Contacto Humano

Het
NC-17
En progreso
3
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 319 páginas, 130.425 palabras, 22 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

20. El Acercamiento II

Ajustes
Hola a todos: Bien, esto ha sido complicado, la inspiración se volvió algo evasiva, y más por el tema del romanticismo. Pero bueno, aquí está el capítulo nuevo, que continúa con el sensual acercamiento de Agasha. Si bien, Albafica es virgen, eso no quiere decir que sea de piedra, así que sus instintos comenzarán a responder. Sean bienvenidos los nuevos lectores(as), y de antemano, agradezco su tiempo y comentarios. *Cravat: Es una tira de tela para el cuello que complementa el uso de la camisa. Es el precursor de la corbata moderna, proveniente de un estilo empleado por los miembros de la unidad militar del siglo 17, conocidos como los croatas. Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. Los OC son de mi autoría personal, así como la historia, la cual solamente escribí por gusto y diversión.

***

Capítulo 20: El Acercamiento II Ausencia del pánico. Extraño, realmente extraño. Albafica ahora tenía ambas manos en la cintura de Agasha. Y ese breve segundo en que sintió la forma de su cuerpo, más el calor que se filtraba por la tela, fue suficiente para hundir al Santo en una fugaz remembranza de cuando llegó al Santuario siendo un jovenzuelo todavía. Por aquel entonces, ya era muy consciente de la atracción que el género femenino ejercía en él, algo normal en cualquier adolescente. Y la curiosidad por conocer un poco más, lo llevó a observar a las mujeres de su entorno en sus ratos libres, tanto en el Santuario, como en el pueblo cercano. Ya fueran amazonas, doncellas, o civiles, él se dedicó a observar y aprender. Pues todos los años de aislamiento con su maestro, no fueron suficientes para suprimir la curiosidad natural que tenía en ese momento. Así que, cuando empezó a mirar, siempre lo hizo de forma muy precavida y respetuosa, desde la lejanía. De esta manera, aprendió lo fuerte que podía ser una guerrera, aunque no lograse ver su rostro. También se entretuvo viendo la dedicación y el compromiso de las doncellas con sus labores, ellas tenían lindas sonrisas. Y, por último, cuando conoció Rodorio, entendió que tan diversas podían ser las féminas, tanto físicamente, como en su personalidad. Pero todo ese conocimiento empírico, también lo llevó al despertar de sus instintos masculinos. Y obviamente, en algún punto de su curiosidad, sus pensamientos fueron más allá, imaginando cómo sería el poder apreciar al natural, y bajo su tacto, algo tan hermoso como una mujer. Piscis sabía cómo era el cuerpo humano. Gracias a los libros de la biblioteca del Patriarca, los cuales eran de temas muy variados, pudo leer compendios de medicina, donde se detallaba la anatomía masculina y femenina. Albafica aprendió bastante acerca de cómo funcionaba el organismo de la especie humana. En parte, porque su propio entrenamiento se lo exigía al usar rosas demoníacas, y en parte, por su propio interés de conocer. Sin embargo, un libro no puede compararse con la realidad. Y en éste momento, el doceavo Santo comprendió que lo que sabía, no era suficiente para aplicarlo a lo que estaba viviendo con Agasha. Por otro lado, el miedo a tocar y ser tocado, permanecía lejano, y eso lo desconcertaba mucho. Pero no al grado de querer detenerse a razonarlo. Sin apenas dudar un poco, sus manos se estrecharon suavemente sobre la cintura femenina, dispuestas a obedecer la petición de la florista. Tragó un poco de saliva y sus ojos se enfocaron en dicha actividad cuando inició el recorrido hacia arriba. Prestó completa atención al delineado de aquel cuerpo. Agasha era una mujer delgada, pero con una figura moldeada y fortalecida por el trabajo, con las proporciones normales de alguien de su edad. Y eso comenzó a fascinar al Santo, quien lentamente ascendió por sus costados, percibiendo su ligero estremecimiento. A pesar de la tela del vestido, Albafica podía