Mi Pequeña Debilidad

Het
NC-17
Finalizada
1
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
17 páginas, 8.302 palabras, 1 capítulo
Descripción:
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Capítulo 1

Ajustes
Itami abrió perezosamente los ojos dando un sonido soñoliento. Luego de un momento cuando pudo finalmente enfocar la vista, se percató de que estaba en penumbras viendo un techo que le era totalmente desconocido. Se sentó aun algo aturdido y comenzó a pasear la vista por el lugar. Lo primero de lo que pudo percatarse es que estaba en una habitación de estilo tradicional, y al desviar la vista hacia un lado, sus ojos vieron algo para lo que no estaba realmente preparado. Hacia el fondo de la habitación, recargado de espaldas contra la pared y sentado sobre una cómoda, estaba Tomita, durmiendo con la cabeza colgando sin vida hacia adelante. Frente a Tomita estaba Kuribayashi, su subordinada camorrera, durmiendo a pierna suelta en un futón, con sus senos amenazando con explotar fuera de un yukata que apenas se mantenía en su lugar. Junto a ella estaba Tuka, durmiendo en otro futón de forma bastante más recatada. Junto a Tuka en otro futón estaba Bozes, durmiendo abrazada con la princesa Piña. A los pies del grupo de mujeres estaba Risa, su ex-esposa, durmiendo de espaldas medio metida debajo de una mesa baja repleta de botellas de alcohol y cervezas vacías; de hecho, la habitación estaba repleta de botellas y latas de cervezas vacías, sobre todo junto a Kuribayashi. — ¿Qué pasó? — se preguntó Itami aun algo aturdido, mirando a Kuribayashi, que continuaba durmiendo a pierna suelta mientras roncaba suavemente junto a una cantidad industrial de botellas y latas de cervezas vacías. Entonces lo recordó. Estaba de regreso en Japón desde la “Región Especial” para presentar un informe ante el Senado sobre sus actividades realizadas al otro lado del Portal. Estaba además acompañado por Tuka, Lelei y Rory, tres chicas que se habían apegado a él desde que las conoció y que lo habían acompañado en la mayoría de sus actividades. Ellas también presentarían testimonio como refugiadas de las FAD, luego del ataque de un Dragón. Luego de pasar por el interrogatorio de una congresista bastante desagradable; a la que salvó de recibir la justa furia de Rory, dejaron el Senado y habían pasado el resto del tiempo haciendo maniobras distractivas, para escapar de los operativos de algunas potencias extranjeras que querían llevarse a la fuerza a las invitadas de la “Región Especial” para; muy probablemente, sacarles información y luego ser usadas como moneda de cambio para poder acceder a la “Región Especial”, invadirla y depredar todos sus recursos. Itami suspiró con cansancio. Todo esto lo trajo de regreso a su situación actual, estaba en una habitación de la posada “Sankai Roukaku” en Hakone, donde iban a pasar la noche. Es así como luego de disfrutar de las aguas termales, unas algo mareadas Kuribayashi y Rory, lo habían arrastrado a Tomita y a él a esta habitación para beber un poco y… bien, la verdad es que bebieron un poco más de la cuenta. — Ya veo — comentó para sí Itami, frotándose la barbilla, momento en que escuchó el inconfundible solido de hielo en un vaso y un femenino suspiro de satisfacción. Itami desvió la vista a un lado y vio un balcón con dos sillas y una pequeña mesa entre ellas con una botella descansando encima. En una de esas sillas directamente frente a él, estaba Rory. Era ella la que estaba disfrutando de un vaso de whisky mientras mirada hacia afuera a la noche por el gran ventanal del balcón. Estaba sentada con las piernas cruzadas y el yukata descaradamente abierto, mostrando por completo sus delgadas, pero lindas piernas. La semidiosa se percató de que la estaba observando y sonrió como solo ella sabía hacerlo; con esa sonrisa entre sensual y divertida, que dejaba muy en claro que esa niña de 13 años era mucho mayor de lo que aparentaba a simple vista. Sus grandes ojos lo miraron con diversión y levantó una mano, haciéndole un gesto con un dedo para que fuera a acompañarla. Itami no necesitó pensarlo demasiado para aceptar la invitación. Si bien Rory podía ser un verdadero dolor en el trasero cuando se lo proponía, con sus desplantes, sus travesuras o constantes acosos hacia él; tampoco podía negar que ella solía ser muy divertida. Lo cierto es que a Itami le gustaba la compañía de la semidiosa. En verdad se sentía cómodo junto a ella y se lo pasaba bien a su lado. Es por eso que se dispuso a levantarse para acudir al llamado de ella, pero sintió que algo le impedía moverse. Curioso, Itami bajó la vista y se encontró con Lelei dormida plácidamente en un futón junto a él, aferrada a su cintura con un brazo de forma bastante posesiva, como si aún mientras dormía, se estuviera negando a que él se alejara de ella para acudir al llamado de otra mujer. Itami emitió una pequeña risita ante ese pensamiento. Negó con la cabeza y con algo de esfuerzo logró librarse del posesivo agarre de Lelei, sin despertarla y se puso de pie para encaminarse hasta el balcón. Al llegar le dio un vistazo a Rory, tomándose el tiempo de apreciarla debidamente. La mujer tenía el cuerpo de una niña de 13 años, pero su edad real es de 961 años. Esto causaba que fuera difícil para él emparejar en su mente a la mujer que tenía al frente, con el engañoso cuerpo de niña de 13 años que ostentaba. Eso lo complicaba un poco en sus interacciones cuando ella se ponía un poco “intensa”. Si bien Rory