La Luz En Lo Salvaje

Gen
G
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planificada Mini, escritos 81 páginas, 45.863 palabras, 7 capítulos
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Capítulo 6 - Un primer paso

Ajustes
Capítulo 6: Un primer paso El agua estaba demasiado quieta -tan quieta que casi parecía que la lluvia había generado un perfecto espejo, aguardando ahí, en medio del prado. La imagen que normalmente luciría algo difusa aparecía más clara que nunca ante él, pero también lo hacía el sonido. Todo se sintió realmente vívido por un momento, mientras Roy miraba silenciosamente su reflejo en el charco, sin expresión alguna en el rostro. -¿Roy? -escuchó de pronto a su lado, provocando un ligero sobresalto. El zorro suspiró y luego esbozó una sonrisa, dirigiendo la mirada hacia ella. -Roy. -repitió la robot. -Ese es mi nombre linda, no lo gastes. -contestó él, divertido. EV-32 no comprendió a qué se refería. -No lo haré. -dijo finalmente, como si fuera lo único que pudiera responder. -Estaba llamándote, pero no respondías. -Sí, me distraje por un momento. Mira esto, la última lluvia fue hace días. El clima cambia rápido estos tiempos, así que es bueno que estemos prácticamente en la ciudad ya. -Eso quería preguntar. ¿Seguiremos en ruta ahora? -consultó ella con curiosidad, pues el zorro se incorporaba ya. -Ahora. -Roy se volteó a mirar el charco una última vez, y con una sonrisa, saltó justo encima, chapoteando apenas un momento antes de salir del agua con un ágil brinco. A continuación se sacudió enérgicamente, y golpeando su cola contra el charco, empapó el rostro de la robot sin querer. EV-32 movió apenas un poco la cabeza, y entonces el zorro aprendió algo nuevo sobre ella: repentinamente, la luz que conformaba los ojos de la robot se desvaneció tras unas pequeñas placas de metal, que desaparecieron tan pronto como habían llegado. -¡Wow! ¡Oye, has eso de nuevo! -dijo él con entusiasmo. -¿Cómo dices? -preguntó ella, confundida. -¿Hacer qué? -¡Lo que acabas de hacer, con los ojos! -No comprendo. -dijo ella, que luego hizo una pausa. Dirigió la vista hacia el charco, lo pensó un momento y luego volvió a verlo. -¿Te refieres a esto? -volvió a hacerlo, cubriendo sus ojos aquellas diminutas placas de metal, que desaparecieron al instante. -¡Sí, eso! ¿Puedes mantenerlos cerrados? Tus ojos. -Roy se sentó frente a ella, y llevó ambas patas sobre su propio rostro, abriendo bien los ojos. Una risita dulce indicó que la lobita se les había unido, en el momento justo en que el zorro hacía ese gesto tan curioso. -Observa esto. -cerró sus ojos. -¿Lo ves? Estos son mis párpados y cubren los ojos, así. -Lo veo. -la robot lo pensó un momento de nuevo. -¿Estos son mis párpados, entonces? -Roy abrió los ojos, y vio que la máquina cerraba los ojos sólo un instante, tal como antes. Él asintió, animado, pues tenía una idea. -Están diseñados para mantener limpios mis ópticos. -dijo ella en un tono automatizado, y agregó: -Y para protegerlos de eventuales daños. -Sí, para eso sirven en general. -él la miraba pensativo. -Aunque nosotros necesitamos parpadear, no creo que sea tu caso. Aún así, ¿puedes mantenerlos cerrados? Has esto. -repitió la operación, pero luego abrió los ojos, expectante. -Puedo intentarlo. -la máquina accionó aquellas placas de metal, pero a diferencia de aquello para lo que estaba programada, las mantuvo unidas por unos segundos. La luz de sus ojos desapareció tras cuatro pequeñas plaquitas metálicas, dos por cada ojo. –¿Estoy haciéndolo bien? No puedo ver. -Lo estás haciendo estupendo. -contestó él de inmediato, bastante animado. -Ábrelos. La robot obedeció, y la luz azul volvió a brillar con fuerza en sus ojos. -Muy bien, esa es una excelente noticia, 32. -el zorro aplaudió, con una sonrisa de oreja a oreja. -Ahora, quiero que intentes hacer esto. -lentamente, él cerró sólo un ojo. -¿Puedes? -Creo que sí. -ella se mantuvo unos segundos quieta, pero luego, con delicadeza se asomaron dos de esas plaquitas de metal, que se fueron uniendo sobre uno de sus ojos hasta que la luz volvió a desaparecer. -¿Lo estoy haciendo bien? -Más que bien. Ahora, el otro. -ella obedeció, y alternó con los párpados del otro ojo como el zorro había indicado. -Dime, ¿qué tanto control tienes sobre ellos? ¿Puedes hacer esto? -Roy entrecerró ligeramente sólo un ojo, pero luego también el otro. Sus ojos eran apenas unas líneas que se asomaban entre los párpados, similar a la mirada que uno usaría para expresar sospecha. -Tal vez pueda. Lo intentaré. -EV-32 acercó su rostro al de Roy y parpadeó. Sin que el zorro tuviera que decir algo, ella comprendió que se había equivocado, y volvió a intentarlo, sin éxito. -Espera, creo