Prólogo
26 de octubre de 2025, 21:44
En un mundo donde los Alfas son superiores a los Omegas y a los Betas, surge un problema con el tema de la reproducción. Los Omegas, ya cansados de ser utilizados solo para procrear, deciden no seguir más bajo la sombra de los Alfas. Con esto, tanto los Alfas como los Omegas están a punto de desaparecer, debido a que los pocos bebés que nacen son producto de un abuso. Por esta razón, el Omega casi siempre decide abandonarlos y dejarlos morir sin importar qué.
En medio de todo eso, a un hombre poderoso e importante se le ocurre la idea de crear una fábrica junto a un orfanato donde puedan criar y dar un hogar a esos bebés y niños abandonados por sus padres.
Al principio, la idea parecía mala, pero con el tiempo resultó ser la mejor alternativa. Cuando la fábrica se inauguró, para sorpresa de quienes no le veían esperanza, fue un éxito, ya que en los primeros días lograron conseguir el apoyo de muchos y, con ello, también lograron darles un hogar a los niños —desde Alfas hasta Betas— que habían sido salvados de la muerte y llevados a ese lugar donde todo parecía ser perfecto.
Todos hablaban de la brillante idea de aquel hombre, quien con el tiempo empezó a pensar en sí mismo y en su vida, dándose cuenta de que deseaba conseguir un hogar y una familia para sí. Fue entonces cuando conoció a una mujer de cabello rojo como la sangre y las rosas, con un cuerpo tan perfecto, una voz tan suave, y unos ojos tan hermosos y brillantes como dos diamantes. Ella trabajaba en su fábrica y era la encargada de cuidar a los niños, quienes le tenían un gran cariño por su actitud y carácter tan dulce y amable.
Para aquel hombre fue imposible no fijarse en ella. Poco a poco se fue acercando hasta lograr ser muy cercano, descubriendo que, al igual que él, ella también era Alfa, cosa que no le disgustó ni le molestó. Su nombre era Charlotte, y el de él, Elliot.
Su relación fue creciendo con el paso de los años y, finalmente, luego de casi cinco años juntos, decidieron casarse. Un año después nació su primer hijo, un Alfa al que llamaron Hugo, el vivo retrato de su padre.
Tres años después nació su segunda hija, una hermosa Omega de cabello rojo como el de su madre y ojos azules como los de su padre. Era hermosa a la vista de todos, la Omega más perfecta que jamás se haya visto, ya que también era una Omega de sangre pura. La llamaron Poppy.
Elliot y Charlotte estaban más que felices con sus dos hijos y, sobre todo, con el éxito de la fábrica. Pero las cosas empezaron a salirse de control cuando el gobierno, secretamente, les entregó a un Alfa de sangre pura que había quedado huérfano. Sus padres habían muerto en un accidente mientras iban al hospital: su padre murió en el acto y su madre poco después de dar a luz, debido a la pérdida de sangre. El niño se había criado con su abuela, pero ella falleció recientemente, cuando él acababa de cumplir seis años.
Elliot dudó si debía aceptarlo, pero lo hizo, ya que sería cruel no hacerlo. Sin embargo, las cosas empeoraron cuando le pidieron experimentar con el niño y no solo con él, sino también con otros, para ver si podían llegar a nacer más Alfas como él. Además, querían que experimentaran con algunos Omegas para ver si podrían nacer más Omegas de sangre pura, como su hija.
Elliot aceptó, y así empezó todo.
En la planta alta funcionaba la fábrica; en la planta baja estaba la estación de juegos; y más abajo se encontraba el Playcare, donde estaba el orfanato con los niños.
Aún más abajo, en las profundidades —donde solo los trabajadores aprobados podían entrar—, se hallaban los laboratorios y las celdas donde encerraban a los experimentos.
Elliot no quería exponer a un niño a algo así, por lo que primero pensó en otra alternativa. La oportunidad perfecta se presentó cuando un joven trabajador, que además era Omega y llevaba bastante tiempo en la fábrica, se ofreció voluntariamente para los experimentos. Aquel joven sentía mucho respeto y admiración por Elliot, y así fue como todo comenzó.
