ID de la obra: 1268

La Reina de Plata

Het
G
Finalizada
1
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276 páginas, 109.466 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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24. Deliberación I

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Actualizado: 8/Enero/2023 Nada que decir. Si todavía lo están leyendo, se los agradezco. Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo sólo escribí la historia por gusto y diversión.

***

Capítulo 24: Deliberación I Reunión de Lores Cardinales. La fecha llegó rápidamente, la tercera reunión con los representantes de los territorios Norte, Sur, Este y Oeste acababa de iniciar. Y de nuevo, en el palacio se podía sentir una leve tensión en el ambiente. Todos los habitantes en general percibían que algo serio se estaba desarrollando en el interior del gran salón. Después de los saludos protocolares, los líderes tomaron su lugar en la gran mesa, donde había tentempiés de comida y ánforas con agua y sake, todo dispuesto para ellos. En esta ocasión iban solos, puesto que sus respectivas comitivas se habían quedado en el patio principal esperándolos. Sesshomaru ocupaba su lugar a la cabeza de la mesa, a su derecha estaba Irasue y a su izquierda el viejo escribano, tomando nota. En el otro extremo se ubicaba el dragón Ryujiro, y en los laterales, el Tengu Karasu y el lobo albino Kiba. —Sean todos bienvenidos— saludó Sesshomaru con gesto impasible. —Daremos inicio a la reunión, retomando los pendientes de la vez anterior y… un par de temas internos del Oeste que requieren una opinión externa. — Los otros tres gobernantes se miraron entre sí y asintieron. Sesshomaru hizo un gesto al escribano y éste se puso de pie, comenzando a leer sus notas. —Señores, el primer punto a revisar es el tema de los acuerdos comerciales entre las zonas cardinales— indicó el Kamaitachi. —Lord Karasu, sería tan amable de indicarnos si los convenios han sido satisfactorios para su territorio. — El demonio cuervo asintió, mientras hacía una sonrisa convenenciera. Después de todo, el reinicio de las negociaciones con Ryujiro había sido bastante conveniente, así que su mal humor por el aplazamiento de Irasue, ya se había esfumado. —Efectivamente, los convenios están bien, no se requieren cambios— miró al dragón e hizo una leve inclinación a modo de saludo. —Lord Ryujiro ha sido muy diplomático con los Tengu al reiniciar los tratados y eso ha beneficiado mucho al Sur— regresó su atención a Sesshomaru. —Y respecto al Oeste, mi Lord, confirmo que las solicitudes firmadas por usted son adecuadas, no deseo agregar nada más. — A Sesshomaru se le hizo extraño el comportamiento del Tengu, ya que por lo regular era bastante insoportable con sus exigencias ambiciosas. También se le hizo raro que su esposa Leiko no lo acompañara en esta ocasión. Pero dejó pasar el tema, puesto que debían avanzar con lo demás. —Es bueno saberlo— contestó impasible, para luego interrogar al dragón. —Lord Ryujiro, ¿Algún pendiente que desee revisar en cuanto a comercio con el Oeste u otra zona? — —No. Todo está bien en ese aspecto, debo reconocer que los tratados se han mantenido equilibrados— mencionó el hermano de Ryukotsusei. —No tengo nada que agregar. — El Inugami dirigió su vista al lobo albino, quien se había mantenido en silencio. —Lord Kiba, ¿Algo que desee revisar sobre los acuerdos comerciales? — el lupino hizo un gesto de negación, mientras bebía sake y se mantenía pensativo. —Bien, entonces pasemos al siguiente punto. — El Kamaitachi terminó de anotar algo en su pergamino y nuevamente se puso de pie. —El siguiente tema a revisar es… los problemas con los humanos en cada territorio— tragó saliva despacio. Dicha situación quedó pendiente en la reunión anterior y había provocado que los ánimos subieran un poco. Ahora que ya habían pasado algunos días, tal vez podría manejarse de mejor forma. O empeorar. El primero en hablar fue el demonio cuervo. —Bien, quiero dejar esto en claro— rodó los ojos con indiferencia. —Los humanos son muy molestos, pero dado que su número es mucho menor en mi territorio, no he tenido grandes contratiempos, en especial desde que se solucionó el problema con los clanes leopardo— miró brevemente a Irasue, dándole a entender que estaba al tanto de lo que hizo. —Sin embargo, de vez en cuando, debo mandar a mis soldados para “asustarlos” un poco, porque los muy descarados han comenzado a husmear en mi frontera— volteó rápido hacia Ryujiro. —No se preocupe, no les he hecho daño alguno, no tengo intenciones de complicarme la existencia con esas criaturas— sonrió burlón. El Tengu no dejaba de ser un cizañoso, empleando sus comentarios como indirectas para Kiba y Sesshomaru respecto a los