Capítulo 7 - Nuevos aprendizajes
27 de mayo de 2026, 18:35
Capítulo 7: Nuevos aprendizajes
El manto nocturno se había extendido más allá de las minas y el prado. La luz se había ido y todo más allá de la periferia de la ciudad había sido engullido por la oscuridad de una noche nubosa y sin estrellas, el escenario ideal para que un peculiar trío hubiese podido acceder a la ciudad sin ser detectado.
El complejo industrial se encontraba relativamente cerca de la zona residencial, donde se concentraba la mayor iluminación. Animales de toda clase, especialmente aquellos que otrora vivieron junto a los humanos en sus propios hogares, rondaban algunas plazas y vecindarios aún durante la noche. La energía eléctrica no había sido un problema para ellos, pues las redes de energía solar habían permanecido relativamente intactas ante el paso del tiempo. Algunos traían noticias acerca del estado de las redes así como reportes sobre la mantención de las mismas, pero lo cierto era que, por las noches, contaban con bastante luz para ver venir a los salvajes si llegaban a acercarse y, para muchos, eso era suficiente.
Pero a su vez, pocos se atrevían a circular cerca de lo que alguna vez fue un complejo industrial lleno de movimiento y vida -la falta de iluminación, sumada a inquietantes reportes y rumores habían convertido el área en un sitio indeseable. La mayor parte de la ciudad sabía que aún debía quedar maquinaria y herramientas que podrían resultar útiles, pero ocurridos los primeros ataques de los salvajes, mucho de lo que alguna vez habría sido un cotizado sitio de abastecimiento resultó dañado o destruido. Los edificios grandes, las bodegas y los pasillos oscuros se habían convertido en el escondite ideal para ellos tras llevar a cabo las incursiones a la ciudad, y por ese motivo, prácticamente el barrio entero había caído en el abandono -en lugar de asegurar la zona, entendiendo que requeriría de una vigilancia permanente que nadie estaba entusiasmado en aceptar, las mascotas habían reforzado el enrejado que rodeaba el complejo con cuanto encontraron, dejándolo más o menos aislado del resto de la ciudad. Si los salvajes querían instalarse allí, sería mucho más fácil atraparlos bloqueando su única salida: un sitio en construcción compuesto de tuberías y desagües.
Pese a todo -al peligro latente de que una nueva incursión convirtiera la zona en una trampa sin salida; a la falta de iluminación y conectividad con la ciudad; a la distancia relativamente extensa entre el área residencial con aquella, alguien había hallado en los obstáculos la oportunidad que estaba esperando: un zorro.
No era sorpresa que fuera un inadaptado: aquel zorro apenas tenía contacto con el resto de la ciudad y su presencia en la misma no era vista con buenos ojos. Las noticias y los rumores circulaban a toda prisa entre los animales (no sólo entre los conejos, como él mismo le había contado a su peculiar compañera mecánica), y ciertamente habían tenido su efecto. Los más recurrentes rumores eran que el zorro era una suerte de espía, alguien en quien no se podía confiar y que sólo aparecía en la ciudad con la idea de conseguir provecho.
Algunos decían que era un mentiroso y un embaucador, un estafador, un ladrón. Otros decían que había sido expulsado de las huestes de los salvajes, y que por eso lo habían visto dirigiéndose hacia los bosques alguna vez. Los más osados incluso comentaban que lo habían visto comerciar con los salvajes cosas que seguramente había robado.
Lo cierto del asunto, era que casi todo lo que se decía sobre Roy tenía algo de verdad -y él, lejos de sentirse acomplejado, lo usaba como una armadura. Contra todo pronóstico, su reputación era una herramienta que había aprendido a aprovechar: podía jugar con los rumores y las mentiras según la situación. Si alguien temía que fuera un espía, podría cumplir ese rol. Si otro creía que tenía información valiosa que compartir, entonces la tenía. Si alguien había oído que el zorro podía conseguir cosas que nadie más, era el indicado.
De modo que cuando EV-32 y su cachorra entraron a lo que él llamaba algo así como un hogar aquella noche nubosa, no imaginaban el rumbo que tomaría su historia por haberse topado con tal peculiar animal. La casualidad, o tal vez el destino, había llevado a la robot a las minas a tiempo para encontrar a aquella pequeña en su momento más crítico, y a su vez, para bien o para mal, la había puesto en la mira del zorro, que ahora la tenía justo donde la quería.
-Cuando ocurrió el despertar, los salvajes básicamente empezaron a devastar cuanto había de la sociedad humana cuanto antes. -empezó Roy, que guiaba a la robot a través de aquella bodega atestada de cosas de toda clase. La cachorra se les había unido mientras esperaban que la leche se entibiara. -No hicieron distinciones tampoco: si lo hicieron los humanos tenía que irse, así de simple. Estaban en la periferia de las ciudades incluso antes de que las mascotas llegaran a organizarse, así que mucho de lo que había por aquel entonces se perdió. La resistencia de las mascotas eventualmente los obligó a replegarse hacia territorios menos urbanos, pero diría que la mayor parte del daño que provocaron fue durante el primer mes, o algo así. No sabían mucho, pero no se requiere de un genio para saber que el fuego destruye todo, y se propaga rápido.
-¿Hubo heridos? -preguntó 32, algo inocentemente. Roy dio un breve suspiro y asintió. -Lamento escucharlo, y espero que no haya sido muchos. Debió ser un periodo muy difícil. -agregó ella, reflexionando sobre lo que el zorro comentaba. Más por amabilidad que por otra cosa, centró su atención en él y su relato para evitar distraerse con la infinidad de cosas que el zorro tenía almacenadas ahí. Era su elefante en la habitación, por así decirlo, y la cachorra ciertamente lo hizo notar pues ya se encontraba olfateando y revisando todo con creciente entusiasmo.
-Fue un periodo difícil, sí, pero las mascotas supieron manejarlo. Los animales de la ciudad tenían ventajas respecto de muchas cosas, como el alimento, herramientas y demás. Muchos de ellos ya tenían un hogar también: la casa que compartían con sus humanos, sus… amos, como algunos los llamaban, pasaron a ser suyas. Una vez que empezaron a organizarse más elaboradamente, intentaron hacer algo con los animales callejeros. Algunos tenían para entonces hogares demasiado grandes para ellos solos, pero no todos estaban dispuestos a compartir. Fue un lío. -el zorro se encogió de hombros. -Otros simplemente se quedaron donde pudieron. Afortunadamente los humanos tenían sitios enormes que no estaban destinados para la vivienda como tal, así que torres de oficinas, centros comerciales y demás pasaron a ser centros de reunión para muchos animales. Lo que al principio fue un plan para no dejar territorio disponible para los salvajes, con el tiempo se fue convirtiendo en una especie de sociedad improvisada.
-Entiendo. Empezaron a usar los implementos humanos para su propia subsistencia. Creo que tiene sentido. -comentó la robot, que ahora sí miraba las largas estanterías en que el zorro, con aparente cuidado, había dispuesto su colección. -¿Estas son herramientas también?
-Oh no, no, eso lo tengo en otro lado. Aquí, pues… aquí está *lo bueno.* -el zorro sonrió de oreja a oreja, sin disimular ya su interés en empezar a presumirlo todo.
-¿Lo bueno?
-Oh sí, lo bueeeno. -le guiñó un ojo a la robot y entonces se volteó a revisar la primera estantería. Tanteó el suelo con los dedos un momento mientras dirigía la mirada hacia una pila de cosas, entrecerró los ojos cuando vio una segunda, chasqueó la lengua cuando se quedó examinando más de cerca una tercera. Pasó una cuarta estantería de largo con una mueca, y de pronto se dio cuenta de lo difícil que era elegir con qué empezar. Era algo importante ciertamente, pero además quería dar la mejor primera impresión -si algo tenía, y sabía reconocerlo, era el toque del espectáculo.
De modo que casi estaba dando la vuelta a un pasillo cuando divisó justo lo que quería, y lo tomó con las patas delanteras con firmeza antes de ocultarlo tras de sí. La robot se le unió entonces, además de la pequeña loba que había regresado rápidamente al perder de vista a 32.
-La humanidad… oh, qué cosa tan rara y compleja, ¿no? Su historia es tan rara como fascinante, y es que inventaron y desarrollaron, ¡tantas cosas! No imaginarías todo lo que hicieron en su tiempo en nuestro mundo –okey, no todo fue bueno, y estoy seguro de que hay varias cosas que querrían que no recordáramos, pero hey, nadie es perfecto, ¿no? -prosiguió antes de que la robot contestara. -Así que contempla… ¡uno de los mejores testimonios de la humanidad! -el zorro estaba ocultando aquello con su cola, y de pronto lo reveló ante ellas. Un dispositivo rectangular y casi completamente plano reposaba sobre las patas del zorro. -¡Es… un celular, ta-da!
