Papá Grifo

G
En progreso
1
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 62 páginas, 21.883 palabras, 15 capítulos
Descripción:
Notas:
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7. Letras

Ajustes
Hola: Aunque ya terminó el mes del padre, seguiré publicando alguno que otro capítulo de éste fanfic. La verdad, me gustó mucho cómo quedó. Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión.

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Capítulo 7: Letras Isla de los Curanderos, casa de Anna. Minos descansaba en un sillón de la estancia leyendo una gaceta de comercio. Su hija Ariadna permanecía sentada en la alfombra y apoyada en la mesita central, jugando con unos muñecos de peluche. Ese día hacía bastante sol y la chiquilla no quiso ir con su madre y Elina a comprar algunas cosas al almacén, así que se quedó a cargo de su padre. No obstante, su progenitor estaba ocupado en su documento y no le prestaba mucha atención. La niña se preguntaba que tenía de interesante aquel papiro y sus raros dibujitos. Es decir, ya había visto a su madre leyendo libros y a su padre escribiendo, pero, ¿En verdad era algo entretenido hacer eso? —¿Qué sucede Ariadna? — interrogó el juez tan pronto sintió su mirada. La mencionada dejó sus muñecos sobre la mesa, se puso de pie y se acercó a donde estaba sentado. —Papá, ¿Por qué lees tanto? — Minos bajó la gaceta para mirarla con una ceja levantada, esa pregunta era un poco rara. —¿Por qué leo tanto?, te lo diré— la llamó con un gesto para que se sentara a su lado. — Mira, lo que aparece escrito aquí, es información importante que me ayuda a conocer cómo están ciertas situaciones— le enseñó un párrafo que hablaba sobre el valor del oro. —Pero yo no sé leer, no sé qué dice ahí, sólo veo dibujos y letras raras— habló Ariadna en tono de reproche. El juez hizo una pausa abrupta. Era cierto, su hija no sabía leer todavía, entonces no tenía caso que le explicase algo del panfleto. Pero, justo en ese momento, una idea comenzó a bailar en su cabeza. —Es verdad, no sabes leer todavía— le sonrió. —¿Te gustaría aprender? — Ariadna apenas tenía cinco años, era muy pequeña para aprender a leer, pero quizás con algo de paciencia podría lograrlo. Después de todo, Minos recibió educación desde joven con eruditos particulares, gracias a la posición social de su familia. Su esposa Anna también sabía leer y escribir, dado que tuvo la suerte de que sus padres le permitieran aprender, a pesar de ser mujer. Entonces, por lógica, su primogénita también debía instruirse en las letras. Sin embargo, el juez no creía que en aquella isla existiesen catedráticos dedicados a la enseñanza. Tal vez en Atenas podría haber mejor suerte. Pero considerando la edad de su hija, no la tomarían en cuenta, y menos por ser niña. La única manera en que podría aprender, sería ingresando a un convento de monjas que también tuviera acceso al saber escrito. Ciertamente, el tema educativo era difícil en esos tiempos. Pero Minos era un juez del inframundo, por lo que tenía cultura, educación y el poder para juzgar a los muertos en base a los libros de almas. Entonces, ¿Por qué no ser el profesor de su hija? Aquella idea le gustó bastante, y por supuesto que no iba a permitir que su primogénita fuese una analfabeta. —¡Sí, quiero aprender! — contestó emocionada la chiquilla. —Bien, pero prométeme que serás responsable con tus lecciones, y cuando tengas una duda y yo no esté, le preguntarás a tu madre— indicó el juez, dejando la gaceta de lado y poniéndose de pie para ir al buró cercano. —Además, no quiero que después me digas, “papá, ya no quiero hacer esto”, “papá, ya me aburrí”, ¿Entendido, Ariadna? — —¡Lo prometo! — levantó su manita en gesto de promesa. —Entonces comenzaremos con algo sencillo, y dado que ya sabes medio dibujar, te será mucho más fácil— sacó unos pergaminos del cajón y un tintero con pluma. —Vamos a trazar “palitos y bolitas”— La nena lo miró con duda y luego se cruzó de brazos. —Dijiste que me enseñarías a leer y escribir. — El juez colocó hojas y tinta sobre la mesita, llamándola para que se sentara de nuevo en la alfombra. —Antes de poder esbozar una letra, debes saber cómo hacerlo, no se trata