El Dragón ama a la Princesa

Het
NC-17
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planificada Midi, escritos 9 páginas, 4.209 palabras, 3 capítulos
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I

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La Princesa de la alegría

Año 267 d. C. Rocadragón Una doncella corría por los pasillos con toda rapidez, se había esperado con muchas ansias este parto, después de que la Reina Rhaella hubiera tenido ya tres embarazos solo dos llegaron a nacer. Por eso tanto como el pueblo, como los señores de los Siete Reinos esperaban ansiosos de conocer al nuevo integrante de la Familia Targaryen. El joven príncipe Rhaegar caminaba en círculos, su madre desde hace unas horas había entrado en trabajo de parto, sabía que su padre estaba esperando ansiosamente otro hijo. A pesar de su corta edad temía por su madre, los gritos eran fuertes, por suerte su madre había tomado muchas precauciones. Cuando se percató, pensó en buscar a su hermana menor, la Princesa Rhaenyra, ya que a pesar de estar escondida debe de haberse dado cuenta de la situación y por eso estaba aterrada. Como nadie le daría respuestas del estado de su madre por ahora, se entretuvo buscando a la menor. Rhaenyra, desde pequeña había demostrado un comportamiento diferente a lo de una niña de su edad a pesar de tener tan solo 3 años ya no mostraba signos de ser una bebe que apenas había aprendido a caminar hace poco. Pero lo que sí sabía era que ella amaba a su madre, así que de seguro estaba asustada. Mientras buscaba en una habitación lejana a la pequeña, un guardia llegó corriendo anunciando que su madre había dado a luz a una niña, ambas estaban bien. El niño sonrió aliviado, mientras iba al cuarto de su madre, se escuchaba el llanto de su nueva hermana era fuerte y eso era bueno. Cuando llegó a la puerta escuchó la voz de su padre, hablaba con otras personas, al parecer algunos señores se habían reunido esperando las buenas noticias. Al sentir que se acercaban a donde estaban sintió algo de pavor, su padre aún provocaba esa reacción en él. — ¿Príncipe Rhaegar...? — escucho la voz de una de las nodrizas de su madre. — He venido a ver a mi madre y a conocer a mi nueva hermana — dijo de forma rápida, quería evitar el encuentro con su padre como fuera. La nodriza asintió mientras lo llevaba junto a su madre, lucía muy cansada, pero sonreía sin parar, eso al menos calmaba parte de las preocupaciones del niño. — Madre... — dijo suavemente mientras veía como ella tenía a la bebe en brazos, no había rastros de su hermana menor, probablemente aún no sabía que su madre estaba bien — ¿Como te encuentras? — ella sonrió al verlo. Se notaba que estaba feliz. — Rhaegar, hijo mío, estoy bien y mas que nada llena de dicha — dijo mientras le acercaba a su nueva hermana — Hemos decidido llamarla Shaera Targaryen, los maestres dicen que es una niña sana y con buenos pulmones — dijo mientras aun abrazada a la bebe feliz. Unas nodrizas vinieron a llevarse a la bebe para bañarla y dejar descansar a la Reina ya que darle leche sería una tarea cansada y necesitaba reponerse lo más rápido posible. Rhaegar miró atentamente como bañaban a su hermana y arreglaban a su madre, cuando terminaron se acercó a su madre y tomó su mano. — ¿Y Rhaenyra? — él negó con la cabeza, su madre entendía que su hijo desconocía el paradero de su hija, pero al menos ella tenía una idea de donde estaría su hija. — ¿Hay un salón de oraciones? — su madre asintió. — En Rocadragón, nuestros antepasados dejaron recuerdos y mas que nada memorias, a veces decían que rezarles era algo útil — dijo mientras le mostraba unos anillos que tenia guardado — Nosotros descendemos de los antiguos hombres de Valyria, sus antiguos dioses son los nuestros, por eso rezarles de vez en cuando no es mala idea — dijo mientras veía como el niño tomaba la caja con los anillos. Eran un par hermoso, no reconoció el acero, pero sin duda era un buen detalle. Quizás era el antiguo Acero Valyrio, sus ancestros usaban ese acero como representación tanto de su casa como en defensa personal. — ¿Madre, este es Acero Valyrio? — ella asintió — ¿Como es posible que aún quede?, creí que se había perdido con el paso del tiempo — habían muchas historias de cómo los Targaryen habían perdido sus tesoros, pero en la que más concordaban todos era la que decía que durante la Danza de Dragones, tanto como el oro y los