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El timbre del apartamento de Taichi sonó un par de veces. Con prisa, Taichi se acercó al videoportero, viendo que era Jou. –Ya abro. –dijo Taichi viendo como Jou lo saludaba. Jou hizo una señal a alguien para entrara con él. En el vestíbulo, estaban celebrando su típica fiesta de pijamas, pero esta vez, añadieron como novedad, música y danza tradicional que solía bailarse en círculo y con el chico sujetando las manos de la chica por detrás. –Izquierda, derecha. –dijo Sora bailando con Yamato mientras Ken seguía el ritmo con palmas. Taichi sacó entonces una bandeja con más provisiones. Yamato seguía muy deprimido, pero al final se dejó convencer por Sora. Ya que intentaba animarlo, no le quería hacer el feo para que ella no se sintiera mal. –¿Están aquí? –le preguntó Ken a Taichi cuando se agachó a dejar la bandeja. –Sí. –Ken y Taichi se unieron a la danza, asumiendo Taichi el papel del chico. Los cuatro bailarines comenzaron a tararear la canción. Cuando el ascensor llegó, cambiaron de pareja, pasando Yamato con Ken y Taichi con Sora. En otra transición de la música, Taichi volvió con Ken, Jou entró con Sora y Hikari, con su abrigo y la capucha puesta, entró con Yamato. –Creo que estoy un poco piripi. –dijo Yamato sin percatarse quién se había incorporado en la danza. Cuando la canción iba a terminar y Hikari se giró, Yamato se quedó blanco. –¡Un fantasma! Cuando Yamato se iba corriendo a casa, Sora y Taichi consiguieron alcanzarlo agarrándolo cada uno de un brazo. –Yamato, no es un fantasma. –le dijo Taichi. –No te preocupes. Nosotros también podemos verla. –le aseguró Sora. –¿Qué? –preguntó Yamato girándose. Allí estaba. Ya sin capucha y sonriente. Ken la agarraba de los hombros. –Estaba viva. –le dijo Ken. –¿Cómo que estaba vivía? –preguntó Yamato. –Es una larga historia, pero fue un experimento de Ken. –confesó Taichi. –Más que un experimento, fue una plegaria. –rectificó Sora. –Exacto, una plegaria. –dijo Taichi. –Intentaba evitar que Hikari se suicidara mostrándole tu dolor. –confesó Ken. –No puedo disculparme lo suficiente contigo. –¿Qué pasa con su cumpleaños? –preguntó Yamato. –Todavía no ha llegado. –dijo él. Yamato empezó a marearse y se sentó en el poyo del vestíbulo para evitar caer. El rubio, con la cabeza baja se llevó una mano a la frente. No podía creer lo que le habían hecho pasar. –Ahora que ha visto tu dolor, se le hizo difícil aparecer otra vez. –dijo Jou. –Su idea era aparecer ante ti en una situación alegre. –dijo Sora. –Sí. Así están las cosas. Así que hagamos un brindis. –propuso Jou llevando la bandeja llena de latas de cerveza. –Sí, es un momento de celebración. –dijo Sora dispuesta a repartirlas. –Hikari, tú aún no tienes la edad legal para beber alcohol, así que para ti hay zumo de naranja. –dijo Taichi. –Toma, Yamato. –dijo Sora pasándole una lata. La cogió y la tiró cabreado al suelo. –¡A la mierda! –gritó él levantándose. –Me temía esto. –dijeron Taichi y Sora a coro. Ambos se temían que la estrategia para contarle la verdad al fotógrafo les saldría mal en cuanto la joven apareciera. Yamato se dirigió hacia Hikari cogiéndola del cuello. –¿Me estás vacilando? ¿Piensas que es una broma? ¡Te mataré! –Yamato consiguió tirarla al suelo mientras la seguía agarrando del cuello, mientras Taichi y Ken agarraron a Yamato intentando detenerlo. –¡Yamato, para! –gritó Taichi. Por fin consiguieron separarlo de Hikari. –¡Yo soy el malo!¡Enfádate conmigo, no con ella! –exclamó Ken de rodillas mientras Hikari intentaba recuperar la respiración. Yamato se derrumbó. Las lágrimas se le asomaban por los ojos mientras que lanzó una mirada furiosa a Hikari. Se zafó del agarre de Taichi y se metió en su apartamento dando un portazo. –¡Yamato! –lo llamaron Taichi y Sora. Cuando Yamato desapareció, todos miraron a Hikari, que empezó a llorar.***
–¿Qué va a pasar con ellos? –preguntó Jou. Con todo lo que había pasado, era evidente que la fiesta había terminado. No obstante, Jou entró con Taichi en su apartamento para charlar en el balcón un rato. –No lo sé, pero todo depende de Yamato. –dijo Taichi. –¿Y cómo va lo tuyo? –Por ahora nos estamos moviendo en secreto. –dijo Jou. –Eres un profesional en eso. –dijo Taichi. –Pero hacer ese tipo de cosas no me convence. El factor sorpresa es importante. –dijo Jou. –Tú también tienes que mostrar tu lado brillante. –le dijo Taichi. –¿Es porque dije todo aquello? –preguntó Jou. –Lo he explicado muchas veces. No tiene nada que ver con eso. Pero te diré una cosa, Jou. Te lo pedí porque eras tú. Porque eres mi mejor amigo. –dijo Taichi. –Taichi. –dijo Jou emocionándose. –No llores. Somos los “Persis”. –dijo Jou para animarlo, aunque en teoría debería ser Jou el que animara a Taichi.***
