ID de la obra: 1268

La Reina de Plata

Het
G
Finalizada
1
Fandom:
Tamaño:
276 páginas, 109.466 palabras, 30 capítulos
Descripción:
Notas:
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10. Revelaciones I

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Buenas noches: Sé que tardé demasiado, pero si no concluía las otras historias, no podía avanzar con esta. Debo decir que, entre más se acerca el fin de año, más perezosa me vuelvo, pero al menos ahora son sólo dos fanfics los que debo ir actualizando. Les dejo el décimo capítulo y de antemano les agradezco por leer, por seguir la historia y por sus comentarios, me hacen muy feliz. Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo sólo escribí la historia por gusto y diversión.

***

Capítulo 10: Revelaciones I Han pasado tres semanas desde la muerte del gran InuTaisho. Irasue observó a su hijo salir del palacio nuevamente. Sesshomaru había estado haciendo varios recorridos a lo largo y ancho del territorio. Cazando y castigando a las criaturas menores que andaban haciendo estropicios todavía. A pesar de que ya todo el mundo estaba enterado de que el joven Inugami era el nuevo señor de Occidente, muchos demonios rencorosos se rehusaban a someterse. Pero, por otro lado, diversos tipos de youkais habían estado visitando el palacio. Todos ellos formaban parte de los grupos leales a InuTaisho y, por consiguiente, venían a presentar sus respetos y juramentos ante el nuevo gobernante. Lo cual era una situación incómoda para Sesshomaru, quien no sabía cómo tratarlos o qué decirles. La demonesa tuvo que asistirlo para explicarle lo valioso que podía ser ese tipo de lealtad. Ella le había dicho que siempre era bueno tener siervos disponibles para un posible enfrentamiento contra alguna amenaza. Dejándole muy en claro que, no por ser un demonio poderoso, debía confiar solamente en su fuerza. Quizás más adelante necesitaría de aquellos youkais, y lo mejor era tener asegurada su palabra. Momentos después, terminó de redactar las invitaciones y llamó al escribano para que se las llevara. —Encárgate de enviarlas a los demás Lores y prepara la agenda que se revisará en la junta— ordenó. —Sí, mi señora, inmediatamente— contestó la vieja comadreja. —Pero, ¿Cree usted que el joven Sesshomaru pueda tratar con los demás gobernantes? — Ella negó despacio con el rostro y después rodó los ojos con aburrimiento. —Van a querer intimidarlo como prueba de bienvenida a su nuevo cargo— suspiró con resignación. —Y sólo podré intervenir si veo que se sobrepasan. — —Lord Sesshomaru es muy joven, pero no creo que permita que los demás Lores le lleven la contra, después de todo, algo debió enseñarle su padre respecto a su nueva responsabilidad, ¿O no? — quiso saber el escribano. La demonesa casi sonrió. El Kamaitachi no sabía que el gran InuTaisho se enfocó más en entrenar a su hijo en el arte de la guerra, que en la diplomacia política. Porque para él, siempre fue más fácil golpear, amenazar y someter, que hablar y razonar civilizadamente. En realidad, el poderoso Inugami primero ladraba y después hablaba. Sesshomaru no era muy diferente de él. Por fortuna, Irasue pudo intervenir en su educación también, logrando que su hijo aprendiera la parte política de dirigir un territorio gracias a sus propios conocimientos y experiencia. No es que InuTaisho no lo hubiera instruido para ser un buen Lord, simplemente, no terminó de hacerlo por enredarse con la humana. —Se puede decir que, en la práctica, aprenderá y mejorará, de cualquier manera, quiero que estés presente en la reunión— solicitó Irasue. —No pienso permitir ningún tipo de acuerdo comercial o político que traiga más problemas de los que ya existen en el Oeste. — —Como ordene, mi Lady— el escribano asintió y después se retiró para encargarse de mandar las invitaciones.