puede parecer a primera vista una niña; una “Gothic Lolita”, para ser más exactos, al hablar con ella te das cuenta que de niña no tiene nada. A poco andar te das cuenta que estás tratando con una mujer hecha y derecha. Una mujer con una actitud extremadamente sensual, que le daba un atractivo muy particular. — Es una lástima que no alcanzaré a verte con un cuerpo de veinteañera — comentó Itami con una sonrisa, sentándose en la silla que estaba frente a la semidiosa. Pese a lanzar el comentario a modo de broma, lo cierto es que a Itami en verdad le gustaría ver a una Rory un poco mayor físicamente. Si ahora resultaba atractiva con su actitud sensual y coqueta, con un cuerpo más adulto, de seguro sería una bomba erótica que tendría babeando a todos los hombres a su alrededor. Por su parte, Rory aun sosteniendo un vaso de whisky, contempló hacia fuera del ventanal por un momento, antes de mirar al hombre sentado frente a ella y responder su comentario. — Cuando abandone mi cuerpo y me convierta en Diosa, podré adoptar la forma que desee. Pero a cambio, perderé los deseos y placeres terrenales… extrañaré eso — dijo Rory, dándole una intensa mirada al hombre frente a ella. Itami sintió un estremecimiento ante esa mirada por parte de la semidiosa. No era tonto, esa mirada era una insinuación bastante directa. Esa definitivamente no es la mirada de una niña, es la mirada de una mujer que sabe muy bien lo que quiere. Luego de decir esas palabras y sostener su mirada unos segundos más sobre el hombre frente a ella, Rory se recargó en la silla en que estaba sentada, sosteniendo con ambas manos su vaso de Whisky y dio un suspiro casi de placer, cosa que sorprendió a Itami. — Hay gente peleando muy cerca, ¿verdad? No me dejan dormir. ¿Qué vas a hacer por mí, Youji? — preguntó finalmente Rory, con ese tono de voz cargado de sensualidad tan característico de ella. — No lo sé — respondió Itami un tanto nervioso, tratando de esquivar la indirecta. Fue entonces que ocurrió. Rory, que estaba con el yukata abierto en su parte baja, dejando ver por completo sus largas, delgadas, pero hermosas piernas, descruzó las piernas de forma un poco exagerada, para luego volverlas a cruzar en el sentido contrario. Itami sentado directamente frente a Rory, se congeló y quedó rígido ante ese cruce de piernas, ya que eso le permitió verlo todo. Rory no llevaba bragas. Este hecho quedó totalmente claro para Itami con ese exagerado cruce de piernas, que le permitió darle un impresionante vistazo al coño de la semidiosa; un coño que se veía condenadamente tentador y… húmedo. Itami tragó sonoramente, mientras sentía como una parte de su cuerpo comenzaba a despertar. Él estaba seguro de que ella hizo eso a propósito. No hay forma de que Rory olvidara que no llevaba bragas; o que no supiera que le enseñaría el coño al hacer ese exagerado cruce de piernas. Ella definitivamente lo hizo a propósito, porque quería que él lo viera; ella quería enseñarle su… Entonces Itami estrechó la mirada al venir algo a su mente. ¿No había visto eso antes en otro lugar? La mente de Itami buscó furiosamente en sus recuerdos y pronto vino a su mente dónde había visto algo similar. Fue una película norteamericana de fines del siglo pasado, “Basic Instinct”, donde la actriz Sharon Stone representó la misma escena que Rory acababa de hacer, descruzando y volviendo a cruzar las piernas, enseñándolo todo en el proceso. ¿Acaso Rory había visto esa película? ¿En qué momento? ¿Quién se la había enseñado? — Es insoportable — dijo de pronto Rory, sacando a Itami de sus afiebradas reflexiones, mientras echaba provocadoramente su cuerpo hacia adelante, sosteniendo el vaso de whisky con ambas manos y, mirándolo hacia arriba con una mirada acusadora, pero a la vez deseosa. Itami volvió a tragar. Desde su posición podía dar buen vistazo al escote de Rory; de hecho, casi podía ver por completo sus… — ¿Me permitirás matarlos? — preguntó de pronto Rory, dejando el vaso de whisky sobre la mesa entre ellos. Entonces se levantó y recargó una mano en la mesa mientras se echaba hacia adelante y con la otra abría el yukata para mostrarle uno de sus senos — ¿O de una vez por todas te comportarás como un hombre, tomarás la responsabilidad y harás algo al respecto, Youji? Itami se recargó completamente hacia tras en su silla, queriendo y a la vez no queriendo escapar. — ¿Hacer algo cómo qué? — preguntó él, visiblemente nervioso, pero a la vez completamente duro con los ojos fijos en el expuesto seno de Rory, con un pezón totalmente erecto. Rory estrechó los ojos, haciendo una mueca de fastidio ante esa torpe pregunta y la inacción por parte del hombre ante ella. Él tenía los ojos fijos en su teta expuesta y simplemente no hacía nada. ¡Incluso le mostró el coño! ¿Qué más tenía que hacer para que él reaccionara de una vez? ¿Lanzarse sobre él con las piernas abiertas? Lo cierto es que Rory ya no estaba para juegos en ese momento. Podía sentir las muertes a su alrededor y las alma de esos muertos traspasándola en su camino para llegar a Emroy. Esa sensación la prendía, era como un afrodisiaco para ella y en esta ocasión tenía toda la intensión de dejarse llevar. Lo deseaba, lo necesitaba y quería compartir esa parte de ella con Youji de una vez por todas. — ¡Vamos! — dijo Rory con determinación, jalando al hombre de un brazo con su fuerza sobrehumana, para sacarlo de esa habitación repleta de borrachos durmiendo, y buscar un lugar más adecuado para lo que necesitaba hacer.  

