Artes Sexuales Avanzadas y Control del Placer Mágico

Het
NC-21
Finalizada
1
Tamaño:
8 páginas, 4.319 palabras, 1 capítulo
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
1 Me gusta 0 Comentarios 2 Para la colección

Capítulo único

Ajustes
Hermione Granger y Luna Lovegood entraron juntas, guiadas por una nota misteriosa que habían encontrado en sus respectivas habitaciones esa misma tarde. —“Clase especial obligatoria. Aula 47-B. Puntualidad absoluta” —leyó Hermione en voz baja por enésima vez, frunciendo el ceño—. Sigo pensando que esto es muy extraño. Ni siquiera aparece en el horario oficial. Luna caminaba a su lado con su habitual expresión soñadora, aunque ladeaba ligeramente la cabeza con curiosidad. —Quizá sea sobre criaturas mágicas invisibles… o sobre cómo los nargles influyen en los patrones de apareamiento de los thestrals —comentó con total naturalidad. Hermione la miró de reojo, pero no respondió. Cuando ambas entraron completamente al aula, se detuvieron en seco. En el centro de la sala, iluminado por velas de llama verde flotantes, se encontraba el profesor Severus Snape. Sostenía en sus manos un antiguo y grueso libro abierto. El título dorado y gastado era claramente visible: ¨Kamasutra Mágico: Placeres Prohibidos y Artes Carnales Avanzadas¨ en la portada se veía una escena erótica de un par de magos jóvenes en sesenta y nueve. Snape pasó una página con lentitud, sin levantar la vista todavía. —Señoritas —dijo con su voz grave y sedosa, como si estuviera anunciando una clase de Pociones cualquiera—. Llegan justo a tiempo. Hermione palideció visiblemente. Luna parpadeó varias veces, pero por primera vez en mucho tiempo, su expresión soñadora se quebró en una mezcla de sorpresa y fascinación. —Profesor… —empezó Hermione, con la voz entrecortada—. ¿Qué… qué es esto exactamente? Snape cerró el libro con un golpe seco, levantando finalmente la mirada. Sus ojos negros recorrieron a las dos jóvenes con una intensidad perturbadora. —Bienvenidas a la primera clase de ¨Artes Sexuales Avanzadas y Control del Placer Mágico¨ —anunció con total naturalidad, como si estuviera hablando de Defensa Contra las Artes Oscuras—. Este curso es obligatorio para estudiantes seleccionados de séptimo año. No me vean a mi, Dunbledore escogió a los estudiantes, se supone que son pocos y con ustedes dos ya tengo bastante para iniciar. Hoy comenzaremos con la práctica demostrativa. Hermione sintió que el suelo se movía bajo sus pies. —¿Disculpe? —balbuceó, con las mejillas ardiendo—. Esto… esto no puede ser serio. ¡Es completamente inapropiado! Luna, en cambio, inclinó la cabeza con genuina curiosidad, aunque sus mejillas también se habían teñido de rosa. —Qué interesante… —murmuró—. Nunca había considerado que la magia pudiera aplicarse de forma tan… directa al placer físico. Snape esbozó una sonrisa fina y peligrosa. —Oh, señorita Lovegood, aún no han visto nada. Tomen asiento. Los demás invitados no tardarán en llegar. Hermione miró hacia la puerta, luego al libro de Kamasutra en las manos de Snape, y finalmente a Luna, que parecía más intrigada que escandalizada. —Vamonos… —susurró Hermione, horrorizada. Snape guardó silencio por un momento, disfrutando visiblemente del desconcierto de las dos jóvenes. Caminó lentamente frente al escritorio, con las manos cruzadas detrás de la espalda. —Como bien saben —comenzó con su voz grave y pausada—, la población mágica de Gran Bretaña ha sufrido una preocupante disminución en las últimas décadas. La natalidad ha caído a niveles alarmantes. Las familias purasangre se extinguen, los linajes se debilitan y el Ministerio de Magia ha declarado esta situación como una crisis demográfica de nivel tres. Hizo una pausa, mirando directamente a Hermione y Luna. —Las causas son varias… pero la principal es el excesivo acercamiento al mundo muggle. Los jóvenes magos y brujas prefieren relacionarse con muggles, experimentan con sus costumbres, sus tecnologías y sus ridículas ideas de “romance moderno”. Como resultado, cada vez menos magos se emparejan entre sí. Y cuando lo hacen, lo hacen tarde y con poca frecuencia. Snape pasó una página del libro de Kamasutra con deliberada lentitud. —Ante esta realidad, el Ministerio ha decidido tomar