El cuerpo que odias

Slash
R
Finalizada
0
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
9 páginas, 2.743 palabras, 1 capítulo
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
0 Me gusta 0 Comentarios 2 Para la colección

🌸

Ajustes
Notas:
Gyro no podía dormir. Estaba en la cama mirando al techo, sentía los párpados pesados pero simplemente no podía cerrarlos y quedarse dormido. Todo porque no tenía su peluche. Él amaba la sensación de dormir abrazado a algo suave, una costumbre que mantenía desde la niñez en secreto. Pero esta noche había tenido que ocultar su peluche en un cajón, pues por primera vez compartía cama con Johnny, su novio. Ay carajo, que bien se sentía llamarlo así. "Tal vez podría abrazarlo a él..." pensó. ¿Pero no era muy apresurado? Johnny se había subido a la cama sin mucha emoción, solo cansancio luego de un largo día y se durmió dándole la espalda a Gyro. Lo que fue como echarle un balde de agua fría al Zeppeli, que al menos esperaba un beso antes de dormir. Pero ahora esa posición era ideal para abrazarlo, solo tenía que tener cuidado de no despertarlo. Se dio vuelta en la cama y se acercó un poco más a Johnny. Pasó sus brazos por sus costados y se aferró suavemente a su cuerpo. Y entonces sintió algo suave. —¿Eh? Gyro alzó una ceja, presionando un poco por encima de su ropa. Sintió su mano hundirse en la tela. Era su barriga, Johnny Joestar tenía una barriga suave, bastante, de hecho. —... No puede ser. Gyro murmuró una disculpa antes de levantar la camiseta holgada del rubio, asomándose por encima de su hombro, encontrándose con rollos de grasa que ahora estaban expuestos. —Dios Johnny, ¿cómo ocultas todo esto bajo tu ropa...? No había desagrado en su pregunta, todo lo contrario, sus ojos brillaban de la más pura emoción. Sus manos continuaron moviéndose sobre el vientre de su novio, con lentitud al inicio, acariciando con cuidado de no despertarlo, pero no iba a durar mucho, Johnny dormía como una roca, llenando a Gyro de una valentía imprudente. Presionó su palma abierta en su barriga, dejando que se hundiera en su carne y su piel sobresaliera entre sus dedos. Johnny apenas se removió en su lugar. Con la mano que tenía libre pellizco el otro extremo de su panza. Era como sostener un pedazo de masa entre sus manos. —¡Nyo-ho! Y yo que pensaba que no podías ser más bonito, Johnny. Puso sus manos en el borde de su barriga, antes de empujar hacia adentro, sosteniendo toda su grasa entre sus palma. "Como quisiera morderlo ahora mismo. Pero eso sin duda lo despertaría." Siguió jugueteando con el cuerpo de su pareja dormida, cuando le entró una duda, Johnny no podía ser solo gordo de su barriga ¿no? Aunque tuviera una cara como de muñeco de exhibición todavía debía tener grasa en otras partes. No es como si hiciera mucho ejercicio en su silla de todas formas. Sus ojos verdes se dirigieron a su pecho, aún cubierto por la camiseta, si la levantaba tal vez podría ver si a caso... Gyro se dio una bofetada mentalmente. "¡Eso es demasiado! ¡No soy un animal, soy un Zeppeli!" Gyro no recordaba la última vez que sentía que su juicio se nublaba de esta manera. Claro que había conocido personas hermosas antes, su país estaba lleno de bellezas. Pero sin duda ninguno podía compararse con su JoJo. Continuó pellizcando su cuerpo, era más suave que su peluche por el que había estado dando vueltas en la cama, ¿cómo no lo había notado antes? "Probablemente contraía el abdomen. Vaya, de haberlo sabido me le hubiera confesado mucho antes". Gyro presionó su nariz contra el cuello de Johnny, llenándose los pulmones con su aroma. No pudo evitar soltar una risita. —Y yo que pensaba que tu peso al cargarte era porque aún tenías algo de músculo en ese pequeño cuerpo tuyo. —... ¿Soy pesado para ti? El italiano se quedó helado. Levantó la mirada para encontrarse con esos ojos azules que tanto amaba mirándolo con horror. No tuvo tiempo de decir algo antes de que Johnny se intentará tirar de la cama