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Capítulo 14: Bufanda Isla de los Curanderos. Minos descendió lentamente en el patio de la casa, batiendo un poco sus enormes alas negras, ganándose algunas miradas nerviosas de los vecinos que pasaban en ese momento por la calle. A pesar del tiempo que ya llevaba viviendo con su familia como un hombre “normal”, la gente del pueblo aún lo veía con recelo, porque sabían que había sido un soldado de Hades. A ellos les quedaba en claro que, si quisiera hacerles daño, ya lo hubiera hecho desde tiempo atrás. Pero también se dieron cuenta de que el juez era lo suficientemente “apacible” como para tolerar su presencia en el pueblo. Además, eran tiempos de paz y el Santuario ya estaba al tanto de su presencia en la isla. No sabían por qué no hacían algo al respecto, pero quedaba en claro que, si nadie se metía con él o con su familia, Minos los ignoraba por completo. Así que, con el paso del tiempo, terminaron acostumbrándose a verlo volando por ahí, o comprando cosas junto con su esposa Anna en el mercado dominical, en el puerto y en el taller del sastre. Y en éste preciso momento, lo que notaron los vecinos, fue al juez sosteniendo una gran madeja de vellón crudo recién cardado. ¿Por qué un Espectro andaba cargando un enorme ovillo de lana? … Minos ingresó a la estancia, encontrándose con Anna muy concentrada empleando unas agujas de tejer elaboradas en fina madera. —Ya regresé, y espero que esto sea suficiente— se acercó a ella y le entregó la madeja. —Hacerme ir hasta Atenas sólo porque no podías esperar una semana a los mercaderes textiles, no se me hace muy justo, mujer. — Ella le sonrió coqueta. —Oh vamos, no es para tanto, puedes volar, y nada te cuesta cumplirme estos caprichos. Además, es para tu hijo, se verá muy lindo con la chambrita que estoy tejiendo. — El juez rodó los ojos y resopló resignado. Ahora que Anna estaba en el último mes del embarazo, se había puesto a elaborar ropa para su segundo hijo. Y como se aproximaba el invierno, quería tejer algo abrigador con lana de la mejor calidad. Lo mismo hizo con Ariadna, sólo que, por aquel entonces, apenas estaba aprendiendo a usar las dichosas agujas. La señora Elina tuvo que enseñarle una y otra vez cómo cruzar los estambres para que no quedaran los puntos al revés. —¿También vas a tejer algo para Ariadna?, si no lo haces, se pondrá celosa— comentó el juez, chasqueando sus dedos para quitarse el Sapuri. —Lo haré, pero hasta que termine la ropita del bebé— hizo una pausa, y luego volteó a mirarlo con una sonrisa en la cara. —Ya sé, para que no tenga que esperar mucho, qué te parece si tú aprendes a tejer y haces algo bonito para ella. — Minos abrió los ojos en grande ante semejante y alocada idea. Un Espectro como él, ¿Tejiendo? —Pero qué estás diciendo Anna, eso es cosa de mujeres— dijo contrariado, mientras se vestía con un albornoz. —Capaz que me saco un ojo al primer intento. — La mujer soltó una risa divertida, sabía que sólo se necesitaba un poco de manipulación femenina para conseguir lo que quisiera de él. Además, no le estaba pidiendo nada del otro mundo. —No seas tan renuente, apuesto a que tu hija se sentirá feliz si le tejes una bufanda con tus propias manos. Después de todo, ya tejías con hilos de cosmos, no puede ser tan diferente el usar agujas. — Él resopló otra vez, sentándose a su lado en el diván y tomando la madeja de lana, para ayudar a hilarla en bolas más pequeñas. —No es lo mismo, yo podría romper tus agujas fácilmente. — —No te preocupes, hoy conseguí unas de hierro, son más resistentes— se acercó a él, acariciando su mejilla con la mano. —Ándale, inténtalo, no pierdes nada y seguro que a tu hija le gustará. — El juez se sonrojó un poco. No le gustaba que su esposa lo convenciera tan fácilmente con un sólo arrumaco y una mirada tierna. Pero qué se le iba a hacer. —Eres una manipuladora— refunfuñó. —Pero si no me queda bien, no quiero reclamos de ningún tipo. — La mujer asintió y de inmediato buscó el par de agujas nuevas. Después, usando un poco de estambre sobrante de otros