NARUTO: CUESTIÓN DE HONOR

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G
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2
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planificada Mini, escritos 25 páginas, 12.125 palabras, 7 capítulos
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CAPÍTULO VII

Ajustes
—¿QUÉ QUIERE DECIR EXACTAMENTE CON SUS PALABRAS? Le recuerdo que su papel se limita al de cuidador de la familia Hyūga y si no lo ha notado, también pertenezco a dicha familia. —dijo Neji sin titubear. —No trato de insinuar nada mi Lord, simplemente llevo a cabo el papel que se me ha asignado como guardián de Lady Hinata Hyūga. Fue ella exactamente quien me designara tal misión, la pregunta es importuna lo sé, pero ¿Le puedo servir en algo? Un silencio incomodo invadió la sala principal mientras los ánimos se calentaron de a poco, todos alrededor eran testigos de una batalla viril de palabras y ajetreos entre el Uzumaki y el joven Hyūga, en donde cada uno de los hombres sacaban a relucir su masculinidad en base a pequeños golpes al ego del otro. Ante la falta de palabras de Neji y en una búsqueda deseosa de ganar dicha batalla de verbo, Naruto lanzo una ultima estocada al orgullo de Neji. —De no haber nada que decir o que pedir, le imploro tome la distancia prudente de Lady Hyūga, pues su princesa no merece tal agobio de parte de usted Lord Neji, después de todo supongo que en su jerarquización pone a Lady Hinata en el papel que le corresponde ¿Cierto? —¡¡MALDITO UZUMAKI!! ¿QUÉ LE DA VALOR DE SEMEJANTES FALTAS DE RESPETO ANTE LA ALCURNIA QUE YO REPRESENTO? —El valor que iguala o supera aquella princesa que me ha elegido como guardián de la casa Hyūga. La tensión era palpable y de apoco superaba lo normal en una conversación cualquiera. Sus personalidades eran tan similares en el aspecto del orgullo y la pasión ferviente por lo que consideraban suyo, pero tan diferentes en como lo expresaban, pues mientras Neji lo hacía con arrogancia y superioridad, Naruto lo manejaba con un estoicismo digno del título Samurái que portaba con orgullo. —Dentro de esa jerarquía que realiza… ¿En que lugar me pone a mí? Pues bajo mi visión y lo que me parece, usted es muy inferior a nosotros ya que hasta el día de ayer no era más que un Samurái sin familia y con apellido vergonzoso. Parece que Neji había tocado una llaga en el corazón de Naruto con tales palabras, aquella cicatriz que de a poco cerraba con ayuda del tiempo y sus amigos, de la vida y los maestros volvía a abrirse con el mismo dolor del primer día. Llevaba menos de una hora siendo el Samurái de los Hyūga y los problemas por su postulación comenzaron a relucir. En medio de aquel salón con suelo marfilado y ventanales gigantescos, Naruto era víctima de sus pasiones, de sus deseos más oscuros y de sus promesas rotas que de a poco envenenaban su alma. Su cuerpo comenzó a tensarse mientras el sudor baja de su espalda recorriendo como un cubo de hielo cada parte de su piel, mientras la respiración se apretaba y se lograba escuchar el pesar del aire entrando por sus fosas nasales. Casi por naturaleza, sus dedos bajaron lentamente por el costado izquierdo de su cintura, rozo con las yemas de sus gruesos y largos dedos los inicios de su katana. Estiraba su mano y la apretaba acariciando el ornamento del mango de su katana para desenvainar, era el mismo proceso que llevaba a cabo en la batalla, pero después de todo estaba en territorio enemigo ¿Cierto? Si el objetivo de Neji era que Naruto perdiera los modales y la etiqueta ante tal evento lo había logrado de maravilla, era más que notorio que el Uzumaki estaba esforzándose de más por no reaccionar de la forma deseada ante las acusaciones del joven Hyūga. Incluso Kakashi lo noto con antelación, vio como el pecho de Naruto se expandía cada vez más, como sus manos se tensaban y ni hablar del coqueteo tan descarado con el mango de su katana. —Es cierto, —dijo Naruto flaqueando su mano mientras la alejaba de su katana— hasta el día de ayer no era mucho o lo suficiente en base a su percepción de la vida mi Lord, pero ese equivoca al decir que mi apellido me da vergüenza. —A diferencia de usted, yo sé quien soy y no quiero ser nadie más, me he rehusado una y otra vez a creer que algo como el apellido te da o te quita y soy fiel testigo de que para la vida es igual tu alcurnia o tu apellido, un pobre y un rico mueren, un perro y un gato mueren