientras sus mejillas se sonrojaban y ella no podía evitar que su corazón se acelerara con fuerza hasta martillear su pecho. —Te amo, ¡te amo tanto~♡! Al escuchar aquel "te amo" brotar de los labios de Poppy, El Prototipo experimentó una parálisis emocional que detuvo por completo sus propios pensamientos. Para un ser que había sido definido por el dolor, el aislamiento y el control, aquellas palabras fueron la culminación de todo, siendo un regalo, una recompensa por su propio sacrificio al traerla a la vida. Un estremecimiento recorrió por cada vena de su ser, estremeciéndolo de esa serotonina adictiva, estaba siendo amado por la criatura que él consideraba su divinidad. Su respiración, usualmente un proceso mecánico y frío, se volvió errática y pesada, mientras un calor que amaba inundaba su pecho, justo donde la piel de ella presionaba contra la suya. Fue una rendición absoluta, en ese segundo, el monstruo temido por todos se desvaneció, dejando en su lugar a un ser que, por primera vez, se sentía completo y redimido ante la mirada de su adorada pareja. Poppy no se detuvo, como si las palabras no fueran suficientes para contener el torrente de su amor. Se inclinó hacia él y depositó un beso tierno y prolongado en su frente, justo bajo el borde de su gorro. —Te amo ~♡—susurró de nuevo contra su piel. Luego, sus labios se desplazaron con la ligereza de un pétalo hacia la comisura de su ojo, besando el rastro de la humedad que allí se acumulaba.—Te amo~♡ —repitió, antes de cubrirle las mejillas y cada centímetro de su rostro con besos erráticos y fervientes. Oliver finalmente estaba habitando la vida que siempre creyó inalcanzable. Aquellos anhelos desesperados que su niño interno, roto por el dolor y el abandono, había guardado en el rincón más oscuro de su ser, se materializaban ahora con una nitidez abrumadora. Tener a esa criatura de entregada a él, sintiendo sus labios reclamar cada parte de su cuerpo y su amor envolviéndolo sin condiciones, provocaba en su núcleo una marea de emoción que amenazaba con desbordar su naturaleza posesiva. Finalmente, sus labios encontraron la boca de él. Fue un contacto inicial suave, pero cargado de una electricidad que hizo que aquel experimento perdiera el último rastro de su control. Oliver soltó un gemido sordo que vibró desde lo más profundo de su tórax y, dejándose llevar por un hambre atávica, abrió la boca para recibirla. Su lengua se hundió en la de ella con una urgencia desesperada, reclamando su espacio, saboreando la dulzura y el calor que solo Poppy podía ofrecerle. En un movimiento fluido y posesivo, Oliver la rodeó con sus brazos humanoides mientras su parte arácnida se tensaba sobre el lecho, hundiéndola con delicadeza, pero con firmeza contra las sábanas y los colchones. La presionó contra su cuerpo, buscando eliminar cualquier átomo de aire que los separara, queriendo que sus pechos cargados se aplastaran contra su propio pecho desnudo para sentir el latido de sus corazones fundiéndose en uno solo, para él, ese contacto era la única prueba de que no estaba soñando, sintiendo cómo su ser, antes fragmentado por el trauma, finalmente encontraba una cohesión sagrada. En ese abrazo, la limerencia que los unía alcanzó su punto álgido, ella sentía la fuerza bruta de su protector transformada en adoración, mientras él experimentaba la gloria de ser reclamado por su diosa, estallando ambos en una comunión donde el dolor del pasado se disolvía ante la inmensidad de su amor infinito. —¡¡WUAAAAAAAAA!! —Sin embargo, la armonía de aquel estallido emocional fue interrumpida por un llanto vigoroso y exigente que rasgó el silencio sagrado de la habitación. El sonido, agudo y cargado de una vitalidad primitiva, obligó a que ambos se separaran lentamente, mientras un hilito de saliva unía sus lenguas al jadear rítmicamente, por la falta de aire, rompiendo el sello de sus cuerpos para regresar a una realidad compartida. A un costado de la cama monumental, se alzaba una cuna de madera tallada de la cual provenía el lamento del pequeño cachorro. Poppy soltó una risa suave y melódica, un sonido que denotaba una ternura infinita ante la interrupción de su cachorro. Oliver, por su parte, se dejó caer de espaldas sobre el colchón, con el pecho subiendo y bajando mientras su corazón aún martilleaba con fuerza contra sus costillas. Aunque su rostro permaneciera en un gesto eterno, por dentro no pudo evitar que una sonrisa interna iluminara su consciencia al escuchar la voz del ser que había formado junto a ella, era el recordatorio viviente de que estaba viviendo su sueño. —Parece que alguien ya ha despertado. —mencionó Poppy con voz dulce mientras se incorporaba. El Prototipo no le quitó la mirada de encima, saboreando visualmente la silueta de ella mientras caminaba hacia la cuna con una gracia natural. Observó el movimiento de sus caderas y la curva de su espalda, la cual aquellos preciosos lunares decoraban su piel, fascinado por la transición de diosa amante a madre protectora. Con movimientos expertos, Poppy hundió sus brazos maternales en la cuna y tomó entre ellos a su precioso bebé, quien venía envuelto en una suave cobija decorada con el mismo motivo de estrellas y lunas que adornaba el techo. Al verlos juntos, Oliver sintió que el peso de su pasado desaparecía por completo, reemplazado por la visión de su pequeña familia bajo el cosmos artificial de su refugio. Poppy regresó al lecho con pasos lentos y rítmicos, acunando contra su pecho el pequeño bulto que era la razón de su mayor orgullo. Se acomodó de nuevo en medio de la cama, situando al pequeño en el espacio sagrado entre ella y Oliver, mientras una risa cristalina brotaba del bebé al sentir la cercanía de sus padres. Ella se veía radiante, desbordante de un júbilo que iluminaba su rostro más que cualquier estrella. El Prototipo, aún recuperando el aliento, fijó su mirada en la cobija. De entre los pliegues de tela, sobresalían dos manitas minúsculas de una piel tan blanca y pura como la de ellos, las extremidades se agitaban con una energía caótica, intentando atrapar el aire en un juego inocente que Oliver encontraba hipnótico. Movido por una curiosidad que rayaba en la reverencia, Oliver extendió una de sus manos humanoides. Sus dedos con esas largas cuchillas afiladas, temblaron apenas mientras intentaba apartar suavemente la manta para descubrir el rostro de su hijo. Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, una de las pequeñas manos del bebé se cerró con fuerza instintiva alrededor de uno de sus dedos largos. La reacción fue inmediata, el Prototipo se paralizó por completo. El contacto de esa piel cálida y diminuta contra su estructura sintética envió una descarga de emocione que aún se le dificultaba identificar. Al sentir la fragilidad y, al mismo tiempo, la firmeza con la que su cachorro lo agarraba, Oliver dejó de ser el arma definitiva para convertirse simplemente en un padre, cautivo de la fuerza más poderosa que jamás había encontrado. —Jaja, mira Oliver... ¡Está sonriendo! —La voz de Poppy, vibrante y cargada de una alegría maternal, rompió el trance en el que él se encontraba. Al levantar la mirada, Oliver contempló una imagen que quedó grabada en su memoria como una pintura sagrada, Poppy reía con suavidad, sus ojos azulados resplandeciendo de orgullo mientras observaba a su pequeño jugar con el dedo de su padre. Con un movimiento delicado, ella terminó de apartar la cobija para descubrir el rostro del recién nacido. El Prototipo fijó su atención en su cachorro, pero por un instante, su visión pareció nublarse, la carita del pequeño se veía borrosa ante sus ojos, como si la magnitud de su propia creación fuera algo que su mente, apenas pudiera procesar o recordar en su totalidad, ya sea por el dolor que le causaba. —Maldita seas, Oliver... —susurró ella, aunque su tono estaba impregnado de una ternura infinita mientras fingía un reproche—. No es justo que se parezca tanto a ti. Ella dijo mientras acariciaba la mejilla de aquel pequeño, que Oliver no podía recordar aquella carita. Oliver sintió que un orgullo abrasador, se expandía por su pecho ante la afirmación de Poppy. Saberse reflejado en la pureza de aquel niño era la victoria definitiva ante su pasado. Con una delicadeza que desafiaba la fuerza de sus extremidades, comenzó a jugar con las manitas del bebé, dejando que los dedos diminutos se enredaran en los suyos. Sin embargo, en la periferia de su consciencia, una sombra persistía. A pesar de la intensidad del momento, el rostro de su cachorro seguía siendo una mancha difusa, un espacio en blanco que su propia mente había borrado a propósito en un acto de autoprotección o castigo. Por mucho que Oliver intentara enfocar la mirada, los rasgos de su hijo se le escapaban como arena entre los dedos, era el precio de un recuerdo que dolía tanto como amaba. Aun así, no necesitaba verlo. Porque en el instante en que el pequeño soltó una carcajada vibrante, el sonido resonó en la habitación con una claridad cristalina. —Puede que tenga mis rasgos —respondió Oliver, con una voz profunda que vibraba de orgullo contenido mientras no soltaba la mano de su hijo—, pero no puedes negar que tiene tu risa, Poppy. Al decir esto, el bufón se permitió desconectarse del mundo exterior por un instante para embriagarse con el aroma de su familia que llenaba sus pulmones. Se entregó por completo al dictado de sus sentidos, la risa cristalina de Poppy entrelazada con los balbuceos del cachorro eran la única melodía que le importaba. Al abrir los ojos, se encontró con la mirada de ella, un océano de amor infinito que lo envolvía sin juzgar su naturaleza. Ver a su diosa observándolo con tal devoción, mientras las manos diminutas de su hijo seguían ancladas a sus dedos, provocó en Oliver una sacudida emocional tan violenta que pareció fracturarse. Antes de que pudiera procesarlo, sintió un rastro cálido y húmedo deslizándose por la frialdad de su rostro. Con asombro silencioso, comprendió que finalmente el dique se había roto, las lágrimas, puras y pesadas, comenzaban a descender por sus mejillas, sellando su humanidad en medio de aquel paraíso recobrado. Nunca pensó que el amor más puro de su vida terminaría convirtiéndose en la cicatriz más profunda de su existencia. * º ❀ * º Solo el sonido rítmico y sutil rompió la quietud de aquel dios caótico. Ya no recordaba el rostro de su cachorro, el mismo se había inducido a borrarlo, era más sencillo de esa forma para no vivir en un eterno duelo. Eran gotas que caían, directamente al suelo frio del concreto. El Prototipo, sumido en una inercia dolorosa, había liberado sus lágrimas inconscientemente en medio de su trance. Fue solo cuando sintió la humedad persistente deslizándose por la frialdad de sus mejillas que reaccionó, tocándose el rostro con sus dedos largos y afilados. Al mirar la humedad en sus yemas, una punzada de consciencia lo ancló de nuevo a la realidad. Estaba llorando por un fantasma. Su único ojo rojizo brillaba en la penumbra mientras observaba los restos de la habitación. El polvo se podía ver en el aire, ya hace tiempo que no venía, hasta que su mirada se detuvo en un rincón específico. Allí, se alzaba la cuna de madera, que ahora estaba abandonada. Oliver, movido por un impulso que no necesitó comando lógico, arrastró su pesada anatomía arácnida hacia ella. Cada movimiento de sus patas mecánicas resonó con un chirrido metálico que acentuaba la soledad del lugar. Al llegar a la cuna, extendió su mano y con una delicadeza que contrastaba con su aspecto monstruoso, hundió los dedos en el interior del catre. Sacó una tela ajada y desgastada por el paso de los años, pero que aún conservaba, casi imperceptiblemente, el patrón de estrellas y lunas que una vez cobijó a su mayor tesoro. No quedaba rastro del aroma florar ni de la calidez de su hijo, solo el olor a encierro y la textura áspera de la pérdida eterna. Oliver apretó la manta contra su pecho, justo donde la piel de Poppy solía descansar, sellando la tragedia de su existencia en la habitación vacía. Aun podía recordar aquellos momentos tan bellos de su vida, que un día para otro la fábrica se encargó de arrebatarle tanto. Siempre se prometía no volver a este lugar donde sus recuerdos se volvían caóticos y bastantes dolorosos. Pero no podia evitarlo cuando deseaba descansar de todo y siempre volvia al lugar donde le entrego tanto jubilo. Pero ahora ni siquiera aquella habitación le traía confort cuando su contraria lo había condenado a una consecuencia severa. Con un movimiento lento y solemne, Oliver depositó la manta de nuevo en el fondo de la cuna. La suavidad de la tela era ahora un veneno para su cordura, cada fibra era un recordatorio vivido de como aquella fabrica infernal en donde vivían le había arrancado la vida de su pequeño sin piedad. Se dio la vuelta. No quería quedarse allí, esta vez, el santuario se sentía como una celda de castigo. El estrés de su realidad actual, sumado a la condena de su contraria, se clavaba en sus mentes como agujas de estática. El confort se había evaporado, dejando solo una nostalgia ácida que amenazaba con romper su voluntad. Abandonó el departamento sin mirar atrás, saliendo a los pasillos lúgubres de la fábrica Playtime. Caminó por la penumbra, su imponente silueta proyectando sombras deformes contra las paredes. Sus pasos eran rápidos, impulsados por la urgencia de huir de sus propios fantasmas. Solo quería llegar a su laboratorio, en donde podía encerrarse. Aquel lugar, aunque frío era su otro refugio, el trabajo, los experimentos, se volvieron una perfecta distracción cuando paso aquel fatídico día, de esa forma había logrado mantenerse cuerdo y estable con su mente distraída, aun sabiendo que Poppy sufría de igual forma. Necesitaba enterrar el recuerdo de aquella vida y de la amarga escena que había vivido, buscando en el trabajo la anestesia necesaria para olvidar que, alguna vez, fue un hombre que lo tuvo todo. Sin embargo, la huida hacia la frialdad de su laboratorio se vio truncada bruscamente. En mitad del pasillo, donde la penumbra era más espesa, una silueta familiar y delgada aguardaba inmóvil. Oliver detuvo su avance, sus patas mecánicas chirriando contra el suelo al frenar en seco. Frente a él, bloqueando el camino con una quietud sepulcral, se encontraba Catnap, y también un hijo que el decidió tomar y criar. El felino no estaba en su habitual postura de acecho o sumisión, estaba sentado, con la espalda recta y la cola lánguida sobre el concreto, observándolo con una seriedad y decepción que pesaba más que el aire viciado de la fábrica. El Prototipo no mostró sorpresa. capto la tensión en la figura de su heraldo, pero su voz emergió plana, despojada de la emoción que acababa de derramar en la habitación de Ludwig. —Catnap —pronunció, el nombre resonando como una orden metálica en el pasillo vacío. El felino no se movió. Sus ojos, usualmente brillantes con una devoción fanática, ahora reflejaban una herida profunda, una grieta en su fe y su amor que ninguna plegaria podía reparar. El silencio se prolongó hasta que Catnap habló, y su voz no era más que un susurro cargado de una amargura que El Prototipo reconoció de inmediato. —¿Por qué lo hiciste? —preguntó Catnap, y la simpleza de la cuestión que dejaba ver su desconcierto. No hubo necesidad de especificar a qué se refería. El peso de la decepción en su mirada lo decía todo, Catnap se sentía traicionado por aquel que consideraba su creador, su guía y su padre. Aquel a quien había servido con una lealtad ciega lo había defraudado de la manera más cruel posible. Para el felino, el Prototipo había destrozado su confianza en tan solo segundos al enterarse de lo sucedido, exponer lo más sagrado para el felino hizo que su relación de padre e hijo se tensara severamente. Oliver lo miró desde su altura imponente, pero por un momento, sintió que todo se derrumbaba a su alrededor. Estaba frente a frente con las consecuencias de sus actos, encarnadas en el dolor de su criatura más fiel. Al ver que su padre guardaba silencio, Catnap volvió a hablar. Esta vez, su voz no era un susurro, sino un siseo cargado de una angustia que parecía quemarle la garganta. —No me interpuse cuando decidiste unirte a esa peste —escupió el felino, refiriéndose a Harley con un desprecio que apenas podía contener, porque no era secreto que el felino lo odiara a muerte—. A pesar de mis dudas, de no entender qué veías en él, jamás cuestioné tu juicio. Siempre creí que sabías lo que hacías, que cada movimiento tuyo era parte de un plan superior... porque para mí, tú eras la verdad absoluta. Catnap dio un paso al frente, desafiando la imponente sombra del Prototipo. Sus garras se enterraron levemente en el concreto, buscando un anclaje en un mundo que se le desmoronaba, porque no podía ignorar esta situación, no cuando sus cachorros estaban de por medio. —Tal vez tú lo hayas aceptado a tu lado, tal vez lo veas como tu igual... pero para mí, y para cada juguete que se arrastra por estos pasillos, él sigue siendo el monstruo que nos condenó, el que nos convirtió en estas abominaciones que ves ahora. Las pupilas de Catnap se dilataron, inundadas por un ruego desesperado que rompió su máscara de frialdad. Su cuerpo tembló mientras la pregunta final emergía como un grito ahogado. —¿Por qué, padre? ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué expusiste mis hijos a ese monstruo? Catnap cayó de rodillas, pero esta vez no por sumisión, sino por el peso de una desesperación que le impedía sostenerse. Sus garras arañaron el concreto frío mientras esperaba una explicación que pudiera salvar los restos de su devoción, mientras Oliver sentía que las paredes de ese lugar, su refugio de lógica y frialdad, se alejaban cada vez más, dejándolo desnudo ante el juicio de su hijo más leal. La traición no era solo un concepto, era el llanto ahogado de un heraldo que ya no sabía en qué creer. Oliver permaneció inmóvil durante lo que pareció una eternidad, sintiendo cómo las palabras de Catnap se incrustaban dolorosamente. No hubo un despliegue de autoridad, ni el brillo amenazante de su ojo que solía preceder a un castigo ejemplar. Por primera vez, la imponente figura del Prototipo se encorvó sutilmente, como si el peso de la fábrica y de sus propios errores hubieran agotado aquella deidad. Cuando finalmente habló, sus voces sonaron bastantes distorsionadas como si su habilidad de mimetismo comenzara a fallar, dejando ver su fatiga. —No lo sé—confesó, y la honestidad de esa respuesta fue más cruel que haberle mentido. Porque ni el mismo sabio como es que pensó que sería una gran idea haberle dejado los cachorros a Harley, por supuesto que él pudo haberlos lastimado de una manera espantosa, pero simplemente su “amor” o más bien su obsesión nueva hablo de nuevo, dejando que se cegara ante aquella idea tan estúpida, hasta para él. El Prototipo no intentó justificarse. Estaba agotado, vacío de respuestas y de fe en sí mismo. Con un movimiento pesado, Oliver comenzó a caminar, pasando de largo junto al felino sin siquiera dedicarle una mirada. Ya no tenía la fuerza necesaria para sostener la máscara de infalibilidad frente a su hijo, ya no le quedaba energía para castigar la insolencia de quien ponía en duda su juicio. Solo estaba cansado. —Retírate —ordenó en un tono monótono—. Vuelve con ellos. Cuida a los cachorros... es lo único que importa ahora. Catnap se quedó clavado en el suelo, temblando. Ver a su padre de esa manera, despojado de su divinidad y admitiendo una negligencia tan atroz, terminó de demoler los restos de su corazón. El felino asintió instintivamente, con las lágrimas fluyendo en un silencio absoluto mientras observaba la espalda de su padre alejarse por el pasillo. La devastación era total, su guía, el ser que debía darles una mejor vida, protegerlos de los horrores humanos, había entregado voluntariamente lo más sagrado a las manos de un monstruo, y ahora ni siquiera podía explicar el motivo. Sin emitir un solo sonido más, Catnap se puso en pie y comenzó a retirarse en dirección opuesta. Caminaba con la cabeza baja, sus garras arrastrándose por el concreto, necesitando la soledad para reflexionar sobre una traición que no sabía si podría perdonar. Había expuesto a sus hijos y pudo haberlos perdido. Mientras tanto, Oliver seguía avanzando hacia la oscuridad de su laboratorio, pero sus pasos carecían de la determinación de antes. Sentía que cada metro que recorría lo hundía más en un abismo de culpa. Sabía que Catnap tenía razón, y ese era el peor de sus tormentos. El Prototipo, el arquitecto de la revolución, el salvador de los juguetes se dio cuenta de que en su búsqueda de compañía o de recuperar la familia que perdió remplazándolo de forma retorcida con otro, se había convertido en lo que tanto odiaba alguien tan negligente como las basuras humanas de sus progenitores y de su padre Elliot. Ya no quedaba ira en él, solo el frío silencio de alguien que sabe que ha perdido lo único que le daba sentido a su existencia. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆ Poppy, despojada de sus galas de soberana, vestía un vestido vitage azulado largo de pijama que caía con suavidad sobre su figura de mujer, un regalo precioso de sus exploradores, la cual le otorgaba un aire de vulnerabilidad maternal que rara vez mostraba al mundo exterior. Sobre su amplia cama Poppy terminaba de acurrucar a sus nietos, asegurándose de que las mantas los protegieran de las corrientes de aire viciado que silbaban tras las paredes, después de horas de plática con las pequeñas junto con Dogday ellas por fin terminaron rindiéndose al mundo de los sueños, junto con Sirius que también dormía en la misma cama con sus hermanas mayores y su madre. A su lado, Dogday se acomodaba con movimientos lentos y pesados, hundiéndose en las sábanas de su madre como si buscara en ellas un refugio contra la tormenta que arreciaba en su interior. Sus ojos, antes brillantes y llenos de sol, ahora se veían empañados por una tristeza profunda, observando el sueño plácido de sus hijos con una mezcla de amor y una fractura interna que amenazaba con desmoronarlo. —¿Te sientes un poco mejor, mi cielo? —susurró Poppy, inclinándose hacia él con ternura, estaba preocupada y angustiada por todo lo ocurrido, en especial cuando sus seres amados salían afectados. Dogday guardó silencio por un momento, dejando que un suspiro tembloroso escapara de su pecho. Negó lentamente con la cabeza, apretando los párpados para contener una amargura que le quemaba la garganta. —No... no puedo —confesó él, con la voz rota aquel perrito solar—. No es la primera vez, mamá. No es la primera vez que Catnap elige al Prototipo por encima de mí... y lo que es peor, por encima de sus propios hijos. Siento que siempre seremos la segunda opción. Las palabras que salieron de Dogday hicieron que rompiera el corazón de aquella muñeca, que siempre procuro cuidar a Dogday y darle tanto amor como fuera posible, pero ver como sufría por aquel felino el hijo de su contrario, le daba rabia y fastidio porque esos dos eran idénticos a la hora de mostrar su amor, de las maneras más estúpidas y dolorosas posibles, pero no podía culpar a su querido hijo de amarlo, cuando ella sabía que el amor era ciego para no dejarte ver la realidad de la situación. Poppy soltó un suspiro largo y cargado de una sabiduría dolorosa. Extendió su mano y comenzó a acariciar la cabeza de Dogday, pasando sus dedos por su pelaje en un gesto rítmico destinado a arrullarlo, a intentar calmar los latidos erráticos de un corazón que había sido herido demasiadas veces por la misma mano. —Lo sé, hijo mío. Lo sé mejor que nadie —murmuró ella, sus ojos azulados reflejando una melancolía que atravesaba décadas de decepciones similares—. Desearía tanto que las cosas fueran diferentes para ti... que no tuvieras que cargar con este tipo de cosas. Quizás... quizás sea el momento de dejarlo ir, Dogday. No puedes seguir rompiéndote por él. Dogday abrió los ojos y miró a su madre, pero no hubo rabia en su mirada, solo un amor desesperado y una esperanza que se negaba a morir. —No puedo dejarlo, mamá. No todavía —respondió él, aferrándose a la manta con fuerza—. A pesar de todo lo que ha pasado, yo sé que él ha cambiado y me lo ha demostrado a lo largo de los años. Quiero darle una oportunidad más... una última vez. Necesito creer que somos suficientes para él. Poppy mantuvo el silencio, observando la determinación trágica en el rostro de su hijo. Sabía que esa esperanza era un arma de doble filo, una que podía salvarlos o terminar de destruirlos, pero al ver la fragilidad de Dogday y la paz de los niños que dormían a su lado, decidió no discutir. No esa noche, se limitó a asentir suavemente, continuando con su caricia arrulladora, permitiendo que Dogday buscara consuelo en la ilusión de un cambio, mientras ella, en el fondo de su alma rezaba que por favor Catnap viera la realidad y no abandonara a Dogday. Como Oliver lo había hecho con ella. * º ❀ * º El suave clic de la puerta al cerrarse se escuchó y para Poppy fue su orden para dejar de ser una madre y volver a ser Poppy. Tras los muros de la habitación, el silencio finalmente envolvía a Dogday y a los pequeños, pero Poppy no sentía paz, sino el peso aplastante de una fatiga que calaba más hondo que sus articulaciones y ni hablar de aquellos pensamientos intrusivos que pedían cometer una estupidez mayor. Caminó por el pasillo con los hombros ligeramente caídos, dejando que la máscara de reina y madre se desmoronara en la soledad de la penumbra. Sus pasos la llevaron mecánicamente hacia la cocina pequeña. La luz parpadeó sobre ella, subrayando las ojeras invisibles que el cansancio emocional había grabado en su espíritu. Sin encender más luces de las necesarias, se dirigió hacia una de las estanterías del fondo. Sus dedos, buscaron un panel casi imperceptible detrás de unos frascos de cerámica vieja. Con un movimiento preciso, retiró el falso fondo, revelando un escondite que solo ella conocía y ocultaba el veneno que ayudaba a calmarla. De la oscuridad del nicho, extrajo una botella de vino. Estaba impecable, resguardada como si fuera su último tesoro. La etiqueta, aunque desgastada por el tiempo, aún conservaba un aire de elegancia, un regalo de su más querido leal explorador, que le entrego de una de sus incursiones. Poppy sostuvo el cristal frío contra su palma, sintiendo su peso con una mezcla de culpa y alivio. En un lugar donde la esperanza era un recurso escaso, aquel vino era su única forma de adormecer, aunque fuera por un momento, el dolor de ver a su hijo romperse por un amor que ella conocía demasiado bien. Miró el líquido oscuro tras el vidrio, viendo en su reflejo de una mujer desdichada y patética, rota por dentro ante la tragedia que su familia vivía, la cual no podía hacer nada por arreglar. Poppy caminó con pasos torpes y lentos hacia la estancia principal, mientras la botella de sus dedos se mecía en el aire. Cada paso resonaba en el vacío de la sala, un eco solitario que le recordaba lo aislada que se encontraba en su propio dolor. Al llegar al centro de la habitación, se arrodilló con esfuerzo, dejando que el camisón de seda se arrastrara por el suelo cubierto de polvo. Con manos temblorosas, apartó una pesada alfombra descolorida, revelando una pequeña escotilla oculta entre las tablas del piso, un escondite que ella hizo. Al abrirla, un aire rancio y frío escapó del hueco. Poppy extrajo una caja de cartón desgastada, cuyas esquinas estaban reforzadas con cinta adhesiva ya amarillenta por el tiempo. Se sentó directamente sobre el concreto gélido, ignorando la incomodidad física, y con el aliento contenido, levantó la tapa. De su interior, rescató con una delicadeza casi sagrada una pequeña pijama de bebé. La prenda, aunque vieja, conservaba el patrón de rombos y los colores vibrantes de un bufón, imitando fielmente la estética de Oliver, el hombre que una vez fue el dueño de su corazón. El detalle más desgarrador era la capucha, un gorro de bufón en miniatura, con puntas lánguidas que alguna vez debieron moverse al ritmo de los balbuceos de su cachorro. Al sentir la suavidad de la tela contra sus dedos, el dique que sostenía su cordura se desmoronó. Un sollozo violento y desgarrador emergió de lo más profundo de sus entrañas, una respuesta visceral a la ausencia de aquel cuerpo diminuto que alguna vez llenó esa prenda. Sus lágrimas comenzaron a caer descontroladas, manchando la pijama. El dolor era tan agudo, tan físico, que sintió que sus pulmones se cerraban, era la agonía de una madre que todavía buscaba a su cachorro en las sombras de una pesadilla eterna. Antes de que su llanto se volviera un grito que pudiera despertar a Dogday y a los pequeños, revelando su miseria, Poppy buscó desesperadamente la botella de vino. Sin molestarse en usar una copa, retiró el corcho con los dientes y bebió directamente, dejando que el líquido amargo y potente inundara su garganta. El alcohol quemó su garganta, proporcionando una distracción momentánea al incendio que consumía su alma y la agonía que sufría su corazón. Bebió con ansia, casi ahogándose, mientras se balanceaba hacia atrás en el suelo frío, abrazando la pijama contra su pecho. Buscaba el consuelo en el veneno, intentando ahogar la imagen de la cara de su bebé y el abandono que sufrió después. Poppy apartó la botella de sus labios, dejando que un hilo de vino oscuro manchara la comisura de su boca, a estas alturas ella se estaba riendo de sí misma mentalmente, por parecerse tanto a su padre, cuando se alcoholizaba para aliviar sus penas. El cabello pelirrojo, antes perfectamente peinado, caía ahora en mechones desordenados sobre su rostro, pegándose a su piel por la humedad de las lágrimas. Poppy intentaba apartarlos con movimientos torpes y desesperados, pero sus manos temblaban tanto que solo lograba enredarlos más. Las lágrimas bajaban en un torrente incontrolable por sus mejillas, mientras el hipo y el moqueo constante transformaban su respiración en un sonido errático y lastimero, la miseria que la poseía hacía que solo deseara acabar con todo. Con un esfuerzo supremo, como si estuviera enterrando a su hijo por segunda vez, dobló la prenda con manos vacilantes y la depositó de nuevo en la caja de cartón. Al cerrar la tapa, sintió que el frío del concreto subía por su cuerpo, recordándole su soledad, no podía seguir mirando la única prenda que ella se había llevado de esa habitación donde alguna vez vivió, llevándose con pedacito de su pequeño con ella. Buscó refugio nuevamente en la botella, tomando un trago largo y profundo que le quemó la garganta, permitiendo que el alcohol nublara sus sentidos mientras su mente comenzaba a escupir veneno contra sí misma. —Patética... —susurró con una voz ronca y cargada de autodesprecio, hundiendo la mirada en la oscuridad de la habitación—. A pesar de los años… y sigo siendo una perra patética… ja ja… Poppy estaba tan sumergida en el pozo de su propio desprecio que el mundo exterior se había convertido en un zumbido lejano. No escuchó el sutil sonido de la puerta principal, ni el roce ligero de unos pies grandes y suaves sobre el suelo. Solo cuando una sombra familiar se proyectó sobre ella, Poppy levantó la cabeza, dejando que sus ojos inyectados en sangre y nublados por el vino enfocaran a la recién llegada. Kissy Missy permanecía allí, de pie, con la mirada cargada de una preocupación que Poppy no creía merecer. —Bienvenida al espectáculo, Kissy... —soltó Poppy con una risita amarga que terminó en un hipo—. Pasa, toma asiento. Estás justo a tiempo para ver en la absoluta mierda en la que me convertido. Ja, ja... ¿no es una vista preciosa? Kissy no respondió con palabras, pero su expresión se contrajo en una mueca de dolor y preocupación genuina. Con movimientos lentos, como quien se acerca a un animal herido, se sentó en el suelo frío al lado de Poppy. Sin decir nada, recargó su cabeza contra el hombro de la pelirroja, ofreciéndole el único anclaje físico que le quedaba en ese infierno. Poppy, tras un instante de rigidez, soltó un suspiro tembloroso y dejó caer su cabeza sobre la de su hermana, dejando que un nuevo flujo de lágrimas mojara el cabello rosado de Kissy. —¿Pasó algo? —preguntó Kissy en un susurro apenas audible, señalando con la mirada la caja de cartón—. No habías vuelto a mirar esa caja... ni a buscar "consuelo" en la estantería desde hace mucho. Poppy solo asintió con la mirada perdida en la nada. El recuerdo de las horribles palabras del Prototipo, de Dogday roto y del cachorro que perdió golpeó de nuevo. Extendió la mano para dar otro sorbo desesperado a la botella, pero antes de que el cristal tocara sus labios, la mano de Kissy se interpuso, retirando el envase con firmeza pero sin violencia. —Ya has tenido suficiente por esta noche, Poppy —le dijo Kissy con una sonrisa triste. Acto seguido, y para sorpresa de Poppy, Kissy se llevó la botella a sus propios labios y tomó un trago largo, arrugando la nariz por la fuerza del alcohol. Poppy soltó un bufido, una mezcla de indignación y una chispa de humor genuino que logró perforar su miseria por un segundo. —Oye... se supone que tú eres la responsable —refunfuñó Poppy, limpiándose la nariz con la manga del camisón. —Alguien tiene que ayudarte a cargar con el peso —respondió Kissy, devolviéndole una mirada llena de complicidad—. Y si vas a tomar entonces hay que hacerlo juntas. En ese momento, recargadas la una en la otra en medio de la sala oscura, Poppy sintió alivio y consuelo de su hermana querida. La habitación quedó sumida en un silencio denso, solo