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Dos días después. Reunión de Lores Cardinales. El ambiente era extraño, todas las criaturas menores que residían en el palacio del Oeste podían percibirlo. No era amenazante, pero sabían que los grandes demonios reunidos en éste momento, podrían llegar a discutir al grado de enseñarse los colmillos. Una junta de esta magnitud podía ser muy tensa, porque ya no se trataba de dar condolencias, sino de revisar temas bastante serios que involucraban la seguridad de las tierras cardinales. El salón estaba perfectamente iluminado, flanqueado en puertas y ventanas por los soldados del palacio. En medio de la estancia, los Lores tomaban asiento en la gran mesa rectangular, mientras que sus respectivos siervos, se replegaban en las esquinas, escuchando y observando. En el lugar principal, Sesshomaru se sentaba en una postura recta y formal, mirando a los demás con seriedad. A su derecha, estaba Lady Irasue, manteniendo su elegante porte, lista para apoyarlo. A la izquierda y con movimientos sumisos, el viejo Kamaitachi se alistaba para tomar nota de todo. En el sitio opuesto de la mesa, Ryujiro miraba atentamente al hijo de InuTaisho. Era la primera vez que se veían y sus iris rojizos indicaban que lo estaba evaluando. En el lado derecho, Kiba permanecía en silencio, guardándose sus pensamientos respecto al nuevo Lord de Occidente. Finalmente, a la izquierda, Karasu y Leiko tenían una expresión indiferente, quizás esperando el momento adecuado para quejarse de los acuerdos pendientes. —Sean todos bienvenidos— habló por fin el joven Inugami. Todos los gobernantes le contestaron con un gesto de asentimiento al unísono. Entonces, su atención se dirigió al dragón de piel azulada y marcas faciales parecidas a las de Ryukotsusei. Ya sabía quién era gracias a su madre, pero ambos debían presentarse por protocolo. —No nos hemos presentado adecuadamente, mi nombre es Sesshomaru, sucesor del gran InuTaisho. — El Lord del Este lo observó fijamente por un par de segundos antes de contestar. —Soy Ryujiro, el nuevo señor de las tierras Orientales, hermano menor de Ryukotsusei y su heredero— sonrió un poco, sin dejar de analizar los gestos del Inugami. —Es un honor conocer al hijo del gran InuTaisho, y deseo con firmeza que la relación entre nosotros sea completamente diferente a la de nuestros antecesores. — Sesshomaru no supo cómo tomar el comentario, pero ya pensaría en ello después, porque no estaba seguro de que el dragón no albergase cierto rencor contra el Oeste por lo acontecido con su hermano mayor. Después de todo, creció escuchando sobre la constante rivalidad entre éste y su padre. Sólo atinó a dirigirle un gesto afirmativo con el rostro. Entonces, Irasue le hizo una señal al escribano, quien de inmediato se puso de pie, al mismo tiempo que desplegaba un pergamino. —Señores, la presente reunión ha sido convocada para ponerse al tanto del estatus en cada una de las zonas que tienen a su cargo. Se tratarán los siguientes puntos: Acuerdos comerciales, situación interna del territorio y conflictos con los humanos— explicó, para luego tomar asiento de nuevo. El primero en hablar fue Lord Karasu, evidentemente preocupado y molesto por las nuevas restricciones impuestas por Irasue. —Lord Sesshomaru, quisiera saber si ha llegado a una resolución respecto a los intercambios entre nuestros territorios— habló, manteniendo una voz moderada. Leiko e Irasue intercambiaron miradas. Después de que el tema de los felinos rebeldes fue solucionado, la hembra cuervo tuvo que hablar con su pareja para convencerlo de esperar el mes solicitado por la Inugami. Pero, al parecer, no perdería la oportunidad de insistir. —Aún estoy evaluando sus condiciones, Lord Karasu— contestó Sesshomaru tranquilamente, su progenitora ya le había hecho las advertencias