Capítulo 1
2 de noviembre de 2025, 23:50
Tan pronto como la temperatura comenzó a descender, todos los miembros de la tribu se emocionaron porque la temporada de apareamiento estaba por comenzar. Los Omegas hicieron todo lo posible para asegurarse de que su olor fuera atractivo y el pelaje de su cola se viera esponjoso. Mientras que los Alfas redoblaron esfuerzos para mostrarles a todos lo fuertes, rápidos e intrépidos que eran. Todos trabajaban duro para, cuando llegara la reunión de tribus, estar con la pareja de su elección.
Solo unos pocos miembros de la tribu odiaban la temporada de apareamiento; Kyle era uno de ellos. Odiaba estar en la reunión y ver cómo todos siempre encontraban una pareja mientras él estaba solo, ignorado como una roca que no es más que parte del paisaje.
Aunque Kyle no era el Omega más atractivo de la tribu, tenía características que lo harían una pareja adecuada, como un buen olor, una figura algo llamativa, piel suave; y orejas pequeñas, esponjosas y puntiagudas. Sin embargo, año tras año, no podía encontrar una pareja debido a su cabello rojo.
Su llamado "defecto" era un rasgo poco común heredado de su difunta madre extranjera. Nada dañino, pero la gente de la tribu creía que el color rojo atraía a los depredadores y derramamientos de sangre, lo que convertía a Kyle en la encarnación de un mal presagio.
Cuando era niño y su padre vivía, Kyle no prestaba atención a los comentarios de los ancianos que predecían un mal futuro para él, pero cuando alcanzó la madurez y, peor aún, cuando su padre también falleció, entendió por qué decían lo que decían.
Como ningún Alfa quería que Kyle fuera el padre de sus crías —haciendo imposible que Kyle cumpliera el papel más importante de un Omega, que es tener hijos—, pronto fue considerado un miembro de bajo rango de la tribu.
Esa era la razón por la que cada mañana no tardaba más de unos minutos en asearse antes de ser el primer Omega en comenzar a recolectar comida. Nunca conseguiría una pareja, así que no veía el sentido en arreglar su apariencia más de lo necesario.
En cambio, tenía que trabajar más duro que el resto si quería tener suficientes especias y frutas para ofrecer a la tribu y guardar algo para sí mismo para evitar morir de hambre durante el invierno, cuando la comida escaseaba.
Claro, como miembro de la tribu, Kyle tenía derecho a recibir una porción de la carne que cazaban los Alfas, pero la carne siempre se distribuía desde el rango más alto hasta el más bajo, y Kyle rara vez llegaba a comer cosas buenas.
Esa mañana salió de su cabaña preguntándose cuál sería el mejor lugar para comenzar la recolección de frutas del día. Se le antojaba algo jugoso pero no demasiado azucarado, así que probablemente cosecharía algunas de esas bayas agrias que crecían al norte del territorio de su tribu.
Mientras caminaba y balanceaba su cesta de recolección en cada paso, ignoró a algunos miembros de la tribu que encontró en su camino —solo sentía la necesidad de saludar a las personas que lo saludaban de vuelta— y, cuando finalmente llegó a su destino, comenzó la recolección, tratando de no pensar en nada que pudiera potencialmente entristecerlo.
Para Kyle, ser ignorado por algunos y tener la certeza de que nunca se aparearía era mucho mejor que ser exiliado y dejado a su suerte, como le pasaba a otros Omegas clasificados como inútiles en otras tribus.
Quizás cuando era más joven quería pertenecer, pero ahora se conformaba con tener un techo sobre su cabeza y perder la noción del tiempo haciendo sus pasatiempos.
Tres horas y media después, la cesta de Kyle estaba llena hasta el borde, y estaba extremadamente feliz porque podría comer algunas de las bayas y aún poder almacenar y compartir el resto. Tal vez las aplastaría y mezclaría con miel para tener esa pasta dulce que era popular entre la gente de la tribu.
