ID de la obra: 1268

La Reina de Plata

Het
G
Finalizada
1
Fandom:
Tamaño:
276 páginas, 109.466 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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9. Herencia

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Buenas noches: Mi tardanza se debe a que estoy pasando por un grave periodo de falta de inspiración. En serio, mi imaginación está trabajando muy lento en los fanfics que estoy escribiendo. Por favor, ténganme paciencia. Les dejo el noveno capítulo, muchas gracias por leer y por sus bellos comentarios, me hacen muy feliz. Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo sólo escribí la historia por gusto y diversión.

***

Capítulo 9: Herencia Tierras Occidentales. Han pasado dos días desde que Sesshomaru intentó asesinar a la humana y a su cachorro. Sin embargo, ahora que es el nuevo señor del Oeste, sus responsabilidades son inevitables y está obligado a concentrarse en ellas… o al menos lo intenta. —Éste es el último, Lord Sesshomaru— dijo el escribano, acercándole un pergamino de gran tamaño. El joven Inugami lo ojeó por unos segundos y después refunfuñó irritado. —¡Maldita sea, ¿Por qué mi madre solicitó un aplazamiento?! — El viejo Kamaitachi se rascó la nuca. Cómo explicarle que, por su comportamiento desobligado y paseos prolongados, la señora Irasue tuvo que encargarse de algunos pendientes. La comadreja ya no tenía la paciencia de antes, pero sabía que estos arranques de frustración los vería de vez en cuando en el joven Lord. Después de todo, recibir el mando de un territorio cardinal no era cosa sencilla y menos gobernarlo. —Pues verá, señor… — trató de explicar. De pronto, una voz imperativa lo interrumpió. —Porque así podrás renegociar los términos de ese acuerdo— dijo Irasue, quien iba entrando al salón. —Tu estúpida búsqueda te hizo perder tiempo, si no atiendes estos asuntos, tendremos problemas con los señores del Sur, y no pienso permitir que esos rastreros saquen ventaja de tu incompetencia. — Sesshomaru hizo una mueca de disgusto cuando ella se acercó a su escritorio. —Madre, no es necesario que intervengas ya. Si esos estúpidos Tengu intentan sacar provecho de la muerte de mi padre, yo me encargaré de asesinarlos. — La demonesa lo miró con gesto duro y le habló en tono de reprimenda. —Hijo, por favor, deja de ser tan prepotente, esto no es un juego. A partir de ahora, las decisiones que tomes, afectarán a todo el Oeste. No te equivoques con ideas viscerales y poco razonadas que sólo traerán más problemas— se dio la vuelta, alejándose. —La violencia déjala como último recurso, primero usa la cabeza. — El joven Lord la siguió con la mirada hasta que desapareció en el pasillo. Su madre siempre tenía comentarios filosos para hacerle entender las cosas de manera dura, la mayor parte del tiempo ella era así. No obstante, en éste momento, sus mordaces consejos le serían muy útiles y necesarios. La siguiente reunión con los otros Lores sería la próxima luna, y estaba seguro de que ellos tratarían de ponerlo a prueba. Poco después, terminó de revisar el documento, y renegando con molestia, se lo arrojó al escribano. —¡Llévate esto, lo revisaré más tarde!, no puedo tomar una decisión ahora. — —Sí señor, como usted diga— contestó el Kamaitachi para después retirarse, no sin antes escucharlo murmurar. —Esto no se va a quedar así, aunque mi madre se oponga. — Al parecer, su mente aún no estaba enfocada en las responsabilidades de su nuevo cargo. Seguía molesto por no haber podido asesinar a la princesa y a su hijo. No comprendía porqué su progenitora había intervenido, y lo peor de todo, es que perdió la pista de la pulga Myoga. Ahora ya no tenía forma de saber qué había sucedido con las katanas de su padre. … Irasue estaba al tanto de las rabietas de su hijo, ya que el escribano la mantenía informada. Pero era necesario dejarlo hacerse responsable, de lo contrario, los demás Lores intentarían sacar provecho de su inmadurez. Un territorio cardinal no sólo se administra con el poder de su gobernante, también requiere de las decisiones más inteligentes de éste. Pero, a pesar de su refinada educación, su habilidad en la lucha, y su frío temple, Sesshomaru no tenía la suficiente experiencia para negociar con youkais viejos y taimados. Quizás la demonesa sólo debía prevenirlo del comportamiento caprichoso de Karasu y Leiko, pero en estos complicados tiempos, no estaba segura de que Kiba y Ryujiro fueran tan tolerantes. El lobo blanco fue buen amigo de InuTaisho, pero eso no quería decir que se llevase bien con su heredero. En cuanto al dragón, podría haber cierto rencor por lo ocurrido con su hermano Ryukotsusei, aunque hubiese afirmado que no le importaban las afrentas del pasado. Era demasiado pronto para sacar conclusiones. La próxima junta revelaría el estatus actual de todas las regiones cardinales después de la muerte del gran InuTaisho, así que, por el momento, sólo quedaba esperar. La señora del Oeste resolvió no darle más importancia al asunto por ahora. Se dirigió a sus aposentos para distraerse con la limpieza general que había decidido hacer. Después de que el olor general del difunto Lord se desvaneció, ella tomó la decisión de deshacerse de todo lo que estuviera relacionado con él. Era lo mejor, ya que no había necesidad de mantener lazos con el pasado. Una especie de terapia de liberación, que llevaría a cabo a lo largo de varios días. Comenzó con un gran armario donde se almacenaban pertenencias mutuas. Reunió algunas cosas de InuTaisho y después se distrajo con otras de su propiedad, en especial con una que tenía un gran valor sentimental. Se trataba de un pequeño cofre de madera roja, el cual contenía un bello cristal azul. Era un mero adorno decorativo, pero había sido un regalo de su querido “hermano”, el Nekomata. —Arashimaru… me gustaría saber que ha sido de ti— murmuró para sí misma, observando el cristal a contra luz. El hermoso destello le trajo su recuerdo a la mente.

