Epilogo
25 de marzo de 2026, 18:40
Mephisto estába feliz.
Blackheart lo sabía y eso le molestaba. Había presenciado toda la charada desde la oscuridad de las sombras del castillo. Su padre le había ordenado observar sin interrumpir y sin emanar la más mínima agresividad que pudiera alertar el sentido arácnido de sus invitados.
Su hijo obedeció la orden de su progenitor y ahora tenía que escuchar el regocijo de su padre que proseguía al ejecutar un plan exitoso. El joven demonio no tenía deseos de escuchar a su padre alardear por una eternidad, pero para eso Mephisto le había ordenado observar y blackheart tenía que cumplir con aquella orden implicita.
Blackheart salió de las sombras y se arrodilló ante Mephisto y, con una voz grave y gutural, dijo:
—Felicitaciones, padre.
—Oh, niño, me había olvidado de ti —mintió jocosamente mientras admiraba en su mano la esfera azul que contenía los poderes de Spider-Man.
Blackheart no contestó.
—Bueno, bueno. Levántate. Tus falsas muestras de respeto no me complacen tanto como tú crees —volvió a mentir.
—Si me permites, padre… —decía al mismo tiempo que se levantaba.
—Bueno, bueno. Lo permito. ¿Qué es lo que quieres?
—Quisiera saber para qué fue todo esto —preguntó, y se sorprendió de lo sincero que había sido. No podía evitar sentir curiosidad por los motivos que tenía su padre para efectuar está masiva pérdida de tiempo que había presenciado en las últimas décadas.
—¿Te refieres al pacto que acabo de realizar con Peter Parker? No tiene nada de raro. Conoces a tu viejo padre: los contratos son mejores que las promesas o las deudas por cobrar. Creo recordar que sabes de mis muchos contratos que he llevado a cabo con mortales como Johnny Blaze (Ghost rider).
—Johnny Blaze y toda su calaña tienen servidumbre forzada hacia ti. Eso lo entiendo. Necesitas a un agente terrenal para actuar sobre el mundo de los mortales. Pero con el humano llamado Peter Parker no obtienes nada. Peor aún, aseguras que se cumpla la profecía de tu perdición al devolverle el alma de su hija. Simplemente no lo entiendo.
Esas palabras hicieron sonreír aún más a su padre. Era el tipo de sonrisa que tenía cuando él sabía algo que el resto no y se moría de ganas de restregárselo en la cara a los demás.
—Mi querido niño de corazón negro, si algún día tienes planeado usurpar mi trono, tienes que aprender a pensar en cuatro dimensiones.
Mephisto notó cómo se le erizaban las púas de la cabellera y espalda de su hijo al escuchar esas palabras y se deleitó con su frustración.
—No, no te culpo, hijo mío, ya que, después de todo, a mí también me tomó un tiempo darme cuenta de que la victoria absoluta no era a través de acciones directas.
Blackheart intentó en vano ocultar su hostilidad, pero a ese punto no le importaba a Mephisto. Él solo quería que alguien escuchara su plan.
—Sí, podría matar a Spider-Man —continuó—, pero un nuevo Spider-Man surgiría para tomar su lugar.
—Podrías matarlos igualmente —sugirió Blackheart intentando mostrar su valía como estratega—. Es lo que yo haría.
—Podría, sí. Pero el universo no funciona de esa manera.—corrigió Mephisto como un maestro a un discípulo.
—Pero solo es un mortal.- replicó desafiante
—Un mortal con un papel fundamental en el universo.-reitero Mephisto con una paciencia impropia de él.
—Un mortal con poderes totémicos. Nada más. Solo es carne, sangre y huesos. No es un dios.
—No estás listo para filosofar sobre la naturaleza de la divinidad, niño, pero déjame explicarte por qué es necesario que exista un Spider-Man en cada era y en cada universo.
Mephisto hizo un movimiento amplio con su brazo libre, como si hiciera a un lado una cortina invisible. La cámara donde se encontraban se llenó de puntos blancos tan pequeños como granos de arena, pero tan brillantes como luciérnagas. Se contaban por billones y se agrupaban en una espiral de doble hélice. Era, a simple vista, un modelo tridimensional de una galaxia.
—Considera que cada punto es un universo diferente. Hay seres —como yo— que existen en cada universo.
—Eso ya lo sabía —para Blackheart, los seres Nexus no eran ningún misterio y le irritaba el tono condescendiente al que su creador lo sometía en ese momento.