problemas con los humanos. Pero decía la verdad, en la zona Austral, éstos eran menos conflictivos y no había tantos como para provocar tensiones constantes con los youkais. —Lord Karasu, me alegra saberlo— habló de pronto Irasue, dispuesta a responder el comentario. —Pero yo le recomendaría que no se preocupase tanto por los humanos de su territorio, sino por los que puedan llegar del mar. Recuerde que hay muchos en tierras continentales, capaces de alcanzar fácilmente sus costas en barcos. — El Tengu rodó los ojos una vez más y resopló. La soberana estaba en lo correcto, las costas del territorio Sur eran mucho más extensas y con mayor cercanía geográfica al continente. Era obvio que aquellos humanos y otros demonios menores llegarían a explorar en un futuro no muy lejano. —Gracias Lady Irasue, usted siempre tan incisiva y acertada en sus consejos— dijo irónico. —Pero bueno, de mi parte puedo decir que no tengo más que agregar al tema. Pero sí me gustaría escuchar a Lord Kiba y Lord Sesshomaru, ¿Cómo les ha ido con los humanos? — soltó la puya de nuevo. Kiba le enseñó ligeramente los colmillos, acostumbrado a las indirectas por parte del cuervo. Sesshomaru mantuvo un gesto sereno, pero por dentro, sentía que su molestia empezaba a crecer. —Antes que nada, quisiera apelar a su comprensión— habló Kiba, mirando a todos. —Los humanos en mi territorio no son precisamente pacíficos, al menos no los que se han enfrentado a mis manadas— se llevó una mano a la cabeza, peinando su cabello grisáceo hacia atrás, en un gesto que indicaba cierto hartazgo. —He hablado con algunos líderes de aldeas y comunidades más grandes, los cuales han aceptado mis disculpas y se han mantenido al margen. También he castigado a varios de mis lugartenientes por sus excesos. Pero no he tenido mucha suerte al moderar los conflictos con los soldados. — El señor del Este levantó una ceja en señal de reproche. Ya se esperaba que algo así pasase, dado que el lobo no tomó su ofrecimiento de ayudarlo con los humanos. —Aquellos soldados, ¿Son los que sobrevivieron al ataque de InuTaisho hace cinco años? — preguntó Ryujiro sin rodeos. El lobo asintió sin ocultar su desazón. Varios de los actos pasados del antiguo Lord tuvieron el apoyo de Kiba, dado que éste también se dejó llevar por la influencia del Inugami y por su propia ambición. Pero, después de lo ocurrido con los pobres Kitsunes rojos, tuvo que reconsiderar su proceder, ya que las consecuencias de esa última acción por parte de InuTaisho, habían sido bastante adversas para su gobierno. Las personas sobrevivientes de aquella región atacada, se unieron a los soldados derrotados y comenzaron a cazar indiscriminadamente a otros youkais. Cuando intentaron emboscar a InuTaisho en sus tierras, éste los devoró, aunque eso no fue suficiente para diezmar su número. Poco a poco, otros humanos se fueron uniendo a ellos, unos por rencor y otros por su simple naturaleza recelosa. Lo peor para Kiba vino de la mano de los youkais que vivían bajo su mandato. Muchos de ellos le reclamaron por la masacre de los zorros y los posteriores ataques de los humanos contra sus comunidades. Aunque el lupino quiso justificarse, simplemente no podía, porque muchos de sus allegados sabían de sus alianzas con el Inugami y las tajadas que recibía de los botines de guerra. Esto provoco el desacato de algunos lobos de su propio séquito, quienes le reprocharon su comportamiento ambicioso. Ellos abandonaron la manada, y aunque al principio se defendieron de las agresiones de los humanos, después comenzaron a tomarle el gusto a su carne, por lo que, empezaron a cazarlos en represalia, incrementando el conflicto entre especies. Kiba tuvo que reconocer que los problemas lo estaban sobrepasando. —Efectivamente, son los mismos, pero su número ahora es mucho mayor, dividiéndose en grupos que se infiltran tanto en el Norte como en el Oeste— miró al hijo de Irasue. —Si no me equivoco, Lord Sesshomaru ya debe estar al tanto de los estragos que han hecho en su territorio. — El mencionado resopló frustrado, dándole la razón con un asentimiento. Los humanos con capacidades militares eran muy diferentes a los pueblerinos sencillos que vivían como agricultores. En especial los que se habían aliado con los feudales. —Esto es un verdadero problema— dijo el dragón de piel azulada. —Lady Irasue, Lord Sesshomaru, ¿Qué han hecho al respecto? — El señor del Oeste exhaló despacio, no quería verse como un gobernante deficiente. Pero la verdad era que no había conseguido mediar todos los conflictos con aquellas débiles criaturas. —Ha sido complicado, Lord Ryujiro— respondió al fin, sirviéndose un poco de sake. —He tratado de controlar a los demonios rebeldes de mi territorio, pero muchos de ellos siguen