El día de la boda llegó. La celebrarían en una iglesia. A pesar de ser japoneses y de que los novios no tenían convicciones religiosas, a Mimí siempre le hizo ilusión tener una ceremonia al estilo occidental. Los bancos de la parroquia los ocupaban los familiares de los novios y los amigos más cercanos. –¿Dónde está Hikari? –preguntó Miyako, que estaba sentada junto a Ken. –La invitaron a venir, pero no lo consideró lo más apropiado tal y como están las cosas. –dijo Ken. –Entiendo. Sora y Yamato estaban en el banco de detrás. –Jou tampoco ha venido. –dijo Yamato. Lo cierto era que con su estado de ánimo tampoco tenía muchas ganas de celebraciones, pero Mimí no tenía culpa de todo lo que había pasado como para no ir. –No he podido ponerme en contacto con él durante estos días. –le dijo Sora. –Le he estado enviando mensajes, pero no ha habido manera de que me contestara. El órgano comenzó a sonar, indicando así a los invitados de que la novia estaría a punto de entrar. Todos se pusieron en pie y miraron hacia atrás para ver cómo la novia se dirigía hacia el altar. –Vaya, estoy emocionadísima. Mimí va a casarse. –dijo Sora. Cuando se abrió la puerta, Mimí, vestida toda de blanco y del brazo de su padre se dirigía hacia el altar, donde la esperaba el novio, también vestido de blanco. Cuando Mimí pasó por su lado y volvieron la mirada, se dieron cuenta de que el novio debía de haber aparecido mientras estaban embelesados mirando a la novia. –¿Qué? –preguntó Sora. –¿Jou? –¿Qué está pasando? –preguntó Yamato, al ver que el novio era Jou, y no Taichi como todos esperaban. –Para ser una broma… –Luego os lo explicamos. –dijo Miyako mirando hacia atrás. –Suerte de que la boda ya estaba planeada, pese a los cambios de última hora. Cuando llegaron al altar y el padre de Mimí entregó la mano de su hija a Jou, se sonrieron mutuamente. –Dime que es mentira…–dijo Yamato. –Joe. –finalizó Sora.***
Mientras tanto, Taichi cogió a la perrita, que jugaba a la pelota. Se giró y le echó un último vistazo al que hasta ahora había sido su apartamento. Pero estaba muy diferente, porque no había ni un solo mueble. Estaba completamente vacío. –Vamos. –le dijo a la perrita.***
Pese a los nervios de los novios, la ceremonia tuvo lugar sin contratiempos. A continuación, tendría lugar la celebración. Los invitados, desde sus mesas redondas aplaudían a los novios mientras accedían al salón. –Así que, la persona que le gustaba a Mimí era Jou. –dijo Sora cuando les explicaron todo. –Pero ¿cómo han conseguido hacer todo esto en el último instante? –preguntó Yamato. –Yo soy la razón principal, aunque hemos aprovechado todos los preparativos que había de antes. Pero le propuse algo a Taichi. –dijo Miyako. –¿Algo? –preguntó Yamato sin comprender. –Sobre presentarse a las próximas elecciones. –dijo Miyako. –¿Qué quieres decir? –preguntó sin comprender. –Se refiere a convertirlo en político. –aclaró Ken. –¿Taichi, político? –preguntó Yamato. –¿Es extraño? Tiene un gran sentido de la justicia y el deseo de ayudar a los más débiles. Tanto, que ni siquiera es capaz de dejar a un perrito de la perrera. –dijo Ken. –Pero…–comenzó a decir Sora, siendo interrumpida por Miyako. –Claro que no cree que esto vaya a ser fácil. –dijo Miyako. –Pero es un trabajo que le va a hacer brillar. –finalizó Ken. –Es lo que pensó. –Entonces, ¿fue Taichi quien sugirió la idea de romper? –preguntó Sora. –No lo sé. –dijo Ken mientras miraban a la mesa principal desde la que los novios saludaban a sus invitados con una inclinación. Mimí, desde la mesa de los novios, no pudo evitar recordar cómo se había desarrollado todo en tan poco tiempo. Todavía le dolía un poco. Taichi había sido su novio durante muchos años y que ahora se hubiera casado con Jou no quería decir que no le tuviera cariño al castaño. Flashback –Te puedes reír. Un segundón como yo aspirando a ser político. –le dijo Taichi a Mimí la última vez que quedaron en la cafetería a la que solían ir a merendar. –Pero Miyako me dijo que la gente que conoce el dolor deberían ser los que están al frente. Evidentemente, al principio me negué. Pensé que se estaba riendo de mí otra vez, pero le estuve dando vueltas a la idea desde entonces. –¿Dejarás tu trabajo? –preguntó Mimí. –Si puedo, quiero dejarlo. –dijo él. –Quiero intentarlo. No se trata de ser elegido. Yo sólo… –¿Quieres posponer la boda? –preguntó Mimí. –Sí. Lo haré así si aceptas. –dijo Taichi. Más tarde, cuando Taichi la llevó a su casa, Mimí decidió algo antes de salir del coche. –Rompamos. –sugirió Mimí. –Mimí. –Es lo que en realidad querías decir, ¿verdad? –preguntó Mimí. –No quieres medias tintas. Yo no quería reírme de ti. Ni tampoco quería enfadarme. Puedo decirlo con sólo mirarte a los ojos. Pero parece que esta vez va en serio. No sé nada sobre política, pero te apoyaré. –¿Lo dices en serio? –Pero a partir de ahora, como amiga. –dijo Mimí. Por eso llegó tan apagado a su apartamento aquel día que subió con Sora en el ascensor. Al igual que Mimí, él también le guardaba mucho cariño a la que había sido su novia durante tantos años. Fin del flashback. –No hacía falta que rompiera con él. –comentó Sora. –Si no lo