LA CHICA QUE ESTABA DE PASO

Het
G
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planificada Maxi, escritos 23 páginas, 6.487 palabras, 1 capítulo
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Capítulo 1: Ya no estoy donde siempre

Ajustes
Capítulo 1: Ya no estoy donde siempre Konoha olía diferente. No era el aroma seco y cálido de la arena después del amanecer, ni el aire pesado de las tormentas de polvo que conocía desde niña. No olía a tierra caliente ni a piedra quemada por el sol, aquí olía a hojas húmedas, a pan recién hecho, a madera vieja, a vida. Aquí se escuchaban voces por todas partes. Martillos golpeando madera. Alguien riendo en la distancia. El chirrido de una carretilla cargada de tablones. Un perro ladrando desde algún tejado. Caminó despacio por la calle principal mientras ajustaba el agarre sobre la correa de su bolso. Sus ojos cafés oscuro recorrieron el lugar con una calma que no era del todo calma. Analizaba. Siempre lo hacía. Era más fácil así. Cuando un pequeño niño pasó corriendo cerca de ella. Se detuvo. Demasiado rápido. La observó sin disimulo, como si la curiosidad fuera una obligación natural. —¿Eres de otra aldea? —preguntó sin rodeos. Scarlet parpadeó una vez. No esperaba la pregunta. No aquí. No tan pronto. —¿Se nota tanto? —respondió, ladeando apenas la cabeza. El niño señaló directamente su brazo. La banda. —Muchísimo. Y se fue corriendo como si la conversación ya no tuviera más valor. El cabello rojo, recogido en una coleta alta, le rozó la nuca al girar la cabeza. La chaqueta oscura que llevaba puesta le cubría los brazos a pesar del clima más cálido de lo que esperaba. La banda de la Arena seguía atada en su brazo derecho. Era lo único en ella que todavía se sentía completamente suyo. Scarlet lo siguió con la mirada unos segundos mientras el se perdía entre la gente. Después bajó los ojos a su propio brazo. Sí. Se notaba. La gente iba y venía con una familiaridad que la hacía sentir una intrusa. Comerciantes saludándose. Shinobi entrando y saliendo de edificios como si toda la aldea respirara al mismo ritmo. Sus dedos buscaron de manera involuntaria el pequeño pin de zorro sujeto a la parte izquierda de su chaqueta. Lo giró entre ellos una vez, después otra. Era un gesto inconsciente, lo hacia siempre que estaba nerviosa. Siempre que no sabia que hacer con sus manos. El metal estaba ligeramente desgastado en los bordes por el uso. Pero su inscripción posterior seguía siendo clara. Levantó la vista. Al fondo, entre edificios en reconstrucción y andamios improvisados, se elevaba el Monumento de los Hokage. Los rostros tallados en la roca observaban la aldea con una quietud que contrastaba con todo lo demás. Scarlet se quedó mirando un instante más de lo necesario. Resultaba imposible ignorarlas. Sus ojos se detuvieron en el rostro del Cuarto Hokage. Minato Namikaze. Había leído todo lo que pudo encontrar sobre él. Había escuchado historias. Y, aun así, verlo allí, convertido en piedra sobre la aldea viva que ahora pisaba, le produjo una sensación difícil de nombrar. —Así que aquí estás… —murmuró para sí misma. No como si le hablara al monumento. Sino como si intentara ubicarse a sí misma dentro de ese lugar. Sus dedos volvieron a rozar el pin de zorro en su pecho sin que lo notara de inmediato, lo sostuvo apenas un instante. Luego lo soltó. Como si ese gesto hubiera sido suficiente para devolverla al presente. “Deja de distraerte.”La orden fue interna, automática. Fría. Práctica. “Primero el Hokage.” Sus padres y su hermano ya se habían adelantado a la casa que Konoha les había asignado. Ella los alcanzaría después, no había discusión posible en eso. Primero debía presentarse, primero debía entender qué estaba haciendo allí exactamente. Porque, si era honesta consigo misma, todavía no lo sabía. Había sido llamada a la Torre del Hokage. Eso era lo único claro. Scarlet giró sobre sus pasos y empezó a caminar. El ruido de la aldea quedó atrás poco a poco, reemplazado por el sonido constante de la reconstrucción. Voces lejanas, madera golpeando madera, órdenes cruzadas entre shinobis que no se detenían. No preguntó direcciones. No hizo falta. La Torre del Hokage era el único lugar que no necesitaba explicación en Konoha. El edificio del Hokage no imponía por grandeza. Imponía por desgaste. Las escaleras de madera mostraban las marcas de miles de pasos. Scarlet apoyó una mano sobre la baranda mientras ascendía. La superficie estaba pulida por el uso constante, lisa en algunos puntos, áspera en otros. Cuántas personas habrían recorrido aquel mismo camino antes que ella. Cuántas habrían llegado buscando respuestas. Cuántas se habrían marchado con más preguntas de las que tenían al entrar. La madera estaba cuidada, pero los años seguían allí. No intentaban esconderse. Al cruzar la entrada, la temperatura cambió ligeramente. El bullicio de la aldea quedó amortiguado detrás de las paredes y fue reemplazado por otro tipo de actividad. Shinobi recorrían los pasillos con pergaminos bajo el brazo. Una mujer salía apresurada de una oficina cargando varios documentos. Más adelante, dos hombres discutían en voz baja sobre suministros para la reconstrucción de uno de los barrios dañados durante la guerra. La paz también parecía