interrumpido por el sonido del vino pasando por la garganta de Kissy. Poppy, con la mirada fija en un punto inexistente del suelo, dejó que una bocanada de aire tembloroso escapara de sus pulmones, una exhalación que cargaba con el peso de décadas de secretos acumulados. —El Prototipo tuvo la audacia de decirme que... —soltó Poppy de repente, con una voz que sonaba irritada. Kissy bajó la botella, su expresión se tensó al instante al escuchar la mención del otro soberano. Poppy apretó los puños, hundiendo las uñas en sus palmas, mientras la rabia comenzaba a burbujear bajo su piel, reemplazando momentáneamente la languidez del alcohol. —Dijo que estaba bien... que lo que ocurrió con nuestro hijo fue lo mejor —continuó Poppy, y cada palabra salía impregnada de una rabia ciega—. El muy miserable se atrevió a decir que fue preferible así, para que nuestro pequeño no tuviera que crecer y ver en la escoria en la que me he convertido. ¡LO DIJO PARA HACERME SUFRIR! Kissy Missy dejó escapar un siseo gutural, un sonido de pura indignación que raras veces emitía. Sus ojos se entrecerraron con una furia fría, el desprecio por la frialdad del prototipo siempre había estado presente, pero esto rayaba en lo inhumano, pero ella ya no esperaba absolutamente nada de ese ser que prefirió esposar al hombre que condeno al 99% de la población de juguetes a una miseria. —Ese maldito... —masculló Kissy, su voz goteando un veneno que rara vez se permitía sentir. Poppy soltó una risita seca, desprovista de cualquier rastro de humor, una carcajada que se rompió en un sollozo seco antes de que pudiera florecer. Se echó el cabello hacia atrás con un movimiento violento, dejando ver su rostro desencajado por la miseria que parecía quemarla por dentro. —¡Es un miserable! —exclamó Poppy, elevando la voz hasta que el eco rebotó en las vigas del techo. Se giró hacia Kissy, con los ojos inyectados en sangre y lágrimas, buscando en su hermana una validación para el odio que sentía por el hombre que alguna vez amó. —Sabes lo que me enfurece más y me hace sentir más patética, es que para él… parece que lo hubiera superado como si nada y hasta se casa con otro imbécil, mientras yo me hundo aquí, cada noche, intentando no matarme y ser la líder que todos necesitan. Mientras mi corazón no me permite abrirme con alguien por miedo—Poppy arrebató la botella de las manos de su hermana con un movimiento brusco, dando un trago que casi la hace ahogarse. — ¡Siento que no merezco nada de amor por ser una patética excusa de persona! Kissy la rodeó con sus brazos, apretándola contra su cuerpo, permitiendo que Poppy descargara toda su bilis emocional contra su pecho. El llanto de Poppy se volvió un gemido sordo, una vibración de agonía que sacudía sus frágiles hombros contra el pecho de Kissy. Estaba en ese punto de la embriaguez donde la realidad y el trauma se entrelazan, formando un nudo que asfixia cualquier rastro de esperanza. La autocompasión la envolvía como un sudario, y sus palabras, cargadas de un odio que en realidad era un amor que se había perdido, flotaban en el aire viciado de la sala. Kissy solo podía apretarla más fuerte, sintiendo el calor de las lágrimas de su hermana. Sin embargo, la burbuja de miseria compartida estalló de golpe. Unos azotes violentos y desesperados resonaron contra la puerta principal. El estruendo fue tan repentino que ambas hermanas se sobresaltaron con un espasmo de puro terror instintivo. La adrenalina golpeó el sistema de Poppy, despejando la neblina del alcohol en un segundo de pánico gélido, ya que nadie debía ver a su reina de esa forma tan patética. —¡Maldición! —susurró Poppy con una voz que recuperó su mando militar a pesar del temblor. Con una agilidad nacida del miedo a ser descubierta en su momento más bajo, Poppy empujó la caja de cartón hacia la escotilla y la cerró de un golpe, cubriéndola con el tapete desgastado. Casi al mismo tiempo, lanzó la botella de vino debajo del sofá mientras se limpiaba el rostro con movimientos frenéticos, tratando de borrar el rastro de las lágrimas y el vino de sus mejillas. Kissy, por su parte, se puso en pie de un salto, sus pupilas se contrajeron, colocándose en una postura defensiva frente a su hermana. Kissy abrió la puerta con un tirón violento, lista para enfrentar a cualquiera que estaba haciendo ese escandalo, pero se detuvo en seco al ver quién estaba al otro lado. Daisy irrumpió en el umbral. Su rostro estaba más pálido de lo habitual, y sus ojos reflejaban un pánico tan puro que sus manos temblaban sin control. Parecía haber corrido por todos los pasillos de la fábrica, su respiración era un silbido errático y sus ropas estaban desaliñadas. —¿Dónde está Poppy? ¡Necesito verla ahora! —exclamó Daisy, su voz subiendo de tono hasta rozar la histeria. Ni siquiera pareció notar la actitud defensiva de Kissy, su mente estaba en otra parte, atrapada en una visión de horror. Poppy dio un paso al frente, tratando de mantenerse erguida. Aunque sus ojos todavía estaban inyectados en sangre y su cabello era un desastre, logró proyectar una imagen de falsa compostura, apretando los puños a los costados para que Daisy no viera el temblor de su cuerpo. —Aquí estoy, Daisy —dijo Poppy, con una voz que pretendía ser firme pero que sonaba hueca y miserable—. Cálmate y dime qué ocurre para que golpees mi puerta de esa manera. Daisy la miró, y por un momento la compasión cruzó su rostro al notar el estado desastroso de su líder, pero el miedo que traía consigo era mucho más grande que cualquier protocolo. Se acercó a Poppy, tomándola por los hombros con una fuerza que casi la lastima. —Es grave... es terriblemente grave, Poppy —balbuceó Daisy, mirando hacia atrás por el pasillo como si esperara que la oscuridad misma la devorara—. ¡Él está aquí!, Está justo en la entrada de tu territorio, Poppy. El Prototipo... ¡Está parado frente a la entrada esperando por ti! El mundo pareció detenerse. Poppy sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies y un frío ártico le recorrió la columna vertebral, porque realmente aun a pesar de todo el seguía siendo un bastardo que seguía atormentándola a pesar de que ella solo quería paz. A su lado, Kissy Missy dejó escapar un jadeo de incredulidad, su cuerpo tensándose. El impacto del choque de realidad las dejó mudas, mientras el eco del nombre de "El Prototipo" resonaba con fuerza en la mente de la soberana. Y ahora la soberana tenía que volver a enfrentar aquel maldito que volvió a lastimarla. * º ❀ * º A pesar de la fatiga emocional y el rastro del alcohol en sus venas, una adrenalina gélida había tomado el control de su cuerpo. Se había echado encima un suéter una prenda demasiado grande que ocultaba su pijama, pero que no lograba esconder la rigidez de sus hombros ni la furia que emanaba de su mirada. A sus espaldas, la atmósfera era de un caos contenido. Kissy Missy avanzaba con sus largos pasos, con un gesto lleno de irritación mientras Daisy caminaba a su lado, gesticulando con una ansiedad que rozaba la histeria. —¿Qué demonios pretende presentándose así? —siseó Kissy, su voz usualmente dulce ahora convertida en un gruñido bajo—. Después de lo que hizo… ¡No tiene derecho a poner un pie aquí! —Dijo que quería ver a la soberana —respondió Daisy, con los ojos moviéndose de un lado a otro como si esperara que las paredes colapsaran, porque no significaba nada bueno si él venia directamente, por lo general siempre mandaban un mensajero conocido, pero no que viniera el mismísimo Prototipo a buscar a Poppy— Poppy, tengo miedo de que esto signifique el fin de nuestra paz. Tal vez quiere romper el pacto de no agresión. Poppy no respondió. Se mantenía en silencio, con la vista clavada en el frente, ignorando las conjeturas de sus acompañantes. Cada una de sus fibras estaba concentrada en no desmoronarse, en enterrar a la mujer que hace minutos lloraba descosolamente, para dejar paso a la líder que su pueblo necesitaba, no podía darse el tiempo de descansar o de colapsar. Al doblar la última esquina que conducía a la gran arcada que dividía los territorios, las tres se detuvieron en seco. Una multitud de juguetes de todas las formas y tamaños desde pequeños a grandes de todo tipo de modelos, se habían congregado en el pasillo. La noticia se había extendido como un incendio forestal, el salvador, el Experimento 1006, estaba en la frontera. El pánico era palpable. Se escuchaban susurros aterrados, llantos ahogados y el sonido de los cuerpos temblorosos chocando entre sí. Para ellos, la presencia del Prototipo no era una visita diplomática, era el presagio de una carnicería, el regreso del monstruo que alguna vez ejerció una tiranía sobre ellos. —¡Va a matarnos a todos! —gritó un pequeño juguete desde el fondo. —¡Viene por nosotros! —exclamó otro, provocando una oleada de empujones. Poppy sintió una punzada de asombro corrosivo al presenciar el pavor visceral que su antiguo amante seguía sembrando con su mera sombra, era un terror que trascendía lo físico, una herida abierta en el inconsciente que él les había dejado aun después de que se unieran al bando de Poppy. Sin embargo, aquel asombro fue devorado en segundos por su instinto de mando. Con una determinación renovada, se abrió paso a través de la marea de juguetes aterrados, proyectando una autoridad tan absoluta y cortante que no admitía réplica, obligando a la multitud a apartarse como si el mismo aire se inclinara ante su paso. —¡Silencio! —La voz de Poppy ordeno la soberana cargada de una fuerza que hizo que la multitud enmudeciera al instante. Se subió a un resto de una caja de madera tirada para ganar altura, ajustándose el suéter mientras recorría con la mirada los rostros aterrorizados de sus súbditos. —¡Nadie va a morir esta noche! —declaró, manteniendo su rostro como una máscara de mármol a pesar de que su corazón martilleaba contra sus costillas—¡Que 1006 venga aquí no significa nada! ,!Ahora vuelvan a sus hogares! —Dicho esto la soberana bajo de la caja para mirar la salida y después solo se dirigió a Kissy y a Daisy. — Vigilen la salida desde aquí y que nadie se acerque. La firmeza de sus palabras comenzó a disipar la histeria. Los juguetes, acostumbrados a buscar refugio en ella, empezaron a retroceder y hasta retirarse. Poppy esperó a que el pasillo comenzara a despejarse. Se quedó sola por un momento frente a ese pasillo largo que dividía su territorio con el de él. El aire allí se sentía más frío, cargado de una electricidad estática que conocía demasiado bien. Respiró hondo, tratando de disipar el último rastro de embriaguez, solo tuvo que respirar unos segundos para tratar de arreglar su aspecto, se había limpiado su cara pero no sabía si eso sería suficiente, lo que menos quería que ese bastardo viera su debilidad y lo utilizara como era costumbre, ya estando más lista mentalmente, caminó hacia la entrada. Al otro lado, entre la niebla industrial y el silencio sepulcral del corredor exterior. Sus pasos, rítmicos y secos, resonaban contra las paredes metálicas generando un eco. El aire se volvía más denso a cada centímetro que ganaba hacia la frontera. A medida que la luz cenital de los sectores habitados quedaba atrás, su silueta comenzó a recortarse contra el resplandor mortecino de las lámparas, bañándola en un claroscuro que resaltaba la palidez de su rostro. A pocos metros de la entrada, pudo observar a los dos guardias temblando de forma casi violenta. Sus rostros estaban desencajados por un horror primario mientras apuntaban hacia la oscuridad del pasillo exterior, intentando desesperadamente impedir que el soberano diera un solo paso más hacia su santuario. Poppy no pudo evitar que una risita seca y amarga escapara de sus labios. La ironía de la escena le resultó casi graciosa, que dos juguetes intentando detener al Experimento 1006. —Háganse a un lado —ordenó Poppy. Su voz, aunque baja, cortó el aire con la precisión de un escalpelo. Los guardias se sobresaltaron, dándole paso de inmediato. Poppy permitió que la luz de los focos superiores bañara su figura por completo, revelándose ante la oscuridad exterior. Al levantar la vista, lo encontró. Allí, aguardaba Oliver. Sin embargo, no era el monstruo imponente y calculador que había enfrentado hace unas horas. Lo que Poppy vio a través de la penumbra fue a alguien vacío. La postura del Prototipo, aunque imponente, carecía de esa tensión depredadora habitual, a duras penas podía verse el brillo de su ojo y eso le preocupo bastante a Poppy, porque en ese estado Oliver era totalmente impredecible. Sus miradas se conectaron en un choque silencioso que pareció detener el tiempo. En ese intercambio visual, Poppy leyó como pudo que más podía ocultar y noto lo agotado que también estaba, lo conocía muy bien cosa que ella se sorprendió porque no había visto esa postura años atrás y Oliver leyó el desprecio y el dolor que ella intentaba ocultar tras su máscara de soberana, pero al mismo tiempo percibió un olor muy peculiar emanando de ella y eso solo hizo que sospechara más. No había palabras, solo la vibración de dos almas rotas reconociéndose en el abismo. —Retírense —dijo Poppy a sus súbditos, sin apartar los ojos de los de él—. Déjennos solos. Ahora. Los juguetes dudaron apenas un segundo antes de huir hacia la seguridad de los pasillos internos, dejando tras de sí un silencio sepulcral que solo era interrumpido por el goteo constante del techo, mientras entraban al pasillo detrás de la pelirroja. Poppy dio un paso hacia la línea que dividía sus mundos, con las manos hundidas en su suéter para tapar su cuerpo. —¿Qué es lo que quieres Oliver?—Pregunto ella con esa seriedad. Oliver, permaneció inmóvil, una amalgama de metal y restos orgánicos que bajo la luz intermitente parecía más una estatua dedicada al arrepentimiento que la entidad omnipotente que todos temían. No hubo movimientos bruscos ni el despliegue intimidante de sus garras, en su lugar, hubo una exhalación pesada. —Quiero verlos —respondió él. Su voz no poseía la resonancia autoritaria de otras veces, sonaba plana, despojada de su habitual veneno, como si el peso de su conversación previa con Catnap y el recuerdo de su antiguo hogar hubieran drenado hasta la última gota de su energía combativa. Poppy sintió una punzada de indignación que le recorrió la columna, quemándola más que el alcohol que aún circulaba por su sangre. Sus manos se apretaron al suéter que sostenía. —No —sentenció ella, por el simple hecho que no podía confiar en él en el resguardo de los niños. El Prototipo inclinó la cabeza apenas unos milímetros, un gesto que en él resultaba perturbadoramente humano. —¿No? —Este respondió un poco incrédulo peor al mismo tiempo se le hacía bastante patético el intento de Poppy por evitar ver a sus nietos. — Sabes perfectamente que no puedes detenerme si realmente deseara verlos—dijo él, con una lógica fría que no buscaba amenazar, sino simplemente exponer una verdad física—. Si decido cruzar este pasillo ahora mismo, tus guardias no serían más que estorbos en mi camino. Poppy dio un paso al frente, cruzando finalmente la línea invisible que delimitaba su territorio. Se quedó a escasos metros de él, obligándolo a bajar la vista para encontrar la suya. La diferencia de tamaño era ridícula, pero en ese momento, pero a Poppy nunca le importo en absoluto. —Tienes razón, Oliver. Físicamente, no soy nada frente a tu fuerza —admitió ella, dejando que su voz se tiñera de una amargura visceral—. Pero no vas a cruzar. No lo harás, porque si aún te queda un gramo de ese respeto que finges tener, o si el amor que dices sentir por esos cachorros, entonces respetarás el lugar que ello también consideran hogar. Se acercó un poco más, invadiendo su espacio personal, desafiando la estática que emanaba de su chasis. —Oliver… lo que hiciste, fue exponerlos a un peligro al dejarlo a cargo de Harley. —Poppy a esas alturas ya estaba cansada de explicar lo obvio lo que había pasado, pero necesitaba dejarle en claro porque no podía confiar en él para volver a cuidarlos. — ¿Cómo puedo volver a confiar en ti después de lo que hiciste?, ¿Qué me asegura que no volverás a acercarlos a Harley? Oliver guardó silencio, su mente analizando las palabras de la pelirroja que, a pesar de todo, seguía siendo el único ancla que le impedía perderse por completo en la locura. La miró a los ojos y, por un instante fugaz, Poppy creyó ver una grieta en su máscara, un atisbo del hombre que solía abrazarla en las noches frías de la fábrica. —Me confié. —Finalmente Oliver hablo con honestidad, porque no quería perder el amor de esos cachorros, no quería perderse ningún momento con sus nietos y solo deseaba volver a verlos, porque a pesar que no eran de su sangre aun así los amaba como si fueran suyos. Como Poppy lo hacía de igual forma. Solo eran abuelos que deseaban pasar sus días con esos pequeños. La confesión de Oliver provoco que ella se callara y su gesto se transformara en shock. El Prototipo bajó la mirada, sus articulaciones emitieron un chasquido metálico al encogerse de hombros, perdiendo toda la soberbia que lo caracterizaba, porque no le importaba expresar su equivocación si eso significaba ver a sus nietos sin llegar a un grado extremo de destruir el lugar y posiblemente dejarles un trauma ante esa decisión. —Tienes razón...