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Haul se rascaba la nuca sintiendo esa vergüenza y decepción mezcladas en su estómago, no podía creer que el ingrato traicionero de Rook Hunt hubiera dado su voto a la actuación de Neige cuando el completo Overblot de Vil fue por esa misma situación de sentirse inferior al chico de la Royal Sword Academy. Al menos se había visto calmado al cooperar con cantar una canción junto al chico de ojos redondos, o eso fue hasta verlo entrar al backstage dando el grito al cielo de vergüenza por tener que cantar de esa forma mientras quería empujar a Neige escaleras abajo. O eso había dicho Reser después del espectáculo cuando fue a hablar con Vil, y casi matar a Rook a escondidas con la Magia Única del castaño. Leona iba sereno dejando usar al aviario su brazo como apoyo, aun ajeno a lo sucedido en el Overblot y el veneno de la parálisis temporal, el aviario omitió ciertos detalles con la inocente intención de no preocupar al león en un día tan decepcionante. Ruggie notó el andar extraño de Haul al segundo de bajarse de las gradas, pero no preguntaría en el momento por confidencialidad de amigo a amigo, esperaría a estar en la habitación del aviario a solas. Jack igual lo notó, y se aseguró de hacérselo saber a Haul cuando le preguntó de forma discreta si quería descansar un rato en el Festival Cultural para comer algo, al recibir la negativa solo sintió como sus suposiciones se hacían más ciertas. El grupo de chicos entró a la Sala Común del Dormitorio, vieron la pila de cartas en una de las mesas, Leona suspiró cansado recordando una de sus tareas como Líder de repartir el correo correspondiente a los estudiantes. Las fue separando sin tanta molestia hasta decirle a los otros estudiantes que tenían correo. Se alejó estirando sus brazos por encima de su cabeza ya sonriendo divertido con un solo objetivo en mente, apenas se acercó lo suficiente para tomar de la cintura a Haul cuando el toque en su espalda lo interrumpió. Gruñó dándose la vuelta sin soltar a su prometido. —¿Qué quieres, mocoso? —Hay una carta para Haul senior, estaba tirada en el suelo. Los cuatro se giraron incluyendo al mencionado con una expresión de confusión, el aviario tomó la carta dando las gracias mirando el sobre con cierta cautela por saber quién era el remitente. Al no verlo giró el sobre encontrando el sello Imperial de los Akarrava plasmado en cera seca negruzca con brillos, el alma se le fue al suelo reconociendo la marca del dibujo de la espada con dos alas abiertas y la corona sobre estas mismas. No era del Rey, era una carta enviada por el heredero, Zakary. —¿De quién es la carta? ¿Es de tu mamá? Solo más formal ¿No? —N-No, no es de ella— Haul pasó saliva abriendo la carta sin romper el sello de cera del todo, sacó la hoja dándose vuelta para caminar mientras la leía. Las palabras al inicio de la carta no entraban su cabeza, su mente se sentía pesada como una nube tormentosa obstruyendo su razón. Las releyó dos, tres hasta seis veces hasta poder comprender los dos primeros renglones.“Fue una completa pena que no pudiéramos celebrar tu cumpleaños en la fecha estimada,
a nuestro Rey le parece una falta de decoro que no hayas sido educado al avisar sobre tus cambios de planes…”
Haul sintió la sangre bajar a sus pies cuando la carta seguía hablando sobre como el Rey estaba disgustado por la falta de celebración, seguido de un renglón con doble significado. Otra persona no la habría captado, pero él sí, conocía las formas en que ese hombre que se hacía llamar su hermano podía hablar en letra chiquita. Fue sencillo, un simple “…ya fue suficiente de estar evadiendo las cosas…” pero el aviario leyó entre líneas, las verdaderas palabras eran solo dos. Cortas y retumbantes.“Te descubrí”
Como si no fuera suficiente asfixia con el resto de la carta, la despedida fue aún más directa igual a una apuñalada con una espada. No un puñal, sino una espada a la altura justa de su corazón atravesándolo por completo.
“Iremos en dos días la Familia Imperial completa, descuida, ese director ya sabe sobre la noticia.
