Capítulo 10: los villanos ganan +18
31 de enero de 2026, 20:55
Notas:
⚠️ Advertencia fuerte: Este capítulo contiene contenido explícito +18, abuso sexual no consentido (non-con/rape), violencia gráfica, sangre, trauma psicológico extremo y temas de violación. Si eres sensible a estos temas, por favor no leas. Esto es pura ficción dark en un universo omegaverse, no normaliza ni promueve nada de esto. Dead Dove: Do Not Eat. El enfoque está en generar empatía y compasión hacia el personaje víctima, destacando el horror y las consecuencias emocionales. 🔞🔥
La noche se cernía sobre la fábrica como una manta opresiva, cargada de silencio roto solo por el eco distante de maquinaria y el ocasional susurro del viento filtrándose por las grietas de las paredes. Poppy yacía en su cama, el colchón hundido bajo su peso ligero, intentando desesperadamente encontrar refugio en el sueño. Su habitación era un espacio pequeño y austero: paredes de metal oxidado, una lámpara tenue que proyectaba sombras alargadas, y una ventana alta que dejaba entrar un hilo de luz lunar. El aroma residual de su celo aún flotaba en el aire, dulce y vulnerable, un recordatorio de su condición omega que la hacía sentir expuesta incluso en la soledad.
"Por fin estoy logrando quedarme dormida", pensó, cerrando los ojos con fuerza, ignorando los pasos lejanos y las voces amortiguadas que se filtraban desde el pasillo. Su mente vagaba hacia recuerdos más felices: el abrazo cálido de su padre, las risas con su hermano Hugo, la seguridad de su hogar lejos de este infierno de experimentos y crueldades. Pero el cansancio la vencía lentamente, su respiración volviéndose más rítmica, su cuerpo relajándose contra las sábanas arrugadas.
El clic suave de la puerta abriéndose la sacó de ese precario equilibrio. No fue un sonido estruendoso, sino sutil, como el de un depredador acechando. Poppy no reaccionó de inmediato; su mente nublada por el sueño incipiente lo descartó como parte del ruido habitual de la fábrica. Pero entonces, el aire se volvió más pesado, cargado con un olor alfa dominante y agresivo que invadió sus fosas nasales. Antes de que pudiera procesarlo, una mano grande y áspera se presionó contra su boca, sofocando cualquier grito naciente. Sus ojos se abrieron de golpe, el pánico inundándola como agua helada.
Allí estaba Harley Sawyer, el doctor, su figura imponente recortada contra la puerta entreabierta. Sus ojos brillaban con una lujuria sádica en la penumbra, su sonrisa era un corte cruel en su rostro marcado por años de experimentos retorcidos. Poppy forcejeó instintivamente, sus manos pequeñas arañando los brazos musculosos de él, pero era como luchar contra una pared de acero. El terror puro la paralizaba; su corazón latía con tanta fuerza que dolía en su pecho, cada latido un eco de desesperación.
—Hay, linda muñequita... ahora nadie te podrá salvar de tu destino —susurró Harley, su voz ronca y cargada de triunfo, como si estuviera saboreando un vino añejo. El aliento caliente contra su oreja le provocó náuseas, un contraste repulsivo con el frío que se extendía por su piel.
Poppy intentó gritar, pero la mano de Harley era implacable, aplastando sus labios hasta que sintió el sabor metálico de la sangre de un corte leve. Lágrimas calientes brotaron de sus ojos, rodando por sus mejillas mientras su cuerpo se convulsionaba en pánico. "No, por favor... esto no puede estar pasando. Papá, ayúdame... alguien, por favor", pensó, su mente un torbellino de súplicas silenciosas. Recordaba las advertencias vagas sobre Harley, los rumores de su crueldad con otros omegas, pero nunca imaginó que le tocaría a ella. Era solo una niña en este mundo de alfas dominantes, una flor frágil en un jardín de espinas.
Harley la inmovilizó con facilidad, usando su peso para presionarla contra el colchón. Con la mano libre, agarró el borde de su pijama y lo rasgó con un tirón violento, el sonido de la tela desgarrándose como un trueno en la quietud de la habitación. Poppy se retorció, pataleando débilmente, pero él la sujetó por las caderas, sus dedos hundiéndose en su piel suave hasta dejar moretones que florecerían como marcas de vergüenza al amanecer.
—No me haga daño... por favor, se lo ruego... —sollozó cuando él retiró la mano por un instante, su voz quebrada y temblorosa, apenas un susurro ahogado por el llanto. Sus ojos, grandes y expresivos, suplicaban misericordia, pero Harley solo rió bajo, un sonido gutural que le heló la sangre.