***

  Youji Itami estaba en una situación compleja; muy compleja. Rory lo había arrastrado con agarre de hierro hasta la habitación que él compartía con Tomita, que quedaba al otro lado del corredor, por lo que estaba a una distancia razonable del grupo de borrachos que estaban fuera de combate, dormidos en la habitación de las mujeres. Esto quería decir que no serían escuchados por nadie, a menos que gritaran… muy fuerte. Itami tragó sonoramente. Estaba de espaldas sobre el tatami con Rory trepada sobre él, como si fuera una gata en celo. Ella dio un suspiro que más parecía un jadeo y sonrió de forma sensual y divertida al tenerlo en semejante situación. — Este país tiene leyes que protegen a los niños. Hay cosas que no puedes hacer con menores de edad — argumentó Itami nerviosamente, tratando de salir de esa comprometerá situación. Trepada sobre Itami, Rory simplemente sonrió más ampliamente mientras daba una risita, a la vez que le presionaba el torso con una mano para mantenerlo en su lugar. — ¿Qué soy? ¿Una niña? ¿Eso crees? — preguntó Rory de forma insinuante. — No, bueno… — intentó responder Itami, momento en que dio un respingo al sentir como una de las manos de la semidiosa se deslizaba por una de sus piernas. — ¿De verdad? — insistió Rory, subiendo peligrosamente su mano por la pierna del nervioso hombre bajo ella, disfrutando como él se estremecía con su toque. — En serio, está mal — dijo Itami casi en un susurro desesperado. Esa respuesta solo hizo sonreír aún más a Rory, que se fue más encima de Itami, dejando su rostro a escasos centímetros de él, mirándolo directamente con ojos cargados de diversión y deseo. — ¿De verdad te parezco una niña? — preguntó Rory con voz sensual e insinuante, mientras acercaba sus labios hacía los del nervioso hombre frente a ella. Esa pregunta fue como un mazazo directo en la dura cabeza del soldado de las FAD. ¿Era Rory en verdad una niña? Ciertamente lo parecía. Su cuerpo es el de una niña de 13 años, que ya comenzaba a marca visiblemente todas las curvas en los lugares correctos. Senos pequeños pero tentadores, con pezones ya erectos, y un coño totalmente húmedo que delataba lo excitada y deseosa que estaba esta mujer; porque esa es la verdad detrás de todo esto, aunque a su dura cabeza le cueste asimilarlo. Rory Mercury es efectivamente una mujer; una mujer con 961 años de edad. Ese último pensamiento; la verdadera edad de Rory, junto con sentir el dulce aliento de la mujer, que sonreía traviesamente con sus tentadores labios a escasos centímetros de los suyos, fue lo que finalmente liberó eso que Itami había mantenido contenido dentro por tanto tiempo. Las cadenas que mantenían sujeto su deseo cayeron y finalmente se dejó llevar. Rory dio un gemido de sorpresa cuando fue tomada por fuertes brazos que la estrecharon en un posesivo abrazo, mientras sus labios eran atrapados en un intenso beso. Un nuevo gemido escapó de la garganta de Rory cuando sintió la lengua de Itami irrumpiendo con fuerza en su boca, buscando devorarla. Al mismo tiempo sintió como una de las manos de él bajaba por su espalda para llegar a su trasero y comenzar a manosearlo de forma descarada, pero a la vez condenadamente agradable. La cabeza de Rory daba vueltas, aun fuera de guardia por lo que estaba pasando, pero sentir como Itami subía desesperadamente la parte baja de su yukata, para manosearle el trasero sin nada de por medio, hizo que finalmente comprendiera lo que estaba pasando. Youji Itami había dejado de dudar. Finalmente este soldado cabeza dura había captado la muy directa indirecta que le estaba lanzando en la cara, y la estaba tomando tal como ella siempre había deseado ser tomada. Sonrió en medio del beso y comenzó a responder. Lo que en un inicio era un beso unilateral, en cosa de segundos se transformó en un combate en toda regla. Las lenguas de ambos pugnaban por tomar el control buscando someter a la otra, perdiéndose en un mar de sensaciones en el proceso, dando tanto como recibían y devorando sus bocas mutuamente. Un nuevo gemido escapó de la garganta de Rory, el cual murió en medio de un furioso beso, al sentir como ahora las dos manos de Itami le toqueteaba el trasero de forma bastante pervertida. Lo amó, simplemente lo amó y eso la excitó un poco más. Ella necesitaba esto, no solo porque en verdad deseaba estar con Itami y que él la tomara y la hiciera su mujer; podía sentir a hombres luchando y muriendo a su alrededor, y eso la prendía, la excitaba y la ponía condenadamente caliente. Al ser Rory un Apóstol de Emroy, “Dios de la Muerte y la Violencia”, las almas de los caídos en combate deben atravesar su cuerpo en su camino para llegar a Emroy, y de paso actuando como si fueran un potente afrodisíaco; y justo ahora habían hombres luchando y muriendo cerca de ahí, estimulándola. Esto es lo que la tenía caliente en ese momento; muy caliente, y se sentía feliz de que finalmente este soldado cabeza dura, tomada la responsabilidad de satisfacer su deseo. Fue ese momento en que Rory fue girada sorpresivamente, quedando tendida de espaldas en el tatami, con Itami sobre ella. El intenso beso que había estado compartiendo se rompió con un sonido húmedo, quedando sus labios conectados un par de segundos por un grueso hilillo de saliva. Ambos se quedaron atrapados en los ojos del otro por un momento, jadeantes y deseosos. — Tú pediste esto… no te quejes ahora — dijo Itami entre pesados jadeos. Rory sonrió; esa sonrisa traviesa y deseosa que solo ella podía dar. Levantó una mano y acarició una de las mejillas del hombre sobre ella, haciéndolo estremecer con el toque. Eso solo hizo que la sonrisa de ella aumentara un poco más. Le encantaba lograr esas reacciones en él solo con su toque. Se sentía poderosa. — Oooh… pero pretendo quejarme mucho esta noche, Youji… quejarme y gemir, pero de placer — respondió de forma insinuante la pequeña semidiosa, ampliando un poco más su sonrisa. Itami no necesitó más confirmación y