El Fantasma de la Ópera

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R
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4
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 87 páginas, 30.620 palabras, 14 capítulos
Descripción:
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Capítulo 13 - Laberinto subterráneo

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La puerta abierta del palco número 5 es como una invitación silenciosa y ominosa. Intercambias una mirada con Raoul, y él, con un gesto protector, te coloca con cuidado detrás de su cuerpo, interponiéndose entre tú y el vacío del palco. "_____, por ahora no sabemos si esa persona tiene malas intenciones, pero bajo ningún concepto podemos bajar la guardia." Su voz es baja pero firme, y su mirada no se desvía de la entrada. "Si algo llegara a suceder, estoy seguro de que puedo arreglármelas, pero tú tienes que huir en cuanto tengas la más mínima oportunidad, ¿entendido?" Raoul tiene una mirada firme. Su cuerpo obstruye ligeramente la entrada al palco y parece que no está dispuesto a aceptar un no por respuesta. "Está bien. Te lo prometo. Si algo ocurre, iré inmediatamente a pedir auxilio." Asientes, sintiendo el peso de la responsabilidad. "Pero... tú también prométeme una cosa: pondrás tu propia seguridad en primer lugar. No harás ningún movimiento temerario hasta que yo haya encontrado ayuda." "Eres algo así como mi cuerda de seguridad, ____. Mi razón para ser prudente." Una sombra de una sonrisa asoma en sus labios, pero desaparece al instante. Al entrar en el palco, descubrís por fin a esa figura negra, erguida bajo un tenue haz de luz, esperando con calma a que os acerquéis. Es un hombre de mediana edad, de tez oscura y una expresión rígida. En la cabeza lleva un fez. Parece ser persa. Al darte cuenta de que no es el espectro que tanto temías, un suspiro de alivio escapa de tus labios. Pero ese alivio es inmediatamente sustituido por un torrente de nuevas preguntas que se agolpan en tu mente. "Sé que deben de tener innumerables preguntas. La primera de ellas que puedo responder es ésta..." El Persa asiente con la cabeza y extiende sus manos frente a él, con las palmas hacia arriba, en un gesto para demostrar que no está armado. "No les haré daño. Al contrario, he venido para ofrecerles mi ayuda." "Pues la forma en que nos 'ayudaste' antes fue cuanto menos peculiar." La voz de Raoul suena cargada de escepticismo. "Más que ayuda, diría que se asemejó bastante a una amenaza." "Puedo comprender su desconfianza, pero los momentos desesperados requieren, a veces, medidas desesperadas." Su tono sigue siendo calmado. Su actitud tan relajada os irrita a ambos. Sientes la mano de Raoul apretando la tuya con fuerza por un breve instante, un gesto de frustración contenida, antes de soltarla. "Tranquilos. Si pierden la calma ahora, nos encontraremos en una situación aún más peligrosa." El Persa observa vuestras reacciones. "La gente detesta el miedo, pero es precisamente el miedo lo que nos ayuda a alejarnos del peligro." Sus palabras te dejan estupefacta. Habías pensado en todo tipo de escenarios, menos en este. "¿Estás diciendo... que me asustaste a propósito para alejarme del peligro?" Logras articular, intentando procesar la idea. "¿Te refieres al Fantasma?" "Creo que hemos llegado a un primer consenso." Asiente lentamente. "Espera un momento." Raoul da un paso al frente, su ceño fruncido. "¿Qué relación hay exactamente entre tú y el Fantasma? Un simple intercambio de palabras no es suficiente para que confiemos en ti. Además, si tanto crees en el poder del miedo, ¿por qué decidiste cambiar de estrategia ahora?" "Debo admitir que ____ es una joven de una tenacidad poco común. No es algo que se vea a menudo." Una sonrisa destella en su mirada, pero entre la orilla