mucho trabajo. Scarlet avanzó unos pasos antes de detenerse. Por primera vez desde que había llegado a Konoha, no sabía exactamente hacia dónde debía ir. —Disculpe—Un chunin que transportaba una pila considerable de documentos levantó la vista. —¿Sí? —Me solicitaron presentarme ante el Hokage. El hombre observó brevemente la banda de la Arena atada a su brazo. Después sus ojos subieron a su rostro. La coleta roja. La chaqueta oscura. La evidente falta de familiaridad con el edificio. Por un momento pareció preguntarse quién era. Luego simplemente señaló el final del corredor. —Última puerta. Al fondo. —Gracias. —No hay problema. Continuó caminando sin darle más importancia, Scarlet observó cómo desaparecía por otro pasillo. Por alguna razón, aquello la tranquilizó un poco. Nadie parecía esperar algo especial de ella. Todavía. Retomó el paso. A medida que avanzaba, notó algunas miradas dispersas. Nada exagerado. Un par de personas levantaban la vista al verla pasar. Un shinobi parecía fijarse en la banda de la Arena. Una secretaria la observó apenas un segundo más de lo necesario antes de volver a sus documentos. La banda llamaba la atención más rápido que ella. Konoha era curiosa. Pero también estaba ocupada. Y eso le agradó más de lo que estaba dispuesta a admitir. El corredor principal olía a tinta seca, papel acumulado y madera recién encerada. Scarlet reconoció inmediatamente ese olor. Archivos. Investigación. Horas enteras revisando documentos hasta que los ojos dolían y las letras comenzaban a mezclarse unas con otras. Durante años había pasado más tiempo del que le gustaría admitir entre libros, informes y registros relacionados con sellos. Por un instante casi se sintió cómoda. Casi. A cada lado del pasillo, tablones de anuncios estaban cubiertos por capas de informes, solicitudes y comunicados oficiales. Algunas hojas parecían llevar semanas allí. Otras todavía conservaban la tinta reciente. Misiones antiguas, reportes de reconstrucción, solicitudes de suministros, acuerdos entre clanes. Nada estaba realmente limpio. Solo organizado con la determinación obstinada de una aldea que se negaba a detenerse. El despacho del Hokage esperaba al final del corredor. La puerta permanecía entreabierta. Scarlet redujo el paso y entonces comprendió que estaba nerviosa. El símbolo de la Hoja grabado sobre la madera parecía mucho más imponente visto de cerca. Durante años había escuchado historias sobre aquella oficina. El lugar desde donde se tomaban decisiones capaces de cambiar el destino de aldeas enteras. El despacho del Primer Hokage, del Segundo, del Tercero, de Tsunade Senju y ahora de Kakashi Hatake. Al otro lado de aquella puerta la esperaba el hombre más importante de Konoha y ella seguía sin saber exactamente qué esperaba Konoha de ella. De repente sintió las manos algo frías. —Ridículo... —murmuró. Ridículo. ¿Ahora estás nerviosa? Habías sobrevivido a intentos de secuestro, a años enteros creyendo que alguien podía estar observándote, a una guerra y resulta que tocar una puerta era lo que conseguía ponerte nerviosa. Tomó aire lentamente. Acomodó el pin de zorro. Después la venda que cubría la pulsera de su muñeca. Después la coleta. Frunció el ceño. Entonces se dio cuenta de que estaba acomodándose cualquier cosa que encontrara porque estaba nerviosa. Basta. Se obligó a enderezar los hombros. Tomó aire una última vez y empujó la puerta. El despacho era más amplio de lo que había imaginado, la primera sensación que la invadió fue la luz. La claridad de la mañana entraba por las enormes ventanas que daban hacia la aldea. Desde allí podía verse buena parte de Konoha: los tejados, las calles, personas moviéndose como pequeños puntos en la distancia y, más allá, las gigantescas cabezas de piedra del Monumento Hokage observando la aldea desde las alturas. La segunda fue el olor. Papel, tinta, café recién hecho. La tercera que no estaba sola. Su mirada encontró primero el escritorio. Detrás de él se encontraba Kakashi Hatake. Había leído su nombre decenas de veces. Veterano de guerra, alumno del Cuarto Hokage, comandante, héroe, Sexto Hokage. Verlo en persona era distinto. El cabello plateado sobresalía en todas direcciones como si hubiera perdido una discusión contra la gravedad hacía años. Un ojo permanecía visible mientras el otro quedaba oculto bajo la banda ninja. La máscara seguía cubriendo la mitad inferior de su rostro, pero incluso sentado transmitía una extraña mezcla entre tranquilidad y agotamiento. Como alguien que había sobrevivido a demasiadas cosas para sorprenderse fácilmente. Sobre el escritorio descansaban varios pergaminos abiertos, informes apilados y una taza de café a medio terminar. Kakashi sostenía un libro en una mano. Por supuesto. ¿Por qué no estaría leyendo en medio de una reunión? La idea le arrancó una pequeña incredulidad silenciosa. Parecía mucho menos intimidante de lo que había imaginado y por alguna razón eso la puso más nerviosa. Las personas tranquilas siempre eran las más difíciles de leer. Entonces vio al segundo ocupante de la habitación. Junto a una de las ventanas había un muchacho rubio. Estaba inclinado ligeramente hacia el cristal observando la aldea, con una expresión que sugería que llevaba demasiado tiempo