solamente de mover la mano. — Ariadna se sentó y tomó la pluma con tinta que le extendió su padre. —Primero, agarra esto así— sujetó su manita para ayudarle a sostener correctamente el objeto. —Luego, suelta un poco la muñeca, no la tenses, ahora comienza a hacer esto— la guio para dibujar un “gusanito” con algunos círculos. —¡Es un gusano! — sonrió emocionada. —Inténtalo tú sola— Minos soltó su manita. De inmediato la niña empezó con sus garabatos. Los círculos no salieron bien, y después de diez intentos, continuaban chuecos, pero al menos era el comienzo de algo importante. Las hojas de papiro empezaron a llenarse de “gusanitos” y posteriormente con “palitos” inclinados que simulaban una “casita”. Los ejercicios se repitieron por al menos una hora y Ariadna se mantuvo muy entretenida. Minos vio con agrado lo rápido que podía aprender su pequeña. … Rato después. Anna y Elina regresaron del almacén, trayendo café, miel, carne seca y panecillos para la cena. Mientras la señora mayor guardaba las cosas en la cocina, la esposa del juez se encaminó a la sala, encontrándose con ambos sentados alrededor de la mesita central. —¿Qué están haciendo? — interrogó curiosa. —¿Y por qué hay manchas de tinta regadas en la mesa y la alfombra? — se llevó las manos a la cintura. —¡Mamá, mira mis letras! — mostró su pergamino. —Papá me está enseñando a escribir. — Anna pudo ver unas “letras” que más bien parecían diseños abstractos o jeroglíficos. Sólo le tomó un par de segundos adivinar qué estaba sucediendo. Y no sabía si estar contenta por el interés de su esposo en enseñarle a leer a su hija, o enojarse por esas manchas de tinta que no saldrían de la alfombra con nada. —Me alegra saber eso— le sonrió y luego le dirigió una mirada de reproche a Minos. —Pero dime, ¿Tu padre no te enseñó a sujetar correctamente la pluma para no desperdiciar tinta? — El ministro rodó los ojos y se alzó de hombros dignamente. —Vamos mujer, sabes perfectamente que no es fácil enseñar a leer a un niño, y ahorita sólo está practicando ejercicios básicos para soltar la mano. — —¡Mira mamá, ya puedo escribir mi nombre! — desplegó un nuevo papiro. La mujer observó el texto, ahí no había ninguna letra, sólo circulitos y palitos chuecos. Definitivamente, su nena requería de mucha práctica. Suspiró alegre, era una linda escena ver a su marido intentando enseñarle sus primeros trazos caligráficos a la niña. Así que ella lo apoyaría con eso, ya que también deseaba que su hija aprendiera a leer y escribir. —Qué bonito, lo haces muy bien— se acercó a ellos. —Pero que te parece si ahora intentamos otro método, como, por ejemplo, tus acuarelas, ¿No te gustaría practicar con colores? — —¡Sí!, ¡Voy por ellas! — se levantó emocionada, corriendo hacia su cuarto. Minos se quedó observando a su esposa, esperando algún regaño por la alfombra sucia. —¿Te vas a enojar por las manchas? — preguntó, viéndola sentarse a su lado. —Claro que no— apartó las hojas rayadas, dejando sólo las que estaban en blanco. —Por el contrario, me alegra saber que te interesa enseñarle las letras— sonrió abiertamente. —Eres un buen padre después de todo. — Sin proponérselo, el juez se ruborizó un poco. A su ego le agradaban los halagos, pero cuando venían de su esposa, se quedaba totalmente desarmado ante ella. —Pero qué dices mujer— se hizo el digno, mirando para otro lado. —Por supuesto que me importa mi hija y su educación. — Entonces Ariadna regresó con sus acuarelas. —Aquí están— las colocó en la mesa y miró a su padre. —¿Y si escribes tu nombre en tu armadura?, así no se te pierde en el trabajo. — —¿Qué? — el juez miró extrañado a su hija y luego resopló. —Por supuesto que no jovencita, la otra vez demoré toda la tarde en limpiarla, así que no, no pintarás mi Sapuri otra vez. — La chiquilla hizo un puchero con sus ojitos y Anna no pudo evitar soltar una risita, encantada de ver las reacciones de su esposo. Esa tarde, ambos padres estuvieron practicando garabatos de colores, ayudando a su hija con sus primeras lecciones educativas.

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Continuará… Muchas gracias por leer y comentar. 03/Julio/2021
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