correspondientes. —Hasta que finalice el mes solicitado por mi madre, no tendrá una respuesta concluyente. — El Tengu rodó los ojos y comenzó un golpeteo con sus zarpas sobre la mesa. —No puede ser, esto es importante y no debe ser pospuesto por tanto tiempo— graznó por lo bajo. Antes de que Sesshomaru o Irasue dijeran algo, el dragón intervino. —Lord Karasu, me parece que un mes es realmente poco tiempo, después de todo, los Nekomata ya no son un problema para usted— se expresó de manera diplomática y serena. —Y a mí me interesaría escuchar sus propuestas, quizás al territorio Sur le convenga reiniciar el comercio con la zona Este, en lo que espera la respuesta de Lord Sesshomaru. — Un siglo atrás, Ryukotsusei había cancelado los tratos comerciales con los demonios cuervo, porque estos no estaban cumpliendo con su parte del convenio. No fue un conflicto serio, pero los Tengu se quedaron sin recursos valiosos por su ambición. —Lord Ryujiro, agradezco su propuesta— el demonio alado sonrió convenenciero, haciendo un saludo de agradecimiento. —Tenga por seguro que, si nos da una oportunidad, no volveré a equivocarme en mis acciones para futuros intercambios. — Irasue, por su lado, liberó un suspiro. Ya no tenía ganas de tolerar las quejas de los cuervos, así que se sintió bastante agradecida de que el dragón interviniera. Escuchó atentamente cómo ambos Lores intercambiaron algunas ideas y posteriormente, Ryujiro le hizo la misma propuesta a Sesshomaru. A pesar de las rivalidades de los anteriores gobernantes, el comercio no cesó entre Oriente y Occidente, por lo tanto, era un buen momento para mejorar los convenios. Al parecer, el nuevo líder de la casa RyuYoukai tenía una mentalidad bastante más tolerante, y aunque no dejaba de evaluar a su hijo con la mirada, presentía que no lo subestimaría por su juventud e inexperiencia. También era probable que lograse manejar a los Tengu y su exagerada codicia. Pero faltaba que alguien más participase en la junta. El lobo blanco se había mantenido en silencio, meditando mientras escuchaba. Todos los demás ya habían llegado a un arreglo en los asuntos de intercambio, excepto él. —Lord Kiba, ¿Tiene algo que decir al respecto? — preguntó la demonesa. El youkai lupino negó lentamente y tomó un sorbo de la bebida que tenía cerca. El Norte mantenía convenios con todas las regiones cardinales y por lo regular, era el miembro más tranquilo y reservado en cuanto a estos asuntos. Sólo discutiendo de vez en cuando con Karasu, pero sin dejar de tratarse del todo. —No hay nada que decir, ya sabe que mis tratos con cada uno de ustedes no cambian y no tengo interés en modificar nada, así que podríamos pasar al siguiente punto de la reunión. — El señor del Sur le sonrió con burla antes de hablar. —Entonces, Kiba, platícanos que has hecho con las invasiones de los humanos en tus bosques— soltó el comentario mordaz. —¿Tus lobos continúan devorándolos? — El ambiente se tensó. Los ojos grises del lobo se estrecharon con irritación, pero no dejó que eso lo alterara. Los demás en aquella mesa estaban al tanto de los comportamientos inadecuados de algunos lupinos de sus manadas, y no podía negarlo ni justificarlo del todo. —La situación interna del Norte es la siguiente: Los youkais bajo mi dominio están tranquilos y manteniéndose en sus zonas. No hay conflictos entre ellos, ni con mis tribus— hizo una pausa silenciosa antes de continuar. —Pero… tengo que hacer algo respecto a los humanos. — Todos los presentes escucharon con atención. No era extraño comenzar a oír noticias sobre los humanos y lo que estaban logrando. Las declaraciones de guerra contra las criaturas sobrenaturales ya llevaban tiempo cociéndose a fuego lento, y el último conflicto provocado por InuTaisho, fue la gota que derramó el vaso. La muerte del comandante humano llamado Takemaru, había corrido como el