Capítulo 13
9 de marzo de 2026, 13:17
Dolor.
Lo primero que sintió Peter Parker al despertar fue dolor. Le siguieron el cansancio, el hambre y la sed. Pero estas sensaciones eran opacadas por el dolor. Peter recordaba todo lo que había pasado en el infierno. Sabía que su cuerpo con biología superhumana se había esfumado y ahora tenía el cuerpo de un ser humano normal. El dolor que sentía en sus músculos y articulaciones era provocado seguramente por caminar casi un mes sin parar. Pero el dolor que sentía en su pecho era por otra razón.
Mary Jane estaba gimiendo mientras lloraba quedamente; su corazón estaba tan roto como el de Peter. Ambos sabían que al rescatar el alma de su hija eso no significaba que mágicamente se materializaría en el mundo real. Peter había barajado la posibilidad de incluir un cuerpo para el alma de su hija como parte del trato, pero sabía que un cuerpo fabricado por literalmente el diablo no sería el mejor contenedor para su hija. Solo podían rezar para que su hija reencarnara en una nueva vida.
La pareja yacía en la cama de Mary Jane en silencio mientras esperaban que las lágrimas dejaran de caer.
Peter no quería pensar en nada; sin embargo, su mente notó que, a juzgar por el ángulo de las sombras, ellos habían regresado el mismo día y quizás a la misma hora en que cruzaron el portal. En cualquier momento los Vengadores y otros grupos de la ley irrumpirían en el apartamento para arrestar a Peter.
No importaba. No quería separarse de Mary Jane por nada del mundo en ese momento. Pasaron las horas y el ánimo de Mary Jane cambiaba como la marea: había momentos en que lloraba desconsoladamente; otras veces se aferraba a Peter mientras ella chillaba de frustración, seguido de susurros adoloridos. Para cada faceta de su dolor ahí estaba Peter para apoyarla. La abrazaba y susurraba palabras de consuelo.
Al caer el crepúsculo, el cielo de Nueva York se pintó de un antinatural naranja vibrante con toques de rosa, cortesía de los altos niveles de smog que contaminaban el cielo metropolitano. El humor de Mary Jane se había estabilizado, pero su salud se vio afectada. Más de una vez se había levantado de la cama con el único propósito de vomitar para volver al lado de Peter, dejándose caer por una fatiga crónica. Peter se preocupó por la salud de Mary Jane. Sabía que el despecho podría causar esos síntomas; lo sabía muy bien por experiencia propia.
Decidido a ayudarla, Peter la iba a llevar al hospital donde podrían recetar antidepresivos. No era una solución, pero sí un parche hasta que la herida que había dejado perder a su hija pudiera sanar. Al encender su celular para llamar a un taxi, Peter recibió decenas de notificaciones del novio de la tía May, J. Jonah Jameson, Miles y el Hospital de Nueva York. El primer mensaje que leyó lo decía todo: la tía May había sufrido un ataque.
Peter Parker había pasado semanas planeando el contrato que iba a pactar con Mephisto en el tiempo que pasó en el infierno. Tenía que ser cuidadoso de dejar en claro que no debía deshacer el trato anterior, sino hacer uno nuevo; de esa forma su identidad secreta, así como la salud de May, no se verían afectadas. Pero Peter es un ingenuo al suponer que el universo funciona de esa manera.
Tanto Peter Parker como Mary Jane Watson ignoraban que, al momento de hacer su primer trato con Mephisto —aquel que cambiaba la salud de May Parker por el amor mutuo de la pareja—, Mary Jane estaba embarazada sin saberlo. En esencia, el trato cambiaba una vida por otra. Al extirpar los años que la pareja había pasado junta, el alma de su hija no nata no tenía forma de existir; pero tampoco Mephisto podía reclamarla como de su propiedad, ya que ni Peter ni Mary Jane habían renunciado explícitamente a su alma. Por lo tanto, Mephisto no podía interferir. El alma de la hija de Peter Parker y Mary Jane Watson era para Mephisto como los certificados de propiedad de una estrella que uno puede comprar por internet.
Cuando Peter y Mary Jane sacaron el alma de su hija del infierno, el universo se había desequilibrado. Esto no fue a causa de Mephisto, sino una consecuencia de la irresponsabilidad de Peter Parker al tratar de alterar egoístamente el flujo cósmico de la vida y la muerte.
Peter Parker creía arrogantemente que podía burlar el destino una vez más; después de todo, ya lo había hecho antes, quizás más que cualquier otro héroe. Pero el universo se había cansado de sus evasivas. Este ya no se dejaba seducir por dialécticas intelectuales. No había huecos legales o subcláusulas en la lógica del contrato que explotar.
