ID de la obra: 1355

La Luz en la oscuridad

Het
R
En progreso
4
Fandom:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 44 páginas, 20.371 palabras, 10 capítulos
Descripción:
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Capítulo 1: menta y fresas

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Elliot recorría los oscuros pasillos de Hogar Dulce Hogar con pasos pesados, dirigiéndose a ver a su hija en su nuevo cuerpo. No la había visitado antes, no porque no pudiera, sino porque no había querido enfrentarse a la realidad de lo que ella era ahora. Habían transcurrido cinco largos meses desde que el cerebro de su hija fue trasplantado a una muñeca, un procedimiento que aún le revolvía el estómago. Poppy, su pequeña, estaba comenzando a adaptarse a su nueva existencia, aunque el rechazo tácito de su padre le pesaba como una losa. Cada día, ella lidiaba con una realidad que la obligaba a cuestionarse su lugar en el mundo, sintiendo el vacío de un padre que no sabía cómo mirarla a los ojos. Sin embargo, en Hogar Dulce Hogar, el trato que recibía de los trabajadores era lejos de ser amable. Entre ellos destacaba Harley, un hombre cruel que la humillaba constantemente. Le gritaba, la golpeaba sin motivo alguno, incluso cuando ella no cometía errores. “¡Eres una simple Omega!”, le escupía con desprecio, recordándole que, aunque fuera la hija del jefe, no tenía poder en ese lugar. Aquel día, Harley la había acorralado en un rincón, sus ojos brillando con malicia mientras la amenazaba: “Si le dices una palabra a Elliot, te mato con mis propias manos”. Pero Harley no era el único; otros trabajadores la maltrataban con frecuencia, tratándola como si fuera un objeto desechable, una muñeca rota en un lugar donde nadie parecía notar su dolor. —Buenos días, Poppy —dijo Elliot, deteniéndose frente a la muñeca de cabello rojo brillante y ojos azules que destellaban con una mezcla de inocencia y tristeza—. ¿Estás bien? ¿Cómo te están tratando aquí? —preguntó, su voz cargada de una preocupación que parecía más formal que genuina. Poppy alzó la mirada, sus manos temblando ligeramente mientras intentaba mantener la compostura. —Me tratan muy bien, padre. Todos son muy amables —mintió, forzando una sonrisa que no alcanzaba sus ojos—. Pero, de verdad, quiero irme a casa. ¿Podrías llevarme? Quiero ver a mamá y a mi hermano —suplicó, con lágrimas asomando en sus ojos de cristal. Elliot suspiró, su rostro ensombrecido por una tristeza que no sabía cómo expresar. —Poppy, tu madre está embarazada. El doctor le recomendó descansar, y me temo que verte ahora podría afectarla demasiado. Podría hacerle daño y… perderíamos a tu hermanito —explicó, su voz quebrándose. Poppy bajó la cabeza, derrotada. Estaban en una pequeña habitación donde ella dormía sola, rodeada de paredes decoradas con dibujos infantiles que parecían burlarse de su soledad. En el centro había una mesa diminuta acompañada de dos sillas pequeñas. Poppy llevaba un vestido azul adornado con moñitos, sus dos coletas cayendo sobre sus hombros como un intento de conservar algo de su antigua humanidad. —Solo quiero pedirte un favor —dijo Poppy, su voz apenas un susurro—. ¿Podrías traerme un libro sobre la naturaleza? Hace tanto que no veo el mundo exterior… Prometo esconderlo para que los niños no lo vean —añadió, chocando tímidamente las puntas de sus dedos en un gesto nervioso. Elliot asintió lentamente, sus ojos esquivando los de ella. Sin decir más, salió de la habitación, dejando a Poppy sola con sus pensamientos. En cuanto la puerta se cerró, ella se derrumbó, lágrimas silenciosas corriendo por su rostro de porcelana. Se sentía atrapada, sola en un lugar donde los pocos amigos que tenía apenas podían aliviar su sufrimiento. ¿Qué había hecho para merecer este infierno? La pregunta resonaba en su mente, una y otra vez, sin respuesta. ------------------------------------------------------- En otra área de Playcare, un pequeño gatito morado dormía plácidamente bajo la sombra de un árbol en el patio de juegos. Catnap, como siempre, prefería el sueño a los juegos ruidosos de sus amigos. DogDay, su mejor amigo, se acercó con una sonrisa traviesa, decidido a sacarlo de su letargo. —¡Vamos, Catnap, despierta! ¡Juega con nosotros! —insistió DogDay, sacudiéndolo suavemente hasta que los ojos ámbar de Catnap se abrieron con un destello de fastidio. —No, tengo algo importante que hacer —respondió Catnap, levantándose con pereza—. Debo ir con el Prototipo. Mi humo rojo es lo único que puede calmarlo —explicó, su voz cargada de cansancio. Estaba harto de esa responsabilidad diaria, pero sabía que negarse traería consecuencias graves—. Ya me voy, nos vemos después —dijo, despidiéndose con un leve movimiento de su cola mientras los demás lo saludaban. Bubba, un Alfa con una sonrisa confiada, se acercó a DogDay mientras Catnap se alejaba. —¿Aún no le has dicho, verdad? —preguntó, su tono burlón—. ¿Qué estás esperando? ¡Alguien podría robártelo! —bromeó, dando un leve empujón al Omega en el hombro. DogDay agachó las orejas, visiblemente nervioso. —No, de verdad lo quiero, pero… tengo miedo de cómo reaccionará. Llevamos tanto tiempo siendo amigos, no quiero arruinarlo —confesó, su