medidas drásticas y discretas. Esta clase —Artes Sexuales Avanzadas y Control del Placer Mágico— fue creada con un objetivo muy claro: reavivar el deseo y la práctica sexual entre los jóvenes magos. No se trata solo de placer… se trata de supervivencia de nuestra especie. Hermione estaba boquiabierta. —¿Está diciendo que… nos están obligando a tener sexo… por el bien de la natalidad mágica? —preguntó, escandalizada. —Exactamente, señorita Granger —respondió Snape sin un ápice de vergüenza—. El Ministerio considera que si los jóvenes no se sienten atraídos naturalmente hacia el sexo con otros magos, entonces debemos enseñarles a disfrutarlo. A explorarlo. A desearlo. A practicarlo con frecuencia y… eficacia. Luna, que había estado escuchando con atención, habló con su voz etérea: —Entonces… ¿esta clase es básicamente una forma elegante de decir que necesitamos follar más para salvar el mundo mágico? Snape la miró fijamente durante un segundo y, contra todo pronóstico, esbozó una sonrisa torcida. —Esa es, sin duda, la forma más directa y lunática de resumirlo, señorita Lovegood. Hermione se llevó una mano a la frente, completamente abrumada. —Esto no puede ser legal… —murmuró. —Oh, lo es —replicó Snape—. Y es obligatorio. Así que les sugiero que se vayan preparando mentalmente. Hoy comenzaremos con una demostración práctica. Snape paseó lentamente entre los pupitres, deteniéndose frente a Luna. —Dado que la señorita Lovegood proviene de una familia de sangre pura y posee una notable… receptividad mágica —dijo con tono clínico—, ella será la primera en participar en la demostración práctica. Para ello, contará con la ayuda de mi asistente especial para esta clase. Tras un pesado diván ubicado en la esquina del aula, se escuchó el sonido de tela deslizándose. Lucius Malfoy emergió con elegancia, vestido únicamente con una bata de seda negra abierta por delante, que apenas cubría su torso pálido y su miembro semierecto. Su cabello largo y rubio caía sobre sus hombros, y tenía una sonrisa arrogante y peligrosa. Tanto Hermione como Luna se quedaron heladas. —¿¡Qué!? —exclamó Hermione, levantándose de golpe. Luna parpadeó varias veces, con las mejillas sonrojadas. —Profesor… esto es… —Luna tragó saliva— demasiado. —Absolutamente no —dijo Hermione con firmeza, retrocediendo un paso—. No voy a participar en esto. ¡Es inmoral, inapropiado y completamente abusivo! Snape suspiró con fingida paciencia. —Les recuerdo que esta clase es obligatoria por decreto ministerial. Negarse conlleva sanciones graves, incluyendo la posible expulsión y la pérdida de varita. Mientras hablaba, sacó el vibrador mágico antiguo de su túnica y lo hizo girar lentamente entre sus dedos, observándolo con deliberada sugestión. El objeto vibraba suavemente, emitiendo un zumbido bajo. Hermione sintió un escalofrío de incomodidad recorriéndole la espalda. —Esto es una locura —murmuró, dirigiéndose hacia la puerta—. Yo me voy. Apenas había dado dos pasos cuando Snape levantó su varita con rapidez. —Nimbus Libidinis —invocó. Dos nubes rosadas y brillantes surgieron de la punta de su varita, flotando con rapidez hacia las jóvenes. Antes de que pudieran reaccionar, las nubes chocaron directamente contra sus rostros, envolviéndolas en una niebla dulce y cálida. Hermione y Luna inhalaron involuntariamente. El efecto fue casi inmediato. Un calor intenso comenzó a extenderse por sus cuerpos, concentrándose especialmente entre sus piernas. Sus respiraciones se volvieron más pesadas, sus mejillas se encendieron y una excitación repentina y traicionera empezó a recorrerles las venas. Luna se tambaleó ligeramente, apoyándose en el pupitre, mientras sus ojos plateados se volvían vidriosos. —Oh… qué sensación más… peculiar —susurró, mordiéndose el labio. Hermione apretó los muslos, luchando contra la oleada de deseo que la invadía. —Profesor… ¿qué nos ha hecho? —preguntó con voz temblorosa, claramente afectada. Snape bajó su varita, satisfecho. —Solo un pequeño incentivo para ayudarlas a superar sus inhibiciones iniciales. Ahora, señorita Lovegood… si es tan amable de subir al escritorio. El señor Malfoy la está esperando. Lucius miró a Luna con una sonrisa depredadora, dejando que su bata se abriera un poco más.

