ID de la obra: 637

Crónicas de los Reinos Encantados

Het
R
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planificada Mini, escritos 25 páginas, 13.642 palabras, 1 capítulo
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Prólogo: Primeros pasos. Capítulo 1

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Juan ajustó sus lentes y se frotó los ojos cansados. La pantalla de su laptop mostraba las 3:47 AM, y las ecuaciones de transferencia de calor parecían bailar frente a él como jeroglíficos indescriptibles. Su proyecto de Ingeniería debía entregarse en... revisó su teléfono... seis horas. "Genial," murmuró, tomando otro sorbo de su café ya frío. Su cuarto en la residencia universitaria era un desastre típico de estudiante: libros apilados como torres inestables, ropa sucia en una esquina, y el aroma persistente de pizza de tres días. Había sido una semana particularmente brutal. Tres exámenes parciales, dos proyectos, y su trabajo de medio tiempo en el taller mecánico de su tío. A los veinte años, Juan se sentía como si llevara el peso del mundo en los hombros. Ingeniería Mecánica era su pasión, pero a veces se preguntaba si valdría la pena todo este estrés. Se levantó de su escritorio, estirando la espalda que le dolía por horas de mala postura. Necesitaba aire fresco. Tal vez una caminata rápida al 7-Eleven de la esquina por más cafeína lo ayudaría a despejar su mente. Se puso una sudadera sobre su camiseta de banda de metal y salió de su dormitorio. Los pasillos de la residencia estaban en silencio sepulcral, apenas iluminados por las luces de emergencia. Sus tenis hacían un suave sonido contra el linóleo mientras caminaba hacia la salida. La noche de octubre era fresca, y el aire le picó las mejillas. El campus estaba prácticamente desierto a esta hora, solo algunas luces en ventanas de otros estudiantes igual de desesperados que él. Caminó por la acera, disfrutando del silencio después de horas con el zumbido constante de su laptop. Solo necesito graduarme,pensó. Dos años más y podré conseguir un trabajo decente, ayudar a mamá con las cuentas, tal vez incluso ahorrar para una casa pequeña... Estaba tan perdido en sus planes futuros que no escuchó el rugido del motor hasta que fue demasiado tarde. Los faros lo cegaron cuando giró la cabeza. Un camión de carga, enorme y descontrolado, se dirigía directamente hacia él. El conductor había perdido el control en la curva, y Juan se encontraba exactamente en su trayectoria. El tiempo se ralentizó de esa manera surreal que solo ocurre en momentos de crisis extrema. Juan pudo leer las letras en el costado del camión: "TRANSPORTES ISEKAI - Llevamos sus sueños a cualquier lugar." En cualquier otra circunstancia, habría encontrado la coincidencia absurdamente divertida. ¿En serio?fue su último pensamiento coherente antes del impacto. ¿Un camión llamado Isekai? Esto es demasiado cliché incluso para— El dolor fue instantáneo y absoluto. Luego, nada. ……………………………………………………………………………………………… Flotaba en una oscuridad que no era realmente oscura. Era como estar suspendido en el espacio, pero sin la sensación del vacío. No tenía cuerpo, no tenía peso, solo conciencia pura. ¿Estoy muerto? La pregunta resonó en el no-espacio a su alrededor. No había eco, pero de alguna manera sentía que alguien—o algo—había escuchado. Entonces vio la luz. Comenzó como un punto distante, no más grande que una estrella. Pero crecía, o tal vez él se acercaba a ella. Era cálida, acogedora, y Juan se sintió atraído hacia ella con una fuerza que no podía resistir. La luz al final del túnel,pensó con una extraña calma. Entonces las historias eran ciertas. Pero mientras se acercaba, la luz cambió. Ya no era la luminosidad celestial que había esperado. Era más... orgánica. Rosada. Húmeda. Y él estaba siendo empujado hacia ella. Espera un segundo... La comprensión lo golpeó justo cuando la luz lo engulló completamente. La "luz al final del túnel" no era una puerta al más allá. Era el canal de parto. Estaba siendo empujado hacia una nueva vida, un nuevo cuerpo, un nuevo... El primer respiro fue como inhalar fuego líquido. Sus pulmones, pequeños e ineficientes, lucharon por procesar el aire. El shock del cambio de temperatura, de presión, de todo, lo golpeó como una ola. Y gritó. Gritó porque ahora entendía por qué todos los bebés lloraban al nacer. No era solo por el shock físico del nacimiento. Era el trauma de recordar, aunque fuera por un instante, lo que habían perdido. La vida anterior que se desvanecía como humo mientras un cerebro nuevo, sin desarrollar, tomaba control. Pero a diferencia de todos los demás, Juan no olvidó. Manos enormes lo alzaron, y escuchó voces hablando en un idioma que debería haber sido extraño pero que entendía perfectamente. Las palabras llegaban a él no como sonidos que debía descifrar, sino como conceptos directos en su mente. "¡Un varón! ¡Sir Alexander, tenéis un heredero!" ¿Sir Alexander?El nombre flotó en su conciencia nebulosa. ¿Heredero? Una voz más profunda, llena de emoción contenida: "¿Cómo está Lady Clarisse? ¿Se encuentra bien?" "Cansada, mi señor, pero fuerte. Desea ver al niño." Juan sintió que lo envolvían en algo suave y cálido, luego lo transportaron. Sus ojos, aunque borrosos, captaron destellos de su entorno: techos altos de piedra, antorchas en las paredes, tapices que parecían haber sido tejidos a mano con hilos dorados. ¿Dónde demonios estoy? Entonces lo colocaron en brazos de una mujer. Incluso con su visión limitada, pudo ver su rostro: joven, hermoso, con cabello castaño que caía en ondas suaves alrededor de sus hombros. Sus ojos eran de un azul claro y brillante, llenos de lágrimas de felicidad. "Hola, mi pequeño," susurró con una voz que era pura ternura. "Soy tu madre. Bienvenido al mundo, Michael." ¿Michael?¿Se refería a el? Al parecer su nombre en este nuevo mundo era Michael, tendría que acostumbrarse a que lo llamaran de forma diferente. La mujer—su madre, aparentemente—lo acunó contra su pecho. Podía sentir el calor de su cuerpo, escuchar los latidos de su corazón. Había algo profundamente reconfortante en eso, algo que calmó el pánico que había comenzado a crecer en su mente. Un hombre se acercó entonces, Juan pudo ver una figura imponente con armadura parcial, como si acabara de regresar de algún entrenamiento militar. Su cabello era castaño oscuro con hebras plateadas en las sienes, y sus ojos verdes tenían la calidez del hogar y la fuerza del acero templado. "Nuestro hijo," dijo el hombre con una voz que temblaba ligeramente por la emoción. "Michael Alexander Tremaine. Será un gran caballero algún día, Clarisse. Puedo verlo en él." ¿Caballero? ¿En serio? Mientras yacía en brazos de su nueva madre, escuchando los murmullos suaves de sus padres medievales, Juan trató de procesar lo que había ocurrido. Había muerto en un accidente ridículamente cliché, había experimentado lo que aparentemente era el proceso real de reencarnación, y ahora había nacido en lo que claramente era un mundo medieval. La pregunta era: ¿qué tipo de mundo medieval? Por ahora, solo podía observar, escuchar, y tratar de adaptarse a su nueva realidad. Sus párpados se sentían pesados - aparentemente, incluso con una mente adulta, un cuerpo de recién nacido tenía sus limitaciones. Mientras se dejaba llevar por el sueño, Juan—Michael ahora—se preguntó qué tipo de vida le esperaba en este extraño mundo nuevo. Bueno,pensó soñoliento, al menos será interesante. ……………………………………………………………………………………………… Los primeros meses fueron una nebulosa confusa de sensaciones fragmentadas. Michael había subestimado enormemente lo que significaba estar atrapado en un cerebro de bebé. No era solo que su cuerpo fuera pequeño e inútil - aunque eso era frustrante de una manera que jamás había imaginado - sino que su propia capacidad de pensar parecía funcionar a medias. Era como si sus recuerdos y pensamientos adultos fueran archivos de computadora tratando de ejecutarse en un sistema operativo que aún no había terminado de instalarse. Días enteros se desvanecían en una bruma de sueño, alimentación y llanto instintivo. Habría momentos de claridad - cuando reconocía la voz de su nueva madre cantándole, o cuando su padre lo alzaba con esas manos enormes y callosas - pero luego se sumergía de nuevo en la neblina mental que parecía ser el estado natural de un bebé. No fue hasta alrededor de su primer cumpleaños que las cosas comenzaron a aclararse de verdad. Michael despertó una mañana con una lucidez que no había experimentado desde su renacimiento. Estaba en una cuna de madera sólida pero simple, en una habitación que definitivamente no era donde recordaba haber pasado su infancia. Esta era más grande, aunque no extraordinariamente lujosa - las paredes de piedra estaban cubiertas con tapices que, aunque bien hechos, mostraban signos de uso y edad. Michael ahora con su mente en calma pudo procesar la poca información que pudo obtener de sus breves momentos lúdicos. Sus padres se llamaban Sir Alexander y Lady Clarisse. Vivían en lo que parecía ser un castillo. Hablaban de caballeros, herederos, agricultura y honor como si fueran conceptos cotidianos. Y su apellido, aparentemente, era Tremaine. El nombre flotó en el fondo de su mente como algo que debería reconocer, pero no podía ubicar por qué. Era solo un apellido, ¿verdad? Tremaine. Como cualquier otro. Se las arregló para incorporarse - un logro que habría sido imposible unos meses atrás - y observó su entorno con ojos verdaderamente conscientes por primera vez. La habitación era cómoda, sin duda, pero no el palacio que había comenzado a imaginar en sus momentos de semiconciencia. Los muebles eran de madera oscura, bien cuidados pero claramente prácticos más que ornamentales. Su cuna tenía algunos tallados simples, pero nada extraordinariamente elaborado. Okay,pensó, y fue un alivio poder formar pensamientos coherentes nuevamente. Esto se ve como la casa de alguien con dinero, pero no como realeza. Se las arregló para ponerse en pie, agarrándose de los barrotes de la cuna. Sus piernas eran temblorosas pero funcionales. A través de la ventana - que tenía vidrio real, notó, lo cual era probablemente un lujo - podía ver un paisaje que le dijo mucho sobre su nueva situación. Había jardines, pero no eran los elaborados laberintos ornamentales que había visto en películas o documentales sobre Versalles. Eran jardines funcionales: hileras ordenadas de vegetales, algunos árboles frutales, y parterres de hierbas que probablemente se usaban tanto para cocinar como para medicina. Todo estaba bien mantenido, pero tenía un aire práctico que hablaba de una familia que valoraba la utilidad sobre la ostentación pura. Más allá de los jardines, podía ver campos cultivados que se extendían por una distancia considerable, aunque no hasta el horizonte como había fantaseado. Y allí, a una distancia prudente de la casa, había un pequeño asentamiento. Interesante,pensó, estudiando las construcciones. No era realmente un pueblo - tal vez una docena de casas de varios tamaños, algunas claramente para