consiguiera, podrían volver a estar juntos. –Me dijo que lucharía hasta salir elegido. –dijo Miyako. –Menudo idiota. –dijo Sora. –En realidad, Taichi tiene un gran sentido de la responsabilidad. –dijo Ken. –Por eso, cuando tiene a alguien a quien siente que debe proteger, nunca asume riesgos. –Si está solo, irá tan lejos como pueda. –dijo Yamato comprendiendo. –Ella sabía desde el principio que él es de esa clase. –dijo Miyako. –Por eso fue doloroso verle reprimirse por ella. Sora miró a los novios, que estaban partiendo una enorme tarta con una espada mientras un montón de flashes de fotos de invitados los deslumbraban. Los dos parecían muy felices y de vez en cuando se miraban cómplices. Flashback. –No te preocupes por mí. Mi familia se sorprenderá, pero no es nuevo para mí. –dijo Mimí ante la preocupación de Taichi una vez fuera del coche. Tras dar unos pasos, se volvió y se despidió con la mano y con una cálida sonrisa. Pero al verla que se emocionaba, Taichi se acercó a ella y le dio un abrazo con el que le decía muchas cosas: que siempre estaría ahí para ella, que le guardaba mucho cariño, que fue muy feliz con ella, agradecimiento y que fuera feliz el resto de su vida. –Lo siento. No es que esté triste. Bueno, estoy triste, pero está mezclado con felicidad, es un sentimiento extraño. Mi primer amor y mi primer corazón roto. Todo tú, Taichi. –Es todo gracias a ti. –dijo Taichi sin romper el abrazo. –Si no fuera por ti, me hubiese rendido, volviéndome un aburrido. Y me hubiese hecho mayor con este nubarrón en mi interior. Habría estado siempre diciéndome a mí mismo que así es la vida. –Taichi, tienes que seguir brillando. –dijo Mimí rompiendo el abrazo. De su cara le corrían las lágrimas, pero al mismo tiempo estaba sonriendo. –Sí. Sin embargo, quizás llegue un momento en el que me arrepienta de todo esto. –dijo Taichi limpiándole una lágrima a Mimí. –Soy un idiota por dejar ir a una chica así. Ella sólo sonrió y con su mano, le dio un golpe en el pecho. Fin del flashback. Una vez que partieron la tarta, el hermano de Mimí, actuando como representante de la familia de la novia se dirigió a los invitados. –El error de la invitación con el nombre del novio es un simple error de imprenta. –debido a que todo se había dado de forma muy apresurada, no les dio tiempo a cambiar las invitaciones, por lo que aparecía el nombre de Taichi Yagami. –Me gustaría presentaros a Jou Kido, que desde ahora, pasa a ser mi hermano. Cuando la gente empezó a aplaudir, Jou se levantó para agradecerlo, seguido de Mimí. –Esto es inaudito. ¿Cómo ha permitido esto su familia? –preguntó Yamato. –No tenían elección. –dijo Miyako. –Jou todavía es muy joven, pero es un gran empresario. Es también nuestro principal accionista. –dijo el hermano de Mimí. Con aquello, la duda de Yamato quedó resuelta. Flashback. –¿Una fusión y adquisición en tan poco tiempo? –preguntó el hermano de Mimí levantándose en una sala con todos los grandes ejecutivos de la empresa. –Fue muy diplomático. Posiblemente usan muchas “compañías de papel”, es decir capta préstamos o hace transferencias entre empresas de un mismo grupo. –dijo uno de los accionistas. –¿Dónde está el mérito? –preguntó el hermano de Mimí enfadado dirigiéndose al ejecutivo que había hablado, mientras Taichi permanecía inmóvil. –¿Quién compraría parte de nuestra empresa en época de crisis? –Sólo la “Corporación Persis”. –dijo el accionista. –¿Persis? –preguntó el director ejecutivo. Nunca había oído hablar de esa corporación. Entonces, se abrió la puerta por la que entró Jou, seguido de dos empleados. –Soy el representante de la Corporación Persis, Jou Kido. Fin del flashback. –En la siguiente reunión de accionistas, sugirió una revisión completa de la junta. Bueno, más bien los amenazó. –explicó Miyako. –Para conservar la junta actual, exigió la mano de Mimí en matrimonio. –dijo Ken, mientras miraban cómo algunas amigas de la novia le sacaban algunas fotos. –Vaya. –dijo Yamato sorprendido. Flashback. –No puedo creer que hicieras algo así. –dijo Mimí. –Lo siento. –dijo Jou disculpándose, mientras sostenía su inseparable maletín. –Mi padre vive para esta compañía. Por primera vez en la vida me ha suplicado. –dijo Mimí, que citó a Jou para reprocharle su forma de actuar. –¿Qué significa esto? –Verás, Taichi me pidió que lo hiciera. –dijo Jou, mientras que Taichi escuchaba escondido. –¿Cómo? –Me dijo que tú estabas de acuerdo y me sugirió girar la situación a nuestro favor, como en un sueño. –dijo Jou. –¿Cómo en un sueño?¿Qué estás diciendo? ¡No juegues con mi matrimonio! Los dos sois despreciables. –dijo Mimí marchándose enfadada. –¡Pero ya te lo dije!