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La celebración había terminado. Después de varias horas de festejar tan importante evento, al fin los invitados se retiraban. Por fin Irasue ya no tenía que soportar la conglomeración de criaturas hipócritas y convenencieras. Ahora que ya era oficial el inicio del cortejo, debía prepararse para convivir con sus pretendientes. Pero no tenía intenciones de hacerlo en éste momento. Acompañada de Arashimaru, había mandado a llamar al viejo Kitsune presentador, para darle las instrucciones necesarias respecto a los demás candidatos. El zorro se encargó de informarles, pues, independientemente del tiempo que tendría cada pretendiente para cortejarla, era ella quien escogía el orden en el cual los trataría. No había reglas escritas para esta situación, pero quedaba sobreentendido que Irasue podía escoger con quién platicar después de la ceremonia de presentación. Durante el resto de la fiesta, ella se mantuvo hablando con el felino, paseándose por el patio principal para que todo el mundo los viera y no pensaran mal de su ausencia momentánea en los jardines. Irasue era la heredera del Oeste, pero no era libre de hacer lo que quisiera, y en la alta sociedad youkai, siempre pesaría más el qué dirán. Por suerte, el hecho de estar tratando con su pretendiente Nekomata, le dio la excusa perfecta para no tener que interactuar con los demás candidatos. No estaba lista y quería retrasar la convivencia lo más que pudiese, así que ella y Arashimaru se mantuvieron juntos todo el tiempo. Esto fue bien visto por los integrantes de la casa NekoYoukai. Para los demás invitados, fue motivo de envidia y cuchicheos cizañosos. Pero no había nada que hacer al respecto, era la decisión de la heredera, y si el felino fue escogido como el primero para iniciar su cortejo con ella, los demás debían respetarlo. … Ahora que todos se habían marchado, Irasue se despedía de su viejo amigo. —Hasta mañana, descansa— dijo ella. —Tú también trata de descansar— contestó él. —Mañana seguiré “cortejándote”— le guiñó un ojo. La Inugami sonrió un poco, sabía que él podría ser un gran compañero de vida, pero no para ella. Lo observó dirigirse a la sección más alejada del palacio, donde se hospedarían los pretendientes. Ahí permanecerían esperando su turno, antes, durante y después del cortejo. Así que debían aprovechar su tiempo, planeando la mejor forma de ganarse el favor de la heredera del Oeste. … Al día siguiente. La joven despertó con una extraña sensación de alegría. Hoy trataría con Arashimaru y eso la hacía sentirse bien, porque era como convivir con un hermano querido. Ambos habían acordado que mantendrían la actitud de pretendiente y pretendida ante los demás. Pero ella no lo escogería al final, a pesar de que fuese la persona más adecuada por el pasado que ambos compartían. —Hola Irasue, buen día— saludó el youkai de pelo azul. —Buenos días Arashimaru— contestó, bajando por las escaleras hacia el patio. —Creo que deberías moderar tu informal manera de dirigirte a mí, parecerá que no tienes educación— reprochó, alzando una ceja. —Oh vamos, no seas tan estricta, muchos saben que nos conocemos desde antes, y nuestras madres son amigas— sonrió el Nekomata, restándole importancia al comentario. Quizás algunos verían ese acercamiento tan confiado con buenos ojos, pero otros no pensarían lo mismo. Momentos después, la pareja andaba por el jardín nuevamente, platicando más de su vida y fingiendo estarse conociendo. Tal y como lo indicaba el proceso de galantería. Cada uno de los cinco pretendientes tendría un día completo para tratar con la joven Inugami. Esto significaba que, en menos de una semana, Irasue evaluaría a cada youkai, y escogería a su futuro marido y próximo Lord del Oeste. Quizás era demasiado corto el tiempo para conocer a alguien, pero ella no tenía voz ni voto en esto, así que su decisión debía ser tomada fríamente. Pero por el momento, no tenía que preocuparse por el felino. Sólo quería conocer su historia de amor y saber si después de esto, él podría volver con la hembra que amaba. Llegaron al estanque y tomaron asiento en la banca de piedra. —Si tú no me eliges— dijo Arashimaru en voz baja. —Yo volveré ante Oyakata y seré nombrado líder de los clanes leopardo, eso no cambiará, pero tendré la posibilidad de buscarla. — —¿Cómo sabes que la encontrarás de nuevo y que ella te esperará? — preguntó Irasue, también en voz baja. —Logré despedirme de ella antes de