CAPÍTULO VI
1 de febrero de 2026, 0:06
El amor es lo más extraño que existe en este mundo, es caótico, fugaz, ansioso y demente. Llega como un viento feroz que, sin medida o pena alguna mueve todo aquello que sentías estable, cambia de posición la vela y te arrastra sobre nuevas aguas, llevándote a una nueva aventura, llena de pasiones y deseos que muchas veces pueden ir en contra de lo que el alma juraría eres tú.
Pero no solo el amor es chocante a la lógica humana, hay algo más allá todavía, algo que es imposible adivinar y mucho menos el controlar, algunos lo buscan y mueren sin haberlo hallado, mientras otros tantos huyen de él con toda su fuerza, dejando en vida la vida para morir en angustia de su llegada. Después de todo, el destino es aterrador al equivalente que asombroso, su embriagadora presencia, te obliga a esperarlo, te obliga a saber de su existencia en tu vida, aun sin ser requerido.
No siempre lo buscas, no siempre lo olvidas, pero su presencia se envuelve con cuidado sobre toda la existencia misma, rigiendo desde las sombras lo que es considerado como las leyes de la naturaleza humana. En el caso de Hinata, había tardado quince años en llegar a ella. Lo que tanto anhelaba había llegado, pero no como lo pidió, no como lo soñó.
—Suélteme, se lo pido, mi señora.
La mirada de Naruto esquivaba con frialdad el calor de aquellos ojos perlados que se clavaban dentro de su alma y lo obligaban a bajar aun más las barreras de lo que para un Samurái de su renombre sería permitido.
—L-Lo... lo siento, —dijo la Hyūga, mientras soltaba con amargura el trozo de tela que la unía a él— solo... le pido que vuelva a su lugar, todavía no hemos terminado.
—¿Por qué le molesta el dejarme ir, lady Hyūga?
—Porque debo de elegir al mejor de ustedes, sin duda, y-yo... yo sé que es usted.
—¿Cómo podría decir algo así estando frente a tales hombres?
—No se me mal interprete, cada uno de ellos es digno de llevar ese titulo de Samurái, pero usted es... es tan diferente, he oído grandes coas de usted como profesional de este arte. Incluso si sus acciones hasta el momento son cuestionables, yo sé que es usted.
Termino Hinata mientras se agachaba con cuidado y elegancia a recoger lo pañuelos del suelo, dio una reverencia a los dos Samuráis que permanecía sentados y confundidos ante las palabras de la princesa.
Desdoblo cada uno de los pañuelos y con gentileza y ternura, colocaba cada uno de los cuadrados blancos encima de las tazas de té de Shikamaru y Shino, mientras decía.
—Les agradezco inmensamente el gran esfuerzo que han realizado al llegar aquí, cada uno de ustedes tiene algo que es digno del titulo que con honor y compromiso defienden en cada batalla, sin duda algún Lady Tsunade tiene entre sus filas a lo mejor de lo mejor y en eso nunca ha mentido Kakashi-sama. Sin embargo, he de ser honesta conmigo y con lo que el clan Hyūga busca, disculpen si les he robado de forma abrupta el tan valioso tiempo que se nos da para vivir.
—No se disculpe, Lady Hinata, es un honor el ser considerado a ser parte de esta gran familia y gran linaje como lo es el Hyūga, su decisión es la más exacta y la única importante. —dijo Shikamaru mientras regresaba la reverencia y se levantaba de su asiento.
—Concuerdo con mi compañero, Lady Hinata, usted es la que tiene la mejor de la visión sobre lo que necesita en este palacio, me alegra haber servido con mi papel, gracias—dijo Shino mientras daba una reverencia y se levantaba del pequeño asiento donde estaba.
Mientras los tres conversaban y daban sus enhorabuena y disculpas por temas de tiempo, en la entrada a la sala de té, se encontraba de pie Naruto, quien se había convertido en pieza del mobiliario del salón.