¡No abandonaré tu corazón! –exclamó Jou, haciendo que Mimí se detuviera. –¡Te quiero! ¡Ya te dije que a veces, el amor es egoísta! –Pero es injusto que uses tu dinero de esta manera. –dijo Mimí volviéndose para mirarlo. –Es inmoral. –No tenía intención de usar mi dinero para obligarte a estar conmigo. –dijo Jou acercándose de nuevo a Mimí. –¿Qué? No tenía más opción que llegar a un acuerdo. –le reprochó Mimí. –Un matrimonio concertado hoy en día. ¿En qué cabeza cabe? –No voy a tocarte. –dijo Jou. –¿Qué? –Aunque nos casemos, no tengo intención de tocarte ni un pelo. Una vez que esto se solucione, podremos divorciarnos. –¿Por qué tú…? –Aprendí de Miyako que el amor y el sexo son cosas diferentes. –dijo Jou. –Saldrías perdiendo con el divorcio. –dijo Mimí, provocando una sonrisa en Jou. –La compañía de tu padre es de primera clase. Soy muy racional con mi trabajo. No perderé nada. –dijo él. –¿Estás seguro de eso? –Sí. –¿Aunque estuviera desnuda? –preguntó Mimí. –Te diría que te cubrieras o cogerías un resfriado. –dijo Jou, rememorando lo que le dijo una vez a Taichi cuando estaban en pleno “Love Shuffle” y a él le tocaba con ella. –Eres muy distinto de Taichi. Tan tonto… –Después de todo, somos los “Persis”. –dijo Jou, provocando también una sonrisa en Tacihi, que seguía escondido. –Gracias. –dijo Mimí llorosa. –¿Qué? –preguntó Ken sin esperarse que ella le diera las gracias después de todo lo que había manipulado. –En realidad, estaba muy asustada por estar sola. Estaba muy sola. –dijo Mimí. Jou no sabía cómo actuar al tener a Mimí en ese estado. Así que, Taichi apareció por detrás y le hizo una señal para que la abrazara. –Esto es como si rompiera mi propia promesa demasiado pronto pero…–sin decir nada más, la abrazó. –Te quiero. –Yo también…puedo quererte. –dijo Mimí cubriéndolo también con sus brazos. Al ver el abrazo, Taichi supo que ya no tenía nada que hacer allí, así que se marchó mirando el colgante de móvil. –Persis. –dijo él. Fin del flashback. –¿Ardiente amistad de los “Persis”? –dijo Sora. –¿Por qué no nos lo contasteis? –preguntó Yamato. –Tú tenías tus problemas con Hikari. –dijo Ken, a lo que Yamato reaccionó con una mueca sólo de recordarlo. –¿Y yo? –preguntó Sora. –Porque te habrías reído de él. –dijo Ken. –¡Claro que me habría reído! ¿Taichi como político? Es tan divertido que podría llorar. –dijo Sora. –Me pregunto qué estará haciendo ahora. –dijo Yamato. –Está cerca. –respondió Miyako. –¿Qué? –preguntaron Sora y Yamato a coro. –Muy cerca, de hecho. –dijo Ken volviendo la mirada. Los demás la dirigieron a la misma dirección. Allí, cerca de la puerta, estaba Taichi medio escondido oculto con una gorra mientras grababa la celebración.***
Yamato le hacía las fotos de campaña a Taichi mientras le indicaba la actitud que debía tomar frente a la cámara. –¿Quién iba a pensar que mi último trabajo sería tu póster electoral? –dijo Yamato mientras le echaba fotos a Taichi. –¿Último trabajo? –No es que no esté inspirado, pero estoy pensando en volver a la guerra. –dijo el fotógrafo. –He hecho suficientes fotos de mujeres para el resto de mi vida. –No mueras. –le pidió Taichi. –Tú tampoco. –le respondió Yamato, sin saber qué guerra sería más tranquila, la guerra como tal o la guerra política. –¡Yeee, panda! –dijeron los dos chocándose las manos. –¡Qué idiotas! Míralos, actuando amistosamente y todo eso. –dijo Sora con los brazos cruzados, que había estado viendo la sesión de fotos. –¿Eres consciente de que te vas a presentar a unas elecciones que nunca ganarás? ¿Y que tú te vas a una guerra inútil que no cambiará nada? –No digas eso. –dijo Yamato sentándose a su ordenador para pasar las fotos. –Yamato, de ti lo comprendo dadas las circunstancias, pero tú, Taichi, estás loco de verdad. –dijo Sora. –Ya lo sé. –admitió él, lo cual enfureció a Sora todavía más. –¡No lo sabes!¡Tentado por Miyako has perdido a Mimí, tu trabajo y tu estilo de vida! Cualquiera puede ver lo idiota que es esta idea. –Va, déjalo. Lo hecho, hecho está. –intervino Yamato. –Vamos a apoyarle. –¿Estás de broma? ¡Nunca te apoyaré! –dijo Sora marchándose airada. –¿Por qué está enfadada? –preguntó Taichi sin comprender los humos que se traía la pelirroja. –Puedo entenderla. –dijo Yamato volviendo a centrarse en las fotos del ordenador. –A lo mejor las cosas no le van bien con Izumi. –aventuró Taichi. –Te equivocas. Es porque les va bien. –dijo Yamato. –¿Qué?***
–Está progresando adecuadamente. –le dijo Koushiro Izumi a Miyako mientras veía la ecografía que le estaba haciendo. Entonces giró el monitor para que Miyako, que estaba acostada en la camilla pudiera apreciarlo. –Mira, la parte circular de en medio es la cabeza. ¿Puedes verla? Miyako sonrió.***