tesoros desaparecieron. — Mi madre me dijo que aún quedaba un poco, los Targaryen son personas que perdieron a sus familias de formas horribles, al menos tenemos esto que aun no conecta con nuestros orígenes — dijo melancólica. Rhaegar sabía que su madre extrañaba a su familia, no quería que ella sufriera por el pasado, así que le tocaba caminar hacia el futuro con la cabeza en alto. — Cuando tenga la edad suficiente, quiero que me cuentes todo sobre la historia de nuestra casa madre, quiero aprender todo lo que pueda — dijo mientras dejaba un beso en su mano — Iré por mi hermana, para que te vea, así al menos podrá de dejar de rezarles a los Dioses Valyrios — dijo mientras hacía una venia y se retiraba. Gracias a las indicaciones de su madre, el salón fue fácil de encontrar, ahora sabía la razón por la cual era un lugar más que nada secreto e importante. Había muchas cosas de sus ancestros, sobre todo pinturas, Rhaenyra estaba ahí, prendiendo las velas. Mientras mantenía una posición de oración, el lugar era increíble. Las pinturas sin duda eran más que hermosos recuerdos de lo que alguna vez fueron. Sobre todo la pintura en donde estaban los Tres Dragones de la Conquista. El se acerco a su hermana, toco su hombro haciendo que lo mirara, sus ojos delataban que había estado llorando por un rato, Rhaegar sintió dolor al verla así. — ¿Rhaenyra?, ¿Puedo rezar contigo? — ella asintió, mientras él se ponía a su costado, el silencio era tranquilo. Rhaegar no dejaba de mirarla, desde el rostro hasta la forma en cómo se comportaba, sin duda su hermana era hermosa. Temía por saber qué cosa le deparaba el futuro cuando ambos fueran jóvenes. — ¿Nuestra madre está bien? — él asintió mientras ella respiraba aliviada, unas pequeñas lágrimas recorrían su rostro dejando a Rhaegar embelesado. — Tenemos una nueva hermana, se llama Shaera, nuestra madre está feliz por ello — Rhaenyra sonrió mientras se levantaba, Rhaegar la ayudó, mientras ambos salían de la habitación. — Me alegra saber que nuestra madre está a salvo, ahora podemos tener días tranquilos — dijo mientras caminaban a la cocina, Rhaenyra había guardado hambre desde la noche anterior debido a que se sentía nerviosa por su madre. Cuando le dieron unos dulces, su ánimo mejoró mucho, a Rhaegar siempre le gusto verla sonreír. No se había dado cuenta desde cuando había comenzado a mirarla detenidamente, lo único que quería era estar junto a ella. — ¿Madre, te contó sobre el salón de oraciones? — el asintió — es uno de mis lugares favoritos, sobre todo porque ahí puedo leer muchas cosas sobre el pasado — dijo mientras terminaba de comer. — ¿Sabes leer? — la pregunta de Rhaegar la dejó helada, otra vez no había tenido cuidado — Los maestres me enseñan cada vez que me encuentran ahí, digamos que quiero hacerlo por mi misma pronto — dijo mientras trataba de dejar pasar el tema. Cuando salieron de la cocina dejó de preguntar por su habilidad en la lectura, cosa que calmó a la pequeña. Cuando llegaron al cuarto de su madre se dieron cuenta de que su padre estaba ahí, a pesar de que Rhaegar no quería entrar, Rhaenyra tomó su mano y ambos ingresaron. Ambos se arrodillaron ante su padre, el cual les pidió que se acercaran. — Me alegra verlos ahora, como sabrán su madre ha tenido un niña y eso es una gran dicha, esperemos que pronto pueda tener más hermanos para ustedes — los niños escuchaban atentamente, veían a su madre tranquila y con la bebe en brazos — Cuando Rhaenyra nació sentimos como si un milagro se cumpliera, los dioses habían sido buenos con nosotros y me dieron a mi Princesa de la alegría — dijo mientras sonreía. — Quiero agrandar esa alegría, así que como lo estábamos pensando, queremos decirles que cuando ustedes dos crezcan y cumplan la mayoría de edad, se unieran en matrimonio así como su madre y yo — dijo mientras tomaba la mano de la Reina que los veía emocionada. Rhaegar había sonreído fuertemente, siempre había seguido a su hermana a donde ella fuera. Compartir su vida con ella, era lo que más quería. — Padre, yo no quiero casarme con Rhaegar, por favor haga que mi hermana menor Shaera se case con él — dijo dejando a todos helados, sobre todo a Rhaegar. Mientras los padres se veían algo preocupados por cómo la pequeña se expresaba. Antes de que pudieran decir algo, la pequeña salió corriendo de la habitación dejando a todos bastante confundidos. Y a su hermano Rhaegar totalmente dolido.

