Señales

Slash
NC-17
Finalizada
6
Fandom:
Tamaño:
10 páginas, 3.020 palabras, 1 capítulo
Descripción:
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Señales

Ajustes
Eran las 5 de la mañana. Dos policías fuera de su jurisdicción se tambaleaban por los pasillos de un lujoso hotel de Atlantic City. Estos dos compañeros habían soportado de todo juntos. Pero para lo que no estaban preparados en absoluto era para la cantidad de alcohol que habían ingerido. Volvían de la improvisada, pero gloriosa despedida de soltero de Kevin Ryan. Propiciada por Javier Espósito, pero organizada y costeada gustosamente por Richard Castle. Javi y Ryan no eran capaces de caminar en línea recta. Pero salvaban su dignidad pensando que por lo menos no se daban golpes con las cosas. Iban riéndose, intentando no hacer mucho ruido, aunque a veces el volumen de la voz era difícil de controlar. Comentaban lo flojo que era Castle con la bebida, al que habían tenido que llevar a rastras hasta su cama. —Hay que reconocer que Castle sabe montar una buena fiesta— iba diciendo Ryan. —Ya lo creo. Vaya despedida ¿Eh? —Por todo lo alto. Es un tío genial. —Ah, es verdad. Eres un borracho de “te quiero tío”. Ya tardaba en salirte la vena— dijo Espo, con tono juguetón. —No soy así. Bueno un poco. El caso es que me lo he pasado genial. Espero que mañana Castle no esté muy molido. —A ver, sabe beber. Pero es que somos polis, no se puede comparar. —Eh, eso es un estereotipo. Somos mejores que eso. —Dios, eres tan puro— Javier juntó las manos y cerró los ojos. Luego, con un tono que usaría un cura en una iglesia, dijo—. Oh, por favor, guíame en mi busqueda espiritual, señor ser de luz. —¿Y eso que tiene que ver? —¿Qué tiene que ver con qué? Se miraron. Se rieron de nuevo y Espo sacó la tarjeta llave de la habitación. La pasó por el lector de la puerta pero saltó una luz roja y la puerta no se abrió. Lo volvió a intentar con el mismo resultado —¿Qué haces tío? —Intento que este cacharro funcione y me deje entrar en la habitación. —Tío, esta es la mía. Ryan sacó su tarjeta. Con chulería la colocó delate del lector, que dejó que la puerta se abriera con un chasquido. —Ahhh… ¿Y cual es la mía? —Yo que sé. ¿No lo pone en la llave? —Lo pone, pero ahora mismo no lo leo bien. ¿Esto es un uno o un siete?— y le pasó la tarjeta a su compañero. Ryan trató de enfocar los ojos, pero la verdad es que no podía leerlo tampoco. La filigrana de la tipografía en dorado sobre color teja no se distinguía bien en su estado. —Puf, yo tampoco estoy para esto ¿Cómo puedes recordar mi habitación pero no la tuya? —Yo que se, dejame pasar. Necesito un minuto de meditación— dijo pasando por delante de él a la habitación ajena. Se descalzó, y directamente se dejó caer en la cama como un fardo. —Eh, oye, que ahí duermo yo. —Solo un momento. Ven, vamos a pensar cual es la mía. Ryan se descalzó también, se quitó la chaqueta y se dejó caer en la cama al lado de su compañero, pero boca arriba. —No te duermas, piensa. —No duermo, estoy pensando. —¿Y qué piensas? —Que estoy dolido. —Por lo del padrino de la boda ¿Verdad? —Sí. Deberías haber peleado por mí. Soy tu mejor amigo, debería tener prioridad por encima de ese pariente que ni recuerdo de Jenny. —Lo hice. Pero Castle tiene razón, las novias son las que deciden todo. —¿Y eso no es un estereotipo? —En este caso es la realidad. Ryan miró a su amigo con esos ojitos que ponía cuando estaba triste. Esos ojitos azules, enormes, le taladraban el alma y Espo se ablandó. —Creo que podré vivir con ello. Lo importante es que tú seas feliz. —El caso es que… — y dejó de hablar. —¿Qué pasa? —Nada, no pasa nada. No sé ni lo que iba a decir. Estoy demasiado borracho— respondió girando la cara hacia el otro lado. Espo sabía que esto era mentira. Por mucho que se esforzara, con su gente de confianza no era capaz de marcarse un farol. Era un jugador pésimo de poker. —Kev, algo te pasa. Lo noto. Desde hace un tiempo. Y sé que va más allá de lo del padrino. —No es nada Espo. Solo, cosas de las bodas. Son estresantes. —¿Qué es Kev?— silencio—. ¿Nervios? ¿Te cae mal también la dama de honor? ¿Las servilletas que eligió Jenny se salen del presupuesto? Su amigo no dijo nada, mirando por la ventana entreabierta, con la cara apoyada en la almohada. No mostró reacción alguna. —¿Tienes dudas?