Su extrema quietud y lo que podría ser descrito como una parálisis interna que lo mantenía inerte ante la desgarradora verdad de su futuro, lo atormentaban a tal grado que, quien lo viese podría asegurar era similar a una estatua de marfil con la que se adornaban las entradas de los mejores palacios.
Sus ojos azules se clavaban en la escena tan terrorífica de sus amigos y compañeros saliendo de la sala de té, parecía que su destino había sido reescrito, a partir de ahora tendría que servir a los Hyūga, como lo haría a un amigo.
—P-Pero... yo—sus labios se abrieron lo suficiente para que un quejido saliera de ellos.
—Lady Hyūga... yo... yo. —era lo único que su boca podía pronunciar.
—¿Le pasa algo, Naruto-sama? Se ve un tanto pálido.
—No, nada sucede, solamente, me gustaría tomar algo de aire.
—Me parece justo, hemos estado mucho tiempo aquí, lo mejor es que tomemos algo de aire, así que déjeme nombrarlo Samurái y saldremos.
—¿Nombrarme?
Shino y Shikamaru voltearon a mirarse incrédulos de lo que observan, Naruto parecía no atender o no querer aceptar lo que estaba pasado, incluso cuando las palabras de Hinata eran claras. Sin duda algo que nunca había realizado Naruto en su vida como Samurái.
—Sí, usted será el nuevo Samurái del palacio Hyūga, pensé que lo había dejado claro, pero al ver que no es así, le aclarare los hechos, vera, lo he elegido como el nuevo Samurái, siendo que considero adecuada su habilidad mental en las respuestas que me ha obsequiado durante este tiempo, la habilidad en batalla será medida por Kakashi-sama, pero por ahora, puede acompañarme a despedir a sus compañeros.
Dijo Hinata mientras tomaba rumbo a la puerta donde Naruto se encontraba de pie, su caminar era firma y elegante, haciendo que el Uzumaki se perdiera en el largo de su cabello negro-azulado, un color que sin duda nunca antes había visto.
Sus manos comenzaron a temblar y su corazón ha latir de forma ansiosa ante la cercanía de aquella mujer que había derribado por completo cada una de sus barreras, mientras forzaba a sus ojos por alejar su mirada de ella, sintió el dulce aroma que emanaba de ella como una esencia embriagadora que le robaba el aliento.
Incapacitado por su desventaja ante la enorme incomprensión de lo que había sucedido, simplemente se digno a ocultar su respiración agitada y la sintomatología del ferviente anhelo que crecía en su mente ante la semilla planteada de que aquella mujer era más de lo que su apurada mente le dejaba comprender y decir.
—A su orden... mi Lady.
Hinata asintió, con un ligero rubor en sus mejillas ante la mirada penetrante del joven rubio, era tan excitante el saber que a partir de ahora tendría todo el tiempo necesario para estudiar y analizar el por qué de sus emociones hacia él, sin duda necesitaba con urgencia el saber que lo hacía tan especial, o eso se decía ante la mentira que quería ocultar de su amor por el Uzumaki.
—Siendo que todos estamos en acuerdo, partamos.
—Le seguimos, Lady Hinata. —comentó Shikamaru.
—Después de usted, Lady Hyūga. —dijo Shino mientras tomaba lugar detrás de Shikamaru.
Asi fue como comenzaron su caminata desde el salón del té hasta los jardines principales del palacio Hyūga, donde los carruajes esperaban por los Samurái y los miembros del clan ansiaban conocer la resolución de la ceremonia.
Los pasos sonaban por todo el solitario pasillo del inmenso palacio, rebotaban los ecos de las getas de Hinata sobre cada muro y cada decoración de aquel lugar, mientras el ruido de las vainas de Katana hacían vibrar las ventanas.
El silencio era el justo ante un evento de tal magnitud, aunque si se tuviese que adivinar, también se percibía un ligero aire de ansiedad y miedo ante la elección de Naruto como el nuevo Samurái.
Después de todo, ver a un Uzumaki como guardián de un pueblo que asesino al suyo... es hilarante, seria necesaria una madurez increíble por parte de Naruto para poder dividir los sentimientos de la razón, pues ahora la única razón que existía, es que tenia un nuevo cargo y debía de estar a la altura de su nombre, de su apellido y de su nación.