—admitió, y su voz sonó por primera vez despojada de distorsión—. Estaba desesperado, Poppy. Me convencí que esta era la forma correcta de hacer una familia, sin tomar en cuenta la seguridad de Stella, Selene y Sirius. Poppy se quedó muda. Sus labios se entreabrieron, pero no salió sonido alguno. Lo miró incrédula, buscando en su ojo algún rastro de la manipulación constante que solía ejercer sobre ella o sobre otros, pero solo encontró un vacío desolador. Ver al ser más poderoso de la fábrica admitir que estaba equivocado la dejó desarmada. La rabia que la había sostenido todas esas horas comenzó a transformarse en una lástima amarga, y realmente no quería ni siquiera sentir nada por él, pero a pesar de los años ella seguía siendo una persona bastante patética, que aún le tenía algo de afecto, después de todo compartir décadas de tu vida con una persona no se olvidan tan fácilmente, en especial cuando la relación de ellos era tan maravillosa. —Eres... eres un idiota, Oliver —susurró ella, aunque ya no había veneno en su tono, solo cansancio. Poppy miró hacia atrás, hacia el pasillo donde sus súbditos se ocultaban, y luego de nuevo a la imponente y rota figura frente a ella. Sabía que esta conversación, cargada de verdades peligrosas y debilidades compartidas, no podía tener lugar en la frontera de su territorio, donde las paredes tenían oídos. —Sígueme —ordenó en voz baja, ajustándose el suéter—. Pero no aquí. No quiero que nadie escuche lo que tenemos que decirnos. Sin esperar respuesta, Poppy comenzó a caminar, pero no hacia el interior de su zona segura, sino hacia una dirección lateral, buscando las entrañas neutrales de la fábrica. Oliver la siguió en silencio, sus pasos arácnidos moviéndose con una cautela inusual. Caminaron hasta encontrar un rincón olvidado, una antigua oficina de supervisión técnica cuya cristalería estaba rota y donde el polvo de décadas cubría los planos de una vida anterior. Allí, rodeados de metal oxidado y recuerdos de una empresa que ya no existía, se detuvieron. Ya no eran los soberanos eran simplemente dos personas reales, enfrentándose por fin a los escombros de lo que alguna vez compartieron. El silencio en la antigua oficina de supervisión era tan denso que parecía tener peso propio, una amalgama de polvo suspendido y ecos de una industria que alguna vez prometió alegría. Poppy avanzó con paso vacilante hasta encontrar una pila de escombros de concreto y vigas retorcidas, se sentó en el borde, acomodándose el suéter sobre las rodillas en un gesto instintivo de autoprotección. Frente a ella, Oliver, el Prototipo, imitó el movimiento con una pesadez impropia de su naturaleza mecánica. Se dejó caer directamente sobre el suelo frío, con sus largas extremidades metálicas plegadas de forma que, parecía sentarse tan similar a Catnap. Estuvieron frente a frente, separados por apenas un par de metros de aire viciado y décadas de rencores no pronunciados. Ninguno sabía cómo romper el hielo de una conversación que se había pospuesto durante toda una vida. Finalmente, Oliver rompió el estancamiento. —¿Me odias? —La pregunta fue directa, desprovista de adornos. Poppy no dudó. Suspiró con un cansancio que parecía venir desde el fondo de sus articulaciones y asintió levemente, sin apartar la vista de sus propias manos. —Odio lo que hiciste con ellos —respondió ella sin dudarlo, con una firmeza amarga—. Odio que pusieras en peligro a mis nietos por tu maldita desesperación. Odio que no pensaras en las consecuencias. Pero Oliver no se dio por satisfecho. Sacudió la cabeza, un movimiento que hizo que las sombras de sus cables bailaran contra las paredes rotas. Su ojo brilló con una luz tenue y triste mientras la corregía. —No hablo de hoy, Poppy —aclaró con una voz que tembló ligeramente—. Te pregunto si me odias... por lo de entonces. Por el día en que lo perdimos todo. ¿Me odias? Poppy levantó la mirada bruscamente, sus ojos abriéndose con una incredulidad que la dejó paralizada. El aire pareció escaparse de la habitación. Por primera vez en años, el tabú que había dictado su distancia, el muro de cristal que habían construido alrededor de la tragedia de su hijo, se hizo añicos. Jamás habían tenido esa charla, tras el fatídico día, ambos se habían refugiado en versiones extremas de sí mismos, ella en esa horrible habitación donde todo lo recordaba a él y se ahogaba en sus lamentos y agonías, estando sola cada maldito día implorando y rogando que Oliver se quedara con ella, en esas noches tan frías, mientras que Oliver se refugiaba en su laboratorio y en su trabajo, para olvidar y no pensar, mientras sufría en silencio, hasta que Poppy se hartó y solo se fue. Hablar de la pérdida era reconocer que debajo de todo lo que eran, todavía quedaban los restos de dos padres destrozados. Se permitió, por primera vez en años, abrirse. La rabia que había sentido en la sala con el vino seguía ahí, pero frente a la vulnerabilidad de Oliver, esa rabia se transformó en una honestidad cruda y desgarradora, porque estaba sensible, porque era el único ser en esta maldita fabrica que podía entenderla y comprender su dolor. —No —contestó ella, y su voz sonó extrañamente clara en medio de las ruinas y era verdad, no lo odiaba en absoluto, ella comprendido hace años que él no la había abandonado por selección si no porque el también sufría y como no sabía cómo afrontar la perdida, decidió encerrarse en su trabajo, por supuesto que ella lo odio por mucho tiempo por no consolarla, por no abrazarla y acompañarla en el duelo compartido, pero ella ya lo había perdonado hace tanto tiempo que no había resentimiento, en especial cuando él se sentía tal culpable por la pérdida de su cachorro—. No te odio por eso, Oliver. Y no te culpo por lo que ocurrió aquel día. Hizo una pausa, tragando el nudo que se le formaba en la garganta. Sus dedos acariciaron inconscientemente la tela de su suéter, recordando la textura de la pijama que acababa de guardar en la caja y pensando que daría lo que fuera por volver a cargar a su bebe. —No fue tu culpa Oliver… nadie sabía lo que iba a pasar ese día, y tampoco sabias que nuestro pequeño… aprovecharía tu distracción para escaparse…—Poppy sintió como su voz comenzaba a romperse, mientras sentía que el aire se volvió pesado y comenzaba a abrazarse a sí misma, mientras miraba el techo aun recordando cuando tuvieron que decirle la noticia. Un pequeño descuido en donde aquel soberano tenía que atender a sus súbditos, solo un segundo basto para que su pequeño desapareciera, ella por fin pudo pronunciar aquellas palabras que siempre trato de decirle a su contrario, pero el simplemente nunca quiso escuchar porque sabía que vivía su propia tortura de culpa. Oliver guardó un silencio sepulcral, procesando la confesión de la mujer que alguna vez fue su único refugio. El Prototipo bajó la cabeza, y Poppy pudo jurar que escuchó el sonido de su estructura tensándose, como si el peso de ese perdón fuera más difícil de cargar que todo el odio que habían compartido hasta entonces, dejándolos desnudos ante el dolor que realmente los unía. La atmósfera en la oficina en ruinas se volvió irrespirable, cargada de un dolor que había madurado en la oscuridad durante años. Oliver permaneció con la cabeza gacha, sintiendo como sus lágrimas volvían a bajar de sus mejillas y se perdían en el frio suelo. Lloraba en un silencio devastador, una agonía muda que contrastaba con los hipidos erráticos y el llanto entrecortado de Poppy, quien se balanceaba levemente sobre los escombros, abrazándose como si intentara evitar que su alma se terminara de fragmentar de nuevo. —Lo siento... —susurró Oliver. La palabra salió con una distorsión tan profunda que pareció un lamento surgido desde las profundidades de su ser. —Está bien, Oliver... ya te dije que no te culpo por el accidente —respondió Poppy, tratando de limpiar sus mejillas con la manga del suéter, aunque el moqueo y la falta de aire se lo dificultaban. —No... no me refiero al accidente —interrumpió él, y por primera vez en décadas, su voz recuperó un matiz de la calidez que tenía cuando aún era humano, un eco de la vida que Elliot Ludwig le había arrebatado—. Me disculpo por lo que vino después. Me disculpo de verdad por haberte dejado sola cuando todo se fue contra nosotros. Poppy detuvo su balanceo, clavando sus ojos empañados. Oliver levantó la vista, y la luz de su ojo tembló con una honestidad brutal. —Sabía que me necesitabas —continuó él, y el sonido de sus piezas mecánicas crujió con una tensión insoportable, habían compartido tantos días y ella siempre fue su apoyo fiel, la cual había decepcionado y traicionado con el abandono, ella no entendía que cuando se fue él su hundía cuando no la encontró, extrañando cuando ella lo cuidaba y lo protegía como lo hizo hace tantos ayeres—. Sabía que eras tú quien cargaba con el peso de la cordura mientras yo me hundía. Pero fui un cobarde, Poppy. Me encerré en mi trabajo, me obsesioné con el trabajo de padre, con la idea desesperada de que si encontraba la respuesta podría traerlo de vuelta. Como él lo había hecho contigo. Hizo una pausa, y el sonido de su respiración llenó el vacío del lugar donde estaban, estaba destrozado por todo lo que había pasado que fue lo único que pensó que sería correcto en esos entonces. —En mi afán por no sentir el dolor de ser padre, terminé transformándome en aquello que más odiaba. Sin darme cuenta, me volví un reflejo de Elliot... —confesó, y el autodesprecio en su voz fue tan tangible que Poppy retrocedió un centímetro, al recordar a su padre el hombre que los condeno a esta vida y al mismo tiempo, a ese hombre que los presento y ellos no pudieron evitar enamorarse a primera vista—. Me volví frío, distante, obsesionado con la perfección de los resultados por encima de la vida de los que amaba. Y al igual que él, terminé lastimando más a la persona que más me importaba en este mundo. Te abandoné en el momento más oscuro de tu existencia porque no podía soportar mirarte y ver mi propio fracaso reflejado en tus ojos. Oliver extendió una de sus largas garras hacia ella, pero se detuvo a mitad del camino, sin atreverse a tocarla, temiendo que su contacto terminara de romperla. El dejaría absolutamente todo por volver a tocar su piel. A estas alturas el quitaría su corazón y el dolor de su pecho por tener de nuevo su sien Porque desde que ella ya no estaba en su lecho se había vuelto un iceberg. ¿Cómo podía superar este mal trecho si ella ya no estaba? —Me odié tanto cuando finalmente abrí los ojos y me di cuenta de lo que había hecho —añadió, su voz rompiéndose en un estallido de estática—. Me di cuenta de que te había dejado morir por dentro mientras yo jugaba a ser dios. Pero para cuando quise volver... para cuando quise pedirte perdón y abrazarte en medio del duelo, ya era demasiado tarde, porque tú te habías ido… y solo encontré tu carta. Oliver estaba roto, desesperado y en su llanto silencioso se veía la agonía que vivía la cual por fin liberaba después de tantos años encerrando su corazón, y solo se convencía de que era lo mejor para los dos que se hubieran alejado. Y realmente intento superarlo, pero se dio cuenta que daba igual de que fuente bebiera, seguía teniendo esa sed de sus labios, y aunque lo intento con otro, el sentía que había fracasado. —Había perdido a mi hijo aquel día en el pasillo, pero por mi propia soberbia y desesperación, te perdí a ti en los años siguientes. Poppy sintió que un frío glaciar la recorría, pero no era el frío de la fábrica, sino la realización de que ambos habían estado viviendo en sus propios infiernos. Miró la garra de Oliver, esa estructura que causaba pavor en todos, y por primera vez en una eternidad, no vio al Prototipo. Vio al hombre que, en su desesperación por no perderlo todo, terminó destruyendo lo único que le quedaba. La pelirroja extendió una mano temblorosa, deteniéndola apenas a unos milímetros de la garra de Oliver. La calidez que emanaba de sus propios dedos contrastaba con la frialdad del Prototipo, una metáfora perfecta de la distancia insalvable que sus propias decisiones habían cavado entre ellos no fue culpa de suya ni de él, su amor se había terminado haciendo que Poppy imaginara que hasta cupido lloró por ver este desamor, porque desde que se fue el mundo había perdido color, dejando solo el residuo amargo de una honestidad que llegaba décadas tarde. —Te perdono, Oliver —susurró ella, y la frase no fue un alivio, sino una sentencia cargada de una melancolía devastadora—. Te perdoné hace años, cuando el odio se volvió demasiado pesado para cargarlo a solas. Te perdoné por todo. Levantó la mirada, Poppy deseaba con cada fibra de su ser echarse hacia adelante, romper la barrera del miedo y hundirse en su pecho como solía hacerlo cuando el mundo aún tenía sentido. Anhelaba sentir esa fuerza protectora que una vez fue su único hogar, enterrar su rostro en el lugar donde alguna vez latió un corazón humano y llorar hasta que el dolor se disolviera. Pero al mismo tiempo, la realidad se impuso como un muro de hormigón. Porque aunque lo deseara con tanta desesperación no podían volver a como antes. —Pero que te perdone no significa que las cosas vayan a cambiar —continuó, y su voz poco a poco se recupero, nacida del instinto maternal—. No voy a dejar que veas a los niños. No puedo. Oliver emitió un zumbido de estática, un sonido que delataba su confusión y su herida abierta, porque no quería perderlo a ellos. —Poppy... —intentó decir él, pero ella lo cortó con un gesto seco. —Me dijiste que tu desesperación te volvió ciego. Y ahora estás casado con Harley, con esa... esa cosa que representa todo lo que nos destruyó. —lo interrumpió ella, y la mención del nombre de ese hombre que hizo que el ambiente se tensara como una cuerda a punto de romperse. —Oliver, tengo pánico. Un terror que me asfixia cada vez que cierro los ojos. Perdí a mi hijo bajo tu vigilancia porque te distrajiste un segundo, no voy a perder a mis nietos porque tú decidiste rehacer tu vida con el monstruo que nos condenó. Poppy se puso en pie, tambaleándose ligeramente, pero manteniendo la frente en alto. La realización de que su amor no se había terminado por falta de afecto, sino por la erosión de la tragedia y la mala gestión del duelo, era una verdad que la partía en dos. Se dio cuenta de que se seguían perteneciendo en el dolor, pero que ese mismo dolor era el que les impedía estar juntos. —Tú elegiste tu camino, Oliver. Buscaste consuelo en otros brazos y trataste de llenar el vacío con alguien que es veneno puro. Yo me quedé aquí, recogiendo mis propios pedazos rotos y trato de que Dogday, ni Catnap no se conviertan en nosotros. —Ella consteto aun con el dolor de su pecho. — No puedo confiarte la seguridad de esos cachorros cuando ni siquiera tú confías en tu propio juicio. No dejaré que otro de mis pequeños sea una 'distracción' o una 'consecuencia' de tu necesidad de fingir una familia normal con ese imbécil. Oliver se quedó en el suelo, su figura imponente reducida a una masa de arrepentimiento. Quiso decir que Harley era solo un medio para un fin, que su sed por Poppy jamás se había apagado a pesar de los años, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Poppy tenía razón, el amor que se tenían era real, pero la confianza estaba muerta, enterrada bajo los cimientos de una fábrica que solo sabía devorar la inocencia. Se amaban lo suficiente como para perdonarse, pero no lo suficiente como para volver a ser lo que el destino, y ellos mismos, habían destruido para siempre. Y es tan duro para él sentir que el futuro que un día pensaba que tenía con ella, se desplomaba ante su ojo y no hay nada más que podía hacer. Sólo quedan los despojos de lo que tanto espero y ahora estaba roto pensando… En lo que pudo ser y no fue. * º Y no fue * º El silencio que siguió fue el último clavo en el ataúd de su pasado. Oliver permaneció inmóvil un segundo más, procesando el rechazo definitivo de Poppy, por supuesto que era de esperarse que ella a pesar de todo siguiera negándose, pero tampoco iba a culparla ni odiarla por eso, después de ello al igual que él, ella estaba tan afectada y traumatizada que era normal que actuara de manera controladora a la hora de proteger a los cachorros, pero eso no significaba que dejaría de pelear por ellos. Sintió cómo el eco de su propia vulnerabilidad se convertía en una debilidad inaceptable. En la lógica retorcida de su mente, ya había intentado hacerlo por las buenas, pero ahora lo haría por las malas, después de todo ya era de volver hacer el dios que temían. No permitiría que le arrebataran lo único que le daba un propósito, sus nietos sin cobrar un precio por ello. Su estructura metálica emitió un crujido seco, mientras se ponía en pie. La pesadez del arrepentimiento poco a poco desapareció, reemplazada por una rigidez autoritaria. Su mirada que antes se notaba llorosa comenzó a recuperar el brillo escarlata, frío y calculador. Miró a Poppy, que aún se abrazaba a sí misma con la fragilidad de quien acaba de vaciar su alma, y dejó escapar una risa corta, esta vez volviendo a utilizar aquellas voces diferentes. —Es curioso, Poppy —dijo Oliver, su voz recuperando esa cadencia cínica —Te pareces tanto a Elliot. Poppy bajó la mirada, apretando los labios, hace años que escuchaba el nombre de su padre y aunque lo amaba no iba a negar que estaba resentida con él. —Eso no tiene nada que ver con lo que estamos hablando, Oliver. —¿Ah, no? —Oliver dio un paso hacia ella, obligándola a retroceder dejando los escombros donde ella estaba sentada, porque en ese momento la muñeca seguía estando venerable emocionalmente—. Él también tenía esa manía. Beber hasta perder el sentido cada vez que la realidad lo superaba. Cada vez que sus fracasos le pesaban demasiado, después de todo… tanto tú y yo veíamos como terminaba siempre que empezaba. Se inclinó hacia ella, invadiendo su espacio personal hasta que Poppy pudo sentir el calor residual que emanaba, que hizo que Poppy retrocediera. —Apestas a alcohol, Poppy —sentenció con una seriedad gélida— Un aroma dulce, añejo... vino. Algo que no debería existir en este vertedero. La pelirroja se puso pálida, un escalofrío de terror genuino recorriéndola, ella tuvo que fingir de sobremanera para no delatar ningún gesto que delatara su secretito, Poppy solo se culpó mentalmente y gruño internamente, regañándose a sí misma por cometer semejante error tan estúpido. Pero a una si se mantuvo en calma. —Tienes un punto Oliver, pero, aunque te es difícil de creer es sorprendente lo que puedes encontrar entre los escombros al buscar con desesperación comida.