para sentarse en su silla de ruedas. Pero Gyro lo sostuvo para no dejarlo irse. —¡Suéltame! —gritó, soltándole manotazo y tirando de sus brazos. —¡Johnny! ¡Johnny, escúchame por favor! —suplicó, con el corazón yendo más rápido que cualquier caballo de carreras—. ¡Lo siento, lo siento! ¡No quería abusar de tu confianza, solo quería tocar tu vientre de lo bonito que es! Johnny se quedó quieto. Demasiado. —... ¿Qué has dicho? —¡Que no quería abusar de tu confianza! Jamás intentaría tocar más allá sin tu permi- —¡Eso no, lo otro! —... ¿Lo de que tienes un vientre bonito? Gyro sintió a su pareja tensarse en sus brazos y por puro reflejo aflojó su agarre, pero Johnny ya no intentó huir. En su lugar se giró para verlo cara a cara. —¿Bonito...? ¡¿Llamas bonito a esto?! —levantó su camiseta, exponiendo su vientre abultado—. ¡No me jodas! ¡¿Cómo va a ser bonito esto! El hombre más alto no respondió, no porque no supiera que decir, sino porque se quedó mirando como un tonto la barriga de Johnny. Ahora tenía una mejor vista de su cuerpo, con la luz de luna entrando por la ventana, iluminando su piel expuesta, dejándole ver bien su lonja que sobresalía de su pantalón. Las palabras no hicieron el esfuerzo por salir, solo pudo asentir mientras seguía mirando el cuerpo de su pareja. —¿Siquiera me estas escuchando? —preguntó ya frustrado. —¡Lo hago! —se apresuró a decir Gyro, mirándolo a la cara—. Es solo que... es difícil pensar bien cuando estas así... Intentó volver a acercar su mano a su barriga, pero Johnny lo detuvo sosteniéndolo de la muñeca. —¡No la toques, mantén tus manos fuera de esta grasa! Gyro lo miró confundido. —¿Por qué hablas como si no fuera parte de tu cuerpo? —¡Por qué no lo es! ¡No es mi cuerpo, es solo..! —sus palabras le fallaron a la mitad, Gyro podía sentir las manos que aún agarraban su muñeca empezar a temblar—. Es solo otra consecuencia de estar atado a esa estúpida silla... Ninguno dijo nada. Johnny porque parecía seguir buscando las palabras y Gyro porque quería escuchar lo que tenía que decir. Johnny soltó la mano de Gyro antes de continuar. —Este no es mi cuerpo... mi cuerpo es atlético, firme. Todo lo contrario a esto. Escupió la última palabra con asco. Sostuvo los pliegues de grasa a sus costados y los dejó caer, como demostrando el punto de que era desagradable. O al menos eso expresaba la mirada de disgusto con la que miraba su cuerpo. —No es bonito, es todo lo contrario a esa palabra. Y no es mío, cuando encuentre la forma de volver a caminar, finalmente podré deshacerme de este peso. Volveré a ser yo mismo. Gyro no dijo nada. Sus ojos verdes ahora estaban enfocados en el rostro de su novio. Veía sus labios apretados en una linea recta y el ceño fruncido, mirando todavía su físico. —¿Sabes qué es el Renacimiento italiano? La pregunta confundió al ex yóquey. —¿Qué? —Fue un movimiento cultural del siglo XIV hasta el siglo XVII. Se desarrollaron todo tipo de áreas se manera acelerada en ese entonces, incluyendo el arte —¿Por qué me hablas de eso ahora mismo? —¿Haz visto las pinturas de ese entonces? Algo que se veía a menudo era que las figuras de las mujeres más hermosas eran pintadas con un vientre prominente. Johnny ya veía a donde iba esta conversación y no estaba seguro de que le gustara. —No soy una mujer... —No lo eres. Pero eres hermoso, más que cualquier imagen o modelo de aquel período lleno de obras de arte. Antes de que Johnny pudiera discutirle, Gyro se inclinó hacia él, uniendo sus labios en un beso que lo tomó desprevenido. Johnny empujó sus manos contra el pecho de su novio. —¡Basta! ¡No intentes endulzarme el oído! Aunque se quejaba sus mejillas coloradas lo delataban, la atención de Gyro lo afectaba como pocas cosas en el mundo. Y Gyro pensó que se veía precioso. —¿Endulzarte el oído? Johnny, si te digo esto es porque es en serio, eres hermoso, estoy seguro que lo eras cuando corrías como un jinete profesional y lo eres ahora también. —Ahora no soy nada. —Eres mi