familias, otras que parecían ser talleres o almacenes. Había humo elevándose de varias chimeneas, y podía distinguir movimiento de personas y animales. La puerta de su habitación se abrió, y Lady Clarisse entró con una sonrisa radiante. Michael pudo apreciar mejor a su nueva madre con sus facultades mentales más desarrolladas. Era joven - probablemente no más de veinticinco años - y hermosa, pero había algo casero en su belleza. Su cabello castaño estaba peinado de manera elegante pero práctica, y su vestido, aunque claramente de buena calidad, tenía pequeños remendos casi invisibles que hablaban de una mujer que sabía el valor del dinero. "¡Mira quién está despierto!" dijo, acercándose a la cuna. "Y de pie, mi pequeño caballero. Tu padre se pondrá muy orgulloso cuando vea lo fuerte que te estás volviendo." Michael intentó responder, pero solo salió un balbuceo sin sentido. Esa era otra frustración: sabía exactamente qué quería decir, pero su aparato vocal simplemente no podía formar las palabras. Era como tener los pensamientos más claros atrapados detrás de un sistema de comunicación primitivo. Clarisse lo alzó con facilidad practicada, y Michael pudo observar más detalles mientras caminaban. Los corredores eran amplios y bien construidos, con techos de vigas de madera que creaban patrones de sombra interesantes. Las piedras del suelo estaban pulidas por años de uso, pero no había las alfombras elaboradas que había esperado. En su lugar, había tapetes más simples en lugares estratégicos, claramente hechos para la funcionalidad más que para la decoración. Había sirvientes moviéndose por la casa, pero no eran los ejércitos de personal que había visto en películas medievales. Tal vez 3 o 4 personas, todas las cuales parecían conocer a Lady Clarisse personalmente y la saludaban con familiaridad genuina más que con la deferencia temerosa que Hollywood le había enseñado a esperar. Esto se siente más real,reflexionó Michael. Como una familia que tiene responsabilidades pero que también trabaja para mantener lo que tiene. Lo llevó a un comedor que, aunque respetable, estaba lejos de ser el gran salón que había imaginado. La mesa podría acomodar a ocho personas cómodamente, y estaba hecha de madera sólida y bien cuidada, pero no había incrustaciones de oro ni nada particularmente extravagante. Sir Alexander ya estaba allí, vestido con ropa de trabajo: botas de cuero que mostraban signos de uso real, pantalones de lana gruesa, y una túnica que claramente era tanto para el trabajo como para verse presentable. "Buenos días, pequeño señor," dijo Sir Alexander, levantándose para darle un beso en la frente a Michael. Sus manos, Michael notó, tenían callos reales - no las manos suaves de alguien que nunca había trabajado físicamente. Michael gorgoteó una respuesta, lo que hizo sonreír a su padre. Mientras desayunaban - y la comida era abundante pero simple: pan fresco, queso, algunas frutas, y lo que parecía ser una versión de gachas para Michael - escuchó conversación que comenzó a pintar un cuadro más claro de su situación. "Los Johnson están teniendo problemas con su techo," comentó Sir Alexander. "La tormenta de la semana pasada dañó algunas tejas. Le dije a Marcus que llevara algunos hombres para ayudar con las reparaciones." "¿Tienen material suficiente?" preguntó Lady Clarisse. "Creo que sí. Si no, podemos usar algunas de nuestras reservas. Es importante mantener a las familias cómodas antes de que llegue el invierno." Okay,pensó Michael. Definitivamente suena como si fueran responsables de las personas en el asentamiento. Como lo que recordaba de... ¿Game of Thrones? ¿O tal vez esas películas de Robin Hood? Su conocimiento de la época medieval era, admitía para sí mismo, bastante patético. Venía principalmente de entretenimiento: series de televisión, películas, y tal vez algunos documentales ocasionales en History Channel. Sabía vagamente sobre señores feudales y siervos, sobre caballeros y castillos, pero los detalles de cómo funcionaba realmente todo eso estaban bastante borrosos. Pero esto parecía encajar con lo poco que recordaba. Su padre era claramente algún tipo de señor local, responsable por un territorio y las personas que vivían en él. No era un rey - eso era obvio - pero tampoco era un campesino. En algún lugar en el medio, con suficientes recursos para vivir cómodamente pero también con responsabilidades reales. "¿Alguna noticia de la capital?" preguntó Lady Clarisse. "Los comerciantes que pasaron ayer dicen que el rey está planeando una celebración para el equinoccio de primavera. Aparentemente será más elaborada que el año pasado." ¿La capital?Michael prestó más atención. "¿Crees que deberíamos asistir?" "Estaba considerándolo. Sería bueno para Michael conocer a otros niños de familias como la nuestra. Y han pasado casi dos años desde que estuvimos en la corte." Corte. Capital. Rey.Los términos flotaron en la mente de Michael. Definitivamente sonaba como el tipo de estructura feudal que recordaba de entretenimiento medieval. Y el hecho de que no hubieran estado en la corte en dos años sugería que, aunque tenían acceso a ella, no eran parte del círculo interno del poder. Nobleza menor, entonces,concluyó. Lo suficientemente importantes como para ser invitados a eventos reales, pero no tan importantes como para vivir en la capital. Después del desayuno, Lady Clarisse lo llevó a dar un paseo. Era un día hermoso - el tipo de día que hacía que Michael extrañara las caminatas que solía tomar cuando estaba estresado con sus estudios. El aire era limpio de una manera que nunca había experimentado en su vida urbana anterior, sin el trasfondo constante de tráfico y contaminación. Los jardines, vistos de cerca, confirmaron su impresión anterior. Eran funcionales pero hermosos. Había hileras de vegetales que reconoció - zanahorias, cebollas, algo que podría ser col - mezcladas con hierbas que olían maravillosamente pero que no podía identificar. Los árboles frutales estaban bien cuidados, y había algunas flores, pero todo tenía un propósito práctico además de ser agradable a la vista. Inteligente,pensó. ¿Por qué tener solo jardines ornamentales cuando puedes tener jardines que también alimenten a tu familia? Más allá de los jardines, pudo ver mejor el asentamiento. Definitivamente no era un pueblo completo - más como una pequeña comunidad construida alrededor de las necesidades de la casa señorial. Había lo que parecía ser una herrería, a juzgar por el humo negro y los sonidos metálicos ocasionales que llevaba el viento. Varias casas de diferentes tamaños, probablemente para familias de diversos oficios. Y lo que podría ser graneros o almacenes. Las casas no eran las chozas miserables que había esperado basándose en su educación cinematográfica medieval. Eran construcciones sólidas, claramente bien mantenidas, con techos de tejas y paredes que parecían estar hechas de una mezcla de madera y piedra. Había jardines pequeños alrededor de la mayoría de ellas, y podía ver ropa tendida al sol - ropa que se veía limpia y en buen estado. Esto no es tan malo como esperaba,reflexionó Michael. O mis padres son señores particularmente buenos, o este mundo no es tan brutal como pensaba. Lo que más le llamó la atención fueron los caminos. No eran senderos de tierra como había esperado, sino caminos apropiados - no pavimentados, pero claramente bien mantenidos, con drenaje y superficies que parecían capaces de manejar carretas pesadas incluso en clima húmedo. Mientras observaba, vio una carreta aproximándose desde la distancia. No era el vehículo elaborado que había imaginado, pero tampoco era primitivo. Era funcional, bien construida, tirada por dos caballos que se veían saludables y bien cuidados. "¿Ves eso, Michael?" le dijo Lady Clarisse, siguiendo su mirada. "Ese debe ser el señor Williams, regresando del mercado. Lleva nuestros granos a la capital para venderlos." ¿La capital?Michael prestó más atención. Si estaban lo suficientemente cerca de una capital como para hacer viajes comerciales regulares, eso explicaría por qué todo parecía estar en mejor condición de lo que había esperado. Las capitales traían comercio, y el comercio traía prosperidad. "Espero que haya conseguido un buen precio," continuó su madre. "Los precios han estado buenos este año, gracias a Dios. La última cosecha fue excelente." Okay, entonces dependen de la agricultura,pensó Michael. Pero están lo suficientemente cerca de mercados como para convertir eso en dinero real. Y aparentemente las cosas han estado yendo bien últimamente. La carreta se acercó lo suficiente como para que Michael pudiera ver más detalles. El conductor era un hombre de mediana edad, vestido en ropa que era claramente de trabajo pero bien hecha. Los caballos se veían bien alimentados y bien cuidados. La carreta misma tenía detalles que sugerían orgullo en la artesanía - no elaboradamente decorada, pero sólida y bien mantenida. Cuando la carreta pasó cerca de ellos, el conductor se quitó su sombrero y saludó. "Buenos días, mi señora. Joven señor." "Buenos días, Williams," respondió Lady Clarisse calurosamente. "¿Cómo fue el mercado?" "Muy bien, mi señora. Los precios del trigo siguen altos, y había mucha demanda por nuestras manzanas. Sir Alexander estará contento con los números." Interesante,pensó Michael. La interacción era respetuosa pero no servil. Williams claramente reconocía la posición de Lady Clarisse, pero hablaba con ella como una persona real, no como si fuera algún tipo de diosa intocable. Esto realmente se siente más auténtico que lo que esperaba. Mientras continuaron su paseo, Michael observó más detalles que le dieron una mejor comprensión de su nueva vida. Los trabajadores que veía en los campos parecían saludables y bien vestidos para estándares medievales. No había signos obvios de malnutrición o abuso. Los niños que ocasionalmente veía jugando alrededor del asentamiento se reían y corrían como niños normales, no como pequeñas figuras miserables y temerosas. Tal vez toda esa historia sobre la Edad Media siendo completamente terrible era exagerada,reflexionó. O tal vez mis padres realmente son señores decentes. También notó que la casa señorial - su casa - estaba deliberadamente situada a cierta distancia del asentamiento. Lo suficientemente cerca como para ser accesible, pero lo suficientemente lejos como para dar privacidad a ambas comunidades. Era una consideración práctica y política inteligente. Esto es fascinante,pensó Michael mientras Lady Clarisse comenzó a llevarlo de regreso hacia la casa. Es como vivir en un documental histórico, excepto que es real. La comprensión lo golpeó de que había nacido en una posición de considerable responsabilidad. Como hijo de Sir Alexander, eventualmente heredaría todo esto - no solo la casa y las tierras, sino la responsabilidad hacia todas las personas que dependían de su familia para su sustento y protección. Bueno,pensó mientras entraban de nuevo a la casa, al menos es más interesante que ser ingeniero. No tenía idea de que su nueva vida sería infinitamente más