Capítulo 1
26 de julio de 2025, 3:38
En su aliento, hace tiempo, se grabó una melodía, que en su desespero por aferrarse a una cordura falsa, Xiao hizo su musa y su razón de vivir. ¿Musa de qué? ¿Hay algo que una criatura hostil como lo es él pueda atesorar? Antes de conocer al prodigio de la Casa de Té, la melodía sin nombre ni rostro le inspiró a avanzar. Hoy, con la directora de la prestigiosa Compañía de Ópera Yun–Han levantando su espíritu, en su corazón se grabó una nueva canción que le hizo alcanzar las estrellas. Sus refinadas notas le hacen pensar en el dulce gorjeo de un pajarillo, y piensa en ella y su voz al menos la mitad del día, escondido entre los árboles, esperando a oírle en otro lugar que no sea su cabeza.
Xiao no comprende del todo las emociones humanas, porque no es uno. Se lo ha explicado al viajero antes, aquel personaje tan lejano y desconocido como cercano y familiar. A pesar de que se aferra a sus charlas, es incapaz de pedirle consejo hasta que el mismo chiquillo le nota acomplejado.
— ¿Te pasa algo, Xiao? —le pregunta afectuoso. El yaksha se ruboriza y aparta la mirada, temeroso de exponer su debilidad. Su compañera de viaje, Paimon, se apresura a unirse a la charla con sus infantiles modos:
— ¡Definitivamente le pasa algo! —ella chilla, revoloteando a su alrededor como una mosquita. Aether le indica que se quede quieta de una vez, procurando darle su espacio al otro. Agradecido, Xiao se da vuelta y le dedica una pequeña y linda sonrisa al rubio, quien, expectante, parpadea una y otra vez. Ah…
—Tú… ¿Qué le darías a una persona que te importa mucho?
Si bien la pregunta toma desprevenido a Aether, como siempre se apresura a intentar serle de ayuda. Se rasca la cabeza mientras los grititos de Paimon inundan el espacio entre la arboleda.
—Ah —Aether comienza a ruborizarse; se siente en apuros. Entonces, transcurridos unos segundos, sus ojos dorados destellan con una idea y atrapan el interés de nuestro protagonista —. ¡Ah! —chasquea los dedos, y nuevamente una sonrisa surca sus labios — ¡Debes darle flores, Xiao! Las flores siempre hacen feliz a la gente. He oído que aquí igual tienen significados. No sé si sean universales, pero…
— ¿Flores? —repite, interrumpiéndole abruptamente —No había pensado en flores.
Aether asiente.
—Son perfectas cuando no sabes expresarte con palabras —el rubio se cruza de brazos, y sin detenerse a preguntar por la afortunada que recibirá flores de Xiao, saca de su bolsa un pequeño libro de tapas de cuero, que reza algo en el idioma utilizado por los ciudadanos de Mondstadt. Al recibirlo en sus manos, se acerca para leer: Almanaque de flora y fauna de Teyvat, es el título. Es una guía para asegurarse de que Xiao complete su objetivo. Y el yaksha no pierde tiempo en abrazarle y darle las gracias en voz muy, muy, muy baja, escabulléndose, a los segundos, por el mismo camino por el cual llegó.
* * *
Yun Jin se preparó como cada vez para su función: se aseguró de tomar té con miel para suavizar sus cuerdas vocales y de maquillarse con una paleta de colores que le favorecieran tanto a ella como a su vestimenta. Fue arreglada por una experta en cuanto a peinado se refiere, y su sonrisa decoró sus labios pintados hermosamente.
Salió pues, la chiquilla, al escenario. La audiencia le aguardaba con evidente anticipación. Yun Jin, como siempre, se dejó invadir por la vibrante sensación que experimenta cada vez que aclara la garganta y gorjea cual dulce ruiseñor para un público eufórico por su voz, por su imagen, por su figura imponente que agrada al más difícil de complacer con absoluta facilidad. Entonces, en el estribillo, sus ojos se pasean por la audiencia, y se percata de que Xiao, aquel ser a quien quiere tanto, que le ha inspirado a realizarse como primadonna, está casi escondido entre el cúmulo de gente. Si pudiera, se reiría. Pero tiene que ser profesional, por lo que ignora la canción de su corazón para entonar la que ha practicado desde hace un mes.
Durante lo que dura su recital, nadie siquiera se atreve a toser. Todos están exaltados, a su vez conteniendo la respiración, aguardando el máximo alto de su registro vocal, el que indica que la función ha terminado, que marca su salida de la fantasía para el regreso a la realidad. Los vitoreos no dejan de suceder cuando Yun Jin reverencia a su público, orgullosa de sí misma: es amada por su gente… y por Xiao.
El telón baja. Yun Jin tiene una expresión de angustia en cuanto el telón termina de cubrirle. Pasa que, cuando llegó el final, Xiao no estaba allí. Se pregunta por qué, mientras corre hacia su camerino, solo para encontrarse al susodicho apenas abre la puerta.
—Estuviste… Magnífica —le dice el yaksha. Tiene la cara colorada, y Yun Jin sabe que le cuesta hablar por los nervios. Es adorable para ella, y más aún cuando ve las flores en las manos de su querido —. Tenía que ser el primero en verte.
Yun Jin sonrió. Las lágrimas se agolparon en las esquinas de sus ojos marrones. Acto seguido, se abalanzó sobre el chico, sus manos ascendiendo al rostro de este para sujetarle por las mejillas y besarle. Xiao suelta el arreglo de flores de seda y cecilias, que cae al piso con un ruido sordo.
—Gracias —ella le contesta —. Eres muy dulce, Xiao.
Xiao, aún impactado, ruborizado hasta las orejas, asiente lentamente. Parpadea unas cuantas veces, y luego recoge el arreglo para entregárselo.
—Son para ti —señala, ofreciéndolas a la intérprete —. Para… Para decirte…
De alguna manera, ella lo sabe, por lo que le calla sellándole los labios con otro beso, corto pero gentil.
—Xiao —susurra Yun Jin —, yo también te quiero.
Apenas oye esto, él se abalanza ahora sobre la chica, y lo último que sabe es que los labios de YunJin tienen gusto a menta y flores chingxin, y su voz es siempre melodiosa.