PURO TEATRO. PARTE III: Pedro y el lobo.
30 de mayo de 2026, 14:00
PURO TEATRO. PARTE III:
Pedro y el lobo
El viaje desde Gamma XII hasta Eminiar VII duraría tres días, en los cuales Jim no dejó de sufrir molestos dolores de cabeza sumados al incómodo runrún que seguía sintiendo en las tripas, a pesar de los analgésicos de McCoy. Aquello no era un buen presagio.
Gran parte de la tripulación se ocupó de que Amy permaneciera, en todo momento, en el punto más alejado de la nave respecto del Secretario de Estado. El pad con la aplicación que detectaba su presencia, diseñada por Scott y mejorada por Chekov, iba de mano en mano al igual que la propia niña. El ruso le había añadido una locución que avisaba si el transmisor molecular llegaba a aproximarse demasiado.
- «EL LOBO... EL LOBO...» - Repetía una voz impersonal desde el aparatejo. - «SE ASSERCA EL LOBO...» - Era obvio que la grabación había sido cosa del ruso.
- Vamos, chiquitina. ¿Te apetece dar un paseo por el hangar seis? - Preguntó Johnson tomando a la pequeña en brazos y alejándola lo más posible de las cubiertas superiores.
- No, yo tero ver al lobito. - Protestó revolviéndose en su regazo. - ¿None etá? ¡Loboooo! ¿Lobito?
- Dejaré que te sientes a los mandos de la lanzadera si cierras la boca ahora mismo. - Le propuso el sargento de seguridad. La pequeña Amy lo miró con sus ojos azules abiertos de par en par y guardó silencio emocionada, ya tenía muy claro que de mayor sería piloto. - Eso está mejor, calladita estás preciosa.
El diplomático andoriano tuvo la oportunidad de comprobar que en todas las secciones del Enterprise reinaban la eficiencia y la eficacia profesionales por doquier, el buen trato entre los miembros de la tripulación resultaba encomiable. Salvo tal vez por algunos pequeños detalles que observó y que, por simples y anecdóticos, no supo bien cómo encajar.
Detalles como la muñeca que descubrió la mañana anterior debajo de la consola del artillero, cuya presencia allí costó tanto justificar al joven alférez, y total sólo porque no quería admitir en público que la había adquirido recientemente para su sobrina Amandoshka, un nombre ruso de lo más corriente según le explicó el señor Sulu; o como las miradas que vio cruzarse entre el primer oficial vulcano y el capitán, en las que por largo rato ambos hombres parecían estar hablando en silencio, como si el uno supiera lo que estaba pensando el otro, algo que observó en más de una ocasión y que, aquella tarde, después del almuerzo y camino del puente de mando, al pitufo secretario le pareció bien señalar.
- Desde luego son ustedes la mejor pareja de toda la Flota Estelar. - Sentenció con rotunda seguridad nada más abrirse las puertas del turboascensor, de modo que todo el personal en el puente pudo oírlo.
- ¿Co... cómo dice, señor de Izar? - Tartamudeó Jim camino de su silla, de pronto necesitaba sentarse.
- Es Garth de Izar, en Andoria no separamos los apellidos como hacen ustedes los terrícolas. - Especificó el diplomático al corregirle. - ¿Creen que no me he percatado de cómo se miran ustedes dos? ¿De cómo...?
- Señor, nos aproximamos al planeta Eminiar VII. - El piloto vio conveniente interrumpir al visitante en ese preciso momento y así lo hizo. - ¿Ordena órbita estándar, capitán?
- Sí, señor Sulu. - Le confirmó Jim, nervioso balanceaba ligeramente su silla a izquierda y derecha sin parar. - Gracias... teniente. Como ve, señor “Garzdeizar” estamos algo ocupados por aquí.
- Garzdéizar... Suena a esuskera. - Pensó Spock para su marido. - ¿No hay una joven tripulante en cocinas con ese nombre?
- Se llama García. - Respondió él mirándolo a los ojos. - Sólo es española, no vasca.
