Capítulo 1
12 de julio de 2026, 23:57
En el club siempre hacía calor por las noches, incluso las de los meses helados. La gente bailando, las luces, las bebidas, las insinuaciones entre uno y otro, todo contribuía a que el ambiente permaneciera caldeado siempre. No obstante, en las noches de julio, parecía que el calor había traspasado las paredes y el techo para concentrarse en sus nocturnos frecuentadores. Aún así, es posible que no hubiese hecho tanto calor para Piper esa noche, si el segundo botón de la camisa de Cole no hubiera estado abierto.
Ella tallaba con una toalla un área de la barra donde un idiota había derramado Bacardí hacía un momento. Pero no se concentraba en su tarea, porque de continuo veía a Cole de reojo en su mesa más allá. Él no se había apercibido, por supuesto que no, de lo atractivo que se veía esa noche. Parecía más informal y a su vez más salvaje, con dos mechones de cabello cayendo sobre su frente, con los puños de su camisa deshechos, con esa mirada hambrienta de poder que solo un demonio puede tener.
El ex marido de su hermana nunca se había insinuado a Piper, pero si a Prue y a Paige con bastante buena gana. Ambas lo habían rechazado tajantemente, no sin antes haberse llevado algún beso robado o alguna caricia levemente indecente de su parte. Piper se preguntaba realmente qué hubiera hecho ella en tal situación.
El ser el hermana menos atractiva de todas era sin duda un dolor de cabeza para ella, porque la cantidad de hombres que habían pasado por su vida habían sido bastante pocos con respecto al de sus hermanas. Y varios de esos la habían dejado por Phoebe en varias ocasiones. Era de aceptarlo, de todas las hermanas Halliwell, Phoebe era la que mejor fortuna acarreaba en cuanto a la cacería masculina. Bastaba ver el trofeo que había desdeñado, sentado en una mesa del bar, hablando de negocios plenamente malignos con otros congéneres.
Cole se inclinó sobre la mesa para apoyar las palmas sobre la superficie, sonriendo de manera retorcida y cínica. Piper, observando desde su escondite, captó ese cambio en la atmósfera cuando la intimidación estaba surtiendo efecto en los oyentes del demonio. Cole era bueno para eso, convencer a la gente era fácil para él. A todos los demonios se les había heredado el don de la seducción, y Cole lo había obtenido directamente de su línea materna.
Piper sabía que no debía dejar entrar demonios en el P3, por razones obvias, pero Cole no venía a hacer nada malo cuando pasaba con sus... colegas. Venía, pedía el mismo trago de siempre, hablaba con dos o tres de esos y luego escogía alguna de las chicas que se movían en la pista de baile. Pagaba y desaparecía hasta el mes siguiente. Ni Phoebe ni Prue, ni Paige se habían apercibido de esas visitas esporádicas. Y Piper se planteaba una y otra vez porqué no había ido a sacarlo de ahí desde un principio.
Pero siempre se contestaba a sí misma: porque Cole siempre le había gustado mucho, y porque siempre le había fascinado verlo desde lejos, solo observarlo. Mientras Cole no hiciera más tonterías, como raptar a Phoebe para obligarla a casarse con él y darle un heredero a la fuente de todo mal... entonces podía andar por ahí si quería.
Esa noche el calor era terrible, no por nada incluso el demonio se había desabotonado informalmente su camisa. Piper, a su vez, aún en su top negro de tirantes y sus jeans rotos, moría sofocada por el vapor del alcohol, la cantidad de gente aglomerada, la música que tronaba y la visión del demonio en su momento de sensualidad mayor concentrada. Si algo tenía Cole, era que siempre había sido terriblemente sexy.
Piper odiaba admitir algo que la molestaba tanto, pero de verdad que no era capaz de entender porqué a las Halliwell les atraía tanto la oscuridad y sus tentaciones. Ese demonio era una tentación muy cercana, aunque se mostrara una vez al mes, era demasiado para ella. Piper se convencía a si misma que solo pretendía vigilarlo, pero muy dentro de ella, la idea de que disfrutaba observando sus marcados pectorales bajo la camisa, era sin duda una traición a si misma.
La bruja se obligó a desviar la mirada para suspirar por el calor agobiante y las sensaciones raras que se mezclaban en su interior cuando miraba al demonio. Regresó a la barra cuando un cliente nuevo aparecía para pedir algo.
Por otro lado, Cole dejó de sentir la mirada de la bruja sobre si. Mientras su interlocutor no lo veía, Cole volteó con disimulo, mientras bebía de su copa, a Piper en la barra. El calor anormal de ese julio los traía locos a todos, bastaba con ver a los humanos normales que andaban de mesa en mesa. Parecía que brillaban de tanta transpiración, en cualquier momento más de alguno se desmayaría, eso era seguro. Mientras ocurría esto, los seres mágicos tampoco estaban exentos. Cole veía a varios ángeles y otros demonios aquí y allá, rechinando dientes puntiagudos, reaccionando con agresividad ante cualquier cosa, o saliendo rápido al aire nocturno en busca de alivio. Era una noche diferente y nadie sabía porqué, nadie, salvo Cole.
Por eso estaba más atento que nunca a la mirada de Piper, porque ella tenía mucho que ver en lo que ocurriría esa noche.
Con el dorso de la mano, se limpió la frente, el calor parecía intensificarse por momentos. El hielo en su bebida se había derretido hace tiempo.