-Da-da. -murmuró la cachorra imitándolo, que miró aquel objeto antes de acercarse y olfatearlo. No parecía gran cosa, y sentándose empezó a mirar qué más llamaba su atención.
-¿Un celular? -preguntó la robot, que observa aquel dispositivo, analizándolo en detalle. Su pantalla apagada no resultaba especialmente llamativa.
-¡Un celular! Ahora mismo no parece gran cosa, pero si presionas este botoncito de aquí… -el zorro lo mantuvo durante unos segundos, y entonces el dispositivo vibró suavemente mientras la pantalla se llenaba de luz. Esferas de colores aparecieron, rebotando por unos segundos mientras el sistema inicializaba, y así el dispositivo recapturó de inmediato la atención de la lobita. Una vez iniciado, el dispositivo pasó al menú principal, cuyo fondo de pantalla era nada menos que una foto del zorro, sentado y sonriendo.
-Eres tú. -dijo EV-32, que se acercó a mirar el celular. Parpadeó, y con cuidado se asomó para mirar detrás de las patas del zorro, con las que sostenía el dispositivo. –¿Cómo funciona?
-¿Ibas a preguntar cómo me metí ahí? -la robot negó con la cabeza. El zorro rio suavemente al imaginarlo. -Tiene una cámara, todos los celulares de la época la tenían. Pero eso no es todo, también puedes grabar videos, jugar, escribir cosas… para cuando los humanos desaparecieron, no había ya celulares que no tuvieran acceso a Internet.
-Internet. -EV-32 se quedó en silencio un momento. Sabía que su mente albergaba alguna definición por ahí, pero mientras daba con ella, Roy se adelantó.
-Una red interconectada de datos. -la robot lo miró, algo sorprendida de lo técnica que sonaba la explicación. -Hasta donde sé, usaban… máquinas, satélites y así, para que pudieras usar internet. Los humanos usaban internet para todo, desde trabajar hasta presumir sus juntas con amigos. Podían comprar cosas, contratar servicios, comunicarse con otros usuarios, lo que sea… -el zorro se quedó mirando el celular. -Por desgracia ya no funciona, creo que manejar las máquinas que lo mantenían es algo demasiado técnico aún… pero hey, se vale guardar las esperanzas, ¿no?
-Pareces muy interesado en este… internet. -comentó la robot, que empezaba a imaginar qué cosas podrían hacerse con una red así.
-Me habría encantado conocerlo, ¿sabes? -Roy dejó el celular sobre una de las estanterías. -Mucho de lo que podría contarte no lo entenderías aún, así que… volveremos a eso después. -se volteó, girando los ojos algo decepcionado, pues en efecto: si quería que la robot quedara sorprendida, internet era algo demasiado grande para ser su primer acercamiento. 32, por su parte, ya iba imaginando la cantidad de cosas que los humanos podrían haber compartido en su momento, y sí, la idea llamaba poderosamente su atención.
-Hey, ¿qué dices de esto? -el zorro la llamaba, y cuando la robot lo miró, notó que estaba mostrándoles a ambas otro objeto rectangular, este más grueso, y con letras grandes y rojas en la portada. Un símbolo que ella no conocía adornaba la misma. -Este es otro pilar que marcó el desarrollo de las sociedad humanas… ¡te presento, el libro! -el zorro se levantó sobre las patas traseras mientras lo sostenía en lo alto. -Cuando los humanos empezaron a registrar cosas, cuando aprendieron a escribir, ese fue uno de los momentos más importantes de su historia. Prácticamente impulsó todo lo demás, y las ideas que iban plasmando en el papel con el tiempo se convirtieron en algo más elaborado. Con el paso de las décadas, empezaron a escribir sobre toda clase de cosas: historia, arte, tecnología… ¡incluso empezaron a crear sus propias historias! -EV-32 observaba al zorro y a lo entusiasmado que estaba, y una parte de sí pudo notar lo contagiosa que era la sensación. -Crearon historias de ficción que movieron a muchísima gente, y crearon fenómenos que muchísimos seguirían después… ¡oh, algunos fueron tan, tan famosos, que los tradujeron en varios idiomas! -dejó el libro y tomó otro, que le mostró a ambas. Ese segundo libro le gustó más a la cachorrita, porque la portada era más colorida y sus letras más amigables a la vista. -¡Varios de ellos tenían zorros! -comentó con alegría, como si eso fuese algo determinante.
-¿Esta es una historia de ficción? -consultó la robot, que observaba la portada con detenimiento. Había un zorro, sí, pero también un humano aparentemente joven a su lado.
-Lo es, y tiene un mensaje. -comentó él, que apoyó el libro en el suelo y lo abrió. Dentro había más imágenes que se iban mezclando con las palabras. -Este es famoso porque es muy emotivo, ¿sabes?
-¿Emotivo? -inquirió atentamente la robot.
-Sí, quiere decir que es algo que evoca emociones, que las provoca. Algunos de los libros más populares del mundo son como este: usan una historia inventada para intentar enseñar algo. Valores, más que nada, o alguna lección importante. -sus propias palabras hicieron que recordara algo, y a toda prisa el zorro guardó el segundo libro para pesar de la cachorra, que miraba las ilustraciones con agrado. Un tercer libro cayó abierto ante ellas, antes de que el zorro lo sostuviera con las patas. Aunque fuera un detalle pequeño, 32 observó cómo Roy evitaba a toda costa manipularlos con su hocico.
-Estos son de mis favoritos. -confidenció Roy, que les enseñó a ambas las ilustraciones de aquel libro. Para deleite de la pequeña, también tenía ilustraciones de animales, y ahora había más que sólo un zorro. Parejas y grupos de animales iban alternándose entre las historias. Resulta que, no por coincidencia, había muchos zorros en esas ilustraciones. -Estaban principalmente dirigidos a niños, y usaban animales para contar historias que debían reforzar alguna lección. Les presento uno de mis tipos favoritos de historia: la fábula.
-Usaban historias de animales para enseñar. Suena divertido. -dijo EV-32 con sinceridad, y entrecerró los ojos con sus orejas-antenas ligeramente inclinadas hacia atrás, su manera de sonreír. Sonreía, porque podía ver lo contenta que lucía la cachorrita mientras agitaba su colita, admirando las ilustraciones. Las mismas estaban estilizadas y utilizaban colores vibrantes y llamativos, de modo que eran especialmente estimulantes para una mente infantil. Si la idea era atraer la atención de los niños humanos, ciertamente había resultado también con los animales pequeños.
-Los zorros son recurrentes en las fábulas. -comentó 32, mientras leía una historia acerca de un zorro y un cuervo.
-Es que nos retrataban muy bien, ¿sabes? Si aparece un zorro, tiende a ser el animal más astuto e inteligente de la historia. -dijo él con un tono soberbio, sonriendo mientras admiraba una de sus patas.
32 terminó de leer la historia.
-“El que te alaba sin conocerte, sólo busca su propio provecho”., leyó ella en voz alta.
-¿Mmm?
-El zorro engañó al cuervo para comerse su trozo de queso. -dijo ella, que miraba ahora al zorro. -La frase al final de la historia es la lección que pretende enseñar, ¿verdad?
-Pues… sí, pero ya sabes cómo es… intenta leer otra, las relacionadas con zorros siempre son divertidas.
32 volteó la página con cuidado. Y leyó en silencio.
-“No hagas algo sin pensar en las consecuencias: quien pide tu ayuda podría no prestarte la suya.”
-Suena a una buena lección.
-Sí. Trata de un zorro que engaña a una cabra para que entre en un pozo.
-Okey, ¿y si leemos otra cosa? -Roy cerró el libro y lo guardó.
-Está bien. -32 se incorporó, pues se había puesto a la altura de la cachorrita mientras leía. La pequeña la miraba con ojos brillantes y curiosos. -Roy. -el zorro se volteó a verla una vez que guardó el libro. -¿Crees que podría leer algo para ella después?
-¿Algo… para ella, dices?
-Sí. Creo que le gustan las imágenes, pero tal vez las disfrute más si cuento la historia para ella. -dijo la robot mientras posaba una pata con delicadeza sobre la cabeza de la pequeña, que rio dulcemente cuando la máquina rascó una de sus orejitas.
-Pues… sí, eso estaría muy bien. Sólo hay que encontrar el libro correcto: los humanos escribían de todo. Créeme, de todo. -la mirada del zorro se perdió en la nada por un momento, y tragó saliva. -Ojalá algunos nunca hubieran aprendido a escribir… ¡en fin, sigamos! -dijo retomando su ánimo habitual, siguiéndolo confundida la robot. -Hablando de cosas didácticas, ¿qué te parece si hacemos una parada especial? Tal vez tu cachorra quiera aprender una cosa o dos sobre algo que encanta a los niños… -el zorro trepó sobre una caja y encendió un interruptor, iluminándose una nueva área que de inmediato maravilló a la lobita. -¡Juguetes!
