ID de la obra: 706

¿Cuándo se esta enamorado?

Slash
G
Finalizada
1
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6 páginas, 2.788 palabras, 1 capítulo
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Otra nota mala

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¿Cuántas veces se puede sacar una mala nota por tener la cabeza en otro lado? No importaba si ya había cambiado de asiento o si se sentaba junto al escritorio del profesor, Deuce no mejoraba sus notas, sus tareas podían ser perfectas pero... Mientras la clase B estuviera en conjunto con la de Deuce para las lecciones de Historia Mágica, podría ser que terminara reprobando, todo por no poder concentrarse teniendo a Epel de compañero. La conversación que tuvieron en la playa, fue algo más que el desahogo de dos estudiantes bajo la presión del NVC, fue algo que "fortaleció" el vinculo invisible entre sus muñecas. Una oportunidad que podría llevar a una gran amistado o tal vez... al amor. Eran estudiantes de primer año, sus corazones no estaban amancillados como otros.

***

—Deuce... ¿otra vez? —pregunto Shamato, mirando el ensayo escrito en clase por el peliazul—. Ya no tenías estas faltas de ortografía, antier habíamos repasado la guerra de las papas, la época dorada de la piratearía, ¿por qué... Sus palabras se detuvieron. Su mirada había ido a Deuce, reprenderlo con suavidad y preocupación por ese retroceso académico, pero al verlo ¿desanimado? ¿distraído? ¿pensativo? ¿Cómo podrías llamar a un chico que parecía somnoliento con rubor en el rostro? Mirando, Duce miraba al fondo de su izquierda, en donde unos mechones lavanda se asomaban mientras intentaba leer su tarea de Astronomía. Shamato dejó las hojas sobre la mesa, sentándose junto a Deuce para ver esos mechones lavanda moviéndose como si el viento los abalanzaban porque... Epel estaba escondiendo a escondidas. —Cuando comienzas a mirar así, no hay vuelta atrás... —murmuro el castaño, clavándose un bolígrafo como si fuera una daga en el pecho—. Te atrapo el amor, agh... El pequeño querubín esta atacando por fin a los de primero, ¿Quién será la victima que me remplace? Deuce reacción, tiñendo sus mejillas de rojo. —¿Yo? yo no... N-no estoy mirando a nadie. —Ay la negación —su cuerpo se inclino hacía atrás, posando el brazo para cubrirse los ojos—. La dulce negación que no dicta el corazón sino el cerebro... —su expresión se volvió sería a incorporarse—. O eso es la mayor parte de las veces. —Senpai, no estoy entendiendo lo que dice. El castaño volvió a tomar las hojas de la mesa, acomodándolas entre sus manos. —No dije nada, solo te comentaba que de nuevo estas teniendo faltas de ortografía. —Lo siento, es vergonzosos saber que no estoy avanzando en nada —bajo la cabeza—. Tomo lecciones con usted tres veces por semana y aún así... Mis calificaciones están bajas. —Es porque solo te centras en un aspecto —dijo, palmeándole la cabeza—. A veces se necesita descansar de los estudios o te puedes agobiar y el cerebro ya no querrá almacenar nada, ¿por qué no sales? —No puedo, Riddle-senpai me diría que no por mis bajas notas. —Él tampoco esta del todo en los estudios —confesó, volviendo a mirar discretamente en dirección a Epel—. Si fuera así, incluso teniendo excelentes notas y tomando tal cual sus palabras, no tendría tiempo de beber té, comer pasteles o andar ahí cortando cabezas o... soltando, ejem... Hizo una pausa, apoyando los codos sobre la mesa, inclinándose para jugar intentando equilibrar el bolígrafo en la nariz. —Los descansos no son solo cerrar los libros, también es respirar y divertirte un rato —continuo, cuidando de tener el bolígrafo en la nariz—. Hace poco ganaste una carrera ¿no es así? —Más que ganarla, quede en segundo lugar contra Jack. —Un segundo lugar sigue siendo bueno —tomo el bolígrafo, volviendo a tocarle la cabeza a Deuce, con la excepción de que le revolvió el cabello—. Te esforzaste mucho Deuce, no puedo sentirme más orgulloso de mis kohais y es por eso que quiero darte un regalo. El rostro de Deuce borró aquella culpa. —¿Un regalo? —repitió, sonriendo—. Creo que podre alardeárselo a Ace cuando vuelva al dormitorio. —Y más porque no es cualquier regalo —tomo uno de sus libros, sacando lo que parecía ser un separa libros— ¡Taran~! Boletos para la Copa Piston... Deuce los tomo de inmediato, se veía más feliz y no podía creer que pudieran ser boletos de entrada especial que solo se les concedía a los familiares o amigos de los corredores. —De verdad... ¿De verdad me los puedo quedar? —pregunto Deuce, como si los boletos fueran de oro—. Es imposible comprarlos, estos no tienen valor alguno, se puede incluso estar en los Pits. Senpai... ¿Cómo los consiguió? —El corredor 16 y yo... somos de la misma familia —sonrió, habiendo algo de burla en su expresión—. Digamos que le sobraron dos boletos y me los regalo, uno es para ti y el otro para Epel. —¿Epel? —sus mejillas enrojecieron—. Creí que el otro sería para Ace. Shamato negó con la cabeza. —Nono, Ace está castigado por recursar Analítica Mágica. Epel... —ladeo la cabeza a un lado, manteniendo una sonrisa en labios—. Digamos que se lo gano por lo del último partido de Magif. Ustedes dos les gustan las carrera, vayan juntos. —No se que decir, muchas gracias Senpai. —No es nada, es para que te diviertas y puedas volver a concentrarte. Así que espero que en el siguiente examen te vaya mejor.

