Capítulo 1: menta y fresas
26 de octubre de 2025, 22:00
Elliot avanzaba por los pasillos fríos y mal iluminados de Hogar Dulce Hogar con pasos pesados. Cada metro que recorría le pesaba como plomo. Habían pasado cinco meses desde que el cerebro de su hija fue trasplantado al cuerpo de aquella muñeca perfecta, y aún no había sido capaz de mirarla realmente. No era que le estuviera prohibido visitarla; simplemente no quería enfrentar lo que él mismo había permitido.
Poppy, su pequeña Omega de sangre pura, ahora habitaba un cuerpo delicado de porcelana. Su largo cabello rojo caía en una coleta alta adornada con un lazo azul claro que se balanceaba suavemente con cada movimiento. Vestía un precioso vestido azul pálido estilo lolita, lleno de encaje blanco delicado y moños que adornaban el corpiño y la falda acampanada. Sus piernas de porcelana blanca estaban cubiertas por medias blancas hasta las rodillas, y calzaba unos zapatos negros con pequeños lazos. Su rostro de muñeca conservaba una inocencia etérea, con ojos azules grandes y brillantes que ahora reflejaban una tristeza profunda.
En ese mismo lugar, el trato que recibía distaba mucho de ser el que merecía una hija del fundador. Harley Sawyer era especialmente cruel con ella. La humillaba, le gritaba y, cuando nadie miraba, la golpeaba sin motivo.
—Eres solo una Omega —le escupía con veneno—. Aunque seas la princesita de Elliot, aquí no vales nada.
Aquel día no había sido diferente. Harley la había acorralado contra la pared, sus ojos brillando con sadismo.
—Si le dices una sola palabra a tu padre, te mato con mis propias manos.
Poppy había aprendido rápido a guardar silencio.
—Buenos días, Poppy —saludó Elliot al detenerse frente a la pequeña figura.
Ella levantó la mirada, sus manos de porcelana temblando ligeramente mientras intentaba mantener una sonrisa.
—Buenos días, padre… —respondió con voz suave, casi quebrada—. ¿Estás bien? ¿Cómo me están tratando? —preguntó él, aunque su tono sonaba más a formalidad que a verdadera preocupación.
—Muy bien —mintió Poppy, forzando una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Todos son muy amables. Pero… por favor, ¿podrías llevarme a casa? Quiero ver a mamá y a Hugo. Los extraño mucho.
Elliot suspiró profundamente, su rostro ensombrecido.
—Tu madre está embarazada, Poppy. El doctor le recomendó reposo absoluto. Verte en este estado… podría afectarla demasiado. Podríamos perder al bebé.
Poppy bajó la cabeza, derrotada. La habitación era pequeña y fría, decorada con dibujos infantiles que contrastaban cruelmente con su soledad. Su vestido azul ondeaba ligeramente con cada movimiento nervioso.
—Solo… solo quiero pedirte un favor —susurró—. ¿Podrías traerme un libro sobre la naturaleza? Hace tanto que no veo el cielo, los árboles… Prometo esconderlo para que los niños no lo encuentren.
Elliot asintió lentamente, evitando mirarla a los ojos.
—Lo intentaré.
Sin añadir nada más, se dio la vuelta y salió de la habitación. En cuanto la puerta se cerró, Poppy se derrumbó sobre la diminuta silla. Lágrimas silenciosas rodaron por sus mejillas de porcelana. Se sentía atrapada en un cuerpo que no era del todo suyo, en un lugar que se suponía era su salvación, pero que se había convertido en su infierno personal.
“¿Qué hice para merecer esto?”
En otra zona del Playcare, bajo la sombra de un árbol en el patio de juegos, CatNap dormía plácidamente, ajeno al bullicio de los demás niños-juguete. Su pelaje morado se confundía con las sombras.
DogDay se acercó con una sonrisa traviesa y lo sacudió suavemente.
—¡Vamos, CatNap! ¡Despierta y juega con nosotros!
Los ojos ámbar del gatito se abrieron con fastidio.
—No… tengo algo importante que hacer —murmuró, levantándose con pereza—. Debo ir con el Prototipo. Solo mi humo rojo logra calmarlo cuando se descontrola.
DogDay agachó las orejas, visiblemente decepcionado.
—Está bien… ten cuidado.
CatNap se alejó con un leve movimiento de cola. Bubba, el elefante azul, se acercó a DogDay con una sonrisa burlona.
—¿Todavía no le has dicho nada? ¿Qué esperas? Alguien podría quitártelo.
DogDay bajó la mirada, nervioso.
—Lo quiero… de verdad. Pero llevamos tanto tiempo siendo solo amigos… tengo miedo de arruinarlo todo.
Bubba soltó una carcajada y le dio un empujoncito.
—Tranquilo, cachorro. Si no te atreves tú, encontraremos la forma de que sea él quien confiese primero. Déjalo en mis manos.
