El Fantasma de la Ópera

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4
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 87 páginas, 30.620 palabras, 14 capítulos
Descripción:
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Capítulo 14 - Juramento

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Notas:
"____..." "Ángel de la Música, ¿eres tú?" Cerca de tu oído escuchas esa llamada tan familiar, esa voz que tantas veces te ha guiado. Sin embargo, una espesa bruma se extiende ante tus ojos y no puedes ver con claridad, por más que intentas forzar la vista. "Ángel de la Música, ¿por qué ya no dices nada? ¿Sigues ahí?" Preguntas, con un nudo de angustia creciendo en tu pecho. "____, he venido a despedirme de ti." Su voz suena lejana, etérea, como un susurro que el viento se llevará. "¡Ah! Cómo desearía poder permanecer por siempre a tu lado... Perdóname, ya he hecho todo lo que podía hacer por ti. Pero el destino nunca me ha sonreído, y ahora la oscuridad me reclama." "¿Cómo? No, ¡no te vayas!" Tu grito rasga la niebla. "¿Hay algo que pueda hacer por ti? Dime, lo que sea, pensaré en una solución. ¡Ya tenemos pistas sobre el Fantasma, Ángel! Es un ser humano, y además..." Te detienes en seco, porque en ese instante un pensamiento helado cruza tu mente como un rayo: si el Fantasma es un ser humano, entonces no puede tener ningún poder sobre un ángel, no puede controlarlo, no puede hacerle daño... "____, cuídate." Su voz se debilita aún más, como si se alejara nadando en la niebla. "Espera, ¿a qué te refieres con 'oscuridad'? ¡Dime cómo puedo ayudarte!" Extiendes las manos, intentando atrapar su presencia, pero solo encuentras vacío. "____, te bendigo por siempre." Las últimas palabras flotan en el aire como una caricia antes de desvanecerse por completo. "Ángel de la Música, ¡no te vayas!" --- Te despiertas sobresaltada en el sofá, con el grito atrapado en tu garganta, y te das cuenta de que solo era un sueño. Sólo eso: un sueño. Pero aún así, no puedes sacudirte el sentimiento de tristeza que te oprime el pecho como si de un ladrillo se tratara. Dios sabe que has tenido muchas pesadillas que se han vuelto realidad. Desde que descubristeis ese pasillo subterráneo, desde esa huida precipitada, no has recibido noticias del Ángel de la Música. Ni una sola palabra, ni una sola señal. El Persa tampoco volvió a aparecer. No puedes acostumbrarte a la calma tensa de estos días, ese silencio que pesa más que cualquier ruido. Y por más que practiques, tu mente está en otro lado. Siempre creíste que el Ángel de la Música había sido perturbado por el Fantasma, que de algún modo esa presencia maligna lo mantenía alejado. Pero habéis demostrado, que el Fantasma es solamente un ser humano. Un ser humano retorcido y cruel, sí, pero humano al fin. No importa lo poderoso que sea, ¿cómo podría un hombre hacerle daño a un ángel? ¿Acaso te estará ocultando algo? Te duele pensarlo, pero la duda está ahí, enquistada. Te gustaría que confiara más en ti, que te contara qué está haciendo realmente, dónde se encuentra... No eres capaz de controlar tus emociones; amenazan con desbordarse en cualquier momento. Decides ir detrás del escenario, a practicar tu nuevo repertorio. La música siempre te ayuda a encontrar la calma. --- "_____, deberías descansar un poco." "Oh, Raoul, ya has llegado." Levantas la vista, y una sonrisa cansada asoma en tus labios. "Gracias por venir a verme." Desde que escapasteis del peligro, Raoul viene todas las noches a ver el espectáculo. Ambos compartís la misma inquietud: no es normal que la ópera esté tan tranquila, tan silenciosa. Quizás, en