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Capítulo 12: Empatía Isla de los Curanderos. Era de noche y todo el pueblo dormía tranquilamente. O casi. Anna se removió inquieta en la cama por tercera vez. El bebé había comenzado a patear en su interior nuevamente. Cosa muy normal en su casi séptimo mes de embarazo, pero que le generaba problemas para poder descansar. Y es que, a pesar de tener suficiente espacio en la amplia cama y almohadones que le permitían una postura más relajada, no lograba conciliar el sueño. Minos despertó en ese momento. En las últimas semanas, su ciclo de sueño se había acoplado al de Anna. Por lo tanto, también dependía de que ella no se sintiese tan incómoda para reposar. Realmente no le importaba, con tal de que su mujer estuviese lo mejor posible, él podía seguir soportando los intermitentes síntomas de la covada y los desvelos nocturnos. Pero no podía evitar sentir aprensión cuando notaba su inquietud. Ser padre no era fácil, y menos para él, que apenas estaba viviendo el embarazo de cerca por primera vez. Anteriormente, con su primogénita, no pudo estar cerca por el pacto hecho con Alone. Pero ahora que tenía la oportunidad de ser mejor padre y marido, no la desperdiciaría. Se enderezó un poco, acercándose por detrás, dado que ella le daba la espalda. —¿No puedes dormir? — A pesar de la penumbra en la habitación, Anna pudo distinguir su perfil, así que le sonrió somnolienta. —Pues… la verdad no, el bebé está demasiado inquieto— bostezó ligeramente. —¿Quieres que te traiga algo?, ¿Qué puedo hacer para ayudarte? — interrogó con algo de duda. Minos no tenía mucha práctica en esto. Aunque Rhadamanthys y Aiacos ya habían conversado con él sobre lo que sucedería con su esposa y qué podía hacer para apoyarla, realmente se sentía bastante inútil. —No hay nada que hacer al respecto— respondió ella, alzando la mano para acariciar su mejilla. —Vuelve a dormir. — —Debe haber algo, ¿Qué hacías cuando estabas esperando a Ariadna? — Anna parpadeó un poco, meditando su pregunta. No había pensado en aquella época desde hace mucho. —Usaba… la marioneta blanca— se rascó el mentón, tratando de recordar un poco más. —En ese entonces, la huella de tu cosmos seguía presente, y cuando tenía muchas molestias, la colocaba sobre mi vientre. Suena raro, pero funcionaba. — —Comprendo— el juez bajó de la cama y caminó al otro lado para quedar frente a ella. —Creo que puedo ayudarte. — El títere con el que jugaba su hija era un objeto bastante especial, y posiblemente el hecho de que estuviera impregnado con su cosmos, le había ayudado a la mujer en el pasado. Después de todo, la estirpe del juez era especial por ser los anfitriones del Espectro de Grifo, así que su cosmoenergía también lo era. Se acuclilló y colocó las manos en el vientre de su esposa, quien lo miró con sorpresa. —¿Qué haces? — —Sólo relájate y confía en mi— dijo él, mientras comenzaba a emanar un suave cosmos violáceo. La energía acarició a Anna y casi de inmediato pudo sentir que el bebé dentro de ella se tranquilizaba. Poco a poco una agradable relajación invadió a madre e hijo, y al cabo de un par de minutos, yacía profundamente dormida. Minos sonrió para sí mismo, satisfecho de ver que había funcionado su idea, puesto que el cosmos servía para muchas cosas. Se incorporó en silencio y salió de la recámara. Llegó a la cocina y encendió un candelabro con tres velas, para luego buscar algo de beber. De repente, escuchó pasitos bajando la escalera y luego acercándose a donde estaba. —¿Papá? — murmuró la niña con gesto adormilado, asomándose por la puerta. —¿Por qué estás despierta a esta hora? — preguntó el juez, mientras bebía algo de té frío que había sobrado de la cena. —Tengo sed, quiero leche— sonrió convenenciera. El hombre rodó los ojos, pero de inmediato encendió la estufa de hierro y se puso a calentar un poco de leche, mientras su hija tomaba asiento frente a la mesa. —Oye papá, ¿Cuándo llegará el bebé? — preguntó la chiquilla de la nada. El juez resopló un poco, de nuevo la impaciencia de su primogénita se hacía presente, a pesar de que ya le había explicado con anterioridad que eso tardaba un poco. La niña parecía muy ansiosa por convertirse en hermana mayor, cosa que le resultaba graciosa a él, porque ser el hijo mayor a veces implicaba mucha responsabilidad. —Faltan un par de meses, ya te dije que no seas impaciente, así son estas cosas. — —Oye papá, ¿Y qué será?, ¿Niña o niño? — cuestionó Ariadna otra vez. Minos la observó detenidamente y luego él mismo hizo un gesto de extrañeza. No se había puesto a pensar en eso hasta ahora, pero el tema era interesante de cierta manera. El árbol genealógico de su familia poseía un detalle muy especial. Desde hace siglos, siempre nacían hombres y mujeres en su línea de descendientes. Incluso éste era su caso, ya que tenía una hermana mayor. —Seguramente será un niño— le sirvió la leche en una taza. —Tú eres la primogénita, así que el siguiente hijo será un varón. — —¿Y cómo lo sabes? — bebió un sorbo, embarrándose el labio superior. El ministro soltó una risita divertida, su pequeña siempre era bastante curiosa. Pero ese tema no era tan fácil de explicar, y menos teniendo en cuenta que su linaje se remontaba a la época del mito. —Cosas de familia y alineación de estrellas— dijo simplemente. —Eso no tiene importancia. Lo que sí, es que debes prometer que lo querrás y cuidarás como una hermana mayor responsable. — Ariadna terminó de beber la leche y asintió con firmeza. —¡Sí, prometo cuidarlo y quererlo mucho! — —Muy bien. — Minos apagó todo en la cocina y llevó a la niña de regreso a su cuarto. La arropó y esperó hasta que se durmiera de nuevo. Posteriormente, regresó a la habitación y se recostó sin hacer demasiado ruido, aunque Anna seguía durmiendo tranquilamente.***
Continuará… Muchas gracias por leer éste raro fanfic. Y próximamente, actualización de mis otras historias. 21/Octubre/2021