— soltó Javier sin pensar. Se dio cuenta de que había dado en el clavo cuando notó que su compañero se tensaba a su lado. No se había dado cuenta de lo cerca que estaban sus manos hasta que Kevin retiró la suya. —¿Es eso? Por Dios, Kevin, ¿por qué te cuesta tanto ser sincero conmigo? ¡Soy tu mejor amigo! ¿O ya no? —Claro que eres mi mejor amigo. Pero estas dudas no las puedo compartir contigo. —¿Y por qué no las puedes compartir precisamente conmigo? Silencio. —Si yo te cuento una duda que tengo, ¿me cuentas tú la tuya? Creo que mi duda opacará la tuya y te sentirás mejor. Créeme, la mía es muy jodida —Que no Javi. Por favor déjalo estar. Su compañero hizo como que no lo escuchaba decir estas palabras y continuó —Es que esa duda, creí que había sido enterrada hace mucho tiempo. Pero ahora ha vuelto. Y noto que se me acaba el tiempo para despejarla. —¿Y yo puedo resolver esa duda? —Quizá. ¿Debería planteártela? ¿Debería resolverla de una vez por todas? —Somos inspectores. Estamos destinados a resolver dudas. Si puedo ayudarte, adelante. Aunque no te prometo que vaya a hablar de lo mío. Lo siguiente que pasó fue extremadamente pausado, aunque en la cabeza de los dos ocurrió a toda velocidad. Espo se incorporó usando los brazos. Suavemente se deslizó por el torso de su compañero para que sus cabezas quedaran muy cerca. Para que sus bocas estuvieran a un impulso de distancia. —¿Sigues pensando que debo resolver la duda, Kevin? De pronto recapacitó. Lo que estaba haciendo podía destruir su amistad. Empezó a apartarse, pensando un discurso con el que hacer pasar sus actos como una broma de borracho. Pero lo que no se esperaba, era que ese trecho que separaba sus labios fuera Kevin quien lo hiciera desaparecer. Fue un beso suave, dubitativo. Y cuando se terminó y Javier fue a por un segundo intento, Kevin lo apartó y se puso de pie apresuradamente. No decía nada. Javier se levantó también. Fue hacia su amigo y puso una mano sobre su hombro. Cuando sintió el contacto, notó que Kevin daba un pequeño brinco. —No sé qué tengo que hacer Javi. Espo tampoco sabía lo que tenía que hacer. Lo hubiera dado todo por tener las palabras correctas que lo arreglaran todo, pero estaba en blanco. Entonces, sin más, Ryan arrancó a hablar. —Las cosas con Jenny no van bien. Ya hemos estado a punto de cancelarlo todo, pero no nos atrevemos. Eso sí que no se lo esperaba. Javi lo miró incrédulo. —¿Ya no quieres casarte? —No. Y ella tampoco. Lo sé, aunque ahora se supone que lo estamos arreglando. Pero los dos sabemos que esto no puede seguir. Solo… necesito el valor de decir oficialmente que se terminó. Y además… Ryan giró un poco la cabeza para mirarlo. Estaba rojo, estaba a punto de desbordar el agua en el océano de sus ojos. Javier se movió hasta quedar enfrente de él. —No quiero presionarte, pero ¿yo tengo algo que ver en esto? —Sí—dijo sin dilación—. Creo que compartimos una duda. —Bueno, ¿qué hacemos ahora? —No lo sé. —¿Vas a romper con Jenny? Ryan se quedó callado. —Lo siento. Muy brusco— se excusó Esposito. —No, no es eso. Lo mío con Jenny ya está roto. Solo que quizá ya me da igual asumir el papel del malo de la película, cancelando la boda en el último momento. —Mejor en el último momento que un momento tarde. —Es verdad. Entonces, Espo cogió con suavidad a Ryan de la cintura y lo guió para que caminara hacia atrás hasta que su espalda tocó la pared. —Javi… Por toda respuesta, recibió un beso, uno mas juguetón y profundo que el de antes. Ryan no hizo ningún tipo de esfuerzo para que ese beso terminara, pero cuando acabó dijo: —Técnicamente aún estoy prometido… Aún así se dejó hacer cuando Espo pasó un brazo por la parte baja de su espalda. Con la otra mano le tocó el culo y luego pegó mucho sus cuerpos. Ryan notó ciertas cosas que ocurrían en sus cuerpos. —Javi...