esta ocasión, el Fantasma está tramando un plan de mayor escala, algo que requiere paciencia y sigilo. "No soy un experto en música," se acerca, apoyando un hombro en el marco de la puerta del camerino. "Pero te conozco muy bien, ____. Tu voz hoy suena... triste, apagada. ¿Ha ocurrido algo?" "Ha sido solo una pesadilla..." Bajas la mirada, como si las tablas del suelo pudieran darte la respuesta que buscas. "¿Tenía que ver con el Fantasma?" Su voz se vuelve más seria. "Entiendo que no estés tranquila, yo tampoco lo estoy. La ópera está en una situación muy delicada. De hecho, he estado pensando... creo que lo mejor sería ordenar que cierren la ópera, al menos temporalmente. Solo así podemos garantizar la seguridad de la gente." "Pero..." Levantas la cabeza, alarmada. "Ya está agendado el calendario del nuevo repertorio, todos hemos invertido un esfuerzo enorme en prepararlo. Una vez que cierren la ópera, quién sabe cuándo la volverán a abrir. Mucha gente perderá su empleo, Raoul, no es tan sencillo." "Entiendo tu preocupación, de verdad." Da un paso al frente, y su expresión se suaviza, intentando transmitirte calma. "Pero esta es una situación especial, fuera de lo común. Estoy seguro de que si cerramos por un par de días, no causará grandes pérdidas irreparables. Ya he hablado con la policía de París. Ahora que descubrimos la existencia del laberinto subterráneo, el equipo de búsqueda no debería tener problemas para encontrar al Fantasma. Espero que puedan llegar pronto al fondo del asunto y atraparlo de una vez." "He escuchado a Meg decir que la policía vino a inspeccionar la ópera, pero que no descubrieron nada relevante." Te muerdes el labio, nerviosa. "El laberinto subterráneo es enorme y está lleno de mecanismos, de trampas. Quizás deberíamos tener más cuidado, ser más pacientes, y esperar las noticias del Persa." "____, no tienes por qué preocuparte tanto." Raoul intenta sonreír, pero la preocupación asoma en el temblor de sus labios. "Tomaremos las medidas necesarias, paso a paso. No voy a permitir que nada malo te suceda." Pero no puedes evitar preocuparte. Es más fuerte que tú. Por un lado, te preocupa el bienestar de Raoul, y por el otro está el Ángel de la Música... El Ángel de la Música nunca ha aparecido fuera de la ópera, con la excepción de su actuación en el cementerio, y por como acabó es probable que nunca más se vuelva a repetir. Si la ópera cierra, si las puertas se sellan, ¿dónde podrás volver a encontrarte con él? ¿Cómo podrá él encontrarte a ti? "¿____? ¿Ocurre algo?" Inclina ligeramente la cabeza, observándote con atención. "Si quieres, puedes contármelo. ¿Por qué estás tan preocupada? Hay algo más, ¿verdad?" Raoul se acerca un poco más a ti. Notas sus ojos llenos de preocupación genuina, y su voz se vuelve cada vez más suave, más cálida. "No temas. Vengo aquí todos los días con un objetivo muy claro: asegurarme de que tú... ejem..." Carraspea, y un leve rubor asoma en sus mejillas. "...de que todos estén a salvo. Si hay algo que te preocupe, cualquier cosa, puedes decírmelo. Sabes que puedes confiar en mí." Los secretos se agolpan en tu pecho y te dejan exhausta.La preocupación en la mirada de Raoul hace que tus ojos se humedezcan sin permiso. Te gustaría, con todas tus fuerzas, compartir el peso de tus preocupaciones, poder desahogarte con alguien, dejar de cargar sola con este peso. Raoul siempre es respetuoso con los demás, incluso en los momentos más difíciles. Aunque solo ha escuchado rumores sobre el Fantasma, se toma el asunto con una seriedad que te conmueve. También le contaste aquella historia del Ángel de la Música que