...

Año 270 d. C. Desembarco del Rey Rhaenyra miraba como arreglaban el cabello de Shaera, se había hecho mención de que el Rey tendría una reunión con algunos de los Señores, habían asuntos que resolver y sobre todo cosas que aprender. Mientras terminaba de alistarse, alguien entró por la puerta. La Reina Rhaella se veía hermosa con su barriga de embarazo, hacía tan solo unos meses había nacido Daeron y ahora estaba esperando otro, sus dos hijas cuando la vieron se abrazaron ya que su madre había decidido tener al bebe en Rocadragrón , más que nada era por la creencia de que Rhaenyra nació sana, así que haría lo mismo con sus otros hijos. — ¿Ya te marchas madre? — ella asintió. — Mis adoradas hijas, sé que es pronto, pero quiero estar lista cuanto antes para que su hermana o hermano llegue sano — dijo mientras acariciaba su vientre. La relación entre los Reyes había mejorado mucho desde el nacimiento de Rhaenyra, siendo una niña hermosa e inteligente su padre siempre se quedaba cautivado por como era. — Significa que no podremos ir contigo, ya que los Señores de las Casas Lannister, Baratheon, Arryn vendrán a tener reuniones con nuestro padre, él pidió que conozcamos a algunas de las personas que están ahí... — su madre asintió, mientras las nodrizas terminaban de agarrar las pertenencias de la Reina Rhaella. — Sean muy buenas y educadas, saben que su padre valora mucho eso, además no tienen de que preocuparse, Daeron estara conmigo — dijo mientras una nodriza traía cargado a un bebe, el Príncipe Daeron tenía los rasgos valyrios muy definidos, además de ser un bebe muy cariñoso. — Aunque ahora no puede hacer mucho, creo que en el futuro Daeron será un joven muy apuesto y sobre todo fuerte — dijo Rhaenyra mientras acariciaba su mejilla, el bebe la miraba intensamente. Rhaenyra le había tomado cariño, después de todo porque desde el incidente con Rhaegar, él no volvió a acercarse a ella como antes. — Creo que estaría más tranquila si fuera un buen joven y sobre todo sano — dijo la Reina Rhaella, mientras le dejaba un beso suave en la mejilla. Después de despedirse de su madre, las menores caminaron por los pasillos, seguidas por sus nodrizas. Sin duda el castillo estaba bastante animado, la llegada de los señores era algo que siempre requería mucha preparación. — Princesa Rhaenyra — ella miró quien la llamaba, era uno de los caballeros blancos de su padre — Sir Gerold, dígame — el caballero camino a su lado mientras veían en la sala de reuniones, como los señores se inclinaban ante su padre. — Su Majestad, me pidió que las acompañara, por favor síganme — mientras las dos pequeñas lo seguían, vieron como los ojos de todos en la sala se posaron sobre ellas. No era la sensación que esperaba, sino una que le hacía sentir mucho desagrado. El Rey Aenys se acercó a ellas mientras que la pequeña Shaera mostraba algo de miedo y se ocultaba, pero Rhaenyra se mantenía de pie viendo de frente a los señores, para ella sus caras eran como se las había imaginado. Todos caminaron al salón donde estaba el Trono de Hierro y mientras que las niñas se quedaban al pie de este, el Rey Aenys se sentaba. — Quizás ya no las recuerden ya que las vieron cuando aún eran muy pequeñas, mi hijas, la mayor Rhaenyra y su hermana menor Shaera — ambas ni bien escucharon sus nombres, hicieron una pequeña reverencia saludando a los Señores. Se habló de muchas cosas en el salón, su padre les había pedido estar presentes para que vieran poco a poco como eran las personas del Reino. A pesar del aburrimiento de Shaera guardó muy bien la compostura, había entendido bien el mensaje que su hermano mayor le había dicho. Cuando la reunión terminó, todos pasaron al salón para