negándose a cooperar. Por lo tanto, continúan hostigando a los demás youkais y a los humanos que se han adentrado demasiado en las fronteras— bebió un par de tragos y prosiguió. —Las aldeas más pequeñas no son un problema, pero los ronin han estado haciendo incursiones cada vez más agresivas— gruñó frustrado. —Específicamente esos humanos, los ronin— intervino Irasue. —Continúan resentidos, y aunque InuTaisho ha muerto, es probable que no se rindan. — El señor de la zona Oriental asintió comprensivo, mientras hacía un gesto de meditación. Ryujiro ya intuía lo complejo de la situación, dado que su hermano Ryukotsusei lo había puesto al corriente de lo que acontecía en las demás zonas cardinales antes de su enfrentamiento contra InuTaisho. Además, también recibió información por parte de Toran, la lideresa de los clanes leopardo, respecto a uno que otro suceso interno del Oeste. No es que al dragón le interesara demasiado lo que pasase internamente en las otras zonas cardinales. Pero como esto se trataba de una sociedad conjunta, los problemas de ellos, también podrían convertirse en los suyos. Y es que, a pesar de sus propias acciones para suavizar los conflictos con los humanos de su territorio y los acuerdos firmados por Lady Irasue para mantenerse al margen, era muy probable que eso no fuese suficiente para mantener la paz en general. —¿Han pensado en dialogar directamente con ellos?, es decir, cara a cara con los militares y feudales. — —¡¿Por qué nos rebajaríamos a eso?! — gruñó Sesshomaru. —¡Los estúpidos humanos nos atacarán antes de siquiera hablar! — Ryujiro rodó los ojos, comprendiendo que el joven Inugami aún mantenía su actitud soberbia. —Ni siquiera ha hecho el intento, y ya está adelantándose a los eventos— mencionó el dragón en un tono de reprimenda, al mismo tiempo que tomaba un bocadillo y lo mordía. —Le recuerdo, Lord Sesshomaru, que aquellos humanos están en dicho estado de agresividad por culpa de su padre— lo miró fijamente. —Y usted, al ser el nuevo señor de Occidente, tiene la obligación de responder por los actos de su antecesor. — El hijo de Irasue resopló frustrado, recordando que Shirotsume le había hecho la misma declaración. Maldita fuese su suerte, teniendo que pagar por los errores de su progenitor. —¡Lo dice como si fuera tan fácil de hacer, siendo que yo no tuve nada que ver con todo esto! — —Hijo, cálmate— la demonesa colocó la mano sobre su hombro. —Lamento tener que decirte esto, pero debemos escuchar alternativas, recuerda que el tiempo se nos acaba. — El señor del Norte rellenó su vaso con más sake e hizo un gesto de curiosidad. —¿A qué se refiere, mi Lady?, ¿Por qué dice que no le alcanza el tiempo? — La soberana suspiró largamente, serenándose para decir la verdad de lo que estaba sucediendo. No quería que esta situación se extendiera más, ya que ahora quedaba en claro que Kiba y Sesshomaru tenían los mismos problemas con los mismos humanos, así que era necesario solucionarlos antes de que llegara a su fin el plazo dado por Shirotsume. Otro tema complicado que pondría sobre la mesa de una vez. —Señores, escúchenme por favor, mi hijo y yo debemos exponer algo de suma importancia— ella se puso de pie, manteniendo una mueca seria pero formal. —Teniendo en cuenta que la problemática con los ronin involucra principalmente al Norte y al Oeste, debo solicitar el apoyo de Lord Ryujiro y Lord Kiba para otro asunto particular, que ha resultado inesperado incluso para nosotros— miró a cada gobernante. —Y que, de no ser solucionado primero, se unificará con el conflicto de los humanos. — Sesshomaru hizo un gesto de enojo, pero sabía que esto era inevitable. Los otros tres Lores se miraron entre sí, extrañados por la repentina declaración. Incluso el Tengu se mostró curioso por saber, así que se mantuvo en silencio al igual que los demás. —Como todos sabemos, mi difunto marido dejó muchos pendientes— prosiguió la demonesa. —O, mejor dicho, demasiados problemas, los cuales, les han afectado a ustedes directa o indirectamente. Sin embargo, eso no es todo— hizo una pausa momentánea, mirando de reojo a su vástago. —En días pasados, recibimos una declaración de guerra por parte de una de las casas nobles de nuestro territorio. — Los tres Lores hicieron un gesto de asombro, aquellas palabras eran muy serias. —Los demonios Tora que habitan en las montañas Occidentales, también fueron víctimas de InuTaisho— hizo otra pausa para tomar un sorbo de agua que tenía cerca de ella. —Se podría pensar que ellos también buscaban venganza contra él por los agravios del pasado. No obstante, su representante, un guerrero llamado Shirotsume, vino a visitarnos, y después de algunas revelaciones inquietantes, nos dejó en claro que la intención de la casa ToraYoukai