La cachorra dio un gritito de emoción, y empezó a dar saltos de entusiasmo en el mismo lugar mientras su mirada maravillada era incapaz de mantenerse fija por más que unos segundos. Un mundo de color apareció ante ella en esa zona que ninguna había llegado a ver incluso, y es que, como ya iban aprendiendo, el zorro *realmente* tenía sentido del espectáculo.
Formas, colores y tamaños de toda clase relucían a lo largo de las estanterías, cuidadosamente acomodadas por el zorro, en una tarea que de seguro no fue breve ni simple. Animales de peluche, humanos con extraños trajes y criaturas que escapaban a la de momento limitada imaginación de la robot estaban cuidadosamente dispuestos, estando algunos plenamente al alcance mientras que otros estaban resguardados por burbujas de plástico y cajas transparentes. Prácticamente todos los que mantenían algún empaque tenían llamativas letras con toda clase de mensajes, algunos particularmente llamativos e ingeniosos. EV-32 se acercó para examinarlos de cerca, mientras la cachorrita a su lado meneaba con rapidez la cola, encantada por la enorme cantidad de estímulos que recibía con sólo mirar a lo largo de aquel mueble.
-Tienes muchos juguetes aquí, Roy. -observó curiosa mientras iba revisando todo. Puede que no supiera mucho aún, pero algo en ella parecía advertirle que no debía manipular cosas que no eran de su propiedad.
-Lo sé, fue un trabajo bastante largo conseguir todo. No quiero presumir, pero tengo ítems muy, muy raros, ¿sabes? -el zorro hablaba con elocuencia y marcaba bien cada palabra, sin disimular el entusiasmo. -Algunos de estos son tan exclusivos, que dudo que otro animal pueda conseguirlos. -Roy se inclinó junto a una caja en el primer nivel de la estantería, y tras mover algunas cosas se asomó de la misma, teniendo en el hocico una suerte de disco plástico con botones y luces. -Hay juguetes de todo tipo aquí, desde lo más básico a las rarezas que te comenté. Algunos de estos son interactivos también, mira esto. -el zorro puso el disco en el suelo, y la robot se puso a revisarlo. Tenía ilustraciones extrañas y coloridas, con letras de diversa fuente y tamaño. Ella no sabía lo que era, pero tampoco podía lógicamente asumir qué se supone que estaba viendo; el formato y las ilustraciones eran drásticamente diferentes entre sí.
El zorro sonrió animado, y presionó un botón en el disco. Los parlantes del mismo tintinearon antes de emitir un sonido vibrante, y entonces se encendieron sus luces aleatoriamente. La lobita, que casualmente había tomado sin preguntar una pelota de goma, la dejó caer al ver y oír el breve espectáculo.
-“Ven conmigo si quieres vivir.” -dijo una voz masculina desde el disco.
La robot se tensó al instante y empezó a mirar alrededor, alerta.
-¿Estamos en peligro, Roy? -preguntó sin dejar de mirar, mientras el zorro se reía suavemente.
-No, no, es un juego de trivia. Son frases de películas, ¿ves? -el zorro le mostró las ilustraciones. -Esa frase es de esta, ¡es un clásico! -agregó, emocionado.
-Entiendo. -32 se relajó, mientras la lobita intentaba tocar los botones en el disco, queriendo escuchar la melodía otra vez. Roy no lo permitió. -¿Cómo reconoces las frases?
-Pues tienes que verlas, así las recuerdas. Algunas son de escenas tan geniales que las ves una sola vez, y entonces las recuerdas por muuucho tiempo.
32 observó las ilustraciones en el disco, curiosa.
-Entonces, ¿todas estas son películas diferentes?
-Ajá, películas diferentes con diferentes temas, estilos, directores, actores, actrices, música… las películas que los humanos hicieron son un mundo en sí mismo, y por suerte tengo muchas aquí también. -añadió con una gran sonrisa, dejando que la pequeña apretara el botón en el centro del disco. La musiquita sonó otra vez y ella soltó una breve risilla, encantada.
-“La vida es como una caja de chocolates. Nunca sabes lo que te va a tocar.”
-¿Chocolates?
-Sí, son dulces. Es… es una metáfora, ¿entiendes? Las cajas de chocolates traían toda clase de ellos, de modo que si tomabas uno al azar, no tenías cómo saber lo que te tocó hasta que lo probaras. Lo que te toca y si te gusta o no, dependía sólo de la suerte.
-Parece algo poco práctico. -observó la robot.
-Sí, bueno, hay un cierto encanto en no poder controlar todo. -el zorro devolvió el disco a la caja, notando cómo la pequeña loba se asomaba a mirar dentro de la misma. -¿Ves algo que te guste? -tal como él, fue ahora la cachorra la que sacó, con más esfuerzo, un segundo disco, que dejó frente a sí misma. -Ah, tiene sentido… esto es más divertido para los niños, supongo. -la cachorra agitó rápidamente su colita mientras olfateaba el juego, cuyas ilustraciones consistían en animales representados en un estilo caricaturesco.
La pequeña sonrió con entusiasmo, y entonces presionó el botón al centro del disco. Como antes, una melodía brotó por los parlantes con un sonido un poco más gastado, pero aún así suficientemente agradable.
-“La vaca dice ¡muuuuuuuu!”
Click.
-“El perro dice ¡guau, guau!”
Click.
-“El gato dice ¡miau!”
Los tres se quedaron mirando el disco un momento, en silencio.
-Un poco desactualizado, ¿no? -dijo finalmente el zorro.
-Sí.
La cachorra volvió a presionar el botón.
-“El lobo dice ¡awooo!”
-¡Awooooo! -repitió la cachorra, dando un aullidito melodioso y largo, contenta. 32 la miró contagiada de su buen humor.
-Hey, le acertaste. -comentó él otra vez, sonriendo. La cachorra empezó a presionar el botón una y otra vez, intentando dar con el aullido de nuevo. Cada vez que lo lograba, aullaba otra vez, feliz. -Voy a ser honesto: no pensé que, de todas las cosas que tengo aquí, algo tan simple como esto sería lo que iba a llamar su atención. Supongo que los cachorros son impredecibles.
-Creo que sí. Este juguete capturó su atención por completo. -comentó mientras la pequeña seguía jugando. -El sonido parece resultar especialmente atractivo para ella, al menos más que las ilustraciones en el juguete. ¿Todos los cachorros priorizan el sonido como diversión?
-A decir verdad, no tengo idea. Tal vez sólo le recuerda a algo; es una loba, lo primero que hacen es aprender a aullar. -dijo él, encogiéndose de hombros. En ese momento, una idea pareció cruzar su mente, mientras la pequeña seguía jugando con el disco. -Hey, creo que es un buen momento para mostrarte otra cosa. Ven, 32. -le indicó con el hocico que lo siguiera, lo que ella hizo rápidamente, pero no sin mirar atrás. La lobita miró a la robot y en lugar de dejarlo, tomó el disco entre sus dientes para llevárselo con ella.
Roy se había internado en un galpón contiguo que estaba más oscuro. La robot se detuvo antes de internarse en la oscuridad para que la pequeña no temiera, y tras unos momentos, tal como en el cuarto anterior, los focos las bañaron con una luz potente que reveló todo el galpón para ellas. EV-32 avanzó en la ahora iluminada sección, y estaba por hablar cuando un sonido muy peculiar las envolvió. Una melodía salía de unos parlantes grandes, ubicados en cada extremo del amplio galpón, de modo que la acústica era algo como no habían tenido fortuna de experimentar hasta entonces. La máquina, curiosa, se decidía a avanzar en busca del zorro y para ver de cerca todo lo que había en aquel galpón, pero algo la convenció de quedarse, de detenerse en ese momento, como si de algún modo hubiese intuido que estaba por descubrir algo nuevo. Lo que empezaba a oír no era una melodía breve ni un tintineo como el que provino del juguete; era algo diferente, más elaborado… un instrumento musical que ella no conocía enviaba vibraciones a través de la zona, con un ritmo suave que invitaba a relajarse. EV-32 se detuvo, y en lugar de mirar lo que tenía a su alrededor, profundamente llamativo, se centró en lo que oía.
Una voz se unió al instrumento y entonces EV-32 abrió bien los ojos, sin terminar de dar crédito a lo que oía. Como pocas veces le había pasado hasta entonces, el eco mecánico de su mente desapareció, y entonces sólo estaba ella. Ella y esa voz misteriosa, ese sonido suave…
-Uuuh, uuuh, uuuh
Uuuh uuuh uuuh
En algún lugar, sobre el arcoíris
Bien, bien arriba
Y los sueños que soñaste
Una vez, en una melodía de cuna
Esos sueños, se hacen realidad
La pequeña se le había unido, guiada por la melodía y por aquella voz. EV-32 no veía a su alrededor, pero cuando la cría se ubicó a su lado, la máquina bajó la vista, y sus ojos se encontraron.