viento, y los nobles emparentados con la desaparecida princesa Izayoi, no perdonaron la masacre y destrucción de su palacio. Los señores feudales dejaron de pelear entre ellos para aliarse, llevando a sus fuerzas militares a iniciar una feroz cacería de youkais. Tanto el Norte como el Oeste, eran las zonas donde más complicaciones había, por la cantidad de humanos que empezaban a llegar y crecer rápidamente. Éstos se asentaban en las tierras colindantes y poco a poco se extendían dentro de los límites cardinales, estableciendo su control, y provocando la huida o el conflicto con los demonios que ahí habitaban. En cuanto al territorio Sur, también tenían problemas con estas débiles criaturas. Pero no era por la misma causa, ya que la zona Austral se encontraba más alejada y su población humana era menor. Respecto al Este, el dragón habló. —Lord Kiba, espero que sea una broma, ¿En serio ha estado cazando humanos? — quiso saber, pero al ver que el señor del Norte asintió, su gesto se volvió sumamente serio. —No puedo creer que usen ese método, es como echarse una soga al cuello. — Los demás lo miraron con expresión desconcertada, ya que no se esperaban una contestación de ese tipo. Ahora estaban intrigados por saber cómo es que el hermano del espíritu dragón solucionaba los problemas con los humanos de su propia región. —Explíquese Lord Ryujiro— pidió Sesshomaru de pronto. —Los seres humanos son una plaga que debería ser eliminada, así que no entiendo a qué viene su comentario. — Irasue se frotó las sienes despacio. Teniendo en cuenta el rencor que aún conservaba su hijo, esta situación comenzaría a tensarse más y más. Un par de siglos atrás, había escuchado hablar a Ryukotsusei acerca de los humanos, haciendo mención de que esas criaturas eran muy listas y que habían aprendido a usar ciertos elementos de la naturaleza como armas. Por esto mismo el dragón no los subestimaba, y era de esperarse que Ryujiro tampoco lo hiciese. —Escucha, “cachorro”— contestó fríamente el dragón, dejando de lado la formalidad. —Tengo poco tiempo de haber tomado el poder del territorio Oriental, pero eso no quiere decir que sea nuevo en esto de manejar a los humanos. — Kiba, Karasu y Leiko contuvieron el aliento, sintiendo como el aura del dragón se tornaba amenazante. Irasue hizo un gesto de sorpresa por las palabras de Ryujiro. El viejo Kamaitachi sólo atinó a erizarse nervioso. Sesshomaru entrecerró los ojos ante la sutil intimidación. —Tú los llamas plaga porque no has visto de lo que son capaces. Seguramente no has salido de estas tierras, y quizás ninguno de ustedes lo ha hecho tampoco— miró a cada uno de los demás gobernantes. —Yo llevo algunos siglos tratándolos, y les aseguro que pueden llegar a ser muy peligrosos, incluso para los youkais más viejos y poderosos. — —Lord Ryujiro— intervino Karasu. —Díganos cómo ha manejado los problemas en sus tierras. — El dragón lo miró paciente, notando que no lo desafiaba con sus palabras. —Después de tomar el cargo como señor del Este, me dirigí de inmediato a las aldeas humanas que ya estaban viviendo ahí, para llegar a un acuerdo con sus líderes: Si ellos se mantienen lejos de las zonas donde habitan los youkais, yo me encargaré de que éstos no los molesten— sonrió de forma enigmática. —¿Y los humanos respetan ese trato?, ¿Qué sucede con los demonios en desacuerdo a sus normas? — volvió a preguntar el Tengu. —Mi hermano ya tenía implantada esta forma de gobernar, los youkais obedecerán porque ya están acostumbrados, y en cuanto a los humanos, sé que lo harán por su propio bien— explicó Ryujiro. El dragón se expresaba tan seguro de sí mismo, que incluso Irasue reconoció que su punto de vista no era tan incoherente. Después de todo, la mayoría de los humanos eran tranquilos y no se metían con otras criaturas, a menos que éstas los molestasen. Incluso, cuando