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El joven Príncipe, sonreía feliz mientras le llegaban más regalos, sus hermanos mayores habían hecho lo posible por hacer que el menor de ellos tuviera días felices y tranquilos. Sobre todo desde que su padre había dejado Desembarco del Rey y se encontraba en Rocadragón recuperándose debido a complicaciones a su salud. — ¡Que el Príncipe Viserys Targaryen viva muchos años más! — todos vitoreaban, mientras la gente tomaba vino y comían con mucha energía, la presencia de la Reina Rhaella hizo que todos se sintieran a gusto. — Veo que mis hijos han hecho lo posible por que su hermano tenga un día feliz, gracias de verdad, siempre haces muchas cosas por ellos — dijo la Reina Rhaella, mientras miraba a su hija mayor, desde que tuvo juicio fue una niña particular. — Solo deseo felicidad y larga vida para los Targaryen, sobre todo quiero que mis hermanos tengan una vida grata — dijo mientras se inclinaba hacia su madre. Esta asintió conforme con su respuesta. — Rhaenyra, si ese es tu deseo, se hará realidad — dijo mientras sonreía, raras veces se le veía a su madre hacer gestos, así que se sentía feliz. — Gracias madre — dijo mientras ambas se acercaban al pequeño Príncipe y disfrutaban de las celebraciones. Mientras todos celebraban de estas, el Príncipe Rhaegar entraba por la puerta algo apresurado, pero ahí estaba. Inmediatamente sus ojos buscaban a su hermana y ni bien pudo verla mostró una grata sonrisa, aunque para ella era solo un intento de hacerlo ver a el más inmaduro. Sería un problema si es que los rumores son ciertos. ¿Oh no?Prólogo
13 de julio de 2026, 7:46
Año 281 d. C. Desembarco del Rey
— Rhaegar debe de subir al trono, sin problemas, no podemos dejar que los rumores sobre esta supuesta aventura detengan eso — dijo mientras se levantaba de su asiento en la sala.
Una sala privada solo para reuniones con sus hermanos, casi nadie tenía permitida la entrada a menos que fuera invitado por la misma familia Real. Ella misma había edificado esa sala hace unos años atrás, sabía que la necesitan en algún momento.
— Nuestros padres ya deben de haberlo escuchado hermana, debemos tomar acciones rápidamente, los señores de cada casa vendrán y sobre todo querrán respuestas — todos asintieron, los unía la sangre por eso estaban preocupados por las decisiones de su hermano mayor.
— Hermanas, haremos lo posible para que Elia no tenga ningún problema, ya he hecho que venga con nosotras a pasar un tiempo — dijo mientras se acercaba a la ventana que había en el salón — Debemos hacer notar que ella es su esposa y que no hay duda de eso — todos asintieron, mientras que la puesta se abría una de las capas blancas.
— Princesa, la Princesa Heredera ha llegado — todos se levantaron y asintieron, mientras salían de la sala Daeron se quedó hasta el final — ¿Tu crees que solo sean rumores? — el silencio incomodo se hizo notar rápidamente.
— Realmente no lo sé, conocemos a la joven de hace unos años, es cierto que es hermosa — dijo mientras sentía un poco de dolor en la cabeza — El señor del Norte, es formidable, creo que más que nada es un malentendido — dijo mientras salían de la sala.
Mientras caminaban por los pasillos, ambos veían como había mucho movimiento, después de todo se celebraría un pequeño baile debido que se celebraba el día del nacimiento del Príncipe Viserys, así que la mayoría de sus hermanos iban a asistir. Hasta su madre se había animado a ir.
— Le enviaré un cuervo, el tiene que llegar hoy, si no lo hace solo haría en empeorar los rumores que ya son bastante fuertes — dijo mientras su hermano le daba la mano y ella accedía, bajar las escaleras con un vestido largo era complicado siempre, entre ellos esos gestos siempre fueron naturales
— Créeme vendrá y se sentirá en su gloria por saber que llegaste a escribirle — dijo mientras sonreía, ella lo miró de mala manera.
Quería negarlo, pero era probable que si llegaba Rhaegar se lo haría notar, pero no le había dejado otra opción.