***

Mirar esos boletos en sus manos, la oportunidad que todo fanático desearía, al menos una vez, vivir. Aunque aún no había visto la cartelera para saber la distribución de algunos corredores, el simple hecho de poder estar en los Pits y tener lugares en "primera fila" era más que suficiente, solo... quedaba el detalle de como invitar a Epel sin parecer que fuera una cita. Aunque si quería que fuera eso, una cita para poder entender que era lo que tanto estaba mirando en la manzanita rebelde de Pomefiore, porque no encontraba nada "dulce" en Epel, nada tierno sino un chico que podría darle una enorme paliza si se metía con él o lo hacía enojar.

"No te dejes engañar por unos ojos coquetos"

Recordaba los consejos de Ojo-kun,y debía darle la razón. Mientras otros se guiaban por la manera tan dulce, frágil y delicada que aparentaba Epel; Deuce miraba lo increíble que era con el cuchillo, lo temerario que era en las competiciones de Magif, arriesgándose sin importarle salir herido en las estrategias de todo o nada de Leona... de la manera en que soltaba el primer puñetazo tan certero que ni él mismo veía. Una verdadera manzanita envenenada, para él. Solo que... aun no estaba convencido si podía decirse que estaba enamorado o no.

***

Deuce camino de un lado a otro por el corredor que conectaba el espejo con Hearslabyul, mirando los boletos, la fecha y la hora para la carrera que solo sería transmitida por paga. Pensaba en la manera en ir a Pomefiore, burlar la seguridad de Rook y... ¿pedirle permiso a Vil? de pensarlo sentía que era semejante a pedirle a los padres de Epel el poder salir con él, y eso hacía que el nerviosismo fuera peor. Vil no dejaría que fueran a una carrera de autos, mucho menos subirse a un auto y dar una vuelta sabiendo cuanto barro y suciedad había en la zona de mecánicos, pero... ¿se apiadaría si sabía que otro Senpai había dado la recompensa? y no uno cualquiera, era Shamato, el residente de Ignihyde que siempre terminaba adoptando estudiantes de primer año desde su segundo año de residencia. Epel, Jack, Sebek, Ace y él eran los estudiantes "adoptados", aunque Ace y Deuce parecían más los "hijos" con los que Shamato compartía custodia, como todo un divorció que acabo en buenos términos. Riddle estaba al tanto, tendría el permiso, pero... Vil sería "el padre que diría que no". Deuce no lo pensó nada, era un todo o nada. Respiro profundo y fue directo al espejo de Pomefiore, sin mirara atrás, solo enfocado en obtener ese permiso por parte de Vil para poder ir junto con Epel a la carrera. Ya después pensaría en como invitar a Epel o darle el boleto que le corresponde. —¡Schoenheit-senpai! —grito, entrando a la sala común. Pero su sorpresa fue que en la sala también estaba Epel, siendo regañado por contrabandear frituras y tenerlas ocultas debajo de la cama. —¿Qué ocurre, Deuce? —pregunto Vil, con un guion enrollado en las manos. —Yo... yo... —sintió como la garganta se le cerraba—. Vengo a...  —Habla claro —ordeno el rubio, perdiendo la paciencia— ¿A qué haz venido? Deuce bajo la cabeza, como una reverencia mientras entregaba los boletos hacía Vil. sin atreverse a hablar sin hacer que su voz fuera a cortarse o a tartamudear. Vil se mostró confundido, tomo los boletos y con solo ver el auto impreso ya sabía de que se trataba. Su mirada se endureció. —De ninguna manera —dijo Vil, regresándole los boletos—. Si piensas llevarte a Epel, mi respuesta es no. Esta castigado y hasta que baje la grasa de todas las frituras que consumió no va a salir del campus. —¿Qué? ¡Debe ser una broma! —protesto Epel—. No me puedes castigar por comer. —Las frituras están prohibidas, Epel —recordó