Un día pediré un deseo a una estrella
Despertar con las nubes bien detrás de mí
Donde los problemas se derriten, como gotas de limón
Muy por encima de la chimenea, allí
Allí me encontrarás
En algún lugar, sobre el arcoíris
Aves azules vuelan
Y el sueño que te atreves a soñar, oh, ¿por qué?
¿Por qué no podría yo también soñar?
Sin poder explicarlo, se había perdido en la música. La melodía, la voz… ese momento en que sólo estaba ella, y ahora también su cachorra. De algún modo también parecía haberlo sentido la lobita, porque su afán de repetir el aullido en aquel juguete se había ido tan rápido como había llegado -algo allí, junto a aquella cosa metálica que la protegía, la había llamado, porque era un momento para ambas. Los ojitos brillantes de la loba estaban fijos en las luces azules que conformaban los ojos de la robot, y durante la duración de la canción, ninguna despegó la vista de la otra.
Roy lo había visto también -tan pronto como reprodujo la canción se había trepado sobre un viejo mueble repleto de discos, pero aún con su forma de ser, no había podido interrumpir ese momento. En su lugar, lo observó con atención… y esa canción que le gustaba, pero que no representaba necesariamente algo especial para él, de pronto empezaba a tener otro peso. Y fue especialmente extraño para él sentir algo en su pecho, cuando hacia el final de la canción la pequeña cachorrita se acercó más a 32, que sin vacilar la rodeó con sus patas, dejándola reposar sobre su pecho mientras la pequeña cerraba sus ojos. Ambas se mantuvieron así hasta que los últimos acordes cerraron la canción y la voz se difuminó, dejando el galpón sumido en silencio.
El zorro bajó hábilmente de aquel mueble y se asomó entre unas cajas vacías, aclarando su garganta.
-Bueno, ya ves… hay música -indicó con su hocico el disco de juguete- y hay… música. -él mantenía una gran sonrisa mientras empezaba su explicación, aunque en eso la robot lo tomó por sorpresa. Después de asentir, dijo:
-Sí. ¿Podríamos escucharla otra vez, por favor?
-Oh… sí, seguro… esa te gustó mucho, ¿eh?
-Sí. Es la primera vez que oigo algo así.
-Pues… supongo que tengo suerte de poder enseñarte algo como esto, jeje, personalmente creo que es una de las cosas más importantes que los humanos pudieron desarrollar… no digo que hayan inventado la música como tal, pero cuando empiezas a escuchar las canciones que hicieron, las composiciones, uff… hay que darles crédito, ¿sabes?
-Sí. -repitió la robot. -Es una melodía muy agradable, Roy. Su letra es muy emotiva, también.
El zorro asintió, y se estaba dirigiendo hacia la radio cuando, ya fuera de vista, se detuvo a pensar en lo que acababa de oír. Frunció el ceño, confundido.
“¿Una máquina acaba de decirme que la letra de una canción es emotiva? ¿Una máquina?”, pensó para sí, y se quedó un rato pensando en ello.
“¿En qué me estoy metiendo?”, bufó suavemente, y luego presionó un botón en el reproductor, pensativo.
Los acordes de aquel instrumento volvieron a inundar el galpón y la cachorra, que había abierto los ojos, se quedó mirando a la robot mientras meneaba lentamente su cola. EV-32 le mantuvo la mirada, y mientras ponía atención a la melodía, la voz y la letra, mantuvo a la lobita cerca de sí. Una sonreía visiblemente mientras la otra lo hacía de la única forma que podía.
El zorro las observó mientras se ponía a recordar algunas partes de su vida. La canción pareció alargarse mucho mientras lo hacía, de modo que dio un suspiro de alivio cuando la misma se fue extinguiendo por segunda vez.
-Okey, así que eso es música, ¡bravo! -dijo él mientras aparecía súbitamente desde detrás de unas cajas. -¿Qué tal?
-Es muy agradable oír la música. -sentenció la robot, y la forma medio tosca de decirlo hizo que él se riera brevemente.
-Sí que lo es. Y esto es apenas una muestra; la música que los humanos compusieron es demasiada… no creo que uno tenga tiempo para oírla toda, pero vale la pena escuchar todo lo que se pueda. Lo cual es una suerte, porque resulta que tengo un montón para mostrarte también.
-Creo que a ella también le gusta mucho. -comentó la robot, mientras la lobita daba un ladridito, feliz.
-Así parece. Tiene buen gusto, eso sí. -el zorro se sacudió un poco y luego se dirigió a un mueble ubicado entre los parlantes, contento. Una enorme pila de discos se encontraba cuidadosamente ordenada allí, con algunos afiches amontonados junto a aquel mueble. -Esa es una canción relajante. ¿Cómo la llamaste? Emotiva también. Pero los humanos, tal como hicieron con los libros y las películas, compusieron una gama ¡enooorme! -dijo mientras abría bien las patas para acentuar su punto -de música. Música alegre, música triste, música para bailar, música para pensar… prácticamente hay géneros musicales y artistas para la vibra que se te ocurra.
-¿La vibra? -preguntó 32, que se había aproximado al mueble seguida de la lobita, que se había olvidado del juguete para centrarse en lo que sea que el zorro estuviera haciendo.
-Sí, ya sabes… el estado de ánimo, el ambiente, la onda…
-¿La onda? -volvió a preguntar la robot.
-Ajá. La onda es… es eso, ¿entiendes? El estado de ánimo, el ambiente… si estás organizando una fiesta, dirías que los invitados estarán en una vibra, una onda fiestera, ¿ves? En cambio, si te sientes muy triste, dirías que estás en una vibra distinta. Escucharías música que se ajuste a tu vibra, el estado en que estás en ese momento. -intentó explicar.
-¿Los humanos oían música triste cuando estaban tristes? -preguntó 32, confundida. -¿Por qué?
-Pues porque estaban tristes. -Roy levantó una ceja. -Muchas de las canciones representan el ánimo en que los músicos se encontraban cuando las compusieron, así que una canción que hable sobre tristeza, resuena más con alguien que esté triste. Es más… ¿cómo lo diría? ¡Ah, identificable! Te identificas con la canción, y eso hace que sea más especial para ti. ¿Entiendes?
-No estoy segura. -se sinceró la robot. -Si alguien se siente triste, ¿no sería mejor escuchar música feliz, para que así se sienta feliz?
-Es que los estados de ánimo y las emociones son algo bastante complicado, 32. -dijo él, pensativo. -A veces la gente, asumo que igual que los animales, tienen que permitirse sentir ciertas cosas, aún si no son agradables. No escuchas música feliz para dejar de estar triste; tú sólo… aceptas esa tristeza, y lidias con ella hasta que te sientes mejor. No todos lidian con las emociones del mismo modo; tiene que ver con tu historia, tu personalidad… algunas de las mejores canciones que existen se compusieron desde el dolor de algún momento, de alguna pérdida. Si te pones a pensarlo, plasmar ese dolor en una canción también puede ser un modo de lidiar con él, ¿no?
-Supongo que sí. -admitió la robot, que se quedó pensando en todo eso, y en cómo fue oír la canción junto a la pequeña. -Las emociones son complicadas.
-Sí, lo son. Y hablando de complicado… -el zorro sonrió mientras empezaba a revisar sus discos. La primera canción había sido todo un éxito -la robot la había apreciado aún más de lo que él esperaba. Pero desde ahí, ¿qué? ¿Qué podría posiblemente ser la mejor opción, ahora que 32 y su cachorra tenían una idea genuina de lo que era la música?
Tomó uno y lo examinó, pensativo. ¿Podría servir?
La portada eran varias imágenes en cuadrículas. Un toro, un auto, ¿una… estrella formada con monedas? El título estaba en un idioma extraño. Estupendo álbum, pero, ¿era lo que podía mostrarle como genuino primer acercamiento a la música, en concreto? No, no; si no había oído el otro, no apreciaría la evolución musical de la banda hacia esos elementos más electrónicos… el zorro entrecerró los ojos. ¿Y ese otro álbum, el del árbol en la portada? Al menos visualmente estaba menos cargado, y las canciones eran menos extrañas para quien estuviera escuchándolo por primera vez… pero tenía canciones que precisamente hablaban sobre el amor, sobre violencia, sobre la pérdida… ¿demasiado que explicar? Sí, demasiado que explicar.
Dejó el disco junto a la pila y luego tomó otro.