notar muy bien sus tenues contornos. Subió un poco más, a lo largo de su espalda hasta llegar a los hombros, escuchando una pequeña risa por parte de ella. —Tengo cosquillas, pero quiero que continúes— habló la joven en un tono suave. —No tengas miedo, yo te doy mi consentimiento para tocarme— le dirigió una sonrisa amable. El Santo se sonrojó al mirar sus lindos ojos y su tierna mueca, volviendo a tragar saliva con inquietud. Entonces, sus manos iniciaron el descenso. La tela de la manga se terminó, y de repente, ya estaba tocando la piel desnuda de sus brazos. Un poderoso estremecimiento le sacudió el cuerpo, al mismo tiempo que se asombraba por la información cutánea que las yemas de sus dedos recibían: Una textura suave y cálida. De inmediato, su mente regresó al pasado una vez más, al momento en que ella le regresó su capa y ocurrió ese inesperado roce con el dorso de su mano. Lo que sintió aquella vez, ahora lo volvía a percibir de forma incrementada. Su mente se quedó en blanco por un segundo y la respiración se le pausó abruptamente. Esa caricia era elemental para cualquier persona, pero para él, resultaba todo un descubrimiento emocional. Se quedó ensimismado, al grado de que Agasha tuvo que sacarlo de su ensoñación. —¿Por qué te detienes? — preguntó, agachándose hacia él para que sus rostros quedaran cerca. El guardián del pez dorado parpadeó rápido y abrió la boca para hablar, pero las palabras no salieron. Ella sonrió de nuevo, y sin decir nada, sus labios se acercaron a los suyos para robarle otro beso. Albafica respondió sin dudar, permitiendo que la emoción del momento comenzara a crecer más y más. Por su lado, la florista estaba emocionada al ver que el Santo hacía lo que le pedía. Desconocía cómo fue la intervención de la diosa Deméter, pero en verdad deseaba que esto pudiera ayudarlo. Era obvio que ella debía mantenerse tranquila para guiarlo, pero también era inevitable reaccionar al sentir sus manos. La exploración sobre la tela le provocó cosquillas, pero cuando sus palmas acariciaron su piel, no supo cómo sentirse. Aquellas manos eran cálidas, fuertes y con varias cicatrices en toda su superficie. Dichas marcas eran la historia de su vida y de su entrenamiento como guerrero. Estas líneas, talladas a punta de dolor, eran un recordatorio de lo difícil que fue su existencia pasada. Pero también eran un símbolo de fortaleza, que siempre resaltarían el valor y compromiso de éste hombre. Y por curioso que pudiera parecer, dichas heridas no eran incómodas para ella. Quién mejor que Agasha para comprender que, el amar a una rosa, también implica aceptar sus espinas. Sonrió para sí misma ante esta reveladora verdad. El caballero de Athena aún podría tener “dolorosas púas” en su interior. Pero ella se encargaría de que poco a poco desaparecieran. El beso terminó, y la joven pudo ver la expresión de Albafica un segundo antes de que abriera los párpados: El hombre irradiaba una notoria felicidad. —Eres hermosa— murmuró, abriendo los ojos para mirarla con devoción. —Sigue tocando— respondió, al mismo tiempo que llevaba sus manos al rostro masculino. —No titubees, sólo relájate y déjate llevar— sus dedos comenzaron a delinear los finos rasgos del Santo. La respiración de él fue calmándose, disfrutando del mimo que le daba. Entonces, sus manos reanudaron la exploración, tocando despacio los antebrazos y las muñecas. Luego, volvió sobre la marcha, alcanzando sus hombros y descendiendo por sus costados una vez más. Todo mientras Agasha se entretenía con su rostro y su cabello aguamarina. Dudó un poco cuando llegó a la cintura, pero a sus manos no pareció importarles dicha reacción. Así que el toque bajó, siguiendo la tenue línea de sus caderas. La tela de la falda caía con suficiente peso, por lo que Albafica no sintió resquemor de tocarla tan directo mientras dibujaba sus muslos. Sí, ella le dio permiso de hacerlo, pero su educación y valores eran demasiado fuertes. Quizás el temor a dañarla con su sangre ya no pesaba tanto, pero no permitiría