***

Luna estaba completamente desnuda sobre un amplio escritorio acolchado, con las piernas abiertas y flexionadas. Lucius Malfoy se encontraba detrás de ella, de pie, con su elegante capa negra abierta y su pantalón bajado. Su pene largo y grueso estaba enterrado hasta el fondo dentro de la vagina de Luna, completamente hundido, sin moverse. —Como pueden observar —dijo Severus Snape con su voz fría y controlada—, la penetración profunda no siempre requiere movimiento intenso para ser efectiva. La clave está en la inmovilidad consciente y el control. Hermione Granger estaba sentada justo al lado de Snape, con las mejillas sonrojadas y los ojos muy abiertos, tomando notas en un pergamino con mano temblorosa. No podía apartar la mirada de la escena. Luna respiraba lentamente, con su habitual expresión soñadora, aunque sus ojos plateados brillaban de placer. Sentía el pene de Lucius palpitar muy adentro, presionando contra su cervix, llenándola por completo. Cada latido del miembro de él era como una pulsación caliente y profunda en su interior. —Señor Malfoy, mantenga la penetración máxima —ordenó Snape—. Sin embestidas. Solo presión constante. Lucius sonrió con arrogancia, una mano apoyada en la cadera pálida de Luna mientras empujaba un poco más, asegurándose de que ni un solo centímetro de su pene quedara fuera. La cabeza gruesa presionaba firmemente contra el fondo de su vagina, creando una sensación de plenitud casi abrumadora. —Muy bien… —susurró Luna con voz suave y etérea—, lo siento tan profundo… late dentro de mí. Snape se acercó un poco más, observando con mirada clínica. —Señorita Lovegood, describa las sensaciones internas. Luna cerró los ojos un momento, mordiéndose el labio inferior. —Es una sensación llena, caliente y… deliciosamente insoportable. Hermione tragó saliva audiblemente, apretando los muslos bajo la mesa. Snape le lanzó una mirada de reojo. —Señorita Granger, ¿alguna observación? —E-es… una penetración muy profunda —balbuceó Hermione—. La estimulación del fondo vaginal puede generar placer cervical intenso… y… es evidente que ella está muy lubricada. Lucius soltó una risa baja y oscura, y dio un levísimo balanceo con sus caderas, solo lo suficiente para que su pene se moviera un milímetro dentro de Luna, provocándole un gemido suave y prolongado. —Control, Malfoy —advirtió Snape—. Esta lección es sobre Control del Placer y control de la profundidad, no sobre follársela salvajemente. Aun no llegamos a ese punto. Luna sonrió con inocencia perversa, mirando directamente a Hermione. —Se siente increíble, Hermione… Deberías probarlo algún día. Lucius mantuvo su pene completamente enterrado, disfrutando de la calidez apretada de Luna mientras Snape continuaba con su explicación teórica, y Hermione observaba todo con una mezcla de vergüenza académica y evidente excitación. A una señal de Snape, Lucius retrocedió extrayendo lentamente su miembro entero para que Hermione lo contemplase a la perfección. Ella no pudo menos que tragar saliva audiblemente antes de empezar a anotar frenéticamente en su pergamino. Snape asintió con aprobación y habló con su tono seco y académico: —Ahora, señor Malfoy, proceda con penetraciones lentas y controladas. Enfoque en la lubricación y la estimulación sensorial. Lucius Malfoy deslizó una mano por la espalda pálida de Luna con una caricia lenta y posesiva, bajando hasta sus nalgas. Acarició con suavidad antes de dejar una nalgada sonora y un pellizco juguetón que hizo a Luna cerrar los ojos y suspirar con la boca abierta. Con la otra mano, Lucius tomó su miembro y lo frotó suavemente contra la entrada empapada de Luna, extendiendo sus abundantes fluidos. Ella estaba increíblemente mojada; hilos transparentes de lubricación natural conectaban su vagina con el pene de Lucius. —Espero estés preparada, preciosa… —murmuró Lucius con voz ronca mientras volvía a hundirse en ella con