novio. —Vaya logro —dijo con sarcasmo, rodando los ojos. Gyro se tomó con humor su comentario amargo, era parte de lo que amaba de él. —Muy bien, no solo eres mi novio. Eres un hombre obstinado y terco, que incluso ahora puede subirse a su caballo y adelantarme en una carrera. —Querrás decir que puedo dejarte mordiendo mi polvo. Gyro sonrió, dejando ver sus dientes de oro. —Ahí esta, a eso me refiero. Esa confianza que tienes al correr y buscar la forma de volver a andar. Todo eso hace que ahora mismo y cada día, seas una persona maravillosa. Johnny sintió sus ojos arder pero se mordió el labio. "No, no ahora. Lo último que necesito es avergonzarme más frente a él". Gyro lo miró con una suavidad que pocas veces mostraba. Lo tomó por los hombros y lo recostó con cuidado de nuevo en la cama. —¿Gyro? El hombre no le dio ninguna explicación, se limitó a sujetar el borde de la camiseta que de nuevo cubría su cuerpo. —¿Puedo? El corazón de Johnny golpeaba tan fuerte contra sus costillas que dolía. Este estúpido hombre le estaba pidiendo permiso para tocarlo luego de ya haber metido sus manos bajo su ropa mientras dormía. Gyro tenía suerte, demasiada suerte de que lo amara tanto como para ser incapaz de decirle que no. Se cubrió los ojos con su brazo antes de asentir. —Pero con una condición. —Lo que tu desees. Johnny señaló la ventana. —Ciérrala. No quiero que puedas ver. Contrario a lo que esperaba, Gyro no discutió. Se levantó en silencio para cumplir su petición, dejando la habitación en una oscuridad casi total. La cama se hundió cuando regresó, Johnny podía sentirlo ponerse encima de él, haciendo que sus mejillas y orejas ardieran. Gyro levanto su camiseta, sin prisa, alzándola hasta detenerse en su pecho. Paso la yema de sus dedos desde el esternón hasta su pelvis. El roce áspero de sus dedos lo hizo meten la panza por pura costumbre, avergonzado de sentir como pasaba por su piel estirada. —No —dijo Gyro—. Por favor, Johnny, no hagas eso. Quiero hacer esto bien. —No creo que haya una forma de hacer esto "bien". —Johnny... No iba a ganar nada discutiendo. Sin más remedio relajó su abdomen, dejando que su cuerpo se adaptara al peso real de su vientre. —Gracias... —dijo Gyro. No obtuvo respuesta. Dirigió sus manos hacia el cuerpo de su pareja, acariciando con suavidad, sin volver a apretar como antes. Ahora solo quería explorar su figura y grabarla en su memoria solo con su tacto. —¿Todavía crees que es bonito? —la pregunta del rubio no reflejaba timidez. Era casi acusatoria, como si esperará que el italiano se retractara de sus palabras. Eso no iba a pasar. —¿No lo he dejado suficientemente claro? Bueno, habrá que corregir eso. Se agachó hasta tener su cara encima del abdomen de su pareja. Johnny podía sentir su respiración en su piel. No alcanzó a preguntar que estaba haciendo antes de sentir los labios de Gyro en su vientre. —¡Ah! Johnny se quitó el brazo de los ojos para cubrir su boca de inmediato. Avergonzado de esa exclamación involuntaria. "Sabía que funcionaria". Pensó Gyro con su sonrisa oculta por la oscuridad. No se iba a quedar en solo un beso. Se inclinó para besarlo una vez más. Y otra, y de nuevo. Iba besando su vientre a un ritmo sin prisa, casi reverente. Incluso por momentos se detenía para acariciarlo una vez más antes de volver a besarlo. Aún cuando Johnny se cubría la boca pequeños suspiros ahogados se escuchaban por momentos y su espalda se arqueaba apenas sobre la cama. Motivando aún mas a su pareja. —¿Sientes eso, Johnny? ¿Sientes mis labios al besarte? Es porque es tu cuerpo, este hermoso cuerpo te pertenece. El aludido retiró sus manos, sintiendo como las lágrimas comenzaban a caer y empapaban la almohada. —No... no es mío... —¿No lo es? ¿Entonces no puedes sentir cuando hago esto? Gyro pasó su dedo índice por los rollitos en la cintura Johnny, provocándole un espasmo involuntario por puro reflejo. —Parece que si lo sientes. —¡Idiota! —le gritó Johnny, ya con las lágrimas corriendo