volvió a atrapar los labios de Rory en un húmedo y caliente beso cargado de deseo. Sus lenguas nuevamente se trabaron en combate mientras Rory gemía en medio del beso, a la vez que le rodeaba el cuello con los brazos y con una mano le tomaba el cabello, incitándolo a seguir. Pronto los besos no fueron suficientes y la boca de Rory fue liberada con un nuevo sonido húmedo. Ella jadeó y estiró la lengua hacia afuera buscando más, encontrando solo aire, pero pronto un nuevo gemido escapó de su garganta cuando sintió la boca de Itami comenzar a besar y lamer su cuello. Cerró los ojos abrazando con más fuerza al hombre, pasando las manos por su cabello, dejándose querer. — Sí… sí Youji… aaaahh… más, quiero más… dame más — dijo la semidiosa entre gemidos. Atendiendo la petición de la mujer, los besos y lamidas en el cuello de Rory aumentaron en intensidad, arrancaron nuevos jadeos y gemidos por parte de la semidiosa, pero sintió que eso no era suficiente para él. Itami necesitaba más. Él había dejado salir finalmente todo el deseo que había contenido por tantos meses y simplemente ya no podía detenerse. Lo cierto es que Itami no había estado con una mujer desde la última vez que tuvo sexo con su ex-esposa Risa; y eso había sido hace demasiado tiempo. Sus obligaciones en las FAD, el incidente del Portal en Ginza y su misión a la “Región Especial” no le dejaban tiempo para eso, por lo que ahora estaba literalmente en el límite. Su deseo se estaba desbordado y necesitaba penetrar a Rory, estar dentro de ella y sentirla, pero también quería disfrutarla. Necesitaba disfrutar a una mujer una vez más, y ahora que tenía ante sí a una deseosa mujer que se le había estado ofreciendo descaradamente desde que la conoció, no se iba a contener. Itami dejó el cuello, haciendo que ella diera un gruñido de molestia al serle negado el placer, pero pronto sintió como su Yukata era abierto en la parte superior, exponiendo sus pequeños, pero firmes senos, con erectos pezones por la excitación. Vio la mirada de Itami y sonrió. — ¿Te gustan mis tetas, Youji? — preguntó ella, traviesa — Puedes chuparlas si quieres — añadió ampliado su sonrisa. Itami no dudó y se fue sobre ella. Rory gimió fuerte y gutural, cuando Itami comenzó a chupar uno de sus senos. Estaba en el cielo. — Sí, sí, sí… finalmente… aaaahh… sí, Youji, chupa, chupa, chupa — dijo una excitada semidiosa entre jadeos. Rory podía sentir como su sensible y erecto pezón era succionado con fuerza, como si Itami estuviera tratando de sacarle leche. Sintió como la lengua de él jugaba con su pezón para luego ser mordisqueado delicadamente y ser tirado, antes de ser soltado y volver a ser chupado sin contemplación. Todo eso mientras su otro seno era masajeado y estimulado con una mano, girando y tirado de su sensible pezón. — Youji… Youji… sí, sí… chupa mis tetas… chúpalas… aaahhh — gimió Rory entre jadeos, mientras estrujaba el cabello del hombre con las manos. Itami simplemente se desahogó. Masajeó, estrujó, lamió y chupó los pequeños pero deliciosos senos de Rory, cambiando de uno al otro de tanto en tanto, mientras manoseaba el otro con una mano. Podía sentirla retorcerse y escucharla gemir de placer, mientras ella le pedía que siguiera chupándole las tetas. Esa era una petición que estaba encantado de cumplir, pero necesitaba más. Rory, que estaba perdida en el placer de sus senos siendo devorados y chupados a conciencia, pronto sintió como el seno que estaba siendo chupado era liberado, al tiempo que su otro seno también era liberado de su placentero manoseo. Hizo una mueca al ser interrumpida tan deliciosa actividad y dejarla con ganas de más. Nuevamente estaba a punto de reclamar cuando sintió como su yukata era abierto de par en par, exponiendo por completo su cuerpo desnudo. Miró al hombre arrodillado ante ella y pudo verlo tragar sonoramente mientras le recorría el cuerpo descaradamente con los ojos. Rory jadeó. Esos ojos la miraban con un profundo deseo, casi como si fuera un depredador contemplando a la presa que estaba a punto de devorar. Entonces cayó en cuenta de que él se había quitado en yukata en algún momento, dejando expuesto su trabajado cuerpo. Como se podría esperar de un soldado preparado para ir a la guerra, su cuerpo era fuerte y con músculos definidos, pero lo que en verdad llamó su atención, fue la poderosa erección que era apenas retenida por su ropa interior, que parecía estar a punto desgarrase por lo tensa que parecía estar la tela. Rory jadeó a la vez que sintió como su ya húmeda intimidad se mojaba un poco más, mientras el ardor que sentía ahí abajo subía un escalón más, pidiendo ser atendido. Su coño estaba en llamas. Aun así, y pese a la urgencia de atención de su parte íntima, se regocijó en la visión de esa erecta masculinidad y el deseo apenas contenido por ella. Le encantaba eso. Se sentía hermosa, deseada y poderosa, al poder despertar esos sentimientos en este hombre aparentemente común, pero que estos días se había revelado como un poderoso soldado; un guerrero que ella finalmente iba a reclamar para sí. — ¿Te gusta lo que vez, Youji? ¿Te gusta mi cuerpo? — preguntó Rory con la voz ronca por el deseo, mientras que gracias a su pequeño y flexible cuerpo, logró levantar su pierna derecha para recargar su pie en el torso de él, arrancarle un nuevo estremecimiento. Divertida, Rory comenzó a acariciarle el torso a Itami con la punta de los dedos del pie, mientras que usaba su otra pierna moviéndola de un lado a otro, rozando su dura erección con la pantorrilla. Itami gimió por la acción de Rory. El sentir como la sensible punta de su pene era estimulada por su pierna y como ella le acariciaba el torso con uno de sus pies. Era una sensación electrizante. Por un momento se perdió en el placer, dando un gutural gruñido por la estimulación, entonces escuchó la risa de Rory; esa risa traviesa y a la vez cargada de placer que solo ella podía emitir. La risa de la semidiosa hizo que Itami recobrara