extrema lentitud. Su pene entró centímetro a centímetro, suave y controlado, deslizándose con facilidad gracias a la abundante lubricación. El sonido húmedo y resbaladizo era claramente audible en el aula silenciosa. Luna soltó un gemido largo y etéreo al sentir cómo la volvía a llenar por completo. Y Hermione, observando todo, no pudo evitar que la boca se le hiciera agua al ver algo tan profundamente delicioso y carnal. Una vez dentro hasta el fondo, Lucius comenzó a moverse con penetraciones suaves y deliberadas. Salía casi por completo, dejando solo la cabeza dentro, y luego volvía a deslizarse lentamente hasta el fondo, disfrutando de la sensación resbaladiza y caliente. Cada movimiento era lento, profundo y preciso. Mientras la penetraba con esa cadencia controlada, sus manos no dejaban de acariciarla. Una mano subía por su costado, amasando suavemente uno de sus pechos, pellizcando con delicadeza su pezón rosado. La otra mano recorría su espalda, bajaba hasta su cadera y luego se deslizaba entre sus piernas para acariciar suavemente su clítoris hinchado con las yemas de los dedos, extendiendo más lubricación. —Está tan mojada… —comentó Lucius con una sonrisa oscura, mirando a Snape—. ¿Te excita mucho mi pene, pequeña lunática? Luna gemía suavemente con cada penetración lenta, su cuerpo temblando de placer. —Sí... oh, si... Es… tan suave… y se siente tan bien... —susurró ella con voz soñadora—. Lo siento todo... deslizándose dentro de mí. Hermione estaba completamente roja, mordiéndose el labio inferior mientras observaba cómo el pene de Lucius entraba y salía con lentitud de la vagina empapada de Luna. La piel abofeteada se había tornado roja en comparación con el resto de su trasero suave y sensual. El sonido húmedo y obsceno acompañaba cada movimiento. Snape mantenía su expresión impasible, aunque su voz sonaba ligeramente más grave: —Observe, señorita Granger, cómo el exceso de lubricación reduce la fricción y permite un control mayor. Señor Malfoy, continúe con movimientos suaves pero profundos. No acelere. Lucius obedeció, penetrándola una y otra vez con esa cadencia lenta y deliciosa, sus caderas moviéndose con elegancia controlada. Sus manos seguían explorando el cuerpo de Luna: acariciando sus pechos, su vientre, su cuello, tirando suavemente de su cabello rubio platino mientras se hundía profundamente en ella. Cada penetración suave producía un sonido húmedo y resbaladizo. La lubricación abundante hacía que su pene brillara, deslizándose con facilidad y permitiendo que Luna sintiera cada detalle de su grosor y longitud. —¿Cómo se siente, señorita Lovegood? —preguntó Snape. —Resbaladizo… —ronroneó Luna entre gemidos suaves—. y perfecto... Snape observó la escena con su habitual expresión impasible, pero sus ojos oscuros brillaban con interés académico. —Señorita Granger —dijo con voz baja y controlada—, ya que está aquí para aprender, no solo observando. Puede participar de forma práctica. Conjure un pene mágico para usted. Quiero que sienta mientras observa. Hermione, con las mejillas ardiendo de vergüenza y excitación, levantó su varita con mano temblorosa. —Phallus Creatus —murmuró. Un pene mágico, grueso, venoso y ligeramente curvado apareció flotando frente a ella, perfectamente realista y vibrante con magia. Hermione se subió la falda, apartó sus bragas empapadas y, sin dejar de mirar cómo Lucius penetraba a Luna, se introdujo lentamente el miembro mágico en su propia vagina, soltando un gemido ahogado. Mientras tanto, Lucius ya no se contenía. Siguiendo la nueva instrucción de Snape, comenzó a penetrar a Luna con embestidas deliciosas, profundas y fluidas. Su pene entraba y salía con fuerza controlada, aprovechando la abundante lubricación de Luna. Cada embestida producía un sonido húmedo y obsceno que llenaba el aula. Luna gemía con más intensidad, sus ojos plateados entrecerrados. Cada vez que él se