complicada de lo que cualquier carrera en ingeniería podría haber sido, o que las personas cuyas vidas eventualmente tocaría se verían afectadas significativamente. ……………………………………………………………………………………………… Michael había desarrollado una rutina bastante agradable a los dos años y medio. Sus padres comentaban constantemente lo tranquilo que era para su edad - "Demasiado serio para un niño tan pequeño," decía Lady Clarisse con cariño - pero él no podía evitarlo. Era difícil actuar como un niño normal cuando tenías la mente de un adulto de veinte años atrapada en un cuerpo diminuto. Aunque tenía que admitir que las limitaciones físicas eran... frustrantes. No podía comer solo sin ensuciarse accidentalmente por no poder controlar adecuadamente sus extremidades torpes, aunque lo ayudaba en su papel como infante era un golpe para su orgullo, también el no poder ir al baño solo, aunque con su consciencia de sí mismo pudo evitar accidentes en su ropa. Durante el día siempre trataba de encontrar información sobre en qué tipo de mundo estaba, ya había aceptado que estaba en algún tipo de isekai pero aún no sabía si había magia o monstruos o simplemente había renacido en la época medieval de su mundo lo cual sería muy anticlimático. Las noches en la casa Tremaine siempre terminaban con historias. Durante meses, sus padres le habían estado contando cuentos sobre caballeros valientes, princesas inteligentes, y villanos que recibían su merecido. Michael las había catalogado mentalmente como fábulas medievales - versiones de este mundo de historias como Caperucita Roja o Los Tres Cerditos, diseñadas para enseñar lecciones sobre ser obediente, valiente, y cauteloso. Pero algunas noches, sus padres le contaban historias extrañas. Historias muy específicas sobre criaturas con nombres raros, sobre lugares con geografías imposibles, sobre eventos que parecían demasiado detallados para ser inventados. Michael las escuchaba con creciente confusión, buscando la moraleja obvia que nunca llegaba. ¿Cuál se suponía que era la lección de una historia sobre plantas carnívoras que solo florecían en pantanos donde la luna se reflejaba en aguas negras? ¿O sobre espíritus que poseían objetos de metal específicos forjados en ciertas montañas? No parecían tener el propósito educativo obvio de las otras historias. Michael había comenzado a sospechar que tal vez estas "historias" no eran fábulas después de todo. Una mañana, Michael decidió investigar un poco más sobre su mundo inmediato. "Padre, ¿puedo... puedo ver?" preguntó con esa pronunciación cuidadosa que había perfeccionado, tirando de la túnica de Sir Alexander mientras este revisaba algunos documentos en su escritorio. Michael había aprendido a hablar con las pausas y la simpleza apropiadas para su edad, aunque internamente le resultaba agotador fingir constantemente. Tenía que recordarse de usar palabras simples, de ocasionalmente confundir consonantes difíciles, y de hacer esas pausas largas que los niños pequeños hacían cuando pensaban. "¿Ver qué, mi pequeño señor?" respondió su padre con esa voz especial que todos los adultos usaban con niños pequeños, alzándolo para sentarlo en su regazo. Michael señaló hacia los papeles. Podía ver que había dibujos - lo que parecían ser mapas - pero las palabras escritas eran completamente ininteligibles. Lo cual era extraño, porque entendía perfectamente cuando las personas hablaban. Bendito sea Dios por mandarme a un isekai genérico donde hablan mi idioma,pensó con alivio. Al menos no tengo que preocuparme por aprender a hablar otra vez. Había visto suficientes animes y series para saber que la barrera del idioma podría haber sido un problema enorme. El hecho de que aparentemente todos hablaran español - o al menos él los escuchaba en español - era uno de los pequeños milagros que hacía su situación más tolerable. Claro, leer era otra historia completamente. "Estos son mapas de nuestras tierras, Michael," explicó Sir Alexander con paciencia, usando palabras simples. "¿Ves esta parte aquí? Esos son nuestros campos donde crece el trigo. Y aquí está donde viven las familias que nos ayudan." Michael asintió gravemente, tratando de memorizar los patrones, aunque no pudiera entender las etiquetas. Era fascinante ver su nuevo mundo desde esta perspectiva, pero también frustrante estar tan limitado. "¿Y... y eso?" preguntó despacio, señalando hacia lo que parecía ser un mapa mucho más grande en el fondo del escritorio. Sir Alexander siguió su mirada y sonrió. "Ese es un mapa más grande, Michael. Pero eso es para cuando seas mayor, pequeño caballero. Por ahora, solo necesitas conocer nuestra casa." Michael asintió, aunque notó que su padre había evitado explicar exactamente qué mostraba el mapa más grande. Los adultos siempre hacían eso - decidían qué información era "apropiada" para su edad. Lady Clarisse entró al estudio entonces, una mano descansando protectoramente sobre su vientre ligeramente redondeado. Había anunciado su embarazo hace unos meses, y Michael aún estaba procesando la idea de tener un hermano o hermana menor. Será interesante tener un hermano pequeño,pensó. O hermana. Espero que no sea tan complicado como yo. "¿Molestando a tu padre con preguntas otra vez?" preguntó Lady Clarisse con una sonrisa, inclinándose para darle un beso en la cabeza. "Michael quería ver los mapas," explicó Sir Alexander. "Es muy curioso para su edad." "Demasiado curioso, a veces," dijo su madre con cariño. "Ayer lo encontré tratando de trepar los estantes de la biblioteca." Michael se ruborizó ligeramente. Había estado tratando de alcanzar algunos libros que parecían interesantes, pero sus brazos cortos y su falta de coordinación habían hecho la empresa imposible. ……………………………………………………………………………………………… Los siguientes días, Michael había mostrado interés cada vez mayor en las actividades de su padre. Una mañana, después del desayuno, Sir Alexander se dirigía hacia el patio de entrenamiento cuando Michael lo siguió con pasos torpes pero determinados. "Padre, ¿puedo... puedo ver cómo practicas?" preguntó con esa curiosidad directa que los niños pequeños podían salirse con la suya. Sir Alexander se detuvo y sonrió. "¿Quieres ver a tu padre entrenar?" Michael asintió entusiasmado. "¡Sí! Quiero ver... ver cómo usas la espada." "Por supuesto," dijo Sir Alexander, claramente complacido por el interés de su hijo. "Pero tienes que quedarte sentado en ese banco y no moverte, ¿está bien?" "¡Está bien!" respondió Michael, prácticamente rebotando de emoción. Sir Alexander lo llevó al patio de entrenamiento y lo sentó en un banco de madera contra la pared. Desde allí, Michael tenía una vista perfecta de toda el área. Al principio, Sir Alexander practicó sus formas básicas - movimientos fluidos y precisos que ya eran impresionantes por sí solos. Michael observó fascinado, genuinamente impresionado por la habilidad de su padre incluso en este nivel básico. Pero después de unos minutos, Sir Alexander miró hacia Michael con una sonrisa orgullosa. "¿Quieres ver algo realmente especial, pequeño señor?" preguntó. Michael asintió vigorosamente. "¡Sí, sí!" Sir Alexander se alejó hacia el centro del patio, cerró los ojos por un momento, y murmuró una palabra que Michael no pudo escuchar claramente. Entonces, gritó: "¡Ignición!" Y se encendió. Un aura dorada brillante, como fuego líquido, envolvió completamente a Sir Alexander. Sus movimientos se transformaron instantáneamente - no solo más rápidos, sino sobrehumanos. Sus golpes de espada creaban arcos de luz dorada en el aire, y cuando se movía, parecía desafiar la gravedad misma. Michael se quedó completamente inmóvil, con la boca abierta, observando algo que claramente no era normal. Sir Alexander ejecutó una serie de movimientos imposibles - saltos que lo llevaban tres metros en el aire, golpes que cortaban el aire con tanta fuerza que creaban ondas visibles, y una velocidad que hacía que sus movimientos fueran casi borrosos. Después de varios minutos espectaculares, Sir Alexander redujo gradualmente la intensidad hasta que el aura dorada se desvaneció completamente. Se volvió hacia Michael con una sonrisa expectante. "¿Qué te pareció, pequeño caballero?" Michael tardó un momento en encontrar su voz. "Padre... eso fue... ¡súper increíble! ¿Cómo... cómo hiciste eso?" Sir Alexander se acercó y se arrodilló frente a Michael, claramente orgulloso de la reacción de su hijo. "Eso, mi pequeño señor, es una técnica muy especial que solo algunos caballeros pueden aprender. Se llama 'Ignición'." "¿Ig-ni-ción?" repitió Michael lentamente, luchando con la pronunciación de manera convincente. "Exacto. Es algo muy difícil de aprender, y requiere muchos años de entrenamiento y disciplina." "¿Puedo... puedo aprenderlo cuando sea grande?" preguntó Michael, su emoción genuina filtrándose a través de su actuación. Sir Alexander sonrió con orgullo paternal. "Si entrenas muy duro y eres muy disciplinado, tal vez algún día pueda enseñarte, pequeño señor. Pero primero tendrás que aprender muchas otras cosas." "¿Todos los caballeros pueden hacer eso?" preguntó Michael con curiosidad. "No, pequeño. Solo algunos de nosotros logramos dominarlo. Es algo muy honorable y respetado." Michael asintió gravemente, procesando esta información. Su padre no solo tenía habilidades sobrenaturales - las tenía y estaba orgulloso de mostrarlas. "¿Hay... hay otros tipos de personas especiales?" preguntó después de una pausa, tratando de sonar como un niño curioso en lugar de alguien haciendo investigación. Sir Alexander consideró la pregunta cuidadosamente. "Bueno, hay personas que pueden hacer cosas diferentes con... dones especiales. Pero son aún más raros que los caballeros como papá." "¿Qué tipo de cosas?" insistió Michael. "Oh, pequeño señor, esas son historias para cuando seas mayor," dijo Sir Alexander, claramente tratando de cambiar el tema. "Por ahora, es suficiente saber que hay muchas cosas maravillosas y especiales en el mundo." Michael asintió, reconociendo que había llegado al límite de lo que podía preguntar sin levantar sospechas. Pero había aprendido cosas importantes. Su padre tenía algo llamado "Ignición," que era raro y respetado. Y aparentemente había otros tipos de habilidades sobrenaturales, aunque su padre no estaba listo para hablar de ellas. Eso emociono a Michael de gran manera, no estaba en un mundo común, aparentemente había personas con habilidades especiales en este mundo y seguramente él podría aprender dichas habilidades. Esa noche, durante la cena, Michael no pudo evitar mirar a su padre con renovado respeto y curiosidad. "¿Te gustó ver a papá entrenar hoy?" preguntó Lady Clarisse. "¡Fue súper genial!" respondió Michael con entusiasmo genuino. "Papá se puso todo dorado y... ¡y voló!" Sus padres intercambiaron una mirada divertida. "Bueno, no exactamente," corrigió Sir Alexander con una sonrisa. "Pero me alegra que te haya gustado, pequeño Michael." ……………………………………………………………………………………………… Los meses que siguieron fueron una mezcla de rutina tranquila y observación cuidadosa. Michael continuó