Sin saber que su vida dará un giro totalmente inesperado…
Capítulo 1: El reflejo del miedo
11 de julio de 2026, 0:32
Todo se encontraba oscuro, cuando de la nada unos reflectores iluminaron el lugar revelándose un pequeño escenario de piso de roble. El orden de encendido fue desde los extremos, hasta llegar al centro donde se encontraba la pequeña Chalice de 10 años de edad usando un hermoso conjunto. Ella llevaba una falda azul celeste acampanada que caía ligeramente sobre sus rodillas, junto con una blusa blanca de mangas abombadas, encima, un delantal blanco corto se ceñía con un moño en la espalda. Sus piernas estaban cubiertas por unos calcetines blancos con rayas amarillas, y en los pies, unos brillantes zapatos de tap dorados, relucientes bajo la luz. Y para completar el conjunto, un gran listón azul coronaba una de sus asas, resaltando aún más la inocencia infantil del cáliz junto con unos lindos guantes blancos que tenían un lindo bordado dorado en las muñecas.
Lamentablemente, todo ese lindo conjunto se vio totalmente opacado debido a los rebosantes nervios de la menor quien jugaba con sus dedos para tratar de calmarse. Tristemente, ese temor aumentó cuando de la nada, un gran tocadiscos apareció a su lado. El gran aparato empezó a reproducir una canción de tap, a lo que la pequeña, sin tener otra opción, empezó a bailar. Su rutina era impecable y encantadora, aunque cada ciertos momentos cometía errores pese a haber ensayado muchas veces. En cada uno de esos traspiés, escuchaba burlas y abucheos hasta que se enredó con sus propios pies y cayó al suelo. Y si las cosas podían empeorar, apenas su cuerpo tocó la fría superficie, esta empezó a agrietarse hasta que se rompió, haciéndola caer en un espiral de burlas. La pobre solo podía gritar mientras lágrimas corrían por sus mejillas mientras las risas y abucheos iban en aumento.
Para suerte de la pequeña, todo eso ocurrió en su mente.
Ella se encontraba en su habitación, estando de pie en un pequeño taburete de madera con los brazos extendidos lateralmente. Frente a ella estaba Sally Stageplay, su instructora de tap, que la ayudaba a acomodar su atuendo para el baile.
—Pequeña, ¿está todo bien? Parece que has visto un fantasma. — Preguntó la mayor al notar los rebosantes nervios del cáliz.
—¿De verdad tengo que bailar frente a todos? — Cuestionó muy nerviosa la menor, que ante dicha pregunta recibió una mirada compasiva de su instructora.
—Te entiendo linda — Dijo mientras le acariciaba su mejilla para tratar de calmarla — Lo que sientes es pánico escénico; es totalmente normal. Recuerdo mi primera presentación: hice un gran berrinche. Pero cuando salí al escenario, todos mis miedos desaparecieron y pude brillar.
—¡YA NO QUIERO SALIR! — Expresó la más joven, retirando la mano de su maestra —¡NO LO HARÉ! ¡NO ME PRESENTARÉ Y NO VAS A OBLIGARME! — Sentenció con una expresión decidida, cruzando sus brazos.
La mayor solo pudo suspirar y terminar con ponerle un listón en una de las asas del cáliz con un silencio sepulcral. Por fortuna, ese silencio incómodo no duró mucho porque el padre de Chalice, el chef Saltbaker, entró a la habitación.
—Estamos casi listos. Señorita Stageplay, ¿mi niña está lista? — preguntó el chef alegremente mientras acomodaba la corbata blanca de su traje celeste.
La instructora estaba a punto de hablar pero fue interrumpida por la más joven.
—Papá, ya no quiero presentarme — Dijo su hija con nerviosismo
—Calabacita, me lo prometiste hace varias semanas y has estado ensayando con Sally todo este tiempo. Pero si no quieres presentarte lo entiendo pero muchos van a terminar decepcionados — Dijo Saltbaker con un tono preocupado
— Yo… .no quiero decepcionarte papá — Respondió Chalice mirando a otro lado, no le gustaba ver triste a su padre.
— Bien, entonces la presentación sigue. Señorita Sally, prepara el tocadiscos — Dijo Saltbaker mientras acariciaba la cabeza de su hija — Sé que lo harás genial — Dijo por última vez antes de salir de la habitación junto a la instructora.
Apenas la menor se quedó sola, Dina, una pequeña cabrita negra y mascota de Chalice entró a la habitación y la miró con compasión. Este pequeño gesto hizo que la pequeña se sentará en el suelo para poder abrazar al pequeño cuadrúpedo.
—Tener que bailar…patrañas. Desearía no haber dicho que lo haría Dina… — Dijo tristemente la pequeña para cargar al pequeño cuadrúpedo y salir de la habitación.
La joven tenía una cosa clara, no iría a la fiesta. En su lugar, iría a su lugar seguro, rogando que todos olvidaran su baile.