que sus impulsos lo dominasen. ¿Deseaba tocar un poco más? Por supuesto que sí. Pero como ella misma dijo: Con calma, no había prisa. Por el momento, sólo quería corroborar la anatomía que vio plasmada en los libros. Confirmar con su propio tacto la silueta femenina. Deleitarse al saber que por fin experimentaba algo que antes estuvo prohibido para él. Y finalmente, llenarse de las emociones que la mujer le despertaba: Confianza, ternura, respeto, aprecio… amor. Albafica ya era bastante consciente de sus sentimientos. La hermosa florista se metió en su corazón desde que la conoció años atrás. Y aunque en ese momento tuvo miedo de reconocerlo y aceptarlo, ahora mismo ya no tenía importancia alguna, dado que su presente era completamente distinto. Un pequeño sobresalto y otra risita por parte de ella, lo sacó de sus cavilaciones. Sus manos habían llegado al borde de la falda y alcanzado sus pantorrillas, acariciando su tibia piel. La nueva sacudida se arrastró por su columna vertebral, reafirmando que el simple hecho de tocar su dermis, era suficiente para perder el control de su respiración. Todas las sensaciones físicas ahora cobraban más relevancia para Albafica, ya que era la primera vez que las experimentaba con otro ser humano. Y esto era sólo el comienzo. La florista continuaba enfocada en los apuestos rasgos del caballero, quien había cerrado los ojos mientras sus palmas exploraban. Esto era muy íntimo e interesante para ella. Por un lado, conseguía que él se relajara. Por el otro, se complacía de tener a un hombre como Albafica enfrente y poder tocarlo a su antojo. Volvió a sonreír, ya no tenía caso negar la traviesa ansiedad que la carcomía desde que lo estuvo cuidando. Tocarlo sin su consentimiento fue algo que no pudo evitar. Por suerte, él no se molestó, sino todo lo contrario, pues eso facilitó su acercamiento. Y en éste preciso instante, siendo Agasha consciente de que el Santo deseaba plenamente esto, no se contendría para disfrutarlo también. Entonces, sus manos dejaron de palpar las mejillas del hombre e iniciaron un sutil descenso hacia su cuello. Con suavidad, se deslizó hasta alcanzar su camisa. Sin embargo, cuando se disponía a aflojar el nudo del cravat, un cosquilleo la hizo respingar. Las manos del guerrero habían llegado a sus pantorrillas, incitando más cosquillas y una emoción que ganaba fuerza. Lo sintió arrastrar las yemas con curiosidad, bajando un poco y luego subiendo otra vez. Pero cuando la tela de su falda comenzó a retraerse, Albafica se detuvo justo sobre sus rodillas. Estaba dudando, así que debía darle un pequeño empujón. El doceavo Santo abrió los ojos, quería decirle algo a la joven. Pero ella se adelantó, y sus palabras no hicieron más que agitar sus pensamientos. —Lo haces muy bien, y quiero ayudarte— retrocedió un poco, haciendo que apartara las manos. —¿Me permitirías sentarme en tu regazo? — cuestionó con encantadora entonación. Albafica sintió que el estómago se le contraía. Pero antes de que su cerebro pudiera formular una respuesta, su cuerpo ya se movía instintivamente para permitirle sentarse. Ambas piernas se cerraron un poco, y la florista se aproximó con un movimiento lento y elegante. Para cuando el hombre tomó aire de nuevo, Agasha ya estaba sobre su regazo, frente a frente, y mucho más cerca de lo que jamás nadie estuvo de él. La mujer respiró con calma para mantener la compostura. Nunca se imaginó vivir una situación como esta. Todo era emocionante y nuevo para ella, ya que ni siquiera con su difunto marido alguna vez tomó una iniciativa de éste tipo. Ella era bastante consciente de lo que hacía, y su determinación no podía flaquear debido a inseguridades. Tal vez podría sentir un poco de vergüenza y duda. Pero sabía que su comportamiento no sería juzgado por el Santo, sino todo lo contrario. Teniendo en cuenta que el inexperto era él, la iniciativa que demostraba era para ayudarlo y hacer más fáciles las cosas. El guerrero de Athena simplemente debía seguirla, y ella le trazaría el