Será una gran celebración. Digna de un Akarrava”
Haul no sintió cuando las emociones sobrepasaron sus límites, de cuantas veces su corazón podía latir desenfrenado sin explotar, solo sintió el cuerpo ligero desplomándose sobre sus piernas antes de caer al suelo viendo negro. Para los ojos ajenos, ver la imagen del chico de ojos celestes desplomarse de la nada sacó a más de uno el infarto más grande de sus vidas. El león gritó su nombre siendo el primero en llegar a su lado acunando el cuerpo flácido del aviario en sus brazos. La hiena llegó a darle leves golpes con la mano en la mejilla del chico desvanecido sin respuesta alguna. El lobo movió a los otros estudiantes activando el plan de respuesta rápida para cuando el aviario se desmayaba. En pocos segundos el día se sintió no solo pesado, sino sombrío al ver el color níveo del rostro de Haul volverse casi traslucido por el desmayo. Leona no perdió tiempo en alzarlo en brazos llevando al chico a su habitación, era la más cercana a diferencia de las habitaciones compartidas de los demás estudiantes de Savanaclaw, Ruggie fue detrás agarrando las cosas que los otros le daban en el camino al verlos pasar a toda velocidad con el miedo en sus rostros. Ese pájaro inconsciente no se veía bien, no era un simple desmayo por el calor o por el esfuerzo de caminar en esas precarias condiciones. Era algo más. Leona lo presintió al verle las venas del brazo más oscuras de lo normal.✴︎—♛—✴︎
La habitación del Líder casi siempre se sentía como un lugar de arrogancia y lujos por las joyas acomodadas en la comoda de forma decente en esos días, no había ropa tirada en cada esquina ni en los sillones individuales. Podía verse impecable con ayuda externa o del propio dueño, pero la imagen de ese chico acostado en la amplia cama sin despertar mantenía un ritmo constante de su pecho subiendo y bajando se sentía irreal. Ruggie se talló la cara buscando ese alivio falso al ver que Haul no respondía a la sensación de las toallas frías en su cara, ya habían levantado las piernas del aviario dejándolas en puente sobre la cama. Le quitaron el chaleco, la corbata y el cinturón para ayudarle a tomar aire más fácil, no reaccionó mucho más allá de respirar más controlado en vez de respiraciones agitadas. Leona le hablaba cada minuto pidiéndole abrir los ojos o mover un dedo, lo primero que pudiera hacer si lo escuchaba, peinaba los mechones sedosos de cabello rosa pálido una y otra vez pidiéndole despertar de una buena vez. Jack ya estaba corriendo a buscar a alguien en la Enfermería o al Profesor Crewel para socorrer al aviario, se había ido hace cinco minutos y no regresaba aun. —Haul… Haul abre los ojos… Haul— el león acarició con el dorso de la mano la mejilla pálida dándole leves golpes sin daño— Oye, ocupo que te despiertes… Haul, estas a salvo, estás en Savanaclaw… ¿Hm? Abre los ojos. —Leona, no sirve, ya le hablamos por cinco minutos y no despierta. El león entrecerró los ojos viendo a la hiena en un arrebato de furia silenciosa, el gruñido profundo resonó en el silencio puesto sobre ellos hasta ser casi un rugido bajo cuando Leona se inclinó en dirección a Ruggie sin tanta paciencia. —Yo decido que hacer y cuando hacerlo, no me des ordenes cuando mi mundo está colapsado enfrente de mí. El ruido de la inhalación profunda de una tercera persona los regresó a la realidad, los ojos celestes miraron a cada lado como un venado lampareado en plena carretera. Movió su mano buscando de donde apoyarse encontrando el apoyo de su prometido. Haul desvió la vista del rostro aliviado del león al de la hiena, después inhaló una cuarta vez con dificultad recordando la carta. —Ellos van a venir… van a venir aquí… no quiero… —¿Quiénes van a venir, Haul? ¿De quién era la carta? —… era de Zakary… dijo que van a venir a festejar… mi cumpleaños… aquí, pero es una farsa… es una farsa— Haul comenzó a llorar sin ver a nadie en especial. Cuando iban a decirle algo en consuelo vieron como las transparentes lágrimas derramadas en los pómulos del chico se tornaron negras, Ruggie se alejó de inmediato con un salto como si acabara de ver a uno de los monstruos más atroces imaginados hecho realidad. Incluso tropezó con la silla del escritorio chocando con la mesa, se quedó pávido viendo a la cama donde Haul lloraba más lágrimas negras. El corazón se le iba a salir del pecho, eso no era normal. Esas lágrimas no eran normales. —… Eso es Blot… Haul va a tener un Overblot. —No, oye ¡Oye! — Leona