de sus ojos y su boca se dibuja un surco profundo, como si no pudiera sonreír más. "Pensé que _____ sería como el resto de gente que siente curiosidad por el Fantasma, y que un buen susto bastaría para alejarla. Pero su determinación por encontrar la verdad se mantuvo firme, imperturbable. Además..." Hace una pausa significativa. "El Fantasma tiene un profundo apego a ella." "¿Cómo puedes saber algo así?" Raoul exclama a la vez que tú sientes un escalofrío recorrer tu cuerpo. "¡Así que lo conoces bien! ¡Conoces al Fantasma!" "Por esa misma razón decidí aparecer ante ustedes." Su voz se vuelve más grave. "Ya no basta con huir del problema. Tenemos que enfrentarnos al Fantasma. Yo debo poner fin a mi propio error. Puede que al hacerlo lo salve, o puede que muera en el intento, pero, sea cual sea el resultado, me temo que este será el desenlace." Su voz se vuelve cada vez más baja hasta casi convertirse en un susurro, como si estuviera recitando un monólogo para sí mismo. "Entonces, muéstranos que tus palabras son sinceras." Raoul cruza los brazos, desafiante. "Déjate de acertijos y habla con claridad." De repente, el Persa se dirige directamente a ti, escudriñándote de pies a cabeza con una mirada analítica. "Señorita _____, le ruego que cambie su ropa por algo más ligero y práctico, que le permita moverse con mayor agilidad." Su tono es ahora algo urgente. "Debemos aprovechar esta oportunidad, ahora mismo, para dirigirnos directamente al escondrijo del Fantasma." "¿Cómo? ¿Ahora?" La sorpresa te hace dar un paso atrás. "Creo que ahí, en su propia guarida, encontrarán la respuesta a todos los acertijos que los atormentan." Te vuelves instintivamente para buscar la mirada de Raoul. La preocupación y la duda están grabadas con claridad en su rostro, dibujando líneas tensas alrededor de sus ojos y su boca. Pero ahora que habéis obtenido una pista después de tanto esfuerzo, no podéis rendiros tan fácilmente, ¿cómo podrías rendirte ahora? "Entendido." Asientes, con una determinación que sorprende hasta a ti misma. "Por favor, dame un momento." Te apresuras a cambiarte de ropa, notas tu corazón latiendo con fuerza contra tus costillas. Estás a punto de salir, cuando te topas con Raoul, que te espera en la entrada, apoyado contra el marco de la puerta. Sonriendo, te toma suavemente de la mano y te pide una y otra vez que tengas cuidado. Una vez más, con pasos sigilosos, os dirigís al palco número 5. El Persa os espera allí, inmóvil como una estatua. "¿Y bien? ¿Qué estamos esperando?" preguntas impaciente. "No hay prisa, la entrada está justo aquí." Por un momento, la sorpresa te deja sin habla al darte cuenta de que se refiere al propio palco. Pero en cuanto te paras a pensarlo, todo cobra un sentido terrible y lógico. Después de todo, el palco número 5 siempre ha estado bajo el dominio exclusivo del Fantasma. El Persa se dirige a la esquina más alejada y oscura del palco, se desliza detrás del pesado telón de terciopelo y comienza a palpar la pared. Después de un ligero chasquido metálico, casi imperceptible, una sección del suelo debajo de los lujosos asientos se abre sin hacer ruido, revelando un pasadizo oscuro. De nuevo, la sorpresa te golpea. El Persa no mentía sobre la ubicación de la entrada. Había un pasadizo secreto justo aquí. El Persa os señala la entrada estrecha y sombría. Al asomarte, alcanzas a distinguir el inicio de una escalera que se hunde en la penumbra. "Nunca había visto un mecanismo tan elaborado." Raoul examina los bordes de la trampilla, impresionado a pesar de sí mismo. "El mecanismo y la estructura de la habitación están totalmente integrados... No, más bien, este mecanismo está integrado en el teatro entero." "Exactamente." Confirma el Persa. "La construcción de esta ópera contempló tenía previsto desde sus