Oveja Negra

Het
PG-13
Finalizada
2
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
121 páginas, 56.923 palabras, 10 capítulos
Descripción:
Notas:
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Epílogo

Ajustes
El hermoso avión Airbus A330-300 de la compañía australiana QANTAS, aterrizó limpiamente en la pista del aeropuerto de la ciudad de “Nueva Sidney”; la cual nació luego de que la subida del mar dejara sumergida bajo el agua la antigua ciudad de Sidney. Esta fue una más de las consecuencias surgidas tras el Segundo Impacto. La ciudad de “Nueva Sidney” había tratado de recuperar la gloria de la ciudad original, motivo por el que se volvió a construir una réplica exacta de la mítica “Opera de Sidney”, siguiendo los planos originales. Si bien el gobierno de Australia se la jugó por recuperar el esplendor de la antigua ciudad, hubo cosas que simplemente no se pudieron hacer, como el enorme “Puente del Puerto de Sidney”, el cual no era necesario en las costas de la nueva ciudad. Pero pese a las diferencias, “Nueva Sidney” seguía siendo una gran ciudad, que en pocos años se transformó en la ciudad más cosmopolita e importante de Australia; ya que si bien el Segundo Impacto fue una catástrofe, trajo un inesperado beneficio; el cambio en la costa por la subida del mar, creó decenas de nuevas playas perfectas para bañarse y practicar el Surf. Gracias a esta bendición inesperada, el turismo en Australia se disparó una vez que las cosas se normalizaron en el mundo luego del Segundo Impacto, siendo “Nueva Sidney” la ciudad más beneficiada de Australia. Esta nueva condición de ciudad veraniega y cosmopolita, trajo una gran afluencia de turistas, como los que ahora descendían del recién llegado Airbus A330-300 de QANTAS, que estaban ingresando a la terminal aérea desde la manga de acceso al avión, dirigiéndose a buscar su equipaje. Por esta misma razón, un joven tomando una gran mochila que cargó en su espalda y una tabla de Surf bajo el brazo derecho, no llamó la atención de nadie en el aeropuerto; de hecho, era uno más de muchos surfistas que pululaban por el lugar. El joven prontamente hizo la fila para pasar por Policía Internacional y luego de algunos minutos de espera, fue su turno de pasar a la caseta donde lo esperaba el oficial que revisaría sus papeles. — ¡Buenos días oficial! — saludó el joven con bastante alegría y apoyó a un lado su tabla de Surf, para luego tender al hombre su pasaporte por el hueco de la ventanilla. — Buenos días. Se le ve bastante alegre, joven — respondió el hombre, tomando el pasaporte para verificarlo la identidad del joven de 18 años y luego ingresó los datos al sistema. — Estoy contento de estar aquí — comentó el risueño joven de piel algo tostada por el sol y una rebelde cabellera rubia, que en realidad le sentaba bastante bien. — Te llamas Hikaru Kitagawa, un nombre japonés, pero tienes pasaporte estadounidense con domicilio en Florida — comentó el oficial levantando una ceja, mientras seguía tecleando en su terminal. — Mis padres son japoneses, pero se fueron a vivir a Estados Unidos por trabajo. Yo nací allá, así que soy estadounidense de nacimiento — explicó el joven encogiéndose de hombros. — Así veo… ¿Vienes a Australia por turismo? — preguntó el oficial. — Creo que eso es obvio — dijo el joven con una risita, dándole unas palmaditas con una mano a su tabla de Surf. — ¿Vienes solo? — preguntó el oficial. — Sí; bien… se suponía que iba a venir con un amigo, pero se rompió una pierna hace un par de semanas. Pensé en cancelar el viaje, pero llevábamos meses planeándolo y mi amigo me animó a venir solo. Así que aquí estoy, listo para correr olas — dijo el joven con una sonrisa, tomando su tabla de Surf y levantándola para que el oficial pudiera verla bien. — ¿Cuánto tiempo te quedarás en Australia? — preguntó el oficial. — Un mes. La idea es recorrer la costa y surfear en distintas playas — dijo el joven. — ¿Tienes pasaje de regreso a Estados Unidos? — preguntó el oficial. — Sí, tengo un Ticket de ida y vuelta — señaló el joven, tendiéndole al hombre una copia de su pasaje de avión. — ¿Traes dinero para estadía, traslado y comida? — preguntó el oficial, mientras revisaba el detalle del