—Oh, linda... tu súplica solo lo hace más dulce —gruñó, sus ojos recorriendo su cuerpo expuesto con avidez depredadora. Bajó su propio pantalón con movimientos deliberados, liberando su miembro erecto, grueso y amenazante, palpitando con anticipación. Poppy lo miró con horror, su estómago revolviéndose. "No... no quiero esto. Soy virgen... por favor, no me robes esto", pensó, el pánico convirtiéndose en una ola de náuseas que amenazaba con ahogarla.
Sin preparación, sin ternura, Harley se posicionó entre sus piernas temblorosas. Poppy intentó cerrarlas, pero él las forzó abiertas con rodillas brutales, magullando sus muslos internos. —Vas a ser mía ahora... y vas a recordarlo toda tu vida —murmuró, su voz un susurro venenoso mientras empujaba hacia adelante.
El dolor fue inmediato e insoportable, un desgarro ardiente que la partió en dos. Poppy gritó contra la mano que volvió a cubrir su boca, su cuerpo arqueándose en agonía. Lágrimas calientes empapaban la almohada, mezclándose con gotas de sudor frío que perlaban su frente. Cada embestida era un asalto: profunda, salvaje, sin piedad. Sentía como si su interior se rompiera, la sangre caliente lubricando el camino de la invasión, un recordatorio cruel de su inocencia perdida. "Duele... duele tanto... ¿por qué? ¿Qué hice para merecer esto?", pensó, su mente fragmentándose en pedazos de dolor y confusión. El olor de su propia sangre y el sudor de Harley llenaba la habitación, un hedor nauseabundo que se grabaría en su memoria.
Harley jadeaba sobre ella, sus gruñidos animales resonando en sus oídos. —Mírate... tan apretada, tan pura... y ahora estás llena de mí —jadeó, acelerando el ritmo, sus caderas chocando contra las de ella con fuerza brutal. Cada thrust enviaba ondas de dolor a través de su cuerpo, sus uñas clavándose en las sábanas hasta rasgarlas. Poppy sollozaba incontrolablemente, su visión borrosa por las lágrimas, su mente rogando por que terminara. Pero los minutos se estiraban como horas: el peso opresivo de él, el ardor constante, la humillación de sentir su excitación creciendo dentro de ella contra su voluntad.
—Llora todo lo que quieras, muñeca. Esto es lo que mereces por llamar la atención del Prototipo... por ser tan jodidamente tentadora —gruñó, sus manos explorando su cuerpo con rudeza, pellizcando y magullando, marcándola como propiedad. Poppy se sentía violada no solo físicamente, sino en su esencia: su inocencia, su confianza, su sentido de seguridad destrozados en esa cama manchada.
Finalmente, con un gemido gutural, Harley se corrió dentro de ella, su semen caliente inundándola, un insulto final que la hizo sentir sucia, contaminada. Se quedó quieto un momento, respirando agitado contra su cuello, su peso aplastándola. Poppy temblaba debajo de él, su cuerpo convulsionando en sollozos silenciosos, el dolor palpitante entre sus piernas un recordatorio constante del horror.
—Finalmente logré tener a la hija de Elliot... y quitarle su inocencia —dijo con una sonrisa triunfal, retirándose con rudeza, causando otro estallido de dolor. Se acomodó el pantalón lentamente, observándola como a un trofeo roto. —Esto sin duda es mi mejor logro.
Salió de la habitación sin una mirada atrás, la puerta cerrándose con un clic que resonó como un clavo en su ataúd. Poppy se quedó allí, hecha un ovillo fetal, temblando violentamente. Intentó moverse, pero el dolor era abrumador: sangre y semen goteando entre sus piernas, manchando las sábanas en un patrón grotesco. Con manos temblorosas, trató de limpiar la evidencia, pero sus dedos se ensuciaron, y el asco la hizo vomitar al lado de la cama, su estómago convulsionando.
"Este ha sido el final. Mis días de inocencia y felicidad se acabaron. ¿Cómo podré ser feliz nuevamente? Realmente quiero volver a casa... que esta pesadilla termine... pero luego recuerdo la realidad: estoy atrapada aquí, rota, sucia. Nadie me creerá, o peor, nadie me ayudará", pensó, las lágrimas cayendo sin cesar, sus ojos enrojecidos e hinchados como heridas abiertas. El llanto la agotó gradualmente, su cuerpo rindiéndose al agotamiento, pero su mente seguía atrapada en el loop del trauma: el olor de Harley, el dolor fantasma, la vergüenza que se clavaba como cuchillas. Durmió un sueño inquieto, plagado de pesadillas donde el abuso se repetía una y otra vez, un ciclo interminable de terror.
-------------------------------------------------------
Era de madrugada, Player estaba sentado en la cama, abrazando sus rodillas contra el pecho, su cuerpo aún temblando por el celo persistente y el peso abrumador del remordimiento. El aroma de Elliot aún se aferraba a su piel, un recordatorio dulce-amargo de lo que había sucedido. Elliot, ya vestido con su ropa arrugada, se había sentado en el suelo en una esquina oscura de la habitación, su espalda contra la pared fría, observándolo en silencio con una mezcla de culpa y confusión en sus ojos.