cimientos este tipo de mecanismos ocultos en todos los rincones. Síganme. Pronto se darán cuenta de que estos mecanismos son solo la punta del iceberg." "____, bajaré yo primero." Raoul se coloca en el borde del abismo. "No te apartes ni un paso de mí." Poco a poco, descendéis por medio de esas escaleras largas y estrechas. Hay antorchas fijas en las paredes de piedra húmeda, que proyectan luces danzantes y sombras alargadas. El eco de un goteo constante se escucha a lo lejos, en algún lugar recóndito y que rompe el silencio opresivo. Tras lo que parece una eternidad de descenso,finalmente llegáis al final de las escaleras. Un pasillo largo se extiende hasta donde alcanza la mirada. Jamás habrías imaginado que los subterráneos de la ópera pudieran albergar un espacio tan vasto y complejo. Es como un laberinto de piedra. "¿Estás bien? ____, estás temblando." Raoul se acerca, su voz está llena de preocupación. "Estoy bien, es solo que hace mucho frío." Te frotas los brazos. "¿De verdad puede alguien vivir en un lugar tan frío y oscuro?" "Sospecho que el señor que nos ha traído puede responder a tu pregunta." Raoul lanza una mirada cargada de ironía hacia el Persa. El Persa, que todo este tiempo había permanecido en silencio, se detiene al escucharos, y sin decir palabra, señala un muro. Se acerca y comienza a darle unos golpecitos secos con los nudillos. Luego, se gira y repite la acción en el muro opuesto. Su actitud no tiene nada fuera de lo común, pero no puedes dejar de pensar que hay algo raro... Es el sonido. Hay dos ladrillos que suenan distinto al resto. "Este muro no es macizo. Conecta dos lugares distintos." Raoul intuye esa conclusión tras darse cuenta también de la diferencia de sonidos. "Es casi seguro que toda la ópera esté interconectada bajo tierra mediante esta red. Es probable que existan otras entradas secretas, además del palco número 5." "Tienes razón." El Persa asiente solemnemente. "Debajo de la Ópera de París se extiende un laberinto subterráneo. No he podido explorarlo por completo, pero si mi suposición es correcta, prácticamente todos los lugares en la superficie están conectados. Este lugar es insondable. De lo único que estoy seguro es de que este laberinto conduce directo a la guarida del Fantasma. Pero, después de todo, él es un ser humano... Su hogar no puede ser tan malo como este lugar." "Si es así, aquí debe de haber cientos de mecanismos secretos." Raoul reflexiona en voz alta, a la vez que su mirada escruta las sombras. "De esta manera, el Fantasma podría aparecer y desaparecer a su antojo. Pero la escala de este complejo es inmenso. Planearlo y construirlo debió requerir decenas de obreros y arquitectos para construirlo." "No se necesitaron muchas personas." El Persa corrige, y en su voz hay un tono de admiración involuntaria. "En realidad, lo hizo todo él mismo. Hablamos de un genio, un hombre que descubrió y aprovechó un lago subterráneo. Esta maravilla es el producto del trabajo conjunto de la naturaleza y la mente de un solo hombre. Si el plano estuviera dividido en partes, una persona común y corriente no podría nunca imaginar el diseño completo a partir de un solo fragmento." "¿Estás diciendo... que él es el verdadero arquitecto de toda la Ópera de París?" La pregunta te sale en un susurro de asombro. "El verdadero arquitecto no buscaba la fama ni la gloria." El Persa hace una pausa. "Mejor dicho, la fama y la gloria ya no le importaban." "Suena a que tuvo un pasado brillante." Comenta Raoul, pensativo. "Pude ver su auge y caída con mis propios ojos en mi tierra natal... " "¿Quieres decir que el Fantasma estuvo antes en Persia?" Raoul se muestra sorprendido. "Es la primera vez que oigo hablar de un genio así." "Eso es porque su historia quedó enterrada bajo las arenas del tiempo, al igual que las