te narró tu padre de pequeña. Quizás, si le explicaras la situación, él podría ayudarte a pensar en cómo rescatar al Ángel, en cómo llegar hasta él. Pero el Ángel de la Música te pidió en repetidas ocasiones, con una voz que no admitía réplica, que no le contaras a nadie su existencia. No quieres romper tu promesa. No puedes. Raoul espera tu respuesta en silencio. Es como si su paciencia y su tolerancia fueran inagotables, como un pozo sin fondo. Te preguntas, en un momento de debilidad, si acaso deberías pedirle ayuda... pero rápidamente te deshaces de ese pensamiento. Le prometiste al Ángel de la Música que guardarías el secreto. Él ha hecho tanto por ti, te ha enseñado tanto, te ha guiado... esta es la única forma que tienes de devolverle todo eso: manteniendo tu palabra. "Lo siento, Raoul." Tu voz es apenas un susurro. "No es que desconfíe de ti, de verdad que no. Pero hice una promesa, una promesa muy importante a otra persona. Debo mantener mi palabra." "No te culpes, por favor." Una sombra de tristeza cruza sus ojos, pero su sonrisa se mantiene firme. "Ojalá pudiera ayudarte a cargar con ese peso, fuera cual fuera. Pero no insistiré más, no quiero presionarte. Entonces..." Hace una pausa, cambiando de tema con delicadeza. "¿Te llevo a casa después de la práctica? Da la casualidad que tengo que pasar por la estación de policía para saber cómo va el progreso de la investigación. Podemos ir juntos." "Espera, ¿estás diciendo que pronto cerrarán la ópera?" Un escalofrío te recorre la espalda. "¿No pueden esperar unos días?" Últimamente, el Ángel de la Música no ha aparecido, y esa ausencia te duele más de lo que quisieras admitir. Tienes un fuerte presentimiento, una corazonada que te oprime el pecho, de que si no lo ves en esta ocasión, si no logras contactar con él antes del cierre, difícilmente volveréis a encontraros. Pero poner a todos en la ópera en riesgo, solo por una posibilidad incierta, sería increíblemente egoísta de tu parte. "¿____?" Su voz te trae de vuelta. "El tiempo apremia. Cuanto más pronto lo cerremos, mayor será la probabilidad de evitar una tragedia. No podemos arriesgarnos a que haya más víctimas." "Tienes razón..." Murmuras, pero algo en tu interior se rebela. "Entonces... me pregunto si me dejarán entrar a la ópera durante esos días. ¡Ya lo tengo!" Exclamas, con los ojos brillando de repente. "Te prometo que solo estaré en mi camerino, no me moveré de allí, ¡no iré a ningún otro lado! Solo necesito... necesito estar aquí." "¿Por qué?" Su ceño se frunce, preocupado. "La policía y yo no podremos garantizar tu seguridad mientras estamos en el laberinto subterráneo buscando al Fantasma. Si algo te pasara mientras no estamos..." "Yo..." Buscas las palabras, pero no las encuentras. "Tengo mis propios motivos, Raoul. Sé que lo que pido es un poco descabellado, que no tiene mucho sentido... Pero tengo que estar en la ópera. Es importante. Muy importante." "Solo espero que pienses en tu propia seguridad ante todo." Su mirada se clava en la tuya, intensa. "Sea cual sea el motivo que te impulsa a querer quedarte, no puedes ponerlo por encima de tu bienestar. Nada es más importante que tú, ____." Pero...