esperando. Al escuchar la puerta giró la cabeza. La miró. Parpadeó y volvió a mirarla. Como si acabara de descubrir algo inesperado o como si simplemente no supiera ocultar su curiosidad. Scarlet tuvo la impresión de que era la segunda opción. Era alto de cabello rubio desordenado. Ojos azules extraordinariamente llamativos. Vestía una chaqueta naranja y negra. Irradiaba una energía difícil de ignorar incluso cuando permanecía quieto. Entonces su atención se desplazó hacia la tercera presencia. Recostado contra una pared cercana. Brazos cruzados. Ropa oscura. Cabello negro. No parecía aburrido, impaciente ni interesado. Simplemente observaba. Sus ojos recorrieron la habitación y finalmente se detuvieron sobre ella. No hubo hostilidad. Tampoco curiosidad. Solo evaluación. La misma mirada que un shinobi usaría para identificar riesgos, amenazas o variables desconocidas. Scarlet reconoció inmediatamente aquella expresión porque ella misma la estaba haciendo. Por reflejo, comenzó a analizarlo también. Postura relajada. Peso distribuido de forma equilibrada. Distancia adecuada respecto a la puerta. Visibilidad completa de todos los presentes. No parecía alguien que dejara demasiadas cosas al azar. Los ojos de Sasuke se estrecharon apenas un poco. Como si hubiera notado exactamente lo que ella estaba haciendo. Interesante. El silencio duró apenas unos segundos. Naruto fue el primero en romperlo. —¡Ah! ¡Así que tú eres la chica nueva! Su voz llenó el despacho de inmediato. Demasiado fuerte. Demasiado directa. El contraste con el silencio de Sasuke resultaba casi cómico. Scarlet desvió su atención hacia él. —Así que me esperaban. Naruto sonrió. —Más o menos. —Creo que estoy en desventaja entonces. —¿Por qué? —Ustedes saben quién soy. Hizo un gesto hacia ambos. —Yo apenas estoy descubriendo quiénes son ustedes. Naruto soltó una breve carcajada. —Supongo que es justo. Kakashi cerró el libro con un suave golpe y finalmente levantó la vista. Scarlet tuvo la sensación de que había estado observando todo el intercambio desde el principio. —Llegas justo a tiempo. Su tono era tan casual que parecía estar hablando del clima. No de una reunión convocada por el Hokage. —Adelante. Ella avanzó unos pasos dentro del despacho. Intentó mantener la espalda recta. No parecer demasiado nerviosa, no parecer fuera de lugar. Aunque, siendo sincera consigo misma, se sentía exactamente así. Fuera de lugar. Naruto dio un paso al frente y le tendió la mano sin la menor duda. —¡Yo soy Naruto Uzumaki! ¡Encantado! Scarlet tardó un segundo en reaccionar. Uzumaki. El apellido produjo una pequeña sacudida en su interior. Por supuesto que lo conocía. Todo el mundo lo conocía. El héroe de la Cuarta Guerra Ninja. El jinchūriki del Kyūbi. El hombre que había ayudado a salvar el mundo y estaba allí delante de ella sonriendo como si fueran dos personas cualesquiera. No era lo que había imaginado. Aceptó el saludo. La mano de Naruto era cálida. —Scarlet Tenhiga. —Qué nombre tan genial. La sinceridad fue tan inmediata que la tomó desprevenida. —Es la primera vez que alguien me dice eso. Naruto parpadeó. —¿En serio? —Normalmente preguntan cómo se pronuncia. —Pues están equivocados. La pequeña sonrisa que apareció en el rostro de Scarlet fue involuntaria y duró apenas un segundo. Porque volvió a sentir aquella mirada. Sasuke seguía observando. No a ella exactamente. Más bien la interacción. Como si intentara entender algo o descartar algo. Era difícil saberlo. Kakashi apoyó un codo sobre el escritorio. —Y el que parece estar pensando cómo escapar de esta reunión es Sasuke Uchiha. Una ceja oscura se elevó apenas unos milímetros. —No estaba pensando en escapar. Pausa. —Todavía. Naruto soltó una carcajada. Incluso Kakashi pareció ocultar una sonrisa detrás de la máscara. Scarlet, en cambio, sintió un pequeño vuelco. Uchiha. La palabra cayó en su mente como una piedra sobre agua quieta. Sus dedos se tensaron apenas un instante. La venda que cubría la pulsera de su muñeca pareció pesar más de lo habitual. Mantén la calma. Levantó la vista y descubrió algo incómodo. Sasuke seguía observándola. Los ojos negros se estrecharon apenas un poco. Como si hubiera detectado aquel cambio. Como si hubiera visto algo. Ella sostuvo la mirada. Él también. Dos segundos. Tres. Ninguno pareció dispuesto a apartarse primero. Pero, por alguna razón absurda, Scarlet decidió que aquello se había convertido en una competencia. No tenía idea de por qué. —¿Se conocen? —preguntó Naruto. —No. —No. Respondieron al mismo tiempo. Silencio. Naruto parpadeó. Kakashi observó a ambos por encima de los dedos entrelazados. Como si acabara de tomar nota mental de algo. Sasuke fue el primero en desviar la vista. Scarlet decidió que eso contaba como una victoria. Aunque tampoco tenía idea de por qué. La voz de Kakashi rompió definitivamente el momento. —Bien. Cruzó las manos sobre el escritorio. El tono relajado desapareció apenas un poco. Lo suficiente para que la habitación entera pareciera prestar atención. —Los he llamado porque necesito su ayuda en una investigación. La ligereza que había dominado el despacho hasta ese momento desapareció. No de golpe, pero sí lo suficiente. La sonrisa de Naruto se redujo apenas un poco. Sasuke dejó de apoyarse