que puedo hacerlo. -la máquina iba lento, pero seguro, y entendió que su cuerpo y su mente estaban en disputa: intentaba forzar piezas de su cuerpo a hacer algo para lo que no fueron programadas, y la parte biónica de su mente seguía oponiendo resistencia. De pronto, la robot comenzó a cerrar los párpados lentamente, pero se detuvo justo antes de cerrarlos por completo. La luz azul se había convertido en apenas una línea, justo como Roy le mostró. -¡Excelente! ¿Qué tanto control tienes sobre ellos? -Lo desconozco. -dijo mirando a la cachorrita, que agitaba su colita suavemente. Volvió su mirada al zorro. -Pero me gustaría averiguarlo. -Genial, eso es justo lo que quería oír. Intenta hacer esto. -el zorro frunció el ceño, y su mirada se convirtió en una de enojo. La cachorrita lo imitó, e incluso emitió un “¡Jm!” de fastidio, mirando luego a la máquina con gran interés. -Lo intentaré. Veamos. -EV-32 se concentró un momento y libró una nueva batalla mental. Los párpados, diseñados para hacer poco más que la labor de un limpia parabrisas, se asomaron lentamente en un ángulo diagonal y descendente. -¿Lo estoy logrando? -Oh sí. A ver quién se mete con la robot furiosa. -dijo él, complacido. -¿Furiosa? -32 “abrió los ojos” para lucir como siempre lo hacía. -Roy, ¿cuál fue el propósito de este ejercicio? -preguntó con curiosidad, pues sin notarlo, había empezado a hacer algo por mera instrucción, sin racionalizarlo, sin una explicación real. No supo si eso la hacía más o menos mecánica. -Todo lo que estuvimos hablando acerca de charlar, de la forma de decir las cosas, lo recuerdas bien, ¿verdad? -ella asintió. -Esta es la otra mitad, 32. Debo enseñarte a hacer gestos… debes aprender a hacer expresiones. -Expresiones. -ella se detuvo a pensar en eso por un momento, sorprendida. Si había algo que de veras le costaría racionalizar sería cómo ella, una máquina, podría hacer una expresión. -No crees poder hacerlo, ¿eh? No te… diseñaron para eso. Es lo que estás pensando. -Sí. -admitió ella, centrando su atención en él. -No poseo músculos faciales. O corporales. No poseo músculos. -dijo como si recién entonces hubiera recatado en ello. -No, pero, ¿sabes lo que solían decir los humanos? Puede que te suene cursi, pero decían: “los ojos son la ventana del alma”. No hay nada más expresivo que los ojos, ¿sabes? EV-32 meditó lo que acababa de oír. Sin querer, el zorro le había soltado una bomba con una simple oración. -¿Qué significa “cursi”? -dijo ella, y luego agregó: -¿qué es un alma? -Ah, vaya. Lo primero es un poco difícil de explicar, y lo segundo… hubo humanos que buscaron esa respuesta toda la vida. -reconoció él, algo contrariado. -Te explico más sobre eso cuando lleguemos allá pero lo importante, de momento, es que con el tiempo irás aprendiendo a demostrar expresiones con los ojos. En tu caso, que no puedes hacer demasiado con el rostro, va a ser muy valioso. -Entiendo. -contestó ella, que dejó anclado en algún rincón en su mente aquella interrogante para otro momento. -Poder hacer expresiones es tan importante como aprender a hablar apropiadamente. -dijo en voz alta, y lo registró como una directriz. -Así es, y tengo grandes planes para irte enseñando. Si quieres ir adelantando trabajo en eso, te aconsejo que pongas mucha atención a cómo la pequeña y yo nos movemos. Fíjate bien en lo que hacemos, y en mi caso, pon muchísima atención a cómo se mueve mi rostro, y mis ojos, cuando hablo contigo. -ella asintió, mientras el zorro empezaba a dirigirse hacia la colina. -Las expresiones son tan importantes como lo que llamarías lenguaje corporal, y estoy seguro de que con suficiente práctica, vas a hacerlo lo suficientemente bien. Recuerda: cómo te reciban los demás, cómo interactúen contigo, va a depender en buena medida de qué tan confiable parezcas. Y para eso, mientras menos rígida seas, más fácil será que te acepten. Si eso te sirve, regístralo en… algún lado, como algo importante a aprender para cumplir tu misión. Ella asintió otra vez, y como el zorro indicaba, lo registró en detalle. -Ven, pequeña. Estamos cerca de llegar. -le dijo a la lobita, usando un tono de voz más suave. La cachorrita se acercó a ella para retomar la marcha y, mientras ambas se dirigían hacia el zorro, EV-32 se puso a pensar precisamente en aquello: en su voz. Tendría que poner más atención en ello, pero ciertamente había llegado a notar cómo, inconscientemente, usaba un tono de voz variable -adaptativo a la situación. Tendía a hablar más despacio cuando se dirigía a la cachorrita, por ejemplo. Y eso nadie se lo había enseñado. -¿Qué te parece? ¡Oh, espera! -dijo Roy desde lo alto de la colina, deteniéndola antes de que empezaran a subirla. -Quiero