hundía hasta el fondo, ella sentía como si estuviera tocando el cielo. Su expresión soñadora se volvió completamente rendida, sus manos arañaban el escritorio y los dedos de sus pies se agarrotaban de placer. —Señor Malfoy… —susurró con voz entrecortada, casi adoradora—. más... porfavor, más... Sus palabras estaban cargadas de genuina emoción. Con cada embestida deliciosa y profunda, Luna se enamoraba más. Snape se acercó con elegancia y sacó de su túnica un vibrador mágico antiguo, largo y con runas brillantes. —Esto ayudará a intensificar la demostración —dijo con tono clínico. Activó el vibrador y lo presionó firmemente contra el clítoris hinchado de Luna mientras Lucius seguía penetrándola con embestidas cada vez más deliciosas y profundas. El doble estímulo hizo que Luna arqueara la espalda con un gemido largo y tembloroso. —¡Ahh! ¡Sí…! —gritó Luna, completamente perdida— ¡Ahh! ¡Más! Entre embestida y embestida, susurraba palabras casi románticas: —Más... así… más, porfavor... Hermione, a solo unos metros, follaba su propio coño con el pene mágico conjurado, moviéndolo al mismo ritmo que Lucius penetraba a Luna. Sus gemidos se mezclaban con los de Luna mientras observaba todo con los ojos vidriosos. Lucius sonrió con arrogancia satisfecha, cuando el profesor no miraba, él aceleraba ligeramente sus embestidas, follándola con más pasión mientras Snape mantenía el vibrador presionado contra el clítoris de Luna, prolongando su placer. Luna estaba al borde del éxtasis, pero también al borde de una rendición emocional total. Cada embestida profunda parecía sellar un poco más su corazón al hombre rubio y peligroso que la estaba poseyendo frente a todos. Snape observó a Hermione con el ceño fruncido. Ella intentaba follarse con el pene mágico conjurado, pero sus movimientos eran torpes, nerviosos y poco efectivos. —Patético —murmuró Snape con su voz grave—. Ni siquiera sabe usar correctamente un instrumento tan simple. Sin pedir permiso, se acercó a ella, apartó bruscamente el miembro mágico con un gesto de su mano y lo disolvió. Hermione lo miró con los ojos muy abiertos, sorprendida y excitada. —Profesor… —susurró. —Silencio. —Snape la tomó por la cintura, la inclinó sobre la mesa junto a Luna y, sin preámbulos, liberó su propio miembro, grueso y venoso. Con un movimiento firme, la penetró profundamente desde atrás. Hermione soltó un gemido agudo al sentirlo dentro de ella, mucho más grande y real que el conjuro. —Así se hace —gruñó Snape mientras empezaba a follarla con movimientos controlados y profundos. Mientras tanto, Lucius sacó su pene de Luna con suavidad y la giró con delicadeza, colocándola sobre su espalda en el escritorio. Se posicionó entre sus piernas abiertas y volvió a penetrarla lentamente, ahora en posición misionero. Esta vez no era una demostración… era algo más íntimo. Sus movimientos eran lentos, profundos y sensuales. Lucius la penetraba con calma, saboreando cada centímetro. Luna rodeó su cintura con las piernas y lo miró directamente a los ojos, con una expresión completamente enamorada. —Oh... mi señor… —susurró mientras él se hundía en ella una y otra vez. Lucius, normalmente arrogante y frío, suavizó su mirada al observarla. Se inclinó sobre ella, apoyando los antebrazos a ambos lados de su cabeza, y la besó con una ternura inesperada mientras seguía moviéndose lentamente dentro de su vagina caliente y mojada. —Eres una criatura fascinante, Luna Lovegood —murmuró contra sus labios—. Hermosa… y muy extraña… Sus embestidas eran largas y pausadas, casi románticas. Luna gemía suavemente contra su boca, acariciando su cabello rubio platino con devoción. Lucius sonrió con una mezcla de deseo y algo parecido a afecto real, acelerando apenas un poco sus movimientos, pero manteniendo esa conexión intensa y romántica. En la puerta entreabierta del aula, Draco Malfoy observaba todo en silencio, con los ojos muy