no es arrebatarnos el poder a los Inugamis, sino más bien, solicitar una compensación por el daño recibido… a cambio de no iniciar un conflicto bélico interno. — El silencio fue inquietante, pues una noticia como esa, no le caía nada bien a ningún líder. Los otros gobernantes cardinales se miraron entre sí una vez más y luego a Irasue. Ninguno estaba seguro de qué decir, hasta que Karasu abrió el pico. —Oh rayos, ustedes sí que tienen problemas graves— sonrió divertido el Tengu. —Y yo que sólo me estresaba a lo tonto por unos gatitos ariscos— dijo burlón, en referencia a los Nekomata. —Perdóneme mi Lady, no es mi intención sonar irritante en esta ocasión, pero en serio, ¿Su marido provocó un conflicto interno en sus propios dominios?, ¿En contra de youkais del tipo Tora? — El matiz socarrón en sus palabras irritó a Sesshomaru, era evidente que el cuervo estaba divirtiéndose con lo que escuchaba. En cuanto a Irasue, ella sólo resopló con indiferencia, puesto que sabía sobrellevar mucho mejor las confrontaciones de éste tipo. —Efectivamente Lord Karasu, InuTaisho manejaba asuntos muy turbios, y usaba a los tigres blancos para ejecutar sus planes. Tal y como alguna vez ustedes, los Tengu, lo hicieron en el continente, siguiendo sus órdenes— ella entornó la mirada hacia el cuervo. —Pero en éste caso, los felinos fueron rebajados a escoria que podía ser desechada fácilmente. No entraré en detalles, pero creo que les queda en claro por qué tenemos dicho contratiempo interno. Ellos han llegado a su límite, y de no cumplir sus demandas, se unirán a los humanos. — El cuervo chasqueó la lengua, e hizo un gesto de negación, pero se mantuvo en silencio. Kiba desvió la mirada y volvió a tomar más sake. Ryujiro se frotó el puente de la nariz, comprendiendo la insinuación de Irasue: El problema interno del Oeste podría escalar, afectando a toda la coalición cardinal. —Vaya, realmente mi hermano tenía razones de peso para querer derrocar a InuTaisho— dijo el dragón. —El gran perro se convirtió en el más poderoso, ¿Pero a que costo? — negó despacio con el rostro, evidenciando sutilmente su molestia. —Muchos sabemos que los demonios Tora fueron sometidos por los Inugamis, así que es comprensible su rencor y su amenaza— observó a madre e hijo. —¿Qué solicitaron? — Sesshomaru gruñó una vez más, y sin dejar su expresión enojada, respondió. —Quieren parte de las tierras del Oeste, específicamente, las montañas donde viven ahora y las regiones circundantes. Con todos los derechos de potestad que eso implica— resopló, mientras tensaba las garras. —Y también quieren la independencia total de mi gobierno, dejando en claro que no desean tener nada que ver con nosotros. — —¿Cuánto tiempo tienen para responder a esas peticiones? — preguntó Kiba con total seriedad. —Una semana— declaró Irasue, tomando asiento de nuevo. —Shirotsume realmente se portó diplomático al plantear las peticiones de su pueblo. Si hubiesen sido los viejos líderes Tora, ellos habrían incitado una sublevación al día siguiente de la muerte de InuTaisho. — —Maldita sea, es poco tiempo— masculló el lobo albino, tomando otro trago de su bebida. La demonesa volteó a mirarlo, era necesario decir lo que faltaba. —Lord Kiba, esto lo incumbe demasiado— chasqueó los dedos, dándole una señal al escribano, el cual de inmediato fue a un estante cercano para tomar los pergaminos dejados por el tigre blanco. —Y lamento tener que plantearlo de esta manera, pero necesitamos su apoyo— el mapa con la cartografía quedó al centro de la mesa, donde todos podían verlo. —La casa ToraYoukai ha exigido las montañas Occidentales, y como usted sabe, dichos límites llegan hasta su zona cardinal. — El señor del Norte la observó fijamente, razonando sus palabras, comprendiendo muy bien lo que insinuaba. —No puede ser— masculló. Todos posaron sus ojos en la tinta roja que marcaba una nueva frontera en las tierras del Oeste. Ahí se podía apreciar que dicho color abarcaba una buena parte del territorio, pero también, resaltaba sobre una fracción de las tierras del Norte. Sin lugar a dudas, los tigres blancos estaban pidiendo bastante, pero no al grado de querer apoderarse de todo. —Creo que no es necesario explicar algo más— prosiguió la soberana. —Mi escribano y yo, hemos pasado los últimos días revisando el asunto para poder acceder a las peticiones del pueblo Tora. Pero necesitamos saber su opinión Lord Kiba, y también requerimos de su ayuda para esto. — El lobo albino se apoyó en el respaldo de su asiento y echó la cabeza hacia atrás, exhalando cansadamente. —Lady Irasue, ¿Está segura que ceder parte del territorio es lo mejor? — preguntó sin mirarla. —Sí, es lo mejor— respondió con frialdad, mirando de reojo a su vástago una vez más. —Tal vez