Extraordinario
Sanji le había dicho «yo también te quiero». No fue como las otras veces. Siempre que Sanji decía que la quería usaba aquel tono ligero y cantarín con el que un niño le declara su amor a alguien a quien aprecia. Esta vez su tono fue contundente y contestaba a unas palabras que ella no pronunció. Estaba tan feliz por volver a tenerle a bordo que saltó a sus brazos sin pensárselo dos veces, le abrazó con lágrimas en los ojos porque todo aquel sufrimiento no había sido en vano. Sanji estaba con ellos, a salvo, vestido de novio con su porte elegante y un cigarrillo humeando entre sus labios. La felicidad desactivó su autocontrol y en aquel abrazo había acabado revelando más de lo que deseaba. Lo malo no era haberlo hecho, por todos era sabido que Sanji era especial para ella, lo malo era que Sanji entendió el mensaje y lo respondió. Se apartó de él de un salto, incómoda, sintiéndose expuesta y estúpida. Por fortuna, el caos para huir de Big Mom le permitió poner espacio entre ellos y olvidar el tema, al menos por un buen rato. Por la noche, libres y a salvo, rumbo a Wano, Nami se atrevió a buscarle sabiendo que todas las emociones de aquellos días le habrían robado el sueño. Sanji fumaba en cubierta contemplando la luna que empezaba a menguar. Con sigilo Nami se acercó a él, contuvo las ganas de volver a abrazarle y hundir la nariz en el espacio entre su cuello y el hombro para que su olor la convenciera de que estaba allí y que era real. Se sentó a su lado y rió al ver como se sobresaltaba. —He pensado que no podrías dormir —declaró poniendo en evidencia lo bien que le conocía—. Y he supuesto que te encontraría aquí. Sanji le dio una calada a su cigarrillo y soltó el humo con una media sonrisa en los labios. —Estoy bien. —No es verdad. No lo estás. —Ahora que sé que los del Baratie están a salvo lo estaré. Allí estaba su familia. Zeff que era, a todos los efectos, su padre. Le había criado, le había educado, le había cuidado y le había dado el amor que necesitaba. Nami sintió como su odio por el padre biológico de Sanji se reavivaba al haberle amenazado con matar a aquel hombre. —Sanji, puedes hablar conmigo, desahogarte, te escucharé. No tienes que cargar con esto tú solo. El humo que revoloteaba entre ellos era lo único que demostraba que no era una estatua. Nami aguardó en silencio dispuesta a hacerle sólo compañía si eso era lo que quería. Sanji volvió a llevarse el cigarrillo a los labios. —Siempre fui un fracaso para ellos. Fingieron mi muerte y me encerraron en los calabazos. —Nami se estremeció, pero no le tocó—. Mi hermana Reiju me abrió la celda y al final escapé. Judge cortó nuestros lazos y exigió no volverme a ver. »Me dolió, pero tampoco tenía más opciones. No podía ser alguien que no soy. Me hice a la mar a bordo de un barco recreativo, trabajé en cocina, nos asaltó la banda de Zeff, naufragamos y el resto ya lo sabes. Nami asintió. Tras lo de Arlong, Sanji, se había sentado a su lado y le explicó la historia, quería hacerla sentir mejor y lo consiguió. Aquella fue la primera piedra en los cimientos de su confianza y relación con él. —No esperaba volver a encontrarlos nunca. No quería hacerlo. Mala suerte, supongo. »Nami-san, si hubiera tenido otra opción no me habría marchado. No quería preocuparte. Esta vez sí, Nami, le acarició el cabello con afecto. Le había dicho que no le perdonaría nunca por haberla hecho hundirse en lo más profundo de la desesperanza. —Ya te he perdonado, Sanji-kun. Él rió, aunque no sonó para nada feliz. —Gracias. Apagó el cigarrillo y dejó escapar la última bocanada de humo contra el cielo nocturno. —Si no me casaba con Pudding os matarían, si traicionaba a los Vinsmoke matarían a Zeff. Estaba atrapado, no quería que os hicieran daño. La muerte de Zeff o la tuya y la de los demás... no me lo habría perdonado nunca. »Y al final me resigné a aceptar mi destino. Pensé que, si podía garantizar vuestra seguridad, dejaría de ser un fracaso. Mi vida serviría para algo. »Pero vinisteis a buscarme. Os dije lo más cruel que se me ocurrió para alejaros, para manteneros en zona segura. Sus palabras le habían roto el corazón, porque, Sanji, que siempre era amable y dulce estaba pisoteando la amistad que tenían. Porque la persona más empática del mundo se