–El candidato del Partido Kyo-min, Yuya Kamijo. El siguiente es Taichi Yagami, veintinueve años, independiente. Son sus primeras elecciones nacionales. Es su presentación en el mundo de la política. Dependerá de lo bien que se gane a los votantes independientes. –decía el presentador de informativos mientras iba enumerando los candidatos a las elecciones. A Taichi se le hacía un poco raro ver su cara en el informativo. Estaba esperando en la sala de espera del hospital a que Miyako saliera del ginecólogo. Cuando giró la cabeza, la vio acercarse junto al médico, por lo que se levantó para recibirla. –¿Cómo ha ido? –preguntó Taichi. –El bebé se está desarrollando correctamente. –respondió Miyako. –Exacto. –confirmó él. –Estoy tranquila, ya que eres compañero de Ken. –dijo Miyako. –Este es el doctor Izumi. –Hola. –saludó Koushiro. Lo que Taichi no se esperaba era que el ginecólogo que estaba llevando el embarazo de Miyako fuera el novio de Sora. –Sora. –dijo Taichi, al ser lo primero que se le vino a la cabeza cuando Miyako lo presentó. –¿Qué? –dijo Koushiro. –¿Lo conoces? –preguntó Miyako. –Entonces, ¿tú eres Taichi Yagami? –preguntó Koushiro, empezando a comprender. –¿Tú eres Koushiro Izumi? –preguntó Taichi. Koushiro le tendió la mano, que Taichi aceptó.***
Hikari caminaba por un pasillo del combini con una cesta en la que había echado pocos productos. Entonces, se detuvo en la estantería en la que había artículos de papelería, más concretamente, los cúter. Quedaban cinco minutos para las doce. Finalmente, se decidió y lo compró. –¡Eh! –escuchó Hikari. Mientras salía a toda prisa del combini. Allí, apoyado en su coche estaba Yamato. Al verlo, se giró y echó a correr. –¿Por qué escapas? ¡Espera! Yamato echó a correr tras ella. Cuando llegó a la acera de un puente, Hikari tropezó y cayó al suelo, saliéndose el cúter precintado de la bolsita. Ella estiró el brazo y lo cogió, pero Yamato la alcanzó y se lo arrebató de la mano. –En serio, no puedo bajar la guardia ni un momento. Te confisco esto. –dijo Yamato metiéndose el cortador al bolsillo del abrigo mientras Hikari se levantaba, pero parecía que se había hecho daño en el tobillo y se quedó apoyada en la baranda. Yamato se acuclilló junto a ella. –Hoy es tu verdadero cumpleaños. Ken me lo dijo. ¿Cuándo viste a Tánatos por primera vez?¿Desde que naciste? Pero ella no contestaba. Yamato la cogió de la mano y le subió la manga para ver su muñeca. Parecía que había cumplido su promesa y no había intentado nada hasta su cumpleaños, porque no le vio ninguna marca. –¿Daba miedo? Seguro que sí. –dijo él acariciando y apretando su mano de manera reconfortante. Hikari lo miró. Estaba sorprendida de que no mostrara su enfado con ella. La última vez que lo vio él estaba enfurecido y fuera de sí. Tanto que si el doctor y Taichi no lo llegan a detener, sí se habría reunido con Tánatos, pero porque él la habría matado al perder el control. Por lo visto él había necesitado odiarla durante unos días. Jamás creyó que lo volvería a ver. –Aunque se lo hubieras contado a alguien, nadie te hubiera creído. Al contrario, la gente habría pensado que estabas loca. Sola en este mundo. Te sentiste como un ser diferente. Empezaste a sentirte incómoda con la gente. Suena extraño, pero empezaste a sentir que Tánatos era el único con el que te podías relacionar. Si lo conocías mejor, no te importaría morir. No, quieres morir. Sería mejor que estar sola. –dijo Yamato con la mirada perdida. Entonces se miró el reloj. –Bien ya pasa de la medianoche. Yamato se adelantó un poquito todavía de cuclillas. –Vamos, sube. –dijo él. –¿Me crees? –preguntó Hikari. –Sí. Yo también puedo ver a Tánatos. En mi interior ya estás muerta. Así ya no estarás sola nunca más. –dijo él mientras que a Hikari se le aguaban los ojos. –Si eres un monstruo, entonces yo también. Te protegeré para siempre… Hikari, con lágrimas en los ojos, se abrazó por su espalda. Él se incorporó y se la llevó a cuestas.***
Sora se dirigía al lugar donde Taichi había establecido la sede de su candidatura independiente a las elecciones. Era una caseta prefabricada dentro del puerto lo suficientemente grande como para establecer allí su cuartel general. Una serie de voluntarios trabajaban en la campaña de Taichi pegando carteles y promocionando su candidatura a voz en grito. –¡Por favor, apoye a Taichi Yagami! –exclamaban voluntarios moviéndose en bicicleta con algunas banderas y una chaqueta roja con el logotipo de la candidatura de Taichi. Salían del lugar para promocionar al castaño por los barrios colindantes. –¡Sora! –dijo Jou al ver a Sora allí parada sin decidirse a entrar. –Jou. –ambos entraron juntos. Sora se fue directamente a saludar a la perrita. –Nos vamos. –dijeron algunos voluntarios cargando con paquetes de propaganda electoral para ir repartiendo por ahí. –¡Hasta luego! –se despidieron las voluntarias que se quedaban trabajando en la sede. –¿De dónde ha salido toda esta gente? –preguntó Sora. –Son los moteros. ¿Los recuerdas? Quisieron ayudar con la campaña en cuanto se enteraron que Taichi se presentaba y se prestaron voluntarios. –dijo Jou mientras le preparaba un café a Sora. –Como para olvidarlos. –dijo Sora sentándose mientras Jou le ponía el café en una mesita. Al principio no empezaron con muy buen pie con Taichi, pero finalmente acabó siendo una anécdota y terminaron siendo amigos. –Mimí también vendrá después. Estaba haciendo onigiris para todos. –dijo Jou. –¿Estáis recién casados y os dedicáis a esto? –Todos le estamos ayudando. ¿No crees que realmente sería genial que Taichi se convirtiera en político? –Nunca lo será. –dijo Sora. –¿Eso crees? Pues yo creo que la gente como él es la que debería estar al frente de todo. –dijo Jou. –Ser inteligente o tener estudios no debería ser el criterio imperante, sino alguien que realmente pueda empatizar con los débiles sin hacer teatro. Tras decir eso, Sora miró a la perrita. Esa era la prueba viviente de lo que le estaba diciendo Jou. Quizás si Taichi no tuviera esa capacidad de empatizar, la perrita de carita adorable no estaría con ellos y habría corrido un destino demasiado cruel.***