tejidos, comenzó a enredarlo en una de las finas varillas, indicándole a su marido cómo hacerlo correctamente. Minos prestó atención, no parecía tan difícil. Una vez quedó ajustado el material, ella le explicó el entrecruzado de los puntos. —Un derecho, un izquierdo— indicó, mientras le enseñaba a entretejer la hebra, pasándola de una aguja a la otra hasta terminar el tramo completo. —Luego volteas todo y comienzas otra vez. — Minos levantó una ceja, no era complicado, pero tuvo la sensación de que se confundiría con el conteo de puntos, dado que el estambre parecía formar el mismo patrón en ambos lados. Sin embargo, era un juez del inframundo, y no iba a permitir que unas agujas y un ovillo de lana fueran un problema para él. Y ahí estaba el Espectro de Grifo, intentando confeccionar algo para su primogénita, mientras su esposa continuaba con la chambrita del bebé. Una escena sumamente curiosa que jamás se verá fuera de esta casa. … Rato después. Elina y Ariadna regresaron a casa, habían ido con el panadero por algunas piezas. —Ya regresamos— dijo la chiquilla, acercándose a ellos. —¿Qué haces papá? — preguntó intrigada. —Pues, según tu madre, es una bufanda— respondió el juez, extendiendo el tejido para verlo mejor. —Es para ti. — La verdad es que la prenda se veía un poco torcida, pero como aún no estaba terminada, había que continuarla. Además, la niña sonrió de inmediato al saber que era para ella. —¡Qué bonita, ya quiero verla! — se emocionó. —¿Y también puede llevar color verde?, ¿Y azul?, ¿Y rojo? — comenzó a pedir. —Se supone que es de un sólo color— aclaró Minos, enseñando la madeja de tono rosado que utilizaba. —No hay problema— intervino Anna. —Se pueden usar múltiples colores a la vez, emplearemos todos los sobrantes y los juntaremos. — —¿Eso se puede hacer? — interrogó el hombre, sorprendido porque aquello se pudiese lograr. —Claro, no tiene ninguna ciencia, sólo hay que saber hacer bien los nudos y dejarlos ocultos— miró a su hija. —Tu bufanda estará lista en un par de días, y tendrá varios pedazos de colores, ¿Te parece bien? — —¡Sí! — respondió alegre la chiquilla. Ciertamente, el juez Minos no era alguien muy efusivo, pero le encantaba ver a su hija sonreír de esa manera, así que se enfocaría en terminar la bufanda para ella. Después de todo, no era tan complicado tejer, aunque sabía que la pieza quizás le quedaría un poco chueca. . . Días más tarde. Tribunal del Silencio. Ariadna lucía una simpática bufanda de colores distribuidos en proporciones irregulares. Los puntos eran mixtos, unos derechos y otros al revés. La forma general de la tira era un poco dispareja y más angosta en uno de sus extremos. Pero cumplía bien su función de protección contra el aire frío, puesto que era lo suficientemente larga y abrigadora. —Qué bonita se ve— dijo el pequeño Oliver, mientras acariciaba el extremo de la prenda. —Y es muy suave. — —Sí, la hizo mi papá— presumió la chiquilla. No muy lejos, en el escritorio principal, el juez Rhadamanthys escuchaba sin querer la plática de los niños, soltando una risita burlona. En ese momento, su homólogo salió del almacén de libros. —Vaya Minos, ¿Ahora resulta que sabes tejer? — dijo con sarcasmo. El mencionado hizo un gesto de extrañeza, y luego miró a los niños que conversaban sobre la bufanda. Rodó los ojos y resopló con indiferencia. —¿Y cuál es el problema?, ¿Tienes celos porque tú no sabes hacer nada? — sonrió burlón. —Oh, ya recuerdo, Pandora tampoco sabe tejer, así que toda la ropa de Oliver es comprada con el sastre, ¿Verdad? — El Wyvern se puso serio, no le gustaba que lo retaran. —¿Crees que sólo tú puedes tejer con lana?, ¿Estás desafiándome? — gruñó. —Claro, por qué no— Minos se acercó, quedando frente a frente, retándolo con la mirada. —Dudo mucho que puedas hacerlo si no tienes alguien que te enseñe. — Se notaba que los tiempos eran de paz, incluso en el inframundo. Y esto se confirmaba al ver discutiendo a dos jueces por algo tan trivial como saber emplear unas agujas y una madeja de lana.***
Continuará… Espero que esto los haga sonreír un poquito. 2/Diciembre/2021