algo de cordura y no se dejara perder en el momentáneo placer. Esa risa le hizo recordar que aún no estaba listo para llegar al final. Quería disfrutar un poco más. Entonces atrapó la pierna derecha de la semidiosa por el tobillo. Rory dejó de reír, sorprendida por la acción de Itrami, pero pronto jadeó cuando él le plantó un beso en la planta del pie y luego le pasó la lengua, arrancándole un jadeo a la vez que tensaba y estiraba dedos del pie por causa de la sensación. Un nuevo jadeo dejó la garganta de la semidiosa, cuando Itami comenzó a chuparle los dedos del pie mientras le acariciaba la pierna. — Youji…aaaahhh… Yuoji… no juegues conmigo — reclamó Rory, pero un nuevo gemido dejó su garganta cuando él le pasó la lengua por la pierna mientras la seguía acariciando. Entonces él dejó de jugar. Rory jadeó cuando sintió como Itami tomaba sus dos piernas y las abría de par en par, dejando expuesta su intimidad. Aun sorprendida por la acción del hombre, la semidiosa contempló como él tenía la vista fija en su entrepierna; una mirada depredadora que le dejó más que claro lo que veía a continuación. Sintió como su excitación subía como la espuma y como el ardor en su coño llegaba a un nivel casi insoportable. Por su parte, Itami no podía apartar la vista del coño de Rory. Para su sorpresa no se encontró con un coño de niña carente de vellos; por el contrario, Rory tenía un bosquecillo de vellos ahí abajo que le daba un aire más adulto y condenadamente más deseable. También podía ver sus labios vaginales levemente abiertos, por lo que goteaba una abundante lubricación vaginal, que ya tenía sus muslos mojados. Tragó sonoramente, los ojos nublados por el deseo. Al ver como Itami prácticamente le devoraba el coño con los ojos, Rory decidió hacer un comentario ingenioso y muy subido de tono, momento en que dio un chillido al sentir como era alzada por las piernas y luego sujetada por las caderas, dejándola con el cuerpo erguido apoyado solo con los hombros y cabeza en el tatami. Entonces sintió la boca de Itami en su coño y explotó en un nuevo mar de placer. Rory gimió, fuerte, gutural, su coño convertido en un enorme órgano de placer, mientras que por la mente de Itami pasó un solo pensamiento: “Dulce… Rory es dulce” Itami comenzó a devorar casi con desesperación el coño de la semidiosa, degustando el néctar que manada desde su intimidad. Podía imaginar que ella no estaba demasiado cómoda con la posición en que la mantenía, pero en ese momento nada más importaba que comerse ese coño que lo había idiotizado, junto con degustar ese exquisito manjar que inundaba su boca. Por su parte, Rory gemía, fuerte, gutural, inundada por el placer y el éxtasis, mientras su cuerpo se  estremecía. Sus piernas se elevaban en el aire mientras los dedos de sus pies se tensaban y estiraban por el placer de sentir su coño devorado. Podía sentir la lengua de Itami lamiéndola, pasando por entre sus pliegues, hundiéndose profundo en su coño, buscando atrapar más de sus jugos, sorberlos y luego tragarlos, disfrutando de ella, disfrutando de su sabor. — Aaaaahhh, sí… cómeme, cómeme Youji… cómeme el coño… Aaaahhh… — gimió Rory entre jadeos, retorciéndose de placer mientras se llevaba las manos al rostro, apenas resistiendo el éxtasis y la alegría de saberse deseada y disfrutada tan descaradamente. Por su parte, Itami seguía degustando a la semidiosa, atrapando sus labios menores con la boca y tirando ellos, haciéndola estremecer, volvió a lamer y meterle la lengua buscando más del delicioso néctar que manaba de ella, hasta que comenzó a centrarse en su clítoris. Eso logró estremecerla por completo. Un potente y gutural gemido dejó la garganta de Rory cuando Itami comenzó a atacar su clítoris, atrapándolo en la boca y lamiéndolo a consciencia, logrando más estremecimiento por parte de ella pese a la incómoda posición, pero estaba logrando lo que buscaba, podía sentirlo, y así ella se lo hizo saber. — Youji… mi clítoris… aaahhh… eso se siente… Youji… me voy a correr… me voy acorrer — exclamó una gimiente Rory. Ante esas palabras, un entusiasmado Itami atrapó el clítoris de la semidiosa con los dientes, dándole un suave mordisco y luego lo succionó. Con eso, ella estalló. Rory se llevó su ya desechado yukata la boca y mordió para ahogar un profundo y gutural grito de placer, cuando un brutal orgasmo explotó desde su clítoris y se extendió por todo su cuerpo como si fuera una descarga eléctrica. Su coño se contrajo de placer mientras sentía como se derramaba en una corrida espectacular, la cual solo se intensificó al sentir como toda su liberación era degustaba en la boca de un deseoso Itami. La mente de Rory se quedó en blanco, solo atendiendo al placer que explotaba desde su coño, extendiéndose por todo su cuerpo mientras seguían comiéndosela, cosa que solo aumentaba el placer. Era una sensación alucinante, un éxtasis que había demorado demasiado en poder disfrutar. Volvió a gemir de placer, atontada, excitada y feliz; tanto, que ni se percató cuando la liberaron de su algo incómoda posición, para quedar nuevamente tendida de espadas en el tatami con las piernas abiertas, dejando ver su ya totalmente mojada y palpitante intimidad. Itami dio un suspiro mientras se limpiaba la boca con el dorso de una mano del exceso de lubricación vaginal. Aun podía sentir el sabor de Rory en su boca, y no podía negar que le gustó. Demonios, le encantó el sabor de Rory. ¿Cómo podía tener tan buen sabor ahí abajo? ¿Será porque es un apóstol de Emroy y eso hace que su lubricación vaginal sea más rica que el de una mujer promedio? Estrechó la mirada al recordar que Risa no sabía tan bien como Rory. Negó con la cabeza. “Saca la mente de la cuneta”, se dijo Itami, pero no llegó demasiado lejos con ese pensamiento. Al bajar la vista vio a una desnuda Rory frente a él, tirada de espaldas sobre el tatami respirando pesadamente, aun atontada por el orgasmo, con las piernas abiertas enseñando su mojada y tentadora