— gimió. —Técnicamente estás cachondo. —Cállate. Tú también. —Claro, pero yo lo admito sin problemas. Cosa que tú no. Cogió la mano de Ryan y entrelazó sus dedos. Luego le hizo subir el brazo y lo sujetó contra la pared a la altura de la cabeza de su compañero. La otra mano jugueteó en su cadera y luego tonteó con el borde del cinturón de Kevin. Luego subió y se colo un poco por debajo del chaleco de vestir que llevaba casi siempre. Cómo le gustaban esos chalecos a Javier. El cuerpo de Ryan ya le parecía bonito per se, pero es que aquella prenda de ropa en concreto le quedaba de miedo, ajustando aquella cadera tan tentadora. Lo miró a los ojos. No vio banderas rojas en el azul, y deslizó su mano hacia arriba, desabrochando muy hábilmente los botones a su paso. Ryan se puso mas rojo todavía. Cómo le gustaba ver el rubor en esa piel pálida. —¿Cómo… cómo has hecho eso? —Tengo muchas habilidades ocultas— dijo Espo con zalamería—. Deja que te enseñe unas cuantas. Cuando la mano de Javier se coló bajo su camisa, tocando directamente su piel, Kevin jadeó. Eso llevó a Javier a tomarse la libertad de desabotonar de similar manera la camisa, pero esta vez con algo más de trabajo y parsimonia. Acarició la nueva porción de piel descubierta y Kevin gimió. Javier bajó la mirada al cuerpo de su compañero. Apenas tenía algo de vello en el centro del pecho y un sugerente rastro que bajaba mas allá de su cinturón. Los músculos poco marcados pero bien definidos de Ryan le gustaban. Él estaba más trabajado, pero Kevin tenía un cuerpo más flexible. Le venían pensamientos muy impuros a la mente cuando reparaba en eso. De pronto, Ryan liberó su mano del agarre suave que ejercía sobre ella y lo cogió con las dos manos de la camiseta, en un gesto que Javier interpretó como que quería alejarlo. ¿Se lo habría pensado mejor? Pero cuando Ryan lo fue guiando hacia atrás mientras batallaba con su camiseta entendió. Uno, quería quitarle la ropa. Dos, lo guiaba a la cama. Se dejó hacer y ayudó a quitarse la camiseta y retrocedió hasta topar con la cama y sentarse en el borde. Ryan literalmente se subió en su regazo, y antes de que pudiera decir nada, lo besó. Mientras continuaba el beso, lo echó suavemente hacia atrás, hasta quedar los dos tumbados. Uno a horcajadas del otro. Espo estaba disfrutando del beso como si nunca hubiera recibido uno. ¿Dónde diablos había aprendido Kevin a besar así? Y entonces empezó a… restregarse. Espo no se lo podía creer. No recordaba haber estado así de caliente nunca. Ryan separó sus bocas y jadeó en su oído. —¿Te vale que lo admita así, o quieres una confesión escrita? Se acabó. Necesitaba a Ryan sin una pieza de ropa encima. Como pudo, sintiendo una sensación cercana al hambre, los puso a ambos de pie. Deslizó suavemente la camisa y el chaleco, que antes había abierto, por los hombros ajenos. Las prendas cayeron al suelo. El siguiente movimiento fue de Ryan. Desabrochó con parsimonia el cinturón de su compañero y lo abrió. Sus manos fueron hacia el culo de Espo para manosearlo mientras le bajaba el pantalón. Javier no se quedó atrás e hizo un movimiento similar. Pero una de sus manos fue del culo de Kevin a la parte delantera, y eso le arrancó un gemido. El resto de sus ropas pareció volatilizarse en el aire y antes de que se dieran cuenta estaban desnudos, besándose ya sin medias tintas. Recorriendo el cuerpo del otro sin pudor. —Kev,,,— jadeó Javier—. Este es el momento de preguntar… ¿Has estado con hombres antes? Kevin paró de repartir besos por su mandíbula y lo miró muy serio de pronto. —No he estado con otros hombres, no me interesan los hombres. Me interesa Javier Espósito. Esas palabras provocaron que algo cálido se moviera en el pecho de Espo. No podía haber dicho algo tan adorable en aquel momento. —Me matas. —Javi, no sé hasta donde quieres llegar pero… creo que tengo información que te interesa. —A ver, confiesa— dijo divertido, sonriendo mientras le daba un beso rápido. —Yo ya he… con nadie, yo solo. Pero ya he probado… bueno… —¿Quieres decir...— dijo mientras daba un pequeño apretón en sus nalgas. —Si. —¿Qué me estás proponiendo, Kevin? Dime lo que quieres que haga y se hará. —Ya sabes lo que quiero. —Pero quiero oírtelo decir. Kevin se puso nervioso y más colorado que nunca. —Yo… me da vergüenza Javi… Espo trató de contener sus expectativas y se dio cuenta de una cosa primordial. —Kev, no tenemos lubricante. —Ya… tienes razón. —¿Para la próxima cita? — preguntó Espo muy cerca de la boca de Rayan. —Para la próxima cita— accedió Kevin. —Vale. Pero para la presente, tengo algunas ideas muy buenas.