abiertos. Su respiración se había vuelto pesada. Al ver a su padre follando a Luna con tanta pasión, y a Snape follándose a Hermione con fuerza, no pudo resistirse. Sacó su varita y, con voz baja y temblorosa, conjuró: —Vagina Creatus. Frente a él apareció una vagina mágica perfectamente formada, rosada, húmeda y palpitante. Draco se bajó los pantalones y hundió su miembro erecto en ella, empezando a masturbarse con la vagina flotante mientras observaba la escena completa: su padre haciendo el amor con Luna, y Snape follándose salvajemente a Hermione. —Joder… —susurró Draco, moviendo sus caderas al ritmo de lo que veía. El aula estaba llena de gemidos, el sonido húmedo de la carne chocando y la tensión sexual casi palpable. Lucius Malfoy se movía con una elegancia casi hipnótica sobre Luna. En posición misionero, su cuerpo cubría el de ella con posesión elegante. Su pene entraba y salía de la vagina de Luna con lentitud deliberada, penetraciones largas y profundas que hacían que ella arqueara la espalda con cada avance. —Dioses… Señor Malfoy… —suspiraba Luna, mirándolo con ojos brillantes y completamente enamorados. Cada vez que él se hundía hasta el fondo, Luna sentía cómo la cabeza gruesa de su pene presionaba contra su cervix, llenándola por completo. Lucius no tenía prisa. Salía casi hasta la punta, permitiendo que ella sintiera el vacío momentáneo, para luego deslizarse nuevamente con un movimiento fluido y profundo, rozando todas sus paredes internas. La lubricación de Luna era abundante, haciendo que cada penetración produjera un sonido suave y resbaladizo. Lucius bajó la cabeza y la besó con pasión contenida, sus lenguas entrelazándose mientras seguía follándola lento y profundo. Sus caderas se movían en círculos suaves al final de cada embestida, frotando su pelvis contra el clítoris de Luna. Luna rodeó su cuello con los brazos, sus piernas abiertas y flexionadas alrededor de las caderas de él. —Quiero que me hagas el amor así todas las noches… —susurró ella, completamente rendida—. todas... todas las noches... La penetración continuaba lenta pero intensa. Cada movimiento profundo hacía que Luna temblara y gimiera contra su boca, su vagina contrayéndose alrededor del miembro grueso de Lucius como si no quisiera dejarlo salir nunca. Mientras tanto, Snape tenía a Hermione inclinada sobre el mismo escritorio, justo al lado de Luna. La había penetrado con fuerza y precisión. Su miembro, más grueso y largo de lo que Hermione esperaba, entraba y salía de su vagina empapada con embestidas controladas pero firmes. —Esto, señorita Granger —gruñó Snape contra su oído mientras la follaba—, es cómo se debe usar un coño correctamente. Hermione gemía sin control, agarrándose al borde del escritorio. Snape mantenía una mano en su cadera y la otra en su cabello, tirando de él suavemente para arquear su espalda. Cada penetración era profunda y deliberada. Salía casi por completo y volvía a hundirse con un golpe seco y placentero, haciendo que sus nalgas rebotaran contra él. —Ha estado excitada toda la clase —comentó Snape con voz ronca—. ¿verdad? menos veinte puntos a Gryffindor. Hermione solo pudo responder con un gemido vergonzoso mientras sentía cómo el pene de Snape rozaba constantemente su punto G con cada embestida. Él era implacable pero preciso: cambiaba ligeramente el ángulo para maximizar el placer, follándola con una maestría oscura y dominante. Desde las sombras de la puerta, Draco Malfoy respiraba agitadamente. Tenía su miembro enterrado en la vagina mágica conjurada, moviendo sus caderas al ritmo de lo que veía. Follaba la vagina flotante con movimientos rápidos mientras observaba a su padre haciendo el amor románticamente con Luna y a Snape follándose sin piedad a Hermione. —Esto es una puta locura… —susurró Draco, sin poder apartar la mirada. Snape, sin dejar de penetrar a Hermione, miró hacia Lucius y Luna con una ceja