contra la pared. Incluso el sonido del viento entrando por la ventana pareció alejarse. Kakashi abrió uno de los cajones de su escritorio y sacó un pequeño pergamino. Lo colocó sobre la madera con cuidado. El suave golpe del papel contra la superficie resonó más de lo que debería. Scarlet bajó la vista y reconoció los símbolos inmediatamente. Su estómago se tensó. Sellos, trazos circulares, marcas de contención, canalización de chakra. No eran exactamente iguales a los que ella conocía. Pero eran demasiado parecidos. Demasiado. Kakashi desenrolló el pergamino por completo. La tinta estaba envejecida. Descolorida en algunas zonas. Como si hubiera permanecido años oculta. —Hace tiempo —comenzó—, antes de la guerra e incluso antes del surgimiento de Akatsuki, aparecieron diversos documentos relacionados con técnicas prohibidas. Su dedo recorrió algunas líneas. —Extracción de chakra. Transferencia de energía vital. Alteraciones biológicas. Sellos de contención avanzados. Naruto frunció el ceño. —Suena bastante mal. —Lo era. Kakashi no sonrió esta vez. —Algunos eran experimentales. Hizo una pausa. —Otros jamás debieron existir. El silencio regresó. Scarlet sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No porque desconociera el tema. Sino porque lo conocía demasiado bien. Su mirada permaneció fija sobre los símbolos. Algunos conceptos le resultaban inquietantemente familiares. —La extracción de chakra no era el verdadero problema. Las palabras escaparon antes de que pudiera detenerlas. Tres pares de ojos se volvieron hacia ella. Scarlet sostuvo la mirada. —El problema era el almacenamiento. Kakashi pareció interesado. —Continúa. Ella señaló uno de los sellos. —Si consigues extraer chakra de forma estable, el siguiente paso es conservarlo. Naruto parpadeó. —¿Guardar chakra? —Como si fuera agua dentro de una vasija. La comparación hizo que Naruto entendiera de inmediato. —Ah. —Y si puedes almacenarlo... también puedes trasladarlo. El despacho quedó en silencio. —O robárselo a alguien —terminó Sasuke. Scarlet giró ligeramente la cabeza. El Uchiha seguía observando los pergaminos. No parecía impresionado. Solo atento. —Exactamente. Kakashi asintió. —Por eso estos documentos fueron clasificados bajo un único nombre. Sacó un segundo pergamino. Esta vez había un sello rojo en una de las esquinas. Misión 99. Naruto se inclinó hacia delante. —¿Noventa y nueve? —Porque originalmente existían noventa y nueve pergaminos. La cifra quedó suspendida en el aire. Noventa y nueve. Incluso Naruto parecía comprender que aquello era demasiado. —Hasta ahora hemos recuperado ochenta. El tono de Kakashi permaneció tranquilo. —Diecinueve siguen desaparecidos. La habitación quedó inmóvil. Scarlet sintió cómo algo se hundía lentamente en su estómago. Diecinueve. Demasiados. Más de los que deberían existir, más de los suficientes para causar problemas. Kakashi entrelazó las manos. —Durante años creímos que permanecerían ocultos. Su mirada se dirigió hacia la ventana. —Pero parece que alguien ha comenzado a buscarlos otra vez. Naruto enderezó la espalda. —¿Akatsuki? —No. La respuesta fue inmediata. —Akatsuki desapareció. La mirada de Kakashi se endureció apenas. —Pero las ideas peligrosas sobreviven incluso cuando quienes las crean desaparecen. Aquella frase dejó un peso incómodo en el aire. —Hace dos semanas recibimos informes sobre movimientos sospechosos en antiguos laboratorios y puntos de investigación relacionados con estos pergaminos. —¿Quiénes son? —preguntó Naruto. —Todavía no lo sabemos. La respuesta fue peor que cualquier nombre. Porque significaba que estaban investigando sombras y las sombras eran difíciles de combatir. Entonces Kakashi giró la vista. Directamente hacia Scarlet. No hacía Naruto. No hacía Sasuke. Hacia ella. El corazón de Scarlet dio un pequeño vuelco. —Y por esa misma razón... La voz del Hokage se suavizó. —...tú estás involucrada. El despacho quedó en silencio. Naruto giró la cabeza hacia ella. Sasuke también. Esta vez sin analizar su ropa. Sin observar detalles superficiales. La observaba a ella. Esperando. Lo sabía. La sensación de alerta que había sentido desde que había puesto un pie en Konoha regresó de golpe. Sabía que no me habían traído aquí solo para protegerme. Kakashi exhaló lentamente. Como si estuviera escogiendo cuidadosamente las siguientes palabras. —Tu caso aparece vinculado a varios informes relacionados con estos documentos. Scarlet sintió que la mandíbula se tensaba. —¿Mi secuestro? Kakashi sostuvo su mirada. —Entre otras cosas. Entre otras cosas. Aquello no era una respuesta y precisamente por eso resultaba inquietante. Kakashi abrió otro expediente. —Pero antes de continuar... La tensión desapareció ligeramente de su expresión. —Hay alguien que también debería escuchar esto. Tres golpes resonaron en la puerta. Toc. Toc. Toc. Nadie habló. —Adelante. La puerta se abrió, un joven de cabello castaño cruzó el umbral y cerró la puerta tras de sí. Entonces, ingresó al despacho. Vestimenta impecable. Postura recta. Movimientos precisos. Durante unos segundos nadie habló. La luz de la mañana que entraba por las enormes ventanas del despacho iluminó parcialmente su figura. Su postura era recta. Tranquila. Había algo sereno en la forma en