Vil, golpeando la mesa de té con el guion enrollado—. No solo comiste algo fuera de lo permitido, tenías incluso contrabando y comías fuera de los horarios de desayuno, comida y cena. —Schoenheit-senpai, debe haber una forma de que deje ir a Epel, solo será una noche —insistió Deuce. —¿Una noche? ¿Quién me garantiza que no comerá carbohidratos o grasas mientras esta en la carrera? —nuevamente cuestiono—. Esos lugares venden verdadero veneno para la salud, sin contar que el ruido puede aturdirlos. También hay una alta taza de accidentes, de ninguna manera van a ir. —Oh Mon cher —intervino Rook—. Estas siendo muy duro con nuestros kohai's, ¿qué te tiene de tan mal humor? —No intervengas Rook, Epel rompió tres reglas y estará castigado con clases de Ballet. Epel de solo escuchar que tendría que practicar Ballet, posiblemente por un mes, se arrojo a los pies de Rook en búsqueda de su intervención. —Hunt-senpai, ayúdeme... ¡No me pueden mandar a bailar como niña! —¡No es bailar como niña! —Vil le golpeo la cabeza con el guion enrollado—. Es disciplina, sincronización, elasticidad y corrección de postura.   —¡Es la tortura! —lamento Epel, sin querer apartarse de las piernas de Rook. Deuce no sabía como convencer a Vil. Rook no parecía tampoco tener idea de como interceder por Epel, por lo que no quedo de otra que usar las influencias de su tutor. —Ojito-senpai... —su voz fue baja, tomando valor al saber como mentir—. Schoenheit-senpai, si no puede concederle a Epel de acompañarme a la carrera, quiero su permiso para que... ¡Epel me acompañe a mis tutorías con Ojito-senpai! —¿Qué? —Epel lo miró, incrédulo— ¡De ninguna manera voy a tomar tutorías con Ojito-senpai! ¡prefiero el Ballet! ¡waaah, Vil no me mandes a tutorías! Vil se mostró complacido. —No es mala idea, tú y Deuce van a la misma clase de Historia Mágica —recordó, sin perder aquella sonrisa arrogante—. Las calificaciones de tus últimos exámenes, tanto en Historia, analítica y Astronomía fueron bajas, le pediré a Shamato que te haga repasar todo. —¿Incluso si eso significa tener que pasar la noche estudiando? —pregunto Rook, preocupado—. Mon Amour, saber que Monsieur œil no conoce la piedad, será mucho para nuestra manzanita. —Bueno, eso debió pensar antes antes de casi reprobar —cruzo sus brazos, mirando a Epel con desaprobación—. No solo Epel, también Jack tuvo mal rendimiento, seguro Leona comprenderá que como líderes no podemos dejar que los kohai's tengan mal rendimiento. —También Ace se unira —añadió Deuce, intentando sonar convincente—. Nos reuniremos también con Sebek, Grimm y Yuu en Onboro. —Ya escuchaste Epel, y pobre de ti en donde no tomes la tutoría completa —advirtió Vil.

***

—No a sé a quien debería cortarle los hilos primero —cuestiono Shamato, teniendo en frente a varios estudiantes de primero para tutorías. Vil solo le había hecho el comentario a Riddle sobre las tutorías, solo para cerciorarse de que fuera verdad y, que Epel no fuera a fugarse con Deuce a la carrera. Aunque fuera una mentira improvisada, termino volviéndose real, ya que Riddle fue con Ortho para también cerciorarse de que Shamato daría aquellas tutorías, y el castaño no tuvo de otra que decir que "sí". Mientras las bolsas de dormir se acomodaban al rededor de un pizarrón, libros y tareas donde el desempeño había sido más que bajo; Epel y Deuce si habían ido podido ir a la carrera, con la promesa de regresar y "ponerse al corriente" con los demás que habían sido arrastrados, entre ellos incluso estaba Kalim, Silver y Cater, para poder reforzar algunos temas, tomando en serio que quienes pasaran la noche en Onboro sería para eso, tutorías con la ratita de biblioteca.