estrellas más brillantes opacan la luz de otros cuerpos celestes." El Persa mira al vacío, como si viera escenas del pasado. "En alguna ocasión lo rescaté cuando perdió el conocimiento en la calle. Su rostro estaba pálido como la cera, y su cuerpo era poco más que un esqueleto cubierto de piel. Después de conocerlo, descubrí que era un hombre de múltiples y asombrosos talentos, pero en raras ocasiones hablaba de su pasado. Además, nunca se ha quitado la máscara." "¿La máscara? ¿Desde entonces lleva esa máscara?" Preguntas, recordando las descripciones aterradoras. "Su máscara misteriosa llegó incluso a cautivar a la princesa de Sudán." Su tono se vuelve sombrío. "La princesa de Sudán... " Raoul frunce el ceño. "Dicen que era despiadada, y que utilizaba métodos de tortura de lo más crueles." "A través de métodos como el bosque de hierro o el lazo de Punjab, el Fantasma utilizó los cuerpos y las vidas de sus víctimas como peldaños para ascender en la corte y ganarse la perversa admiración de la princesa." El Persa cierra los ojos por un momento, como si intentara bloquear las imágenes. "En varias ocasiones intenté persuadirlo, suplicarle que dejara de hacerlo, pero él insistía en que no le quedaba otra alternativa para sobrevivir. En ese momento, supe en el fondo de mi corazón que llegaría el día en que nuestros caminos tendrían que separarse." "Su supervivencia no justifica de ninguna forma el sufrimiento y la muerte de otros." Tu voz suena dura, inflexible. "Así es." El Persa asiente con pesar. "Él pasó de ser una víctima del destino a convertirse en un verdugo voluntario, y poco a poco, incluso la propia familia real de Sudán comenzó a temerle. Al final, solo le quedó un camino: el exilio, para poder sobrevivir. He venido hasta aquí, hasta París, con la esperanza de rescatarlo de sí mismo. Pero no imaginé... que le haría daño a tantas personas. Esta vez, acabaré con sus fechorías con mis propias manos y pondré fin, de una vez por todas,a mi error. " Un crujido repentino, seco y metálico, hace eco en el pasillo, interrumpiendo su confesión. "¿Qué ha sido ese sonido?" "El Fantasma nos ha descubierto." El rostro del Persa se tensa de inmediato. "La salida se cerrará pronto. Hay miles de mecanismos aquí adentro, ¡debemos subir deprisa!" Os apresurais a subir las escaleras a toda prisa. Vuestros pasos atropellados resuenan como tambores en el estrecho y largo pasillo, amplificados por el eco. "¡_____, rápido! ¡Sube tú primero!" Grita Raoul, empujándote suavemente por delante. "¡Yo me quedaré atrás para retener al Fantasma si es necesario!" "¡Raoul!" Gritas, con el corazón encogido por el miedo. Pero sabes que no puedes seguir perdiendo el tiempo. En este laberinto, cada segundo cuenta, y la indecisión solo te convertiría en una carga para ambos. "¡Está bien! ¡Pero no tardes en subir!" Te adelantas, y subes lo más rápido posible las escaleras, escalando los peldaños de dos en dos, con el sabor del miedo en la boca. Los esperas, temblorosa, en la entrada del pasadizo, y por fortuna, pronto escuchas el sonido de sus pasos apresurados y el jadeo de sus respiraciones. A pesar de lo nerviosos que estáis, lográis regresar a la superficie ilesos. En el momento en que el Persa pone el pie en el suelo del palco, la puerta detrás de vosotros se cierra de un portazo sordo y definitivo. Con el rostro marcado por la seriedad y una sombra de profunda preocupación, el Persa os advierte que el Fantasma no se quedará de brazos cruzados después de esta intrusión. Además, os comunica que tiene otros asuntos urgentes que atender y os ruega, con vehemencia, que tengáis mucho cuidado. Mientras lo observas alejarse, una certeza fría se asienta en tu pecho: parece que una nueva tormenta se avecina en la ópera.
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