que observaba la habitación, como si estuviera acostumbrado a analizar primero y hablar después, sus ojos blancos recorrieron el despacho. Primero Kakashi, luego Naruto, después Sasuke y finalmente ella. Scarlet sintió un pequeño vuelco en el estómago. Byakugan, un Hyūga. Por un instante se preguntó si... No. No podía saberlo todavía. Durante años había imaginado aquel encuentro de decenas de formas distintas. En una biblioteca. En algún archivo. Durante una misión. Incluso había llegado a preguntarse si se reconocerían de inmediato o si tendrían que presentarse como completos desconocidos. Nunca imaginó que ocurriría allí, en el despacho del Hokage. Junto a Naruto Uzumaki y Sasuke Uchiha. Los ojos del joven se detuvieron sobre ella. Algo pareció cambiar apenas en su expresión. —Scarlet. No era una pregunta. Ella sintió que algo se aflojaba dentro de su pecho. —Neji. Así de simple y, aun así, después de años de tinta y papel, el intercambio pareció extrañamente importante. Durante unos segundos ambos se observaron en silencio. Como si intentaran reconciliar a la persona real con aquella que habían construido a través de cientos de páginas. Era más alto de lo que había imaginado. Mucho más. Sus facciones eran más definidas y maduras de lo que recordaba haber supuesto durante sus años de correspondencia. Y tenía exactamente el aspecto de alguien capaz de escribir cartas impecables, con una letra perfecta y anotaciones al margen explicando detalles que consideraba importantes. El pensamiento estuvo a punto de arrancarle una sonrisa. Neji pareció notar algo parecido. Su mirada descendió un instante hacia su cabello. Luego volvió a su rostro. —Debo admitir que el cabello rojo no era una exageración. La comisura de los labios de Scarlet se elevó. —Y tú hablas exactamente igual que escribes. Por primera vez una leve sonrisa apareció en el rostro del Hyūga. —Eso me preocupa más de lo que debería. Una pequeña risa escapó de Scarlet. Real. Espontánea. La primera desde que había entrado al despacho. Naruto observó la escena con creciente desconcierto. Miró a Neji y luego a Scarlet. Después otra vez a Neji. Finalmente levantó una mano. —Esperen un momento. Silencio. —Siento que me perdí una parte importante de esta conversación. La sonrisa de Scarlet se amplió apenas. Neji pareció resignarse. —Llevamos algunos años intercambiando correspondencia. Naruto parpadeó. —¿Algunos? —Tres años y medio —respondió Scarlet. Los ojos azules del rubio se abrieron. —¡¿Tres años y medio?! —Aproximadamente. —¿Y nunca se habían visto? —No. —No. Respondieron al mismo tiempo. Naruto los señaló alternativamente. —Eso es rarísimo. —Son cartas, Naruto —comentó Kakashi desde el escritorio. —¡Tres años y medio de cartas! —Sigue siendo correspondencia. —¡Eso no lo hace menos raro! Incluso Kakashi pareció divertirse detrás de la máscara. Neji, por su parte, parecía aceptar el interrogatorio con la misma paciencia con la que aceptaría una lluvia inesperada. Mientras Naruto seguía intentando comprender aquella situación, Scarlet observó nuevamente la habitación. Y entonces la sensación regresó. La misma que había sentido desde que había entrado al despacho. Algo no encajaba. Frunció ligeramente el ceño. —Con todo respeto, Hokage-sama... La conversación se detuvo. Kakashi levantó la vista. —¿Sí? —Entiendo por qué me llamó a mí. Hizo una breve pausa. —Pero todavía no entiendo por qué están ellos aquí. Naruto señaló hacia sí mismo. —¿Nosotros? —Tú eres Naruto Uzumaki. Después dirigió la mirada hacia el otro lado de la habitación. Sasuke permanecía junto a la ventana, silencioso. Observando. —Y él es Sasuke Uchiha. Los ojos oscuros del Uchiha se alzaron apenas. —No parecen las personas que uno convoca para revisar documentos antiguos. Naruto soltó una pequeña carcajada. —Bueno... dicho así... —Es una pregunta razonable —admitió Kakashi. —Sorprendentemente razonable. —Oye. Kakashi ignoró la protesta. —Porque esta investigación ya no puede llevarla una sola persona. La ligereza desapareció poco a poco del despacho. —Ni una sola aldea. El silencio volvió a instalarse. Neji observó los pergaminos sobre el escritorio. Naruto enderezó ligeramente la espalda. Sasuke permaneció inmóvil. —Y porque los cuatro están relacionados con este asunto de formas distintas. Scarlet sintió una punzada de inquietud. —¿Los cuatro? —Los cuatro. Neji habló entonces. —Si se trata de los pergaminos, entiendo por qué Scarlet fue llamada. Naruto volvió la cabeza hacia él. —¿Tú también sabías de eso? —He leído parte de sus investigaciones. La respuesta fue sencilla. Sin exageraciones, sin adornos. Precisamente por eso tuvo peso. —Es competente. Scarlet parpadeó. No esperaba un elogio, mucho menos uno viniendo de Neji. Naruto pareció impresionado. Kakashi simplemente asintió. —Y esa es exactamente la razón por la que está aquí. El Hokage tomó uno de los pergaminos del escritorio. La atmósfera cambió nuevamente. Esta vez de forma definitiva. —Bien. Sus dedos se posaron sobre el sello rojo. —Ahora que todos están aquí... Kakashi tomó el segundo pergamino y lo extendió sobre el escritorio. El papel, amarillento por el tiempo, se abrió lentamente hasta revelar un mapa dibujado con tinta oscura. Sobre él aparecían decenas de marcas