acompañando ocasionalmente a su padre durante los entrenamientos matutinos, fascinado por la técnica que raramente usaba su padre, ahora sabía se llamaba "Ignición." Sir Alexander parecía disfrutar genuinamente de tener una audiencia tan entusiasta, y ocasionalmente se lucía con maniobras especialmente impresionantes. La barriga de Lady Clarisse había crecido considerablemente durante estos meses, y las conversaciones en la casa giraban cada vez más alrededor del bebé que venía en camino. Michael escuchaba con interés mientras los adultos discutían nombres, preparativos, y especulaciones sobre si sería niño o niña. Las historias nocturnas continuaron, alternando entre fábulas tradicionales y esos relatos extraños y específicos que Michael aún no lograba descifrar. Sus padres parecían tener un conocimiento sorprendentemente detallado sobre criaturas que, según ellos, existían "muy lejos" y "en otras tierras." Todo cambió una madrugada de principios de primavera. Michael fue despertado por gritos urgentes y pasos apresurados. Desde su habitación podía escuchar voces tensas, puertas abriéndose y cerrándose, y el sonido inconfundible de alguien en dolor. El bebé está llegando,se dio cuenta inmediatamente. Durante las siguientes horas, la casa se llenó de actividad frenética. Una partera llegó antes del amanecer, seguida de dos mujeres mayores del pueblo. Michael fue relegado a su habitación con instrucciones estrictas de quedarse quieto, pero podía escuchar todo lo que pasaba. Los gritos de Lady Clarisse eran escalofriantes. Michael, a pesar de su experiencia como adulto, nunca había estado presente durante un parto, y la realidad brutal del proceso lo dejó inquieto y preocupado. Pero finalmente, después de lo que pareció una eternidad, escuchó un sonido diferente: el llanto fuerte e indignado de un recién nacido. Sir Alexander eventualmente vino a buscarlo, con los ojos rojos de cansancio, pero una sonrisa enorme en la cara. "Michael, mi pequeño señor," dijo, alzándolo en sus brazos, "ven a conocer a tu hermana." Lady Clarisse estaba pálida pero radiante, sosteniendo un pequeño bulto envuelto en mantas suaves. El bebé tenía una ligera pelusa de cabello castaño claro y los ojos azules más brillantes que Michael había visto - del mismo color que los de su madre, pero de alguna manera más intensos. "¿Qué te parece tu hermana pequeña?" preguntó Lady Clarisse suavemente. Michael estudió al bebé cuidadosamente. Era extraño pensar que esta pequeña criatura sería su compañera de crecimiento en este extraño mundo nuevo. "Es muy... muy pequeña," dijo finalmente, usando ese tono de asombro que los niños pequeños tenían cuando veían bebés. "Todos los bebés son pequeños al principio," rió Sir Alexander. "Pero crecerá rápido, ya verás." "¿Cómo se va a llamar?" preguntó Michael, curioso por saber qué nombre medieval elegirían. Sus padres intercambiaron una mirada sonriente. "Su nombre será Ella," anunció Lady Clarisse con orgullo. Michael parpadeó. "¿Ella?" "Sí, pequeño. Es un nombre bonito, ¿no crees?" Michael asintió automáticamente, pero internamente estaba confundido. ¿Ella? ¿Eso es todo? Había esperado algo más... elaborado. Algo como Clarisse, o Isabella, o incluso Rufina. Nombres que sonaban apropiados para un mundo medieval. Pero "Ella" sonaba sorprendentemente simple. Moderno, incluso. Era como si hubieran decidido llamarla "Ana" o "Sofía" en medio de una corte real. Qué nombre tan extraño para una niña medieval,pensó Michael mientras observaba a su nueva hermana. Comparado con todos nuestros nombres, el suyo suena casi... fuera de lugar. Por ahora, simplemente observó mientras Ella abría y cerraba sus pequeños puños, sin saber que su llegada marcaría el comienzo de una nueva fase en su comprensión de la realidad que los rodeaba. ……………………………………………………………………………………………… Michael había llegado a los cinco años con una extraña mezcla de alivio y frustración creciente. Por un lado, ya no tenía que fingir la torpeza extrema de un niño pequeño - podía caminar normalmente, usar cubiertos apropiadamente, y mantener conversaciones sin las pausas exageradas que había perfeccionado a los dos años. Por otro lado, mantener la fachada de ser un niño normal se había vuelto exponencialmente más difícil. "¡Otra vez, padre! ¡Otra vez!" gritó, sosteniendo su espada de madera con ambas manos mientras Sir Alexander lo observaba con una sonrisa divertida. Era una mañana típica en el patio de entrenamiento. Durante los últimos meses, Michael había logrado convencer a sus padres de que le dieran una "espada de juguete" - un trozo de madera cuidadosamente tallado y equilibrado que Sir Alexander había hecho personalmente. Oficialmente era para "jugar a ser caballero." Extraoficialmente, Michael estaba desesperado por aprender técnicas reales de esgrima. "Muy bien, pequeño caballero," dijo Sir Alexander, levantando su propia espada de entrenamiento. "Pero recuerda mantener los pies separados, como te enseñé." Michael asintió seriamente y adoptó la postura que su padre le había mostrado. Durante estos meses de "juego," Sir Alexander había estado inconscientemente enseñándole fundamentos reales - cómo pararse, cómo sostener una espada, movimientos básicos de ataque y defensa. Todo presentado como diversión familiar, pero Michael absorbía cada detalle con la intensidad de alguien que sabía que algún día podría necesitar estas habilidades. "Ataca cuando estés listo," instruyó Sir Alexander, preparándose fácilmente para bloquear cualquier cosa que un niño de cinco años pudiera intentar. Michael atacó con lo que esperaba pareciera entusiasmo infantil, intentando un movimiento giratorio que había visto en una película una vez. Por supuesto, perdió completamente el equilibrio y casi se cayó. "¡Cuidado ahí, pequeño caballero!" rió Sir Alexander, estabilizándolo. "Ese fue un movimiento muy... creativo. Pero mantengamos los pies en el suelo por ahora, ¿de acuerdo?" Michael asintió, ruborizándose genuinamente. Sus intentos de aplicar "técnicas" de películas y anime constantemente terminaban en fracaso, pero al menos lo hacían parecer más como un niño imaginativo jugando en lugar de alguien tratando de entrenar en serio. Al menos mis fallas me ayudan con la actuación,pensó mientras Sir Alexander le mostraba un ataque básico más realista. "¡Muy bien! Esa vez mantuviste el equilibrio perfectamente," Sir Alexander sonaba genuinamente complacido. "Tienes buenos instintos naturales, Michael. Aprendes rápido para tu edad." Si supieras,pensó Michael, pero se limitó a sonreír con orgullo infantil. Desde el otro lado del patio, escucharon una voz pequeña: "¡Mike! ¡Mike, ven!" Ella había aprendido a caminar varios meses atrás y ahora exploraba constantemente, siempre bajo la supervisión cuidadosa de Lady Clarisse o alguna de las sirvientas. A los dos años, se comportaba exactamente como cualquier niña de su edad - curiosa, energética, y con una tendencia a seguir a Michael a todas partes. "Parece que tu hermana te necesita," dijo Sir Alexander con una sonrisa. "Ve con ella, pequeño señor. Practicaremos más tarde." Michael asintió y corrió hacia donde Ella lo esperaba cerca del jardín. Lady Clarisse estaba sentada en un banco cercano, trabajando en un bordado mientras vigilaba a su hija. "¡Mike! ¡Mira!" Ella señaló hacia un grupo de mariposas que revoloteaban alrededor de las flores. "¡Bonitas!" "Sí, muy bonitas," concordó Michael, arrodillándose a su altura. "¿Sabes cómo se llaman?" "¿Mari...posas?" intentó Ella, luchando con la pronunciación. "¡Exacto! Mariposas," Michael sonrió genuinamente. A pesar de sus circunstancias extrañas, había desarrollado un cariño real por su hermana menor. Ella era completamente inocente y natural, sin las complejidades que él cargaba. Lady Clarisse los observaba con una expresión pensativa que Michael había notado ocasionalmente, aunque no estaba seguro del porqué. "Michael, cariño," dijo su madre, "ven aquí un momento." Michael se acercó, dejando que Ella continuara persiguiendo mariposas bajo la mirada de una sirvienta. "Siéntate conmigo," Lady Clarisse palmeó el espacio junto a ella en el banco. Mientras Michael se sentaba, Lady Clarisse lo observó con esa mirada maternal reflexiva que había estado apareciendo más frecuentemente. Sin que Michael lo supiera, Lady Clarisse estaba reflexionando sobre las diferencias de sus hijos. Recordaba claramente cómo a los dos años, Michael ya caminaba con confianza perfecta, había dejado de tener accidentes mucho antes que otros niños, y hablaba con una claridad inusual. Comparado con Ella, quien tiene 2 años actualmente y aun ocasionalmente tropezaba, a veces tenía pequeños accidentes al no ir al baño, y hablaba con la pronunciación típicamente imperfecta de una niña de dos años - Michael había sido notablemente precoz e inteligente. Tal vez algunos niños simplemente aprenden más rápido,pensó Lady Clarisse. Sin otros niños con quien comparar regularmente, ella y Sir Alexander habían asumido que Michael era simplemente muy inteligente para su edad. "¿Pasa algo, madre?" preguntó Michael inocentemente. "No pasa nada malo, mi niño," Lady Clarisse sonrió y lo abrazó. "Solo estaba pensando que tal vez te gustaría conocer a otros niños de tu edad. Has crecido tanto, y creo que sería bueno para ti tener más... bueno, más experiencias." "¿Como qué?" preguntó Michael, curioso a pesar de sí mismo. "Bueno, de hecho, eso nos lleva a algo emocionante," Lady Clarisse sonrió. "¿Te gustaría visitar la capital del reino?" Los ojos de Michael se iluminaron con interés genuino. "¿La capital? ¿En serio?" "En serio. El Rey está organizando un festival de primavera, y todos los nobles del reino están invitados. Tu padre no pudo declinar la invitación, así que iremos toda la familia." ¡Finalmente!Michael había estado esperando una oportunidad como esta para ver más del mundo más allá de las tierras de su familia. "¿Cuándo vamos?" preguntó, tratando de contener su entusiasmo. "En tres días. Será un viaje de pocas horas hasta llegar allí, y nos quedaremos una semana completa." Michael asintió, su mente ya corriendo con posibilidades. Finalmente tendría la oportunidad de ver cómo funcionaba realmente este mundo, de conocer a otros nobles, tal vez incluso de aprender más sobre las habilidades como la "Ignición" de su padre. ……………………………………………………………………………………………… El viaje a la capital fue una revelación en sí mismo. Michael nunca había estado en un carruaje por tanto tiempo, aunque las pocas horas de trayecto desde las tierras Tremaine pasaron volando mientras observaba las vistas del campo de Auradon. Pasaron por extensos campos de cultivo donde trabajaban campesinos que se detenían a saludar respetuosamente al carruaje, pequeños pueblos con casas de piedra y madera, y finalmente, cuando el sol alcanzó su cenit, las torres de la capital emergieron en la distancia. "¡Mira, Mike!" Ella señaló por la ventana del carruaje, pegando su cara contra el cristal. "¡Grande!" Y era grande. La capital de Auradon se extendía a lo largo de varias colinas, con murallas masivas de piedra