intimidad. Gimió al sentir como su pene comenzaba a doler de lo excitado que estaba, recordándole que ya había estirado demasiado la cuerda. Necesitaba ya mismo su liberación o su miembro iba a estallar. Rory fue sacada de su aturdimiento post orgásmico, cuando sintió como la tomaban de las caderas y era “acomodada”. Al levantar la cabeza, sus mejillas se sonrojaron al ver como Itami alineaba su erecto y palpitante miembro con la entrada de su vagina. Jadeó al ver ese largo y grueso simiente de carne. Era grande, más de lo que esperaba. ¿Lograría entrar por completo en ella? Su cuerpo era pequeño. — Tú lo pediste, Rory… y ya no aguanto más. Te necesito — dijo Itami, con el rostro contraído por el deseo y la desesperación, sujetándola férreamente por las caderas. La semidiosa iba a responder lanzando un comentario subido de tono, pero no tuvo tiempo de idear algo. Itami simplemente empujó y comenzó a entrar en ella. Rory arqueó la espalda, lanzando un silencioso gemido al sentir como el miembro de Itami ingresaba en ella, invadiendo su intimidad, abriendo su interior, llenándola y deslizándose cada vez más profundo, llevándola a un nuevo nivel de placer. Para Itami, se sentía como estar en el paraíso. En un primer momento pensó que no podría entrar en el pequeño cuerpo de Rory, pero con lo excitada y mojada que estaba la semidiosa, se deslizó suavemente en su apretada vagina. Rory era estrecha, caliente, húmeda y condenadamente deliciosa. Podía sentirse deslizándose en ella con total suavidad por la abundante lubricación vaginal. La presión en su miembro era increíble, pero ese estrecho y caliente abrazo del coño de Rory solo le hizo querer ir más allá, hasta que con un último empujón y un gruñido por el placer que sentía, entró por completo en ella, y Rory estalló. La semidiosa se estremeció y gimió un gutural y sorpresivo orgasmos que la sacudió de la cabeza a la punta de los pies. Se retorció de placer mientras Itami gemía al sentir como el coño de ella se contraía aún más, aprisionando su pene como si no quisiera dejarlo ir jamás. Itami, totalmente sonrojado, solo pudo contemplar embobado como la pequeña mujer se corría espectacularmente ante él, únicamente al ser penetrada. “¿Yo hice eso?” se preguntó un sorprendido Itami, gruñendo al sentir como el coño de Rory se contraría como consecuencia de los estragos del orgasmo, aumentando la deliciosa sensación de estar dentro de esa estrecha y caliente gruta de carne, pero a la vez le hizo recordar que estaba en su límite. Rory ya se había corrido dos veces, y el también necesitaba su propia liberación. Aun atontada y presa de las deliciosas sensaciones de un sorpresivo, pero condenadamente delicioso orgasmo, Rory sintió como su aun sensible coño era nuevamente estimulado, causándole una sensación insoportablemente placentera, que la hacía retorcerse y gemir. La estaban follando. Itami la estaba follado… duro, y apenas podía resistirlo. — Youji… aaaahhh… para un momento… aaaahh… me acabo de correr…. Aún… aún estoy sensible — gimió Rory, estremeciéndose con un placer que era casi insoportable. — Tú lo pediste, Rory… no me vengas con eso ahora — dijo Itami entre dientes, sujetando con fuerza la pequeña mujer por las caderas, mientras continuaba penetrándola con fuerza, dando gruñidos por las deliciosas sensaciones que experimentaba, sabiendo también que no duraría mucho más. Ya estaba casi ahí. Rory solo pudo agarrar nuevamente su yukata y volver a morder la tela para amortiguar un poco los que ahora eran gritos de placer. Aun no se había recuperado de un orgasmo y ahora la estaban follando como siempre había deseado. Podía sentirse penetrada casi con saña, haciendo que su coño explotara en un tormentoso océano de placer; todo eso mientras las almas de más muertos en batalla traspasaban su cuerpo, aumentado el estímulo a niveles casi insoportables, sintiendo ya la proximidad de un nuevo orgasmo que sabía seria condenadamente brutal; pero lo quería. No; lo necesitaba. — Aaaahhh… sí, Youji… fóllame, fóllame… aaaahhh, rómpeme el coño. Párteme en dos — gimió casi en un grito la semidiosa. Las descaradas palabras de Rory solo entusiasmaron a Itami, haciéndolo ir más fuerte, pero ya había llegado al límite. — Aaahh… Rory… me voy a correr — dijo apenas entre dientes. — Sí, dámelo… lo quiero. Dame tu leche… relléname el coño — casi gritó una desesperada Rory, momento en que Itami se liberó. Con un gruñido casi animal, Itami liberó meses de deseos reprimidos, sujetando con fuerzas las caderas de Rory y presionándola contra sí, para llegar lo más profundo posible dentro de ella, liberando chorro tras chorro de esperma, cumpliendo su demando, llenándola por completo en medio de un orgasmo que le dejó la mente en blanco. Rory se llevó las manos al rostro mientras gritaba su liberación en el yukata que amortiguó sus gritos de puro éxtasis. Sentía como Itami se liberaba dentro de ella, llenándola con ese líquido espeso y caliente que quemaba sus entrañas, mientras estallaba en el más brutal y placentero orgasmo de su larga vida. Se retorció casi sin control mientras sentía como su cuerpo era sacudido por el éxtasis de la cabeza a los dedos de los pies, concentrando todo en su coño, que estaba más allá en un nuevo nivel de placer. Cuando el subidón de éxtasis había finalmente pasado, Itami respiró pesadamente sintiéndose completamente agotado. Más que respirar, jadeaba por el esfuerzo, con el cuerpo cubierto por una fina capa de sudor, pero condenadamente satisfecho. Entonces miró a Rory. Era un desastre. Rory Mercury estaba de espaldas en el tatami, respirando pesadamente. Su siempre sedoso y pulcro cabello estaba totalmente despeinado y enmarañado. Su menudo cuerpo estaba cubierto de sudor, al tiempo que su pecho subía y bajaba con fuerza, mientras ella casi jadeaba con la boca abierta y la saliva escurriendo por un lado. Su mirada era vidriosa, como si no estuviera consiente, dando suaves gemidos que coincidían con