camino. —No tengas miedo— le sonrió, al mismo tiempo que posaba las manos sobre sus hombros. —Continúa por favor— sus dedos se deslizaron hacia el nudo del cravat, empezando a deshacerlo. Albafica hizo otro intento para decir algo, pero una vez más, las palabras se le atoraron en la garganta. De nuevo, sus manos se movieron solas, colocándose encima de las rodillas femeninas. La falda se había plegado debido a la posición de ella, así que ahora tocaba directamente su piel. Sus ojos azules se desviaron en automático hacia abajo, observando con atención el recorrido de sus palmas. Jamás en la vida pensó que una sensación cutánea como esa, fuera tan esplendida. El guardián de Piscis se perdió en un onírico trance, mirando cómo la tela se levantaba en su avance, sintiendo el calor y la suavidad de aquella piel. Toda la información que recibía, escalaba por sus nervios sensitivos, erizaba el cabello de su nuca, y llegaba a su mente para crear ideas, sensaciones y placeres. Esto era fascinante para Albafica, encantador en todos los aspectos, y algo que deseaba prolongar con vehemencia. Por su lado, la florista mantuvo una mueca alegre, permitiendo que la calidez de las manos masculinas la sobresaltara. Una caricia de éste tipo no era ajena para ella, pero sí era completamente única por tratarse del guerrero de Athena. Exhaló despacio y enfocó de nuevo su atención en la tira de seda, quitándola por completo y dejándola caer en la cama. El cuello de la camisa se aflojó y los pliegues se abrieron hacia los lados. Con sumo cuidado y parsimonia, posó las manos sobre sus clavículas, quedándose quieta, esperando su reacción. Albafica sintió un escalofrío bajar por su espalda cuando percibió el tacto de Agasha, palpando directamente sobre un área de piel que no era su rostro. Esto lo sacó de su ensoñación, llevando sus ojos hacia los de ella, donde un brillo especial resaltaba en sus pupilas. —¿Te molesta mi toque? — preguntó la joven con suavidad. Una firme negación por parte de él, le confirmó que podía continuar. Y así lo hizo, arrastrando con delicadeza sus manos a lo largo de su dermis, llegando a sus anchos hombros y regresando a la base del cuello. Repitió esta acción un par de veces, notando que el hombre liberaba un sutil jadeo, mientras los párpados se le hacían pesados. Sin lugar a dudas, esta caricia le provocaba algo muy intenso. Piscis estaba maravillado ante las gratas reacciones de su cuerpo. Su sistema nervioso reaccionaba rápido, valorando la estimulación física, sorprendiéndose con ella y disfrutándola enormemente. El calor humano, la suavidad de su piel, el tenue trazo de sus yemas, todo era exquisito para él. Y de nuevo, su instinto se manifestó en automático, haciendo que sus manos reanudaran la caricia sobre los muslos de Agasha. Y por un instante de silencio y contemplación mutua, ambas miradas se perdieron la una en la otra, siendo cómplices de un momento muy especial. La recíproca exploración se volvió lánguida, etérea, relajante, permitiendo que los dos olvidaran el mundo a su alrededor. Únicamente existiendo ellos en un breve intervalo, detenido en el tiempo. Finalmente, Albafica pudo hablar. —Agasha… — susurró, sin dejar de mirarla fijamente. —Quisiera poder expresar todo lo que siento por ti… — exhaló por lo bajo. —Pero no tengo las suficientes palabras para hacerlo, y quizás lo único que puedo decirte, aquí y ahora, es que… te amo… te amo con toda mi alma… — Por fin lo hizo. Finalmente logró articular por primera vez aquellas palabras que tanto tiempo guardó para sí mismo, y que nunca pudo expresar en el pasado. Algo que había ansiado tanto y que, para conseguirlo, tuvo que morir y esperar seis largos años. Al fin el doceavo caballero pudo manifestar, de forma sencilla pero sincera, el poderoso sentimiento que tenía por la bella mujer. Los ojos verdes de la florista se abrieron en grande al escucharlo, después adquirieron un brillo húmedo, mientras sus labios se curvaban en otra linda sonrisa. Sus manos se quedaron quietas y