—Está bien, tu ganas, Belthazor —suspiró uno de los de la mesa frente a él—, quinientos, pero ni una pieza más...
—Sabía que también ustedes tenían algo de razonables —les sonrió con cierta sorna, antes de levantarse.
Los tres demonios lo miraron con ojo entrecerrados, con un resquemor propio de la ira.
—¿Qué te hace pensar que La Fuente quiere que sea tú? —habló uno de ellos, el que estaba más en la sombra.
Cole apenas sonrió.
—¿Te crees mejor tú, Idracknol? —la mirada que le dedicaba era hielo cortante, pero también ironía retadora— permíteme recordarte quien ha sido el favorito de La fuente todo este tiempo.
—Un día dejarás de serlo —murmuró entre dientes otro más—, la memoria de La fuente es mala, ya lo sabes. Hoy puede que seas la niña de sus ojos, pero mañana, te lanzará al infierno de los demonios y entonces nadie más sabrá de ti...
—Hasta entonces —Cole alzó su copa distraído—, soy yo el que ejecuto sus planes y el más indicado y escogido para estas tareas. Y si todo sale bien, yo seré la próxima fuente, te guste o no.
Los demonios no parecieron nada contentos con estas ideas, pero se fueron de igual forma lejos de ahí. Cole los observó hasta que desaparecieron, luego regresó la vista hacia la barra de nuevo. Piper estaba atendiendo a un hombre de mediana edad, pero revisaba de continuo su reloj de pulsera. Ya casi era su hora de salida y esta noche su marido la esperaría en casa como algunas veces. Cole sabía lo que ocurriría si él no se daba prisa de igual forma. Nuevamente, la fuente de todo mal tenía específicas instrucciones para él. Querían que cambiara el destino, Cole mismo no sabía cómo, pero lo intentaría...
Piper sirvió la bebida y se levantó de su silla para ir hacia otra mesera. Iban a hacer el cambio de turno antes de lo previsto. Cole estaba enterado de esto y la siguió hasta la calle, cuidando de dejar distancia entre ambos para evitar levantar sospechas. Piper tenía un auto en ese momento, un tipico Honda Civic al que le fallaba una luz de atrás y que le hacía falta pintar una puerta que Phoebe rayó un mal día de tragos. Una vez dentro, Piper encendió y arrancó hacia la mansión Halliwell pensando que sería otra noche más.
Cole pensó en sus opciones mientras se relajaba aún en su mesa. Con una señal hizo que la mesera le trajera otro whisky y más hielo. Era impresionante lo rápido que se derretía esa noche. Otra cosa más para odiar Julio, le recordaba demasiado al infierno.
Cole se transportó para llegar antes. Pero lo que encontró en el recibidor fue a un joven hombre de cabello castaño rubio y ojos claros que dio un respingo al ver al demonio.
—Leo. —le sonrió Cole, con una expresión que expresaba una felicidad fingida bastante molesta.
—Cole... —La postura del ángel era tensa y en su mirada no había mucho de ángel cuando veía a Cole. Él, ante esto, se paró más erguido, con una sonrisa de suficiencia y un gesto deliberado de altivez— Eres al último que esperaba ver cuando entré aquí.
—Que curioso, porque yo esperaba verte exactamente a ti.
El ángel enarcó las cejas.
—¿Me buscabas a mi?
—Esta es la noche de la profecía —Cole se encogió de hombros, fingiendo falsa indiferencia—, la noche más calurosa de julio además... Siempre ocurren cosas... mágicas en esta fecha. Y tú estás involucrado en gran medida en lo que hará especial esta noche.
—¿De qué hablas? No hay ninguna profecía para esta época —Leo siguió sin perderlo de vista, alerta a todos sus movimientos—, te lo dice alguien que conoce varias ¿tiene que ver con mis protegidas?
—Tú dime ¿Con cual de ellas pensabas acostarte esa noche?
Leo dio un paso hacia atrás. Sus ojos se ensancharon por un segundo, pero luego pareció entender. Cole volvió a sonreír, con la suficiencia y diversión propias de alguien que está un paso más allá.
—Dentro de unos meses, un bebé mestizo nacerá de un bruja poderosa —citó Cole—, su hijo será un ser con muchos talentos y muchos dones. Capaz de hacer muchas cosas y de vencer casi a cualquiera si llega a controlar su poder... mis informantes hablan de un ángel como el padre...
—Eso no puede saberse —negó con rotundidad Leo—. Los ancianos nunca lo permitirían... Nosotros... Ella y yo...
Entonces volvió a centrar su atención en el demonio. Se había distraído un momento por la sorpresa pero ahora volvía a estar alerta.
—¿Y tú qué propósito tienes aquí? ¿Vienes a matarme?
—Entenderás que no podemos permitir que un ser tan poderoso esté en el bando incorrecto ¿no? No solo vengo a acabar contigo, Leo, vengo a encargarme de que el padre de ese niño sea un demonio.
Leo se quedó paralizado un momento antes de que todo su cuerpo fuera sacudido por la indignación. Y fue suficiente para que Cole atacara. Desapareció y reapareció tras Leo, y antes de que este pudiera hacer nada, Cole lo tomó por el cuello, con un movimiento rápido lo inmovilizó y de la misma forma lo giró hasta romperle el cuello con fuerza.
Leo cayó al suelo, inerte.
—Es mi tarea que el padre sea un demonio... —Cole sonrió con la misma altanería que le era costumbre— Un ser tan poderoso debe estar del lado correcto.