era niña, recordaba perfectamente que su padre hacía algo parecido, permitiendo que las pocas personas que había en el Oeste en ese entonces, vivieran ahí, pero sin aproximarse al territorio de los demonios. No obstante, Sesshomaru no parecía convencido. —Me temo que no comparto del todo sus ideas— dijo el joven Inugami. —Una humana fue el principal problema por el cual mi padre desertó de su cargo como Lord, y a pesar de que él ya está muerto, los humanos continúan fustigándonos más y más— gruñó levemente. —Pero la solución violenta tampoco es la mejor— respondió Ryujiro. —Lo que debes hacer, es encargarte de los youkais alborotadores que continúan incitando los conflictos, y después, llegar a un arreglo con los líderes humanos— su tono se oyó como una reprimenda. Irasue pudo notar que su primogénito se enojaba cada vez más, el dragón lo estaba poniendo a prueba y no se daba cuenta. Quizás en estos momentos no iba a reconocer que Ryujiro tenía razón, pero tarde o temprano, tendría que tomar en cuenta sus palabras. Entonces, el señor del Norte exhaló ruidosamente, llamando la atención de todos. —Lord Sesshomaru, escuche por favor, el señor del Este no se equivoca— dijo con seriedad, mirando al dragón para darle la razón. —Lamento mis acciones respecto a lo que han hecho mis manadas, pero en los últimos meses, la situación se ha vuelto muy tensa y no siempre estoy enterado de lo que hacen mis lugartenientes. — El Inugami hizo un gesto de molestia. No esperaba que el mejor amigo de su padre se pusiera a favor del gobernante Oriental. —Lord Kiba, no pensé que los humanos pudieran tener tanto peso en sus decisiones— declaró enojado. —Mi padre habría pensado en otra alternativa para solucionarlo. — El lobo blanco negó despacio. —InuTaisho no lo hubiera hecho mejor— dijo en un tono grave. —A decir verdad, él habría complicado más las cosas, sólo para su beneficio. — El silencio momentáneo fue muy incómodo. Nadie esperaba semejante contestación por parte de Kiba, uno de los youkais más cercanos al difunto Lord. Entonces dirigió su mirada a Irasue y ella supo en ese instante que el lupino estaba a punto de revelar algo oscuro de su marido. —Lady Irasue, ¿Recuerda la situación del general asesinado y la masacre de los Kitsunes? — preguntó. —Sí, lo recuerdo, dicho suceso provocó algunos problemas en su frontera, según tengo entendido— confirmó ella. —Pero no se sabe mucho de ello, al parecer, alguien mantuvo ocultos los detalles. — El señor del Norte asintió y les dirigió una mirada rápida a los demás antes de continuar. —Aquel evento fue encubierto por mí y por InuTaisho, lo que se conoce, es una verdad a medias— empezó a recordar, mientras clavaba la mirada en la mesa. —Hace cinco años, me quedó muy en claro que mi viejo amigo tenía muchas caras… —

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InuTaisho había tenido en mente expandir aún más sus tierras y su dominio. Por aquel entonces, sus ojos se posaron en una región que ya llevaba un par de siglos habitada por humanos. Estaba alejada de las zonas cardinales, pero su posición geográfica y recursos naturales eran muy tentadores para los youkais. Kiba no lo pensó mucho cuando el Inugami le propuso una alianza para apoderarse de dicho lugar, y recibir una parte de la generosa recompensa que eso traería. Claro, todo por debajo del agua, para no llamar la atención de los otros Lores. Lo que no sabían, era que esa ciudad humana ya contaba con un alto desarrollo y tenía su propio ejército. Aunque eso no le importó a InuTaisho y comenzó el asedio. Ellos se defendieron lo mejor que pudieron e incluso pidieron ayuda a otras regiones, las cuales enviaron a sus soldados. A lo largo de una semana, Kiba e InuTaisho mantuvieron varias escaramuzas con los guerreros humanos, quienes recurrieron a todo tipo de recursos militares y sobrenaturales