blanca y torres que se alzaban hacia el cielo. El castillo real dominaba la ciudad desde la colina más alta, sus banderas ondeando en la brisa, y el bullicio de una ciudad próspera se podía sentir incluso desde la distancia. "Es impresionante, ¿verdad?" dijo Sir Alexander con orgullo. "Una de las capitales más hermosas del continente, y sin duda la mejor gobernada." Michael no podía estar más de acuerdo. Era como algo salido de los cuentos de hadas, pero real y tangible, con el aroma del humo de las cocinas, el sonido de cascos sobre piedra, y la vista de cientos de personas moviéndose con propósito por las calles. Cuando finalmente llegaron a sus alojamientos - una mansión elegante en el distrito noble - Michael estaba prácticamente vibrando de anticipación. Tendrían una semana completa en la capital, con invitaciones para múltiples eventos, y mañana comenzaría el festival. Era su primera verdadera oportunidad de entender el mundo más amplio en el que había renacido. La mañana del festival amaneció clara y brillante, con el aire fresco de primavera que llevaba el aroma de flores y especias desde los mercados de la capital. Michael despertó temprano, demasiado emocionado para seguir durmiendo, y se las arregló para vestirse solo antes de que Lady Clarisse viniera a buscarlo. "¿Tan ansioso estás, pequeño caballero?" rió su madre, ajustando los pliegues de su túnica ceremonial. Era la primera vez que Michael vestía ropa tan elaborada en su nueva vida - terciopelo azul oscuro con bordados dorados, y una pequeña capa que lo hacía sentir genuinamente como un noble medieval. "¡Sí! ¿Vamos a ver al Rey?" preguntó, rebotando ligeramente en sus pies. "Muy probablemente" respondió Lady Clarisse. "Pero recuerda, Michael - en la corte debes ser muy educado y respetuoso. Nada de correr o gritar. Y durante la danza ceremonial, deberás mostrar los modales que hemos practicado." "¿Voy a tener que bailar?" preguntó Michael, súbitamente nervioso. "Solo las danzas básicas que te enseñé, pequeño. Es tradición que todos los niños nobles participen en al menos una danza durante el festival." Genial, pensó Michael. Bailes medievales con un cuerpo de cinco años. Ella, su pequeña hermana, vestía un diminuto vestido de seda rosa con pequeñas flores bordadas, dormía todavía en los brazos de una sirvienta. A los dos años, los eventos sociales prolongados aún eran demasiado para ella, aunque la acompañarían para las presentaciones formales más importantes. Cuando salieron del lugar donde se hospedaban, Michael se quedó asombrado por la transformación de la ciudad. Las calles estaban decoradas con banderines de colores brillantes, flores frescas, y estandartes con los símbolos reales. Músicos callejeros tocaban en las esquinas, vendedores pregonaban pasteles dulces y vino especiado, y el aire vibraba con risas y conversación. "¡Vengan a ver! ¡El mejor pan dulce de la capital!" gritaba un panadero en una plaza pequeña, mientras el aroma de canela y miel se extendía por el aire. Michael se detuvo, fascinado no solo por los aromas sino por la organización eficiente del festival. Todo parecía perfectamente coordinado - los vendedores sabían exactamente dónde ubicarse, los músicos tocaban en armonía desde diferentes esquinas, y la multitud fluía naturalmente sin crear embotellamientos. "Es hermoso, ¿verdad?" comentó Sir Alexander, notando el asombro de su hijo. "Los maestros gremiales de la capital son famosos por su organización. Esto requiere meses de preparación." Continuaron hacia el castillo, uniéndose a una procesión creciente de nobles vestidos en sus mejores galas. Michael observó todo - desde los caballos con arneses decorados hasta los pajes que llevaban estandartes familiares con símbolos heráldicos que comenzaba a reconocer de las lecciones de su madre. El castillo real era aún más impresionante desde cerca. Las murallas se alzaban al menos treinta metros, construidas con bloques de piedra blanca que brillaban bajo el sol matutino. Guardias en armaduras pulidas estaban apostados cada pocos metros, y Michael notó que cuando vieron a Sir Alexander, todos se enderezaron notablemente. "Buenos días, Sir Alexander," saludó el capitán de la guardia en la puerta principal, inclinándose con respeto profundo. "Es un honor verle en la corte nuevamente. Ha pasado demasiado tiempo desde su última visita." "Buenos días, Capitán Morrison," respondió Sir Alexander calurosamente. "El honor es mío. ¿Cómo ha estado su familia?" "Muy bien, señor, gracias por preguntar. Mi hijo menor acaba de cumplir quince - está ansioso por comenzar su entrenamiento como escudero." "Excelente. Hágamelo saber si necesita recomendaciones para su colocación. Hay varios caballeros de buena reputación que podrían necesitar un escudero competente." Michael notó el intercambio con creciente curiosidad. El capitán había hablado con su padre con el tipo de respeto que sugería una historia compartida. Había familiaridad ahí, pero también una deferencia genuina que parecía ir más allá de las formalidades típicas entre un noble menor y un soldado. Una vez dentro del castillo, fueron escoltados por amplios corredores decorados con tapices enormes que contaban historias que Michael comenzaba a reconocer - batallas famosas de la historia de Auradon, retratos de reyes pasados, y escenas de la vida cortesana. Las ventanas de vidrios de colores proyectaban patrones caleidoscópicos sobre los suelos de mármol pulido. "El Gran Salón está justo adelante," explicó su escolta, un joven paje vestido en librea azul y dorada. "Sus Majestades recibirán a los invitados antes del banquete del mediodía." El Gran Salón del Castillo de Auradon superó todas las expectativas de Michael. El techo abovedado se alzaba a una altura vertiginosa, sostenido por columnas de mármol talladas con figuras de leones, águilas, y rosas. Cientos de velas en candelabros de hierro forjado proyectaban luz dorada sobre todo, y el aire estaba perfumado con incienso y flores frescas. Ya había al menos cien personas reunidas, todas vestidas en sedas, terciopelos, y brocados en todos los colores imaginables. Las conversaciones creaban un murmullo elegante que se mezclaba con la música suave de un grupo de músicos en un balcón elevado. "¡Alexander! ¡Clarisse!" Una voz familiar los llamó desde el otro lado del salón. Sir Alexander sonrió. "Ah, Lord Edmund. Debería haberlo esperado." Se acercó un hombre de mediana edad con una barba cuidadosamente arreglada y ropas que gritaban poder y riqueza - una túnica de terciopelo púrpura con bordados de plata y una cadena dorada gruesa sobre los hombros. "¿Y quién es este joven caballero?" preguntó Lord Edmund, inclinándose dramáticamente hacia Michael. "Nuestro hijo, Michael," respondió Sir Alexander con orgullo. "Michael, saluda a Lord Edmund de Montclair, consejero de Su Majestad y uno de nuestros amigos más queridos." Michael inclinó la cabeza exactamente como su padre le había enseñado. "Es un honor conocerle, Lord Edmund." "¡Qué modales tan impecables!" exclamó Lord Edmund, claramente impresionado. "¿Cuántos años tienes, joven señor?" "Cinco años, mi señor." "¿Cinco? ¡Extraordinario! Habla con más claridad que mi sobrino de ocho años." Lord Edmund se dirigió a Sir Alexander con una expresión de aprobación. "Has educado muy bien al muchacho, Alexander. Se nota inmediatamente que viene de buena cuna." Michael sintió una pequeña oleada de orgullo, aunque internamente se preguntaba qué tan obvio era que se comportaba de manera diferente a otros niños de su edad. "¡Lord Edmund!" Una voz joven interrumpió sus pensamientos. "¡Mira lo que me dieron!" Un niño de aproximadamente cuatro o cinco años corrió hacia Lord Edmund, sosteniendo lo que parecía ser una pequeña flauta tallada en madera noble con incrustaciones de plata. "Príncipe Henry, ¿qué te he dicho sobre correr en el Gran Salón?" preguntó Lord Edmund con exasperación cariñosa. "¡Pero mira, un músico me enseñó a tocar una melodía!" El niño - Henry - sostuvo la flauta e intentó tocar algunas notas que sonaron sorprendentemente afinadas. "Henry," suspiró Lord Edmund, "recuerda que estamos en presencia de invitados importantes." Se volvió hacia los Tremaine. "Este es mi pupilo, el Príncipe Henry. Henry, saluda a Sir Alexander y Lady Clarisse, y a su hijo Michael." Michael parpadeó. ¿Príncipe? ¿Este era el heredero al trono? Henry se acercó, aun sosteniendo la flauta, y estudió a Michael con curiosidad abierta. "Hola. ¿Sabes tocar algún instrumento? El músico dice que tengo buen oído." "Estoy aprendiendo un poco de laúd" respondió Michael honestamente, recordando las lecciones básicas que Lady Clarisse había comenzado a darle. "Pero me gusta más escuchar que tocar." "¡Genial!" Henry sonrió ampliamente. "¿Quieres venir conmigo a conocer el castillo? Hay una galería llena de retratos de todos los reyes anteriores, y mis tutores me han contado las historias de cada uno." Michael miró a sus padres, que intercambiaron sonrisas divertidas con Lord Edmund. "Ve, pequeño señor," dijo Sir Alexander. "Pero mantente cerca del Príncipe Henry y recuerda tus modales." "¡Vamos!" Henry agarró la mano de Michael y comenzó a guiarlo hacia una puerta lateral. Mientras caminaban, Michael procesó la información. Henry era el Príncipe heredero, pero se comportaba de manera sorprendentemente normal para un futuro rey. No había arrogancia o pretensión - solo la curiosidad natural de un niño inteligente. "¿Es difícil ser príncipe?" preguntó Michael mientras Henry lo guiaba por un corredor más pequeño. "A veces," respondió Henry pensativamente. "Tengo muchas lecciones - historia, matemáticas, esgrima, equitación, diplomacia. Y siempre tengo que comportarme bien porque todos me están observando. Pero también es increíble. Aprendo sobre diferentes partes del reino, conozco gente de todas partes, y mis tutores son muy amables, sobre todo lord Edmund." Qué manera tan madura de describirlo para un niño, pensó Michael. "¿Tu papá es un caballero importante?" preguntó Henry, cambiando de tema. "Vi que varios soldados lo saludaron de manera especial cuando llegamos." Michael sintió una mezcla de orgullo y admiración. "Realmente no lo sé, solo sé que participo en una guerra y es muy fuerte" "Lord Edmund dice que los mejores caballeros son aquellos que sirven no solo a su señor, sino a principios más altos," continuó Henry con la seriedad que solo un niño educado por tutores reales podía mostrar. "Dice que hay caballeros que son recordados por generaciones por sus acciones nobles." Exploraron varias salas fascinantes durante la siguiente hora. Había una biblioteca donde los libros más antiguos estaban encadenados a los estantes para protegerlos, una sala de mapas donde se podían ver las fronteras actualizadas del reino, y una galería donde efectivamente había retratos de todos los reyes anteriores de Auradon. "Este es mi bisabuelo," explicó Henry señalando un retrato de un hombre de aspecto severo en armadura de batalla. "Luchó contra los invasores del sur hace cincuenta años. Y este es mi abuelo, que construyó las