recordar bien esto; no es nada usual toparse con alguien que la esté viendo por primera vez. Así que… cuando quieras. -indicó con su pata como si le cediera el paso, y la robot, asintiendo, obedeció. Las patas frías y rígidas avanzaban pisando firme, aún cuando la colina tomaba cierta pendiente ya. A su lado, la lobita ágil pero pequeña empezaba a hacer un esfuerzo por mantener el paso. EV-32 lo notó, y de inmediato se inclinó lo suficiente para que la pequeña pudiera trepar sobre su lomo, como lo había hecho antes. Esperó pacientemente a que la cachorra se acomodara, y entonces reanudó la marcha. Detrás, el zorro las observaba con atención. Una parte de sí se sentía genuinamente intrigada por el aparente vínculo entre ambas, y estaba seguro de que terminaría de entenderlo apenas supiera, de boca de la robot, lo que había pasado. O al menos su versión de ello, claro. Por su parte, la cachorra se sostenía, reposando sobre el lomo de aquella cosa que la cuidaba y la guiaba. Aún no hablaba, pero era evidente que la máquina evocaba en ella una sensación de seguridad -de modo que incluso aunque exploraran algo nuevo para ambas, había un cierto grado de tranquilidad en lo que hacían, mientras lo hicieran juntas. La robot eventualmente aprendería acerca de las reacciones, los gestos y los emociones, pero hasta entonces, basta adelantar que de haber sabido cómo, habría abierto los ojos como platos: se había asomado entre el verde del césped algo nuevo, que de inmediato captó la atención de la máquina, en primer lugar por el tamaño de semejante estructura y luego, por su llamativa forma -hasta entonces ella se había desenvuelto en el mundo natural, con árboles, flores, arbustos, césped, hongos… pero ahora veía por primera vez una estructura diseñada por humanos, y el contraste era, por decir lo menos, interesante. De alguna manera parecía decir algo acerca de ella misma, en el sentido de lucir tan anómalo, tan… innatural. Un edificio de varios pisos se erigía en la periferia de la ciudad, y de día habría relucido por completo. Pero la luz se había ido y sólo quedaba una franja naranja que ya se iba perdiendo entre la oscuridad, cubriendo lo que alguna vez debió ser una ciudad llena de vida aquel manto nocturno. Excepto que aún era una ciudad llena de vida, sólo que en un modo distinto -con un poco de atención, la máquina fue capaz de distinguir casas, otros edificios de menor envergadura y estructuras de toda clase que iban conformando el panorama urbano. Había cambiado, y no era sólo un efecto provocado por el final del día: las ventanas de aquel gran edificio estaban cubiertas de tierra y en especial en los primeros pisos, estaban por completo ausentes. Algunas otras estaban quebradas, mientras que asomaba desde un piso alto lo que parecía un manojo de cables que llegaban a ningún lado. Lo que debió ser alguna vez una antena funcional se encontraba torcida. Lo que ella reconoció al instante como un disco de recepción satelital se había desprendido de su soporte, y se encontraba tirado boca arriba cubierto de tierra. Las casas parecían encontrarse en mejor estado, pero el pavimento de las calles presentaba resquebrajaduras importantes que se extendían por varios metros, por las que asomaban raíces y césped. Pese a todo, lo que más llamó la atención de 32 fue un poste de electricidad prácticamente partido a la mitad, apenas colgado del propio cableado. Junto a la base de aquel poste, y ciertamente la causa del colapso, se encontraba un automóvil con el parabrisas reventado, incrustado en la estructura del pilar. Como aquel edificio, el auto estaba cubierto de tierra -maleza se asomaba entre las hendiduras de sus neumáticos, y una gran mancha de un líquido negruzco, seco hace mucho, era visible bajo sus ruinas. Algo blanquecino era también visible desde ahí, y la mente mecánica de EV-32 reconoció aquello como la bolsa de aire de aquel automóvil. -Debió activarse con el impacto. -dijo en voz alta. -…Extraña cosa que decir como primera impresión, pero está bien. -respondió Roy, confundido. -El automóvil. -dijo ella, indicando con su pata. -Creo que impactó aquel poste eléctrico. Su bolsa de aire está reventada. -luego agregó, sin estar segura de por qué: -Espero que nadie saliera herido. -¡Ah, ya veo! -respondió el zorro, que sonreía otra vez. Forzando un poco la vista había divisado aquello a que 32 se refería. -Hay montones de autos así, en todos lados. Eran algo muy común en los humanos y cuando ocurrió el despertar, sus máquinas y vehículos quedaron regados por doquier. Al menos en las ciudades, incluso ahora sigue siendo muy normal encontrarlos. La mayoría ya no funciona, pero hey, hay quienes pretenden restaurarlos. Varios los