“Esta banda es genial, seguro que le gustará”. Se quedó mirando la portada. El muro blanco con letras rojas no era demasiado provocativo, no suscitaría demasiadas preguntas. Por su parte, ¿el contenido?... El sonido era fantástico y a él le encantaban los solos de guitarra, pero el contenido… habría mucho contexto político que explicar—demasiado contexto político que explicar, de hecho. Lo dejó y tomó otro de aquella banda. El fondo negro con el prisma de colores era icónico, pero a la vez el sonido era demasiado psicodélico para un oyente casual. Ella haría demasiadas preguntas y él no podría explicarlo todo sin quitarle ritmo al álbum. Además, estaba hecho para escucharlo de corrido. No, no lo apreciaría. No como él, al menos, y por eso lo descartó también.
¿Otro? Demasiado deprimente. ¿Aquel? Demasiado alegre. ¿Qué tal este? Demasiado abstracto. ¿Qué dices de este otro? Demasiado autorreferente.
El zorro suspiró, frunciendo el ceño otra vez. Miraba largamente la pila de discos intentando dar con uno apropiado, estaba sorprendido y frustrado a la vez por lo mucho que la elección estaba costándole. Mientras ella esperaba pacientemente, la cachorra dio un bostezo y se acercó a mirar los afiches mientras Roy seguía debatiéndose. Encontrando uno que llamó su atención, la cachorrita jaló con el hocico uno y el zorro, que seguía absorto en su tarea, sólo se dio cuenta cuando la pequeña casi rompió aquel afiche -moviéndose rápido para evitarlo, el zorro tiró con la cola la pila de discos, que se regaron por el suelo detrás de él. La cachorrita se encogió rápido, asustada por el ruido y apenada de haber hecho una travesura, aunque el grito del zorro se debió principalmente a ver deshecho en un segundo el orden que le había tomado tanto.
Roy se acercó a los discos que se habían desparramado, agradecido de que ninguno se rompió. Tomó uno con el hocico para ponerlo en su lugar mientras la robot se acercaba a ayudarlo, e incluso la pequeña loba dejó los afiches para ayudar a ordenar.
El ejercicio tomó menos de lo que le habría tomado sólo a él, aún con las distracciones de su nueva compañía, por lo que tuvieron oportunidad de charlar aún cuando el mueble iba retomando su contenido usual. Para cuando fueron terminando, él había tenido la oportunidad de explicarle a la robot algunas de sus bandas favoritas y, atendida la respuesta y nivel de interés según sus explicaciones, fue refinando un poco su búsqueda mental. Seguía siendo una tarea difícil, pero al menos sentía que estaba más encaminado.
-¿Entonces siguieron sin el cantante? -preguntó ella, curiosa.
-Bueno, sí, pero ya no fue lo mismo. Verás, no es imposible continuar sin el cantante, pero muchas bandas cambiaron su enfoque una vez que dejaron de tenerlo. No siempre se le puede reemplazar. No es sólo el cantante en todo caso; a veces las bandas se retiran por perder a cualquiera de sus integrantes.
-Entiendo. Es difícil mantener a todos los integrantes por varios años aún si una banda es exitosa, ¿verdad?
-Depende de los integrantes, pero generalmente sí. La música lleva a muchos a ser famosos y reconocidos, y esa clase de vida también lleva a ciertos excesos… lujos imposibles de mantener, algunos vicios, todo eso… es una charla para otro día, porque tiene que ver con otra parte de la historia humana. Te adelanto que será una charla algo curiosa, en especial porque actualmente algunos animales también han caído en eso.
-Sé que será una charla muy interesante. Gracias, Roy. -dijo ella amablemente mientras le entregaba el último álbum. El zorro lo recibió, y mientras lo colocaba en su lugar, se quedó pensando un poco más.
-De veras que no creerías la cantidad y la variedad musical que los humanos tenían. No era sólo algo que oías porque te gustaba tal y cual banda; estaba en todos lados. Comerciales, juegos… -recordó el juego de las frases, y animado, volvió la cabeza hacia ella mientras acomodaba un par de afiches junto al mueble de los discos. -También eran parte vital de las películas, las llamaban “banda sonora”, y la mayoría de las veces era música específicamente compuesta para una película. No ha sido fácil dar con muchas, pero tengo una que otra por ahí. -hizo una breve pausa y luego continuó: -Muchas veces qué tan memorable era una película no sólo dependía de si era buena, o si tenía frases que se te quedaban en la memoria, sino también por su música. Le daba ese… ambiente, ¿entiendes? Podrías decir que le daba sazón a todo el asunto.
-¿Sazón? -32 ladeó ligeramente la cabeza.
-Ajá, sazón. Es como… condimentar algo, ponerle a la comida algo que realza su sabor.
-Suena como algo muy gratificante. -comentó la robot. -Aunque no soy capaz de comer, entiendo la idea.
-Al menos sigues pudiendo disfrutar otras cosas. -puntualizó él, con una leve sonrisa. -Y pareces alguien que aprecia el arte, así que aún hay mucho que puedo enseñarte. -una vez más él se quedó reflexionando un momento, y luego asintió ligeramente, musitando un “sí…” entre dientes. No hizo ademán de ocultar su sonrisa mientras volteaba a verla otra vez. -Y hablando de cosas que enseñarte y de banda sonora… -el zorro se apresuró a tomar un disco y rápidamente se dirigió hacia el reproductor. EV-32 y su cachorra lo miraron con curiosidad, mientras ella se asomaba a ver la caja del disco que Roy se había llevado. En ella, se podía apreciar a un humano de cabello oscuro y con el torso desnudo, usando guantes rojos y un short de color blanco. Letras grandes y blancas formaban una palabra corta que era aparentemente el título de alguna película.
Dun.
Dun dun dun.
Dun dun dun.
¡Dun dun duuuun!
EV-32 escuchaba curiosa, notando de inmediato que la melodía era drásticamente diferente a lo que había oído antes. Era un sonido más enérgico, electrónico. El instrumento que abría la canción previa hacía juego con una voz dulce y suave, pero ahora el sonido era más potente y una voz distinta, más grave, se integraba al ritmo.
-¡Esta es de una banda sonora! -exclamó para hacerse oír por sobre el volumen de los parlantes, mientras el rostro del zorro se asomaba por sobre las cajas como antes.
-Es muy diferente a la anterior. -comentó la máquina, que escuchaba con atención. Una parte de ella aparentemente sentía algo similar al agrado cuando aprendía cosas -y vaya que las aprendía con aquel zorro, pero si bien la música no le resultó desagradable, se vio ligeramente confundida al notar que prefería la primera canción. -¿De qué trata esta película? -dijo ella alzando un poco la voz también.
-¡Trata sobre un boxeador! -respondió él, que se paró sobre las patas traseras, decidido. Ligeramente encorvado, empezó a imitar movimientos, como si estuviera lanzando puñetazos. -Es alguien de origen humilde, que se va haciendo más conocido por su talento para luchar.
-Oh. Creo que no disfruto mucho la idea de la violencia, en general. -32 se encontraba ligeramente contrariada, en especial porque Roy parecía genuinamente divertido.
-Es que esto es diferente, es… un deporte, ¿entiendes? Es como una competencia, pero no se supone que genuinamente participas por querer herir al otro, sólo tienes que vencerlo.
-¿Dándole golpes? -inquirió ella. -¿Los humanos se hacían daño por deporte?
-Sí. ¡No!... Tal vez. -el zorro lanzó unos puñetazos más al aire y luego bajó las patas delanteras al suelo. -Los humanos hacían un montón de cosas para divertirse. No todas eran exactamente sanas tampoco, ¿recuerdas lo que te dije sobre los excesos y los vicios? -la robot asintió. -Bien, es parte de eso. El boxeo, tal como otras disciplinas, efectivamente eran deportes violentos, pero había un punto detrás de esa violencia, ¿entiendes? No te volvías un boxeador porque odiaras a otros o porque disfrutaras hiriéndolos, sino porque… tenías talento para eso, y para varios era una manera de ayudar a su familia o sus amigos.
-¿Es lo que hacía él? -32 tomó con cuidado el disco, mostrándoselo a Roy. -¿Practicaba el boxeo para ayudar a su familia y sus amigos?
-Tenía una novia, y sí, el boxear le permitía ganar dinero para tener una mejor situación. Pero la película no trata sólo sobre eso, tiene valores también. -la máquina pareció interesarse más, mientras la lobita daba pisotones al ritmo de la guitarra eléctrica, divertida. -Habla sobre la superación, y sobre la amistad. Te gusta eso, ¿no?
-Sí. -32 volvió a mirar la portada de aquel disco, y lo pensó un momento. -La violencia no necesariamente responde a un deseo de herir a otros, entonces.