nuevas capillas en todas las ciudades principales." "¿Todos los reyes han sido guerreros?" preguntó Michael mientras observaba los retratos. "No exactamente. Algunos fueron grandes diplomáticos, otros fueron conocidos por sus reformas de justicia. Mi tutor dice que un buen rey debe ser muchas cosas - guerrero cuando es necesario, juez cuando se requiere justicia, y pastor de su pueblo siempre." Cuando regresaron al Gran Salón, el ambiente había cambiado. Había más personas, y Michael notó inmediatamente que había otros hombres que parecían recibir el mismo tipo de respeto deferencial que su padre. "Henry, ¿puedes mostrarme a los otros caballeros que parecen ser especialmente respetados?" preguntó Michael. "¡Por supuesto!" Henry señaló discretamente por el salón. "Ese es Sir Gareth - el grande con la barba negra. Ese es Sir William - el que está hablando con las damas cerca de la ventana. Y ese es Sir Marcus - el joven cerca de la mesa de vinos. Y también Sir Roderick, el de cabello plateado." Michael contó. Incluyendo a su padre, había exactamente cinco hombres que claramente tenían una reputación que trascendía sus títulos formales. Se preguntaba porque y si había una razón para eso. Solo cinco, pensó. En todo este lugar lleno de nobles y caballeros, solo cinco tienen este nivel de respeto especial. Al estar observando a esas personas, incluyendo a su padre pudo notar que todos llevaban un símbolo de una rosa dorada en su pecho, no sabía que significaba, pero debía ser importante. Lo que era aún más interesante era cómo otros nobles interactuaban con esos cinco hombres. Michael observó durante varios minutos y notó un patrón: cada vez que alguien se acercaba a cualquiera de ellos, había una diferencia sutil pero clara en su postura y tono. No era miedo - era respeto genuino, el tipo de respeto que se ganaba a través de hechos y reputación. "Sir Alexander." Una voz femenina, dulce, pero con un dejo de tensión, interrumpió sus observaciones. Michael se volteó para ver a una mujer elegante acercándose a sus padres. Era hermosa, con cabello rubio elaboradamente peinado y un vestido de seda verde esmeralda que claramente había costado una fortuna. Junto a ella venían dos niñas - una parecía tener su edad, la otra se veía mayor, tal vez siete años. "Lady Victoria," respondió Sir Alexander cortésmente, pero Michael notó que su tono había perdido la calidez que usaba con otros nobles. "¿Cómo está Lord Roderick?" "Muy bien, gracias por preguntar," respondió Lady Victoria con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Luego se dirigió a Lady Clarisse con lo que parecía ser cortesía forzada. "Clarisse, qué hermoso vestido. Ese terciopelo azul te sienta... adecuadamente." Michael notó inmediatamente la tensión entre las dos mujeres. Lady Clarisse mantuvo su sonrisa, pero sus ojos se endurecieron ligeramente. "Gracias, Victoria. Veo que sigues prefiriendo los colores... llamativos." "Mi madre dice que los colores apagados son para las mujeres que no tienen confianza," comentó la niña mayor con una sonrisa maliciosa que era demasiado sofisticada para su edad. "Drizella, modales," murmuró Lady Victoria, aunque no parecía particularmente molesta por el comentario de su hija. "Y estas deben ser tus hijas," dijo Lady Clarisse, claramente cambiando de tema. "Han crecido mucho desde la última vez que las vi." "Sí, Drizella tiene siete años ahora, y Anastasia acaba de cumplir cinco. Niñas, saluden a Lady Clarisse y... ¿este debe ser tu hijo, Michael?" Las dos niñas hicieron reverencias perfectas, pero Michael notó que sus ojos lo evaluaban de manera calculadora. "Soy Drizella," anunció la mayor con una sonrisa que no transmitía calidez. "He escuchado que eres muy... educado para tu edad." "Y yo soy Anastasia," agregó la menor, estudiando a Michael con curiosidad evidente. "¿Es verdad que ya sabes leer completamente?" Michael intercambió miradas con sus padres antes de responder. "Si, ya puedo leer por mi cuenta. Mi madre me ha estado enseñando." "Qué... avanzado," comentó Lady Victoria, y Michael no pudo determinar si lo decía como cumplido o crítica. "Alexander siempre fue muy... meticuloso con la educación." Hubo un silencio incómodo antes de que Sir Alexander respondiera. "Creo que todos los niños se benefician de una educación sólida desde temprano." "Por supuesto," Lady Victoria sonrió, pero sus ojos permanecían fríos. "Aunque algunos métodos son más... ambiciosos que otros." La tensión era tan palpable que incluso Henry, que había estado escuchando en silencio, parecía incómodo. "Lady Victoria," intervino Lord Edmund, apareciendo oportunamente, "¿cómo está su esposo? Hace tiempo que no conversamos." "Lord Roderick está conversando sobre algunos asuntos con otros invitados," respondió Lady Victoria. "Los deberes de un noble nunca terminan, como bien sabe." Michael observó la interacción fascinado. Claramente había historia entre Lady Victoria y sus padres, y no era una historia completamente amigable. "Bueno," dijo Lady Clarisse con diplomacia forzada, "fue un placer verlas nuevamente. Niñas, espero que disfruten el festival." Después de que Lady Victoria y sus hijas se alejaran, Michael notó que sus padres intercambiaron una mirada significativa. "¿Pasa algo?" preguntó inocentemente. "Nada importante, pequeño," respondió Sir Alexander, aunque su tono sugería lo contrario. "Solo... complejidades de adultos." ………………………………………………………………………………………………... "Las campanas!" Henry señaló hacia arriba cuando un repique musical resonó por todo el castillo. "¡Esa es la señal! ¡Mis padres van a hacer su entrada!" El Gran Salón inmediatamente se organizó en formación ceremonial. Michael fue guiado de vuelta hacia sus padres justo cuando las enormes puertas dobles se abrieron y sonaron trompetas doradas. "¡Sus Majestades Reales, el Rey Magnus y la Reina Belle de Auradon!" Michael observó con fascinación mientras la pareja real ingresaba al salón. El Rey Magnus era un hombre imponente con cabello castaño ondulado y una presencia que comandaba respeto inmediato sin necesidad de esfuerzo. La Reina Belle era hermosa de una manera que parecía irradiar inteligencia - cabello castaño recogido elegantemente, ojos brillantes, y una sonrisa que sugería que encontraba genuino placer en conocer a las personas. Pero lo que más llamó la atención de Michael fue lo que sucedió cuando los Reyes pasaron cerca de los cinco caballeros distinguidos. Cada uno de ellos se inclinó profundamente, pero el Rey Magnus se detuvo para hablar con cada uno personalmente, claramente por nombre, y con familiaridad genuina. Cuando llegaron hasta Sir Alexander, Michael pudo escuchar parte de la conversación. "Alexander, me alegra verte aquí," dijo el Rey Magnus calurosamente. "¿Cómo están las cosas en tus tierras? He escuchado informes excelentes sobre la prosperidad de tus dominios." "Tranquilas y prósperas, Su Majestad, gracias a las sabias políticas que habéis implementado en todo el reino." "Y esta debe ser tu familia," la Reina Belle sonrió hacia Lady Clarisse, Michael, y Ella que ahora estaba en los brazos de su madre. "He escuchado historias maravillosas sobre vuestra hospitalidad y sabiduría, Lady Clarisse." "Vuestra Majestad es muy amable," respondió Lady Clarisse con una reverencia elegante. La Reina Belle se inclinó hacia Michael con una sonrisa genuina. "Y tú debes ser Michael. Henry ha estado hablando de ti toda la mañana. Dice que eres el primer niño que no lo trata diferente." Michael hizo su mejor reverencia. "Es un honor conoceros, Vuestra Majestad." "¡Qué modales tan perfectos!" La Reina Belle parecía genuinamente encantada. "Y qué bien articulado. Se nota inmediatamente tu buena educación." "Vuestra Majestad es muy generosa," respondió Michael, recordando las lecciones de cortesía de su madre. Los Reyes intercambiaron una mirada que Michael no supo interpretar completamente, pero ambos parecían impresionados. "Una perspectiva muy sabia para alguien tan joven," comentó el Rey Magnus. "Alexander, estarás encantado de saber que tenemos planes para esta semana que incluyen a los jóvenes. Lord Edmund ha organizado una sesión de juegos y entretenimientos para los niños mañana por la tarde. ¿Te gustaría que Michael participara?" "Sería un honor, Su Majestad," respondió Sir Alexander. "Excelente. Y Alexander, espero que puedas acompañarnos para una partida de ajedrez mañana por la mañana. Ha pasado demasiado tiempo desde nuestra última partida." Después de que los Reyes continuaran su ronda de saludos, Michael finalmente tuvo la oportunidad de preguntarle a su padre sobre algo que había estado molestándolo toda la mañana. "Padre," dijo en voz baja mientras se preparaban para el banquete, "¿por qué el Rey te conoce tan bien? Y el Capitán Morrison también parecía conocerte desde hace tiempo." Sir Alexander miró hacia abajo, considerando cuidadosamente su respuesta. "He servido a la corona en varias capacidades a lo largo de los años, Michael. No solo como señor de nuestras tierras, sino también en misiones especiales que han requerido... habilidades particulares que yo como miembro de una orden especial puedo hacer." "¿Qué tipo de misiones especiales?" Sir Alexander se arrodilló para estar a la altura de Michael, hablando en voz baja. "Hay ocasiones en que el reino enfrenta amenazas que requieren la intervención de caballeros con entrenamiento especial. Bandidos organizados, conflictos fronterizos, situaciones que requieren tanto habilidad en combate como diplomacia. Los cinco caballeros que has notado esta noche hemos trabajado juntos en estas situaciones y pertenecemos a la misma orden de caballería." "¿Entonces sois como... caballeros especiales al servicio directo del Rey?" "Algo así. No servimos al Rey en sí mismo ni a ningún otro monarca, pero su majestad confía en nosotros para situaciones que van más allá de los deberes normales de la nobleza territorial." Michael procesó esto. "¿Cuándo empezaste a hacer estas misiones?" "Unos años antes de casarme con tu madre. La orden notó ciertas... habilidades que había desarrollado durante mi entrenamiento como caballero, y me pidió que pusiera esas habilidades al servicio del mundo en situaciones especiales. Como la guerra en donde participe" "¿Puedo unirme a la orden algún día? ¿Cómo se llama?" preguntó Michael, genuinamente curioso. “La orden se llama Las Rosas Doradas, es una orden de caballeros que no está afiliada a ningún reino y su único propósito es proteger a los humanos del mal que habita en nuestro mundo, no importa de donde vengas, solo necesitas ser un caballero y llamar la atención de la orden para unirte”. Sir Alexander sonrió con orgullo paternal. "Si entrenas duro, si desarrollas un carácter noble, y si demuestras tener las cualidades necesarias... tal vez, pequeño señor. Pero esa decisión no será solo mía. El gran maestre y sus consejeros evalúan cuidadosamente a quienes consideran para este tipo de servicio. Solo los mejores caballeros pueden unirse" Michael asintió pensativamente. Entonces mi padre no es solo un noble menor. Es parte de