agachó el rostro por un segundo. Estaba completamente atónita. Por primera vez, escuchaba la declaración que le confirmaba que su amor platónico del pasado, nunca lo fue. Albafica la amaba. El corazón le dolió, y claramente sintió que se le detuvo por la emoción. El aire se le atoró en los pulmones y comenzó a respirar entrecortado. Sin pensarlo, se arrojó hacia él, abrazándolo con fuerza, mientras hundía el rostro en su largo cabello y un pequeño sollozo escapaba de su garganta. Él correspondió al gesto, rodeándola con ambos brazos. La atrajo hacia su pecho y posó la barbilla en su delicado hombro. Se perdió en la aromática fragancia de su pelo mientras cerraba los ojos, también dejándose llevar por la increíble situación. —Albafica… — dijo despacio. —Yo… también te amo… te amo desde el instante en que me ayudaste… desde el momento en que supe quién eras en verdad… — Las palabras se le fueron de pronto. Santo y florista se quedaron en silencio, permitiendo que únicamente sus corazones hablaran. Estos latieron en una curiosa sincronía que ambos pudieron escuchar después de unos segundos, dada la cercanía que ahora compartían. No era necesario aclarar nada más, sus sentimientos eran muy reales. Tal y como la diosa Deméter les había dicho. La pausa se fue diluyendo, no podían quedarse de esa manera. Con una sencilla calma, se apartaron poco a poco. No obstante, sus rostros quedaron frente a frente, observando las emociones que sus pupilas reflejaban. Agasha aún tenía la mirada ligeramente empañada. Pero su enorme sonrisa resaltaba por mucho, invitando a Piscis a que le correspondiera de la misma forma. Las frentes de ambos se encontraron y las puntas de sus narices friccionaron con suavidad. —Eres la flor más hermosa que alguna vez tuve entre mis manos— dijo Albafica con ternura. Ella se sonrojó por completo. —Tú eres la persona más noble que he conocido, y también el hombre más guapo— respondió coqueta, acercándose hasta rozar los labios masculinos con los suyos. —Y si te soy sincera, no puedo evitar querer besarte hasta quedarme sin aliento— sus bocas se unieron. El caballero aceptó gustoso la invitación. Definitivamente le encantaba que ella le robase aquellos besos apasionados. Lo disfrutaba bastante, al grado de que casi había olvidado su temor al contacto físico. El ósculo, tierno al inicio, empezó a volverse más intenso conforme pasaban los segundos. Y de un momento a otro, leves jadeos comenzaron a escapar de ambos. Sus labios se fusionaron con mayor ímpetu, y de pronto, el instinto tomó el control, llevándolos a profundizar la unión. Cada boca dio espacio a la otra, e inevitablemente, sus lenguas iniciaron el primer reconocimiento mutuo. Para Agasha, resultó sorprendente notar que seguía sus movimientos, imitándola perfectamente, aprendiendo con una velocidad pasmosa. Y también se preguntó si esa falta de miedo por parte del guerrero era normal. Es decir, en otros tiempos, ni siquiera hubiera conseguido que entrara a su habitación y aceptara su cercanía. Pero ahora, Albafica parecía otro. El beso se tornó más sensual cuando sus respiraciones se hicieron rápidas y sonoras. Asimismo, las manos de ambos reanudaron su respectivo camino. Agasha ahora deslizaba sus dedos sobre el fuerte torso, deleitándose con su marcada anatomía. Por su parte, Albafica arrastró las manos por la cintura femenina, para luego aventurarse a bajar por sus caderas. No la tocaba directamente, pero la tela del vestido le permitía conocer sus formas sin problema alguno. El ambiente comenzó a impregnarse de tensión y deseo. Piscis ya no estaba razonando demasiado. Las nuevas sensaciones dérmicas lo arrastraban cada vez más a un punto de no retorno. Y aunque deseaba pasar ese límite, aún sentía la zozobra de no saber cómo hacerlo. No obstante, algo continuaba mitigando sus miedos hasta casi desaparecerlos, dejándolo en un estado sereno. La florista se apartó con lentitud para que ambos recuperaran el aliento. Permanecía inquieta, pues aquel ósculo resultó muy