—La mentira que salió de ella se sintió tan natural que ella solo se cruzó de brazos mientras encaraba al Prototipo, por supuesto que no le daría la satisfacción de intimidarla, ni siquiera se atrevería a decirle de donde venían las cosas, a pesar que internamente quería gritarse a si misma por ser tan estúpida. —No me trates como a un tonto —pronuncio Oliver con desprecio, ya que sabía que ella mentía, mientras daba un pisotón con fuerza en el piso que termino por hundirse—Esta tela... —murmuró, casi para sí mismo, Con una lentitud tortuosa, Oliver extendió su mano y tomó un borde del suéter de Poppy, deslizando sus garras por la tela de lana y luego rozando la seda del vestido pijama que asomaba debajo. El contraste entre su propia vestimenta de bufón y la suavidad de las prendas era insultante. —No tiene desgaste, ni siquiera moho de años, es nueva, ¿No es así Poppy?, Es imposible que estas prendas existan aquí, y mucho menos que parezcan recién fabricadas. Poppy guardó silencio, su mente trabajando a mil por hora, dándose cuenta de que su descuido motivado por el duelo le había entregado una pieza de información vital al ser más peligroso de la fábrica. Oliver era un estratega que no dejaba pasar una sola grieta en su control, no por algo siempre rivalizaba sus encuentros estratégicos. —¿De verdad pensaste que no notaría el armamento que portan Kissy y Huggy? —Oliver se irguió mientras comenzaba a analizar la situación—. Una de esas piezas, en específico, tiene un acabado demasiado... curioso. Fabricada a medida. Y no te atrevas a mentirme diciendo que también fue un milagro, Poppy. Ambos sabemos que los humanos no poseían nada similar cuando los masacramos. Inclinó su cabeza metálica, obligándola a sostenerle la mirada. En sus sensores ya no quedaba ni el más mínimo rastro de la agonía previa, la vulnerabilidad había sido erradicada, reemplazada por una chispa de malicia triunfal. Poppy guardó un silencio sepulcral. La calidez del vino se había evaporado por completo, dejando en su lugar la acidez de la derrota inminente. Sabía que había cometido el error más básico de cualquier estratega, permitir que las emociones dictaran su despliegue en el campo, la habían vuelto descuidada. Había subestimado la capacidad de Oliver, mientras ella se hundía en el pasado, él la había acorralado. Sin embargo ella no iba a rendirse y entregarle su única carta que le daría la victoria. Si Oliver quería jugar de nuevo a este juego, ella jugaría de nuevo. Enderezó la espalda, ignorando el temblor residual de sus manos, y sostuvo la mirada escarlata del Prototipo con una osadía renovada, como si no le hubiera afectado. —¿A dónde quieres llegar con todo este análisis, Oliver? —preguntó ella, su voz recuperando ese tono gélido y cortante que utilizaba como una líder, porque ya no podía permitir que tomara la ventaja—. Si tienes una acusación formal, hazla. Si no, deja de perder el tiempo con conjeturas sobre mi vestuario y lo demás. El Prototipo soltó un sonido que pretendía ser una risa que erizó la piel de Poppy. Se movió con una agilidad inquietante, rodeándola como un depredador que admira la resistencia de su presa antes de dar el golpe final. —Querías hacer las cosas por las malas. Querías negarme el acceso a lo único que me importa, como veo aquí hay un problema de secretos y contrabando. Al ocultarme información y recursos que claramente provienen de fuera de estos muros, has puesto en peligro nuestro pacto de no agresión. —siseó él, deteniéndose justo detrás de ella, dejando que su aliento cargado de estática le rozara la nuca—Has introducido variables desconocidas en mi ecosistema. Y las variables desconocidas son amenazas que deben ser eliminadas. Poppy cerró los ojos un breve segundo, visualizando un nuevo plan para poder salir de esta situación. —No he cometido ninguna falta —replicó ella, girándose para encararlo con una calma estratégica—. El trato especifica que soy libre de gestionar mi territorio y sus recursos como mejor me parezca, siempre y cuando no salgamos al exterior, pero Oliver… ¿Cómo podemos salir cuando no has aislado de todas las rutas al exterior? El ojo de Oliver escaneaba cada micro expresión en el rostro de Poppy, que la delatara aun mas, pero era difícil cuando ella había aprendido de él a engañar y ni hablar que aquella ex científica que fue la amiga de la pelirroja le enseño también el arte de la manipulación, Poppy realmente le generaba muchos problemas mentales a la hora de enfrentarla. —No me hables de rutas aisladas cuando traes puesto una ropa que obviamente no es de aquí—respondió él, su voz vibrando con una autoridad gélida—.No necesito que me digas lo obvio, Me basta con lo que veo. Y puesto que afirmas con tanta convicción que no has cometido ninguna falta, me veré en la obligación de comprobarlo personalmente. Poppy sintió un vuelco en el estómago, pero mantuvo el mentón en alto, sosteniendo aquella fachada controlada que tanto le costaba mantener después de haber pasado por un colapso y ni hablar al tener alcohol en su sistema. —¿Piensas entrar a mi territorio? —Pregunto ella con fastidio. —Dentro de dos días, cruzaré tu territorio. Llevaré a cabo una inspección exhaustiva de cada rincón. Si encuentro una sola prueba de contrabando, un solo rastro de tecnología externa o una ruta de escape. —Oliver hundió más una de sus patas contra el concreto. —Hare que veas como incendio todo y todos tus aliados y a los que te siguen… morirán, todo por tus propias consecuencias de haberme desafiado. En el exterior, Poppy no mostró ni una grieta de miedo. Sus ojos permanecieron fijos y su postura rígida, pero por dentro, una tormenta de rabia y desesperación la golpeaba. Dos días no eran nada. Dos días no bastaban para poner en marcha su plan. —Felicidades, Oliver —soltó ella con una amargura que cortaba el aire—. Si esta es tu manera de arruinar el único rincón de paz que queda en este infierno, lo has logrado. Te felicito por volverte más basura de lo que ya eres… después de todo entiendo que harás lo que sea para volver a ver a nuestros nietos. —No confundas mi deber con mi placer, Poppy —interrumpió él, aunque la chispa de malicia en sus sensores decía lo contrario. Era obvio que mentía y la nombrada no le creía. —Bien —dijo ella, cruzando los brazos y buscando una salida de emergencia en el tablero de esta partida—. Si vas a llevar a cabo tu pequeña inquisición, entonces tendrás que esperar una semana. No lo harás en dos días. Oliver inclinó la cabeza hacia un lado, un movimiento mecánico que denotaba una peligrosa curiosidad. —¿Una semana? ¿Desde cuándo la acusada impone los plazos de su propia inspección? No estás en posición de dictar reglas, Poppy. —No lo digo por mí —mintió ella, y su voz sonó tan convincente que incluso por un momento se creyó su propio engaño—. Lo digo por nuestros nietos. ¿O es que ya olvidaste por qué viniste a buscarme en primer lugar? Oliver guardó silencio, esperando que ella continuara. Poppy aprovechó ese vacío para tejer la red de su mentira con hilos de verdad a medias, sabiendo que el punto débil de Oliver siempre sería esa familia que tanto anhelaba. —Los cachorros se quedarán conmigo durante toda esta semana —explicó, fingiendo un cansancio maternal—. Digamos que por ciertas acciones de alguien más, Oliver. No solo nos afectaron a ambos, también a Catnap y a Dogday, ahora ellos se han peleado. Ambos han decidido que los niños deben quedarse conmigo durante toda la semana para alejarlos del conflicto doméstico. —La mentira salió perfecta haciendo que Poppy se sintiera orgullosa de su propia confianza, solo tenía que fingir preocupación y hacer un gesto llena de tristeza por la situación falsa de su querido hijo. El Prototipo procesó la información. Busco en ella un rastro de duda o un tipo de mentira, pero fue difícil hacerlo cuando se trataba de ella, en especial cuando la conocía y siempre vería el bien por esos cachorros, decidió esta vez confiar en su palabra, aunque algo en su interior le decía que no lo hiciera. Pero ambos estaban de acuerdo que los cachorros jamás debían estar en medio de sus discusiones. —Una semana —repitió Oliver, su voz volviéndose un murmullo profundo—. Te daré siete días, Poppy. Pero no te equivoques, esto no es una concesión hacia ti. Es un regalo para ellos. Aprovecha cada segundo, porque cuando el plazo expire, te hare sufrir las consecuencias de tus actos contra mí. Poppy asintió levemente, sintiendo que acababa de comprar un tiempo precioso. Oliver comenzó a girarse. Ya le había dado su sentencia, el juicio estaba dictado y la tiranía restablecida. Sin embargo, antes de que pudiera fundirse de nuevo con las sombras del pasillo, la voz de Poppy lo ancló al suelo. —Oliver... espera. Fue un llamado impregnado de una melancolía tan densa y antigua que el Prototipo se detuvo en seco, sintiendo una punzada de estática recorrer su cuerpo. Se giró lentamente, encontrándose con una Poppy que lo observaba con una mirada cargada de un conocimiento profundo y doloroso, como si estuviera viendo el final de un libro que él apenas comenzaba a leer. Esa expresión desarmó a 1006. Algo en su núcleo, en ese remanente de humanidad que insistía en latir bajo soberanía, se contrajo ante la tristeza infinita de la pelirroja. Era un mal presagio, verla así, tan extrañamente en paz con su propia desdicha, le generaba una inquietud que no lograban categorizar. —Solo una pregunta más —Ella hablo, Poppy realmente quería sacarse esa duda que le carcomía desde que se había enterado de la noticia de esa relación, y ahora más sabiendo que esta sería su última platica, no podía irse no sin antes poder resolver su duda y al menos despedirse de forma apropiada—. ¿Por qué él? ¿Por qué elegiste a Harley? Oliver se mantuvo inmóvil bajo el dintel de la oficina en ruinas, permitiendo que la luz mortecina resaltara las aristas de su cuerpo mecánico. La pregunta de Poppy había rasgado el velo de su soberanía, obligándolo a mirar hacia un rincón de su existencia que prefería mantener en penumbra. —Nos parecemos. —respondió finalmente, con una honestidad brutal que le dolió pronunciar—Se parece a mí más de lo que estoy dispuesto a aceptar, Poppy —respondió él, y su voz recuperó esa profundidad gélida que no admitía réplica. —Compartimos la misma visión. Compartimos gustos, ambiciones y una forma de ver la belleza en la decadencia que tú siempre consideraste una aberración. Hizo una pausa, y por un segundo, la malicia en sus ojos se transformó en algo mucho más pragmático, casi cínico. —Lo negué por mucho tiempo, intenté convencerme de que éramos polos opuestos. Pero la verdad es que, de todos los seres que se arrastran por estos pasillos, Harley es el único capaz de entender mis ideologías sin retroceder por el miedo. No tengo que explicarle por qué hago lo que hago, él ya está allí, esperándome en la misma conclusión. —El Prototipo por fin pudo revelar la verdad de su relación, y a pesar de todo no se sentía arrepentido en absoluto, para él era la única forma en la que no estaría solo y tendría una compañía que en vez de cuestionar sus métodos, lo seguiría, además de que con Harley todo era más sencillo, no necesitaban tanto sentimentalismo para comunicarse, simplemente harían las cosas. Era más simple y practico, además de que había deformado su amor obsesivo hacia él, para no perderse en la locura de todo lo que conllevaba su propia vida y las heridas en aun no cerraba por culpa de su contraria. —Con el tiempo, se ha vuelto... manso. Simplemente nos entendemos, Poppy. Somos dos monstruos que han dejado de pelear contra su naturaleza para aceptarse mutuamente. Es la única paz que me queda, la paz de ser comprendido por otro depredador. Poppy dejó escapar un suspiro, negando con la cabeza mientras una lágrima solitaria, porque esto es lo que ella quería escuchar, porque solo así ella pudo matar el poco amor que le quedaba hacia su contrario, de esta forma ella no miraría atrás y solo le haría un favor a ambos, liberarlos y no verse nunca para que pudieran sanar lejos uno del otro. —Lo entiendo... Sé que Harley distorsionó muchas cosas en ti, cuando fuiste su víctima, incluyendo que cambio bastantes aspectos de tu visión—dijo ella, mientras lo observaba con profunda tristeza, como si ella estuviera viviendo un nuevo duelo, haciendo sentir incomodo al Prototipo, porque no entendía porque le hablaba de esa forma, como si ella quisiera cerrar algo que él no estaba dispuesto a soltar—. Pero es lamentable, Oliver. Es profundamente trágico ver que, para que esa relación funcione, tienes que mutilar tu propia esencia. Tienes que cambiar tu personalidad, ignorando todo lo que tu mismo sufriste a sus manos, solo para estar junto con él… Ella lo miro con tanta melancolía y tristeza en lo que se terminó convirtiendo, en especial cuando ya no podían hacer absolutamente nada por él, ya que por desgracia para Oliver esta sería la última vez que se verían y él no lo sabía. Pero al menos con esto Poppy podría tener finalmente su cierre, en donde pueda expresar sus últimas palabras. —Es antinatural verte así. Ver al hombre que amé, al líder que alguna vez tuvo un propósito noble, convirtiéndose en otra persona solo para no estar solo. Estás perdiendo tu alma por un espejismo de compañía, y lo peor es que ni siquiera te das cuenta de que te estás desvaneciendo. —Pero Poppy solo suspiro mientras se giraba y le daba la espalda, para caminar hacia el pasillo donde la guiaba a su territorio, para luego dedicarle sus últimas palabras. —A pesar de todo, Oliver... —su voz salió suave, despojada de la acidez de la soberana y de la furia de la ex amante, dejando solo una honestidad pura y desgarradora, de una mujer que se permitía soltar y continuar con su vida—. Te deseo lo mejor y te Deseo de todo corazón tu felicidad sea eterna con Harley. Oliver quedo mudo, una estática contenida que parecía contener la respiración. —Espero que su compañía realmente te dé la paz que dices tener y que su relación no sea el error que yo creo que es. Solo quiero que seas feliz, aunque esa felicidad ya no tenga un lugar para mí. —Era una confesión que ella desde hace años siempre quiso decirle, después de todo lo que tuvieron ya había quedado en el pasado y solo quedaba atesorarlo, y recordarlo con amor, mientras continúan con sus vidas. —Gracias—respondió Oliver, bastante sorprendido por las palabras de su contrario y sintió un poco de dolor, pero ya nada podía hacer ni siquiera vivir en arrepentimiento, cuando los dos se habían lastimado tanto que no podían estar mas tiempo con su compañía mutua, sin sufrir en el intento por los recuerdos, por lo que representaba para cada uno. Sin embargo, antes de fundirse por completo con las sombras del corredor exterior, el Prototipo se detuvo una última vez. No se giró, pero su voz resonó con una advertencia cargada de una protección antigua. —Y Poppy... deja de beber. Elliot también pensaba que el alcohol ocultaba sus pecados, y lo único que logró fue ahogar su alma antes de que yo terminara el trabajo. No dejes que te pase lo mismo. Poppy, aún de espaldas y con las manos hundidas en los bolsillos de su suéter, asintió levemente. El peso de la mención de Elliot fue como una bofetada de realidad, pero aceptó el consejo sin rencor. Sabía que, a pesar del odio y la tiranía, Oliver seguía teniendo ese rincón de su mente que se preocupaba por ella. Ella dio el primer paso hacia su territorio, sintiendo el peso de un cierre que Oliver aún no comprendía. Para él, esto era solo una tregua de siete días, para ella, era la última voluntad de una mujer que estaba a punto de desaparecer de su vida para siempre. Había dicho lo que necesitaba, había liberado el perdón y había entregado sus mejores deseos al hombre que alguna vez fue su mundo. Y cuando Poppy se aseguró que estuviera lejos no pudo evitar sonreír mientras sus lágrimas bajaban por sus mejillas, mientras susurraba. Gracias y cuídate. Porque este sería su último adiós, aun ahora lo que deseaba es que él permaneciera feliz, solo para él su amado que jamás volverá a ver, Poppy agradeció profundamente desde su corazón, lo que un día los unió. Adiós y cuídate por favor. Con esas últimas palabras dedicadas al soberano, ambos comenzaron a caminar en direcciones opuestas. El sonido de los pasos arácnidos y metálicos de Oliver se fue perdiendo hacia las profundidades, donde Harley y su vida lo esperaban. Mientras tanto, el eco de los pies de Poppy resonaba hacia el corazón de su territorio, donde sus súbditos y el calor de su familia la esperaban. Caminaron hasta que el silencio de la fábrica los devoró por completo. Dos soberanos, dos extraños que alguna vez fueron uno solo, separándose definitivamente bajo el techo oxidado de una fábrica que alguna vez presencio un amor tan puro como la de ellos. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆ Poppy se adentró en la penumbra de su propio territorio, sintiendo un alivio inmenso por tener por fin un poco de paz, después de tratar con su contrario. A pesar de la hora, el pasillo no estaba desierto, las sombras se agitaban con el movimiento de sus guardias, quienes permanecían en estado de alerta tras el tenso encuentro en la frontera. Al verla aparecer, varios de los juguetes, buscando en su rostro alguna señal de la orden de ataque que esperaban. —Regresen a sus puestos de vigilancia —ordenó Poppy, su voz recuperando una autoridad gélida que no admitía réplicas—. La situación está controlada por ahora. Los guardias asintieron con movimientos rígidos y se retiraron hacia las esquinas más oscuras de los corredores, permitiéndole avanzar hacia una de las bifurcaciones menos transitadas de su dominio. Poppy caminó con paso firme, alejándose de las zonas habitadas, donde estaban las carpas de sus súbditos o algunos cuartos donde habitaban, dirigiéndose hacia el sector de desechos, un área que ella misma había declarado estrictamente prohibida para la población general de juguetes. Solo sus exploradores tenían permiso de entrar después de todo, era la única ubicación que podían permitirse para poder salir al exterior, además que podían controlar a diferencia de las otras que estaban siendo vigiladas por los súbditos de 1006. Al cruzar el umbral de la sala de procesamiento de basura, el entorno cambió drásticamente. Lo que parecía ser una habitación de mantenimiento estándar, polvorienta y olvidada por el tiempo, albergaba únicamente tres grandes contenedores de metal industrial alineados contra la pared del fondo. Poppy se detuvo frente a ellos y dejó escapar un suspiro cargado de aversión, odiaba profundamente que la supervivencia de su facción y su única conexión con el exterior dependieran de un lugar tan lúgubre y degradante. Al mismo tiempo, sentía una gratitud infinita hacia su querida amiga por haberle revelado aquel conducto secreto. Parecía como si la antigua científica hubiera previsto, con una claridad casi profética, el destino que aguardaba a Poppy tras su partida. Para la pelirroja no sería ninguna sorpresa descubrir que su amiga lo había planeado todo meticulosamente, dejándole esa vía de escape lista para el momento en que la necesitara. Después de todo, ella no solo fue su mentora, sino la grandiosa maestra que le enseñó a pulir sus colmillos para sobrevivir en un mundo de depredadores. Se acercó al contenedor central, cuya superficie estaba marcada por décadas de corrosión. Al abrir la pesada tapa, el interior parecía estar repleto de desechos mundanos, papeles amarillentos, restos de espuma y chatarra inútil. Sin embargo, con movimientos prácticos, Poppy comenzó a retirar la fachada de basura, revelando que el fondo falso ocultaba una escotilla de acero reforzado que ya se encontraba entreabierta. Aquel acceso era el secreto mejor guardado de su administración, la prueba física del contrabando y la tecnología externa que el Prototipo sospechaba que ella poseía. Sin dudarlo un segundo, Poppy se encaramó al borde del contenedor y se deslizó hacia el interior, dejándose caer por la escotilla. El túnel que se abría ante ella era un conducto liso y vertical, diseñado para el transporte rápido de materiales. Poppy se deslizó por el estrecho conducto metálico, cerrando los ojos con fuerza y tapándose la nariz con una mano para evitar que el hedor persistente la asfixiara. A pesar de las décadas transcurridas desde que la fábrica dejó de funcionar a pleno rendimiento, las paredes del túnel de desechos conservaban un rancio aroma a basura descompuesta. Finalmente, sintió el impacto sordo de su aterrizaje. No fue el golpe seco contra el suelo que esperaba, sino un hundimiento suave y elástico. Sus exploradores, meticulosos y fieles a sus órdenes, habían colocado un viejo colchón desgarrado justo debajo de la salida de la escotilla para amortiguar la caída. Poppy soltó un suspiro de pura frustración, sacudiendo su vestido y su suéter con gestos rápidos para quitarse el polvo invisible de la humillación que sentía cada vez que debía usar esa ruta tan poco digna. Sin embargo, al ponerse en pie y levantar la cabeza, toda su irritación se disolvió en un instante. Ante ella se extendía el mundo exterior, un panorama que rompía con la claustrofobia de los pasillos oxidados y el control asfixiante de Oliver. No era la primera vez que escapaba, era un ritual secreto que alimentaba su cordura. A los pies de la inmensa fábrica, el bosque se había transformado en una entidad indomable. Desde que los humanos desaparecieron, la naturaleza había reclamado su territorio con una ferocidad silenciosa, extendiendo raíces por las grietas del pavimento y alzando copas de árboles tan altas que parecían querer ocultar la monstruosidad de la edificación tras un manto de verde profundo. Poppy cerró los ojos y dejó que sus hombros se relajaran. Una ráfaga de aire fresco y puro, cargado con el aroma de la tierra húmeda y el pino, acarició sus mejillas. Sintió cómo las hebras de su cabello carmesí se elevaban y bailaban con el viento, una sensación de ligereza que jamás encontraría bajo los techos de aquel lugar. En ese espacio liminal entre la fábrica y la selva que la rodeaba, se sentía libre, despojada de las cargas de su soberanía. Lentamente, levantó la mirada y abrió los ojos para encontrarse con la noche en todo su esplendor. La luna, majestuosa y plateada, colgaba sobre el manto oscuro del cielo como una joya solitaria, iluminando las copas de los árboles y los restos de la civilización humana con una luz espectral y serena. Poppy no pudo evitarlo, una sonrisa genuina, iluminó su rostro. Soltó una pequeña risa cristalina que se perdió entre el susurro de las hojas y, con un gesto lleno de una inocencia que la fábrica no había logrado corromper, levantó una mano para saludar al astro. —Hola de nuevo, vieja amiga —susurró hacia el cielo, como si estuviera reencontrándose con una vieja y gran amiga que la esperaba cada vez que salía de las sombras de la fábrica, riendo suavemente mientras se deleitaba en la inmensidad del universo. Poppy se adentró en la espesura del bosque como si lo conociera perfectamente. Sus pies, acostumbrados al suelo metálico y frío de la fábrica, se hundían ahora en el musgo y la hojarasca, una sensación que siempre la devolvía a una realidad más orgánica y menos cruel. No necesitaba mapas ni brújula, su cuerpo recordaba cada giro y cada tronco caído hasta que los árboles se abrieron paso para revelar un claro bañado por la luz plateada de la luna. En el centro del claro se erigía una roca colosal, de superficie lisa y desgastada por el tiempo, que servía como su santuario personal. Poppy soltó un suspiro de alivio; este era el refugio al que solía acudir cada vez que las responsabilidades como líder de su facción o las complejidades de su pasado la sobrepasaban. Con una agilidad que contrastaba con su apariencia de porcelana, trepó hasta la cima de la piedra y se sentó, dejando que sus piernas colgaran sobre el borde, sintiendo el frío mineral bajo sus manos. Por primera vez en la noche, se permitió soltar los hombros y dejar que su máscara de soberana se agrietara. —Esto es lo mejor... —susurró para sí misma, con la voz perdida entre el susurro de las hojas—. Definitivamente querida amiga… tu si sabes cómo ayudar, alivias mi alma. —Dijo aquella diosa pelirroja mientras observaba la luna que la acompañaba, probablemente sonaba loca y sabia que nadie podía juzgarla por hablar consigo misma o fingir que la luna era una amiga, después de todo todos en ese lugar se habían vueltos locos. Se abrazó las rodillas, mirando la inmensidad del bosque que se extendía ante ella, permitiéndose pensar y reflexionar, sobre todo, en especial ahora comenzar a planear su nuevo plan, necesitaba hablar con Glibet su querido caballero, para saber lo que había encontrado. Tenía siete días antes que Oliver volviera. Pensar en él, solo la hacía doler la cabeza, porque no creía que al final terminarían de ese modo cruel, dos amantes que se amaron tanto, que su amor no pudo sobrevivir por una fuerte perdida y probablemente era lo mejor. Porque al final Oliver demostró que no podía darle lo que ella necesitaba, seguridad y sobre todo un compañero de vida que estuviera a su lado en las buenas y en las malas. Y aunque las disculpas ya se hubieran dado, eso no cambiaba el presente, porque ella seguía ahí, sola sin nadie con quien pueda amar y sentirse amada de la forma que deseaba. Además que menos ahora podía permitirse hacerlo cuando necesitaba liderar un nuevo plan para salir libres de esta situación tan crítica. Cerró los ojos, dejando que el aire puro limpiara el rastro de alcohol de sus pulmones. Por un momento, se imaginó cómo sería simplemente caminar hacia el horizonte y ese deseo solo la hizo sentirse más poderosa, porque aún tenía oportunidad para librarse de todo. Desde esa altura, el cielo se desplegaba ante ella como un lienzo infinito. Solo se permitió simplemente existir, disfrutando de la tranquilidad absoluta y de la libertad que solo la naturaleza podía ofrecerle. Sin embargo, la paz fue efímera. Un crujido seco proveniente de la maleza, a unos cuantos metros de la base de la roca, rompió el silencio del claro. No era el sonido del viento moviendo las ramas, sino el de una presencia física intentando ser cautelosa y fallando en el intento. Poppy abrió los ojos de golpe, su cuerpo tensándose instintivamente. Sus pupilas se dilataron mientras escudriñaba la oscuridad entre los árboles a la lejanía. Por supuesto que tenia que ser uno de los suyos ya que el Prototipo difícilmente se arriesgaría a salir de la fábrica de esa manera. Una sombra se movió entre los troncos, una silueta que parecía haberla seguido desde el conducto de basura. Poppy inhaló profundamente, tratando de forzar sus sentidos a ir más allá de sus límites biológicos. Intentó olfatear el aire, buscando un aroma conocido pero por desgracia, ella no poseía el instinto de depredador ápex de su ex amante. El viento, caprichoso y cambiante, soplaba en la dirección opuesta, dispersando cualquier rastro revelador entre los pinos y las flores nocturnas, dejándola solo con la incertidumbre del susurro de las hojas. Sin embargo, una extraña calidez en su pecho le indicó que quienquiera que estuviera allí no representaba una amenaza real. No era el acecho frío de un verdugo, sino la vacilación de alguien que la conocía demasiado bien. —Sal de una vez —dijo Poppy, relajando los hombros aunque manteniendo la mirada fija en el linde del bosque—.No tienes la sutileza de un ninja, aunque lo intentes. De entre la espesura de los helechos surgió Glibet. Su figura se recortó contra la luz de la luna, al verlo, Poppy soltó un suspiro de alivio que fue casi un quejido. Glibert no solo era uno de sus amigos más leales, si no que secretamente, alguien que despertaba en ella sentimientos que aún no se atrevía a nombrar del todo. Había una tensión dulce entre ambos, un afecto que había crecido con el paso del tiempo, y que, en momentos como este, fuera de los muros, era difícil ignorar que deseaba poder tener una sana relación con él. Al ver su rostro, Poppy sintió que el calor le subía a las mejillas. Un leve sonrojo la delató. Volvió a sentarse en la roca y, con un gesto suave de la mano, lo invitó a subir. —Me vas a matar de un susto un día de estos —murmuró ella, mientras él se acercaba con esa zancada rítmica y segura. Glibet, con esa personalidad carismática y ese toque de humor que solía tener que siempre lograba desarmarla, soltó una carcajada vibrante que hizo eco en el claro. —Vaya, Su Majestad, pensé que había mejorado mis habilidades ninjas —bromeó él, dándole un golpecito juguetón con el hombro mientras se acomodaba a su lado—. Pero veo que ni siquiera el bosque puede ocultarme de tu radar. ¿Qué pasa? ¿Acaso estabas esperando a un príncipe azul o solo a este humilde vagabundo? Poppy no pudo evitar reírse, una risa cristalina que rompió la melancolía que la había perseguido desde su charla con Oliver. Se sentaron juntos, con las piernas colgando sobre el abismo de la roca, rodeados por el murmullo de los grillos y el aroma del musgo fresco. Durante unos segundos, el silencio fue cómodo, una burbuja de normalidad en un mundo distorsionado. —Es bueno verte, después de las semanas que estuviste a fuera… me hiciste mucha falta. —Confeso la pelirroja honesta, porque estar a su lado se sentía de verdad con compañía, no necesitaba ser una líder, una hermana, una madre solo quería ser Poppy y hablar de tonterías sin sentido mientras era escuchada o explorar un poco en compañía, como lo hacía antes cuando Glibet estaba con ellos. Glibert se quedó en silencio un momento, sorprendido por la honestidad de Poppy. Él sabía lo difícil que era para ella quitarse la corona de espinas que significaba liderar a los juguetes, y escuchar que él era su refugio hizo que su corazón diera un vuelco. Se rascó la nuca con un gesto despreocupado, aunque sus ojos brillaban como un idiota enamorado y no era secreto, él estaba loco por ella, la amaba y la quería como su compañera de vida, pero él sabía que no era el momento para eso. —También te extrañé, pelirroja. Estar ahí fuera es emocionante, no te voy a mentir, pero siempre faltaba algo... faltaban tus regaños y tus planes demasiado complicados —bromeó él, dándole un suave empujón con el hombro. —Entonces... —comenzó Glibert, jugueteando con una pequeña rama mientras miraba el horizonte—. ¿Cómo fue el encuentro con El prototipo? Glibet se inclinó un poco hacia ella, buscando su mirada con una mezcla de curiosidad y preocupación genuina. Poppy desvió la vista hacia la luna, su sonrisa desvaneciéndose lentamente mientras los recuerdos de él regresaban como una marea amarga. —Tan mal como siempre, Glibet —contestó ella, apretando los bordes de su suéter—. O quizás peor. Tenemos siete días antes de que regrese y quiera entrar a nuestro territorio… se dio cuenta que salíamos de la fabrica… por lo que mi plan debe adelantarse Glibet. —Explico ella frustrada por lo que ella al final lo miro buscando una esperanza. —Por favor dime… que cumpliste la misión que te di. Glibert exhaló un suspiro prolongado, una mezcla de alivio y triunfo que pareció disipar la tensión eléctrica que aún emanaba de la silueta lejana de la fábrica. Con una lentitud deliberada, como quien guarda el tesoro más grande del mundo, deslizó su mochila hacia el frente. Sus dedos, callosos buscaron hasta extraer un cuaderno de cuero gastado. Al abrirlo, sacó un papel doblado en varias partes, amarillento por el tiempo pero tratado con una delicadeza. —Bueno... —comenzó Glibert, desplegando una de esas sonrisas ladeadas que siempre lograban que el corazón de Poppy diera un vuelco—. Digamos que el "ninja" no solo sabe esconderse en los arbustos. Misión cumplida. Poppy se quedó paralizada un segundo, procesando las palabras. Cuando el significado real de lo que Glibert sostenía en sus manos finalmente hizo clic en su mente, la máscara de soberana contenida se rompió por completo. Un grito de pura emoción, agudo y vibrante escapó de su garganta, resonando a través del claro y perdiéndose entre las copas de los árboles. Sin pensarlo, se lanzó sobre él en un abrazo impetuoso, rodeando su cuello con fuerza y plantándole un beso sonoro y cálido en la mejilla. —¡ERES EL MEJOR! ¡DE VERDAD LO HICISTE! —exclamó ella, con los ojos brillando de una forma que Glibert no veía en años. Glibert, por su parte, se quedó petrificado. Un rojo intenso, casi tan brillante como el cabello de Poppy y de su pelaje, trepó por su cuello hasta cubrirle las orejas. Empezó a balbucear incoherencias, intentando recuperar el aire y la compostura mientras Poppy, arrebataba el papel con manos temblorosas. Al abrirlo, se encontró con un mapa meticuloso, una ruta trazada con tinta negra que serpenteaba fuera de los límites de la fábrica, un mapa enorme que representaba la ciudad y hasta más, con varios puntos marcados como descanso. —Solo es el primer mapa… vamos a tener que viajar mucho… prácticamente saldremos del estado. —Comento Glibet, ya que poseía más mapas que había recolectado para el plan de la soberana, orgulloso de regalarle a Poppy la representación misma de la libertad definitiva. Poppy comenzó a saltar sobre la superficie irregular de la roca, despojada de la pesadez que la había encadenado durante años. Su carcajada estallaron en el aire nocturno, vibrantes y cristalinas, una melodía que no nacía de la euforia artificial del alcohol, sino de la más pura y salvaje esperanza. Con cada salto, el mapa que apretaba contra su pecho parecía volverse más ligero, como si el simple hecho de poseer una ruta de salida le hubiera devuelto la agilidad a su alma , transformando su angustia en una energía eléctrica que encendía el claro bajo la mirada cómplice de la luna. —¡OH MI DIOS, GLIBERT! ¡GRACIAS!