un grupo élite de caballeros que sirve directamente a la humanidad en misiones especiales. Si no la orden no está avalada por ningún reino entonces debían tener cierto poder o estar bajo la iglesia para que pudieran intervenir en asuntos internacionales. Esa revelación puso muchas cosas en perspectiva. La deferencia que había notado de otros nobles, el respeto de los soldados, la calidad de su estilo de vida, incluso la tensión con Lady Victoria - todo comenzaba a tener sentido. El banquete que siguió fue una experiencia sensorial increíble. Largas mesas de roble estaban cubiertas con manteles de lino bordado y decoradas con arreglos florales elaborados. La comida era servida por un ejército de sirvientes eficientes, y Michael probó platos que nunca había imaginado: faisán asado con hierbas raras, vegetales que sabían más intensamente que cualquier cosa que hubiera comido en su vida anterior, y postres elaborados con azúcares especiados y frutas exóticas. Michael pensó que, aunque la comida era sabrosa y exótica, realmente no se comparaba con la comida de su mundo. Después de todo esto era un banquete especial del rey, pero estaba seguro que cualquier persona común en su mundo podría comer algo similar en un restaurante. La música continuó durante toda la comida - no solo instrumentos, sino también bardos que se movían entre las mesas contando historias de héroes antiguos, y ocasionalmente algún noble que se levantaba para recitar poesía o compartir anécdotas de sus viajes. "¿Siempre es así?" le preguntó Michael a Henry, quien estaba sentado en la mesa junto a ellos. Al parecer los reyes eran muy permisivos con el comportamiento de Henry, aunque talvez se debía a su corta edad y la reputación de su padre. "¿Los festivales reales? Más o menos. Aunque este es especialmente elaborado porque es el Festival de Primavera. Los festivales de invierno son más sobrios, pero también hermosos a su manera." Michael continuó observando todo con fascinación. Los sirvientes se movían con eficiencia silenciosa, todos claramente bien entrenados en la etiqueta de la corte. La conversación fluía- había invitados de otros reinos, embajadores, mercaderes prósperos, y estudiosos de la universidad real. Durante las horas que siguieron, Michael fue presentado a docenas de otros niños nobles. La mayoría eran agradables, pero típicamente infantiles para sus edades - corrían alrededor cuando se les permitía, hablaban fuerte, se manchaban con comida, y ocasionalmente se metían en problemas menores con sus tutores o padres. Michael, por el contrario, se quedaba cerca de los adultos, escuchaba conversaciones, hacía preguntas educadas cuando era apropiado, y generalmente se comportaba de una manera que constantemente sorprendía a la gente. "Qué niño tan bien educado," escuchó que una dama le susurraba a otra. "Y que vocabulario para su edad. Se nota inmediatamente que viene de una familia que valora la educación apropiada." Michael comenzó a darse cuenta de que su comportamiento, aunque se sentía natural para él, era aparentemente muy inusual para un niño de cinco años en este mundo. Era un recordatorio de que necesitaba ser más cuidadoso, pero también le daba confianza - si su madurez era vista como educación excepcional en lugar de algo sospechoso, podía usarla a su favor. "¡Es hora de la danza!" anunció un heraldo, y Michael sintió un nudo en el estómago. "¿Los niños también?" preguntó esperanzado. "Especialmente los niños," sonrió su madre. "Es tradición. Vamos, los pasos son fáciles si recuerdas mantener el ritmo." La danza resultó ser menos terrible de lo que había temido. Los pasos eran simples - principalmente caminar en patrones específicos mientras se mantenía buena postura y se coordinaba con la música. Michael logró seguir los movimientos sin hacer el ridículo, aunque notó que varios adultos observaban con aprobación lo que parecía su gracia natural. En realidad, solo era que con su mentalidad podía seguir mejor las instrucciones y las actividades. Anastasia resultó ser su pareja para una de las danzas, y Michael se sorprendió al descubrir que era bastante agradable cuando no estaba bajo la mirada escrutadora de su madre o hermana mayor. "Bailas bien," comentó mientras se movían en el patrón prescrito. "Gracias. Tú también," respondió Michael honestamente. "¿Es verdad que tu padre conoce al Rey desde hace muchos años?" preguntó en voz baja mientras giraban. Michael la miró con curiosidad. "¿Cómo sabes eso?" "Mi madre dice que los caballeros como tu padre son muy respetados por la corona. Dice que por eso todos los tratan con tanta deferencia." "¿Tu madre habla mucho de mi padre?" preguntó Michael, recordando la tensión que había notado anteriormente. Anastasia se ruborizó ligeramente. "Dice que es... muy honorable. Y que habría sido un excelente marido para cualquier dama noble." Ah, pensó Michael, las piezas encajando. Entonces había habido consideraciones matrimoniales en el pasado. La danza terminó sin incidentes, y Michael se sentía genuinamente orgulloso de haber navegado tanto la política social como los pasos de baile sin causar ningún desastre. La noche concluyó con presentaciones de diversos artistas de la corte - músicos virtuosos, acróbatas, un poeta que recitó una balada épica sobre las glorias de Auradon, y finalmente una exhibición de fuegos artificiales desde las torres del castillo. Los fuegos creaban patrones elaborados contra el cielo nocturno - flores que se abrían en cascadas doradas, dragones que serpenteaban en verde esmeralda, y finalmente el escudo real de Auradon brillando en azul y oro. "¿Cómo hacen que los fuegos formen figuras tan precisas?" preguntó Michael, genuinamente fascinado por la pirotecnia. "Los maestros artificieros de la corte han perfeccionado sus técnicas durante generaciones," explicó Henry con el conocimiento enciclopédico que solo un príncipe bien educado podía tener. "Usan diferentes pólvoras y tintes. Es tanto ciencia como arte. O bueno eso dice lord Edmund" Mientras regresaban a su alojamiento, Michael caminó en silencio pensativo, procesando todo lo que había aprendido. ……………………………………………………………………………………………… La mañana siguiente llegó con una invitación formal entregada por un paje real: el Rey Magnus solicitaba la presencia de Sir Alexander para una partida de ajedrez en los jardines privados del castillo, mientras que Lord Edmund había organizado juegos y entretenimientos para los jóvenes nobles en el patio de armas. "Una semana en la capital," murmuró Sir Alexander mientras se vestía en sus mejores ropas matutinas, "y ya tengo más compromisos sociales que en todo el año en casa." "Es el precio de tu reputación, querido," sonrió Lady Clarisse, ajustando los pliegues de su vestido de día. "El Rey no invita a cualquiera para ajedrez personal." Michael fue preparado para los juegos con ropa práctica pero elegante - una túnica de lana fina que podía soportar actividad física sin verse inapropiada para la compañía real. Cuando llegaron al patio de armas del castillo, se encontraron con una reunión de aproximadamente veinte niños nobles de diversas edades, desde los cinco años hasta los trece. "¡Michael!" Henry corrió hacia él con entusiasmo genuino. "¡Mira lo que han preparado!" El patio había sido transformado en una serie de estaciones de juego. Había un área para competencias de tiro con arco adaptadas para niños, una sección de esgrima con espadas de madera acolchadas, juegos de estrategia como ajedrez y backgammon, un área para competencias de equitación en ponis especialmente entrenados, e incluso un rincón donde un bardo contaba historias interactivas. Lord Edmund, actuando como anfitrión, explicó las reglas: "Cada joven participará en al menos tres actividades de su elección. No es una competencia seria, sino una oportunidad de aprender, divertirse, y conocer a otros jóvenes nobles de todo el reino." Michael decidió comenzar con ajedrez, donde se encontró jugando contra un niño de siete años llamado William, hijo de un conde del oeste. "¿Has jugado mucho?" preguntó William mientras movía su primer peón. "Un poco con mi padre," respondió Michael, estudiando el tablero. En realidad, había sido bastante bueno en ajedrez en su vida anterior, pero necesitaba ser cuidadoso de no demostrar habilidad demasiado avanzada. La partida procedió de manera entretenida. Michael permitió que William tomara algunas de sus piezas mientras desarrollaba lentamente una estrategia ganadora, haciéndolo parecer como si estuviera aprendiendo durante el juego en lugar de ejecutar un plan predeterminado. "¡Jaque!" anunció William con satisfacción. "¡Bien jugado!" respondió Michael genuinamente, moviendo su rey a seguridad. Entonces ejecutó una secuencia que había estado preparando durante diez movimientos. "Pero creo que... jaque mate." William estudió el tablero con sorpresa, luego sonrió. "¡Eso fue increíble! ¿Cómo viste esa combinación?" "Supongo que tuve suerte," respondió Michael modestamente, mientras pensaba que jugar con los niños a este tipo de juegos debería considerarse trampa, después de todo cualquier estudiante universitario le podría ganar a un niño. Su siguiente actividad fue tiro con arco. Los arcos eran pequeños y apropiados para niños, con blancos colocados a distancia segura. Michael nunca había usado un arco, ni en esta vida ni en la anterior, así que su inexperiencia era completamente genuina. Les habían dado unos brazaletes de cuero para sus antebrazos, Michael había escuchado que se les llamaba brazales y servían para que los jóvenes que estaban aprendiendo tiro con arco no se mataran solos, al parecer al jalar la cuerda del arco sin la técnica adecuada a veces esta podía golpear tu antebrazo y dependiendo de la tensión y la fricción, podría dejarte un moretón o incluso hacer un corte profundo en el brazo del arquero y si le daba a una vena entonces ese era el final del camino. Michael pensó que realmente no deberían está haciendo esto a su edad, pero estaba en otra época y los valores eran diferentes aquí. "Mantén el brazo firme," aconsejó el instructor, un arquero veterano de la guardia real. "Y respira profundamente antes de soltar." Michael siguió las instrucciones cuidadosamente. Descubrió que se necesitaba una gran fuerza para poder tensar adecuadamente la cuerda y más para sostenerla en su lugar, en uno de esos intentos, perdió el agarre en la cuerda y esta le dio con fuerza en el antebrazo, ahora entendía perfectamente la utilidad de los brazales. Después de su desastrosos primeros intentos, cuando pudo poner una flecha correctamente y tensar el arco disparo su primer flecha, la cual se fue muy amplia, era muy difícil apuntar sin alguna referencia visible en el arco, era prueba y error. Para la segunda flecha, Michael apunto más abajo, pero esta se quedó corta, en su tercer intento dio en el borde exterior del blanco, para los siguientes tiros ya había desarrollado suficiente coordinación para dar cerca del centro. "¡Excelente progreso para un principiante!" comentó el instructor. "Tienes buenos instintos joven". Henry