los estremecimientos de su cuerpo, presa aun de los estragos de lo que fue un orgasmo condenadamente potente. Itami miró hacia abajo y vio que aún estaba dentro de Rory, pero no sentía tanta presión como antes. Se había ablandado. Con un movimiento que le arrancó un gruñido, salió de Rory, haciendo que su semen comenzara a salir de ella. Se sonrojó ante lo que vio. Era mucho semen chorreando hacia afuera. Había puesto demasiado dentro de ella. Consideró limpiarla, pero estaba tan agotado que simplemente se dejó caer de espaldas junto a la aun gimoteante semidiosa. El exhausto soldado de las FAD no fue consiente de cuánto tiempo estuvo ahí de espadas recuperando el aliento, solo supo que de pronto alguien se recargó contra él y una mano le giró el rostro. Antes de saber lo que pasaba, sus labios fueron atrapados en un beso carente del fuego y la desesperación anterior. Este era un beso tierno y cariñoso, un beso que lo remeció. — Esos estuvo increíble, Youji — susurró Rory, al liberar los labios del que ahora era su hombre. — Sí… lo fue — concordó él, siendo atrapado en un nuevo beso. El beso terminó con un sonido húmedo y un suspiro de satisfacción por parte de ambos. — Tomaste demasiado tiempo para acceder a mis insinuaciones Youji, pero valió la pena la espera por ser follada de forma tan satisfactoria — dijo Rory con voz melosa y un rostro de total satisfacción, hasta que hizo una mueca de incomodidad. — ¿Qué ocurre? — preguntó Itami. — Se está escurriendo — respondió la pequeña mujer con una mueca de fastidio. — ¿Eh? — fue todo lo que pudo decir Itami. Rory lo miro mientras hacía un puchero. — Tu semen. Se me está escurriendo fuera — se quejó Rory, como si fuera una niña molesta a la que le acababan de negar un caramelo. Itami solo pudo sonrojarse ante las extremadamente gráficas palabras de la semidiosa, momento en que ella se irguió desde su posición recargada sobre él, para quedar de rodillas ante sus ojos, logrando que su sonrojo aumentara a un nivel casi fosforescente. Rory le estaba mostrando descaradamente su desnudo cuerpo, con las piernas ligeramente separadas, pudieron ver como su semen escurría hacia abajo por sus muslos internos, mientras otro poco goteaba desde su coño cayendo directamente sobre el tatami. En verdad había liberado demasía dentro de ella. Por su parte, con un descaro muy propio de ella, Rory simplemente pasó un par de sus dedos por su coño atrapando parte de semen que escurría fuera y se los llevó a la boca, degustándolo. Dio un gemido de aprobación y le dio una mirada cargada de deseo. — Delicioso… sabe a ti — dijo Rory, dando una sonrisa sensual y traviesa. — Ro… Rory — articuló Itami, un tanto intimidado por los ahora depredadores ojos de la pequeña mujer. — Quiero más, Youji. Quiero que vuelvas a derramar tu semilla dentro de mí. Quiero sentir como mi coño se llena con tu leche caliente y espesa — dijo la pequeña semidiosa, con una voz cargada de sensualidad, mientras estiraba una mano para tomar el ya semiduro miembro del nervioso hombre junto a ella. — Aaahhh — gimió Itami, al sentir su miembro atrapado en esa pequeña, pero experta mano que ya comenzaba a hacer su magia, frotándolo de la forma correcta, endureciéndolo nuevamente. — ¿Me darás más de tu leche, Youji? ¿Volverás a llenar mi lindo coñito? — susurró Rory con la voz cargada de deseo, y sonriendo de forma seductora al sentir como el miembro del hombre volvía a estar completamente erecto ante su toque. Itami cerró los ojos y gimió ante el delicioso toque de Rory. Cuando volvió a mirarla, vio como ella pasó una pierna sobre él, quedando montada en su bajo vientre, su erecto miembro presionando el bosquecillo de vellos de la semidiosa. Rory sonrió traviesa, se irguió en sus rodillas y comenzó a guiarle el miembro con una mano a la abertura de su chorreante vagina y… el sonido del timbre de un teléfono móvil inundó la habitación, cortando de cuajo el ambiente. Rory detuvo el movimiento, levantó la cabeza y miró con ojos estrechos el aparato ofensor que estaba a poco más de un metro junto a ellos, asomando desde el desechado yukata de Itami, con una pequeña pantalla brillando en la penumbra del cuarto, mientras el timbre seguía sonando, para el total fastidio de la pequeña mujer. — ¿Qué es eso? — preguntó Rory con evidente molestia, al ser interrumpida en sus actividades. Itami estiró una mano y tomó el aparato para enseñárselo. — Esta herramienta es un “teléfono móvil”. Se usa para contactarme cuando es necesario — explicó el soldado, esperando calmar el evidente enfado de la semidiosa al ser interrumpida en la mejor parte. — Esa herramienta tuya debería aprender a no ser tan inoportuna — masculló Rory sin bajar su molestia, hasta que apretó el agarre al miembro de Itami, arrancándole un jadeo — Deja esa cosa de lado. Estamos en algo importante aquí — añadió, dispuesta a continuar. Itami estaba por concordar con ella, cuando vio el nombre de quién enviaba el mensaje que los había interrumpido. — El Ministro — susurró, leyendo el mensaje de su antiguo oficial superior y mentor. Rory estrechó aún más la mirada al ver como Itami contemplaba ese aparato y como luego la preocupación invadió su rostro. Rory hizo una mueca. Supo en ese instante que el tiempo de juegos se había terminado. El problema es que ella seguía caliente; muy caliente, y si ya no podía follar, solo había una forma de calmar sus impulsos. Una molesta Rory se puso de pie de un salto, poniéndose el yukata casi con rabia, tomó su gigantesca alabarda, corrió hasta las puertas correderas, las abrió de golpe y saltó fuera hacia el patio de la posada. Itami solo alcanzó a maldecir mientras se ponía apenas su propio yukata, abrió las puertas correderas que daban al corredor, y saltó hacia el cuarto de las mujeres, abrió la puerta de golpe viendo al grupo de borrachos aun dormidos y gritó sus órdenes. — ¡Nos atacan! ¡Quédense todos en el suelo! Entonces, la balacera comenzó y se desató el infierno.  