—gritaba ella, agitando el mapa hacia la luna como si le mostrara su victoria al universo. —Vaya, parece que la fiesta empezó sin mí —una voz suave y cargada de una gracia interrumpió el festejo. Poppy se detuvo en seco, girándose hacia la linde del bosque. De entre las sombras emergió Kissy Missy, su figura moviéndose con una elegancia que siempre lograba que el bosque pareciera un jardín privado, al igual que Glibet ella también poseía su capa de exploradora, que en su espalda se notaba el bordado dorado, como si ella ya supiera lo que vendría. Su mejor amiga la observaba con una expresión de ternura y diversión, cruzando sus largos brazos sobre el pecho. —¡KISSY! —Poppy saltó de la roca, aterrizando en el musgo con una agilidad sorprendente—. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo me encontraste? Bueno... tonta pregunta, siempre sabes dónde estoy. —Dijo la pelirroja divertida mientras no paraba de sonreír. Kissy asintió, acercándose para quedar a lado de ella, al igual que Glibet bajaba de la roca embobado por Poppy al verla de esa forma, además de que no se había recuperado del beso. — No hace falta que expliques todo, ya escuche todo. —explicó Kissy, mirando de reojo a un Glibert que aún intentaba procesar el beso en la mejilla y Poppy solo sonreía, sabiendo que Kissy siempre estaría lista para cualquier cosa que digiera, después de todo ellas siempre se apoyaría. Glibert se aclaró la garganta con un estrépito forzado, tratando de disipar el calor que aún le quemaba las mejillas y de recuperar el aire que el beso de Poppy le había arrebatado. Se ajustó las correas de su mochila y miró a Poppy con una seriedad renovada que detuvo las risas por un instante. —Espera, Poppy... hay algo más—dijo Glibert, su voz recuperando ese tono profundo y ligeramente rasposo que lo caracterizaba—. Digamos que, también pude encontrar a cierta persona que conoces muy bien. Poppy ladeó la cabeza, su curiosidad desplazando por completo la euforia de hace un momento. Glibert metió la mano de su equipo y extrajo un sobre de papel grueso, sellado con un lacre oscuro que el tiempo no había logrado romper. Se lo entregó a Poppy con una reverencia que esta vez no tenía nada de broma. —No solo encontré un refugio perfecto que sea nuestro nuevo hogar, también pude encontrarla a ella —susurró él, clavando su mirada en la soberana que al escucharlo, Poppy sintió que sus ojos se humedecían al mismo tiempo que su respiración se volvía errática por la sorpresa y la emoción, al precipitarse en pensar en quien era. Poppy tomó la carta con dedos temblorosos. El simple contacto con el papel la hizo estremecer, sintiéndose bastante irreal hasta para ella. Kissy Missy, cuyos ojos brillaban con una mezcla de sospecha y esperanza, se inclinó sobre el hombro de su amiga. Con el corazón golpeando con fuerza contra su pecho, Poppy rompió el sello de lacre. El crujido del papel al desplegarse pareció ensordecedor en el silencio sagrado del claro. Kissy contuvo el aliento, y juntas comenzaron a leer las líneas trazadas con una caligrafía firme pero apresurada. “Mi querida amiga sexy pelirroja, Siempre supe que lo lograrías, y sabía que nos volveríamos a ver tarde o temprano, ¿Cuántos años han pasado ya?, ¿Cómo unos 10 años?, ¡Ja!, de verdad ha pasado desde la última vez que nos vimos y nos despedimos. No sabes todas las veces en la que rece a dios y venere para poder volver a verte mi querida amiga. Pero Dios es poderoso y justo, y por fin me concedió el deseo de poder verte, mandándome a uno de sus ángeles en forma de un peluche como Glibet. Él me conto todo y por supuesto que acepte, lo que sea por ayudar a todos aquellos juguetes que desean ser libres y sobre todo poder devolverte todo lo que has hecho por mi Poppy. Tengo tantas cosas que contarte, ya quiero que conozcas a mis niños, te prometí que abriría un orfanato con los niños que pudimos rescatar de Playtime Co. Antes de que iniciara la hora de la alegría, construí un lugar muy seguro y sobre todo perfecto en donde nadie más nunca sufrirá los abusos que se vivieron, y sobre todo un refugio perfecto para ustedes. Me asegure de todo para prepararlo, porque sabía que en lo más profundo de mi corazón, tarde o temprano volveríamos a vernos y querrías de mi ayuda. Ya que todo esto se debe a ti. Pero mejor ahorro mis palabras para contártelas de frente, te estaré esperando con los brazos abiertos Poppy. Att: Jane.” Poppy sostuvo el papel con dedos que no dejaban de temblar, sintiendo el tacto rugoso de la celulosa como si fuera la piel misma de quien lo escribió. A medida que sus ojos devoraban cada palabra, el mundo a su alrededor comenzó a desdibujarse. La caligrafía de Jane podía reconocerla siendo ella una conexión que no solo había sido su maestra, sino su hermana mayor, su brújula y la arquitecta de su propia fortaleza, en esos entonces cuando aun dominaba Lieth Pierre. —Es ella... —susurró Poppy, y su voz se quebró, liberando un sollozo que había estado contenido en lo más profundo de sus pulmones por más de una década—. Kissy, es Jane... está viva. La primera lágrima cayó sobre el papel, humedeciendo la firma de Jane, y pronto fue seguida por un torrente incontrolable. Poppy cayó de rodillas sobre el musgo esmeralda del claro, abrumada por una dicha tan pura y violenta que le impedía respirar. Era una felicidad que dolía, una que borraba de un plumazo el sabor amargo de todo lo que paso en el día. Recordó cada lección de Jane, cómo le enseñó a afilar su ingenio, cómo la guio para volverse mejor cada día y cómo, antes de que el infierno se desatara en la Hora de la Alegría, Jane y ella habían planeado un escape masivo para los pocos niños que se salvaron y algunos trabajadores. Kissy Missy se arrodilló a su lado al instante, envolviéndola en un abrazo protector y cálido. Kissy también lloraba, las lágrimas empapaban sus mejillas mientras leía por encima del hombro de Poppy sobre el orfanato, sobre los niños rescatados y sobre ese refugio sagrado que Jane había construido con las manos del amor y la redención. Para ambas, la carta no era solo un mensaje, era la prueba de que su sueño de un lugar libre de los abusos que seguían sufriendo en esa horrible fabrica. —Lo logró, Poppy...—sollozó Kissy, hundiendo su rostro en el hombro de su amiga, mientras Glibert observaba la escena en silencio, conmovido hasta la médula por el impacto de su hallazgo—. Seremos libres… Poppy apretó la carta contra su pecho, justo encima de su corazón, sintiendo que por fin encontraba su cierre. Jane, su mentora, la mujer que le enseñó a pulir sus colmillos para no ser devorada por los monstruos, la estaba esperando con los brazos abiertos. —Entonces... ¿cuál es el plan, Poppy? —preguntó Kissy mientras se incorporaba, ofreciendo sus manos para ayudar a la pelirroja a ponerse en pie. Poppy permaneció en silencio unos segundos. Se irguió con su ayuda y con una elegancia renovada. La luz de la luna, reflejada en su rostro, ya no mostraba a una mujer al borde del abismo, sino a una estratega que acababa de encontrar la salida definitiva. —El plan es simple. —sentenció Poppy, guardando la carta en su regazo con un cuidado casi sagrado, sabiendo que al mentirle al Prototipo ayudaría a comprar tiempo valioso—. Vamos a preparar todo y nos largaremos de este infierno. Abandonaremos Playtime Co. para siempre. Kissy Missy asintió, aunque una sombra de preocupación cruzó su rostro, porque aunque fuera fácil decirlo, para otros juguetes en específico no lo seria y ahí es cuando la lealtad comenzaría a torcerse para algunos. —Si ese es el camino, Poppy, entonces hay una conversación que no puedes postergar ni un minuto más —dijo Kissy con voz seria, dando un paso hacia ella—. Tienes que hablar seriamente con Dogday. Poppy asintió lentamente, cerrando los ojos por un instante. Sabiendo que esa conversación con su querido hijo, seria de las cosas más difíciles, porque entendía que Dogday tenía un peso que no podía dejar tan fácilmente. —Lo sé. Hablaré con él. No voy a permitir que mi hijo y mis nietos se queden en este lugar lleno de mierda. —Expreso Poppy con esa mirada determinada y afilada, decidida a llevarse a su familia. —¿Y si se niega? —interrumpió Glibert, cruzando los brazos sobre su capa de explorador con una expresión pragmática—. Conocemos a Dogday. Si decide que su lugar es aquí... al lado de Catnap... ¿qué haremos? Poppy se quedó callada, una quietud sepulcral que pareció congelar el musgo bajo sus pies, porque ella sabía a ese era el problema de su hijo, emparejarse con el heraldo del Prototipo y ahora sabía que sería un momento de tensión a futuro, porque entendía que para Dogday no sería fácil de decidir. —Eso no pasará —respondió finalmente, con una seguridad que rayaba en la desesperación porque realmente quería creerlo con todo su corazón—. No voy a perderlo. Mientras los tres discutían, ni Poppy, ni Glibet notaron que oculto tras el grueso tronco de un pino, una silueta se estremecía violentamente. Dogday estaba allí, agazapado en la oscuridad, con una mano apretada contra su boca para ahogar los sollozos que amenazaban con desgarrarle la garganta. Sus ojos, antes brillantes estaban nublados por las lágrimas que caían sin control sobre la tierra, ya había tenido suficiente de este día con lo ocurrido con sus bebes, después la pelea que tuvo con Catnap y ahora esto, escuchar una noticia que cambiaría su vida para siempre y la de sus hijos, pero como era sabido no sería nada fácil tomarlo porque aquí la situación, era su pareja Catnap. Ese felino representaba una constante a su vida donde podía cambiar el rumbo de las cosas. Lo que Dogday se angustio de la peor manera, porque ni siquiera el sabia como platicar con Catnap al ser tan leal al Prototipo. Kissy Missy por su parte ya sabía de su presencia y solo miraba de reojo a ese punto oculto donde estaba Dogday. Ella misma lo había traído porque él había insistido, en medio de la noche cuando no encontró a su madre y salió a buscarla, y se encontró con Kissy que apenas iba a seguir a Glibet y a Poppy, la cual este pidió que lo llevara, pero Kissy lo hizo con la condición que permaneciera oculto en las sombras. Sabía que Poppy jamás hablaría con tanta crudeza y libertad frente a su hijo, y que Dogday necesitaba escuchar lo que su madre decía, porque presentía que sería algo fuerte, incluso si no era el destinatario directo de sus palabras. En su escondite, Dogday sentía que su mundo se fracturaba en mil pedazos imposibles de recomponer. Las palabras de su madre eran un faro de esperanza, una promesa que sus cachorros tendrían una verdadera vida llena de libertades, pero también eran una sentencia de muerte para su corazón. Irse significaba la libertad, pero también significaba convencer o abandonar a Catnap en las garras del Prototipo y de su propia devoción fanática. El dolor era inmenso, una presión en el pecho que le dificultaba la respiración. Podía visualizar el refugio, un lugar donde sus pequeños crecerían felices, pero la imagen siempre terminaba manchada por la sombra de Catnap, quedándose solo en la oscuridad de la fábrica, esperando un castigo que nunca llegaría a entender. Dogday cerró los ojos con fuerza, debatiéndose entre el deseo de correr hacia su madre para abrazarla por el futuro que les ofrecía y la agonía de saber que, para salvar a su familia, tendría que mutilar su propia alma y dejar atrás la mitad de su vida. En el silencio del bosque, el sol se sentía más pequeño que nunca, atrapado entre una salvación que sabía a traición y una lealtad que olía a muerte. Y ahora debía elegir que camino tomar por primera vez en su vida. El silencio del claro fue sepultado por el resurgir de la voluntad de Poppy. En los ojos de la pelirrojas antes nublados por el llanto, ahora emitían un fulgor de mando que hizo que incluso Glibert se enderezara por instinto, como si volviera a ver aquella diosa rojiza que podía rivalizar con aquel tirano. —Mañana —decretó ella, y su voz ya no era de dudas o rota por todo lo sucedido, sino una firme con la confianza de una diosa—. Mañana mismo reuniré a todos los súbditos. Les daré la noticia que han esperado muchos. No vamos a quedarnos sentados esperando hasta que ese dios falso quiera hacernos daño. Poppy ascendió de nuevo a la cumbre de la roca, escalando con una determinación que transformaba su fragilidad en pura potencia. Al alcanzar la cima, se posicionó bajo el haz absoluto de la luna, su eterna y silenciosa confidente nocturna, que parecía descender desde el firmamento con un rayo de plata solo para coronarla. La luz plateada no solo la iluminaba, la bañaba por completo, filtrándose en su mirada y otorgándole un aire de divinidad antigua. En ese instante, una ráfaga de viento barrió el claro, haciendo que su cabello carmesí se alzara y ondeara con fuerza, despejando su frente para revelar un rostro donde el miedo había sido reemplazado por una voluntad de fuego. Allí, envuelta en el resplandor astral y con la frente en alto, ella era la encarnación misma de la libertad, una soberana reclamando por fin su lugar en esa vida para ser libre. Sin embargo, Kissy Missy dio un paso al frente, interrumpiéndola con un gesto suave pero cargado de simbolismo. De su bolsa de exploradora, la guardiana extrajo un bulto de tela oscura, doblada con una pulcritud. —Si vas a guiarnos, Poppy... entonces debes hacerlo con la elegancia. —dijo Kissy, extendiendo la tela hacia ella—. Eres nuestra soberana. Kissy desplegó la prenda. Era una capa de exploradora idéntica en diseño a la de ella y a la de Glibert, pero el material parecía absorber la luz nocturna, y en la espalda, bordado con un hilo rojo carmesí que brillaba como la sangre fresca, destacaba aquella palabra “Exploradora”. Era la insignia de la líder absoluta, la primera exploradora que había salido de la fabrica para abrirles el camino para los demás. Poppy la miró con una sonrisa cargada de entendimiento. No dudó, solo tomó la capa y se la abrochó al cuello con un clic firme. Al instante, se giró para darles la espalda, encarando el horizonte donde se encontraba su nuevo hogar. En ese preciso momento, una nueva ráfaga de viento cruzó el claro, haciendo que la capa se alzara y ondeara con un estrépito majestuoso. Desde su escondite, Dogday observaba la escena con el corazón en la garganta. Ver