han logrado, de hecho. -comentó animado. -Aunque no son muy fáciles de conducir… ya sabes, los dedos. -él le mostró su pata, y luego movió cada dedo lentamente. -El despertar le dio a todos los animales más destreza en eso, pero sigue sin ser suficiente para operar sus máquinas cómodamente. -Entiendo. -32 volteó la mirada hacia la ciudad otra vez, pensando en lo que Roy comentaba. Al menos a simple vista era notorio que había máquinas y vehículos desde la época de los humanos regados por ahí -pero aún más curioso que eso era el avance de la naturaleza. La robot podía ir hilando ideas y conceptos para elaborar una imagen mental de una ciudad promedio, pero la ausencia humana había dado paso a que los animales y su ambiente fueran poco a poco recuperando los espacios que hasta hace unos años fueron dominados por las personas. La naturaleza había mantenido un avance sostenido sobre aquello que los humanos diseñaron, pensó. ¿Sería posible que, con suficiente tiempo, las ciudades desaparecieran? ¿Es eso lo que espera a todo lo que los humanos construyeron?, se preguntó, y la idea, lejos de parecerle sombría, sólo despertó en ella una ingenua curiosidad. -Hey, mira eso. -el zorro volvió a centrar su atención. -Allá, debajo del cartel con el auto. -precisó, y la robot afinó la vista. “¡Últimas unidades con descuento!”, rezaba en letras grandes, que para ese entonces eran ya algo difíciles de descifrar. Las inclemencias del clima habían borrado casi por completo el rostro de una mujer, pero su mano sosteniendo la llave de un automóvil aún era visible. A su lado, el auto era discernible entre el polvo y las arrugas del afiche, pero era imposible saber de qué color había sido -todo lucía opaco y reseco. -¿Ya viste? Ella siguió examinando todo con cuidado, hasta divisar aquello a que Roy realmente se refería. Paseando a ritmo tranquilo y despreocupado, un perro de pelaje lanudo y amarillo atravesaba la calzada. Colgando de su hocico había una bolsa que tintineaba suavemente de lado a lado. Siguió su camino a través de la manzana, trepó sobre una banca desteñida por el sol y luego, al encontrarse con un gato de pelaje atigrado, dejó con cuidado la bolsa sobre el pavimento. El gato sonrió y empezó a hablarle con bastante ánimo, el que contagió rápidamente al perro, y pronto ambos se encontraban conversando. 32 observó la interacción con creciente interés, hasta que de pronto vio a un segundo perro estirándose, junto a la escalinata de acceso a un complejo de departamentos. El mismo, de un pelaje más oscuro que el primero que vio, avanzó hacia lo que parecía el centro de una plaza a paso plácido. Allí, la máquina debió tomarse un momento para entender lo que veía: otros tres perros, dos gatos y un animal más pequeño, que parecía alguna suerte de roedor, estaban sentados alrededor de una mesa de madera. Justo al centro, había algo que tocaban mientras charlaban, turnándose. Y entonces ella vio que cada animal miraba por breves instantes algo en su respectivo lado de la mesa. Razonó por un momento más lo que veía, entonces algo en su mente se iluminó, y comprendió que estaban desarrollando alguna actividad de ocio grupal -estaban jugando. Volvió la mirada al perro amarillo de la bolsa, que había reanudado su marcha, ahora acompañado del gato. Mientras el último iba hablándole, el can asentía y parecía responder entre dientes para no tirar la bolsa. Ambos pasaron junto a una estructura rectangular desteñida por el sol, donde un animal que ella no conocía los saludó también. Sumado a todo ello, algo más llamó de inmediato la atención de la robot: con gran habilidad y velocidad, un ave de plumaje blanco atravesó el panorama urbano hasta detenerse justo en la cornisa unida a la ventana de un edificio, a varios pisos de altura. EV-32 afinó la vista, lo que para su gran sorpresa activó inconscientemente un zoom digital integrado en ella, y pudo ver que también el ave traía una bolsa en su pico, aparentemente de papel y de menor tamaño. El ave se había acercado a la ventana semiabierta, y golpeado la misma suavemente con su pico dos veces. Al oírla, un perro pequeño se asomó, y apoyando ambas patas en la ventana, la abrió para el ave, que dijo algo antes de entrar. Ambos se perdieron de vista justo después. Un ave. No había visto una antes, y recién se percataba de ello. ¿Cómo podía no haberse topado con ninguna, después de ya bastantes horas en campo abierto? -Hay muchos animales aquí. -comentó ella, curiosa, mientras su vista iba de un lado a otro. Cada vez había más de ellos en diferentes actividades. Y todo era visible porque, a lo largo de la plaza rodeada de edificios, algunos postes iluminaban la escena. Sin necesidad de consultar al