se acercó después de completar su propia ronda de tiro. "¿Quieres intentar esgrima? Es mi actividad favorita". La esgrima resultó ser como esperaba. Las espadas eran de madera con puntas acolchadas, y el instructor - un maestro de armas de la corte - enfatizaba la forma y técnica más que la agresión. "La esgrima no se trata de fuerza bruta," explicó mientras demostraba posiciones básicas. "Se trata de equilibrio, sincronización y estrategia." Michael observó a los otros niños con interés. La mayoría se movía con la torpeza esperada de principiantes, pero algunos de los mayores mostraban técnica decente. Sus propias lecciones con su padre habían sido básicas pero sólidas, y su rutina diaria de ejercicios - algo que había mantenido religiosamente desde que se dio cuenta de que estaba en un mundo donde eventualmente necesitaría defenderse - le había dado mejor coordinación que la mayoría de niños de su edad. Cuando fue emparejado inicialmente con Henry para una demostración básica, ambos mostraron competencia apropiada para principiantes bien entrenados. Pero entonces el instructor tuvo una idea. "Michael, me pregunto si podrías intentar un asalto con Thomas," sugirió, señalando al niño de ocho años que había mencionado los viñedos familiares. "Es uno de nuestros espadachines más prometedores entre los jóvenes en la capital." Thomas se acercó con la confianza que solo venía de la experiencia. Era claramente más fuerte, más alto, y había tenido más años de entrenamiento formal. "¿Estás seguro?" preguntó Thomas, no con arrogancia sino con preocupación genuina. "No quiero lastimar a un niño pequeño." "Estaré bien," respondió Michael, adoptando la guardia que su padre le había enseñado. Lo que siguió fue revelador. Thomas atacó con la técnica sólida de alguien bien entrenado, pero Michael se movía de manera diferente. Donde Thomas usaba fuerza y técnica memorizada, Michael usaba su velocidad y mentalidad adulta. Esquivaba cuando era esperado que bloqueara, atacaba desde ángulos inusuales. Sus movimientos no eran los más elegantes - claramente le faltaba la memoria muscular de años de práctica que tenía su padre o los adultos- pero eran efectivos contra su oponente de maneras que sorprendieron a todos los observadores. El intercambio culminó cuando Michael, en lugar de intentar igualar la fuerza superior de Thomas, utilizó el momento del ataque del niño mayor contra él, girando de una manera que dejó a Thomas fuera de balance y permitió que Michael hiciera un corte en su espalda descubierta, aunque debido al material de la madera fue más un golpe contundente. El golpe fue un poco mas fuerte de lo que estaría correcto en un combate de practica, pero Michael no pudo evitar usar mas fuerza de la necesaria debido al comentario anterior de su oponente. "¡Toque!" anunció el instructor, claramente impresionado. "Excelente uso de la creatividad en el combate, Michael. Thomas, tu técnica es sólida, pero Michael te superó en mente." El instructor asintió con aprobación. "Una lección valiosa para todos. La esgrima no se trata solo de fuerza o velocidad - se trata de usar la mente. Michael demostró que la creatividad y el pensamiento estratégico pueden superar las ventajas físicas." Henry se acercó después del intercambio, claramente emocionado. "¡Eso fue increíble! ¿Tu padre te enseñó ese movimiento?" "Me enseñó los principios," respondió Michael cuidadosamente. "El resto fue... improvisación." Durante el descanso para el almuerzo - una comida ligera servida en los jardines - Michael tuvo la oportunidad de conversar con varios de los otros jóvenes nobles. Era fascinante escuchar sobre diferentes partes del reino desde las perspectivas de niños que habían crecido allí. "En nuestras tierras del norte, tenemos las mejores canteras de mármol del reino," explicaba una niña llamada Eleanor, de ocho años. "Mi padre dice que el mármol de nuestras montañas se usa en todos los edificios importantes de la capital." "Y en nuestros dominios del sur, tenemos los mejores viñedos," agregó un niño llamado Thomas. "Mi abuelo dice que el vino de nuestras colinas es solicitado incluso por reyes de otros países." Michael escuchaba con fascinación genuina, construyendo mentalmente un mapa de las fortalezas económicas y culturales de diferentes regiones del reino. Era interesante aprender sobre las tierras que esperaba algún día poder explorar. "¿Cómo son las tierras de tu familia?" preguntó Eleanor. "Escuché que tienen hermosos bosques." "Sí," respondió Michael pensativamente. "Bosques grandes con árboles muy antiguos. Y mi padre dice que la tierra es muy fértil para la agricultura. Tenemos campos que producen trigo y cebada de muy buena calidad. Aunque no se si esa sea la especialidad de nuestra tierra, nunca le he preguntado a mi padre" ………………………………………………………………………………………………... Durante la tarde, mientras los niños continuaron con sus actividades, Michael notó que varios adultos observaban ocasionalmente desde las galerías que rodeaban el patio. No era observación intrusiva, sino el tipo de supervisión discreta que padres nobles prudentes mantendrían sobre sus hijos en un entorno social importante. En una pausa entre actividades, Michael vio a su padre acercándose por los jardines, claramente terminando su partida de ajedrez con el Rey. "Buenas tardes Padre, ¿cómo fue su juego con Su Majestad?" preguntó Michael cuando Sir Alexander se acercó. "Instructivo," respondió Sir Alexander con una sonrisa que sugería que había sido más que solo ajedrez. "El Rey es un estratega formidable, tanto en el tablero como fuera de él. ¿Y cómo han sido tus actividades?" "Muy interesantes. He aprendido mucho sobre diferentes partes del reino, y los instructores son excelentes." Sir Alexander miró alrededor del patio con aprobación. "Lord Edmund siempre organiza estos eventos con mucho cuidado. No solo entretenimiento, sino educación práctica para la próxima generación de liderazgo del reino." Esa noche, durante la cena en su alojamiento, Michael finalmente tuvo la oportunidad de hacer algunas preguntas que habían estado acumulándose en su mente. "Padre," dijo mientras cortaba cuidadosamente su carne, "hoy varios de los otros niños hablaron sobre las especialidades de sus tierras - mármol, vino, cosas así. ¿Cuál es la especialidad principal de nuestras tierras?" Sir Alexander intercambió una mirada con Lady Clarisse antes de responder. "Nuestras tierras son conocidas principalmente por dos cosas, Michael. Primera, agricultura de alta calidad - nuestros granos y productos lácteos son considerados entre los mejores del reino. Pero más importante, somos conocidos por la calidad de los hombres que han servido bajo mi mando." "Pero no he visto soldados en nuestras tierras, ¿Cómo es eso posible?" "Durante la última Gran Guerra de Varidian, lideré varias campañas militares. Los hombres que sirvieron conmigo desarrollaron reputación por su disciplina, valor y habilidad. Cuando regresamos, muchos de esos veteranos eligieron establecerse en nuestras tierras como campesinos y artesanos. Su experiencia y carácter han elevado la reputación de toda nuestra región." Lady Clarisse agregó, "Tu padre es considerado uno de los mejores caballeros del reino, Michael. No porque entrene soldados - eso sería trabajo de otros señores que mantienen ejércitos activos - sino por su propia reputación y la calidad de los hombres que eligieron seguirlo." "¿Sigues siendo un caballero activo?" "Sí, pero de manera diferente ahora. Arcadia, ha estado en paz durante generaciones - desde que el Rey Arturo limpió el continente de las oscuridades antiguas hace varios siglos. La mayoría de los reinos mantienen solo fuerzas menores para crímenes y asuntos internos. El reino de Auradon es diferente porque mantenemos una fuerza militar real, y la Orden de las Rosas Doradas." "¿Qué es exactamente esa Orden?" Sir Alexander intercambió una mirada con Lady Clarisse antes de continuar. "Es una orden de caballería especial, avalada por la Iglesia, que sirve únicamente a Dios y su objetivo es proteger a todos los hombres, mujeres y niños del mal. Cuando surgen amenazas en cualquier continente - guerras, tiranías, males antiguos que resurgen - la Orden puede intervenir." ………………………………………………………………………………………………. Los días siguientes siguieron un patrón similar. Por las mañanas, Michael participaba en varias actividades educativas organizadas por diferentes nobles - una sesión de cartografía con un explorador de la corte, lecciones de historia con el historiador real, e incluso una introducción a los principios de administración territorial con uno de los contadores del reino. Las tardes frecuentemente incluían eventos sociales más formales - tés con familias nobles específicas, paseos por los jardines reales, y ocasionalmente presentaciones culturales en el Gran Salón. Michael comenzó a notar patrones en las interacciones sociales. Ciertas familias claramente estaban evaluando alianzas potenciales para el futuro - no matrimonios inmediatos, dado que todos eran aún niños, sino conexiones que podrían desarrollarse en beneficios mutuos décadas en el futuro. Su propio estatus parecía más elevado de lo que había anticipado. Los otros nobles trataban a los Tremaine con respeto significativo, y varios hicieron comentarios sutiles sobre la "reputación distinguida" de Sir Alexander. En una ocasión, durante un té en los jardines con varias familias, Michael escuchó una conversación fascinante entre su padre y Lord Marcus, uno de los otros caballeros especiales. "El Imperio en Varidian ha tenido varios problemas para contener a las criaturas oscuras últimamente en su frontera," murmuró Lord Marcus en voz baja. "Nada serio aún, pero el Rey está considerando enviar una delegación diplomática." "¿Diplomática?" preguntó Sir Alexander. "Sabes bien como es el emperador Humberto. No aceptaría ayuda con ese tema." Sir Alexander asintió pensativamente. “Tendremos que ser cuidados en cómo se presenta esa delegación". Michael fingió estar prestando atención a su conversación con Henry sobre la colección de mapas del castillo, pero internamente estaba fascinado. El mundo cada vez se hacía más grande y emocionante. Esa noche, durante su última cena formal en la capital, Michael reflexionó sobre todo lo que había aprendido durante la semana. Su mundo era más complejo, más sofisticado, y más lleno de oportunidades de lo que había imaginado inicialmente. Y él mismo parecía tener un lugar más significativo en ese mundo de lo que había anticipado. "¿Estás listo para regresar a casa mañana?" preguntó Lady Clarisse mientras terminaban su cena. Michael consideró la pregunta. "Sí," respondió finalmente. "Pero también espero regresar aquí algún día. Hay mucho más que aprender." Sir Alexander sonrió con orgullo paternal. "Con esa actitud, pequeño señor, estoy seguro de que llegaras lejos." Mientras Michael termina su cena y se alistaba para dormir pensó que su vida en este mundo estaba resultando ser mucho más interesante de lo que había esperado.
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