mostraba fría y lejana. Y aquella mirada... El mundo entero se le hizo en pedazos en aquel momento. —Hacerlo fue lo más difícil y doloroso. No poder deciros la verdad. Soltar toda esa mierda para que me odiaseis y os alejaseis de mí. Porque si me odiabais todo sería más fácil. »Y conocí a Pudding. Y pensé que al menos era una chica guapa y dulce, que con el tiempo podría aprender a quererla, aunque no me enamorase. Me contentaría con hacerla feliz e intentar tener una vida normal. Si con eso os podía mantener a Zeff y a ti a salvo, el sacrificio no sería tan terrible. Aunque me odiases, merecería la pena para mantenerte a salvo. »Pero ella también quería matarme. Habría sido un fracaso hasta el final. —No digas eso —se le quebró la voz. Le abrazó con fuerza—. Sanji, no eres ningún fracaso. Tú no mereces las migajas de una vida feliz, mereces una vida feliz de verdad. Tampoco mereces conformarte con aprender a querer a alguien, mereces un amor auténtico de esos que te roban el aliento. Amar a alguien y que te ame de la misma manera. Porque, Sanji, eres el hombre más bueno y maravilloso que he conocido. Da igual lo que te dijera Judge, Sanji, eres extraordinario. No hay nada de malo en ti. No tienes que cambiar nada. Eres perfecto tal y como eres. Y cualquier mujer a la que eligieses sería la más afortunada del mundo por tenerte a su lado. Y esa era la pura verdad, la misma que se esforzaba por mantener sólo para ella, porque le avergonzaba admitir que guardaba esos sentimientos por Sanji. Sanji asaltó sus labios saltándose la respetuosa distancia que mantenían desde el primer día. Esperó que se apartase, sin embargo, Nami le correspondió dándole permiso para explorar su boca, enredando los brazos en su nuca cerrando más el espacio. Él rompió el beso y ella volvió a atraerle barriendo el miedo a que le hubiese correspondido por pena, soñando con que sintiera lo mismo que él. —Conseguirás que me enamore aún más de ti, Nami-san. Ella rió contra sus labios. Le dio un último beso, mucho más corto y casto que los anteriores, y se puso en pie sujetando su mano con delicadeza. —Eres un idiota —le susurró—. Ven conmigo. —¿A dónde? —preguntó levantándose. —A dormir. —Nami-san… No quería encerrarse en la habitación a solas. Si tenía que quedarse solo prefería estar en cubierta bajo las estrellas, con la brisa marina alborotándole el pelo. Brook estaba de guardia, Luffy y Chopper en la enfermería. No quería estar solo y encerrado justo después de recuperar la libertad. —Vamos, ven conmigo —rogó en un susurro. La siguió como si estuviera hipnotizado, reaccionó cuando los pasos de Nami les llevaron hasta la puerta del cuarto de esta. Nami la abrió ignorando su nerviosismo, tiró de él hacia el interior y cerró dejando la brisa salada afuera. —Sólo vamos a dormir —le dijo. No quería que se hiciera una idea equivocada de la situación y, además, ninguno de los dos estaba en condiciones de compartir nada más que unos besos. Las cosas seguían demasiado agitadas, quedaban demasiados temas pendientes por aclarar y el cansancio pesaba demasiado—. Estás a salvo, Sanji-kun. Tú siempre cuidas de mí, deja que esta noche cuide yo de ti. Sintió que los ojos se le humedecían, le importaba de verdad y le estaba dando refugio cuando más lo necesitaba. Se quitaron los zapatos y vestidos se metieron en la cama. Nami le acogió entre sus brazos permitiendo que apoyase la cabeza en su pecho. Esperó que arruinase el momento soltando algún comentario pervertido, que reaccionase de modo exagerado o que le sangrase la nariz. Sin embargo, nada de eso ocurrió. Sanji dejó escapar un suspiro largo y cansado, como si hubiera estado conteniendo el aliento desde que se habían separado, y a los pocos segundos su respiración se acompasó y su cuerpo se relajó. Nami supo que dormía. Le acarició el cabello, era tan rubio y tan suave, se le habían ondulado las puntas a causa de la humedad. Era la primera vez que le veía vulnerable. Sanji que siempre era fuerte y valiente. Sanji que siempre corría en su ayuda. Estaba roto entre sus brazos y ella lo único que podía hacer por él era escucharle y abrazarle, también permitirle saber que le quería. Se sintió agotaba. Ahora que Sanji estaba a salvo y con ellos el cansancio la golpeó con fuerza. Cerró los ojos y se