a su madre así, envuelta en esa capa roja que ondeaba como una advertencia y una promesa, le infundió un terror reverencial y una esperanza desgarradora. Ella era el camino, ella era la salvación y lo sabía. Poppy permaneció en la cima de la roca, una figura de porcelana y fuego que parecía haber sido esculpida por la misma luz de las estrellas. La capa carmesí restallaba contra el viento como el latido de un corazón que se negaba a detenerse, y el bordado de "Exploradora" en su espalda brillaba con una intensidad casi sobrenatural. Kissy Missy y Glibert se posicionaron detrás de ella, uno a cada lado. Eran sus flancos, sus sombras leales. Los tres, envueltos en sus mantos de exploradores, formaban una tríada imponente que desafiaba la silueta lúgubre de la fábrica que aún se alzaba a lo lejos como un lugar donde la muerte gobernaba. Kissy, con su elegancia protectora, y Glibert, con su determinación indomable, fijaron la vista en el mismo punto del horizonte, allí donde el bosque se encontraba con el cielo, allí donde su aliada más fuerte los esperaba, allí donde el futuro finalmente tenía un nombre. Poppy respiró hondo, llenando sus pulmones de ese aire gélido y puro que sabía a redención. Cerró los ojos un instante, despidiéndose en silencio del lugar al que llamo hogar, donde paso casi toda su vida lado de su ex gran amor, formo una vida y la vio perder, cada recuerdo doloroso y más hermoso. Cuando volvió a abrirlos, su mirada era un océano de confianza absoluta. —Se acabó vivir en este infierno —declaró Poppy, y su voz no solo resonó en el claro, sino que pareció vibrar en las raíces mismas del bosque. Se giró levemente hacia sus aliados, mientras enfrente de ella estaba la inmensidad del horizonte que se abría ante ellos como una promesa sagrada. —¡ES HORA DE IRNOS! —sentenció, y las palabras cayeron con el peso de una profecía. Poppy volvió a mirar al frente, y la luna se reflejó en sus pupilas con una claridad cegadora. En su rostro se dibujó una sonrisa que no era de alegría superficial, sino de triunfo anticipado. Era la sonrisa de una soberana que acababa de ganar la guerra. Con una mirada cargada de una misión inquebrantable y el corazón encendido. Las capas de los tres exploradores se agitaron al unísono en una danza majestuosa de tela y viento, marcando el inicio de la marcha final. No estaban solo abriendo un camino, estaban desgarrando el velo de la opresión para que la luz entrara de una vez por todas. La primera exploradora había regresado. La leyenda de la liberación acababa de comenzar, y el mundo exterior, vasto y eterno, los esperaba con los brazos abiertos. El Prototipo había preparado su estrado para condenarla, creyendo que el tiempo y su fuerza estaban de su lado, pero no comprendió que, al otorgarle siete días, le había entregado las llaves de su propia ruina. Porque mientras él esperaba en su trono con aquel monstruo que tomo como pareja, ella ya había dictado la sentencia final. Y esta ves sería el juicio de la soberana quien dictara su ruina eterna. Fin. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜Comentario de la escritora final☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆* Hola mis queridos lectores, aquí de nuevo Kiara.S, espero que les haya gustado muchísimo este One Shot como a mi me encanto escribir cada párrafo, realmente fue muy sano para mi alma liberar todo lo que pensaba y sentía respecto al ship del ProtoSawyer. Bueno antes de comenzar a dar el contexto de todo, me gustaría que me platicaran, ¿Qué les pareció mi One Shot?, se que probablemente a algunos no le habrá gustado de como he expresado, pero sinceramente no me importa en absoluto. Como dije este One Shot es una critica social a lo que pienso y del tema que se implicó. Por lo que si no tienen comentarios respetosos realmente no esperen que les responda con tranquilidad o simplemente voy a borrarlos y bloquearlos. Ya que como dije esto lo hice de una manera sana y respetosa sin insultar a nadie. Ahora bien paso el contexto de todo. Empezare hablando de los fans tóxicos del ship ProtoSawyer, en este caso estoy contrariada porque admito que me gusta el ship porque es un ship problemático y entra en la categoría de Proship, cosa que aclaro de una vez yo soy proshipper, pero sus fans tóxicos provocaron que lo que ignoraba para disfrutarlo que es todo lo malo de ese ship representa, en el aspecto que para mi es forzado en muchos sentidos, no coherente y etc. Provocaron que simplemente desquitara mi frustración y escribiera esto, porque como dije realmente me gusta e ignoraba todo eso, porque al final del día a pesar de sus defectos se disfruta y tiene cosas que a mi me gusta dentro de los temas tóxicos de los personajes. Y no digo que por shipearlos este mal, por lo contrario si te gusta el ship, si te gusta shipearlos esta muy perfecto. Pero lo que no esta bien y es altamente insultante, asqueroso y aberrante, es que se crean superiores, ataquen a otros para imponer este ship que por mucho tiene defectos. Eso es lo que esta mal, y eso mismo es lo que provoco que me diera energía para crear esto. Porque digamos que esos fans tóxicos del ProtoSawyer como si tuvieran todo el maldito derecho del mundo, vinieron atacar y acosar a los fans del Protodoll y ademas de otros del fandom comenzaron acosar, entre ellos tambien destacaban fans del Prototipo y Harley, pero lo que para mi fue la cosa mas se me hizo, super mega patetico, estúpido y sobre todo con mas doble moral fue que una fan del ProtoSawyer se atreviera atacar a mis compañeras escritoras, dedicándoles un video que solo por escribir del Protodoll, ya eran lo peor en existencia. Mientras hacia sus videos alagando al Protosawyer, ¿ven la maldita hipocresía? Y mejor no hablemos de las personas de twitter, que igual manera comenzaron acosar, atacar a mi fandom del Protodoll, diciendo que debíamos morirnos por un jodido ship, meintras indolatraban a estos dos Personajes (Prototipo y Harley). Realmente ya tuve suficiente con esa mierda toxica, se supone que para existe a regla de oro de los fandoms, la cual es el respetar de un ship ajeno. Porque al final del día, son pixeles, son personajes ficticios, son cosas que ni existen. Pero aun asi, nos tachan de lo peor a los fans del protodoll, por gustarnos de un ship que tambien es problemático y proship. ¿Entienden ahora a lo que me refiero? Esto esta mal en todos los niveles posibles, y realmente el fandom de Poppy Playtime esta prodrido hasta la medula por estas personas que no deberían ni siquiera tener internet, si realmente piensan hacer o hacen un daño real a las personas reales, ¡POR PIXELES!, dios mio que esto es ilarante hasta de escribir pero es una realidad. Y hablo porque mi fandom es que ha sufrido mucho mas ataques, ya ni siquiera el fandom de Catday donde tambien pertenezco, ha sufrido tanto. Asi que gracias a esto cree este fanfic, para demostrarle exclusivamente esas personas que su ship, tiene muchas cosas que se le pueden criticar, por lo que no deben hacerse los santos, ni atacar a otros por sus ships, si su ship como el ProtoSawyer tambien tiene sus propias mierdas que tiene muchísimo para criticar. Pero como dije esto es dedicado este mensaje, exclusivamente a los fans tóxicos. Por lo tanto si eres de uno de esos fans, y te sientes ofendido, sinceramente me importa un carajo. Si quieres llorar hazlo, si quieres quejarte hazlo, como tienes tu libre albedrio para atacar a otros, para denigrar a personas reales por algo que no te gusta, yo tambien tengo mi libre albedrio, para crear este one shot como una critica y demostrar que tu ship no es tan bueno como lo pintas y defiendes, ademas de que eres una basura de persona por atacar a otros por unos simples pixeles. Patetico. Ahora bien pasemos al tema del comic de Celer: En el comic, como pueden ver la artista de forma parodica, puso el tema donde Oliver le dejo a sus nietos a Harley para que los cuidara, y los conociera, porque los niños incistian a Oliver de conocer a su abuelita o si tenían una abuelita, cosa que este aprovecho para presentarles a Harley que como dice el comic, ahí se casaron. En este aspecto como pueden ver mi psotura, realmente se me hizo muy interesante y molesto el tema de que el Prototipo haya hecho eso, sabiendo el historial abusivo de Harley. Ya que esto me recordó un caso de la vida real que en ese tiempo que salio el comic, me entere al mismo tiempo del caso de Ángel López, un niño de 4 años en Comodoro Rivadavia, Argentina, la cual fue un caso que genero una gran conmoción y dolor entre las personas, la cual paso recientemente durante abril y mayo de 2026 debido a las circunstancias de su muerte, ocurrida poco después de que la justicia otorgara la custodia a su madre biológica a pesar de las señales de rechazo del menor. ¿Pero que paso aquí y porque cuento esto? Basicamente la justicia fallo al niño Angel, porque la madre biológica y su pareja (El padrastro del niño), ya tenían un historial de abusos y tambien que el niño en reiterada ocasiones habia dicho que su madre y el padrastro abusaban de él, aun sabiendo que existía el historial y las pruebas de que estas dos personas, la psicóloga y el juez aun teniendo todo esto decidieron concederle la custodia del niño a estas dos personas a pesar de sus historiales de abusos. Lo que provoco que días despues mataran al niño a golpes. La razón por la que cuento esto, es porque el Prototipo en este comic, en este caso, hizo prácticamente lo mismo que el juez y la psicóloga, aun sabiendo el historial de abusos del mismismo Harley Sawyer y el creador de mucho de los juguetes dentro del lore de Poppy Playtime, aun sabiendo como era, abusivo, narcicista y altamente peligroso, decidio en un acto de negligencia pura infantil, dejarle a cargo de sus nietos a este hombre. Y ese acto que dentro del comic como dije lo tratan como un tipo parodia, para mi se me hizo de lo mas lamentable lo que hizo el prototipo, porque sinceramente me acuerdo del caso del niño Angel y se me hace incoherente o la razón, justificación del porque hizo algo tan estúpido. Y esa acción del Personaje es lo que critico y de esto decidí dar un mensaje a ustedes mis lectores que probablemente algunos ya sean padres. Que tenga muchísimo cuidado a quien les deja a cargo sus hijos, sus tesoros. Y no cometan la tremenda estupidez que hizo el prototipo. Ahora bien como saben no solo me enfoque en la negligencia infantil, tambien en mas temas, como pueden ver. Con la parte de Poppy que demostró el reflejo de esto, que ella no lo ha superado y solo vive con eso, al mismo tiempo quise profundizar en cada personaje. En el pasado del Prototipo y Poppy, como esto puede representar la vida real, de una pareja que se pudo haber amado con todo su corazon y pensaron que seria eterno, pero por cosas de la vida que ninguno de los dos tuvo la culpa, simplemente su amor termina y al final la vida continua para ambos, como vimos Oliver al final continuo y se caso con Harley y Poppy al final ella por fin tuvo su cierre y hará su propia vida fuera de la fabrica. Ambos tuvieron sus propios finales, que al final esto se refleja en la realidad porque quise que fuera un reflejo de la propia realidad. Al mismo tiempo Tambien me enfoque en la perdida de un hijo, que es de los dolores mas fuertes y antinaturales que un padre puede sufrir, y que no importa lo que pase a los años nunca se supera solo vives con eso, y esto no lo digo por mi experiencia si no por la experiencia de tres personas que conozco que me permitieron compartirme sus historias sobre la perdida de sus hijos y todos sin excepción me lo dijieron, nunca pudieron superarlo solo aprendieron a vivir con ello. Una perdida asi es Antinatural y no deseo a nadie, ni mucho si es por negligencia de una persona que pasa esto. Gracias a sus experiencia me permitio explorar el dolor de Poppy una madre que perdió a su cachorro y tambien a la del Prototipo y como esto genero que ambos se separaran. Tambien trate sobre los daños colaterales de estas acciones del Prototipo, las cuales fueron contra Catnap y Dogday. Porque a pesar que el Prototipo hizo su elección de presentar a los niños a Harley, no pensó en el daño colateral que trairia a Catnap y a Dogday, porque sinceramente ellos al ser los padres obviamente estarían furiosos al enterarse que sus hijos los expusieron a una persona muy peligrosa que pudo haberles hecho daño. Pero tambien se hablo que esto genero un conflicto entre ambos, porque Dogday por mucho ve la realidad de estas acciones y Catnap al ver esto con su amor y apego hacia el prototipo como una figura de autoridad y un padre, tambien jodio su confianza en él y por ende por ese mismo amor que tiene a su padre termino peleando con Dogday. Lo que refleja tambien en personas que son muy unidas a sus padres y eso tambien puede involucrar un conflicto en sus vidas personales, si permiten que sus padres cometan actos tóxicos contra ellos o indirectamente, por lo que espero que aprendan tambien de las acciones de Catnap y refleiones tambien como es su actuar si fue correcto o incorrecto, ya que como dije tambien quise reflejar una realidad sobre este tipo de personas. Mientras que Harley es un reflejo de hay personas malas en este mundo y que jamas van a cambiar en absoluto y es mejor mantenerse alejadas de personas como Harley. Otro tema que es muy importante de Tocar y es todo el conflicto del prototipo, en el comic lo vi como una persona obsesiva y enamorada de Harley y créanme, hasta eso es dañino, porque si el amor es una fuerza muy poderosa. Pero tambien puede provocar tu ruina si se dejan llevar por el amor, si permiten que los cieguen, que hablen por ustedes, porque asi es como vi la justificación del Prototipo al hacer eso, por su amor ciego que tenia con Harley realmente pensó que una advertencia seria suficiente, pensó que no pasaría nada. Todo por amor y como lo cego, por eso aquí dejo otro mensaje y aprendan de las acciones de este personaje, y no hagan lo mismo que él, si amen pero no se dejen cegar por amor, recuerden amarse a si mismos y saber respetar sus propios limites y no dejen que nuble su razón. Estos son los temas mas importantes que destaque, por supuesto hay mas detalles en mi historia que agregue pero eso ya esta de mas y solo para darle mas vida a mi obra. Por ultimo quiero agregar lo que pienso yo de mi propia obra, sinceramente ame disfrutar de escribir de esto me permitio liberar todo lo negativo que pensaba en general del fandom, de los fans, del ship y etc. Pero lo que no me gusto, fue la personalidad del Prototipo, se los juro yo odie escribir a este Prototipo en especifico, porque algunos de mis lectores que siguen mis antiguos escritos, saben perfectamente que yo siempre trato de escribir al prototipo con la personalidad lo mas canonica posible, junto con otros personajes. Y yo considero al Prototipo como una persona que es de temer, respetar y sobre todo admirar por su inteligencia y ni hablar de su manera tan enigmática de su ser, al punto que me ha costado horriblemente escribir su personalidad canon en mis otras obras y aun considero que me falta mucho por dominar. Pero este es todo lo contrario, por obvias razones, tuve que modificar su personalidad para que fuera coherente y forzara su relacion con Harley. Porque sinceramente su personalidad canon ni de coña haría algo tan estúpido como lo que hizo con estas acciones. Por eso me disculpo si lo sintieron muy antinatural pero como dije en la advertencia para que este ship funcionara y esta obra funcionara para plasmar ese mensaje, tuve que cambiar su personalidad. Ya por ultimo quiero confirma que no pienso continuar este One Shot, hasta aquí termina, solo quise liberar todo mi frustración en esto y ya esta. Voy a volver a escribir mi ship Protodoll, y a concentrarme exclusivamente en mi fandom con mis queridos lectores y mis amistades nacidas por el amor al Protodoll. Eso eso en un enorme futuro si sacare un fanfic serio Protosawyer, totalmente con todo lo que conlleva y respetando las personalidades canon, porque yo procuro en mis fanfics trabajar con las personalidades canonicas. Obviamente con cambios acorde y fluides si lo amerita, claro con justificación. Dicho esto eso seria todo de mi parte uwu. Los amo mis queridos lectores y espero que les haya gustado. Att: Kiara.S Psd: Me sorprende que en wattpad no exista un tag para llamar la pareja de Harley x Prototipo, asi que tuve que agregar un tag con el nombre del ship. Vaya y eso que el ship es mas famoso que el Protodoll, estoy sorprendida :0 Psd: Voy a sacar en espacio de Kiara mas información de como es que forme este one shot y las canciones que me ayudaron a entrar en profundidad con los personajes y los temas que tratan.
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección