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Capítulo 23: Revelaciones VII El escribano e Irasue continuaban con su plática en el despacho. Ahora era tiempo de saber lo que realmente ocurrió entre InuTaisho y Oyakata, así que el Kamaitachi inhaló profundamente, mientras pensaba en la mejor forma de revelar éste nuevo secreto. —Como usted recordará, lo que pasó con el líder supremo de los felinos apenas tiene poco más de dos años— inició su explicación. —Después de que el señor Arashimaru abandonara el Oeste, el gran Oyakata aguantó por mucho tiempo las imposiciones de Lord InuTaisho, pero llegó un momento en que se hartó. Y de nuevo, yo fui testigo silencioso de ello. — Las memorias tomaron forma en su mente.:*=*=*=*=*=*=*:
Palacio del Oeste. El viejo Kamaitachi se encontraba en el despacho, copiando en unos pergaminos los nuevos decretos dictados por el Lord, los cuales serían enviados a cada región del territorio. De pronto, sintió que el pelaje se le erizaba cuando notó una poderosa presencia acercándose al palacio. El aura sobrenatural del visitante emanaba una notable molestia, y muy probablemente venía en búsqueda de InuTaisho. Se levantó de su asiento y corrió a la ventana cercana para observar el patio principal. En el pórtico de entrada, los guardias hacían una reverencia ante la imponente presencia de Oyakata, quien llegaba caminando con paso firme y gesto severo. De inmediato el escribano supo que algo malo se avecinaba. … InuTaisho recibió al señor de los felinos en el salón principal. La vieja comadreja fue convocada para tomar nota de todo y escuchar en silencio, permaneciendo en un espacio apartado, mientras el Inugami y el Nekomata hablaban, sentados uno frente al otro en la gran mesa. —Bien, ahora cuál es tu queja, Oyakata— dijo aburrido el Lord. —Ya lo sabes, InuTaisho— respondió el felino secamente y sin dirigirse a él con el protocolo formal. —Siempre te he pedido que reconsideres tus métodos para hacer las cosas, pero veo que no te importa la suerte de algunos youkais. — —No sé de qué me hablas. Tú bien conoces mi política: Si eres mi aliado te irá bien, si no lo eres o me desobedeces, te irá mal— sonrió con algo de burla, para luego beber despreocupado un poco de sake. —Si vienes a reclamarme por lo de la tribu de las Ratas de fuego, pierdes tu tiempo, la culpa fue de ellos por no acatar mis “recomendaciones”. — El Nekomata entornó la mirada. Era increíble escuchar el cinismo descarado del Lord cuando no estaba frente a los demás. Pocos eran los que conocían su verdadero rostro, por lo regular, solamente los youkais más antiguos y cercanos a su círculo íntimo. Oyakata estaba entre ellos, ya que, aunque no lo hubiese deseado, se sometió a InuTaisho desde que éste tomó el poder del Oeste. Y también porque, a pesar de sus métodos, había logrado elevar el estatus del territorio mucho más allá de lo que alguna vez lo hicieron anteriores gobernantes. Incluso, consiguió una poderosa sociedad cardinal con los otros Lores, algo que jamás se había visto antes. —No, no es acerca de las pobres Ratas de fuego, que seguro ya asesinaste para tu conveniencia— masculló el felino con irritación. —Es sobre tu estúpida propuesta— gruñó, enseñando levemente los colmillos. El Inugami terminó de beber y su gesto se tornó serio. —Cuida tus palabras Oyakata— siseó por lo bajo. —Lo que a ti te parece una estupidez, para mí significa la cúspide del poder, y no pienso renunciar hasta alcanzarla. — —¡Maldita sea InuTaisho, ya basta! — reclamó enojado, azotando un puño sobre la mesa. —¡Me tienes harto con eso!, ¡Estás enfermo de poder! — —¿Por qué haces tanto drama? — se alzó de hombros impasible. —No es tan complicado lo que te pido y no veo el problema. Después de todo, tú y tus clanes, así como todos los demás nobles y habitantes del Oeste, se han beneficiado bastante con mis logros— sonrió de nuevo, jactándose de sus palabras. —Es justo que, a cambio de dichos privilegios, yo reciba su lealtad y sumisión completa, ¿No te parece? — El nigromante negó, perdiendo cada vez más la paciencia ante su desvergonzada forma de ser. —Ya te lo dije una y otra vez— resopló fastidiado, intentando mantener un tono moderado. —No puedo ayudarte con lo que me pides, tengo prohibido hacerlo. Y sólo por tu capricho, no voy a arriesgarme a un castigo por parte de ellos. — —¡Ellos no están aquí y no les importa lo que hagamos! — vociferó de repente, destrozando el vaso de sake entre sus dedos. —¡Hace mucho tiempo que los Shinigamis se alejaron de éste plano existencial!, ¡Los muy malditos siempre ignoraron mis peticiones de alianza! — gruñó furioso, con un brillo peligroso en las pupilas. —Pero no los necesito. Tú puedes ayudarme, tu control de almas es perfecto ahora, ¿No es así?, sé muy bien que, usando el ritual correcto, puedes abrir portales al inframundo. — Inquieto, el Kamaitachi tragó saliva, notando el aumento de la tensión. Con todos los años que ya tenía al servicio del Lord, se dio cuenta de que él guardaba una malsana obsesión por el poder de los Shinigamis. No fue necesario que alguien se lo platicara, el escribano lo comprobó de primera mano cuando InuTaisho le ordenó investigar acerca de ellos y otras criaturas con destrezas relacionadas a la muerte. También aprendió que, si el Inugami no podía obtener aquellas habilidades sobrenaturales de ellos, averiguaría la forma de conseguirlas por otros medios. Así que sus esfuerzos se enfocaron en buscar a youkais con capacidades similares. Pero existían pocos y casi no se sabía nada de ellos, excepto por dos especies: Las aves fénix y los felinos Nekomata. Por mucho tiempo, la vieja comadreja se dedicó a indagar sobre las aves míticas, para que el Lord pudiese obtener su sangre. Porque se decía que, al derramarla, se podía crear un portal al mundo de los muertos. Sin embargo, nunca logró encontrar a un fénix. Entonces, quedaba la opción de los gatos sobrenaturales, de los cuales había bastantes viviendo en el Oeste. Pero existía un inconveniente con ellos: Su edad. Sólo los Nekomata más viejos y poderosos lograban adquirir habilidades relacionadas con la nigromancia. Es decir, el control de los muertos y la manipulación de almas. Y el único demonio que cubría los requisitos, era Oyakata, por ser el más antiguo de su especie. Era el líder más longevo y fuerte que habían tenido los clanes leopardo en siglos. El escribano tuvo un mal presentimiento. —¡Déjate de estupideces! — respondió con seriedad el felino. —No puedo ayudarte con lo que quieres, es muy peligroso jugar con las almas y los portales, el más mínimo error, y podríamos terminar muertos. — InuTaisho no se inmutó, y como si no lo hubiese escuchado, desenfundó una de las katanas que cargaba con él todo el tiempo, colocándola sobre la mesa. Ésta resplandecía con un brillo azulado, y la suave energía que emanaba, hizo que el Nekomata estrechase la mirada con algo de inquietud. —Esta espada se llama Colmillo Sagrado y tiene… ciertas habilidades sobrenaturales— explicó el señor de Occidente. —Sin embargo, no he logrado perfeccionarla para poder utilizarlas a mi antojo— sonrió con malicia. —Si tan sólo consiguiera estabilizar su capacidad para abrir portales, sería perfecta. — Oyakata lo miró con recelo. —¿Qué rayos es esta katana? — acercó un poco la mano, percibiendo la energía que albergaba en su interior. —¿Y a qué te refieres con sus habilidades? — El Inugami tomó la empuñadura y levantó el arma en vertical, manteniendo una expresión inquietante. —Tiene la capacidad de revivir a los muertos y abrir caminos al infierno— murmuró, sin dejar de mirar con intensidad su reflejo en la hoja de metal. —Pero, hasta ahora, no he podido abrir más que pequeñas “ventanas”, las cuales son muy inestables e inútiles para mis propósitos. En cuanto a los muertos… digamos que no reviven correctamente, así que dicha habilidad también es un desperdicio. — El Nekomata resopló frustrado. —Estás loco InuTaisho— se frotó el puente de la nariz con molestia. —¿Me estás pidiendo que te ayude a estabilizar esta espada para tus propósitos?, ¿Cuáles son esos propósitos? — El Lord regresó su atención a él. —Eliminar a mis enemigos más fácilmente, conquistar nuevos territorios, demostrar quién manda, etcétera. Mis metas son variadas— se expresó con altivez. —Ya veo— Oyakata se puso de pie, dispuesto a marcharse. —No cuentes conmigo, ya es suficiente el ejecutar tus malditas órdenes y ver las terribles consecuencias— lo miró con resentimiento, y sentenció con desprecio. —No pienso involucrarme en algo mucho más serio, la manipulación de almas y el uso de portales dimensionales, no es para seres que sufren de megalomanía. — El demonio canino lo observó marcharse. No dijo absolutamente nada, sólo hizo una sonrisa oscura. Cuando la puerta del salón se cerró, volteó hacia la vieja comadreja. —Escribano, quiero que elabores un comunicado donde se avise a los demás nobles de una posible traición. — El Kamaitachi rápido tomó nota, sintiéndose demasiado nervioso al percibir la furia de su señor. No lo expresaba abiertamente, pero sabía que el Inugami estaba iracundo por la negativa del youkai felino. Ni siquiera tenía caso intentar decir media palabra acerca de semejante orden. Si lo hacía, le cortaría la lengua. InuTaisho era un verdadero demonio de sangre fría y corazón de hielo, que se manejaba sin ninguna muestra de misericordia con tal de obtener lo que deseaba. Y era innegable lo que solicitaba redactar: Una artimaña para afectar al líder supremo de los clanes leopardo. Nada extraño por parte del señor del Oeste. Así que el viejo notario lo hizo, escribió el documento siguiendo las indicaciones del Lord, exponiendo verdades tergiversadas que insinuaban desobediencia y un posible intento de traición por parte del Nekomata contra la casa InuYoukai. … El plan funcionó. Al cabo de un mes, las tensiones se hicieron palpables. InuTaisho, apoyado por sus lamebotas más fieles, se encargó de sembrar la semilla de la discordia entre los nobles del Oeste en contra de los felinos. Los acusó de incompetentes en sus actividades de mediadores con otras especies. Incluso, soltó el rumor de que Oyakata tenía la intención de revelarse contra él. Muchos no lo creyeron al principio y los habitantes comunes del Oeste tampoco. Pero una serie de eventos aleatorios en algunas regiones, dieron pie a que todos voltearan a mirar con recelo a los clanes leopardo. Hubo reportes de “felinos” hostigando a manadas de animales para que provocaran terribles daños en los campos de cultivo de un par de villas. En otra zona, se vio a un “enorme gato” desecando un riachuelo con su habilidad de piroquinesis, dejando sin agua a un pueblo de Tanukis. Y un habitante anónimo de los pantanos, aseguró haber visto a un “grupo de Nekomatas” hablando con el líder de los Onis rojos, una especie muy peligrosa que había sido expulsada del Oeste por el anterior Lord. Todo esto, aunado a que Oyakata jamás ocultó su molestia contra InuTaisho por su forma de gobernar, fue suficiente para ganarse la desconfianza de los demás nobles y muchos habitantes de la zona cardinal. Y aunque el nigromante intentó defenderse y hacerlos entrar en razón, el concejo del Oeste le solicitó su renuncia como líder de la casa NekoYoukai. Esa fue la gota que derramó el vaso. El gran felino por fin llegó a su límite de tolerancia. Así que, ante el asombro y desconcierto de todos, desafió formalmente al poderoso Inugami, dejando en claro que ya no estaba dispuesto a someterse a sus órdenes. Justo lo que InuTaisho quería. Se hizo un gran alboroto por semejante noticia. Sin embargo, el Lord fingió dignidad, aceptando el desafío con honor y siguiendo el protocolo formal para estas situaciones. Es decir, se llevaría a cabo bajo los términos del desafiante, quien elegiría el lugar, la fecha y hora, así como las condiciones de la pelea. Aunado a esto, habría testigos, pero absolutamente nadie podría intervenir hasta que se declarase a un ganador. … El Kamaitachi tragó saliva con dificultad al escuchar a su señor. —Escucha, comadreja, me acompañarás a la comarca de los Nekomata— dijo con seriedad, mientras revisaba la katana de brillo azulado. —Oyakata me ha desafiado y no pienso tolerar semejante muestra de insubordinación, así que, tan pronto lo someta, tú quedarás a cargo de ser mi representante con los demás gatos. — —S-Sí, mi señor… como ordene— aceptó nervioso. Sus funciones como escribano no sólo consistían en redactar decretos y ayudar administrativamente en la política del territorio, sino que también tenía la obligación de ser el portavoz del Lord. Por lo tanto, esa infame tarea debía cumplirla, incluso a sabiendas de que los felinos quizás lo odiarían por ello. … Comarca de los Nekomata. Junto con el escribano, dos integrantes del concejo del Oeste, un general y un ministro, también acompañaron a InuTaisho, ellos serían los testigos de su lado. Algo que le convenía al Inugami, puesto que, de esta manera, quedaría justificada cualquier acción que intentase contra el nigromante, diciendo que, “simplemente se defendió y todos lo vieron”. Por su parte, Oyakata tendría como testigos a sus seguidores felinos. Entre ellos, a una joven Toran, que había regresado hace poco para retomar el lugar que dejó su padre años atrás, y convertirse en la nueva dirigente de los clanes leopardo y mano derecha del nigromante. Debido a la decisión que tomó Arashimaru para proteger a su familia y a Irasue de la amenaza de InuTaisho, él y los suyos estuvieron ausentes del Oeste por muchos años. Sin embargo, la joven felina, acercándose ya a la mayoría de edad, decidió volver, pensando que tal vez las cosas habrían mejorado. Desafortunadamente, lo hizo en un mal momento, y terminaría siendo testigo del trágico desenlace. … Plaza central. El duelo comenzaría en cualquier momento. Ambos retadores se encontraban uno frente al otro, separados por algunos metros, desafiándose con la mirada. Los testigos permanecían alrededor, pero manteniendo una distancia considerable, dado la peligrosidad de un enfrentamiento de ese tipo. Todos mantenían un silencio sepulcral, debido a que el presente escenario definiría el futuro de los Nekomata en el territorio Occidental. —¿Estás seguro de que esto es lo que quieres? —preguntó InuTaisho en voz baja. —¿Y qué opción me dejas, bastardo? — siseó el felino en el mismo tono bajo. —Tu maldita ambición no se sacia con nada. — Ambos tomaron una posición de ataque, con sus katanas desenfundadas y sin dejar de observarse fijamente. —Sólo haz lo que te digo, ayúdame a estabilizar a Colmillo Sagrado, los poderes que alberga permanecen inertes por la forma en que los adquirió, por eso mismo no consigo que funcionen correctamente. — El nigromante sonrió con burla. —Claro que no puedes usarlos, ¡Porque no son tuyos! — lo miró con suspicacia. —Seguro se los robaste a alguien, ¿No es así? — lo señaló con la punta de su espada. —Esa arma que tienes en las manos, es muy diferente a la primera versión que te vi blandir hace muchos años. — InuTaisho estrechó la mirada, Oyakata era bastante observador e intuitivo. La katana que sostenía, Colmillo de Acero, era su arma de guerra preferida después de Colmillo Nublado. Desde que Totosai consiguió forjar uno de sus colmillos en una espada, ésta le había sido bastante útil en batalla. Aparte de ser poderosa, también poseía la habilidad de absorber algunas técnicas del enemigo. —Dime InuTaisho, las capacidades de revivir a los muertos y abrir caminos al infierno, que alberga tu espada Colmillo Sagrado, ¿De quién las absorbió? — preguntó el Nekomata con frialdad. —No creas que no me doy cuenta, yo también conozco algo de metalurgia sobrenatural, y percibo claramente que ambas katanas eran una sola. En algún momento, cuando estaban unidas, tú robaste esos