respecto, 32 hizo uso del zoom integrado en sus ojos y divisó, justo encima de aquellos postes, pequeñas superficies con forma rectangular. Su mente se puso a trabajar y pronto dijo, habiendo dado con la respuesta por sí misma: -Paneles solares. Usan iluminación mediante paneles solares. ¿Automatizados? -Nada mal, nada mal. -contestó Roy, complacido. -Buena parte de la ciudad, al menos en lo que respecta a la iluminación de espacios públicos, contaba con toda una red solar. No todo funciona, claro, pero es suficiente, como puedes ver. La oscuridad le baja el ritmo a la vida, pero nunca se detiene. -Entiendo. -la robot continuó observando cuanto podía. El funcionamiento de la ciudad llamaba poderosamente su atención, pero ciertamente despertaba preocupaciones. -¿Cómo podremos acercarnos si que nos vean? -Necesitas tener más confianza en mí. Créeme, puedo ser invisible cuando quiero. -dijo él con una sonrisa, mientras la cachorra daba un audible bostezo. No parecía cansada, sino aburrida. -Mejor pongámonos en marcha. Cuanto antes lleguemos, antes estaremos en camino al siguiente destino. Y hay muuuucho más que ver. -agregó animado, antes de empezar a descender por la colina. EV-32 notó que no iba directo hacia la ciudad, sino que avanzaba en diagonal. Se acercaba, pero no hacia lo que parecía el centro urbano. -Y hablando de invisible… la idea de hacer esto por la noche era que fuéramos difíciles de hallar, ¿entiendes? -el zorro tocó con su nariz el triángulo en el pecho de la robot. -Si andas por ahí como árbol de navidad, hasta un topo nos verá venir. -¿Árbol de navidad? -la robot ladeó la cabeza. -Las luces. ¿Tienes algún modo de apagarlas? -Eso creo. -la robot se quedó quieta un momento, buscando en sus sistemas la configuración apropiada. Repentinamente, la luz en sus ojos y su pecho, así como la que era tenuemente visible entre sus extremidades se extinguió, y el grupo quedó sumido en la penumbra. El llanto de la pequeña loba no se hizo esperar. Tampoco lo hizo EV-32; apenas los primeros quejidos fueron suficiente para que reactivara aquellas luces. -¿Qué sucede? -preguntó girando su cabeza tanto como podía, intentando ver a la cría sobre su lomo. En lugar de responder, la pequeña se acurrucó sobre la superficie metálica de su cabeza, y la rodeó cuanto pudo con sus patas. -¿Roy? -Debe temer a la oscuridad. Es algo muy común en los cachorros. -explicó él, suspirando. -¿Puedes hacer algo con la intensidad, al menos? -Puedo intentarlo. -dijo ella, sin estar del todo convencida. Con un breve esfuerzo, consiguió disminuir aquella luz que emanaba desde su interior. Aún sería visible si alguien se acercaba lo suficiente, pero era un hecho que llamaba menos la atención. La cachorra seguía abrazándola y ya no lloraba, así que todos parecían conformes con el resultado. -¿Tú temes a la oscuridad? -preguntó al zorro, que ya lideraba la marcha otra vez. -Nah, no hay nada que temer en la oscuridad. Si te fijas, incluso puede resultar útil. -comentó él, casualmente. -Los cachorros y los animales domésticos pueden ser un poco desconfiados… la mayoría de los ataques de los salvajes se daban durante las noches, de modo que se acostumbraron a dormir con un ojo abierto. Tal vez sea el caso con tu cachorra; quizás vio algún salvaje durante la noche y eso la hace temer. La robot escuchó con atención, y aunque registró aquel comentario como algo potencialmente relevante, en el fondo entendía que había algo más. Aún no sabía lo suficiente para comprender emociones como el miedo, de modo que difícilmente habría entendido la noción de un trauma -pero algo en ella, una cierta intuición, ya vinculaba el temor de la cachorrita con las circunstancias en que la conoció: el derrumbe en las minas la había sumido en una profunda oscuridad, y 32 se encontró repentinamente imaginando qué hubiera sido de la cachorra si no se hubieran topado allí. Las posibilidades eran desalentadoras y no estaba preparada para entender su complejidad, de modo que, como tantas otras cosas, fijó la idea en su mente para regresar a ello más adelante. -Tal vez sólo sea una cuestión de niños -agregó el zorro, que caminaba sin prisa. -Muchos humanos temían a la oscuridad porque pensaban que había monstruos o animales salvajes en ella. -¿Qué clase de monstruos? -preguntó ella. Inconscientemente, había empezado a girar la cabeza de un lado a otro mientras la pequeña intentaba atrapar sus antenas. El llanto se había convertido en una suave risilla, y el buen ánimo de la lobita era bastante contagioso. -Pues de todo tipo. -se encogió de hombros. -Fantasmas, zombis, alienígenas… los humanos tenían bastante gusto por historias de terror. -¿Por qué inventarían historias así? -preguntó