- ¡Claro que puedo verlo! ¡Justo ahí! - Exclamó el diplomático señalando aquel intercambio de miradas. - Capitán y primer oficial deben estar bien compenetrados, encajar... ¿no se dice así? - El pitufo secretario siguió con su argumento, ignorando la cara de susto que el alférez artillero ponía al escuchar sus palabras. - Me satisface en gran medida que sean ustedes capaces de comunicarse con sólo una mirada. Sí, son ustedes dos, sin lugar a dudas, la mejor pareja de mandos en toda la Flota. Con gusto informaré al Cuartel General de...
Aquí el árido aunque, de alguna retorcida manera, insinuante discurso del estirado diplomático, se vio interrumpido por un ataque de tos que el miembro más joven de la tripulación sufrió de repente: Pavel se estaba poniendo morado intentando disimular la risa.
- Decía que con gusto informaré al Cuartel General de lo bien compenetrados que están ustedes dos, señores míos. - El Secretario de Estado fijó la vista en el alférez artillero. - ¿Qué le ocurre, muchacho? ¿He dicho algo gracioso?
- Niet! - Negó el ruso en su propia lengua.
- Alférez Chekov, vaya a ingeniería y dígale al señor Riley que suba a ocupar su puesto. - Se apresuró a intervenir Spock. - Es hora de su rotación de tareas.
- Sí, comandante. - Respondió huyendo como una flecha hacia el turboascensor. Su cara estaba a punto de estallar y dos lagrimones le caían de los ojos aguamarina.
- Será mejor que preparemos la partida de desembarque, señor Spock. - Jim procuraba no pensar en qué informaría al Cuartel General el condenado pitufo y mucho menos a quién. - El señor Johnson, de seguridad, nos acompañará al planeta. Piloto... - Añadió dirigiéndose a Sulu. - Queda usted al mando. Que el señor Scott acuda a nuestro encuentro en la sala del transportador. Si su excelencia desea acompañarnos... - Remató con una retorcida sonrisa dirigida al Secretario que simplemente asintió encantado.
Al salir del puente se cruzaron con un teniente Riley bastante molesto por tener que abandonar la anónima seguridad de ingeniería, ya no podría echar un dram *(trago) de whisky cada vez que le entrasen ganas, siempre escondía una petaca entre los tubos de refrigeración. Venía colocándose la camiseta color mostaza por encima del pantalón, acababa de cambiársela en el vestuario, igual que tuvo que hacer Pavel para colocarse el uniforme rojo y bajar a la cubierta A.
- Psst, Hikaru... - Siseó en su dirección, tomando asiento a la derecha del piloto para ocuparse de la consola de artillería. - ¿Me he perdido algo? ¡Tu amiguito tenía la cara más roja que el jersey que le he visto ponerse! ¿Ha vuelto a meter la pata?
- ¡Oh, cállate irlandés! ¿Te has dejado la petaca ahí abajo? - Murmuró el japonés con malicia.
- Caballeros, trato formal... - Les advirtió Uhura desde la consola de telecomunicaciones. - Son como niños, por favor. - Agregó meneando la cabeza de lado a lado, haciendo que su preciosa coleta se balanceara durante un momento.
El sargento Johnson se presentó con algo de retraso y una buena mancha de yogur helado de
plomeek
en su jersey que, gracias al tono similar, sólo se veía al trasluz. La enfermera que le sustituía al cuidado de Amy tardó en darle el relevo, llevándose a la niña y a Pedro, como habían bautizado al pad debido a su alarma que avisaba de la proximidad del lobo. El hombre saludó militarmente y ocupó su puesto en las plataformas del transportador.
- Ya veo que mi bebé ha merendado. - Susurró el capitán junto a su hombre de seguridad con una sonrisa de medio lado. - Si se ha comido lo que le falta a su camiseta estará bien alimentada.
- Sí, señor. - Asintió el sargento con infinita paciencia. - Ella y Pedro se han quedado con la señora Chapel, le toca el baño creo.
Aquel detalle del baño, fue uno más de los que el pitufo secretario no supo dónde encajar. Pero en seguida estaban sobre la superficie de
Eminiar VII, en la ciudad capital del estado planetario. Y pronto salió a recibirles un extraño
comité
de bienvenida, encabezado por dos hombres vestidos con llamativos trajes de vivos colores y formas un tanto ridículas y asimétricas. Se presentaron a sí mismos como Mea3 y Anan7 pero su forma peculiar de hablar, su pronunciación marcadamente eminiariana, hacía que sus nombres sonaran más bien como “méate” y “anda-siente”. A Jim le costó no soltar una carcajada y agradeció haber dejado a McCoy en el Enterprise: si algo no podía soportar su buen amigo el médico eran los acentos curiosos.