El silencio entre ellos era espeso, casi tangible, cargado de palabras no dichas y emociones crudas. Player sentía el calor de su celo quemando su interior, liberando feromonas que llenaban el aire, pero ahora se mezclaban con un hedor de tristeza y arrepentimiento. "Lo deseaba tanto... pero él está casado, tiene familia. ¿Qué he hecho? Soy tan patético, dejando que mi cuerpo me controle después de todo el abuso que he sufrido", pensó, enterrando la cara en sus rodillas.
Finalmente, Elliot rompió el silencio, su voz ronca y avergonzada, eco de un hombre luchando con su conciencia.
—Player... yo de verdad no sé qué decir ante todo esto. Nunca planeé... esto.
Player levantó la vista lentamente, sus ojos vidriosos por lágrimas contenidas, el sonrojo de su celo aún tiñendo sus mejillas.
—Usted me dijo que me daría lo que sea en estos momentos. Yo no quiero nada material... solo quiero que saque a su hija Poppy de este infierno. Ella lo quiere mucho, quiere estar cerca de usted. Es inocente, no merece sufrir aquí.
Elliot miró al piso, sus manos apretadas en puños, la culpa por su infidelidad mezclándose con la ira por su propia debilidad.
—Veo que tienes un gran aprecio hacia ella... un aprecio que tal vez yo no he mostrado lo suficiente. Yo ya tenía planeado llevarla a casa desde hace días, y lo haré hoy mismo. Pero te pido un favor, Player: no le digas a nadie lo que ocurrió aquí. Prefiero que lo olvides... que ambos lo olvidemos.
Se puso de pie con movimientos rígidos, como si su cuerpo pesara toneladas, y se dirigió a la puerta sin atreverse a mirarlo directamente. La abrió con un chirrido suave y salió, dejando a Player solo en la habitación que ahora se sentía más fría y vacía. Player se acurrucó más, el cansancio y el remordimiento aplastándolo como una losa. Su celo aún ardía, enviando ondas de calor a través de su cuerpo, pero ahora se sentía como un castigo. "Al menos Poppy estará a salvo... lejos de Harley, lejos de este lugar. Eso es lo que importa", pensó, cerrando los ojos mientras lágrimas silenciosas rodaban por su rostro. El agotamiento lo venció eventualmente, pero su sueño fue inquieto, plagado de recuerdos de abusos pasados y la culpa fresca de esta noche.
Más tarde en su propia habitación en la casa familiar, Elliot estaba sentado en el borde de la cama, perdido en un mar de pensamientos turbulentos. La habitación era amplia pero fría, con muebles elegantes que contrastaban con el caos emocional que lo consumía. Recordaba una y otra vez la imagen grabada en su mente: aquel hombre saliendo de la habitación de su esposa Charlotte, su expresión satisfecha un puñal en su orgullo. Llevaba más de dos meses confirmados de engaño, pruebas irrefutables que había recopilado en secreto: mensajes, horarios coincidentes, incluso olores ajenos en la ropa de ella. Y ahora, con Charlotte embarazada de cinco meses, la duda lo carcomía: "¿Es mío ese bebé? ¿O es el fruto de su traición?"
La puerta se abrió suavemente, sacándolo de su espiral.
—Papá, ya me voy a estudiar —dijo Hugo, su hijo adolescente, entrando con una sonrisa inocente que contrastaba con la tormenta interna de Elliot. Hugo se acercó y lo abrazó brevemente, un gesto de calidez en el frío emocional.
—Está bien, hijo. Tú estudia y no te preocupes por nada más —respondió Elliot con seriedad, forzando una sonrisa mientras Hugo salía, cerrando la puerta detrás de él.
Solo otra vez, Elliot se levantó, paseando por la habitación con pasos agitados. "Me siento confundido... anoche con Player, fue como olvidar todo: los engaños de Charlotte, mis responsabilidades. Pero ella no merece esto, aunque me traicione. ¿O sí? No, soy mejor que eso", pensó, su mente un torbellino de culpa y justificación. Finalmente, murmuró para sí:
—Tengo que regresar a la fábrica... hoy pienso traer a Poppy a casa de nuevo. No quiero que mi hija siga en ese lugar infernal un minuto más.
Se puso el abrigo con determinación, saliendo de la habitación con pasos firmes, aunque su corazón latía con una mezcla de ansiedad y resolución.