para defenderse. El señor del Oeste comenzó a impacientarse al ver que no se sometían, ni huían. Por el contrario, otros ejércitos ya venían en camino para ayudarlos. Entonces decidió jugar otra carta. Pocos sabían que uno de los métodos del Inugami para obtener la ventaja, era el provocar miedo y caos con su forma de bestia gigante. Esto lograba hacer huir a sus rivales y él podía reclamar el botín sin problema. Kiba lo había visto hacerlo antes y no se sorprendía de sus acciones en el campo de batalla. Lo que no pudo asimilar tan fácilmente, fue lo que hizo después. En la última batalla, InuTaisho se transformó, acabando con la mitad de los hombres con un sólo golpe de su garra. Pero no quedó solamente en eso. Él se encaminó a la ciudad y comenzó a devorar a los habitantes sin piedad. El señor del Norte fue testigo de la cruda escena y de los gritos de impotencia de los soldados sobrevivientes al ver morir a sus familias. Y no hizo absolutamente nada para impedirlo. Ambos Lores pensaron que eso sería suficiente para librarse de los humanos y poder reclamar la región. Así que dejaron pasar algunos días, en espera de que esas débiles criaturas se marcharan, tristes y derrotadas. … Una semana pasó desde aquella masacre. Kiba había invitado a InuTaisho a cazar en su montaña en lo que se cumplía el plazo para reclamar las nuevas tierras, por lo que ninguno de los dos se enteró de lo que acontecía en los límites de la zona Norte. Regresaban de la cacería, cuando de pronto, olieron en el aire sangre y cenizas. Ambos pudieron ver a un par de kilómetros, una densa columna de humo elevándose, al mismo tiempo que el brillo del fuego resaltaba por encima de los árboles. Lo que estuviese ocurriendo, se ubicaba en el territorio de Kiba, así que éste comenzó a correr para averiguar qué sucedía. InuTaisho lo siguió de cerca. Al llegar al sitio, se dieron cuenta que se trataba de la zona donde habitaba la comunidad de los Kitsunes rojos. Demonios zorro muy pacíficos y cuyo nivel mágico era bajo. Su líder apenas tenía tres colas y los demás, aunque longevos para los humanos, eran muy jóvenes comparados con los Lores. Todo el ambiente estaba impregnado de la sangre de las criaturas, y el fuego ya había devorado las pequeñas chozas en las que vivían. Escucharon un llanto a su derecha. Provenía de un árbol alto, el cual tenía un hueco en su tronco, disimulado por el follaje. InuTaisho se acercó, y lo que vio lo dejó sorprendido. Un bebé Kitsune estaba acurrucado dentro, temblando y llorando sin parar. Lo tomó en brazos y aunque el cachorro se asustó al principio, se tranquilizó un poco al reconocerlo como el Lord del Oeste. —¿Qué sucedió? — preguntó, mientras Kiba se acercaba también. —L-Los… h-humanos nos a-atacaron— dijo entre lágrimas. —M-Mi mamá me e-escondió… ¿D-Dónde está mi mamá? — Los gobernantes intercambiaron miradas. —Espera aquí— le dijo Kiba a InuTaisho. Se adentró en los restos de la zona atacada. Su mirada dio un rápido vistazo y su olfato le dijo todo lo necesario: Soldados humanos, muchos de ellos. Había rastros del regimiento por todos lados, algunas armas abandonadas, así como banderas y escudos. El lobo reconoció de inmediato la insignia, era del ejército humano que habían derrotado hace unos días. Caminó un poco más y no pudo evitar fruncir el ceño al ver la masacre, era demasiado cruel y despiadada. Los cuerpos de los Kitsunes yacían por todos lados, desde adultos, hasta crías jóvenes. Muchos fueron degollados brutalmente y otros más, habían sido desollados con saña. El cadáver del zorro líder no estaba, lo que significaba que se lo llevaron como trofeo. Kiba escupió un par de maldiciones mientras tomaba una bandera con la insignia del ejército. Regresó con InuTaisho y se dio cuenta de que el cachorro sobreviviente ya estaba dormido en sus brazos, seguramente por cansancio