venir aquí— suspiró alegre, poniendo una mirada soñadora. —Me dijo que esperaría un año por mí, si yo no regreso, ella continuará con su vida. — La heredera sonrió con sinceridad, estaba contenta de saber que su casi “hermano” tendría la oportunidad de ser feliz con su compañera. Por un momento se quedó en silencio, razonando si quizás podría enamorarse de alguien también. Lamentablemente, ni siquiera había posibilidad de pensar en eso, ella no era libre para elegir como otras hembras. —Todo saldrá bien, ya lo verás— lo animó con una sonrisa. —Apuesto que incluso tendrás varios cachorros. — El Nekomata se sonrojó y soltó una risa nerviosa. De pronto, sus orejas se agitaron inquietas y volteó rápidamente, escudriñando el límite del jardín. Irasue también clavó la mirada en esa zona, ambos tuvieron la sensación de que alguien los observaba. —¡Sal de ahí, quien quiera que seas! — alzó la voz el felino, poniéndose de pie. Una silueta pasó caminando como si nada al lado de los árboles. Su estatura y las rayas negras corporales fueron lo que más resaltó en el inesperado visitante cuando se mostró ante ellos. Era el candidato de la casa ToraYoukai, Kurotsume, el cual caminó hacia donde se encontraban, para después saludarlos con un gesto marcial. —Buenos días, no fue mi intención interrumpirlos— dijo con una mueca burlona. —Es sólo que me perdí en éste bello jardín. — El Nekomata avanzó hasta quedar frente a él, su gesto era serio. El tigre lo superaba por muchos centímetros de altura, pero eso no lo intimidó en absoluto. Ambos se observaron en silencio por unos segundos. Esto era simplemente una demostración de poder entre machos. Un careo provocativo que era válido mientras el cortejo se llevase a cabo. Siempre y cuando no pasase más allá de las palabras. —No hay problema, cualquiera puede perderse aquí— dijo Arashimaru, mirándolo a los ojos. —Pero te voy a pedir que te retires por favor, aún no es tu turno de hablarle a la señorita Irasue. — Los ojos azul zafiro del tigre se estrecharon, evidentemente no esperaba que el Nekomata le dijera esas palabras. Su sonrisa falsa tuvo la intención de mostrarle los colmillos, pero el gesto no fue más allá. —Tienes razón gatito, ya me retiro— declaró burlón, mientras dirigía su mirada a Irasue. —Pero espero que la señorita esté al tanto de que los tigres estamos por encima de los mininos— le guiñó un ojo descaradamente. Acto seguido, el corpulento youkai se dio la vuelta y se alejó, murmurando algo que no alcanzaron a escuchar. Irasue pudo sentir claramente que la energía sobrenatural de Arashimaru se alteró debido al sutil insulto. —Ese tigre es bastante altanero por lo que se ve— comentó ella. —Es un idiota a primera vista— expresó el felino, volviendo junto a ella. —Ten cuidado, me da mala espina y sólo con ver su mirada, puedo percibir que es de los que juegan sucio. — —Bueno, si te vuelve a provocar, podrías congelarlo con uno de tus golpes fríos— le sonrió, mientras se acercaba a él. —Vamos, déjalo pasar y ven conmigo, quiero caminar un rato. — El Nekomata asintió y le ofreció su brazo, ella lo tomó y después se dirigieron al patio de salida para recorrer los alrededores del palacio. Desde una terraza apartada, unos ojos los miraron alejarse, su dueño parecía tomar una nota mental acerca de la situación. … El día llegó a su fin y la Inugami se sentía contenta de haber compartido éste tiempo con el felino. Después de pasear y platicar sobre una y mil cosas, habían tomado los alimentos en un agradable ambiente de hermandad. Ahora Arashimaru debía volver a sus habitaciones y esperar la decisión final en unos días, para luego regresar a su hogar y rendirle cuentas a Oyakata. —Me divertí mucho— dijo Irasue. —En verdad estoy contenta de que hayas vuelto, ya extrañaba tu buen sentido del humor. — Él hizo una reverencia exagerada. —El placer fue mío— tomó su mano y le dio un sutil beso. —Espero que podamos seguir teniendo más convivencias en el futuro— susurró por lo bajo. Ella asintió con otra sonrisa. Entonces el felino hurgó entre sus prendas y sacó un pequeño cofre rojo, ofreciéndoselo. —Para ti, Irasue. — La joven lo abrió, y el llamativo destello de un cristal azul la encandiló. —¡Es precioso! — dijo con evidente agrado. —Gracias Arashimaru. — El felino hizo un ademán de despedida, para luego marcharse. Momentos después, ella caminaba rumbo a sus aposentos, debía descansar para el día de mañana y prepararse para evaluar al segundo aspirante a su mano.