***

  El lugar era un campo de muerte, decenas de cadáveres de soldados estaban desparramados por todo el lugar; algunos acribillados a balazos y otros; los menos afortunados, brutalmente despedazados por la gigantesca alabarda de la semidiosa que estaba ahora de pie sobre una gran roca en medio del patio interior de la posada. Estaba de espada al grupo mientras contemplaba las estrellas. — ¿Qué pasó aquí? — chilló una espantada Risa, medio escondida detrás de Itami. El grupo salió fuera una vez terminó el tiroteó y la batalla. Itami al frente, a su lado un serio Tomita y al otro una algo espantada Kuribayashi. Atrás estaba una aterrada Risa y unas impactadas Lelei y Tuka.  — Son demasiados — comentó un ceñudo Tomita, viendo los cuerpos de los soldados muertos. — Seguridad Pública llegará pronto, pero no podemos esperar aquí — señaló Itami, estrechando la mirada — Tomita, Kuribayashi, tomen cualquier arma que puedan utilizar y comiencen a empacar. — Entendido — respondieron marcialmente ambos aludidos. Lelei y Tuka volvieron dentro de la posada, mientras Kuribayashi se acercaba a la princesa Piña y Bozes, para pedirle que ingresaran a la posada y se prepararan para partir. Por su parte, Itami caminó hasta donde estaba Rory de pie sobre la gran roca mirando las estrellas. Una vez estuvo cerca de ella, Itami vio como balas salían del cuerpo de Rory y caían al suelo mientras ella regeneraba automáticamente las heridas. — Mi cuerpo se regenera sin importar cuánto daño haya recibido. Los semidioses no mueren — dijo Rory, como si estuviera haciendo un comentario sobre el clima — No… simplemente no podemos morir — añadió tardíamente. Se produjo un tenso silencio por unos segundos, con Rory ahí de pie sobre esa gran roca de espaldas a Itami, y este contemplándola, tratando de decidir qué hacer a continuación. Entonces ella giró levemente la cabeza hacia atrás, cerciorándose de que el patio estuviera vació. Tomita y Kuribayashi ya habían ingresado a la posada, por lo que estaban ellos solo en ese momento. Entonces se giró. Itami dio un respingo al ver que Rory tenía el yukata totalmente abierto, dejando ver su menudo, pero femenino cuerpo, mostrando aun vestigios de su encuentro sexual entre sus piernas. En verdad había liberado mucho dentro de ella. Se sonrojó ante ese pensamiento. Fue ese el momento en que Rory saltó sobre él. Él apenas tuvo tiempo de sostenerla, mientras Rory le rodeaba el cuello con los brazos, lanzando esas risitas traviesas tan características de ella. Itami la estrechó contra su cuerpo, mientras ella acercaba el rostro a su oído. — Esto no ha terminado, Youji. Ahora eres mío y no te voy a dejar escapar — susurró ella de forma sensual. — ¿Rory? — preguntó un oficialmente nervioso Itami. — Una vez termínenos con esto, pretendo continuar desde donde lo dejamos… quiero volver a sentirte dentro de mí; quiero que vuelvas a llenar mi coño con tu leche caliente y espesa… es una promesa — volvió a susurrar. Itami no supo qué responder a eso, simplemente se puso duro. Rory lo sintió, pegada a él como estaba era imposible que no sintiera su dureza. Ella simplemente rió divertida, como si se supiera la ganadora de esta partida. La semidiosa se liberó del agarre de Itami y dio un par de pasos atrás. Con movimientos algo teatrales, se cerró el yukata y lo ajustó en su lugar, para luego estirar un brazo a un lado y la alabarda que estaba clavada en lo alto de la roca donde estuvo de pie, voló hasta su mano. Ella sonrió ampliamente y comenzó a caminar de regreso hacia la posada. Itami se giró para ver a la pequeña semidiosa y vio como esta le meneaba descaradamente las caderas en su camino hacia el interior de la posada. Suspiró con cansancio. Siendo honesto consigo mismo, no estaba para nada orgulloso de su total falta de control en medio de una importante misión; por mucho que hubiera tenido un par de tragos encima. Aun así, no podía negar el hecho de que Rory no se lo puso nada fácil; por no decir que se le insinuó descaradamente y se le lanzó literalmente encima. Hasta ahora había resistido estoicamente los constantes avances de la semidiosa, pero hoy Rory finalmente logró hacer una grieta en su defensa, y cedió. ¿Qué más podía hacer? ¿Golpearla para que dejara de insinuarle descaradamente en la cara “quiero tener sexo contigo”? Él no es un maldito Monje Tibetano. También tiene sus necesidades, y Rory finalmente logró llegar a él y… soltar todo eso que estaba conteniendo; literalmente hablando. Volvió a suspirar pesadamente negando con la cabeza. Para bien o para mal, ya había cruzado la línea. Había tenido sexo con Rory y todo auguraba que habría mucho más de eso en el futuro cercano, lo que ciertamente no estaba mal para él; de hecho, le agradaba la idea, pero, ¿sería solo eso? ¿Solo sexo? ¿Placer y nada más? A Itami no le agradaba mucho la idea de algo casual, no es de ese tipo de persona. Con todas las mujeres que había estado; que no eran muchas, sea dicho de paso, siempre hubo una relación de tipo emocional más allá de lo sexual, y ciertamente con Rory había algo más. La semidiosa podía ser un verdadero dolor en el trasero y complicarle la vida con sus constantes insinuaciones; algunas descaradamente directas y obvias, pero no podía negar que sentía algo de cariño por ella. La pequeña semidiosa se le había estado metiendo un poco debajo de la piel. ¿Será por eso que el sexo se sintió condenadamente bien y no siente ni la culpa ni el arrepentimiento que debería experimentar? Pero más importante, ¿qué sentía verdaderamente por ella? Definitivamente no era amor, pero sí le tenía aprecio y cariño… mucho cariño. Otro punto no menor en discordia fuera de sus sentimientos, eran las consecuencias que acarrearían para él, esta muy sexual relación con la Apostol de Emroy; porque estaba absolutamente seguro de que Rory no mantendría la boca cerrada y pronto todos se enterarían que estaba enredado de una relación bastante sexual con ella. Ese solo pensamiento lo hizo sentir que Lelei y Tuka no estarían muy contentas al enterarse de eso. Con un nuevo y profundo suspiro, Itami decidió que era hora de dejar de quebrarse la cabeza con eso. Simplemente no podía pensar en eso en este momento. Tenía una misión que cumplir. Tenía que llevar a las visitantes a salvo de regreso a la “Región Especial”. Eso era lo único en que debía centrarse en este momento. Luego podría lidiar con sus sentimientos y las consecuencias de su revolcón con Rory. Con ese pensamiento, Youji Itami, Teniente de las FAD, ingresó a la posada, preparándose para lo que sabía sería un complicado regreso a la “Región Especial”.    

FIN

***

  Notas del Autor: Esta historia está basada los hechos ocurridos en la posada en Hakone, entre el final del capítulo 9 y el inicio del capítulo 10. Los hechos ocurren tal cual lo platea la serie, casi con los mismos diálogos, solo con un poco más de desarrollo en algunas partes, pero con un cambio fundamental, el sonido del teléfono de Itami no interrumpe el avance de Rory, por lo que Itami finalmente termina cediendo a sus insinuaciones. Cuando vi esta escena me quedé con la idea de que esto es lo que debía pasar, que Itami y Rory debían terminar enredados esa noche, cruzando esa línea que la pequeña semidiosa estaba deseosa por traspasar desde que conoció a Itami. Ahora bien, es cierto que Itami también logra conectar de forma muy cercana con Lelei y Tuka, pero siempre he visto una mayor cercanía y una mejor conexión con Rory. Siento que si esos dos se dejan de juegos y se lo toman en serio, en verdad podrían ser una buena pareja. Esta historia es un desquite personal sobre lo que hubiera pasado si el teléfono de Itami no hubiera interrumpido el avance de Rory, y tal vez, un puntapié inicial para lo que podría ser una interesante relación. Espero la historia haya sido de su agrado. Saludos y nos leemos.
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