disfrutar de la comida, debido al largo viaje que se hizo. — Hermana — la pequeña Shaera, se acercó a su hermana y le susurraba — ¿Conoceremos a algunos niños, de nuestra edad? — Rhaenyra asintió, ya sabia quien había venido, pero sentía sobre todo algo de inquietud — Tienes que demostrar que eres fuerte, por favor Shaera, no te vayas a alejar de mi — dijo mientras ambas caminaban por el salón, siendo vistas por los señores, algunos otros ojos las miraban. Para su sorpresa la primera persona que se acercó fue Cassana Estermont, esposa del Señor de Bastión de Tormentas y madre de dos niños, la mujer era buena y recordaba que siempre fue una persona sensata. — Señora Cassana — ambas niñas hicieron una venia, dejando a la mujer algo sorprendida por el gran comportamiento y modales que tenían las menores — Siempre es bienvenida a Desembarco del Rey, gracias por honrarnos con su presencia — Rhaenyra sabía que siendo educadas evitará malos rumores, pero también sabia que estos le harían comentarios por cualquier cosa que hiciera mal. — Por los dioses pequeña, eres tan educada y hermosa, sin duda la Reina Rhaella hizo un trabajo increíble con sus hijas, ¿Como está por cierto? — había llegado un cuervo diciendo que su madre había llegado bien y que estaba tomando los cuidados necesarios, aunque no esperaba que Rhaegar también estuviera en Rocadragón. — Ella se encuentra bien, Rocadragón es un lugar seguro para mi madre, por eso ella siempre quiere ir allí cuando tenga a mis hermanos — la señora le sonrió asintió, una persona como ella era bueno tenerla cerca y que fuera cercana a ellos. — Me alegro escucharlo, quiero presentarte a mis dos hijos, creo que es la primera vez que llegan a verse como tal — sus ojos se encontraron con los niños, sin darse cuenta el juego de piezas había comenzado. — Es un honor conocerla Princesa Rhaenyra y Princesa Shaera, me llamo Robert Baratheon — ante ella estaba un niño de pelo oscuro y alto, sin duda se notaba su atractivo y que este florecerá en su juventud. Ante sus ojos estaba el hombre que ya de adulto mataría a su hermano de una forma horrorosa, destruyendo así a la Casa Targaryen, destruyendo a su familia. El niño le sonreía y ella debía hacer lo mismo, después de todo no dejaría que eso pasara de nuevo. — Mi nombre es Stannis Baratheon, soy el hermano menor de Robert, es un honor conocerlas Princesas — los cuatro niños hicieron una reverencia. Mientras que eran vistos por todos las personas que estaban en la sala. El Rey Aenys miraba como sus hijas hablaban como los niños, estaban creciendo rápido, sin duda cuando llegara el momento adecuado buscaría buenos hombres para ellas. Aunque le daría mucha tristeza que ellas lo dejaran. Al salón entraron Tywin Lannister junto a su esposa e hijos, obviamente la llegada de este había llamado mucho la atención de todos, para Rhaenyra era la primera vez que veía a los gemelos. Ella sabía lo que pasaría con ellos y todo lo que ellos harían, solo con ver a la niña se dio cuenta que sería complicado socializar con ella. Como se esperaba los Lannister saludaron primero al Rey Aenys, todos estaban adornados con joyas y demostrando que tenían poder monetario de sobra. La señora Joanna pareció preguntar algo y el Rey señaló para la dirección donde estaban sus hijas, tomando a sus gemelos de la mano, los acercó a donde estaban. — Saludos a las Princesas Rhaenyra y Shaera, deseamos que la salud de la Reina Rhaella sea la mejor y que de a luz a salvo — Joanna Lannister era una mujer sincera y sobre todo amable, su madre les contó de ella, como vieja amiga y compañera de la corte. — Sea bienvenida Señora Joanna, nos honra con su presencia, mi madre siempre recuerda