poderes a otra criatura— la expresión del Lord reflejó furia de inmediato. —Ah, ya veo, estoy en lo correcto— sonrió aún más. Sin dejar de mirarlo con irritación, el Inugami amenazó. —¡Deja de hacer conjeturas estúpidas, no tengo porqué darte explicaciones de lo que hago con mis armas ni su origen! — gruñó, enseñando los colmillos. —Así que lo diré sólo una vez más, ¿Me ayudarás, o tendré que obligarte? — Oyakata empuñó con más fuerza su katana y declaró con total seguridad. —¡Quiero ver que lo intentes, maldito perro! — se lanzó contra él en un movimiento vertiginoso. El señor del Oeste no se inmutó, frenando el ataque con Colmillo de Acero. Sin perder más tiempo, los dos youkais empezaron a combatir ágilmente, lanzando peligrosos ataques con la intención de lesionarse. El filo de las katanas se manifestó en poder energético que cortó el aire y los objetos cercanos, erosionando la tierra donde los golpes impactaban. El aura demoníaca de ambos creció, estresando el ambiente y asustando a todos los presentes. La pelea se volvió más violenta. El Nekomata dejó en claro que no era un demonio longevo por nada. Su larga vida y conocimientos le habían otorgado la fuerza y resistencia necesarias para rivalizar con un Inugami tan poderoso como InuTaisho. Y esto lo demostró resistiendo las acometidas del Lord, tanto físicas, como de poder youkai. El choque de los contendientes se extendió a lo largo de la plaza, llevándose de paso algunas casas y dejando destrozos por todos lados. El Kamaitachi permanecía inmóvil, observando lo que podía, dado que la velocidad sobrenatural de ambos superaba su capacidad visual. Los dos se fueron alejando hacia los límites del bosque, llevando su destrucción fuera del pueblo. El escribano y otros testigos los siguieron con precaución, pero ya sin ser capaces de percatarse de sus interacciones. En algún momento, algo sucedió. Desde la distancia, todos percibieron el incremento de las auras sobrenaturales una vez más. Entonces lo vieron: Ambos peleadores habían decidido continuar la batalla empleando sus verdaderas formas. La tierra tembló con fuerza ante la presencia de aquellas bestias. Un gran perro blanco y un enorme felino pardo que de inmediato comenzaron a rugirse con ira, para después lanzar sus ataques, expresados en mordidas y zarpazos. Los presentes se mantuvieron a distancia, dado que la destrucción del lugar empeoró, y existía el enorme riesgo de ser aplastados por sus propios líderes. El escribano se tensó, y por un breve instante, creyó que la lucha estaría equilibrada. Sin embargo, el Inugami tenía ventaja con su formidable velocidad, y aunque el Nekomata poseía gran fuerza, no lograba esquivar todos los golpes de las poderosas garras. Aunado a esto, la comadreja sabía que InuTaisho usaría todas sus habilidades, por lo tanto, esos ataques iban con veneno incluido. No obstante, Oyakata logró infringirle cierto daño, gracias a su capacidad de generar rayos de energía youkai, los cuales consiguieron lesionar uno de los ojos del Inugami. Éste rugió iracundo, así que se lanzó directo a la yugular del felino. Ambos monstruos se revolcaron violentamente, rodando sin control y destrozando más árboles, hasta alcanzar un peligroso barranco de la zona. Todos contemplaron su estrepitosa caída. Pero, como tenían prohibido acercarse, decidieron esperar. Más temblores y más rugidos les dejaron en claro que la pelea estaba llegando a su final. El Kamaitachi sabía que aquí era cuando su señor se impondría sobre el felino a como diese lugar. De repente, un resplandor de energía iluminó el precipicio y luego un tenue destello azulado se hizo presente. En ese mismo instante, la presencia de Oyakata comenzó a menguar de forma precipitada. Al sentirlo, los Nekomata se erizaron y comenzaron a bufar asustados y furiosos, comprendiendo que su señor estaba muriendo. Muchos corrieron hacia el barranco, entre ellos, la joven Toran. Los subordinados de InuTaisho