distribuidas por distintos países. Algunas estaban tachadas. Otras unidas por líneas finas. Un único punto, al este del País del Fuego, permanecía rodeado por un círculo rojo. Nadie habló. La habitación parecía haberse vuelto más pequeña. Kakashi apoyó dos dedos sobre aquella marca. —Hace dos semanas recibimos información sobre movimientos inusuales en una antigua estación de almacenamiento. Naruto se inclinó instintivamente hacia delante. —¿Almacenamiento de qué exactamente? —De documentos clasificados. Pergaminos que nunca debieron salir de los archivos de las grandes aldeas... y, entre ellos, información relacionada con la Misión Noventa y Nueve. Las palabras quedaron suspendidas en el despacho. La luz seguía entrando por las ventanas, bañando el escritorio con el mismo resplandor cálido de hacía unos minutos, pero Scarlet tuvo la extraña sensación de que la habitación acababa de enfriarse. Se acercó apenas un paso. Desde donde estaba distinguía símbolos de sellado repartidos alrededor del mapa. Algunos eran conocidos. Otros parecían versiones antiguas de fórmulas que había estudiado durante años. Su mano izquierda subió casi sin darse cuenta hasta la muñeca derecha. El pulgar rozó la cinta que ocultaba la pulsera. Una vez, solo una. Misión 99. Seguía odiando escuchar ese nombre. A su lado, Neji permanecía inmóvil. Había desaparecido cualquier rastro de la sonrisa con la que la había recibido. Sus ojos blancos recorrían el mapa lentamente, como si intentaran recordar algo. —Entonces... era cierto. Lo dijo tan bajo que casi pareció un pensamiento. Kakashi asintió. —Parece que sí. Neji guardó silencio unos segundos antes de continuar. —En una de las últimas cartas que recibí desde la Arena mencionaban actividad sospechosa cerca de antiguos puntos de intercambio de documentos. Pensé que serían simples inspecciones posteriores a la guerra. Bajó ligeramente la mirada. —Nunca imaginé que estuvieran relacionados con esto. Scarlet lo observó de reojo. Era extraño escucharlo hablar por primera vez. Durante años había imaginado aquella voz mientras leía sus cartas. Algunas veces la creyó más grave. Otras, más distante. La realidad era distinta, sonaba exactamente como escribía. Serena y ordenada. Como si incluso las palabras supieran cuál era su lugar antes de abandonar su boca. Eso es absurdamente coherente para una persona. La idea casi consiguió hacerla sonreír. Casi. Naruto desvió la vista entre ambos. —Entonces... ¿ustedes ya sabían algo de esta misión? Neji negó despacio. —Sabíamos que existía una investigación antigua. Miró un instante a Scarlet antes de volver hacia Naruto. —Ella conocía la parte relacionada con sellos. Yo conocía algunos registros históricos. Compartíamos información cuando encontrábamos algo útil. Naruto abrió un poco más los ojos. —¿En serio hablaban de esas cosas por carta? Scarlet se encogió apenas de hombros. —También hablábamos de libros. Neji añadió, completamente serio: —Y de caligrafía. Naruto parpadeó. —... —Eso sigue pareciéndome raro. Durante un segundo, el ambiente perdió algo de tensión. Kakashi dejó que revisaran el mapa mientras que pasaba una página del informe. El roce del papel sonó exageradamente fuerte. —Parte del conocimiento contenido en estos pergaminos fue utilizado hace años para desarrollar técnicas de extracción de chakra. Hizo una pausa. —Más concretamente... extracción de bestias con cola. El despacho volvió a quedarse en silencio. Scarlet alcanzó a ver cómo la expresión de Naruto cambiaba. No fue algo dramático. Simplemente dejó de parecer relajado. Su espalda se enderezó. La sonrisa desapareció. La mano que descansaba sobre el escritorio comenzó a cerrarse lentamente hasta formar un puño. No dijo nada. Pero no hacía falta. Scarlet recordó, por primera vez desde que había llegado, que el hombre que tenía delante había sido perseguido durante años precisamente por portar al Kyūbi. Aquello no era historia para él. Era memoria. Kakashi continuó con la misma calma. —Buena parte de esas investigaciones comenzaron mucho antes de Akatsuki. Levantó la vista. —Su origen puede rastrearse hasta los experimentos de Orochimaru. El nombre cayó en la habitación como una piedra sobre agua inmóvil. Sasuke levantó la cabeza. Fue un movimiento mínimo. Pero suficiente para que todos lo notaran. Hasta ese momento había permanecido observando. Ahora estaba completamente presente. Scarlet lo observó de reojo. Asi que este es el nombre que consigue llamar su atención.Inmediatamente se arrepintió de aquel pensamiento. —¿Orochimaru? Su voz seguía siendo tranquila. Quizá demasiado. Kakashi sostuvo su mirada. —Sí. No añadió nada más, no hacía falta. Naruto giró apenas la cabeza hacia su amigo. No dijo una sola palabra. Solo bastó una mirada. Una de esas miradas que únicamente intercambian las personas que han sobrevivido juntas a demasiadas cosas. Sasuke respondió con otra igual de breve. Ninguno necesitaba explicar quién era Orochimaru. Ni lo que había significado para ambos. Fuera del despacho llegaban ecos lejanos de la aldea. Un vendedor anunciaba mercancía. Alguien reía en la calle. Un perro ladró a la distancia. La vida seguía avanzando. Dentro de aquella oficina, en cambio, parecía haberse detenido. Kakashi volvió a señalar el