Un nuevo mañana

Gen
G
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3
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planificada Mini, escritos 42 páginas, 20.875 palabras, 13 capítulos
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Capítulo 12

Ajustes
El infierno no era lo que Peter y Mary Jane esperaban. Al cruzar el portal esperaban ser recibidos por un calor abrasador, ríos de sangre, un ejército de demonios listos para someterlos a las peores torturas inimaginables o solo puro sufrimiento sin contexto. Pero no fue así. El infierno estaba vacío; no había sangre ni fuego etéreo, solo un páramo desolado, un sol muerto y un cielo oscuro. El suelo estaba cubierto por ceniza negra, la cual olía a plástico quemado. —Peter… ¿Estás seguro de que estamos en el infierno correcto? —No tengo dudas. — Se puso la mano en la frente a modo de visera para bloquear la luz negra del sol oscuro—. Andando. Caminaron aparentemente sin rumbo por el páramo de cenizas negras durante varias horas. En ese tiempo, Peter le había explicado la situación a Mary Jane: debido a las condiciones del contrato, Mephisto no podía dañarlos directa o indirectamente. Es por eso que el infierno aparentaba estar vacío, ya que era probable que los demonios y pesadillas no se contuvieran e intentaran retarlos o hacerles daño. Sucedía lo mismo con la geografía del lugar; era más que probable que Mephisto hubiera modificado el infierno de antemano para no ser letal con sus habitantes. Pero si esto era cierto, si Peter tenía razón, entonces era seguro asumir que no solo Mephisto estaba al tanto de sus objetivos y planes, sino que también los estaba observando en ese mismo momento. Con eso en mente, pasaron las primeras horas en silencio, caminando fijamente hacia lo que Peter aseguraba era el centro del infierno. El silencio se volvió tan insoportable que la pareja empezó a compartir lo que habían vivido desde que se separaron. Peter le contó sus recientes aventuras en el espacio y otras dimensiones con otros Hombres Araña; le habló acerca de Mayday Watson-Parker, la Spider-Girl que conoció cuando ella viajó al pasado, entre otras pequeñas aventuras. Por su parte, Mary Jane compartió su experiencia como Venom, lo cual estuvo lejos de ser agradable. Aprovechó esa oportunidad para confesar todo lo que había hecho y, una vez más, se disculpó por lo que la Mary Jane del pasado le había hecho pasar. Le aseguró que esa persona ya no existía. No lo decía por haber cambiado de parecer o porque genuinamente se arrepintiera de sus acciones, sino porque la Mary Jane Watson que había sido acondicionada para amar a Paul había desaparecido. Peter agradeció su sinceridad, pero no podían pensar en el futuro de su relación en ese momento. Sin embargo, la perdonó por todo lo que había pasado, fuese su culpa o no. Mary Jane, con una sonrisa, miró al frente con paso renovado y se dio cuenta de que se dirigían hacia un castillo monumental que se veía pequeño debido a la distancia. ……. Habían pasado seis días (o al menos eso sentían) desde que Peter Parker y Mary Jane se habían adentrado en el reino de Mephisto. Estaban en lo que solo podían suponer que era un planeta. Pasaron días hasta que notaron que el tiempo corría de diferente manera, pues transcurrieron cuatro días antes de que anocheciera. A veces la gravedad estaba invertida o había otro centro gravitacional; o, como decía MJ, abajo era derecha y arriba era abajo. Lo que habían experimentado era difícil de explicar. Según Mary Jane, tenía la sensación de que, si se desviaban, podrían salir de esa dimensión por sus propios pies. Peter compartía sus sospechas: era probable que esa fuera la forma que Mephisto tenía para “no intervenir”. En todo ese trayecto nunca estuvieron solos. En cada sombra y eco se ocultaban susurros de demonios con miles de voces. Prometían cumplir lo que más anhelaban: ser el Sorprendente Hombre Araña, Peter Parker, líder de los Vengadores, con su esposa la Gata Negra, junto con los seres queridos que habían muerto. Algunos prometían el descanso de la muerte. Sin embargo, tanto Mary Jane como Peter solo querían una cosa: recuperar el alma de su hija. Había días en que la oscuridad del sol no les dejaba seguir y se turnaban para dormir mientras el otro vigilaba. Cuando era el turno de Peter para dormir, Mary Jane insistía en que Peter usara sus piernas como almohada. Peter se negó la primera vez, pero tuvo que admitir que era una sensación nostálgica. Solía descansar así cuando estaban casados en otra vida, una más simple pero más amena. Un efecto secundario de los lanzatelarañas que compartía con Mary Jane era que ambos podían sentir los latidos del otro. Para Peter era un sonido relajante que le gustaba escuchar; para Mary Jane, un recordatorio de lo que habían perdido. Cuando le tocaba el turno de dormir a Mary Jane, Peter insistía en seguir caminando mientras la cargaba