y trauma. —¿Y bien? — preguntó el señor del Oeste. —¡Esto es tu culpa! — gruñó molesto. —¿De qué hablas? — El señor del Norte arrojó el emblema a sus pies. El Inugami alzó una ceja, extrañado, y de inmediato sacó sus propias conclusiones. El ejército humano había cobrado venganza, y desgraciadamente, los Kitsunes pagaron por algo que no habían hecho. —¡Te dije que no era necesario que hicieras eso! — reclamó Kiba furioso. —¡Ya estaban retrocediendo los soldados, no tenías porqué atacar a sus familias!, ¡Pero no pudiste contenerte, ¿Verdad?! — InuTaisho lo miró por un par de segundos y luego se alzó de hombros con fría indiferencia. —Estábamos perdiendo el tiempo, ellos no se iban a rendir, además, entre menos humanos quedasen vivos, sería más conveniente para nosotros. — El lobo hizo un gesto de negación, no podía creer que su amigo actuara de forma tan negligente. Pero también era su culpa, jamás imaginó que los humanos sobrevivientes tomarían represalias. Los pobres Kitsunes rojos vivían en los límites finales de su territorio, por lo tanto, eran los más cercanos a la región atacada. Ahora sentía arrepentimiento de no haber detenido a InuTaisho, y más porque los pequeños zorros estaban bajo su protección y le eran muy leales. Siempre tan pacíficos y amables, le regalaban tributos y comida cuando pasaba por su aldea. Ahora sólo quedaba éste cachorro, huérfano y quizás traumado por el resto de sus días. —Escúchame, los tiempos cambian y los humanos van creciendo en número y en habilidades, ya no puedes intimidarlos sólo con aparecérteles en tu forma gigante y robarles su ganado— explicó Kiba, tratando de no hablar fuerte para no despertar al Kitsune. —Los soldados sobrevivientes no se van a detener, ellos no distinguen entre youkais cuando alguno los amenaza, y menos ahora que han perdido a sus seres queridos. — El Inugami rodó los ojos y exhaló despreocupado. —Tranquilízate, me encargaré de ellos más tarde, por el momento quiero regresar a mis tierras— habló impasible. —Además, estos zorros eran bastante débiles, cualquier bestia menor podría haberlos matado. — El señor del Norte se desconcertó por completo ante la indolencia de InuTaisho. A veces era sorprendente ver su comportamiento de doble moral cuando no había nadie presente, excepto los más cercanos a él. Tuvo la intención de volver a reclamarle, pero sabía que no tenía caso discutir. —Toma, es tiempo de que me vaya— finalizó, entregándole al zorrito en brazos, para después elevarse. —¡Maldita sea InuTaisho!, ¡Ten cuidado con lo que haces, nos perjudicas a todos! — advirtió. Pero el señor de Occidente ya se alejaba volando a gran velocidad.

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El lobo blanco exhaló, ese acontecimiento fue sólo uno de los muchos que llevaba realizando el Inugami desde hace tiempo, sin la menor muestra de remordimiento. No le importaba ir acumulando deudas de sangre contra los humanos, no le preocupaba en absoluto que estos dejaran de pelear entre ellos para voltear a mirar a los youkais con resentimiento. Sesshomaru se mantuvo en silencio. No podía creer en las palabras de Lord Kiba, a pesar de saber que no tenía motivo alguno para mentir respecto a su padre. Ahora comenzaba a entender que quizás algunos de los rumores extraños que escuchó de niño acerca de él, podrían ser ciertos. Miró a su madre y ella le confirmó con la mirada que lo dicho por el lupino, era verdad. —Después del ataque, los humanos continuaron agrediendo a otros youkais y se adentraron en el territorio de InuTaisho para cazarlo— prosiguió Kiba. —Sin embargo, él los emboscó y terminó devorándolos… aunque eso no frenó lo que ya había iniciado. — El golpeteo de las garras de Karasu se reanudó sobre la mesa. —Vaya, vaya, y yo que pensaba que mis métodos eran agresivos— dijo con ironía, volteando a ver al hijo de Irasue. —Espero