mapa. —Esta antigua estación será nuestro primer punto de reconocimiento. Su dedo permaneció sobre el círculo rojo. —No buscamos un enfrentamiento. Buscamos respuestas, Naruto frunció el ceño. —¿Creen que Akatsuki sigue detrás de esto —No. La respuesta llegó antes de que Kakashi pudiera hablar. Fue Neji. Todos volvieron la vista hacia él. El Hyūga seguía observando el mapa. —Akatsuki terminó hace años. Entonces levantó la mirada hacia Naruto. —Tú mismo acabaste con varios de sus miembros. Hizo una pausa. —Pero las ideas sobreviven mucho más tiempo que quienes las crean. Su voz permanecía serena. Analítica. —Y siempre habrá personas dispuestas a aprovechar el trabajo de otros. Kakashi asintió lentamente. —Exactamente. Entrelazó las manos sobre el escritorio. —Nuestros informes apuntan a un grupo reducido. No pertenecen a ninguna aldea. No responden a ningún país. No sabemos si son antiguos colaboradores de Orochimaru, mercenarios o simplemente personas que encontraron fragmentos de esta información. Pero llevan al menos seis meses siguiendo el mismo patrón. Abrió otro documento. —Llegan, revisan. Se llevan únicamente aquello que buscan. No destruyen nada, no dejan cadáveres, no dejan rastros, solo silencio. Scarlet sintió un escalofrío. Aquello no sonaba improvisado. Sonaba estudiado. —¿Cómo saben que buscan los pergaminos? —preguntó Naruto. —Porque hace tres semanas vaciaron dos archivos sellados en la frontera norte. Kakashi deslizó el informe hacia ellos. —No tocaron arma, no tocaron dinero ni documentos militares. Solo mapas antiguos, registros de sellado y referencias cruzadas relacionadas con esta investigación. Naruto soltó el aire lentamente. —Entonces solo tenemos que encontrarlos antes. —Ojalá fuera tan sencillo. Kakashi negó con suavidad. —Los diecinueve pergaminos desaparecidos nunca estuvieron reunidos en un mismo lugar. Fueron dispersados hace años. Si este grupo ya descubrió el patrón... Hizo una pausa. —Solo es cuestión de tiempo para que empiecen a encontrarlos. Sasuke habló sin apartar la vista del mapa. —¿Quién conoce la existencia completa de la Misión 99? —Muy pocos. El Consejo conoce el nombre del expediente. No conoce su contenido. Ni sabe que aún faltan pergaminos, ni que alguien los está buscando. Sasuke asintió una sola vez. No hizo más preguntas. Scarlet volvió a posar el pulgar sobre la cinta de su muñeca. Esta vez permaneció allí un instante más. Diecinueve, diecinueve pergaminos. Diecinueve oportunidades para que alguien reconstruyera un conocimiento que jamás debió existir. Levantó la vista. —Si saben exactamente qué buscan... Hizo una pequeña pausa. —¿Tenemos alguna idea de para qué? Kakashi la observó con atención. Como si hubiera esperado esa pregunta desde el principio. —No. Respondió sin rodeos. —Y precisamente por eso están ustedes aquí. Dejó que el silencio hiciera el resto. —Nuestra primera operación no consiste en recuperar un pergamino. Consiste en averiguar quién se nos adelantó. Y, sobre todo... Su mirada recorrió uno por uno a los cuatro jóvenes. —...por qué alguien ha decidido reabrir una historia que el mundo creyó enterrada. Kakashi dejó que el silencio se asentara unos segundos antes de hablar de nuevo. Con movimientos pausados, enrolló el mapa y los pergaminos hasta dejarlos nuevamente sobre el escritorio. Después levantó la vista. Su único ojo visible recorrió uno por uno a los presentes. —Naruto Uzumaki. El rubio enderezó la espalda casi por reflejo. —¡Sí! —Sasuke Uchiha. Sasuke sostuvo la mirada del Hokage y respondió con un leve movimiento de cabeza. Bastaba. —Neji Hyūga. —Haré todo lo posible para ser de ayuda. Kakashi asintió apenas antes de dirigir la vista hacia la última persona del grupo. —Scarlet Tenhiga. Ella sostuvo la mirada. —Sí. El Hokage entrelazó las manos sobre el escritorio. —Los cuatro formarán parte de esta operación. La frase cayó con una sencillez que contrastaba con todo el peso que contenía. Scarlet sintió que el aire volvía a hacerse pesado. Una misión, diecinueve pergaminos desaparecidos, una organización desconocida y un pasado que acababa de alcanzarla otra vez. Kakashi continuó. —Partirán dentro de tres días. Al amanecer. Naruto fue el primero en reaccionar. —¿¡Tres días!? Su voz llenó el despacho. —¿Cómo que tres días? ¡Si alguien ya está buscando esos pergaminos deberíamos salir hoy mismo! Ni Kakashi ni Sasuke respondieron de inmediato. Como si aquella protesta fuera exactamente la que esperaban. Naruto dio un paso hacia el escritorio. —¡Cada hora cuenta! Antes de que pudiera seguir hablando, una voz tranquila lo interrumpió. —Naruto. Neji. El rubio giró la cabeza. —¿Qué? —Si salimos sin información suficiente, solo conseguiremos dejar más huellas que respuestas. Naruto abrió la boca para responder. —Pero... —Y, si realmente están vigilando esos lugares, también sabrán que vamos. El silencio regresó unos segundos. Naruto desvió la mirada hacia el mapa enrollado y terminó resoplando. —Sigo pensando que tres días son demasiados... Sasuke habló entonces, sin apartar la vista del escritorio. —Tres días no cambiarán una investigación que lleva años. Naruto lo miró de reojo. No parecía convencido. Pero tampoco encontró nada con qué discutir. El despacho volvió a quedar en calma. Scarlet