dormida. A ella no le gustaba aquello; le hacía recordar que, aun con poderes prestados, ella seguía siendo una carga. Pero Peter no claudicó. Más de una vez Mary Jane despertó en los brazos de Peter y el castillo de Mephisto era más grande que cuando cerró los ojos. Así pasaron los siguientes días u horas (era difícil estar seguro). Su peregrinaje era más una tortura autoimpuesta. En el reino de Mephisto no sentían hambre, pero sí cansancio. Ambos sabían que, con solo unas palabras dichas en voz alta o un deliberado desvío hacia lo que sentían era la salida, ese tormento al que voluntariamente se exponían se acabaría. Ninguno de los dos se rindió. En cambio, cada kilómetro que avanzaban era un paso más cerca de su destino. El castillo de Mephisto se hacía más grande conforme la pareja se acercaba y, con su altura, nuevos detalles se hacían presentes. Al principio, Mary Jane creyó que el castillo tenía una pinta minimalista, sin detalles importantes; lo único destacable era el color rojo intenso del que estaba pintado. Esta noción se le borró al despertar de la tercera noche, ya que no era un castillo normal de trescientos metros de altura; la perspectiva le había jugado una broma. Sus dimensiones eran mucho más titánicas de lo que podría haber adivinado. También se había equivocado en el estilo, ya que era un estilo barroco tan hermoso que más de una vez se vio perdida en la contemplación de las bellas esculturas de las gárgolas que adornaban cada esquina. En lo único que Mary Jane acertó fue en el color. En la mañana del vigésimo segundo día estaban en las puertas del castillo de Mephisto. En la puerta los recibieron demonios que Peter no reconocía. Estos estaban ansiosos por derramar sangre; sin embargo, todos se mantuvieron al margen. Sabían lo que les habían hecho a los otros demonios que intentaron interponerse en su camino. Sabían que la única forma de no morir una muerte atroz por manos de su amo era abrirles el paso hasta donde se encontraba Mephisto. ….. El rey del infierno estaba sentado en su trono, con una pierna sobre el apoyabrazos y reclinado hacia el otro respaldo. Bebía una copa de un líquido rojo viscoso, del mismo color con el que el castillo estaba pintado. Mientras los veía acercarse, sonrió al encontrar los ojos de Peter. Mary Jane se puso rígida al ver su sonrisa. Ella estaba lista para pelear, pero Peter siguió caminando con aire decidido. —Araña, ¿a qué debo este honor? —preguntó Mephisto. Sonaba genuinamente desconcertado por su presencia allí. —Sabes a qué vine —dijo Peter con una furia apenas contenida. —Sí, lo sé. Pero no te afectará si lo dices en voz alta. —He venido por el alma de mi hija —declaró Peter sin dudar. —Y yo poseo su alma. ¿Qué tienes para intercambiar por dicha alma? —Todo. Mi vida, mi alma o mi servidumbre. Lo que quieras. MJ se dirigió hacia Peter, alarmada. —Peter, ese no era el plan. —Sí lo fue. Lamento no haberte dicho porque te pedí que me acompañarás aqui. Alguien tenía que llevarse a nuestra hija del infierno. —¿Quién dijo que quiero tu alma? —¿Qué? —exclamó la pareja, atónita. —El alma no vale tanto como tú crees. No posee valor intrínseco. El valor se lo da el comprador, dependiendo de cuánto esté dispuesto a pagar. Yo, sin embargo, no quiero tu alma; por lo tanto, no tiene valor. No obstante, tú tienes lo que yo deseo y solo tú puedes dármelo. Peter y Mary Jane se miraron a los ojos al escuchar esa explicación. Había tantas cosas que se transmitieron con esa mirada. —¿Qué es lo que quieres? —preguntaron al mismo tiempo. —Tus poderes, Peter Parker. Mary Jane se alarmó. Esta debía de ser una trampa. —No lo aceptes. Sin la protección del trato anterior y sin poderes, moriríamos los tres antes de salir de aquí. —Les doy mi palabra de que no intentaré nada contra ti ni tu familia. Tienes mi palabra de que podrás salir ileso de aquí y nunca les haré daño directamente. Ya no había vuelta atrás. Si daba un paso adelante, Peter Parker nunca volvería a ser Spider-Man, pero su hija y MJ estarían vivas. Peter pensó en Miles y llegó a una respuesta. —Dame a mi hija. Danos tu palabra de que ni tú ni los tuyos harán nada contra mi familia. A cambio, mis poderes serán tuyos. —Hecho —extendió su mano para cerrar el trato. Peter estrechó la mano de Mephisto y sintió cómo su sentido arácnido se iba apagando, su fuerza disminuía y sus heridas hacían eco. MJ también lo sintió: volvió a ser la misma MJ de siempre. Fue hacia Peter, pero en su camino apareció una cuna salida del suelo. La cuna era sencilla y sobresalía del entorno, ya que su estilo simple no encajaba en la decoración gótica-barroca del castillo. Dentro de la cuna había una Mary Jane en miniatura. Mary Jane la tomó instintivamente y la bebé comenzó a llorar. Peter fue a su lado mientras el castillo se desvanecía. Al tomar su mano, Peter supo que había hecho lo correcto.
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