voz temblorosa como la de un cachorro regañado. Bubba soltó una carcajada. —Haremos esto: si no le dices a Catnap lo que sientes, encontraremos la manera de que él confiese primero si siente algo por ti. No preguntes cómo, solo déjalo en mis manos —dijo con una sonrisa pícara que dejó a DogDay confundido, pero intrigado. ------------------------------------------------------- Catnap avanzaba por los fríos pasillos de Playcare hacia el laboratorio donde residía el Prototipo, un Alfa de sangre pura conocido como el experimento 1006. Su presencia era imponente, y Catnap siempre sentía un nudo en el estómago al acercarse. —Buenos días, mi señor —dijo Catnap, inclinándose en una reverencia respetuosa para no provocar la ira del Alfa. —¿Qué hace él aquí? —gruñó el Prototipo, su voz ronca y escalofriante resonando en la sala—. No quiero verlo. Pídele que se vaya —ordenó, sus ojos brillando con desdén. Catnap guardó silencio, observando a la Omega que atendía al Prototipo. Ella asintió, indicándole que podía salir. Preocupado, pero aliviado, Catnap salió de la habitación de paredes blancas, llena de camillas y un aire estéril que le erizaba el pelaje. Se quedó cerca de la puerta, por si lo necesitaban. Mientras esperaba, su mente vagó hacia DogDay. Pensó en su cálida sonrisa, en el dulce aroma a vainilla que siempre lo envolvía, y cerró los ojos, dejando que la imagen de su amigo lo llenara de una felicidad que no podía explicar. Pero el miedo al rechazo lo paralizaba; confesar sus sentimientos podría destruir lo único que le daba alegría en ese lugar. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando, como temía, lo llamaron. El Prototipo se había descontrolado de nuevo, y solo el humo rojo de Catnap podía calmarlo. ---------------------------------------------------------- Poppy caminaba por los pasillos, escoltada por una trabajadora que la trataba con desprecio. La llevaban al laboratorio para unos estudios, pero en el camino, un aroma intenso a café y menta la detuvo. Sin saber por qué, sus mejillas se sonrojaron, y su corazón latió con fuerza. —¡Apúrate, pedazo de mierda! ¡No tengo tu tiempo! —gritó la trabajadora, tomándola del brazo y arrastrándola con brusquedad. En el laboratorio, Poppy se encontró con Mommy, una Alfa de cabello rosa que la había acogido con cariño desde que se conocieron. También estaba Layla, una Omega de cabello rubio, otra muñeca como Poppy, pero una versión antigua que Playtime había descartado hasta que su nueva función la trajo de vuelta como la “hermana” de Poppy. —Vaya, también trajeron a esta tonta —dijo Layla con arrogancia, mirando a Poppy con desdén. Esta bajó la cabeza, avergonzada. —Será mejor que te calles, Layla. Comparada con Poppy, no eres nadie —replicó Mommy, su tono amenazante silenciando a la Omega rubia. —¡Basta! Tenemos trabajo que hacer —interrumpió la trabajadora, comenzando a examinar a las muñecas. Escuchó sus corazones, evaluó sus mentes con preguntas sobre objetos y luego dijo—: Poppy, estás mejorando mucho. Harley pidió que tomes clases con Miss Delight, así que empezarás mañana. —Antes de irse, añadió—: ¿Ya tuviste tu primer celo? Poppy asintió, sonrojándose. —Fue hace cinco días, así que volverá en unos 27 días —respondió tímidamente, provocando risas burlonas de la trabajadora y Layla. La mujer se marchó, dejando a las dos Omegas con Mommy. —Es una gran noticia, Poppy. Tomarás clases como los niños de la guardería —dijo Mommy con una sonrisa cálida. Poppy le devolvió la sonrisa, ignorando la mirada de odio de Layla. —Buenos días —dijo un trabajador Omega, completamente amarillo y con piel de plástico—. Soy Player, vengo a llevarlas a sus lugares de trabajo —añadió con amabilidad. —No te preocupes, yo puedo irme sola. Lleva a estas dos, aún no conocen bien el lugar —dijo Mommy, levantándose con una sonrisa. Player asintió. —¡Yo también conozco el lugar! —espetó Layla, yéndose sola, dejando a Player y Poppy. —¿Gustas que te acompañe, señorita? —preguntó Player con una sonrisa. Poppy asintió y lo siguió, aún sin conocer bien los intrincados pasillos de Playcare. Al pasar por el lugar donde había sentido aquel aroma, Poppy no pudo evitar preguntar. —Ese es el Prototipo —explicó Player—. Es muy agresivo, ha matado a varios trabajadores. Creo que está en celo; su olor es muy fuerte —dijo, deteniéndose frente a la puerta del laboratorio. —Ya veo. Si es tan agresivo, siento lástima por su… —Poppy se detuvo, tapándose la boca al liberar feromonas al sentir ese aroma. Player, alarmado, percibió un dulce olor a fresas y chocolate. Al verla sonrojada y agitada, la tomó de la mano. —¡¿Qué haces?! —dijo, llevándola rápidamente lejos para evitar que otros Alfas olieran sus feromonas y la buscaran con malas intenciones. ------------------------------------------------------- Hasta aquí el capítulo de hoy. Espero les haya gustado y déjenme sus opiniones en los comentarios. Lo que dijo Elliot sobre su esposa es verdad, pero no mencionó que está en depresión por lo que le pasó a su hija. El Prototipo aún no tiene un Omega; por ahora, solo Layla está interesada en él. Player es Omega y su olor es a sandía y durazno.
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