-¡Exacto! Muchas veces quienes recurren a la violencia no lo hacen por gusto, sino para defenderse. A sí mismos, claro, pero también a otros. -mientras decía eso, y viendo que la robot parecía estar de acuerdo, el zorro hizo su jugada. -Considerando que me debes varios favores… estarías dispuesta a proteger a un amigo, ¿verdad? Sí, sí, sé que la violencia no te agrada y tampoco a mí, pero ya ves cómo es…
EV-32 guardó silencio un momento, buscando la manera apropiada de decir lo que pensaba. Tanteó ligeramente el suelo con sus dedos fríos, y luego habló.
-Si no tuviera otra opción, creo que estaría dispuesta a actuar violentamente, siempre que fuera para proteger a otros. A un amigo. -dijo esa última palabra de un modo más lento, como si aún estuviera procesando qué significaba.
-¡Perfecto! Ven conmigo, hora de la siguiente lección. -sin más, el zorro se lanzó a la carrera, pasando a la bodega contigua de aquel amplio balcón. EV-32 asintió y lo siguió hasta allá, mientras la canción se iba extinguiendo tras ellos. La lobita caminaba a su lado dando saltitos y, al menos de momento, se encontraba tan sobre estimulada que aparentemente había olvidado que tenía hambre. -¡Por aquí! -dijo él con esfuerzo, pues una vez que la robot hubo entrado en la bodega, las luces del techo revelaron un lugar muy extraño: plataformas de colores cubrían buena parte del piso, y sobre ellas, atadas de una especie de arco metálico, colgaban unas cosas de forma cilíndrica y de buen tamaño.
-¿Qué es esto? -preguntó ella con creciente curiosidad, y al pisar una de las colchonetas se detuvo en seco al notar cómo sus patas se hundían en las mismas. Hasta entonces no había pisado algo tan suave, por lo que se paralizó. A su lado, la cachorra revoloteaba alegremente, saltando y pisoteando con las cuatro patas a la vez esa superficie tan agradable. -Ten cuidado, podrías hundirte. -advirtió cautelosamente.
-Relájate, sólo son colchonetas de espuma. Se usaban en gimnasios y lugares así para frenar caídas y demás.
-¿Caídas? -la voz de la robot demostró preocupación, buscando instintivamente a la lobita con la mirada. La cachorra estaba dando vueltas sobre las colchonetas, sin una pizca de nervio. -¿Esto es seguro para ella?
-¿Qué más seguridad quieres? Esto soportaba un humano adulto sin problema. -dijo él, mientras silbaba para llamarla. La robot empezó a avanzar hacia él, pisando con cuidado las colchonetas hasta llegar a su lado. -Esto -el tanteó uno con ambas patas. -Es un saco de boxeo. También se les decía peras de boxeo, creo. En fin, el punto es que estos sirven para entrenar. Eran la práctica básica para aprender a moverte y a golpear.
-Entiendo. -32 se acercó al saco de boxeo, examinándolo largamente. -¿Entrenas con estos?
-Algo así. Verás, lo que haya causado el despertar nos ayudó en varias cosas, la más evidente es nuestra mente, claro, pero también hizo que algunos tuvieran más movilidad en los dedos, como te dije antes. Yo no puedo empuñar, pero tengo la impresión de que tú tal vez podrías. A ver, muéstrame una pata. -32 asintió y obedientemente levantó una pata delantera frente a él. -Nada mal, nada mal. Parece que tienes bastante movilidad en los dedos, eso será muy, muy útil… ahora, quiero que extiendas los dedos, todo lo que puedas, justo así. -el zorro le mostró cómo, poniendo una pata ante su rostro y estirando los suyos tanto como le era posible. Lo que hubiera provocado el despertar efectivamente había causado cambios, pero no era suficiente, al menos no como él pretendía. De modo que sintió bastante expectación cuando la robot estiró sus dedos mecánicos y reveló que poseía bastante movilidad en ellos. Casi podía abrirlos como si se tratara de una mano.
-Oh, sí, eso es justo lo que quería ver. -dijo él. -¿Puedes moverlos individualmente? Intenta hacer esto. -el zorro recogió sus dedos y luego extendió sólo uno, lo que sería el equivalente de un dedo índice.
-Puedo hacerlo. -imitándolo, ella cerró sus dedos para extender el mismo que el zorro le había mostrado.
-¡Eso es! Ahora intenta con este. -él le mostró lo que sería el pulgar, y la robot lo imitó a la perfección. Tenía incluso más movilidad que él, y cuando él giró su pata, también ella lo hizo. -Mantenlo así. -32 obedeció. -Ahora, gira la pata de este modo. -le mostró cómo, y entonces la robot dejó su pata ligeramente rotada, con el pulgar hacia arriba. -¿Ves eso? Es un gesto, es para indicar que todo está bien.
-Un gesto para indicar que todo está bien. Registrado. -dijo ella, mirando su dedo. -Parece un gesto útil.
-Lo es, y mucho. Mmm… que puedes moverlos individualmente sin problema, ¿no? -una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro. -¿Puedes levantar sólo el del medio, así?
-Sí. -la robot imitó lo que el zorro hacía, y cuando dejó quieta la pata, repentinamente este estalló en un ataque de risa. Curiosa, la cachorrita se asomó para ver más de cerca, confundida. -¿Este es un gesto gracioso? -preguntó la robot, tan confundida como la pequeña loba.
-Oh sí, es perfecto. -dijo el zorro, que ya imaginaba un sinfín de escenarios en que haría que 32 lo aplicara. -Es un gesto vulgar, un insulto. No sé qué significa exactamente, pero cuando quieres burlarte de alguien, le enseñas el dedo del medio. Cuando quieres poner en su lugar a algún tarado.
-Oh, no. -32 se vio contrariada, haciendo con los párpados una expresión de preocupación. Recogió su dedo al instante, y luego agitó la pata, casi como si eso hiciera desaparecer la vulgaridad de lo que acababa de hacer. -No quiero insultar a nadie, aún si es un… tarado. -dijo lo último en una voz muy baja, como si intentara discernir si era correcto usar esa clase de lenguaje frente a la cachorrita. Ninguna de las dos sabía lo que significaba, pero podía asociarlo al contexto vulgar.
-Eh, si llegas a usarlo alguna vez, espero estar ahí. -repuso él con sencillez. -Bueno, bueno, si quieres ser tan correcta siempre no tienes que usarlo si no quieres… lo que sí tendrás que usar, es esto. -él se sentó frente a 32, y tomando su pata, fue moviendo cada dedo hasta hacerla empuñar. Miró sus dedos desde varios ángulos y luego sonrió, asintiendo complacido. -Ese es un puño, sí señor. Felicidades, EV-32, tienes el potencial para ser la mejor boxeadora de la zona.
-Gracias. ¿Puedo elegir no ser boxeadora? -preguntó inocentemente, mientras el zorro reía entre dientes.
-No si quieres proteger a tus amigos… en especial a uno al que le debes tantos favores, ¿eh? -el zorro sonrió, y luego se ubicó al lado de la robot. -Imítame, ¿quieres? Te enseñaré un par de cosas.
Aún dubitativa, EV-32 asintió, y se paró sobre las patas traseras tal como él le enseñaba.
-Antes de empezar, comprobé que puedes empuñar las patas delanteras. Piensa en ellas como si fueran manos, ¿entendido? Okey, ahora lo que quiero saber es qué tanto puedes mover las patas delanteras. Piensa en ellas como si fueran tus brazos. -32 volvió a asentir, y manteniendo el equilibrio mucho mejor de lo que el zorro esperaba, empezó a abrir las patas delanteras tanto como podía. Las abrió, y luego un poco más, y un poco más. Los ojos del zorro brillaban con fuerza, sin dejar de pensar en lo mucho que la fortuna parecía sonreírle. -Mira nada más… de veras que tienes *mucha* movilidad. -comentó admirado, frotando sus patas.
-Así parece. -la máquina abrió bien las patas delanteras -sus brazos, como le habían instruido, cuando notó una ligera abertura en lo que serían sus hombros. -Creo que estoy incompleta. -llevó un dedo de su otra pata a señalar aquel hueco. -Parece ser que una pieza encajaba aquí, aparentemente conformaba un tope para mis extremidades delanteras.
-Huh. Bueno, si alguien lo quitó o si se salió sola, es una suerte. Si del cielo te caen limones… -la máquina lo miró, curiosa. -Otro decir.
Roy se paró sobre las patas traseras para mostrarle a la robot cómo posicionarse para boxear. A simple vista parecía estar en bastante mal estado, pero la máquina ciertamente tenía bastante estabilidad. No sólo podía mover las patas delanteras casi con total libertad, sino que además podía empuñar las patas, y sumado a ello, podía caminar sobre las patas traseras sin caer aún con las colchonetas, más suaves e inestables. El plan del zorro parecía ir tomando forma, ahora que empezaba a comprobar lo que su robot podía hacer.