Después de que el estirado diplomático explicase a sus anfitriones, con un grandilocuente discurso que duró varios minutos, los motivos de la Federación al enviarle allí escoltado por, lo que él denominó, la “crème de la crème” de la Flota Estelar... a la partida de desembarque le fue dada la peor de las noticias posibles. Mea3 fue el encargado de hacerlo.
- ¿Qué? ¡Pero... no puede ser, no...! - A Jim le estalló el runrún de las tripas con un fuerte retortijón que le hizo llevarse la mano al estómago, lo siguiente en explotar sería su cabeza.
- Capitán, este eminiariano... - El diplomático no se atrevió a decir su nombre por si lo pronunciaba mal. - ¿Acaba de contarnos que la ciudad ha sido atacada por una bomba de fusión procedente de Vendikar y que han muerto más de medio millón de personas?
- Méate, sí, eso ha dicho. - Confirmó Spock ajeno a lo ridículas que sonaron sus palabras. - Curiosamente, todo a nuestro alrededor parece intacto y no existen evidencias visible o lecturas de sensor que muestren que tal ataque haya ocurrido, capitán.
- El atanquen ha sucedidio al apareceder ustedes. - Aseguró el otro jefecillo de la comitiva, Anan7, el que no vestía de verde y amarillo.
- Anda-siente y yo y los demiás muertos nos diriguirigimos a las casietas de desinintemgración. - Añadió Mea3 señalando el camino. - Dieben acompañamarnos, ustedes taminiém están muertos.
- ¿Cómo que estamos...? - Garth de Izar no daba crédito; conocía las peculiares costumbres en el vestir de los nacidos en Eminiar VII y era capaz de comprender lo que decían cuando hablaban, pero lo que estaban viendo sus ojos y lo que escuchaban sus oídos no parecía tener sentido alguno. - ¡Aquí nadie está muerto!
- Capitán... - Johnson se llevó la mano al fáser en su cinturón. Los coloridos habitantes de aquel loco lugar se estaban acercando demasiado.
- Scotty... - Jim activó el telecomunicador con un efectista y delicado giro de muñeca. - ¡Arriba, ahora! - Ordenó sin guardar las formas, no había tiempo.
Afortunadamente sus moléculas se desintegraron de la superficie del planeta para aparecer sanos y salvos de nuevo a bordo del Enterprise, desafortunadamente no venían solos: Mea3 había logrado asirse del brazo de Spock justo antes del transporte. El hombre parecía asombrado por lo que acababa de suceder.
- ¡Oooole! ¡Ole, ole y olé! - Exclamó sacudiendo su larga coleta rubia y su capa color lila igual que una flamenca. - ¡No habererá casieta de desinintemgración para mí! ¡Méate! ¡Méate! ¡Méateeee! - Saltaba como un loco coreando su propio nombre delante de la pasmada tripulación.
- Scotty... ¿cómo que Scotty, capitán? - El estirado andoriano le reprendía por haber abandonado las formalidades, parecía estar escandalizado por ello. - ¿Y qué es eso de “arriba” y ya está? ¡No son maneras de hacer las cosas en la Flota Estelar!
- La urgencia de la situación requería de formas abreviadas, señor Secretario. - Justificó el vulcano la actitud de su esposo.
- ¿Y qué hacemos con éste infeliz, cap-pitán? - Preguntó el aludido Scotty señalando al recién llegado.
- Devuélvalo a su planeta, ingeniero jefe Scott. - Ordenó Jim usando esta vez el tratamiento adecuado.
- Noooo... - Se oyó una voz fundiéndose con la nada cuando las moléculas de Mea3 desaparecieron de las plataformas del teletransportador.
- Estudiemos el caso antes de regresar a Eminiar VII. - Sugirió Spock. - Si no ha habido ningún ataque, ¿por qué esa gente se considera muerta y qué son esas casetas de las que hablan?