Sesshomaru no esté totalmente de acuerdo, pero ambos sabemos que es lo más adecuado. No podemos tomarnos a la ligera la amenaza de Shirotsume, ya que es muy probable que su plan haya sido ideado desde hace tiempo atrás. Más específicamente, desde que InuTaisho comenzó a sobrepasar su propia ambición. — Otro silencio momentáneo inundó el salón. Karasu y Ryujiro miraban detenidamente los pergaminos extendidos sobre la mesa, examinando los mapas y las declaraciones escritas por los felinos. Ahí se plasmaba a grandes rasgos los motivos del pueblo Tora para dichas exigencias, los detalles acerca de las regiones que pedían, y el compromiso de no levantarse contra el régimen Inugami si Sesshomaru e Irasue cumplían con su parte del trato. —Joder, esos felinos sí que saben negociar— murmuró el señor del Sur. —Pero no los culpo, InuTaisho fue bastante cruel con ellos, incluso yo fui testigo de ello. — Todos lo miraron brevemente, indicándole con dicho gesto que debía escupir lo que sabía. —No me miren así, ese desgraciado de InuTaisho sabía a quién podía amenazar y a quién debía tolerar— se alzó de hombros con indiferencia. —Si bien, yo le debía respeto por ser el Lord principal, eso no quería decir que pudiese manipularme como quisiera— su gesto se tornó serio. —En cambio, a los demonios Tora, los usaba como carnada para incitar a las colmenas de los youkai polilla. Eso pasó en las incursiones a China, los dejaba a su suerte, atrapados en los capullos venenosos para ser devorados vivos, mientras él y yo, robábamos jalea real y fina seda. — Sesshomaru masculló alguna maldición para sí mismo. Irasue liberó un suspiro con pesadez, ya no le sorprendía la nueva revelación. El Tengu los miró con detenimiento sin perder su semblante severo. —Los tigres blancos tienen motivos de peso, y no voy a juzgarlos por ponerlos a ustedes en una situación tan delicada. Pero también me queda en claro que, si no acceden a sus peticiones, los demás Lores vamos a tener problemas. Y yo no estoy dispuesto a permitir que se afecten los nuevos tratados que tenemos. Así que, si hay algo en lo que pueda ayudar, cuenten conmigo, Lord Sesshomaru, Lady Irasue— declaró. La demonesa se sorprendió por el repentino cambio de actitud en el youkai cuervo. Aunque no había que pensarlo demasiado, era por pura conveniencia que ofrecía su apoyo, puesto que el Sur dependía bastante de los intercambios comerciales con las demás zonas cardinales. Ella asintió sin decir nada. Por su lado, Sesshomaru también se mostró ligeramente asombrado. Aunque sabía que el Tengu era un convenenciero, por esta ocasión, se tragó su desagrado hacia él. —Le agradezco el apoyo, Lord Karasu. — De repente, el ruido de una silla siendo retrocedida, hizo que todos voltearan a donde estaba el lupino. Kiba se había puesto de pie, apartándose de la mesa para caminar hacia el ventanal principal. Ahora era su turno para declarar lo que opinaba respecto a la situación general y la petición de Irasue. Pero, al parecer, lo estaba pensando demasiado. —Lord Kiba, necesitamos saber que ha decidido— habló la demonesa. —Sé que esto es inesperado e incluso un poco injusto, pero creo que es consciente de lo que hizo InuTaisho. Y perdón por decirlo, pero parte de la culpa, recae sobre sus hombros. — El lobo blanco permaneció en silencio por unos segundos, hasta que exhaló con fastidio. —Lo sé, el tema de los humanos rencorosos y quizás algunos casos de youkais rebeldes, son mi culpa también— giró para observar a todos. —Pero no puede pedirme que ceda parte de mis tierras así nada más. — Era de esperarse. Irasue ya presentía que no sería tan fácil negociar con el señor del Norte. Le dirigió una mirada al Kamaitachi, y éste procedió a desplegar otro viejo papiro, que correspondía a los registros de la casa InuYoukai. La comadreja se puso de pie, y aclarándose la garganta, comenzó a leerlo. —“Registro #532: Aldea de los Kitsunes rojos. Población general al conteo de verano: 165. Ubicación geográfica: Frontera austral de la zona Norte, a las faldas de las cordilleras Occidentales. Pago de tributo: 30%. Lord protector: Kiba”— recitó rápidamente el viejo youkai, dándole una mirada suspicaz al lobo. Kiba entornó los ojos. Dicha información sólo la manejaban los Lores para documentar el estatus geopolítico de las comarcas internas de sus territorios. —“Actualización clasificada como restringida por orden de InuTaisho, señor del Oeste. Caso: Masacre en la aldea de los Kitsunes rojos. Muertos: Todos, excepto un cachorro. Causa: Negligencia. Incidente: Soldados humanos fueron hostigados, y en represalia, éstos arrasaron la villa. Estatus: Región abandonada”— Tan pronto el escribano terminó de leer, todos pudieron ver que el señor del Norte hacía una mueca de ira. Saber