-Escúchame bien, ¿quieres? Esto es serio. -32 puso toda su atención en el zorro, e incluso la cachorrita se había aproximado después de andar imitándolo también. -Allá afuera hay toda clase de animales. Animales oportunistas, animales malos… animales muy, muy malos… tienes la enorme, y en verdad digo, *enorme* ventaja de ser inmune a casi todo el daño que regularmente esos animales podrían infligir. Escucha esto. -el zorro golpeó con una pata la coraza de la máquina, que escuchaba atenta. El sonido metálico rebotó en las paredes de la bodega. -El hecho de estar hecha de metal te hará inmune a rasguños y mordidas de prácticamente todo animal. Pero si bien puedes ser dura, créeme, no eres invencible. Algunos animales grandes, como un oso o tal vez un alce, podrían vencerte aun siendo una máquina. Es tremendamente importante que aprendas a sobrevivir ahí fuera. Tienes que aprender a pelear, porque aún si no te gusta la violencia, para bien o para mal existes en un mundo donde la violencia es un requisito para subsistir. -suspiró suavemente antes de continuar. -Eres una máquina, una máquina con forma animal, y eso podría ponerte en la mira de animales que no van a tratarte con amabilidad, ¿entiendes? -la robot asintió, analizando cada palabra y sin interrumpir. La voz del zorro, astuta, juguetona, había adquirido un tono realmente serio que no recordaba haber oído. -Hay muchos ahí fuera que van a temerte u odiarte, y tantos otros que se alejarán de ti sin que puedas explicarles siquiera que no eres violenta y que no quieres hacerles daño. Lo siento, pero esa es la verdad, y tienes que entenderla. Tienes que, porque eventualmente podría pasar -espero que no, claro, pero en el remoto caso de que así fuera… tendrás que saber valerte por ti misma. Tendrás que saber pelear y defender a los que te importan. -Roy tomó aire, pensativo… y mirando de reojo a la pequeña loba, prosiguió: -Tienes que saber pelear, porque sólo así podrías proteger a alguien como ella. -la robot desvió la mirada hacia la cachorra, y no la quitó de ahí durante el resto de la explicación. -También tienes que saber proteger a otros, claro, como a mí. Principalmente a mí. Tu prioridad, tu misión, eh, como sea que tengas que registrarlo, es protegerme a mí, ¿está bien?
Por un breve instante EV-32 había perdido la concentración. La idea -la certeza, según como lo planteaba aquel zorro- de que tendría que recurrir a la violencia para proteger a la pequeña se había instalado en su cabeza, y provocaba en ella una mezcla de sensaciones que no se sentía preparada para descifrar.
-blemas con un oso por ahí, así que necesitaré que sepas lidiar con—hey, ¿estás escuchando? -el zorro alzó una ceja.
-¿Eh? -32 lo miró fijamente, y luego bajó la cabeza, empuñando una pata. -Sí, estoy escuchando. Aprender a pelear. -resumió.
-Aprender a pelear. -él asintió. -Si te aburriste con el discurso sólo tenías que decirlo, ¿está bien? -dijo él con fingida tristeza. -Sólo estaba intentando que aprendieras algo importante, pero no hay problema, puedes ignorarme… -empezó mientras le daba la espalda.
-Roy, discúlpame, no estaba ignorándote. -32 lo siguió de inmediato, sólo para paralizarse cuando escuchó al zorro reír.
-Ay, eres demasiado inocente. -dijo con una sonrisa burlona, ubicándose junto al saco de dormir. -Tendremos que trabajar en eso también. Pero por ahora, a lo que vinimos. Muéstrame tu pose de combate.
32 aún estaba procesando el aparente cambio de ánimo del zorro, pero obedeció. Se incorporó sobre las patas traseras, empuñó las delanteras y luego adoptó la pose tradicional de un boxeador, completa con defensa y todo. La robot aprendía rápido, eso era seguro.
-Dale un puñetazo al saco. Recuerda golpear extendiendo bien la pata, quieres que el golpe lleve energía.
EV-32 reflexionó un momento sobre lo que estaba haciendo, y por qué lo hacía. Roy insistía en que ella debía aprender a luchar, porque sería clave para subsistir. Lógicamente, si la máquina no subsistía, la pequeña no tendría quién cuidara de ella.
La robot se congeló cuando se percató de lo que pasaba por su mente.
¿A qué se refería con “quién cuidaría de ella”? La misión era llevarla con un adulto responsable, ¿no? ¿En qué momento había pasado a considerar viable cuidarla por más tiempo del estrictamente necesario para dicha directiva?
-¡Me estoy haciendo viejo aquí, golpea! -protestó el zorro.
La voz del zorro la sacó de sus cavilaciones y, tal como le había indicado, 32 lanzó un puñetazo.
La metálica pata empuñada dio de lleno en el objetivo, y vaya si fue un puñetazo. El saco se deformó al instante por el golpe, crujió y por un momento Roy temió que la robot lo había desgarrado con tan sólo el primer movimiento -no pasó, pero el saco se movió violentamente hacia atrás y la cadena que lo sostenía tintineó con fuerza. La cachorrita emitió un sonido de emoción al verlo, y Roy observó en silencioso deleite.
-¿Lo hice bien?
-Oh, lo hiciste fantástico. Otra vez.
La robot repitió el movimiento, y esta vez el zorro se puso a observar mejor cómo operaba el cuerpo de 32. Para golpear con semejante fuerza debía contar con alguna suerte de pistón interno, pensó. Estaba la fuerza, pero faltaba lo demás.
-¡Estupendo! -el zorro saltó junto a ella y sonrió decidido, parándose sobre las patas traseras para mostrarle. -Ahora voy a enseñarte algo más: en tu caso un golpe debería ser suficiente para mandar a dormir a quien sea, pero si te toparas con un animal más resistente, tendrás que saber encadenar tus golpes.
-¿Encadenar golpes?
-Sí. Los golpes duelen, y cada vez que aciertes uno vas a conseguir una apertura. -la robot pareció rendirse de intentar entender cada término, de modo que sólo asentía y escuchaba. -Una apertura implica un momento en que tu oponente va a bajar la guardia o te permitirá seguir con un segundo o un tercer golpe. Así, vas a probar el un, dos. Sígueme, ¡un, dos! -dijo él mientras lanzaba febles puñetazos, que la robot imitó. Ambos dieron de lleno en el saco, cuya cadena rechinó en protesta. -¡Bien, se te da natural! ¡Ahora, conmigo, un dos, uppercut! -el zorro incorporó un tercer puñetazo ascendente, que con bastante esfuerzo pudo demostrar. La robot lo imitó y cuando conectó aquel tercer golpe, toda la estructura de la que colgaba el saco tambaleó. -¡Eso es!
Roy apoyó las patas delanteras en el suelo, imbuido con la energía del combate.
-No siempre vas a tener tiempo de pararte sobre las patas traseras, así que también debes aprender a pelear en el suelo, sobre las cuatro patas. Puede que pierdas algo de potencia, pero te ayudará con la rapidez. Cópiame ahora. -Roy se plantó bien con las cuatro patas firmemente en el suelo, y a su lado tanto la robot como la lobita lo imitaban. -Vas a ponerte muy firme y entonces te vas a abalanzar hacia adelante, con la cabeza y el cuello tan rectos como puedas, ¿entendido? Tienes que patear el suelo como si dieras un buen salto al frente. Y va… uno, dos… ¡tres! -el zorro tomó aire y demostró el movimiento, observando a 32. Se llenó de regocijo al ver cómo las placas metálicas que conformaban la nuca de la robot parecían alinearse, justo antes de impulsarse hacia adelante tal como el había demostrado. Su durísima cabeza dio de lleno contra el saco, con tal fuerza que el arco metálico llegó a despegarse un momento del suelo, sólo evitando caer por el cuantioso peso del mismo.
-¡Sí! ¡Ese es el ariete, amigo! -dijo él lleno de entusiasmo. Casi echaba chispas por los ojos.
-¡ete! -repitió la lobita, que se agazapaba y se lanzaba hacia adelante, agitando la cola con rapidez. -¡Pum, pum!
-Lo haces muy bien, pequeña. -la alentó 32, que lo pensó un momento antes de levantar el pulgar.
-¡Heeey! -sonrió el zorro, complacido. Oh sí, la robot aprendía muy rápido.
La noche estaba bastante avanzada cuando EV-32 finalmente dejó caer el saco, casi deshecho. La auténtica golpiza que le había propinado había terminado por hacer tambalear el arco metálico que lo sostenía y se había ido al suelo. Acongojada, 32 se había disculpado con el zorro, pero él estaba eufórico, y es que dados los movimientos de la robot, había podido definir que aún tenía algo más que enseñarle: si conseguía acercarse lo suficiente a un oponente, podía usar la fuerza de su cuerpo para defenderse en otras maneras, como el grappling. Roy no era un experto, pero tenía algo de experiencia viendo a los humanos luchar.