arqueada. —Señor Malfoy, mantenga ese ritmo lento y profundo. La señorita Lovegood parece estar experimentando una conexión emocional además de física. Muy interesante. Lucius sonrió sin dejar de follar a Luna con aquellas embestidas largas y románticas, mientras Luna lo miraba como si ya le perteneciera. La tensión en el aula se había vuelto insoportable. Los gemidos llenaban el espacio mientras los tres actos sexuales llegaban a su punto máximo casi al mismo tiempo. Lucius, ya sin las instrucciones molestas de Snape, aceleró ligeramente sus embestidas dentro de Luna, manteniendo esa profundidad romántica pero con más urgencia. Sus caderas chocaban contra ella con ritmo constante mientras la besaba con pasión. —Luna… voy a llenarte de verdad, pequeña —gruñó contra sus labios— podrás sentirte orgullosa... llevarás mi semen de sangre pura en tu vientre... Luna, con los ojos vidriosos y completamente enamorada, apretó sus piernas alrededor de él. —Porfavor… lléneme, Señor Malfoy. Quiero sentirlo… En ese preciso instante, el orgasmo de Luna explotó con fuerza. Su vagina se contrajo violentamente alrededor del pene de Lucius, apretándolo en espasmos rítmicos y poderosos. Un gemido largo, etéreo y tembloroso salió de su garganta mientras su cuerpo se arqueaba con fuerza. Oleadas intensas de placer recorrieron su vientre, sus pechos y sus piernas. Sus paredes internas palpitaban sin control, succionando el miembro de Lucius como si quisiera ordeñarlo. Casi al mismo tiempo, Lucius se hundió hasta el fondo con un gruñido ronco y profundo. Su pene palpitó con fuerza dentro de ella y comenzó a eyacular chorros calientes y abundantes de semen directamente contra su cervix. Siguió penetrándola lentamente mientras se corría, prolongando el orgasmo de ambos. Luna temblaba debajo de él, sus ojos fijos en los de Lucius con adoración total, susurrando su nombre una y otra vez mientras ambos se corrían juntos. A solo un metro de distancia, Snape follaba a Hermione con embestidas más rápidas y profundas. Al escuchar los gemidos de Luna, aumentó la intensidad. —Ahora, Granger —ordenó con voz grave y autoritaria. Hermione, que ya estaba al límite, soltó un grito ahogado cuando su orgasmo la atravesó como un rayo. Su vagina se cerró con fuerza alrededor del grueso pene de Snape, contrayéndose en espasmos intensos y prolongados. Todo su cuerpo se tensó, sus piernas temblaron violentamente y un placer cegador la recorrió desde lo más profundo de su sexo hasta la punta de sus dedos. Snape gruñó salvajemente, empujando hasta el fondo una última vez y corriéndose con fuerza dentro de ella. Su miembro palpitó con violencia, liberando gruesos chorros de semen caliente que llenaron a Hermione por completo. Ambos se corrieron de forma intensa y casi simultánea, los gemidos de Hermione mezclándose con los gruñidos bajos de Snape. Desde la puerta, Draco observaba todo con los ojos desorbitados. Ver a su padre corriéndose dentro de Luna y a Snape llenando a Hermione fue demasiado. Con un gemido ahogado, folló la vagina mágica conjurada con movimientos rápidos y desesperados hasta que también explotó. Su pene palpitó con fuerza, eyaculando con fuerza dentro de la vagina flotante mientras veía cómo los demás alcanzaban el clímax. Durante unos largos segundos, el aula quedó llena únicamente de respiraciones agitadas, gemidos residuales y el sonido húmedo de los fluidos. Luna, aún con Lucius profundamente enterrado dentro de ella y su semen goteando lentamente, acarició su rostro con ternura. Lucius la besó suavemente, todavía dentro de ella, mientras Snape se retiraba lentamente de Hermione, quien permanecía temblando sobre el escritorio, completamente satisfecha y avergonzada. —La clase ha terminado, pero querré un ensayo detallado de todo lo visto para la proxima clase. A Hermione le resonó esa frase ¨La próxima clase¨
1 Me gusta 0 Comentarios 2 Para la colección