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La demonesa suspiró al recordar los agradables momentos que pasó con el Nekomata. Era una lástima que ahora no supiera nada de él. Guardó la joya y prosiguió con su actividad un rato más.

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Dos semanas después de la muerte de InuTaisho. Los problemas del territorio Occidental iban disminuyendo demasiado lento. La demonesa ya se había encargado de los Nekomata, llevándolos a las tierras de Lord Ryujiro. En cuanto a los acuerdos con los Tengu, sabía que Leiko había logrado convencer a su marido de esperar un mes, en lo que Sesshomaru evaluaba la renovación de los intercambios comerciales. Ahora la agenda del día era encargarse de los demonios y criaturas menores que andaban generando caos en el territorio, molestando a los demás youkais y a los humanos. La Inugami tenía especial interés en disminuir las tensiones con esta débil especie. Frágil físicamente, pero peligrosa si lograba organizarse y formar un ejército entrenado. Recientemente se había enterado de que InuTaisho, en su intento de ir por su amante, había asesinado a un comandante y arrasado a su ejército completo. Aquel guerrero, un tal Takemaru, había sido muy popular en los círculos militares de muchas regiones, su fama, valor y habilidad fueron muy conocidas. Por lo tanto, su muerte significó una nueva afrenta contra los humanos. Esto sería complicado de solucionar, pues las declaraciones de guerra contra los youkais ya estaban tocando a la puerta. —InuTaisho, tú siempre de instigador, incluso después de tu muerte— pensó Irasue, mientras caminaba con lentitud. Llegó al final de un largo corredor, a una pequeña habitación, entró y cerró la puerta detrás de ella. En el lugar reinaba la penumbra, excepto por el pedestal que se encontraba en medio del cuarto. Sobre éste, permanecían las dos katanas brillando por sí solas e iluminando el entorno: Colmillo Sagrado y Colmillo de Acero. La demonesa se acercó y las observó por un momento. —Dejaste tu mejor colmillo InuTaisho, espero que no te hayas equivocado al tomar esta decisión— dijo, agarrando una de las espadas. Mirándola detenidamente, tocó la hoja y acarició el filo. —Ese viejo herrero es el mejor, sin lugar a dudas, esta arma es capaz de contrarrestar los efectos de la muerte— expresó con cierta admiración. De repente, su gesto se ensombreció, al mismo tiempo que una memoria surgió.