durmió también. Sanji abrió los ojos, refugiado en la calidez del cuerpo de su compañera de lecho. Supo que aquella no era su cama, tampoco la de la habitación en la que había estado encerrado. También supo de la persona con la que compartía espacio era Nami. Su respiración tranquila y los dedos enredados en su pelo como si temiese que apareciera alguien y le arrancase de su lado si le soltaba. Con cuidado apartó su mano y la dejó reposar sobre su estómago. Le apartó el flequillo de la frente y se la besó. Nami se removió en su sueño sin llegar a despertarse. Sobre el escritorio había papel en blanco y plumas. No sabía si eran de Nami o de Robin, pero esperaba que le perdonasen por usarlos sin permiso. Escribió, algo breve y conciso, lo necesario para tranquilizarla. —Gracias, Nami-san —musitó dejando la nota a su lado. Abandonó la habitación. Prepararía el mejor desayuno que se hubiera visto jamás en el Sunny. Cuando Nami despertó buscó a Sanji a su lado y se sobresaltó al no encontrarlo. Un nudo de angustia le cerró la garganta. Sanji no estaba. No estaba. Entonces vio la nota y se sintió más tranquila. La desplegó: Voy a prepararte el mejor desayuno que has probado nunca. Te quiero. Sanji. —Idiota… —susurró sin poder contener una sonrisa. Se cambió de ropa y se apresuró a ir a la cocina. Si tenía suerte tendrían unos minutos para hablar antes de que los demás empezasen a llegar. No obstante, al cruzar la puerta se los encontró a todos allí devorando la comida de Sanji. —¡Nami! —la llamó Luffy con la boca llena—. Te has levantado muy tarde. —No me he levantado tarde, tú te has levantado temprano —replicó molesta sentándose a la mesa. Sanji le dejó el desayuno frente a ella y ocupó la silla contigua en vez de la habitual. —Tengo que recuperar todas las comidas que Sanji no nos ha preparado —continuó Luffy—. ¡Está delicioso! Nami soltó un bufido y puso los ojos en blanco. Muy bien, desayunaría y ya encontraría el espacio para hablar con Sanji más tarde. —¡Está delicioso! —Lo he hecho especialmente para ti, Nami-swan. Luffy rió. —¿Es tu manera de intentar que Nami te perdone por hundirla en lo más profundo de la desesperación? —Luffy, hablas demasiado —protestó el cocinero. Brook también rió y los nervios de Nami se crisparon. Odiaba estar implicada en las bromas hacia Sanji, aunque la risa de Brook sonaba más como la de quien sabe algo que no debe. Había estado de guardia, ¿les habría visto besarse? ¿la habría visto llevarle hasta su cuarto? De repente toda la rabia contenida amenazó con estallar. Quería matar a Big Mom por el calvario por el que les había hecho pasar. Quería matar a Judge Vinsmoke por ser un cabrón desgraciado y haber tratado a su extraordinario hijo como si fuera basura. Quería matar a sus hermanos —excepto a Reiju— por llamarle fracaso una y otra vez. Y quería matar a la maldita Pudding por haber planeado matar a Sanji en el altar y no valorar, como era debido, a aquel hombre maravilloso que había decidido quererla y cuidarla a pesar de todo. Se puso en pie y salió de la cocina antes de que aquella maraña de ira y odio explotase y arrollase a sus nakama. —Nami—san. La había seguido. Quiso girarse con una sonrisa, fingir que había salido para comprobar el estado del mar y el clima, pero no pudo. Las lágrimas le rodaron por las mejillas y ahogaron su voz. —Voy a abrazarte —le advirtió porque no quería que se sintiera incómoda ni invadida. Ella se lo permitió—. Todo va bien, no pasa nada, estoy aquí contigo y no volveré a irme. —Júramelo. —Te lo juro, Nami-san. Se sujetó a su camisa y lloró sin contenerse. Aún le dolía el corazón por haber estado a punto de perderle para siempre, por el miedo a verle construyendo una vida feliz junto a una mujer que no era ella, por el temor a no volver a tener a su lado a aquel hombre extraordinario.Fin
Notas de la autora: ¡Hola! He estado releyendo el arco de Whole Cake y no recordaba lo mucho que dolía hacerlo. Amo ese arco porque Nami deja ver sus sentimientos más sinceros por Sanji. Y Sanji que muestra lo mucho que ama a sus seres queridos y que haría lo que fuera por mantenerlos a salvo. Una mezcla de fluff y angst que es lo que me inspira este arco. Para sugerencias y amenazas de muerte la ventanita de comentarios está a vuestra disposición.