hicieron lo mismo, todos querían saber qué sucedió. Pero antes de alcanzar la orilla del abismo, el Lord del Oeste se elevó desde el fondo, ya en su forma humana, sosteniendo en cada mano las katanas ensangrentadas. Su expresión era temible, con rastros carmesí en el rostro, una sonrisa burlona en los labios, y una mirada demencial en el único ojo que tenía funcional. Los Nekomata estaban atónitos, y comenzaron a rugir desconsolados cuando vieron el cuerpo inerte de su amado líder, al fondo del precipicio, con un aspecto sumamente perturbador. El Kamaitachi sintió un escalofrío bajando por su espalda al ser testigo de semejante fenómeno. Oyakata ya no estaba vivo, y el cadáver de su forma bestial ahora tenía un repulsivo aspecto momificado. —¡Maldito asesino! — vociferó Toran, furiosa y con lágrimas de impotencia en los ojos. —¡Silencio mocosa! — gruñó uno de los testigos del Lord. —¡Respeta al señor InuTaisho, él ganó la pelea! — se acercó amenazante. Los otros felinos reaccionaron de inmediato y se pusieron en guardia para defender a su nueva dirigente. Desenfundaron las garras, e hicieron el despliegue de sus habilidades sobrenaturales, demostrando abiertamente que ya no se someterían ante nadie. —¡¿Cómo se atreven, malditos gatos?! — reclamó el otro noble. —¡Esto es una clara afrenta, la casa NekoYoukai está revelándose contra el mandato Inugami! — Sin importarle las represalias, Toran no se contuvo. —¡Maldito seas InuTaisho! — volvió a gritar, mirándolo con odio. —¡Mi padre tenía razón, eres un bastardo malnacido! — Sin inmutarse, el señor de Occidente la observó por un segundo, tratando de reconocerla. Entonces comenzó a descender, al mismo tiempo que enfundaba a Colmillo de Acero y le daba un último vistazo a Colmillo Sagrado, la cual brillaba en azul intenso. Sonrió complacido, había conseguido su propósito, así que también la guardó en su respectiva funda. Antes de tocar tierra, desplegó una onda de choque con su poder, arrojando lejos a todos los Nekomata, excepto a la jovencita de pelo azul. Ella no pudo reaccionar a tiempo debido a la velocidad superior del Lord, así que, cuando se dio cuenta, él ya la tenía sujetada por el cuello con una mano. —¿Quién eres, mocosa? — la levantó con facilidad y la olfateó un poco, para luego hacer un gesto de desprecio. —Ya veo, eres la cachorra del imbécil de Arashimaru, reconocería tu linaje en cualquier lado— sonrió con burla. —¿Qué fue de tu padre, ya regresó al Oeste?, te lo advierto, le arrancaré la cabeza si lo veo. — Toran quiso soltarse, pero apenas podía respirar debido al agarre y al estrés que le provocaba el poder de InuTaisho. Pero, de forma inesperada, éste la liberó, arrojándola contra los otros felinos sin lastimarla realmente. —¡Escuchen todos! — el Inugami alzó la voz. —¡Yo he ganado esta contienda!, ¡Oyakata ha muerto y ahora el destino de los integrantes de la casa NekoYoukai, está en mis manos! — Esa fue la peor sentencia que pudieron escuchar los Nekomata. —¡Lo diré sólo una vez! —prosiguió, manteniendo su gesto cruel. —¡Todos los clanes leopardo me jurarán lealtad y obediencia absolutas, de lo contrario, serán expulsados del Oeste sin miramientos! — Los felinos gruñeron por lo bajo, frustrados y atemorizados por lo que estaba ocurriendo. Toran se levantó y lo encaró una vez más, a pesar de saberse en completa desventaja. En eso se parecía a su padre, tenían el mismo carácter fiero cuando alguien los hacía enojar. —¡Lo que pide es injusto, es una afrenta contra los Nekomata! — reclamó furiosa. —¡Asesinó a nuestro señor y ahora quiere que le obedezcamos como simples esclavos!, ¡Tal y como sucede con los demonios Tora!, ¡Usted es un ser despreciable! — InuTaisho sonrió, sin mostrarse lo más mínimamente ofendido. En éste preciso momento, estaba tan satisfecho con lo que había logrado, que nada lo molestaría por un buen rato. —Eres una chiquilla demasiado insolente, ni siquiera a mi hijo Sesshomaru le permito