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Desde lo alto de las escaleras, Irasue observó a su esposo descender en el patio principal. Había regresado después de algunos días de ausencia. No supo que asunto fue a resolver, pero sin lugar a dudas, se trató de una pelea con otro demonio, porque parecía agitado y con un extraño brillo en los ojos. Aquello sólo podía significar que había obtenido la victoria y algo muy satisfactorio para su conveniencia. Entonces la atención de ella se centró en la funda que InuTaisho sostenía frente a él. Se trataba de una nueva katana recién forjada, la cual resplandecía con un intenso brillo azulado. Era diferente a sus otras dos armas que solía utilizar en las batallas, así que tuvo una extraña sensación al percibir su energía… había algo más en aquella espada. Muy probablemente, el herrero Totosai fue quien la forjó. Y conociendo a InuTaisho, de seguro esa katana era su nuevo aditamento de fuerza. Ahora que el poderoso Lord estaba por alcanzar la cúspide del poder en las cuatro regiones cardinales, era indispensable que dejara en claro quién era el que mandaba. Sin embargo, a Irasue no le quedaba en claro porqué otra espada, si ya contaba con el poderoso Colmillo de Acero y la peligrosa Sounga. Entonces, él volteó a mirarla con un gesto de orgullo mientras subía las escaleras. —Bienvenido— saludó ella. —Tengo buenas noticias— sonrió, mostrándole la pulida hoja. —He aquí la materialización de mi nueva fuerza. — La demonesa parpadeó sorprendida al reconocer la energía del arma. Se trataba de otro colmillo de su esposo, o eso es lo que parecía. Ella acercó la mano y el aura que desprendía la acarició. Por un instante, pudo sentir que lo que guardaba el metal en su interior, no era legítimo de InuTaisho. —¿Cómo la obtuviste? — quiso saber. —Es parte de mi Colmillo de Acero, pero con… mejoras— contestó enigmáticamente el Lord. —¿Por qué otra, si ya tienes dos? — El Inugami sonrió con altivez, encantado de explicar la razón de ser de su nueva posesión. —Esta katana puede jugar con la vida y la muerte— la desenfundó por completo. —Y más adelante, será capaz de abrir el camino al infierno para mis enemigos. — La señora del Oeste entrecerró los ojos al escucharlo y algo en su interior se retorció con dolor. Pero hizo todo lo posible por ignorar ese viejo rencor y hacerlo pasar desapercibido como en otras tantas ocasiones. Inconscientemente retiró la mano y la llevó a la piedra Meido, mientras fingía un gesto de admiración para InuTaisho. —Suena impresionante, ese tipo de poder, sin lugar a dudas, asegurará definitivamente tu supremacía sobre los demás. — —Así será— finalizó el Lord. Ella pudo distinguir la oscuridad en el fondo de sus ojos, InuTaisho había hecho algo siniestro de nuevo, y esta espada era la prueba de ello. ¿Jugar con la vida y la muerte? ¿Abrir el infierno? Maldita fuese su obsesión, la cual se había incrementado con el paso de los años.