sentó al aviario acunándole las mejillas sin contagiarse del pánico de la hiena por el Blot manchando el rostro del chico— Escúchame, Haul, escúchame un segundo… —No quiero que vengan… no quiero que el Rey venga… Lloró más lágrimas negras manchando las manos del león, sus preciosos ojos celestes se turbaron de una sombra negra, apagando poco a poco ese brillo celeste. Leona no iba a permitir ver a su prometido entrar en Overblot, no bajo su presencia. Lo abrazó subiéndolo a su regazo con una mano en su espalda y otra en su nuca acariciando el nacimiento del cabello de forma suave en círculos, pequeños “Ssh” salían de sus labios ignorando la sensación de algo mojado en su hombro. —Haul, escúchame, no voy a dejar que te hagan algo ¡¿Hm?! ¿Me oíste bien? Aquí estoy contigo ¡Aquí estoy! — el león lo apretó al sentir que el llanto se silenciaba poco a poco— Me tienes a mí aquí a tu lado, no estás solo, nunca vas a estar solo. Tienes a los demás aquí, a muchas personas que son capaces de prender el mundo en llamas si algo te pasa, de volver arena a cualquiera que te haga algo… ¿Me escuchaste? Haul asintió escondiendo su cara en el hombro ajeno buscando ese consuelo de seguridad, se hizo pequeño y delicado en brazos de Leona como una figurita de porcelana agrietada, respirando profundo ese aroma que se había vuelto tan familiar. Así como el aroma de frambuesas florales de Haul era embriagante para Leona, ese curioso aroma del perfume amaderado con toques de sol del león era suficiente para calmar al aviario en esos últimos días. Las lágrimas de Blot se detuvieron junto a los sollozos, los gimoteos a causa de la secuela del llanto llenaron la habitación. Leona giró su cabeza buscando a Ruggie para pedirle ayuda, al ver a la hiena pávida en la esquina frunció el ceño en ligera molestia por su inutilidad. No dudó en enseñarle los colmillos antes de gritar con la quijada apretada, casi en un susurro urgente. —¡¿Qué mierda haces ahí parado?! Ven rápido, ayúdame a limpiarle el rostro antes de que llegue Jack con la ayuda. Ruggie tenía las orejas abajo casi por completo con sus dedos temblando sobre la orilla del escritorio, otro grito de llamada de atención de Leona lo hizo reaccionar. —¡Y-Ya voy! Ya v-voy, carajo. La hiena se pegó en las mejillas armándose de valentía para acercarse a los dos sobre la cama, agarró uno de los paños mojados esperando ver el rostro compungido de Haul. Lo secó y limpio pensando en que era como limpiar a un bebé después de un berrinche, pero no podía sacarse la sensación de escalofríos de casi tener un Overblot en el Dormitorio por segunda vez. No le asustaba haber estado expuesto de forma directa al Blot, sino que el infectado fuera Haul, el chico tenía como Magia Única crear una ilusión de paz y serenidad en un bosque con cantos de ave y esas cosas. No quería saber cómo sería lo contrario de la forma más macabra posible, las apuestas en una situación de ese tipo apuntarían por completo a favor del aviario. Al verlo limpio del rostro soltó un resoplo de alivio, solo era ahora ese chico de condición frágil para el calor, esfuerzo físico y al parecer, también cierto límite corto para emociones tan profundas. El albinismo mezclado con su maldición genética por ser prematuro apestaba, eso dijo Ruggie en su mente al enderezarse. Haul fue reclinado en la cabecera de la cama cuidando de no golpear su cabeza justo en el momento cuando se escuchó la voz severa del Profesor quitando a los alumnos del camino, su figura estilizada con mirada de tijeras de costura analizó la habitación antes de ver al aviario. Leona se hizo a un lado calmando a su prometido cuando sintió la falta de su mano, Jack se paró a un lado de Ruggie recibiendo un susurro de la hiena que abrió los ojos al chico lobo. Crewel jaló la silla del tocador sin usar para sentarse cerca de la orilla del amplio colchón, no tardó mucho en revisar al aviario notando unos pocos restos de manchas negras en su quijada. El Profesor se dio la vuelta en su asiento viendo las miradas nerviosas del trío, ya sabía él que algo le estaban ocultando. —¿Qué más sucedió aparte del desmayo? Díganmelo y procurare no bajarles la nota del mes por no cooperar. —Bueno… —Yo lo digo. Haul alzó su vista chocando con la del trío antes de ver a los ojos grises observadores del Profesor, en una calma apenada habló lo más fuerte posible al aclararse la garganta. —Schoenheit tuvo un Overblot en el Coliseo, y yo intenté ayudar al sobrevolar por