Tal y como era común en las campañas electorales japonesas, los candidatos solían plantarse en zonas concurridas, como en entradas de estaciones para pregonar su programa electoral y darse a conocer. Taichi no iba a ser menos. Hasta el punto que lo hacía incluso debajo de la lluvia. –¡El porcentaje de desempleo está aumentando rápidamente al 5%!¡Los altos cargos del sector público que acumularon tanta riqueza todavía ganan mucho en el sector privado! ¡Por otro lado, no hay puestos de trabajo para los jóvenes! ¡¿No creéis que está mal?!¡En este momento, Japón se está convirtiendo en un país que sólo piensa en eliminar las cosas que no son esenciales!¡En ese caso, ¿yo no soy esencial?!¡¿Vosotros no sois esenciales?!¡Yo creo que no hay ni una sola persona en este país que no sea esencial!¡Me gustaría crear un país donde los niños puedan soñar! Sora, bajo un paraguas, miraba a Taichi desde la distancia, siendo ignorado por los transeúntes.***
–Un brindis por la reunión. –dijo Ken con su copa en alto. –¡Kampai! –brindaron todos. Estaban en otra fiesta de pijamas en el vestíbulo. Taichi sí estaba vestido puesto que ya no vivía allí. –¿Por qué estás aquí? –preguntó Sora sentada en el poyo. –¿No puedo unirme de vez en cuando? –preguntó Taichi sorprendido por la hostilidad de su antigua vecina. –¿No te haces amiga de los pobres? –Nadie te presta atención. Ni aquí ni delante de la estación de tren, por mucho que Jou te financie la campaña. –dijo Sora volviendo a la mesa baja. –¿Me viste? –Era tan penoso que no podía soportar verte. –dijo Sora. –Venga, va. Es la fiesta de despedida de Yamato. –dijo Ken intentando poner paz. –Es verdad. –dijo Taichi. –Está bien. –dijo Sora. –Tengo que pediros un favor a todos. –dijo Yamato, que había estado callado hasta ahora. –Cuando me vaya, ¿podéis vigilar a Hikari de vez en cuando? –¿Por qué?¿No te la llevas contigo? –preguntó Taichi. –¿A la guerra? –Oh, claro. –dijo Taichi. –Claro. Parece que ha vuelto felizmente a casa. –dijo Ken. –No te preocupes. Déjanoslo a nosotros. –dijo Sora. –Gracias. –agradeció Yamato. –Entonces, ¿no hay novedades? –¿Novedades? –preguntó Taichi. –Algo que queráis decirme, o confesarme vuestro amor antes de que me vaya. –aclaró Yamato. –Lo siento, pero no. –dijo Sora riendo por la ocurrencia. –¿Y tú, Ken? –¿Qué? –preguntó éste algo distraído con el vino. –Oye…–le dijo Taichi a Sora por lo bajo. –Yo no le he dicho nada. –dijo Sora. –Si habláis tan alto puedo escucharos aunque no quiera. –dijo Yamato, que parecía que sabía algo de antes. –Lo sentimos. –dijeron los dos a la vez. –Aunque te parezcas a él... –empezó a decir Ken. –Ken, no nos engañemos. Para mí, aunque seas gay o bisexual, no creo que sea horrible. Nunca pensaría eso. –dijo Yamato. –¡Bien! –celebró Taichi aplaudiendo. –Shhh. –lo mandó callar Sora. –Yamato. –¿Qué? –Si no te parece horrible, ¿puedo pedirte un favor? Quiero que digas que me perdonas. Cuando Takeru se sintió atraído por una mujer, dije muchas cosas hirientes, muchas palabras horribles. Quizá fue por eso que prefirió morir. Me daba mucho miedo estar solo. –le pidió Ken. –Yo…, en realidad no hay nada que perdonar, porque te quería desde el fondo de mi corazón. –dijo Yamato. –¿Yamato quería a Ken? –preguntó Taichi por lo bajo. –Está actuando. Takeru era un inteligente estudiante de medicina y Yamato se está haciendo pasar por él. Se parecía tanto a él que Ken le está pidiendo a Yamato que lo perdone por Takeru. –le explicó Sora susurrando. Cuando Yamato le dijo aquellas palabras, Ken rompió a llorar. Era una mezcla de emoción y felicidad por sentirse perdonado por su antiguo amor. Ese había sido el perdón de Takeru, pero Yamato también lo perdonó por haber contribuido a romperlo al fingir la muerte de Hikari. Mientras lloraba, Yamato le pasó una mano de consuelo por el hombro, al que también se unió Sora y Taichi.***
Al día siguiente, Taichi seguía con su campaña. Taichi trabajaba sin descanso en ella. Igual daba discursos en mitad de las plazas y entradas de estaciones, que se mezclaba con la gente en calles comerciales para presentarse a los votantes. Pero también seleccionaba noticias de periódicos para ver cómo enfocar sus discursos. Generalmente estaba acompañado de los voluntarios, pero cuando llegaba la noche, él continuaba trabajando con la única compañía de su perrita. Taichi se dio cuenta de que estaba prácticamente viviendo en la sede de campaña. Cuando cogió un vaso de papel para tomar un poco de café, sonrió al rememorar aquel día en el que conoció a sus antiguos vecinos en el ascensor. Ya prácticamente no quedaba nada de aquel Taichi desesperado porque su novia hubiera cancelado la boda.***