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Irasue exhaló despacio, tomando una de las fundas que reposaban a un costado del pedestal. Guardó la katana en ella, dio media vuelta y se dirigió a la salida. … Sesshomaru permanecía reclinado en su asiento con los párpados cerrados. Había terminado de revisar sus pendientes del día y el escribano ya se había retirado para llevar a cabo las encomiendas políticas, aprobadas y firmadas. De pronto, abrió los ojos de golpe, había percibido el olor de un metal muy familiar para él. Se levantó y giró la vista, su madre iba entrando a la estancia y traía con ella una de las katanas de su padre. —¡¿De dónde la has sacado, madre?! — preguntó sobresaltado. —Presta atención Sesshomaru— dijo ella con seriedad. —Tu padre te ha heredado esta espada, Colmillo Sagrado. Tómala y acéptala como parte de su legado— declaró, entregándosela en mano propia. El joven Lord quedó perplejo y no contestó al momento. Tomó la katana y la desenfundó para admirar el hermoso brillo azulado que desprendía. —¿Por qué…? — intentó preguntar, pero su madre lo interrumpió. —No lo sé, fue la decisión de tu padre. Esta es tu herencia y como tal, deberás averiguar cómo usarla y descubrir el secreto que guarda, el cual afectará directamente tu destino. No me preguntes nada más, porque no tengo la respuesta— finalizó. —¿Dónde está Colmillo de Acero? — cuestionó intrigado. Irasue dio media vuelta para retirarse. —Lo desconozco. — El joven Lord se quedó mirando la katana. Por un instante, la pulida hoja parecía devolverle una mirada burlona. Su cólera estalló, así que, gruñendo con frustración, guardó el arma en su funda y después la apretó con furia mientras despotricaba. —¡Maldita sea padre!, ¡¿Te estás burlando de mí?!, ¡¿Por qué me has heredado esta inútil espada?! — caminó de un lado a otro por la habitación. —¡Soy tu primogénito, tu sucesor!, ¡¿Y así es como me recompensas?! — … La demonesa alcanzó a escuchar las maldiciones de Sesshomaru, sabía que no estaba a gusto con la decisión de InuTaisho. Pero ella no diría nada en absoluto, simplemente cumpliría con el último deseo de su difunto esposo. Debía ser paciente y esperar a que su hijo madurara y se diera cuenta de la verdad. Tenía que descubrir su propia fuerza por sí mismo. Momentos después, a través de un ventanal vio que se alejaba volando, se le notaba la furia en los ojos. Soltó un suspiro y se encaminó de nuevo al pequeño cuarto. Tomó la otra katana, Colmillo de Acero, y la guardó en su respectiva funda. —Ahora debo llevar esta espada a su lugar de reposo. Seguramente pasarán muchas décadas antes de que el mestizo pueda empuñarla— murmuró con indiferencia, a la vez que acariciaba su medallón. La joya brilló con un destello dorado, y un segundo después, frente a ella se abrió una hendidura en forma de luna menguante. Al otro lado del portal se podía apreciar un extenso valle, nubes blancas y una soledad sepulcral. Dio un paso adelante y desapareció en ese sitio, donde los límites de un mundo y otro, se fusionan.

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Tierra límite entre la vida y la muerte. Irasue incrustó la katana en el altar de piedra y luego hizo un ademán frente a ella. Por un instante, el arma fue envuelta en un campo de energía brillante, después ésta desapareció. El sello de protección había sido activado, sólo un portador digno podría tomar la espada y removerla de ese sitio. Echó un vistazo a su alrededor y suspiró, se encontraba en el interior de los restos de su marido. La petrificación de su cadáver fue casi inmediata cuando llegó a su última morada, hace ya un par de semanas atrás. Volteó hacia arriba y comenzó a elevarse hasta salir por las mandíbulas del esqueleto gigante. Se alejó volando y antes de marcharse, miró por última vez la tumba. —Descansa en paz InuTaisho, tu última voluntad ha sido cumplida al pie de la letra— se expresó con solemnidad, a pesar del rencor que sentía por él. Acto seguido, abrió nuevamente el portal y regresó al palacio del Oeste.

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Continuará… Agradezco mucho su tiempo de lectura.
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