CatNap recorrió los pasillos fríos hasta llegar al laboratorio donde residía el Experimento 1006, conocido por todos como el Prototipo. Su presencia imponente siempre le provocaba un nudo en el estómago.
—Buenos días, mi señor —saludó CatNap con una reverencia respetuosa.
—¿Qué hace él aquí? —gruñó una voz ronca y profunda desde el interior de la celda—. No quiero verlo. Que se vaya.
CatNap permaneció en silencio. La Omega que atendía al Alfa dentro de la habitación le hizo una seña para que saliera. Aliviado, CatNap se retiró, pero se quedó cerca de la puerta por si lo necesitaban de nuevo.
Mientras esperaba, su mente voló hacia DogDay. Recordó su sonrisa cálida, su aroma dulce a vainilla y sol, y un calor extraño le llenó el pecho. Cerró los ojos, permitiéndose disfrutar ese sentimiento por unos segundos. Sin embargo, el miedo al rechazo lo paralizaba. Confesar podría destruir la única luz que tenía en ese lugar oscuro.
De pronto, un rugido furioso resonó desde la celda. El Prototipo se había descontrolado otra vez. CatNap suspiró, preparándose para liberar su humo rojo calmante.
Poppy caminaba por los pasillos escoltada por una trabajadora que la trataba con evidente desprecio. La llevaban al laboratorio para realizarle exámenes rutinarios. Su vestido azul claro ondeaba suavemente con cada paso, y su coleta roja se balanceaba detrás de ella.
De repente, un aroma intenso y masculino —café oscuro mezclado con menta fresca y algo más salvaje— la golpeó con fuerza. Sus mejillas se encendieron y su corazón latió desbocado. Sus piernas de porcelana flaquearon un instante.
—¡Apúrate, pedazo de mierda! —gritó la trabajadora, agarrándola bruscamente del brazo y arrastrándola.
Dentro del laboratorio se encontraban Mommy Long Legs, una Alfa de cabello rosa que siempre la trataba con cariño, y Layla, una Omega rubia de la misma estatura pequeña y delicada que Poppy, con un aspecto antiguo y descartado que ahora la convertía en su “hermana”.
—Vaya, trajeron a esta inútil otra vez —comentó Layla con arrogancia, mirando a Poppy con desdén.
—Cállate, Layla —replicó Mommy con tono amenazante—. Comparada con Poppy, tú no eres nadie.
—¡Silencio! —interrumpió la trabajadora—. Tenemos trabajo.
Les revisaron el ritmo cardíaco, les hicieron preguntas para evaluar su mente y finalmente se dirigió a Poppy:
—Estás mejorando mucho. Harley quiere que empieces clases con Miss Delight mañana mismo. —Hizo una pausa y preguntó con sorna—: ¿Ya tuviste tu primer celo?
Poppy se sonrojó violentamente y asintió.
—Fue hace cinco días… volverá en unos veintisiete.
Las risas burlonas de la trabajadora y Layla llenaron la sala. Mommy las miró con advertencia, pero no dijo nada.
Cuando la trabajadora se marchó, Mommy sonrió con calidez.
—Es una buena noticia, Poppy. Podrás tomar clases como los demás niños.
Poppy le devolvió la sonrisa, intentando ignorar la mirada cargada de odio de Layla.
En ese momento entró un trabajador Omega. Era Angel: piel blanca de tono suave y natural, cabello rubio ligeramente ondulado que caía sobre su frente, y unos ojos verdes brillantes que transmitían calidez. Su cuerpo estaba cubierto por un traje de plástico amarillo característico de su rol.
—Buenos días —dijo Angel con voz gentil—. Soy Angel, vengo a llevarlas a sus respectivas áreas.
—No te preocupes —dijo Mommy levantándose—. Yo puedo ir sola. Llévalas a ellas, aún no conocen bien el lugar.
Layla se fue sola con un resoplido. Angel se volvió hacia Poppy con amabilidad.
—¿Gustas que te acompañe, señorita?
Poppy asintió y lo siguió.
Al pasar nuevamente por el pasillo donde había sentido aquel aroma abrumador, no pudo contenerse:
—¿Qué era ese olor tan fuerte?
Angel se detuvo frente a una puerta reforzada.
—Ese es el Prototipo… el Experimento 1006. Es muy agresivo, ha matado a varios trabajadores. Creo que está entrando en rut. Su olor es demasiado potente.
Poppy sintió un escalofrío.
—Ya veo… Si es tan peligroso, siento lástima por quien tenga que…
No pudo terminar la frase. El aroma volvió a golpearla con más intensidad. Sus feromonas se liberaron sin control: un dulce y tentador olor a fresas maduras y chocolate oscuro invadió el pasillo.
Angel abrió los ojos con alarma.
—¡Poppy!
La tomó rápidamente de la mano y la alejó del
lugar a toda prisa, antes de que algún Alfa cercano pudiera detectar su aroma y decidiera actuar con malas intenciones.