El experimento fue todo un éxito.
Aquel Omega de 29 años que se había ofrecido para el procedimiento ahora era un poco extraño: estaba cubierto por un plástico de color amarillo, y dentro tenía carne humana y sangre que había sido extraída de su cuerpo original. Además, se había diseñado algo llamado GrabPack, y él fue el primero en usarlo.
Elliot estaba orgulloso de su primer experimento, al cual llamó Player. Para él, era su obra de arte. Lo mejor de todo era que podía pasar días sin comer y no sentir hambre, aunque podía hacerlo si quería.
Eso bastó para que Elliot autorizara todo tipo de experimentos con los niños. A ellos se les realizaban exámenes para medir su inteligencia y, una vez hecho eso, eran usados para ser convertidos en una versión humana de los juguetes.
Algunos eran más altos, otros del tamaño normal de los juguetes. Los más grandes solían ser Alfas y Omegas normales. Su apariencia era humana, pero tenían metal que simulaba huesos bajo la carne y piel.
El color de su cabello era el del pelaje del juguete.
Y lo más importante: a cada uno se le dejaban algunos órganos que les permitirían tener hijos en el futuro.
De todos esos niños, el que más sufrió fue aquel Alfa de sangre pura, al cual sometieron a todo tipo de cosas hasta que estuvo a punto de perder la vida. Se vieron obligados a convertirlo en un experimento más, pero uno diferente, ya que recibía un trato especial por ser un Alfa puro. Tenía cabello negro, ojos rojos y, en lugar de huesos, metal cubierto por carne y piel. Sin embargo, Elliot pidió que dejaran una de sus manos sin piel ni carne, solo con el metal visible, el cual podía desprenderse de su cuerpo.
Pero el karma no tardó en alcanzarlo.
Elliot perdió lo más preciado que tenía: su tesoro, su querida hija de cabello rojo. Ella había sufrido un accidente durante un viaje escolar. El auto en el que iba chocó contra un árbol. Para ese punto, ya era casi una adolescente, pero para él seguía siendo una niña.
Cuando le dijeron que no podían salvarla y que estaría en coma, quedó devastado. Fue entonces cuando Harley Sawyer, uno de los científicos encargados de los experimentos, le sugirió trasladar el cerebro de su hija al de una muñeca.
Elliot lo pensó por un momento: tenía que ser la más hermosa, la mejor. Así que creó una muñeca parecida a su hija: cabello rojo, ojos azules, piel blanca y delicada.
El lanzamiento de aquella muñeca fue un éxito, y luego de eso, Harley comenzó todo el procedimiento para trasladar el cerebro de Poppy al de la muñeca con su mismo aspecto.
Pero antes de hacerlo, Harley decidió experimentar con su propio hijo, un Alfa de 18 años.
Sin importar que fuera su hijo, lo usó para probar que el método funcionara, y así lo hizo.
Luego del resultado, repitieron el procedimiento con la hija de Elliot.
Sin embargo, lo que Elliot no sabía era el infierno que se vivía en su fábrica: el maltrato que sufrían los Omegas —tanto trabajadores como experimentos— a manos de los Alfas y Betas. Por desgracia, su hija estaba a punto de descubrirlo.
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Hasta aquí el prólogo de esta historia titulada “La luz en la oscuridad”.
Esta historia tendrá algunos elementos agregados por mí, como podrán notar. En ella, tanto Poppy como el Prototipo eran adolescentes cuando fueron usados en los experimentos: Poppy tenía 18 años y el Prototipo 20.
Este fanfic es Omegaverse, como verán, y también incluirá el ship Dogday x Catnap. Me atrevería a decir que también habrá Elliot x Player.
Será una historia llena de drama, infidelidades y, les advierto, también habrá abuso sex.l y maltrato físico, entre otras cosas.