nuevamente, sin dejar de girar e inclinar la cabeza. No sabía lo que eran los fantasmas, los zombis o los alienígenas, pero asumió que lo aprendería eventualmente. En esa ocasión, intentó adivinar: -¿Tenían gusto por historias de terror, para enseñar a otros a ser cuidadosos? -En parte, pero supongo que muchas de esas historias existían porque eran divertidas para ellos. -¿Cómo puede divertir a alguien sentir miedo? -consultó aún más confundida. -Eh… es que es… tal vez “divertir” no era la palabra adecuada. ¡Oh, lo tengo! ¡Emocionar! -él sonrió ampliamente, deteniéndose por un momento para gesticular con las patas también. -Consumir ciertos medios provocaba emociones fuertes, ¿entiendes? Sentir esa clase de emociones se convertía en algo atractivo. Y no es sólo cosa de humanos; con los animales es exactamente lo mismo. Historias de tragedias o de terror no son atractivas porque sean divertidas, sino porque experimentar ciertas emociones fuertes es, de por sí, algo fascinante. -Comprendo. -mintió. -No lo creo. -dijo él con una sonrisa astuta, mientras reanudaba la marcha. -Las emociones y lo que las provoca no es un fenómeno que se pueda entender fácilmente, pero con la guía apropiada, tal vez puedas acercarte lo suficiente. Por suerte, tengo maneras de enseñarte. -Gracias, Roy. -contestó sencillamente, empezando a preguntarse más acerca de esas emociones fuertes. -Los humanos eran muy curiosos. -añadió, para cerrar la idea por el momento. El trío descendió por la colina, deslizándose entre la silenciosa oscuridad que rodeaba la zona exterior de la ciudad. Un rústico enrejado separaba la zona residencial del prado, y el desnivel entre ambos terrenos facilitó su desplazamiento a lo largo del mismo sin ser detectados. Mayoritariamente se mantenían fuera de vista, pero en ocasiones el zorro le indicaba a sus acompañantes que lo dejaran ir primero. En un momento ello fue clave: mientras Roy se adelantaba, repentinamente le indicó con la pata a la robot que mantuviera su distancia, mientras él se ocultaba tras un basurero medio enterrado. El zorro no se equivocaba: la silueta de alguien se extendió entre ambos, dándole apenas tiempo a la robot de ocultarse tras una meseta natural. Del lado opuesto, un gran bulldog inglés se paseaba junto al enrejado, sosteniendo con el hocico una linterna. No era especialmente intimidante y prácticamente cada salvaje que la robot divisó, aún a la distancia, habría constituido un mayor riesgo que aquel can, pero lo cierto era que bajo ninguna circunstancia podía permitir que alertara a otros. De modo que la robot esperó, y entre la penumbra, pudo divisar a Roy poniendo un dedo sobre su hocico. 32 comprendió, y girando la cabeza, replicó el gesto para la cachorra, que la miró con ojos grandes y nerviosos. Silencio. El bulldog mantuvo el haz de luz entre Roy y EV-32, girando la cabeza lentamente. La luz de la linterna se posó sobre el basurero y luego fue recorriendo el prado a lo lejos, hacia la arboleda. El perro mantuvo la linterna bien estable por unos segundos, hasta que de pronto la luz de la misma se extinguió. La robot siguió esperando y escuchó una palabra que no entendió mientras el can se dedicaba a quitar la saliva de la linterna usando enérgicamente una pata. Luego de eso volvió a colocársela entre los dientes y prosiguió su ronda, iluminando la meseta sin aparente sospecha, antes de continuar hacia el camino que el trío ya había atravesado. -Psst. Ahora. -dijo el zorro, aún oculto. La robot asintió y asomó ligeramente la cabeza antes de reunirse con Roy tras el basurero, cubriendo la distancia bastante rápido. -¿Ves lo que te digo? Las mascotas hacen rondas aún cuando no ha habido ataques. Tenlo en consideración por si alguna vez estás afuera por la noche otra vez. -Lo haré. -la robot volvió la cabeza y alcanzó a divisar al bulldog, cuya saliva había hecho la linterna resbalar. La misma cayó al suelo con un golpe seco y se fue rodando calle abajo, mientras el perro repetía aquella palabra y se lanzaba torpemente tras ella. -Espero que no haya más. -No debería, pero mantengamos los ojos bien abiertos por si acaso. La cachorrita balbuceó algo que sonaba más o menos como esa palabra, y el zorro se mordió la lengua para no reír. -Más te vale no repetir eso, señorita. -¿Qué está diciendo? -32 volteó la cabeza otra vez. El bulldog había desaparecido de vista. -Algo no muy apropiado para su edad. O para cualquiera, supongo. -dijo con una breve risilla. -En fin, sigamos. Con algo de suerte, estaremos ahí pronto y sin novedades. El zorro, una vez más, tenía razón. El trío recorrió una buena distancia amparados por la oscuridad de la noche, aprovechando la falta de iluminación hacia la