Sora continuó con sus citas con Koushiro. Por fin, decidió dar un paso y después de una cena, comenzó a acercar distancias para besarla con la ciudad de Tokio iluminada como única testigo.***
Ken acompañó a Miyako al hospital. –En otoño, nuestro bebé también estará aquí. –dijo Miyako mirando el nido a través del cristal, donde una serie de bebés recién nacidos dormían tranquilamente. –¿Qué le vas a decir cuando crezca? –le preguntó Ken. –¿Qué tiene cuatro padres? –Sólo tiene un padre. –dijo Miyako. –¿Vas a hacer una prueba de ADN? –No tengo que hacerlo. Haciendo cuentas no puede ser de Yamato. Taichi estaba borracho y se quedó dormido, por eso no recuerda nada; Jou es demasiado sensible. –dijo ella riendo al acordarse de Jou. Entonces lo miró. –Es tuyo. –Yo soy…–empezó a decir Ken sin palabras. Se había hecho a la idea a ser un cuarto de padre, pero no los cuatro cuartos. –No te preocupes. No tienes por qué reconocerlo como tuyo si no quieres. Pero supongo que ya no podrás decir que estás solo. –dijo Miyako. –Gracias. –dijo Ken. –A decir verdad, quería participar al menos una vez en mi vida. –dijo Ken. –¿En las reuniones escolares? –preguntó Miyako. –Sí. –dijo él sonriendo. Ambos siguieron mirando el nido, pero esta vez, cogidos de la mano.***
Yamato caminaba por el aeropuerto con un bolso de viaje colgado a la espalda y una maleta, cuando vio a Hikari allí parada. Llevaba puesta su pulsera de tobillo con el cascabel que él mismo le regaló en su falso cumpleaños. –¿Qué haces aquí? ¿Quién te dijo…?–preguntó Yamato. Pero ella simplemente sacó el peluche del panda tuerto mientras lo abrazaba con un brazo. –Taichi. Bueno, no me importaría una despedida. –Pero entonces ella sacó su pasaporte con un billete de avión. –Oye, no me vaciles. ¿Sabes adónde voy? –Solo puedo morir por suicidio. Así que esquivaré cualquier bala. –dijo ella. –Si estoy contigo, no morirás. Yamato dejó su maleta en el suelo. –Bueno, a veces soy un tonto. –la cogió de la mano y la hizo subir en la maleta para ponerla a su altura. –Así que supongo que tenemos buena química. –Yeee, panda. –Yamato acortó distancias y la besó en los labios en medio de la terminal. Tras el beso, se abrazaron.***
Esta vez, Taichi se situó en una plaza que era una zona de paso de un barrio lleno de edificios de oficinas por la que transcurrían miles de trabajadores cada día. Alrededor de él, había varios voluntarios repartiendo propaganda electoral. –¡Me llamo Taichi Yagami y es para mí un placer presentarme en las elecciones por el tercer distrito de Tokio!¡Entiendo perfectamente que es inaudito que una persona como yo, que no tiene experiencia política se presente a las elecciones nacionales!***
–¿Qué pasa? –le preguntó Koushiro a un distraída Sora que no hacía más que remover el contenido de su taza. –Últimamente no te veo muy feliz. –Soy muy injusta. Es como si estuviese esperándote para soltarlo. –No puedo ignorarlo. Soy atrevido, pero también bastante susceptible. –dijo Koushiro. –Tienes razón. Eres genial. Cuando estoy contigo me siento tranquila. –En ese caso… –Koushiro se vio interrumpido por Sora. –Pero, sé que algún día me molestará. Me doy cuenta de ello. Estoy buscando algo diferente. Quiero algo de lo que presumir. –¿Presumir? –Una persona que me haga sentir que sería inútil sin mí. Necesito una persona con defectos. Yo tengo muchos defectos, así me sentiría tranquila a su lado. Ese es el tipo de tranquilidad que estoy buscando. –Yo tampoco soy perfecto. –Pero vas paso a paso, y eres fuerte. Si hay un objetivo, avanzas constantemente. –¿Y él no es así? –preguntó Koushiro, intuyendo en quién estaba pensando Sora. –No sé si lo que siento es cariño. Y tampoco sé si él siente algo por mí. Pero no tiene nada que ver con esto. –dijo Sora. –Lo siento, Koushiro. –Me alegro de que seas sincera. –Una liebre estúpida que se queda dormida cuando piensa que va bien. –dijo Sora recordando que Taichi le dijo que su relación con Koushiro era como la de la liebre y la tortuga. En ese caso, Koushiro representaba a la tortuga, que en el cuento gana, pero Sora no estaba segura de querer estar con la “tortuga”. –Quiero darle una patada en el culo a esa liebre y decirle “despierta y corre”.***