sin parar por su rostro—. ¡Idiota, imbécil, cretino! ¡¿Por qué me haces esto?! Entre la frustración, la vergüenza y la sensibilidad que el afecto de Gyro le había provocado, Johnny a penas podía comunicar todo lo que quería y eso solo hacia que derramará aún mas lágrimas. —¡Yo no quiero este cuerpo! ¡Lo odio! ¡Odio verlo cuando me cambio, odio tener dificultades al limpiarlo! —la palabras de autodesprecio no paraban, Gyro había roto la presa que Johnny cuidadosamente había ocultado todo este tiempo y no podía detenerse—. ¡Odio no poder levantarme y poder cambiarlo, es horrible! El llanto ahora se había convertido en un sollozo. —No es un cuerpo que sea bonito... No es un cuerpo que pueda ser amado en lo absoluto... —Y sin embargo yo lo amo. Gyro se recostó sobre Johnny, sin poner todo su peso en él, solo lo suficiente para poder abrazarlo. —Lo amo, Johnny. Así como te amo a ti, a todo lo que eres. —No... —¿No? El rubio negó vehemente, en total negación. —No lo haces, no lo amas, lo dices porque eres mi novio. —Y soy tu novio porque te amo. En cuerpo y alma. —... No es justo... no es justo que tú puedas provocarme esto. Que me dejes así de abrumado solo por decir que crees que mi cuerpo es bonito. —No lo creo, lo es. —Gyro, por favor... El hombre entendió. Guardó silencio y se recostó al lado de su pareja, escuchando como la respiración de Johnny aún estaba agitada y aspiraba sus mocos. Era bueno que estuvieran a oscuras, Johnny probablemente se moriría si a parte de todo esto Gyro lo estuviera viendo luchando contra las lágrimas y perdiendo. Gyro extendió la mano a tientas en su mesita de noche hasta dar con su pañuelo, extendiéndolo hacia su pareja. Johnny se quitó las lágrimas con las manos antes de aceptar el pañuelo. —Gracias... Cuando terminó de limpiarse Gyro buscó su mano en la cama, rozando sus meñiques. —Lamento haberte abrumado, y haberte tocado mientras dormías. —Ya no importa —respondió, demasiado agotado para discutir, pero tomando la mano de Gyro. Ese gesto fue suficiente para aligerar el ambiente entre ambos. —Solo no lo hagas otra vez, lo de tocarme mientras duermo. —¿Y lo otro? Johnny no respondió. Primero se acurrucó contra Gyro, sintiendo su pecho subir y bajar en un ritmo constante. Era relajante. —... Fue abrumador, pero... —tragó seco, nervioso por lo que estaba a punto de confesar— no recordaba la última vez que alguien me dijo que era hermoso... Gyro sintió su mandíbula caer. —Es una broma, ¿no? —¿Te parece que bromeo? Cuántas personas crees que ven a un lisiado al que se le ven los rollos en el abdomen y piensan "oh, que muchacho tan hermoso, es un partidazo". Hasta decirlo suena estúpido. —¡No puedo ser el único en este país que sepa que eres precioso! —Sobreestimas mucho tus propios gustos como para creer que más gente los comparte. Gyro gruñó con frustración, tomando a Johnny entre sus brazos. —Entonces, tendré que decírtelo más a menudo. Es lo mínimo que puedo hacer para equilibrar las cosas. —No es necesario —dijo, casi como una súplica. —Es muy necesario, de hecho debería empezar ahora. Tomó el rostro de Johnny y comenzó a besarlo, una y otra vez. —¡Para! ¡Aun tengo mi rostro húmedo! —Esta bien, lo secare con mis labios. —¡Ugh! A veces no se como te aguanto. Gyro detuvo sus besos, para acariciar la mejilla de su pareja. —Porque me amas. Sintió el calor subir a las mejillas de su novio a través de la palma de su mano. Adorable. —... ¿Y qué si lo hago?. —Que eso me hace el hombre más afortunado que ha pisado esta tierra. Y estoy muy orgulloso de eso. Johnny negó con la cabeza antes de volver a recostar su cabeza contra Gyro. —No tienes remedio. Ahora duérmete, ya es muy tarde. No tuvo que repetírselo dos veces. Gyro se acomodó para abrazarlo más cómodamente, soltando un suspiro satisfecho cuando encontró la posición ideal. "Esto es mejor que abrazar a un peluche". Y ese fue un pensamiento que guardaría solo para si mismo.
Notas:
0 Me gusta 0 Comentarios 2 Para la colección