agradable. Pero no podía permitir que sus deseos tomaran el control. No hasta que el caballero zodiacal estuviera lo suficientemente preparado para avanzar a la siguiente etapa. Así que debía enfocarse: Primero las caricias sencillas, para que se acostumbrase al tacto de otro ser humano y su necesaria cercanía. —Me encanta que hagas eso— susurró, llevando ambas manos al rostro de la mujer. —Cada vez me sorprendes más Agasha— sus pulgares rozaron las mejillas ruborizadas. —¿Deseas continuar? — las manos de ella se movieron, tocando los costados del hombre, quien de inmediato respingó. —¿Tienes cosquillas aquí? — —Sí, muchas— se rio levemente y luego hizo una mueca dubitativa. —A decir verdad, no sabía que tenía tantas, es decir, es la primera vez que alguien me toca las costillas de esta manera— sonrió con asombro. La mujer sintió una inmensa ternura. Él era tan especial e inocente en esta situación tan particular e íntima, que por un instante se sintió rara. No es que estuviera aprovechándose del guerrero de Athena, pero, en definitiva, el comportamiento de un hombre virgen sí que era interesante. —Entonces lo haré con cuidado— ella se aproximó de nuevo para darle otro beso. Pero antes de poder tocar sus labios, escuchó unas llamativas risas. Oh no. Ambos se quedaron quietos, afinando el oído para escuchar. Las risas procedían de la calle y poco a poco se aproximaban a la casa. Piscis vio claramente que la florista palidecía. —¡Es mi padre! — susurró inquieta. Albafica abrió los ojos en grande, sintiendo los nervios arrastrándose por su nuca. El señor Estelios llegaba en un momento muy inoportuno, y no venía solo. Alguien más lo acompañaba, pues una risa femenina también se oyó. —¡Viene con la señora Calíope! — la joven se apartó rápidamente del Santo y se puso de pie para correr a la ventana. Asomándose con cuidado por entre las cortinas, pudo ver a la pareja caminando en dirección a la casa. Venían platicando y riendo de algo, sin embargo, no traían nada consigo. Es decir, la mercancía que vendían, se quedó en los locales de la feria. ¿Por qué estarían aquí, si todavía no era ni mediodía? Eso ya no importaba, sino que debía pensar en algo y rápido. Entonces miró a Albafica, quien ya estaba de pie, terminando de arreglarse la camisa y colocándose el cravat en un santiamén. —Será mejor que no te vean aquí, todavía no es el momento adecuado— dijo ella. —Lo entiendo, no te preocupes— contestó Albafica, acercándose a la ventana. —Tan pronto entren a la casa, saldré por aquí y me escabulliré a la calle— le sonrió de manera cómplice. —Lamento haberte puesto en esta situación. — Ella negó con la cabeza y sonrió abiertamente. —Para nada, aquí yo soy la traviesa por haberte traído a mi casa— soltó una risita alegre, mirándolo con picardía. —Parecemos adolescentes haciendo cosas indebidas— se acercó, atrapando sus largos mechones azules, atrayéndolo. —Pero no me importa, te amo— se alzó de puntitas y le plantó un fugaz besito. Piscis se ruborizó notoriamente por lo divertido de la situación. Quizás no debería pensar de esa manera, pero la bella mujer lo encandilaba demasiado. Entonces, se escuchó el rechinido de la puerta principal. Agasha le hizo una señal para que saliera por la ventana. Y así lo hizo, con un ágil salto. Tan pronto Albafica se esfumó, ella salió con premura de la habitación. … —¿Por qué la puerta está sin seguro? — inquirió Estelios preocupado. De repente, se escucharon pasos bajando las escaleras, por lo que ambos voltearon asustados. —¡Hola papá, señora Calíope! — saludó la florista. —¡Hija, que susto me has dado!, ¡Pensé que alguien se había metido! — el hombre se llevó una mano al pecho. —No dejes la puerta sin llave, casi me da un paro cardiaco cuando bajaste de esa manera. — —Lo siento, no era mi intención— se disculpó. La costurera se acercó para abrazarla y darle un beso en la frente. —Querida, ¿Cómo estás?, no te había visto desde el otro día. Nos quedamos preocupados después de que arrestaron al pirata y el imbécil de Zarek