—Claro que sí. Como iba diciendo, existen seres que existen en cada universo. La Bruja Roja es el ser Nexus más prominente de los humanos Nexus. No —Mephisto levantó el dedo anular para silenciar la inminente interrupción de su hijo—, no me refiero a la Bruja Escarlata; me refiero a Jean Grey. Esta mujer está tan ligada a la realidad que cada vez que muere su alma encuentra la forma de volver a la carne.
Lo mismo no sucede con Spider-Man. Aunque ha vuelto de la muerte en un par de ocasiones, eso no significa que eso suceda para siempre. Hay “sistemas” que permiten la sucesión del avatar de la araña.
Mientras lo decía, un holograma, a partir de las partículas que había conjurado, mostraba una escena infernal: Nueva York sumida en llamas bajo un sol muerto y, entre las calles llenas de demonios, estaba Spider-Man peleando contra una ola de criaturas de pesadilla, malherido, su traje hecho jirones y aun así ganando.
—Estos sistemas son conocidos como “el otro”, aquel que reemplaza a la araña; “la novia”, la cual está condicionada a buscar concebir al “vástago”, el cual hereda los poderes y el papel de su progenitor por derecho de sangre.
Con cada título la escena cambiaba. El escenario era el mismo; el único que cambiaba era el propio Spider-Man. Primero cambió a la Araña Escarlata, luego a Jessica Drew y Cindy Moon; por último, a Miles Morales y Spider-Girl. Con cada cambio, las arañas continuaban el movimiento de su predecesor, cada uno con su propio estilo de combate, pero siempre con el mismo objetivo: acercarse al trono de Mephisto.
—Sigo sin entender. Por más que sea un avatar de un dios, no es diferente al rey de Wakanda, al Puño de Khonshu o al Fénix.
—La diferencia es que todos esos avatares que mencionaste solo cumplen con la voluntad de sus dioses patronos. La araña solo tiene un propósito: el caos.
—¿El caos? —Blackheart rio de forma genuina y gutural—. He visto al hombre detrás de la máscara. No son caóticos; luchan por la justicia, el deber y todas esas estupideces. Nunca por el caos.
—Me decepcionas, hijo mío. Creer que el caos y el orden son antónimos es un error de un amateur.
Para ejemplificar su punto, las partículas de luz mostraron una escena diferente: un mar turbulento donde las olas alzaban consigo criaturas marinas de todas las formas y colores.
—El caos es vida —explicó, poniendo su brazo izquierdo en la espalda, como un escolar—; el orden, por otro lado…
En reacción a sus palabras, la escena se detuvo, no como si se detuviera el tiempo, sino como si de repente el mar hubiese muerto. Las cristalinas aguas se oscurecieron y empezaron a brotar cadáveres a la superficie, después gases como sulfuro, hidrógeno y amoníaco. En menos de un parpadeo, el mar prendió en llamas, mostrando una escena familiar. Este caldo de cultivo de putrefacción era indistinguible del infierno que los rodeaba.
—Es por esto que Spider-Man presenta una amenaza para mí, aun más grande que el Hechicero Supremo o los avatares de dioses menores. Es su propia existencia la que introduce una variable en la ecuación del orden que yo represento. Ni siquiera su muerte puede asegurar mi victoria. Estaba escrito que en la batalla final nos enfrentaríamos y que, de una u otra forma, yo perdería ante él. Pero eso era antes. Ahora yo poseo una variable en la ecuación. Solo se necesita mover un poco el hilo del destino para cambiar por completo su diseño.
Blackheart lo empezó a comprender, como si un engranaje encajara en una complicada maquinaria cósmica de causa y efecto.
La hija de Peter Parker estaba destinada a detener a Mephisto. Al borrarla de la existencia, su lugar en la profecía fue ocupado por Peter Parker; si este moría, otro ocuparía su lugar. Pero ahora Mephisto tenía en sus manos una parte de la profecía, y los humanos que podrían ocupar el lugar como el salvador arácnido de la humanidad ya habían sido tentados: Miles Morales, Otto Octavius e, indirectamente, Ben Reilly ya habían hecho un trato con Mephisto. Esto le daba más piezas a Mephisto en el ajedrez cósmico que estaba jugando.
Solo era cuestión de tiempo hasta que los preparativos de su padre se completaran e hiciera su primera jugada. Y la tela de la vida y el destino le faltaría su más grande campeón para salvarla de las llamas infernales que amenazaban con incendiarla.
-Veo que ahora lo entiendes- dijo Mephisto con una sonrisa que explotó en una carcajada.
La historia continua "Un nuevo comienzo"