El universo exigía pago, y todos pagan. Maybelle Parker debió morir en la cama del hospital hace ya mucho tiempo, pero el destino se estaba recomponiendo para hacer esto realidad. Los doctores no podían hacer nada más que aliviar su dolor lo más posible. Cada doctor que la había visto había predicho que podría morir en cualquier momento. Pero, a pesar de todo esto, Mayday Parker se mantenía con vida, quizás por pura fuerza de voluntad, ya que quería ver y despedirse de su único hijo antes de acompañar a su amado Ben al descanso eterno. Quizás, solo quizás, el universo estaba siendo inesperadamente piadoso al concederle a Peter un último adiós a la mujer que lo había amado como a su propio hijo.
El tráfico en Nueva York, como siempre, era demasiado lento. Peter se maldecía a sí mismo por no poder columpiarse hasta el hospital como habría hecho si aún conservara sus poderes.
Al llegar al hospital fue recibido por caras conocidas: J. Jonah Jameson, Miles Morales, Ricardo Bernal, Harry Osborn y las vecinas de su tía May. Peter esperaba ser reprochado por los presentes por no estar al lado de su tía en esos momentos. Sentía que lo juzgaban en silencio y que merecía cualquier juicio que recibiera en ese momento.
Pero, para su sorpresa, lo que recibió fue un sincero abrazo de Jameson.
—Lamento que esto pasara, Peter.
Peter, estupefacto, no sabía cómo reaccionar ante la avalancha de buenos deseos y empatía que todos los presentes le otorgaban. J. Jonah Jameson le explicó a Peter que cerca de las seis de la tarde May había sufrido un aneurisma. Su novio había llamado a la ambulancia. Jameson se había enterado gracias a sus contactos en el hospital, y cuando había llegado Harry Osborn ya había intentado transferirla a un hospital privado, pero de poco servía, ya que todos los doctores aseguraban que no podría sobrevivir a un traslado, quizás ni siquiera a la noche.
—Lo único que desea es verte una última vez.
La tía May siempre se había visto frágil y delicada, pero también parecía estar llena de vitalidad juvenil. Ahora reflejaba la edad que tenía. Sus pómulos se pronunciaban demasiado; sus ojos estaban hundidos en negras ojeras que parecían un antifaz. Estaba tan pálida como su cabello blanco quebradizo. Parecía que dormía hasta que escuchó llegar a Peter, y la poca fuerza que tenía se dirigió hacia su sonrisa.
—Peter, mi pequeño. Creía que ya no te volvería a ver.
—Aquí estoy, tía May. No te preocupes, todo estará bien.
—Lo sé. Ya eres un hombre. He vivido lo suficiente para verte convertido en el hombre que te convertirás.
—Tía May…
—Escúchame, Peter. Soy vieja y sé que estoy muriendo. Tuve una buena y muy larga vida. He estado lista para morir desde hace mucho tiempo. Lo único que me entristece es que no podré conocer a tus hijos.
Peter tomó su débil mano y la estrechó con sumo cuidado.
—Yo… voy a tener una hija.
Por un momento la tía May pareció recobrar color en su piel y sus ojos se abrieron por completo. Pero ese momento pasó; aun así, continuó sonriendo.
—¿Tú y MJ?
—S-sí. Me enteré el día de hoy. —No era mentira; la verdad era demasiado compleja. Su hija nacería en otra familia, lejos de él y Mary Jane.
—Solo me queda una cosa más antes de poder morir en paz.
—No digas eso…
—No. Escúchame. Tu tío Ben solía decir que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. El poder más grande que tenemos es el de crear vida y amar a nuestros hijos. Su responsabilidad estaba con su familia, conmigo y contigo. Ahora que vas a tener una familia, tu responsabilidad está con tu hija. No seas más Spider-Man.
—¿Tú lo sabías?
—Siempre lo sospeché. Simplemente miraba hacia otro lado. Me convenía convencerme de que no eras ese gamberro de los periódicos, pero en el fondo siempre lo supe. Prométeme que no te volverás a poner la máscara. Si no lo haces por mí, hazlo por tu hija.
—Yo… para salvar a mi hija tuve que renunciar a mis poderes.
La sonrisa de la tía May cambió al escuchar estas palabras. Aún estaba ahí, pero ahora era más calmada y melancólica, en armonía con la lágrima solitaria que corría por su mejilla.
—Estoy muy orgullosa de ti, hijo. Sé que Ben también lo estaría.
Esto rompió algo dentro de Peter. Intentó ser fuerte y no llorar frente a su tía, pero fracasó.
—Gracias.
—Estoy un poco cansada. Voy a dormir. Tú también deberías dormir. Te veo mañana.
Pero la mañana nunca llegó.