apenas había escuchado aquella pequeña discusión. Su mente seguía atrapada en otra parte. Tres días. No era el tiempo lo que la inquietaba. Era todo lo demás. Respiró hondo antes de hablar. —Hokage-sama... Kakashi levantó ligeramente la vista. Ella dudó apenas un instante. —Si existe la posibilidad de que encuentren otro pergamino antes que nosotros... ¿no sería más prudente comenzar inmediatamente? La pregunta quedó suspendida en la habitación. Naruto la miró enseguida, como si agradeciera que alguien hubiera expresado exactamente lo que él pensaba. Kakashi, en cambio, no respondió de inmediato. Se quedó observándola unos segundos. Como si esperara precisamente esa pregunta. Finalmente apoyó un codo sobre el escritorio. —Entiendo tu preocupación. Su voz seguía siendo serena. —Y precisamente por eso no pienso enviarlos mañana. Scarlet frunció apenas el ceño. Kakashi continuó. —Las prisas hacen cometer errores. Señaló con un dedo los pergaminos. —Ellos llevan meses moviéndose. Nosotros llevamos años siguiéndoles el rastro. Tres días no cambiarán eso. Hizo una breve pausa. —Pero sí pueden cambiar el resultado de la misión. El despacho permaneció completamente en silencio. Entonces añadió, con un tono ligeramente más personal. —Además... Su mirada volvió a detenerse en Scarlet. —Llegaste a Konoha hace menos de una hora. Ella permaneció inmóvil. —Quiero que conozcas el lugar donde vas a vivir. Tu familia debe instalarse, debes descansar del viaje. Quiero que tengas tiempo para pensar con calma antes de comenzar una investigación que probablemente removerá muchas cosas de tu pasado. Scarlet sintió cómo la tensión de sus hombros disminuía apenas. No porque las dudas hubieran desaparecido. Sino porque, por primera vez desde que había llegado a la aldea, alguien parecía haber recordado que, antes que una kunoichi, seguía siendo una persona. Bajó lentamente la mirada. Tenía razón. No le gustaba admitirlo. Pero la tenía. Cuando volvió a levantar la cabeza, encontró algo que no esperaba. Los cuatro seguían allí. Esperándola. Naruto con evidente impaciencia. Neji con esa tranquilidad tan propia de él. Sasuke completamente inmóvil, observando la escena sin intervenir. Como si esperara que la conversación hubiera terminado. Scarlet dejó escapar un pequeño suspiro. Después inclinó la cabeza. —Entiendo. Eso fue todo. No hizo falta añadir nada más. Naruto fue el primero en romper otra vez el silencio. —¡Entonces tenemos tres días! Sus ojos parecieron iluminarse con una idea. —¡Perfecto! Se volvió inmediatamente hacia Scarlet. —¡Eso significa que podemos enseñarte Konoha! Ella parpadeó. —¿Podemos? —¡Claro! Sonrió con absoluta naturalidad. —¡No puedes salir en una misión sin conocer Ichiraku! Scarlet lo miró un momento. Yo todavía ni siquiera sé dónde está la casa donde voy a dormir... y él ya está pensando en ramen.Por alguna razón, el pensamiento le hizo gracia. Antes de que pudiera responder, Neji intervino con calma. —Primero debería instalarse con su familia. Naruto hizo una mueca. —Bueno... sí. Después el ramen. Neji negó ligeramente con la cabeza. —Después veremos. Naruto cruzó los brazos. —Sigues siendo demasiado serio. Una esquina de los labios de Neji pareció moverse apenas. —Y tú sigues resolviendo todo con comida. —Porque funciona. Sasuke soltó un suspiro apenas audible. —Increíble. Naruto giró inmediatamente. —¿Qué? —Llevamos menos de cinco minutos hablando de una organización desconocida. Pausa. —Y ya estás pensando en almorzar. Naruto lo señaló con un dedo. —¡El ramen ayuda a pensar! Sasuke desvió la mirada. —Eso explicaría muchas cosas. Por primera vez desde que había entrado al despacho, Scarlet dejó escapar una risa auténtica. Pequeña, breve. Pero real. Kakashi observó la escena en silencio. Después abrió lentamente uno de los cajones de su escritorio. Sacó un objeto envuelto en una tela oscura. Lo colocó frente a Scarlet. Ella bajó la vista. Era un protector ninja. La placa metálica reflejó la luz de la ventana. El símbolo grabado en ella era inconfundible. La Hoja. Scarlet levantó lentamente la mirada. Kakashi habló con absoluta tranquilidad. —La tuya pertenece a Sunagakure. Giró la banda con cuidado entre los dedos. El símbolo quedó perfectamente visible. —Mientras formes parte de esta misión... La dejó sobre el escritorio. —...llevarás esta. Nadie dijo una palabra. Ni siquiera Naruto. Todos comprendían el significado de aquel gesto. No era un simple protector. Era confianza, responsabilidad. Pertenecer, aunque solo fuera durante aquella misión. Scarlet tardó unos segundos en mover la mano. Finalmente tomó la banda. Pesaba muy poco. Y, sin embargo... Nunca había sentido algo tan pesado entre los dedos. La observó un instante. Después cerró la mano alrededor de ella. Kakashi sonrió apenas bajo la máscara. —Bienvenida a Konoha, Scarlet. Ella levantó la vista. Miró por última vez el símbolo de la Hoja. Después volvió a mirar al Hokage. No encontró ninguna respuesta suficientemente grande para aquel momento. Así que simplemente inclinó la cabeza. Y, por primera vez desde que había cruzado las puertas de la aldea, sintió que aquella bienvenida dejaba de ser una formalidad para convertirse en una posibilidad.
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