De apoco fueron perdiéndose metros de aquel pasillo gigante que guiaba a sus caminantes hasta la entrada principal del palacio, donde ya aguardaban desde sirvientes hasta mascotas, desde el emperador, hasta el antiguo Samurái de la familia real, desde Kiba Inuzuka hasta el noble Neji-sama.
Los primeros en hacer contacto con los demás fueron Hinata y Shikamaru, después Shino y de ultima instancia Naruto, pues iba a su ritmo, lento y confundido, ansioso, pero molesto, después de todo, su honor había sido ensuciado, ¿Trabajar para los Hyūga? Que burla de mala gracia por parte de la vida.
—Lady Hinata ¿Qué tal estuvo todo? Por favor díganos el resultado de su elección, estamos ansiosos por saberlo. —comentó Ko, mientras se acercaba lentamente a Hinata.
—¿Quién será nuestro próximo Samurái? —mencionó Natsu mientras apretaba los puños de entusiasmo.
—Vamos, Hinata-sama, debe decirnos, después de todo, sabe que tenemos expectativas y no es educado el dejar a la gente con vacilación ante tales temas. —dijo Neji mientras apartaba a Ko y Natsu para estar al frente.
Hinata bajo la mirada ante la presencia de todos los miembros del clan Hyūga, respiro profundamente mientras apretaba sus dedos pulgares entre sí y trataba de ocultar el nerviosismo que sentía al decir el nombre de Naruto frente a todos, más que por miedo a la reacción de los demás, era un recelo sobre como ella reaccionaria a decir ese nombre en voz alta.
Sus labios se apretaron mientras la tinta roja que Natsu había puesto en ellos desaparecía de apoco más cada vez que Hinata lamia sus labios por la agonía a ser juzgada, cerro sus ojos mientras tomaba un poco de aire ante la tensión inminente en el salón central.
—¿Hermana mayor, quien es? —dijo Hanabi mientras veía la palidez abrumadora de Hinata.
Un silencio sepulcral lleno todo rincón dentro de la sala central en el palacio, las miradas expectantes caían y recaían por competo en la silueta de Hinata, quien permanecía inerte ante la ansiedad colectiva que los envolvía.
—Hinata, ya dinos la elección, es una orden. —ordeno Hiashi mientras se acercaba de forma agiatada al centro de la sala.
—Es hora de que seas una mujer y te comportes como heredera, Hinata, deja de lado esas niñerías de vergüenza y timidez, ahora dime quien fue...
—NARUTO UZUMAKI... él será el siguiente Samurái para la familia Hyūga.
—¿UZUMAKI? ¿HAY UN UZUMAKI EN ENTRE NOSOTROS? —dijo Neji mientras volteaba frenético a cualquier lado en busca del Uzumaki.
—ELIGIÓ A UN UZUMAKI... HINATA-SAMA. — siguió Neji mientras tomaba a Hinata de los hombros dándole un pequeño apretón.
Al escuchar esto, Naruto subió su mirada perdida y se conecto de nuevo con su versión seria y fría, mientras se acercaba de forma tranquila y segura hasta mitad del salón central, se acerco a Hinata y tomo un paso al frente de ella, quedando cara cara con Nej, mientras decía.
—Naruto Uzumaki, del sur, tierra de Konoha, donde la emperatriz Tsunade Senju gobierna, al servicio de su emperatriz... Hinata Hyūga, ¿Le puedo servir en algo? Si no es así, le pediría se mantenga a la distancia prudente de su emperatriz.
Tal vez fue la forma en que Naruto la aparto de Neji, incluso puede haber sido la voz tan seria y profunda que uso al decir su propio nombre, pero no había ninguna duda, Hinata estaba perdidamente enamorada de Naruto y ansiosa de misma forma por saber si detrás de todo eso, de todo aquello que aparentaba ser, habría alguien capaz de amar y de obsequiarle de forma desinteresada la pasión que tanto anhelaba.