¿cómo podrías renunciar a tú Ángel de la Música? "¿Qué secreto es ese, que te hace ser tan obstinada?" Suspira, pasándose una mano por el cabello. "No quiero ponerte en una situación incómoda, de verdad que no. Es solo que me preocupo por ti." Sacudes ligeramente la cabeza, negandote a responder, y el brillo de sus ojos desaparece. "No hay nada que ocultar entre nosotros, o al menos eso creía." Su voz es un murmullo, casi para sí mismo. "Nos confiamos todo el uno al otro, o al menos lo intentamos. Pero sé que hay algo que no me estás contando, algo importante. Espero que algún día puedas confiar más en mí, ____. De verdad que lo espero." Se endereza, recuperando la compostura. "Todavía faltan unos cuantos días para que la investigación oficial dé comienzo. Piénsalo bien, por favor. Y pase lo que pase, no te pongas en peligro." "Lo siento..." Las palabras se atascan en tu garganta. Al escuchar tu disculpa, Raoul sonríe levemente. "No hace falta que te disculpes, ____." Da media vuelta, encaminándose hacia la puerta. "Iré a buscar al director para preparar lo del cierre de la ópera." Te quedas sola en el camerino, y en tu mente solo hay una súplica, una oración silenciosa: rezas para que el Ángel de la Música aparezca pronto, antes de que sea demasiado tarde. --- Raoul y la policía hicieron una investigación preliminar de la ópera, peinando cada rincón accesible. Pero, a excepción de la entrada del palco número 5, no encontraron ninguna otra pista relevante. Para no alarmar al Fantasma y evitar que huyera o atacara, solo tomaron nota de las condiciones del subterráneo que ya habíais explorado juntos. Detuvieron la investigación en ese punto, prefiriendo elaborar un plan más detallado y seguro antes de adentrarse. La ópera, mientras tanto, reabrió sus puertas al público y con el nuevo programa llegó el momento del ensayo general. Te dices a ti misma que tienes que poner tus emociones en orden, aparcar la preocupación y la angustia. Te cambias de ropa, con movimientos mecánicos, para asistir al ensayo. El vestuario está listo, el maquillaje también. Cuando estás a punto de salir del camerino, cuando tu mano ya roza el picaporte, finalmente, por fin, escuchas esa voz que tanto esperabas. Flota en el aire, como una caricia. "_____, por lo que veo, ya estás completamente preparada para el espectáculo." "¡Ángel de la Música!" Giras sobre ti misma, buscando su presencia invisible, con el corazón desbocado. "¡Al fin has aparecido! ¡No sabes lo preocupada que estaba! Creí que... creí que te había pasado algo." "Por favor, perdona mi ausencia." Su voz suena cansada, más grave de lo habitual. "He tenido algunos... pequeños contratiempos que me han mantenido alejado. Pero el estreno del siguiente espectáculo está a la vuelta de la esquina, ¿cómo podría no venir a felicitarte, a desearte lo mejor?" "Me preocupas mucho más tú que el espectáculo." Las palabras te salen del corazón, sin filtro. "¿Estás bien? No volveré a dejarte pelear a solas con lo que sea que te aflija, Ángel. Quiero ayudarte. Por favor, te lo pido, dime qué puedo hacer para sacarte de tu sufrimiento. Déjame compartir tu carga." "¿Ayudarme?" Hay un deje de sorpresa en su voz, seguido de un silencio prolongado. "Sí... creo que me puedes ayudar de una manera, sí. Si pudieras..." Su voz tiembla, algo inusual en él. "____, si, como dijiste antes, de verdad quieres ayudarme... ¿harías cualquier cosa por mí? ¿Cualquier cosa que te pidiera?" Por alguna razón, la voz del Ángel de la Música suena desconsolada, rota por dentro. Su elección de palabras también es ligeramente distinta a la de costumbre, más directa, más... desesperada. ¿Quizás es una situación realmente urgente? "Está bien." Asientes con firmeza, sin dudarlo. "Estoy dispuesta a hacer lo que esté en mis manos para ayudarte, Ángel. Es mi deber, después de todo lo que has hecho por mí." "¿Incluso... quedarte para siempre a mi lado?" La pregunta flota en el aire, cargada de una intensidad que te sobresalta. "¡Por supuesto!" La respuesta sale de tus labios antes de que puedas pensar. "Siempre