con cariño su tiempo aquí en la corte — dijo la pequeña mientras su hermana menor hacía una venia también. Sus gemelos veían muy curiosos a las niñas, su madre les dio un pequeño empujón para que se presentaran. — Saludos a la Princesa Rhaenyra y Shaera, mi nombre es Cersei Lannister, es un honor conocerlas por fin — dijo mientras hacía una venia formal, sorprendiendo a las niñas, ellas respondieron con una venia igual. — Yo soy su hermano Jaime Lannister, me siento honrado de conocer a las Princesas Rhaenyra y Shaera — dijo mientras hacía una venia graciosa, su madre lo miraba con una mirada seria, pero al lograr una pequeña risa de Shaera las cosas se calmaron. Después del momento gracioso con Jaime Lannister, el Señor Jon Arryn mostró sus saludos al Rey Aenys y a las Princesas, notablemente sorprendido por el comportamiento tan ejemplar de ellas. El disculpó el hecho de que su esposa no le estuviera acompañado, todos sabían que era delicada de salud, así que se entendía el porqué. Cuando avisaron que la comida estaba servida, todos pasaron a sentarse en las mesas, los niños obviamente estaban sentados todos juntos, para sorpresa la Princesa Shaera hablaba animadamente con los hermanos Baratheon, mientras que Rhaenyra trataba de hacer lo posible por tener un conversación agradable con Cersei. — Princesa Rhaenyra, ¿Usted tiene un deseo que quiera cumplir? — dijo Cersei llamando la atención de los demás en la mesa. — Quiero que la familia Targaryen vivo por muchos siglos más, creo que matar a los traidores que no sean leales a mi padre y aprender alto Valyrio — dijo mientras tomaba en jugo que le habían servido de su copa, los demás niños le quedaron viendo de una forma rara, de nuevo no había tenia cuidado con sus palabras. — Sin duda es un deseo muy fuerte Princesa, yo solo deseo siempre tener belleza y muchas joyas — dijo mientras sonreía mostrando las que tenía puesta — Creo que en mi caso me gustaría ser bueno con la espada, le he pedido a mi padre que me enseñen y accedió — dijo Jaime haciendo que la conversación se animara un poco más. Hablaron de muchas cosas más, a pesar de los malentendidos y todo lo que eso conllevaba, tanto como Cersei como Rhaenyra llegaron a la conclusión de que ambas, no tendrían la mejor relación del mundo. Pero harían lo posible por aparentar. — ¡Su Majestad, han llegado noticias de Rocadragón! — uno de los caballeros blancos entró en el salón, tomando por sorpresa a todos — la Reina Rhaella entró en labor, después de estar unas horas en Rocadragón — tanto la Princesa Rhaenyra como Shaera estaban de pie acercándose a donde su Padre, preocupadas. — ¿Rhaella está bien, como están ambos? — se le quebró un poco la voz, estaba preocupado por la salud de su esposa, sabía mejor que nadie que el parto era una de las razones por la cual las mujeres morían. Sabía que Rhaella siempre quiso hijos a pesar de que no la amara. Siempre querría su bienestar. Aunque últimamente no podían dejar de separarse en las noches. — La Reina Rhaella ha dado a luz a un varón, ¡Felicidades Su Majestad! — tanto Rhaenyra como su hermana celebraron junto a su padre la feliz noticia, todos en el salón se unieron a la celebración. Cersei no dejaba de ver a Rhaenyra, a pesar de ser de buenas familias y tener riquezas, ella realmente era feliz. Cosa que por alguna extraña razón le molestaba mucho, sobre todo porque notaba que era cercana a su padre, cosa que ella no tenía con el suyo. Los días siguientes fueron de celebración, pasaron 5 días para que la Reina Rhaella ya recuperada regresará a Desembarco del Rey con el nuevo Príncipe al cual le dieron el nombre de Maegor Targaryen.

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