periferia. EV-32 no sabía mucho sobre ciudades o planos urbanos, pero comprendió rápidamente que estaban rodeando la ciudad tanto como fuera posible -de haber avanzado en línea recta, atravesando la ciudad, habrían tardado mucho menos para llegar a donde parecían dirigirse. Pero no podían arriesgarse a que alguien más los viera, de modo que no comentó al respecto. Los tres atravesaban una zona de desagüe cuando la lobita empezó a llorar suavemente -indicativo de algún malestar. -¿Tienes hambre? -preguntó atentamente la robot, deteniendo su marcha. -Roy, creo que tiene hambre. -Hay que seguir avanzando, podrá comer cuando lleguemos. -contestó él sin detenerse, mientras trepaba por una tubería rota. -¿Podemos hacer una pausa? -insistió. -Ya casi estamos ahí. Si seguimos parando nos arriesgaremos a que alguien nos vea… ven, sigamos en marcha, te aseguro que tengo cosas mucho mejores que cualquier alimento que hallemos por aquí. -dijo él desde arriba de la tubería, trepando de un salto a otra. EV-32 observó donde había estado el zorro, y luego miró a la cachorrita. Sin notarlo y por primera vez, la robot bajó suavemente sus antenas hacia atrás. Su nariz se posó sobre la cabeza de la cachorrita, que respondió el gesto frotándola con cuidado contra el cuello de 32. -Lo siento. Estarás mejor muy pronto, te lo aseguro. Sólo aguanta un poco más. -dijo con una voz suave y atenta. La pequeña dio un suspirito y se acurrucó otra vez, como si aceptara ser paciente. Más arriba, y oculto tras piezas rotas de una tubería cubierta de tierra, el zorro observó aquella interacción, pero no encontró nada que decir. Si la robot podía mover las “orejas” que conformaban sus antenas, él no se lo había enseñado. Se mantuvo en silencio mientras 32 trepaba, llegando a su lado. -Sigamos. -se limitó a decir, sin voltear a verla. Como pocas veces le había sucedido, empezaba a sentirse ligeramente abrumado. La sensación era muy incómoda y chasqueó la lengua contra los colmillos, decidiendo mantener alguna charla insignificante para alejarla de sí. -Espero que estés lista para sorprenderte. -ahora sí miró a 32. -Ambas, de hecho: están a punto de entrar a mi mundo. -¿Tu mundo? -Así es. Sígueme el paso. ¡Vamos! -sin previo aviso, el zorro salió corriendo. La robot procesó la orden por unos segundos antes de seguirlo, procurando no tirar a la lobita sobre su lomo. No terminaba de comprender por qué repentinamente había prisa, y le preocupaba que ella -no-muy-ágil y ciertamente pesada, llamara la atención con semejante carrera. -¡Ven, no te quedes atrás! -Espera, Roy. -dijo intentando no alzar la voz, acelerando el paso. Para su sorpresa, repentinamente la cachorrita se encontraba riendo, sosteniéndose con firmeza de su cabeza mientras ambas perseguían al zorro. -¡Vamos, vamos! -el zorro no se detenía, y EV-32 empezó a preocuparse más y más por la cantidad de ruido que hacían. En definitiva, no entendía el cambio en la actitud de Roy -pero entre todo eso, halló cierto alivio al oír que la cachorrita parecía divertirse. -¿No hacemos mucho ruido? -preguntó ella, aún intentando no gritar. Trepó sobre una nueva meseta manteniendo el impulso, y firmemente se lanzó hacia adelante decidida a darle alcance. -No pasa nada. -dijo tranquilamente, sonriendo en su dirección mientras ambas ya lo divisaban, sentado cerca de la acera. A diferencia de casi todos los postes de luz que habían visto hasta entonces, aquel se encontraba apagado, y EV-32 lo había notado. -Porque ya estamos aquí. -agregó él, antes de levantarse y cruzar la calle, con un paso casual. La máquina sintió su cuerpo tensarse un momento, como si cuestionara si debían finalmente adentrarse en la ciudad. Buscando racionalizar la situación, examinó el área, y pudo ver que se encontraban en una zona nueva y bastante diferente: en lugar de varios edificios residenciales, ante ellos se alzaba un solo edificio grande con un enrejado, así como varios otros de máximo dos pisos. EV-32 se detuvo en la acera, mirando la calle por un momento. Volteó la mirada hacia la zona del desagüe. Más atrás se encontraba el prado. Más allá, la colina. Más lejos, apenas se divisaba la arboleda. Fuera de vista, estaba el bosque, el túnel. Volvió la cabeza hacia la ciudad, y entendió que empezaba a dejar todo eso atrás. La ciudad era el primer paso hacia cumplir con los objetivos que hace ya tanto se le asignaron. Era el auténtico punto de inicio de sus operaciones. De modo que le tomó unos segundos más decidirse a apoyar su pata en el pavimento de la calle. Tres otras le siguieron, y entonces cruzó, dejando atrás el mundo salvaje que la había visto adquirir consciencia. ¿Por qué revestía esto de alguna importancia real?, se preguntó, y el bostezo que oyó sobre su cabeza le brindó la respuesta. Subió sobre la acera opuesta tras cruzar la calle, y entonces vio la esponjosa cola del zorro desaparecer tras una ventana. Tres cajas de diferentes tamaños se encontraban apiladas junto a la misma, y tras unos instantes, la robot se acercó al edificio en que Roy se había internado. 