encima, pero había una barrera venenosa igual a un domo y por accidente la toque— Haul jugó con sus dedos al ver como el ceño perfectamente delineado del Profesor Crewel se fruncía anunciando el regaño por su imprudencia— Me infecté por ser un terco e imprudente, lo sé, pero ¡Jamil neutralizó el veneno y Malleus disipó los residuos! No entiendo porque intentó sucederme a mí también. —Porque estar en contacto con Blot no es algo que se quite de un segundo a otro, cachorro emplumado— Crewel jaló la oreja por puro desquite al ver como se había puesto en peligro el estudiante— Míralo como una gripe, debes de cuidarte para no subir los niveles de Blot hasta que se disipe y eso involucra no usar magia en unos días. —No usó magia— Leona interrumpió alzando las orejas al recibir la mirada autoritaria del Profesor— Tuvo un episodio de shock o algo así, fue un episodio emocional fuerte a eso me refiero. —Ah, cierto— el Profesor suspiró recordando lo que sabía de las precauciones en personas con ciertas condiciones médicas especificas— Las emociones fuertes desencadenan episodios de desmayos por el esfuerzo del corazón, el Blot también pudo usarlo como catalizador ¿Qué sucedió recientemente, joven Akarrava? —Una carta de… de mi hermano mayor Zakary, dice que vendrán a celebrar mi cumpleaños… estoy muy seguro de que es cualquier cosa menos una celebración. El Profesor Crewel inhaló profundo alzando las cejas al ver a un lugar lejano pensando en varias cosas, cuando regresó su mirada al chico palmeó su rodilla en consuelo. —Si lo escuché, el Director Crowley me lo informó al regresar del Coliseo después del VDC— el Profesor dio un apretón en la rodilla de Haul antes de mirar a un lado, ya sintiéndose estresado— De seguro el evento será en el mismo Coliseo, dos días, desconozco que tan malo vaya a salir algo como eso. —¿No hay forma de evitarlo? Hay reglas en la escuela, esa clase de cosas no deberían de hacerse solo porque lo pide un hijo de… un Rey de un pueblo que nadie conoce. —Cuida tu lengua, joven Kingscholar, no estaremos en clase, pero sigo siendo Profesor en turno— Crewel le dio una mirada de advertencia antes de hablar— Y no, o bueno si podríamos, lo más seguro es que suceda porque Crowley recibió algún incentivo para tener el permiso de hacer el cumpleaños sin quejas. —Ah ese Director, ya ni yo me vendería por dinero para romper las reglas— Ruggie se rascó la nuca bajando a su cuello en un gruñido de queja— Es algo bajo pasar por encima de la salud emocional de sus alumnos solo por tener un beneficio financiero. —Ya somos dos, joven Bucchi. El Profesor Crewel se levantó acomodándose su chaleco y camisa de vestir de forma elegante en movimientos fuertes sin verse brusco, sino refinado. El trío se veía incomodo con la idea de estar en dos días en una fiesta de cumpleaños no tan cumpleaños en el Coliseo, Haul solo cerró los ojos deseando no existir en ese momento o encontrarse en otro lugar lejano para no tener que soportar ese día. Era poco tiempo para ser una decisión apresurada de parte del mismo Rey conociendo su personalidad y pensamiento, seguro ya tenía la idea desde hace varios días, solo le dio “un respiro” de falsa esperanza. El miedo se transformó en rabia endureciendo la expresión quebrada del aviario, asustando a Jack y Ruggie por si en cualquier momento el chico se paraba de la cama a matar a alguien, Leona solo suavizó sus iris esmeraldas. —Descansa el resto del día, tienes permiso de mi parte para faltar el día de mañana a clases, al cabo mañana es viernes y después fin de semana— el Profesor Crewel miró empático al chico bajando su fachada de profesor por una más humana— No te fuerces, joven Haul, no pienses mucho en la carta o lo que sucederá, es solo un día. Solo eso. —… Lo voy a intentar. El Profesor Crewel se cruzó de brazos viendo al chico de cabello rosa pálido en un respiro resignado, conocía a ese estudiante desde el día uno en esa escuela. Era el alma más noble entre tantos salvajes, con una fuerza tan grande que no cabía en su corazón de lo poderosa que era. Su tenacidad era envidiable, y causaba orgullo verlo de pie después de tantas cosas vividas en ese lugar. —Cuídate mucho, cachorro emplumado, por favor— regresó a su figura autoritaria al ver al trío— Asegúrense de que este joven tome su descanso como se debe, si algo le sucede los haré responsables a cada uno. En un movimiento grácil digno del apellido Crewel, el Profesor salió de ahí escoltado por Jack y Ruggie.