desapareció. — —Estoy bien señora Calíope, alguien me salvó de esos sujetos, y ahora estoy cuidando de esa persona en el Santuario— explicó tranquila. —Sólo vine a dejar algunos panecillos de miel, y para avisarle a mi padre que no se preocupe, ya que voy a quedarme un poco más— miró a Estelios. El hombre se acercó a la mesita cercana donde estaba la bolsa de bollos, tomó uno y lo mordió. —Están deliciosos— le ofreció otro panecillo a Calíope. —Y dime, ¿Cómo sigue el muchacho?, el Patriarca Shion me comentó que estaba convaleciente debido a su tratamiento. — —Va mejorando muy rápido, a decir verdad— confirmó la florista, aunque por dentro se reía de la situación. Si su padre supiera lo que ocurrió hace tan sólo unos minutos en su habitación. —¿Y ustedes qué hacen aquí?, pensé que estaban en la feria, ya iba a buscarlos ahora mismo. — Estelios y Calíope se miraron entre sí, como si esa pregunta los hubiera tomado por sorpresa, tardando un par de segundos en contestar. Y eso, no pasó desapercibido para Agasha. —Nosotros veníamos a… — su padre no supo que decir. —Sólo queríamos tomar un descanso— intervino la costurera. —El día de hoy hace bastante sol, y llegaron muchos extranjeros que llenaron todas las calles centrales. Así que decidimos dejar de vender, después de todo, casi se terminó la mercancía. — A la joven no le tomó más de un instante razonar lo que sucedía. Ya fuera cierto, o no, lo de las ventas, comprendía que su padre y Calíope sólo buscaban un momento a solas. Nada extraño en realidad, pues ambos tenían años de conocerse, y su cercanía se había hecho más notoria desde hace algún tiempo. Esto alegró bastante a Agasha. Su progenitor llevaba demasiado tiempo viudo y la costurera era una mujer agradable, así que les daría su espacio. —Qué bien, me alegra saber que hubo buenas ventas y ya no fue necesario ir a buscarlos— siguió la corriente de la situación. —Entonces, regreso al Santuario, quiero que Albafica se recupere muy pronto para traerlo de visita y presentarlo ante ustedes— sonrió con inocencia. Su padre asintió, pues ya no dudaba de la resurrección del caballero dorado. Le bastaba con ver el brillo en los ojos de su hija para confirmar que todo era muy real. —Vete con cuidado hija, y claro que sí, tráelo contigo, deseo verlo con mis propios ojos— se acercó y le entregó su capa. —Llévate esto, ahorita hace sol, pero creo que al rato enfriará. — —Gracias papá— tomó el manto y luego se encaminó a la salida. —Nos vemos después— se despidió de ambos con un gesto de mano. Tan pronto salió de la casa, escuchó el aleteo de un ave, y cuando miró al cielo, el búho de plumas grises ya se alejaba volando. Era extraño, ya lo había visto antes, pero no le prestó mucha atención, así que se fue caminando por la calle. Metros más adelante, Albafica la esperaba bajo la sombra de un árbol. —¿Todo bien? —preguntó. —Así es, no te preocupes— confirmó, posando las manos sobre su pecho, acomodando los pliegues del cravat. —¿Qué te parece si vamos a un lugar más privado? — hizo una sonrisa pícara. —¿Deseas que continuemos? — El hombre se sonrojó de nuevo, pero asintió sin dudar. No podía negar que su curiosidad estaba muy despierta ahora, y ya no deseaba esquivar su compromiso. Así que se dirigieron a la salida del pueblo, él ya sabía cuál lugar podría ser tranquilo y privado. Ahora que por fin estaba al lado de Agasha, el mundo se veía muy diferente.

***

Continuará… Dado que he descrito una pareja demasiado romántica para mis gustos personales, me ha costado trabajo acercarlos a la intimidad. Espero que esto haya quedado decente, porque no soy capaz de redactar algo más meloso ni tierno. No se me da para nada el género romántico. Como sea, la pareja ya se declaró su amor, saben que se aman y lo que desean. Así que no le daré más vueltas al asunto, porque corro el riesgo de aburrirme si no avanzo en la trama. Espero no tardar con el próximo capítulo. Gracias por leer. 21/Mayo/2021
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección
Comentarios (0)