pasaje de avión. — Sí, unos 1.000 dólares en efectivo — dijo el joven, metiendo una mano en el pantalón para tomar su cartera y sacar unos billetes, poniéndolos luego en el hueco de la ventanilla — También tengo dinero en mi cuenta de banco — añadió. El joven tomó su teléfono móvil, ingresando en la aplicación del banco, para luego girar la pantalla hacia el oficial, que verificó el monto con un leve asentimiento de cabeza. Era más que suficiente para una estadía de un mes. — Puedes guardar tu dinero — dijo el oficial, tecleando en su terminal — ¿Dónde te hospedarás? — En una Hostal junto a la playa aquí en Nueva Sidney. Visitaré las playas de por aquí cerca por unos 15 días y luego iré a otra Hostal en Nueva Brisbane. Visitaré algunas playas por allá y luego cogeré mi vuelo de regreso a Estados Unidos — dijo el joven, tendiéndole al oficial los documentos con las reservaciones de las dos Hostales. El oficial tomó los documentos y los verificó; cuando vio que todo estaba en orden, timbró el pasaporte y devolvió toda la documentación por el hueco de la ventanilla. — Está todo en orden. Bienvenido a Australia. Que disfrutes la estadía — dijo el oficial, finalmente esbozando una sonrisa. — Puede apostar que sí — dijo un sonriente Hikaru Kitagawa, poniéndose los lentes de sol que descansaban sobre su cabeza, tomó su tabla de Surf y con un saludo de mano, salió del sector de Policía Internacional rumbo a la salida del aeropuerto. Luego de unos minutos el joven rubio caminó fuera del aeropuerto, haciendo oídos sordos de todos los taxistas que se peleaban entre ellos por ofrecer sus servicios de traslado. Simplemente pasó entre ellos sin tomarlos en cuenta, adentrándose en el enorme estacionamiento del aeropuerto. Luego de caminar un poco, sintió el sonido de la bocina de un automóvil. Al girar la cabeza vio como una mano se alzaba desde un convertible, haciéndole señas. Sonrió. El joven apuró el paso hacia un hermoso automóvil Ford Mustang GT descapotado de color rojo, aparcado a unos metros de distancia. Al llegar lanzó la mochila en el asiento trasero y luego metió también atrás la tabla de Surf y la aseguró firmemente. Abrió la puerta del pasajero, se montó en el automóvil y cerró la puerta. El rubio se quitó los lentes de sol y se giró para mirar a la persona junto a él, pero no alcanzó a decir una sola palabra, cuando dos manos le tomaron el rostro para atraerlo al rostro de la chica al volante del automóvil. El beso fue intenso y profundo. La boca de ambos se abrió apenas sus labios entraron en contacto y las lenguas comenzaron a masajearse, buscando entrar en la boca del otro, hambrientas de dar tanto como recibían. Finalmente la falta de aire los forzó a terminar con la intensa caricia y se separaron con un suspiro de contento. Sonrieron y se miraron a los ojos con cariño. — Te extrañé, señor Kenji Nakamura — dijo la chica de cabello color cobrizo con una sonrisa divertida, tendiéndole una identificación al joven sentado junto a ella. El joven se sorprendió por esto, pero tomó la identificación que le tendían y la revisó con calma antes de darle una seria mirada a la chica. — ¿Y cómo se supone que debo llamarte yo a ti? — preguntó él, levantando una ceja, mientras guardaba la identificación en el bolsillo de su camisa hawaiana. — Setsuna Nakamura — respondió ella, ampliando su sonrisa. — De acuerdo; entonces… yo también te extrañé, Setsuna Nakamura — dijo él, esbozando una sonrisa divertido. Ambos se miraron a los ojos por un momento antes de compartir una risita, luego se fundieron en un nuevo beso. No tan largo como el beso anterior, pero igual de intenso. Finalmente se separaron con un nuevo suspiro de contento. — Te ves mayor con ese maquillaje; y ese color de cabello te sienta muy bien — dijo la chica identificada como Setsuna, revolviéndole juguetonamente el cabello con una mano — Y estás bronceado — añadió con una sonrisa. — Tú también estás bronceada; y ese maquillaje también te hace ver mayor — dijo el joven identificado como Kenji, acariciándole una mejilla a la chica. — Con lo fuerte que golpea el sol por aquí, no es de extrañar que esté bronceada. Además, aparentar ser unos años mayor es necesario para mi tapadera — explicó ella, divertida, antes de girar la llave en el contacto y arrancar el poderoso motor del hermoso Ford Mustang GT descapotado, mientras el joven se ponía el cinturón de seguridad. Setsuna maniobró el automóvil diestramente, saliendo del estacionamiento del aeropuerto y en cosa de minutos la pareja se internó en el tráfico matutino de Nueva Sidney. — Demoraste más de lo que esperaba en llegar aquí. Fueron 8 meses — dijo Setsuna, retomando la conversación, mientras maniobraba entre el tráfico relativamente pesado de la mañana. — No tuve muchas opciones al respecto — dijo Kenji haciendo una mueca — Era indispensable tomarme todo el tiempo necesario para atar cabos sueltos y eliminar los rastros de nuestra jugada. Sabes que nuestros antiguos empleadores no se sentirán demasiado felices si se llegan a enterar que estamos vivos y que escapamos de su control. — Lo sé. Yo también me tardé un tiempo borrando las huellas por mi lado mientras pasaba desapercibida. Finalmente dejé Japón un mes después de hacer nuestra jugada en NERV con destino a Korea del Sur. Ahí volví a desaparecer y llegué aquí poco después — explicó Setsuna. — Largo viaje — comentó Kenji — ¿Cómo te fue con las cosas aquí? — Excelente. La verdad es que el tiempo extra que te tomaste en venir a Australia, me vino de maravillas. Pude arreglar todo lo que necesitamos con tiempo de sobra — dijo Setsuna un tanto crípticamente. — ¿Ya tienes listo el refugio? — preguntó Kenji, levantando una ceja. — El refugio, una casa de seguridad y toda la documentación referente a nuestras nuevas identidades. Como ya podrás suponer por nuestros apellidos, somos oficialmente dos recién casados de 18 años que vivimos en una linda casa con vista al mar, cortesía de la generosa herencia de mi abuela recientemente fallecida, que llevaba radicada aquí en Australia más de 40 años. Viviremos en esa casa hasta que nuestros antiguos empleadores y sus amigos Los Grises, pongan en marcha “La Agenda”. Entonces nos trasladaremos al refugio para esperar que las cosas se calmen. El lugar te va a encantar — explicó Setsuna. — Esa es mi chica — dijo Kenji, dándole un rápido beso en la mejilla a la chica. Setsuna sonrió por la caricia y tomó una salida de la carretera que se dirigía a hacia la cuidad, en cambio, tomó una vía que en pocos minutos los llevó a una carretera que transitaba por la costa australiana, pudiendo ver las hermosas playas que se extendían ante ellos. — ¿Qué hay de ti? ¿Pudiste hacer tu parte? — preguntó Setsuna, retomando la conversación. — Solucioné el tema del dinero. Me tomó más tiempo de lo que esperaba, pero me las arreglé para preparar un par de cuentas en un paraíso fiscal, con suficiente dinero para vivir cómodamente por el resto de nuestras vidas. Obviamente, no lo podrán rastrear. Me enseñaron bien — explicó Kenji. — Que no se diga que el entrenamiento de “Oveja Negra” no sirvió para algo — dijo Setsuna con una sonrisa divertida. — Finalmente estamos fuera de toda esa mierda. Ahora podemos vivir nuestras vidas como nosotros queramos — dijo Kenji, mirando con amor a la chica junto a él. — Lo que yo quiero ahora, es que tú y yo nos pongamos al día. Han sido demasiados meses sola para mi gusto — dijo Setsuna, dándole una mirada seductora al joven sentado junto a ella. — Me parece una idea excelente — dijo Kenji con una radiante sonrisa. La pareja de Ex–Ovejas Negras compartió una sonrisa, antes de que la chica diera un poco más de potencia al motor del hermoso Ford Mustang GT convertible. Segundos después, el deportivo rojo aceleró por la carretera costera, llevando a sus dos pasajeros rumbo a su nueva vida.

FIN

_______________________________________________________________ Notas del Autor:Con el presente epílogo, doy algo más de luz sobre lo que pasó con Shinji y Mana. Obviamente, hay muchas cosas que no se han revelado, simplemente se insinúan o se mencionan a la pasada. Esas son dudas que quedarán ahí para que ustedes las analicen y formen sus propias teorías. Agradezco que hayan seguido esta historia tan poco común hasta aquí, esperando sinceramente que la hayan disfrutado. Saludos y nos leemos en un próximo proyecto.
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