32 escuchó al zorro del otro lado de una persiana metálica, la que empezó a abrirse. -Contenedores. -pensó ella en voz alta, mientras observaba los alrededores. Efectivamente: contenedores metálicos de carga se encontraban dispersos tras el enrejado. Ella volvió la vista hacia la persiana que se abría, sacando conclusiones. -Es una especie de bodega. -Muy observadora. -dijo Roy, asomando su cabeza por la abertura de aquella persiana. -Vamos a hacer grandes cosas juntos, ¿eh? -el zorro volvió a internarse en la bodega, y una vez que hubo espacio suficiente, la robot y su cachorra entraron. La persiana metálica se detuvo tras de ellas, y entonces descendió otra vez. -¿Roy? ¿Qué es este lugar exactamente? -su luz retomó su nivel habitual, sin darle tiempo a la cachorra de protestar. -¿Que qué es este lugar? -oyeron su voz proveniente de la oscuridad. Las luces de pronto se encendieron, mientras el zorro se encontraba parado sobre una caja de madera. Sus patas delanteras sostenían un interruptor, y entonces un mundo nuevo se manifestó ante EV-32 y la lobita. Altas estanterías se extendían a lo largo de la bodega. Muebles de diverso tamaño eran visibles por doquier. Montones de objetos de toda forma y color saltaban a la vista. Juguetes y cajas. Herramientas y piezas. Discos y afiches. La robot abrió bien los ojos, genuinamente sorprendida, y sintiendo una desbordante curiosidad por conocerlo todo. El zorro contaba con eso, y sonrió triunfal ante el silencio de la máquina. -¿Qué dices, eh? -Es sorprendente, Roy. -dijo ella con absoluta sinceridad. Sin embargo, luego dijo algo más, algo que él no esperaba en absoluto, al menos en ese momento: -¿Tienes aquí alimento para ella, entonces? -…Claro que sí. Eh, iré… por algo ahora mismo. Espera justo ahí. No, mejor ponte cómoda. Ya vuelvo. -dijo él con una sonrisa entre dientes, antes de perderse de vista tras una puerta abierta. -Gracias. -la robot se inclinó, y con cuidado, la cachorrita descendió. Había estado mucho tiempo sobre su lomo o su cabeza, pero, por razones que la máquina no comprendía, parecía empezar a tomarle el gusto. -Ya estamos aquí. Pronto podrás— -¡Sale un menú especial, para la bola de pelos! -el zorro había regresado prácticamente al instante, dejando junto a la cachorrita un plato doble de plástico. En el mismo había una bolsita, que Roy rasgó hábilmente con los dientes, derramando el contenido sobre una mitad del plato -la otra contenía lo que parecía agua. La cachorrita meneó la colita rápidamente, dando un pequeño ladrido de emoción antes de lanzarse a comer. Lo que el zorro le hubiera dado, pareció agradarle bastante. -Puse algo de leche a calentar. Espero que aprecies eso, porque no se consigue muy fácil estos días. -comentó él, aclarando su garganta antes de dirigirse hacia las estanterías. Una infinidad de conocimiento humano yacía ahí, esperando por ella. -¿Qué dices, 32? ¿Comenzamos? -Comenzamos. -respondió ella con decisión, sonriendo el zorro, que empezaba a adelantarse. La robot esperó un momento antes de voltear la cabeza. La lobita comía enérgicamente. EV-32 la observó con atención, y acercándose, sintió en su interior algo curioso. Llegar a la ciudad había sido un gran paso en la dirección correcta para cumplir con sus objetivos, pero tal vez no del modo que esperaba: era cierto, estaba ahora más cerca de hallar el lugar de donde venía, la verdad detrás de su creación. Pero también había algo más, y sin darse cuenta, lo puso en palabras. -Estarás a salvo ahora. -dijo mientras llevaba una pata a acariciar la cabecita de la pequeña loba mientras comía. -¡Eh, ¿vienes?! –preguntó el zorro, que empezaba a llenar una pequeña cesta con cosas que mostrarle. -Ya voy. -Se había mantenido acariciando gentil y dulcemente la cabeza de la lobita. Luego de eso se detuvo y, mientras retiraba su pata, de pronto la cachorra levantó la cabeza para lamer juguetonamente sus dedos. La mirada de la pequeña se encontró con la suya, y por un instante, el tiempo pareció congelarse para la máquina. Algo indescifrable tomó el control. Aún con su mirada fija en la de la cachorrita, suavemente inclinó sus orejas hacia atrás, y entrecerró ligeramente sus ojos. La luz en ellos adquirió un brillo nuevo y, eventualmente, sería capaz de reconocer que, en ese momento, aprendió a sonreír.
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