también, incluso le aseguraría que un Hyūga y un Uzumaki mueren de la misma forma, pero no con la misma paz. —A partir de hoy sirvo a la princesa Hinata Hyūga, descendiente directa de Lord Hyūga y para mí concierne, la única que le deberé explicaciones en algún momento que llegue a fallar o incumplir mi deber por un error personal. —Hasta que ese momento llegue, ruegue con todas sus fuerzas a la vida que nunca nos encontremos en situación diferente a esta, pues le respetare en su palacio, pero fuera del el… nunca lo hare. —terminó el Uzumaki de decir. El silencio volvió a invadir la sala ante tal ultimátum del joven Uzumaki y la cara de Neji lo dijo todo. Su rostro era una mezcla de odio y ansiedad con un toque de desesperación por hacer algo ante lo que consideraba una falta de respeto de aquel Samurái. Ante el inminente altercado físico por parte de los dos jóvenes y tratando de aligerar el ambiente que cada segundo se volvía más volátil, fue que Kakashi decidió acercarse de a poco a Naruto. Tomo al joven Uzumaki de sus hombros y lo obligo a realizar una reverencia a Neji bajo el disgusto no disimilado del rubio. —Disculpe amo Neji, la maestría del joven Naruto se ve manchada ante la reacción tan poco digna de su nombre y su prestigio, pero déjeme decirle si de algo sirve que nunca más le hablara de esa forma ¿Cierto, Naruto? —menciono Kakashi mientras veía directamente al Uzumaki. Ante la presión social que sentía y la obligación a la que había sido expuesto tal vez sin quieres, no tuvo de otra que aceptar su derrota táctica en ese mismo momento. —Es verdad, disculpe mi comportamiento joven Neji, no volverá a suceder otra vez. —Le disculpo, pero le advierto que es la ultima vez que le permitiré ese tipo de mal entendidos, después de todo mi futura esposa lo eligió, algo de bueno debe tener. Fueron las ultimas palabras que Neji pronuncio antes de salir de la sala principal en el palacio Hyūga. Comenzó sin previo aviso su caminata al carruaje real que lo esperaba afuera, saliendo por las puertas con elegancia y soberbia que son tan distinguidos de su ser. —¿Futura esposa? —dijo Naruto mientras veía a Hinata de reojo. Era una sensación inexplicable la que nacía en su pecho, similar a la que se da cuando uno galopa en exceso a caballo por las paraderas. Si se analizaba la forma en que su mente se sentía agitada y su corazón latía con una suma rapidez y se añade el pequeño escalofrió que recorrido sus pies y su cabeza, se podría hablar de síntomas inequívocos sobre interés que había presentado en Lady Hinata. Pero eso no se podría dar ¿Cierto? Después de todo Naruto está comprometido con Ino Yamanaka, el sentir eso significaría sin duda alguna que lo que habría encontrado la respuesta a su pregunta inicial sobre ¿Por qué debería de ir al norte? Pero eso era una tontería, después de todo el destino no existe, son solo formas que sea crean para evitar la responsabilidad de los actos. Si estuviese enamorado de Hinata Hyūga, de la hija de aquel que un día sin piedad alguna termino con el ultimo aliento de los Uzumaki ¿Qué clase de hombre sería? ¿Cómo podría dormir sabiendo que ama a quien mato a los suyos? Parecía seguro que el orgullo de Naruto detendría toda costa cualquier sentimiento que no fuese profesional. Pero todas estas preguntas y cuestiones sobre la vida y las responsabilidades atacaban la mente de Naruto, por la cabeza de Hinata solo pasaba una cosa, ¿Por qué Neji tuvo que dirigirse a ella como su prometida en frente de Naruto? Sin duda alguna la enfermedad del amor había tomado posesión de Hinata en su totalidad, lo que inicio con una breve y fugaz semilla de curiosidad, germino como una bella flor de amor y de interés genuino. Pero era culpa completa de Naruto o eso se decía, ¿Por qué la protegería de esa forma tan valiente y seductora? ¿Por qué la haría sentirse segura a su lado si no es para cuidarla? Y si sus palabras no fueron en vano y meramente burocracia, entonces él la había aceptado de alguna forma, se decía Hinata a sí misma en un intento desperado e infantil de sentir que el hombre que la había flechado sentía algo similar a ella. Una vez más se perdió en sus sueños y pensamientos que la alejaban del mundo ruin y agotador al que se le debía decir “real,” aquel lugar en donde nada era de ella aun teniéndolo todo y donde sus amores no eran retribuidos de la misma forma y sentimiento.
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