- Buena pregunta y buena sugerencia, primer oficial. - Jim se aproximaba a la puerta seguido por el pitufo secretario. - Estudiaremos el caso, ahora mismo, en mi despacho... - Impidiendo salir al andoriano y sólo permitiendo que Spock le alcanzara en el pasillo, terminó con una retorcida sonrisa. - Y lo haremos a solas, señor Secretario, si no le importa.
Spock siguió pensativo las sinuosas caderas de su esposo por toda la galería, ¿qué había querido decir con eso de que “lo harían” a solas? Hasta que llegaron al turboascensor que les llevaba directamente al despacho de capitán. Una vez allí, el vulcano se vio sometido a la tanda de mordiscos y besuqueos habitual.
- ¿Crees que es momento para esto, t'hy'la? - Le preguntó usando el vínculo, sus labios estaban ocupados en degustar la miel de los de Jim.
- ¡Ah, últimamente el único sitio donde hago cochinadas es en el baño! - Se quejó el rubio empujándolo fuera de la cabina cuando llegaron a su destino, abalanzándose sobre su marido y conduciéndolo directo a su mesa. - Desde que ese pitufo está a bordo no tengo ganas más que de...
- ¿Devorarle? - Preguntó Chekov saltando del cómodo sillón de capitán, haciéndoles ver a ambos que no tenían intimidad. - Jim, si te preguntas qué hago aquí, es que Amy quería...
- ¡Papi! ¡A-nirih! *(papá) – Nada más verles, la pequeña gritó sus nombres echándoles los bracitos, con su miniuniforme azul cielo estaba para comérsela.
- ¡Mi bebé! - Exclamó Jim tomando a su hija en brazos. - Veamos... Pavel, analiza las condiciones del planeta y dime cuántos ataques por bombas de fusión ha recibido Eminiar VII últimamente.
- Ninguno que yo sepa. - Respondió el ruso ya delante del ordenador.
- ¿Y Vendikar? - Inquirió Spock dejando que la niña le tironease de la barbita de chivo.
- Ninguno. - Repitió Chekov tras la consulta. - ¡Un momento!
- La guerra entre los dos planetas es simulada, ficticia... - Murmuró Jim. - Seguramente no deseaban destruir la riqueza de sus mundos.
- Ay, ay, ay! - Canturreó Pavel, las señales que estaba analizando parecían confirmar las sospechas del capitán. - Son computadores, se lanssan ataques y contraataques mediante juegos de guerra, luego calculan los daños y selessionan a los muertos... ¿Los selessionan? ¡Es ridículo!
- Cuando un ciudadano es reportado como "muerto", debe ir a esas casetas de desintegración de las que hablaban Méate y Anda-siente. - Dedujo Spock con su lógica vulcana.
- ¿Cómo disses que se llaman los alienígenas? - A Pavel le chocaron los nombres. - Méate y... ¿Anda-siente? - Repitió echándose a reír.
- Casetas donde entran para ser desintegrados y morir de verdad, a pesar de que todo no sea más que un juego. - Concluyó Jim poniendo los ojos en blanco y asintiendo al ruso que aún se reía. - Resulta aterrador, ¿no creéis?
- Más bien práctico, t'hy'la. - Le corrigió el vulcano. - Planetas intactos y víctimas mortales. Los números deciden... ¡fascinante!
- Pues a mí me sigue paressiendo ridículo, como todo en esas gentes. - El ruso examinaba ahora
fotografías
de los pobladores de Eminiar VII. - ¿Un juego de guerra? Esta nave podría destruir los dos planetas con un sólo disparo de fotones, eso sí puede ser aterrador, Jim.
- Y práctico también... - Murmuró el rubio con su media sonrisa retorcida que indicaba, claramente, cómo un plan empezaba a tomar forma en su cabeza. - Muy práctico, Pavel. ¡Has tenido una idea genial, como siempre mi niño! - Rió dándole un beso en la mejilla.
- ¡Pavel listo! - Aplaudió Amy emocionada.
- «EL LOBO... EL LOBO... SE ASSERCA EL LOBO...» - La voz impersonal de Pedro, sobre la mesa, alertaba de la proximidad del pitufo secretario.
- Rápido, Spock. Llévatela de aquí. - Le encomendó entregándole el pad y a la pequeña. - Pórtate bien, mi bebé, te veré más tarde. Pavel y a'nirih (papá) tienen trabajo que hacer.
(Continuará...)