— sentó con suavidad a Ryan en la cama. Su plan era jugar con él un poco más. Realmente se moría por oír alguna guarrada salir de los labios de Ryan. Pero esos labios lo sorprendieron. Y es que estaban a la altura perfecta para hacer que a Javi se le cortara la respiración. Primero lo lamió. Luego jugueteó con la punta. Y luego empezó a recorrerla entera. Javier solo sabía gemir. Kevin paró de pronto y lo miró a los ojos. —¿Y esta idea que te parece? Javier solo atinó a gruñir. Estiró a su compañero en la cama y se puso justo encima de él, entre sus piernas. Con una mano, sostenía su cuerpo y con la otra agarró sus dos erecciones. Empezó a masturbar los dos miembros. Se unió la mano de Kevin, y empezaron a ir cada vez más rápido. Así permanecieron largo rato, disfrutando al máximo de aquel roce tan aparentemente simple, pero que era lo más caliente que habían sentido. —Kev, voy a...— dijo Javier de pronto. Su compañero aumentó el ritmo. Y en el momento en que sintió que se corría, ahogó sus gemidos en la boca de Rayan, besándolo de forma algo errática mientras sentía los últimos coletazos del orgasmo. Besó a Kevin un poco más, y luego bajó por el cuerpo de su compañero hasta que fue capaz de meterse su miembro en la boca. El orgasmo de Kevin no se hizo esperar. Cuando estalló, tuvo la delicadeza de apartar a Espo un momento antes, por lo que acabó con su semen esparcido por todo el torso. Javier fue al baño y trajo papel para limpiar todo el desastre. Mientras lo hacía, Kevin se quedó allí tirado, jadeando cada vez más quedamente hasta que se normalizó su respiración. Entonces se tumbaron juntos en el centro de la cama. Javier tenía la cabeza apoyada encima del corazón de Kevin, simplemente saboreando el momento. —¿Soy una mala persona, Javier? Preguntó Ryan de allí a un rato. —Depende. ¿Me has mentido? ¿No vas a cortar con Jenny? —Claro que no te he mentido. —¿Solo soy un polvo para ti? —¡Claro que no! —Entonces no, no creo que seas mala persona. Aunque visto lo visto no puedo ser objetivo. Oyó la risa de Kevin. Más bien la sintió reverberar contra su mejilla. Se quedaron un rato callados. Kevin fue a hablar, pero se encontró con que Espo dormía sobre él. Lo acomodó un poco y se dispuso a dormirse también. Por fin las cosas parecían estar donde debían. ***** A la mañana siguiente Ryan se despertó solo en la cama. No notaba el cuerpo de Javier a su lado. Pero las sábanas estaban calientes allí donde se suponía debía estar. Escuchó la cisterna del baño y Espo entró en la habitación. —Mierda, me he perdido tu despertar— dijo meloso tumbándose a su lado y dándole un beso. —Y yo el tuyo. Estamos en paz. Se sonrieron y se quedaron así, tumbados. Sin más. Hasta que Castle los llamó para ir a comer algo y marcharse de vuelta. Por mucho que Castle protestó, le tocó ir detrás. Javier conducía tranquilo. Mientras los tres hablaban tranquilamente. Cuando dejaron a Rick en su casa, Javier llevó a Rayan a la suya. —Ha llegado el momento. Por fin puedo respirar bien, es como si me hubieran quitado un peso de encima. —¿Vas a cortar con ella ahora? —No puedo callármelo. Necesito cortar esto ya. No me sentiré bien hasta haber cerrado del todo lo de Jenny. —Cuando acabes me llamas y vengo a por ti. —Qué dices, ni apagues el coche. Esto ya estaba irreparable Javi. Solo voy a empezar a barrer los escombros para tener la vida que quiero tener. Con quien la quiero tener— dijo mirándolo fijamente. Le dio un beso y se bajó del coche. Con un suspiro se encaminó a la que antes consideraba su casa. ***** Epílogo La verdad es que Javier aparcó y apagó el coche. Aunque realmente Ryan tardó muy poco. Entró de nuevo, se sentó a su lado y sin que nadie dijera nada se dirigieron al apartamento de Espo. Jenny no fue tan despiadada como Ryan pensaba que iba a ser. Comunicaron la noticia como lo que era, un mutuo acuerdo de no querer celebrar la boda. Por el momento los detectives Ryan y Esposito están jugando a ver cuánto tiempo tardarán en la oficina en enterarse de lo suyo. ¿Quién será el primero o primera en ver las señales?
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