Poco a poco, los transeúntes de la plaza se iban acercando a donde Taichi estaba dando su discurso. Se había dado cuenta de que cuando empezaba a decir datos y a decir lo que estaba mal la gente no le hacía ni caso. Fue cuando empezó a ser sincero con él mismo y a decir cosas sin grandes pretensiones cuando la gente empezó a rodearle. –¡No soy inteligente!¡Por eso no tengo ningún plan astuto!¡Sólo puedo desear haceros felices a todos!¡Hay un montón de gente que se reirá de mí!¡A mí, que me costó graduarme en una universidad de segunda!¡Pero quiero vivir una vida honesta!¡No quiero apartar la mirada de la gente que está sufriendo o de los cachorros que son abandonados!¡Sólo hace un momento vi en las noticias a gente que se muere de hambre en África, o a los refugiados de guerra!¡No me gustan esas historias!¡Por eso hace que me dé cuenta de lo inactivo que soy! –¿Qué es esto? –preguntó Sora al acceder a la plaza llena de gente rodeando a Taichi. Había dejado a Koushiro y había ido hacia allí corriendo. Sabía que estaría allí, pero no esperaba encontrar a la gente escuchando activamente. –¡Sin embargo, quiero seguir adelante, paso a paso!¡Por pequeño que sea este paso!¡Por ejemplo, las asociaciones que ayudan a las personas sin hogar, o Médicos sin Fronteras que deben trabajar en lugares remotos del mundo y en condiciones deplorables!¡Esas personas que viven por otros y luchan por los débiles, esas son las personas que al final salvarán al mundo!¡No, ya han salvado al mundo! –Sora. –dijo Jou acercándose con Mimí. –¿Quién es toda esta gente? –preguntó ella. –Es el logro de Taichi. –dijo Mimí sonriendo. –Cuando se lo toma en serio, es genial. No es basura de segunda. –¡No tenemos ningún recurso natural!¡Somos un país insular que depende mayoritariamente de las importaciones!¡Hace tiempo éramos la tierra dorada!¡Ese nombre no hace referencia a los recursos naturales!¡Se refería a la gente que vivía en ella, al corazón de oro de su interior!¡Apuntando a sus brillantes corazones…! –entonces se dio cuenta que Sora estaba entre el público. –Yeee, panda. ¡El país con el corazón de oro eres tú! –exclamó Taichi señalando a Sora. Ella se señaló así misma. –¡Japan-da! –exclamó ella alzando un brazo en cuanto se recuperó de la sorpresa. –¡Japan-da! –exclamó Taichi. –¡Japan-da! –exclamaron Mimí y Jou, alzando también sus brazos. –¡Japan-da! –volvió a repetir Taichi. Aquello contagió el ánimo de todos, que gritaron aquel peculiar grito de guerra que mezclaba el nombre del país en inglés con un panda, tan significativo para ellos. Aunque la gente no tenía ni idea de dónde venía aquello del panda, les pareció divertido y lo secundaron para romper en un gran aplauso. Taichi había conseguido meterse a todos en el bolsillo. –¡Muchas gracias!¡Un panda para el zoo de Ueno!¡Taichi Yagami para el Parlamento! Tras aquel emocionante discurso, Sora llevó a Taichi en su Seat 600 rojo hasta la sede. Ya había anochecido y había terminado la campaña por aquel día. –No deberías haberme señalado así. –dijo Sora. –Lo siento. Cuando vi tu cara no pude evitarlo. –Debo reconocer que me has impresionado. –Había muchos ojeadores casuales, así que no todo el mundo votará por mí. –dijo Taichi quitándose la corbata. –Pero por lo menos eres capaz de congregar a las multitudes. –dijo Sora, recordando que siempre lo hacía. Siempre acababa creciéndose. Lo hizo en los billares, en aquella nave industrial en la que se enfrentó a los moteros, sacando el osito panda para Hikari en los recreativos, y ahora, en campaña electoral. –Es muy raro que me halagues, pero no conseguirás nada de mí. –No espero nada de ti. –dijo Sora. Entonces, él fingió toser para llamar su atención. –¿Qué? –Información de Ken. ¿Has roto con Koushiro? –preguntó Taichi, que había recibido un mensaje de Ken. –Ah, es verdad. Son compañeros. –dijo Sora cayendo en la cuenta de por qué Ken podía estar informado de eso. –Bueno, no te preguntaré qué ha pasado. –dijo Taichi. –Espera, no es que tengas nada que ver. –Yo no he dicho nada de eso. –Me pones de los nervios. –Vamos Sora. –dijo Taichi. Entonces, la perrita empezó a ladrar. –¿Y a esta qué le pasa? –preguntó Sora. –Se llama Sora. Cuando estoy desanimado o cansado la cojo para que me anime. –dijo Taichi cogiendo el animalito. –Eso es horripilante. Ponerle mi nombre a tu perro sin mi permiso. –dándose cuenta que la perrita había ladrado al escuchar su nombre. –No es eso. –dijo Taichi. –¿Entonces qué es? Me voy a casa. –al ver que no contestaba. Taichi dejó a la perrita y siguió a la Sora humana hasta el coche. –¿Y mañana? –preguntó él mientras Sora abría la puerta de su coche. –Volveré. –dijo ella. –Vale. –Bueno, buenas noches. –se despidió ella. –Buenas noches. –cuando ella se iba a meter en el coche, él la detuvo casi sacándola y acorralándola contra el coche. –Olvidas algo. –No me digas que quieres un beso de despedida. –entonces él se abalanzó y la besó apasionadamente en los labios. Ella intentó zafarse con su mano pero él la cogió y la inmovilizó, sin resistirse más. –“Love Shuffle! Sora le dio un bofetón como respuesta. Entonces, ella lo agarró por la pechera de la chaqueta, lo giró para ponerlo entre el coche y ella, le sonrió y lo besó. –Por cierto, me debes 35 yenes. –dijo Taichi rompiendo el beso, recordándole el acuerdo que hicieron en la piscina al principio del “Love Shuffle”. Sonrieron y siguieron besándose bajo la luna llena.Fin.