que InuTaisho había registrado los sucesos de la masacre, le dejó en claro que su “amigo” tenía planeado hacer algo más con dicha información. —¡Maldito InuTaisho, así que documentó lo que hizo! — masculló con desprecio. —¡Pero obviamente, omitió los nombres y los detalles más sangrientos! — La comadreja asintió, y conservando un tono imparcial, explicó la razón del registro. —Señor Kiba, el anterior Lord me solicitó redactar esto por dos motivos: El primero, para tener un respaldo, ya que los ataques de los humanos en su contra, estaban llamando demasiado la atención de los otros youkais y del concejo, así que, tarde o temprano, preguntarían a qué se debía. Por lo tanto, si se llegaba a descubrir lo de la masacre de los Kitsunes, InuTaisho tenía planeado burlar su responsabilidad, culpándolo a usted. — El gruñido furioso del lobo albino no se hizo esperar. —¡No me extraña que lo digas!, ¡A estas alturas de la situación, lo creo todo posible de ese ambicioso Inugami! — resopló, frotándose las sienes. —¿Y el segundo? — —El segundo motivo, era para asegurar la extensión completa de las montañas Occidentales— explicó el Kamaitachi. —La parte que le corresponde a usted, quedó abandonada por completo después del exterminio, convirtiéndose en un sitio de fácil tránsito para los soldados humanos. En pocas palabras, InuTaisho lo culparía a usted y reclamaría la potestad sobre dicha región, para luego enviar a los demonios Tora a… limpiar. — Todos guardaron silencio nuevamente. Quedaba en claro a lo que se refería la última palabra. El poderoso Inugami había tenido en mente solucionar de manera cruenta los conflictos con los humanos resentidos, y de paso, agregar una nueva culpa sobre los hombros de los pobres tigres blancos. —¡Desgraciado InuTaisho! — siseó Kiba con frustración, acercándose de nuevo a la mesa para sentarse y beber más sake. Los demás se reacomodaron en sus asientos, incómodos y tensos por cómo iba progresando la reunión. Irasue tomó un bocadillo mientras pensaba en sus siguientes palabras, ya que esto aún no terminaba. —Lord Kiba, como podrá darse cuenta, mi marido ya estaba confabulando contra usted— habló sin perder su matiz diplomático. —Y el hecho de revelarle la existencia de éste registro, no es para molestarlo, sino para pedirle que reconsidere mi petición. Las faldas de esas cordilleras deben integrarse al territorio que pide la casa ToraYoukai, de esta manera, podremos solucionar dos problemáticas: Los felinos se calman, y los humanos ya no tendrán paso libre para agredir a nuestros siervos, al menos ya no en dicha zona. — El lupino la observó impasible, mientras soltaba un cansado suspiro. Su rostro hizo una confirmación. —Está bien, acepto su idea, cederé la parte que me corresponde. Sólo espero que en verdad esto ayude, ya no soporto lidiar con los ronin, cada vez son más hábiles y agresivos. — —Gracias, Lord Kiba— dijo Irasue. El escribano tomó nota de todo rápidamente, para luego actualizar los bocetos de la cartografía con una tiza, ya después pasaría todo a limpio. Por un par de minutos, nadie dijo nada, otorgándose un momento para comer y beber algo de la mesa. Hasta que de repente, Karasu hizo una extraña pregunta. —Oye Kiba, ¿Qué has hecho con los youkais que se cebaron con carne humana? — cuestionó con cierto interés, mientras tragaba ruidosamente. —Es decir, aquí todos sabemos que nuestras leyes lo prohíben, pero no todos los demonios las obedecen. — El lobo no volteó a mirarlo, estaba más concentrado en beber y revisar los pergaminos con las peticiones de los Tora, así que su respuesta fue muy escueta. —Los eliminé. — El Tengu soltó una risita divertida. Era de esperarse que Kiba no daría detalles acerca de lo que hacía en sus tierras ni con sus subordinados. —¿No es un poco extremo eso, Lord Kiba? — habló Ryujiro, quien se había mantenido pensativo también. —No lo es si los youkais ya perdieron la capacidad de comer otra cosa— el señor del Norte le dirigió una mirada seria al dragón. —En especial los de mi especie, y cualquier otra variante de demonio canino, por mala suerte, somos algo vulnerables al sabor de la carne humana. Por eso existen las leyes que lo prohíben, porque una vez que uno se envicia, es muy difícil dejarlo. — Al escuchar esto, la demonesa no pudo evitar pensar en los restos humanos que encontró en el interior del esqueleto de su marido, cuando fue a dejar la katana Colmillo de Acero a su lugar de reposo. Era evidente que esos huesos pertenecían al ejército del general Takemaru, la última masacre que hizo el gran InuTaisho. No obstante, se reservaría sus comentarios. —Eso es un poco exagerado— intervino de repente Sesshomaru. —¿Realmente piensa que con sólo comer humanos un par de veces, un youkai puede enviciarse? — —Así