estaremos uno al lado del otro, Ángel, siempre y cuando no me dejes, siempre y cuando me necesites." "____, me llena de alegría escucharte decir esas palabras." Hay una emoción profunda en su tono, casi humana. "No olvides lo que acabas de prometer. Intenta sentirme, ___. Tienes que concentrarte más en mí, ¿puedes sentirme?" No comprendes qué quiere decir el Ángel de la Música, pero inconscientemente inspeccionas tus alrededores. Miras a través del espejo y te das cuenta que vagamente se dibuja una silueta. "Ángel de la Música, ¿eres tú?" "Dime, ¿puedes sentirme? ¿Qué ves?" Su voz hace eco en la habitación, rebotando en las paredes. Sus murmullos suaves te atraen hacia la imagen del espejo, y sin poder controlarte extiendes tu mano y dibujas su contorno. Es como si el espejo emitiera una luz cálida, dorada, que te envuelve. Poco a poco, avanzas hacia él mientras pierdes el control de tus brazos y piernas. Es como si una fuerza invisible te atrajera, te succionara. La superficie del espejo se vuelve etérea, como si tuviera una especie de magia. Lo que tocas no parece la superficie de un espejo, sino el remanso tranquilo de un lago en una noche de luna llena... "¡Ah!" El espejo da un giro repentino, un torbellino de luz y oscuridad, y como si fueras succionada por un remolino, pasas de inmediato al otro lado del muro. Te frotas los ojos con fuerza, una y otra vez, intentando adaptar la vista. Tus ojos tardan un rato en acostumbrarse a la oscuridad, pero cuando lo hacen, el horror te golpea como una ola: ¡descubres que estás en el laberinto subterráneo! Una luz tenue, mortecina, ilumina los muros húmedos y fríos. Giras sobre ti misma, presa del pánico, y palpas las paredes con desesperación. Pero no encuentras ni una grieta, ni una rendija. La entrada, el espejo, tu camerino... todo ha desaparecido. "Ángel de la Música, ¿eres tú? ¿Dónde estás?" Tu voz tiembla, rebota en todas direcciones, multiplicada por el eco. No hay respuesta. "¿De verdad... de verdad eres el Ángel de la Música?" Silencio. Solo el goteo lejano del agua. Tus piernas tiemblan, amenazan con fallarte. Está muy oscuro, y el frío cala hasta los huesos. Solo te queda una opción, avanzar apoyándote en el muro, paso a paso, hasta encontrar una luz, una salida, cualquier cosa. Avanzas a tientas siguiendo el curso del canal. El miedo te abruma, te nubla la mente. A duras penas puedes mantener la calma, respirando hondo una y otra vez. Te repites constantemente que no debes ponerte nerviosa, que tiene que haber una solución, que encontrarás una salida. Tienes que encontrarla. El camino serpenteante no parece tener fin. No sabes cuánto tiempo has estado caminando, ni qué distancia has recorrido. El tiempo se diluye en la oscuridad. Desconsolada, al borde del colapso, te paras en el centro del camino. De repente, un aroma extraño llega flotando hasta ti. Tus párpados se vuelven pesados, tu mente se nubla... comienzas a perder el conocimiento. A lo lejos, escuchas unos pasos. Lentos, pausados, acercándose. "¿Quién...? ¿Quién eres?" Logras balbucear, aturdida, la lengua trabada. Ves que frente a ti, emergiendo de las sombras, aparece una sombra alta, imponente... Intentas enfocar la vista para ver quién es, pero sientes la cabeza cada vez más pesada, como si estuviera llena de plomo. Tus extremidades se quedan sin fuerzas, de repente, como si un titiritero hubiera cortado los hilos. Cuando estás a punto de caer al suelo, cuando tus piernas ya no pueden sostenerte, sientes dos brazos fuertes que te sujetan, que te envuelven, impidiendo que te desplomes...
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