En el laboratorio de la fábrica, el ambiente era estéril y opresivo: luces fluorescentes parpadeantes, mesas cubiertas de instrumentos quirúrgicos y el zumbido constante de monitores. El Prototipo, conocido como 1006, estaba siendo revisado por técnicos indiferentes, sus cables y sensores conectados a su forma imponente pero vulnerable en ese momento. A su lado, Huggy pasaba por el mismo proceso, su expresión tensa y protectora.
La puerta se abrió con un siseo hidráulico, y Harley entró, su presencia llenando el espacio con una aura de autoridad maliciosa.
—Vaya, ambos están aquí —dijo con una sonrisa falsa—. Qué bien, porque tengo órdenes para ustedes: Huggy, tú tomarás el trabajo de Player por ahora, ya que está... indispuesto. Y tú, 1006, cubrirás el puesto de Huggy.
Huggy se enderezó, sus ojos entrecerrados con sospecha.
—¿Y qué le pasa a Player exactamente? —preguntó con seriedad, su voz teñida de enojo protector—. ¿Acaso le hiciste algo, tú bastardo?
Harley rió, un sonido frío que rebotó en las paredes.
—Eso no te incumbe en lo absoluto. Y te advierto: no vuelvas a meterte en mis asuntos ni a ocultarme nada, o tu querida omega pagará las consecuencias con creces.
Huggy gruñó, sus músculos tensándose como si estuviera listo para atacar.
—No te atrevas a mencionarla. Recuerda que puedo matarte aquí mismo, destrozarte antes de que parpadees.
Harley solo rió más fuerte, despreciativo.
—Ya basta de estupideces —intervino el Prototipo con voz fría y autoritaria, su presencia calmando la tensión momentáneamente—. Huggy tiene razón: no podemos trabajar si no nos dices el motivo real. ¿Por qué cubrimos trabajos ajenos?
Harley se cruzó de brazos, su sonrisa convirtiéndose en una mueca.
—Está en celo. ¿Eso querías oír? Sus feromonas lo tienen fuera de combate. —El silencio cayó como un velo pesado—. Solo encárguense y dejen de perder tiempo en tonterías.
Salió con pasos confiados, dejando a los dos alfas en un silencio cargado.
—Vaya, me sorprende que ese infeliz no le esté haciendo nada a Player ahora mismo —suspiró Huggy, soltando la tensión con un pesado aliento—. Bueno, mejor ir al trabajo antes de que vuelva y nos reclame como perros.
—Sí... antes de que nos reclame y empeore las cosas —dijo el Prototipo, desconectándose de los sensores y marchándose con Huggy.
En su puesto de trabajo, una línea de ensamblaje ruidosa y monótona, el Prototipo realizaba sus tareas mecánicamente, pero su mente estaba lejos. La había visto solo un día antes: Poppy, con su cabello rojo como fuego y sus ojos inocentes. "Esa omega... se robó mi mente sin esfuerzo. Su aroma, su vulnerabilidad... no puedo dejar de pensar en ella. ¿Estará bien en este lugar? Debo protegerla, aunque no sepa por qué me importa tanto", pensó, sus manos moviéndose automáticamente mientras imágenes de ella invadían su concentración. Forzándose a enfocarse, continuó, pero el inquietante presentimiento de que algo andaba mal con ella persistía.
El día avanzaba, y en la oficina de Elliot en la fábrica, el aire era tenso con el olor a papel y café rancio. Stella entró con expresión seria.
—Señor Elliot —dijo, su voz profesional—. Su hija Poppy quiere hablar con usted. Dice que es importante, urgente.
Elliot levantó la vista de sus documentos, un nudo formándose en su estómago.
—Está bien. Dile que venga de inmediato.
Minutos después, Poppy entró acompañada de Lila, quien se retiró discretamente. Elliot despidió también a Stella con un gesto.
La puerta se cerró, y Poppy se quedó allí, temblando, sus ojos hinchados por el llanto reciente.
—Padre... —dijo con voz quebrada, las lágrimas brotando de nuevo.
Elliot se levantó de inmediato, rodeando el escritorio con pasos rápidos. Vio el dolor en su rostro, la forma en que se abrazaba a sí misma como si estuviera rota. El instinto paternal lo invadió, y la abrazó fuerte, sintiendo sus sollozos contra su pecho.
—Tranquila, hija mía. No tengas miedo. He venido a sacarte de aquí. Hoy volverás a casa conmigo, donde estarás segura. Pero antes... quiero que me digas todo lo que te han hecho en este lugar. Dime cada detalle, y yo castigaré a todos los que te han lastimado. Nadie te tocará de nuevo, lo juro.
Sus ojos estaban rojos de ira contenida, pero su voz era suave y protectora para ella, un faro en su oscuridad. Poppy se aferró a él, el primer toque de seguridad en horas, y comenzó a sollozar la verdad, palabra por palabra, mientras el mundo fuera continuaba indiferente a su sufrimiento.
-------------------------------------------------------