es mi Lord— confirmó sin duda alguna el señor del Norte. —Y lo digo por experiencia propia. — En un instante, todas las miradas se posaron en él. —Perdón por lo descarado de mi petición— comentó el Lord del Este. —Pero me gustaría escuchar su experiencia, más que nada, porque esto debe tenerse en cuenta para resolver el conflicto con los humanos. Si ellos descubren que los han estado devorando, el asunto se complicará incluso más— sentenció. —Le doy la razón Lord Ryujiro, y no me molesta su solicitud, por el contrario, es mejor que lo escuchen de mi parte y no de alguien más— volteó hacia Irasue y Sesshomaru. —Me disculpo por lo que van a oír, pero es necesario. — Madre e hijo asintieron, intuyendo que, de nuevo, otro secreto de InuTaisho saldría a la luz. Kiba tomó un sorbo de su bebida e inició el relato. —Tiempo después de que InuTaisho se convirtiera en el nuevo Lord del Oeste, y cimentara las bases de la alianza cardinal con los demás gobernantes, me invitó a un viaje al continente… —

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China, Estepas del Norte. Kiba e InuTaisho habían viajado a esas lejanas tierras para cazar y divertirse, mientras afianzaban las relaciones políticas entre sus territorios. Aprovechando que viajaban solos y que estaban en medio de la nada, decidieron dar rienda suelta a su naturaleza youkai, transformándose en sus verdaderas formas sobrenaturales. A pesar del masivo tamaño que podía alcanzar InuTaisho, éste se mantenía en una forma canina de dimensiones moderadas para evitar el gasto innecesario de energía. En cuanto a Kiba, su forma de bestia lobuna también era bastante grande, y tan blanca como la del Inugami. Ambos demonios caninos pasaron algunos días así, viajando y cazando en los bosques de las montañas. Pero cuando llegaron a las estepas abiertas, decidieron caminar para distraerse un poco. Y mientras avanzaban a lo largo de aquella región, se entretuvieron asustando a la fauna local, persiguiendo de vez en cuando a las manadas de Yaks, o ahuyentando al ganado de cabras que pastaba por ahí. … Ya anochecía y la luna llena se asomaba en el horizonte, mientras los dos avanzaban sin rumbo fijo. —Tengo hambre— dijo Kiba, observando a lo lejos unos Yaks solitarios. —Comamos entonces— respondió InuTaisho. —Pero, ¿Qué tal si ahora pruebas algo diferente? — —¿A qué te refieres? — quiso saber el lobo. El Inugami señaló con el hocico en la otra dirección, donde un grupo de tiendas de campaña se podía distinguir algunos kilómetros más allá. Se trataba de un asentamiento temporal de humanos, más específicamente, nómadas de las planicies, que vivían de criar ganado en aquellos territorios agrestes. Eran alrededor de unas veinte carpas, lo que se traducía en una veintena de familias conviviendo tranquilamente. —¿Quieres robarles su ganado? — interrogó nuevamente Kiba. —No se me antoja comer cabras— sonrió de manera extraña el gran perro. —¿Nunca has probado la carne humana? — El lupino blanco volteó a mirarlo, sorprendido por su comentario. —Eso es asqueroso, además, las leyes lo prohíben— hizo una mueca de asco. —Los humanos están infestados de parásitos y enfermedades raras, asimismo, son bastante viciosos con lo que comen, incluso son más voraces que nosotros. — —Lo sé, pero no puedes juzgar lo que no conoces, además, te garantizo que la suavidad de su carne es algo que jamás has probado— respondió InuTaisho, encaminándose hacia el campamento. —Vamos, debes intentarlo al menos una vez, y si no te gusta, entonces te comes su ganado. — El lobo lo siguió, no muy convencido, pero sí motivado por la curiosidad. Por aquel entonces, para el señor del Norte, los humanos eran unas simples criaturas inútiles. De número reducido, débiles físicamente, miedosos y frágiles por naturaleza. No representaban ninguna amenaza para los youkais, así que tampoco le importaba demasiado lo que sucediese con ellos en las garras de InuTaisho. La noche fue una gran cómplice, y en la soledad de las amplias estepas, nadie supo lo que sucedió. Esa fue la primera vez que Kiba vio al gran Inugami actuar como la bestia que era, atacando el campamento con gran destreza y velocidad. Los humanos no tuvieron tiempo de nada, y algunos ni siquiera se dieron cuenta de quién los asesinó. El ganado y las monturas huyeron despavoridas, excepto por algunos ejemplares que Kiba atrapó y devoró con placer. Por otro lado, los gritos de los nómadas duraron poco tiempo, y aunque le era indiferente lo que acontecía, hubo un detalle que llamó poderosamente su atención: El olor de su sangre. El lobo se acercó al lugar, notando que InuTaisho ya había acabado con todos, dejando cuerpos mutilados, carpas destrozadas y mucho desorden. Entonces lo vio, estaba devorando a varios