32 había demostrado su proeza en el aprendizaje, pues con apenas unas pocas repeticiones podía ejecutar movimientos relativamente complejos sin mayor problema -aprovechando que había tumbado el arco metálico y que el saco de boxeo yacía tirado en el suelo, Roy le había instruido remover la cadena, lo que ella hizo con sorprendente facilidad. Ahora tenían un nuevo uso para el mismo: una pieza ideal para que la robot practicara sus agarres, atendida la movilidad y la inmensa fuerza que sus patas delanteras tenían.
-¡La bala! -ordenó Roy y 32 sostuvo el saco, levantándolo del suelo incluso para arrojarlo con firmeza hacia un costado.
-¡El taladro! -la robot sostuvo el saco y con un ligero salto lo estampó de lleno contra el suelo, golpeando su parte inferior secamente sobre las colchonetas.
-¡Dale las buenas noches! -exclamó, y la máquina sujetó el saco con un firme abrazo, antes de dejarse caer hacia atrás, soltándolo en el momento justo para que la parte superior del mismo diera contra el suelo fuertemente. No era fácil de explicar sin un animal con que demostrarlo, y él ciertamente no estaba ansioso de ofrecerse, pero la idea era en términos simples lo que se conocía como súplex, y con la fuerza de la robot, era de esperar que nadie aguantara semejante movimiento.
-¡Bien 32, ahora, la aplanadora! -Roy le había explicado a la máquina que había maneras de aprovechar su gran peso, y una de ellas, relativamente simple pero muy efectiva, era correr hacia el oponente, saltarle encima y darle un buen abrazo al mismo tiempo que se dejara caer sobre él. Le había tomado tres intentos y para entonces el saco se encontraba en un estado lamentable, pero nada podía borrarle la sonrisa del rostro al zorro. No sólo había conseguido prepararla con lo básico, sino que además se había divertido a lo grande haciéndolo.
-Muy bien, última lección por hoy. -dijo con una sonrisa mientras se aproximaba a 32. -Hemos probado tu fuerza y sabemos que puedes moverte bien. Pero eres también muy pesada, y eso hará que ciertos escenarios sean muy desfavorables para ti. Verás, 32, tu siguiente oponente… seré yo. -la robot se incorporó, notando cómo el saco, ya parcialmente deshecho, estaba perdiendo relleno.
-¿Tú? Roy, no quiero lastimarte. -contestó de inmediato, preocupada.
-No te preocupes, no lo harás. -respondió a su vez, confiado.
Ambos vieron que la pequeña cachorra había hallado una nueva distracción en arrancar pequeños trocitos de la tela del saco.
-Para ganar, lo único que tienes que hacer es atraparme. Basta con que siquiera llegues a tocarme una sola vez, y ganas. De lo contrario, el vencedor soy yo. ¿Entendido?
32 se sintió aliviada de no verse obligada a herirlo. Si bastaba con tocarlo, no debería ser un problema.
-Entendido.
-Muy bien, mi amiguita de lata. Ven por mí. -el zorro sonrió, y 32 avanzó hacia él. Lo hizo con firmeza y extendió una pata hacia él, pero Roy se escurrió con una facilidad tal que la robot incluso lo perdió de vista un momento. -Muy lenta. Intentemos eso otra vez. -32 se volteó e intentó de nuevo, mas el zorro dio una vuelta y la esquivó sin inmutarse. -Tendrás que hacerlo mejor, ¿eh? -ella parpadeó, genuinamente sorprendida por su agilidad. Como antes, intentó usar la táctica del ariete, impulsándose con fuerza con las patas hacia adelante… pero entonces el zorro se deslizó por debajo de ella sin esfuerzo, e incluso tocó con un dedo el hombro de la máquina, con una sonrisa burlona. –Oye, si no quieres ganar, no hay problema. Segundo lugar está bien.
-Es que no dejas de moverte. -se defendió la robot.
-Pfft, claro que no dejo de moverme, no quiero terminar como eso. -bromeó el zorro, señalando el saco con su hocico. -Hay una lección para ti aquí: puede que seas fuerte y puede que seas resistente, pero habrá algunos animales que pueden darte muchísimos problemas si abusan de su ventaja sobre ti: agilidad, rapidez. Podría seguir así toda la noche y te aseguro que no llegarías a tocarme, así que durante los siguientes días te enseñaré a lidiar con animales más escurridizos. -32 asintió. -Dicho eso… -tocó con un dedo una de las orejas de la robot, animado. -Espero que no te hayas cansado ya, no puedes dejarme mal como maestro, ¿no crees? ¡Anda, a mover esas patas!
La robot se volteó, decidida a atraparlo. Ella se movía tan rápido como podía, pero el zorro era demasiado ágil -cada vez que parecía estar a punto de tocarlo, él hacía un quiebre de cadera, un salto o un ruedo que ella no veía venir. 32 no era más rápida ni más hábil, pero ciertamente aprendía… y entonces empezó a reconocer patrones. No era que ella estuviera más cerca de atraparlo; era que el zorro esperaba y reaccionaba. Si conseguía hacer algo impredecible, tal vez lograría conseguirlo. Así que decidida, se abalanzó hacia él como antes, pero en lugar de intentar abrazarlo, apoyó sólo una de sus patas delanteras en el suelo y se giró, cambiando repentinamente de dirección. La sorpresa en los ojos del zorro fue evidente y la mejor muestra de que había conseguido ser impredecible, de modo que triunfal, extendió su otra pata firmemente hacia adelante… y entonces la misma dio de lleno contra la suave espuma de una colchoneta. 32 se quedó congelada y confundida, analizando lo que había pasado mientras el zorro se asomaba desde detrás de la colchoneta, con una sonrisa astuta. Viendo que la robot lo había alcanzado, en una fracción de segundo levantó con una pata una de las colchonetas del suelo y se cubrió con ella, robándole a 32 su victoria.
-Te cubriste. -dijo ella, con sorpresa.
-Ajá. Fue un buen intento, muy bueno, pero sigues sin atraparme, mi querida amiga de hojalata. -contestó aún con esa sonrisa confiada.
-No dijiste que eso fuera una opción. -protestó ella, confundida.
-Es otra lección para ti, y es una vital: allá afuera, no van a jugar limpio. No se trata de ganar con honor, sino de mantenerte con vida.
La robot estaba reflexionando sobre eso… y entonces el zorro tocó la punta de su hocico con su pata.
-¡Más rápido, me aburro! -la alentó, con una mezcla de entusiasmo y burla.
-Voy a atraparte. -contestó con una creciente decisión, y se lanzó otra vez tras él.
-¡No con esos reflejos de tortuga! -la provocó divertido.
La lobita observaba todo con creciente atención -llevaba viéndolos desde el inicio del ejercicio, habiendo abandonado los restos del saco. Ahora tenía otra cosa en la mira.
-Estoy intentando, Roy. -se defendió la robot, que sintió algo extraño surgiendo dentro de ella. Era una sensación nueva: estaba divirtiéndose, pero también había un curioso impulso de demostrarle al zorro que podía lograrlo.
-¡Uy, casi! -dijo el zorro, que la esquivó con un salto. -¡Ah, un poquito más y ya me tenías! -se burló cuando se deslizó por debajo de ella.
La cachorrita se puso en posición, decidida.
-¡Te atraparé, Roy! -exclamó la robot, sorprendida por el tono de su propia voz, y de nuevo al notar ella misma que estaba sonriendo. Se abalanzó hacia él una vez más, y el zorro se apartó con un hábil salto hacia atrás.
-¡Nah, soy demasiado ráp—
No pudo terminar la frase. En su lugar, un chillido agudo de dolor llenó toda la bodega, volviendo la mirada al instante el zorro, atónito.
Los pequeños dientes de la cachorrita no habían sido impedimento para que le diera una buena mordida a su cola, aprovechando que estaba distraído con 32.
-¡Ggrrr! -dijo la lobita, que le dio un suave tirón a la cola de Roy, obligándolo a dar un par de saltitos hacia ella.
-¡Au, au, okey! -el zorro notó cómo la loba movía su colita, pero no lo miraba a él, sino a la robot. Comprendió rápidamente que la pequeña se lo estaba “entregando”, y no pudo evitar una creciente sonrisa.
-Gracias, chiquitita. -le dijo 32, con un tono de voz realmente dulce mientras se acercaba a ella, acariciando gentilmente su cabeza con una pata. A continuación, aún sonriendo de la única manera que sabía, tocó suavemente la cabeza del zorro con su pata. -Te atrapamos.