Ingrid
17 de septiembre de 2025, 19:13
Ingrid miró hacia el horizonte en una la última playa de Les Rotes en Denia,de madre sueca y padre dianense,siempre había vivido en la Costa Blanca,permanente bronceada y de un rubio dorado,era de una belleza superlativa,siempre con su colgante de la estrella de mar de la buena suerte,cinco puntas,el cinco era su número de la suerte decía.
Ella había sido consciente desde pequeña,y a partir de los trece años de que solo le gustaban las chicas,había tenido decenas de novias,juramentos de amor veraniegos que desaparecen como la espuma de las olas en su adolescencia.
Romances tórridos en una casita encalada,que siempre estaba sin alquilar en el Montgó.
Le encantaba nadar y bucear,vendía a los veraneantes y turistas lo que pescaba,o bien recogía brevas e higos de los barrancos,unas en julio,otros en agosto,también deliciosa uva de mesa,era vegetariana y asilvestrada.
Su padre tenía un bar en la carretera de Les Rotes,y su madre una agencia inmobiliaria en el centro del pueblo en la calle Diana.
Tenía un don especial para distinguir las chicas heteros de las lesbianas,no era ave nocturna de bares,ni de discotecas.
Un guiño,una palabra dulce a una turista,a una chica en el bar de su padre,o a alguna clienta a la que su madre le mandaba para que le enseñara las calas más bonitas caían en sus redes.
Tenía cierta amoralidad,no le importaba haber roto decenas de corazones,el placer,siempre el placer y la diversión,que se destilaban en una sonrisa pícara en su rostro pecoso hacía que las chicas cayeran a sus pies.
Había iniciado en muchas en el descubrimiento de su sexualidad y de su condición de lesbianas,cada día era diferente para ella,y no le gustaban los vínculos,aunque estuviera saliendo con una chica,al día siguiente podía salir con otra,sin ningún tipo de remordimiento.
No le gustaba que le sacaran fotos,decía que te robaban el alma,su madre le había sacado alguna en las playas rocosas,pero nada más.
Solo una vez,aquella chica de Madrid a la que abandonó sin compasión al final del verano anterior.
¿Qué tenía,quince años?
Le había rogado entre lágrimas que se dejase sacar una foto con su Polaroid y que luego la dejaría en paz,un chica muy extraña,melancólica,fue una relación especial,pero rara,la chica pálida y morena que no se bañaba en el mar,ella se reía y le tiraba agua.
Era bellísima,recordaba,como la Purísima que sale en la procesión del pueblo en el Cristo de la Sangre en verano.
Pero después de la foto,Ingrid se marchó sin ni siquiera despedirse,ni una pulsera de recuerdo,ni un beso,ni la promesa de una carta.
Nada.
¿Cómo se llamaba aquella chica?
Hacía calor aquel día de julio,Ingrid sacó una pequeña lupa,le encantaba generar arco iris,estaba intentando una cuando se fijó en la luz que refractaba el cristal.
Esa luz,esa chica apagada
Era de Madrid,de esa de colegios de monjas.
Entonces miró al cielo,sus ojos se deslumbraron.
Y recordó el nombre.
Lo olvido inmediatamente,saltó sobre las rocas con sus pies descalzos.
Un amor más un amor menos.
¿Qué más daba?
El placer de vivir era lo único que importaba.