hombres, todos a la vez. —Rayos, vas a atragantarte— masculló al ver los restos cayendo de su hocico. —No te hagas el inocente Kiba, sé muy bien que su sangre ha llamado tu atención— dijo InuTaisho, sin dejar de relamerse. —Estos humanos saben diferente, su carne es un poco más limpia, así que deberías probarla, no te hará daño y yo no le diré a nadie. — El lupino se acercó un poco más, olfateando el cadáver de una mujer. Su raciocinio le decía que no lo hiciera, que, si existían leyes para no comer humanos, era por una razón. Pero su instinto depredador lo incitaba a dar una pequeña probada, sólo por curiosidad. Y lo hizo. Para cuando se dio cuenta, ya había devorado al menos unos ocho humanos. El sabor de su sangre era encantador, y la suavidad de su carne le había fascinado. InuTaisho tenía razón, era una especie que jamás había probado y ahora podía confirmar que era sumamente deliciosa. Eso fue suficiente para saciar su apetito, así que Kiba optó por echarse un rato en el suelo y descansar, haciendo la digestión, mientras el Inugami continuaba cebándose sin moderación alguna. … Rato después, despertó cuando sintió una vibración en la energía youkai de su homólogo. Se incorporó y caminó entre los restos del asentamiento, ya no había señal alguna de vida. Avanzó hasta llegar a una loma cercana, donde pudo distinguir la enorme figura canina, delineada por la luz de la luna llena. —InuTaisho, ¿Qué haces? — lo llamó, pero no contestó. Entonces Kiba notó que la energía sobrenatural del Inugami se manifestaba en corrientes de aire y leves luminiscencias a su alrededor, estaba transmutando a su forma humana. Una vez que terminó el cambio, simplemente se quedó de pie, mirando la luna, haciendo extrañas muecas. El lobo se aproximó un poco más, pudiendo ver su semblante cuando el Lord del Oeste lo miró al fin. Parecía estar demasiado eufórico, con una sonrisa excesiva en los labios, los cuales aún tenían rastros de sangre. Sus iris dorados poseían un brillo cristalizado y sus pupilas estaban sumamente dilatadas. En pocas palabras, estaba drogado. Aquella era una de las consecuencias de alimentarse con carne y sangre humanas. —Maldita sea InuTaisho— masculló el lobo. —Llevas demasiado tiempo haciendo esto, ¿Verdad?, se te nota el vicio en la cara. — El Inugami continuó sonriendo mientras parpadeaba lento, relamiéndose los labios obscenamente, degustando la sangre de manera casi enfermiza. Dicho gesto incomodó a Kiba, pero no dijo nada y tampoco le fue difícil sacar conclusiones: InuTaisho era del tipo de demonios antropófagos que sabían disimularlo muy bien. Pero que, cuando tenían la oportunidad, se atiborraban a más no poder.

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El señor del Norte suspiró cansado tras finalizar su recuerdo. —Supongo que la mayoría lo sabe, los Inugamis provienen de China, y algunas de sus castas más longevas eran muy viciosas desde la antigüedad— se bebió el sake restante. —InuTaisho gustaba de comer humanos desde joven, pero supo ocultarlo adecuadamente para no delatarse ante los demás. — Los presentes se mantuvieron en silencio. Para Irasue esto no era nuevo, ella supo del vicio de su marido mucho antes de siquiera casarse con él, gracias a las investigaciones de su madre. Evidentemente, el fallecido Lord procuraba no evidenciarse, manteniendo una pulcra imagen y practicando sus excesos lejos del territorio. —En mi caso— Kiba clavó la mirada en la mesa. —Llegué a comer humanos algunas veces más, cuando él me invitaba. No obstante, mis consejeros se percataron, y tomaron cartas en el asunto cuando vieron que empezaba a rechazar los demás alimentos, y a proponerles que cazáramos pueblerinos. Ellos no se anduvieron por las ramas y me aislaron por un año completo, obligándome a soportar la abstinencia hasta superarla— levantó el rostro, mirando a Sesshomaru y a Ryujiro. —Créanme cuando les digo que no es buena idea comerse a esas molestas criaturas, y el hecho de eliminar a los youkais que ya no pueden dejar el vicio, es lo mejor que se puede hacer por ellos. — Otro breve silencio. El dragón de piel azulada se sirvió un poco de agua y después de beber, tomó la palabra. —Bien, la anécdota de Lord Kiba nos da un ejemplo más del porqué no debemos subestimar a los humanos. No es buena idea comérselos, ni andar hostigándolos— miró a los presentes. —Y creo que estarán de acuerdo conmigo en que debemos resolver esto cuanto antes, independientemente de la situación interna del Oeste, esto es algo que ahora nos atañe a todos. — Los demás confirmaron al unísono.

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Continuará… Los capítulos faltantes aún están en proceso de redacción. 8/Enero/2023
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