***

El rugido de los motores hacía vibrar el suelo bajo sus pies, un estruendo que parecía sacudir hasta el aire mismo. El olor a gasolina, caucho quemado y comida rápida se mezclaba en el ambiente, mientras las gradas temblaban con los gritos y vítores de la multitud que agitaba banderas y pancartas coloridas. Los autos pasaban como relámpagos, dejando tras de sí un eco metálico y una ráfaga de viento que erizaba la piel, aturdía los oídos con el rugir de los motores. Entre todo ese caos, a Deuce le resultaba imposible concentrarse en otra cosa que no fuera Epel. Aunque el ruido era ensordecedor, él sentía que podía escuchar con nitidez la risa del estudiante de Pomefiore, esa chispa que se escapaba entre gritos de emoción cada vez que un auto tomaba la curva con riesgo de volcar. Podía verlo inclinarse hacia adelante, los ojos brillantes reflejando las luces del circuito, el cuerpo vibrando con la adrenalina del momento. Sintiendo timidez siempre que Epel también lo miraba o hacía el esfuerzo por no parecer tan obvio al hacerlo, teniendo igual que Deuce las mejillas enrojecidas por algunos segundos. —¡Ahí va! —señalo Epel hacía la pantalla, golpeando el suelo con los pies al no contener su emoción—. El corredor 16... ¡Acheron Viator! —Si llega antes que el número 44 podrá liderar la salida de los pits —dijo con emoción. —Tres vueltas más, ¡Ya es la final! —la euforia subió, tomo de las ropas a Deuce con fuerza— ¡Gracias por traerme, Deuce! ¡Es la mejor noche de mi vida! —T-también la mía —tartamudeo, mirando la emoción de Epel en el rostro. Las últimas vueltas mantuvieron a todos al borde del asiento. Deuce se mordía el labio, contagiado por la tensión de Epel, que no apartaba la vista del corredor con el que ambos habían apostado sus esperanzas desde que inicio la temporada. Cuando llegó la última vuelta, el mundo pareció contener la respiración. El corredor 68 aceleró, adelantando en la recta final; detrás de él, el 16 y el 44 peleaban palmo a palmo hasta que la línea de meta los recibió en ese orden definitivo. La multitud estalló en un rugido ensordecedor, una ola de vítores que sacudía los oídos. Epel saltó de su asiento, gritando junto con el resto del público. Su favorito no había ganado, pero la emoción lo envolvía igual, vibrando con la adrenalina que seguía viva en el aire, en todo su cuerpo mientras veía el celebrar del número 68 por haber ganado el final de temporada junto a su equipo. En ese instante, mientras todos celebraban, Deuce se inclinó, convencido que era un ahora o nunca, aprovechando que sus palabras se ahogarían entre tanto ruido. —Me gustas, Epel. No lo había dicho para que necesariamente se oyera, si Epel lo rechazaba iba a fingir que no había dicho nada, que esas palabras recitadas con tanto temor envuelto en valía solo había sido una distorsión por el ruido de las gradas. Sin embargo, Epel giró hacia él, aún con las mejillas encendidas por la emoción, y con la misma energía que agitaba al público, le sonrió amplio, sin perder su ánimo. —A mí también me gustas. Deuce se levanto, sintiendo como sus rodillas buscaban traicionarle. —Entonces... Epel... ¿quieres salir conmigo? ¿ser mi novio? —¡¿Qué?! ¡No te escuche!  Los cañones de confeti comenzaron a estallar. Ninguno de los dos prestaba atención a la pantalla en donde el ganador estaba recibiendo la tan aclamada Copa Piston, el baño en champaña o el enorme cheque decorativo. Deuce lo grito de nuevo, Epel no lo alcanzo nuevamente a escuchar, siendo la acción siguiente de Deuce que dejó claro su punto: un beso en los labios, pero no uno mágico sino uno torpe, ese que demostraba que ninguno de los dos, o al menos Deuce... nunca había besado a nadie. Epel lo acepto, riendo y tomando las manos de Deuce. —Vil nos va a matar por esto pero... ¡Si es contigo, quiero seguir metiéndome en problemas! —¡Vamos a romper más reglas!
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