semejantes comportamientos— se acercó al grupo de gatos, quienes la rodearon para protegerla. —Y si no me equivoco, tú eres la que sigue en la línea de sucesión después de tu padre, así que, como nueva representante de los clanes leopardo, también me debes obediencia— la miró con frialdad. —Les doy únicamente una semana, así que toma la decisión correcta, mocosa. Si los Nekomata continúan con su rebeldía, dense por desterrados de mi territorio. — El señor de Occidente finalizó su amenaza, para después dar media vuelta y marcharse con los miembros del concejo, quienes sonreían con evidente burla. El escribano permaneció inmóvil, en silencio y preocupado. No estaba seguro de qué hacer, pues sus órdenes eran claras. Sin embargo, ver el sufrimiento y la consternación del pueblo Nekomata, lo hizo sentir mal en verdad. Vio que los felinos se organizaban para recuperar el cuerpo de Oyakata, mientras que los subordinados de más alto rango acompañaban a Toran a la residencia del fallecido líder. Había muchas decisiones que revisar con sumo cuidado, y la vieja comadreja debía estar presente. … El silencio fue incómodo tras plantear la situación final. —¿Crees que es lo mejor, viejo escribano? — preguntó la felina de cabellos azules. —¿Irnos del territorio después de tanto tiempo al servicio del Oeste? — El Kamaitachi asintió despacio, los ocho felinos que estaban presentes en la reunión lo miraban con atención. No le guardaban rencor alguno, dado que siempre se mostró amable y empático todo el tiempo que vivió con ellos. Y Arashimaru siempre lo tuvo en alta estima. Pero ahora, con la situación actual, la vieja comadreja se sinceró con ellos. A pesar de que esto implicase cierta “traición” hacia InuTaisho. —Escucha pequeña, comprendo tu rencor y la frustración que siente tu pueblo— explicó el viejo youkai. —Pero, hagan lo que hagan, no podrán derrotar al señor InuTaisho. Su poder ha crecido excesivamente, y aunque se rebelen y conspiren contra él, su libertad y su vida correrían grave peligro. Lo he visto arrasar comunidades enteras por menos de lo que sucedió hoy con Oyakata. — Toran bufó con enojo, pero debía reconocer que el Kamaitachi tenía razón. Su padre le dijo muchas cosas y siempre le advirtió que tuviese cuidado cuando regresara al Oeste. Nadie se esperaba que el Inugami asesinase al nigromante, pero eso les dejó en claro a los Nekomata que esto apenas era el comienzo. Así como sucedió con el pueblo Tora, sometido al grado del esclavismo, a ellos también les esperaba algo parecido si no ponían distancia de por medio. InuTaisho había quebrado por completo la buena relación entre los Inugami y los Nekomata. Jamás volvería a recuperarse la lealtad y la confianza entre ambas casas nobles. —No soy nadie para decirles qué hacer. Pero, si me aceptan un consejo, aprovechen ahora que todavía pueden escapar de sus garras, porque después, no podrán hacerlo— finalizó el escribano. Toran se limpió un par de lágrimas de los ojos. La frustración que la invadía era demasiada, pero también era consciente de que debía pensar en el futuro de los clanes leopardo. —Esto es sólo una retirada temporal— habló con seguridad la joven felina. —Viviremos hoy, para poder pelear mañana. Esto no se quedará así, lo juro por la memoria del gran Oyakata— sentenció. —Tarde o temprano, cobraremos venganza en contra de InuTaisho y su estirpe si es necesario. — Los otros Nekomata asintieron con firmeza. El Kamaitachi suspiró cansado. No le parecía buena idea mantener el rencor para vengarse, sin embargo, él no podía opinar nada al respecto, y quizás esto era lo mejor. Al Lord no le caería nada bien la noticia, puesto que aún pretendía mantener sometidos a los Nekomata para sus propósitos. Pero si estos escapaban de su dominio, sería como una burla para él. … Y eso fue lo que sucedió. El escribano le dio la noticia al Lord, quien se frustró al saber que los felinos habían optado por el destierro. Éstos juntaron todos los recursos que pudieron y se marcharon a otras tierras, dejándole un mensaje de que algún día regresarían para vengarse. Tiempo después, el Inugami se enteró de que los Nekomata andaban en las tierras de Lord Karasu. Aquello se le hizo extraño, pero decidió no hacer ni decir nada. Después de todo, si el Tengu le reclamaba algo, él tendría carta libre para ir por ellos, y ahora sí, someterlos o asesinarlos. Entonces, sólo era cuestión de tiempo y esperar el momento adecuado.:*=*=*=*=*=*=*:
El viejo youkai finalizó su remembranza. —Eso fue lo que pasó mi Lady, y como usted sabrá, el difunto Lord no hacía caso a las quejas del señor Karasu. Simplemente estaba esperando a que las tensiones fueran en aumento para ir por los Nekomata. — La soberana soltó una larga exhalación tras enterarse de semejantes verdades. Ahora le quedaba en claro lo acontecido con Oyakata, pues en el pasado, su fallecido esposo quedó como el gran gobernante que derrotó a un “rebelde” que deseaba “tomar el poder”. Todas las verdades fueron distorsionadas, dichas y controladas por los subordinados del Inugami. Y como los felinos se fueron rápido del territorio, nadie pudo saber lo que realmente ocurrió. —No lo dudo ni un poco. InuTaisho no lo mencionaba, pero sé que mantenía su rencor contra los felinos— hizo una sonrisa burlona. —Probablemente no consiguió lo que deseaba con el asesinato de Oyakata. — —Mi señora, ¿Se refiere a la espada Colmillo Sagrado? — Ella asintió con seriedad. —Tú lo acabas de mencionar, InuTaisho deseaba estabilizar esa katana para poder emplear las habilidades robadas que guardaba en su interior. Ya sabes, el poder de un Shinigami. — El Kamaitachi abrió los ojos en un gesto de asombro. —Esa arma… ¿Tiene el poder de un Shinigami? — interrogó sorprendido. —No lo puedo confirmar del todo, pero casi podría asegurar que es verdad— Irasue entornó la mirada y su expresión se volvió seria. —Mi desgraciado marido robó las técnicas de un Shinigami, pero no pudo utilizarlas. Por eso mató a Oyakata, para despojarlo de su habilidad de control de almas y hacer que la katana desplegase de mejor manera dichos poderes. — —Me imagino que eso no funcionó del todo, ¿Verdad? — mencionó el escribano y la demonesa asintió de nuevo. —Por eso mismo pretendía recuperar a los clanes leopardo, tal vez ellos tendrían algún método o ritual para hacer que funcionase. Quizás la lideresa Toran, dado que ella estaba convirtiéndose en la mano derecha del nigromante. — Irasue suspiró una vez más, rodando los ojos con aburrición, confirmando las suposiciones de la comadreja. —Efectivamente, tal vez aquella era su intención. Pero resulta que, se le atravesó una humana en el camino— sonrió de nuevo con ironía. —El involucrarse en una relación de ese tipo, alteró sus planes y pasó a joder a todos en el Oeste, sumándose a lo que ya venía arrastrando. — El viejo youkai asintió, comprendiendo varias cosas ahora. Realmente a él le resultaba todo un caso lo que sucedió con el Lord del Oeste. Pensar que una simple humana fue capaz de hacerlo equivocarse y mandar a la basura todo lo que había conseguido a lo largo de las últimas décadas, era inaudito. —Bien, creo que ya fue suficiente conversación— la demonesa se levantó de su asiento. —Sigue buscando la documentación faltante, quiero que todo esté listo para la reunión con los Lores. — —Sí mi señora, lo tendré todo preparado— confirmó el escribano, retomando su actividad. … Irasue salió del despacho y se encaminó a su terraza favorita, para meditar un poco sobre lo que se avecinaba. —Tengo que conseguir su apoyo, nosotros solos no podremos arreglar éste maldito problema— pensó, observando a la lejanía. —Gracias InuTaisho, esto es lo mejor que podías heredarle a tu hijo y al Oeste, sólo dificultades— suspiró con pesadez. Se quedó ahí por un rato más, sumergida en sus pensamientos y pesares.***
Continuará… Si es que me animo a terminarlo algún día. 20/Julio/2022