que no tenga planeado hacer lo mismo, Lord Sesshomaru. — El joven Inugami le enseñó los colmillos. Tenía la intención de responderle, pero su madre colocó una mano sobre su hombro para tranquilizarlo. —Cálmate hijo, ahora es cuando debes demostrar que eres mejor que tu padre. — Entonces se oyó el leve gruñido del dragón. —Ahora entiendes porque te digo que no debes subestimar a los humanos— su mirada iba del Inugami hacia el lobo y luego regresaba. —InuTaisho provocó muchos daños colaterales a los demás Lores, y por eso estamos aquí, discutiendo las consecuencias. — Irasue se puso de pie, interviniendo antes de que la situación se complicase aún más. —Por favor, Lord Ryujiro, creo que ya ha quedado en claro la problemática en la que debemos enfocarnos— miró a los demás. —Si les parece bien, lo mejor será continuar en otra ocasión, creo que todos necesitamos despejarnos un poco. — El dragón mantenía un gesto irritado, pero aceptó la solicitud de la demonesa. —Estoy de acuerdo en proseguir después con dicho tema— contempló a Kiba con seriedad. —Si requiere apoyo para tratar con los humanos, hágamelo saber— se levantó y saludó formalmente a todos antes de abandonar el salón en solitario, pues nadie lo acompañaba. El Lord del Norte también se puso de pie y se despidió. —Intentaré solucionar los conflictos sin llegar a la violencia— hizo una leve inclinación y se retiró, seguido por sus lobos. Los Tengu se miraron entre sí, lo mejor era ya no provocar más a Sesshomaru ni a Irasue. —Nos retiramos también, y quedamos a la espera de su respuesta sobre los acuerdos— dijo Leiko. Karasu sólo asintió e hizo un leve gesto de despedida, sus siervos alados los siguieron fuera del salón. El Kamaitachi terminó de tomar algunas notas y también se retiró, sabía que la señora Irasue quería hablar a solas con su vástago. El lugar quedó en silencio por unos segundos. La demonesa caminó hacia una mesita contigua y sirvió un poco de agua en un par de vasos. Dejó uno cerca de su hijo y tomó asiento nuevamente. —Lo has hecho bien, pero ten en cuenta que esto es sólo el principio— declaró, luego de beber un trago. —¿Tendré problemas con ese dragón? — preguntó Sesshomaru enojado. —No parece dispuesto a respetar mi jerarquía. — —Es lógico que Ryujiro mida tus capacidades, eres el Lord más joven y no deberías esperar que los otros te acepten tan fácilmente— hizo una pausa, contemplándolo con seriedad. —En especial porque tu padre se levantó con el poder sobre ellos, y de cierta forma, los sometió a sus órdenes. — El joven Inugami tomó el vaso y dio un largo sorbo. —¿Piensan que seré como mi padre? — —Queda en ti la responsabilidad de cambiar la imagen que él dejó. Y quizás todavía no lo quieras creer, pero InuTaisho tenía un lado oscuro, así que, no dejes que tu aprecio por él te nuble la perspectiva. — —¿Él… siempre fue así? — preguntó con cierta duda. La demonesa percibió su inquietud, pero no le mentiría respecto a su progenitor. No ahora que el peso de gobernar el Oeste se asentaba con más fuerza sobre sus hombros. —Escúchame Sesshomaru, tu padre logró muchas cosas positivas, fue un gran líder e hizo lo que tenía que hacer para que éste territorio alcanzara su máximo estatus. Pero no creas que todas sus decisiones fueron las mejores, tenía muchos pecados arrastrando detrás de él— se levantó y se acercó para colocar la mano sobre su hombro una vez más, en un claro gesto de apoyo. —Ahora que él ya no está aquí, te corresponde ser un mejor gobernante. — El joven Lord exhaló despacio y asintió. Se levantó y se despidió de su madre para ir a descansar. Irasue lo miró alejarse y no pudo evitar pensar en el largo camino que su hijo tenía por delante. Pero al menos, ya había dado el primer paso.

***

Continuará… Saludos a todos y gracias por su paciencia.
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