Sin embargo, su felicidad se desvaneció cuando estaba a punto de regresar a casa porque sus oídos captaron el sonido de pasos acercándose. Giró la cabeza y movió las orejas, tratando de identificar el lugar exacto de donde provenía el sonido y, una vez que lo identificó, se agachó detrás del arbusto más cercano mientras hacía lo posible por estabilizar su respiración y no mover un músculo.
Como medida de seguridad, los Omegas tenían prohibido recolectar solos. Siempre debían moverse en grupos y tener al menos un Alfa con ellos. Sin embargo, Kyle tenía que saltarse esos pasos si quería cumplir con su cuota autoimpuesta. Esto significaba que, en el mejor de los casos, ser descubierto por un miembro de la tribu implicaría un castigo, mientras que ser descubierto por un depredador implicaría la muerte.
Mientras el ruido se hacía más fuerte y más cercano, Kyle mantuvo los ojos bien abiertos para estar listo en caso de que tuviera que correr. Para su sorpresa, cuando los arbustos a su derecha se movieron, descubrió que el que hacía el ruido no era un depredador, sino un miembro de su tribu. Un Alfa. Stan.
Kyle respiró aliviado. Pero aunque se sentía seguro, decidió permanecer escondido. Catalogaba a Stan como alguien inofensivo, e incluso si era un Alfa de alto rango —que podría decirles a los ancianos que estaba rompiendo las reglas—, Kyle estaba seguro de que Stan no lo delataría. A decir verdad, Kyle dudaba que Stan se fijara en él por más de 3 segundos o le dijera algo.
Así que no. No se quedó escondido por miedo al castigo. Lo hizo porque estaba nervioso y temía hacer algo vergonzoso. Porque Stan era el Alfa inalcanzable con el que Kyle había soñado formar una familia desde que alcanzó la madurez sexual.
Stan era un Alfa bastante guapo de su edad, hijo de uno de los miembros del consejo de la tribu. Pero esas no eran las razones por las que a Kyle le gustaba. Le gustaba porque Stan era amable y siempre estaba listo para proteger a quienes no podían defenderse.
Aunque, cuando estaba enojado, expresaba su irritación con un cinismo articulado. Un aspecto negativo que Kyle admiraba porque, a pesar de que Kyle era extremadamente paciente, cuando perdía la calma, se volvía irracional y recurría a los gritos.
Quizás la razón de la naturaleza amable de Stan era que había crecido viendo de primera mano los resultados desastrosos de la actitud egoísta de su padre sobre todos los que lo rodeaban.
Como Stan era un alfa, Kyle lo ignoraba cuando eran niños, y solo lo miró cuando alcanzó la madurez.
En esa temporada de apareamiento en particular, algunos Omegas mayores estaban molestando a Kyle porque intentaba verse atractivo para la próxima reunión de tribus. En ese momento, no tenía idea de que la razón por la que lo rodeaban y se burlaban de él era que sabían que ningún Alfa lo elegiría como pareja. Así que solo gruñó e intentó ahuyentarlos, amenazando con morder y arañar.
Sin embargo, no pudo asustar a los Omegas y, antes de que los matones se aburrieran y se fueran por su cuenta, Stan vino en su ayuda. Se deshizo de ellos, convirtiéndose así en el salvador de Kyle y su primer y único enamoramiento.
Stan lamió la herida que uno de los matones le había hecho en el brazo a Kyle como si fueran miembros de la misma familia, y Kyle sintió un escalofrío. No pudo regular su respiración ni dejar de temblar cuando sintió la lengua caliente y húmeda tocando su piel.
Instintivamente, ronroneó cuando vio a Stan sonreírle, y más tarde identificaría ese momento como la primera vez que sintió excitación. Estaba encantado y no dudó en imaginar que Stan lo elegiría como su compañero durante la próxima reunión.
Pero eso no sucedió.
Cuando Kyle intentó llamar la atención de Stan, descubrió que no solo tenía mucha competencia, sino que Stan no se sentía atraído por él. Stan solo lo había salvado porque sentía lástima por él.
Kyle se entristeció cuando vio a Stan elegir a otro Omega, y lo único que lo mantuvo de deprimirse fue que Stan y el Omega que eligió no formaron un vínculo porque no tuvieron crías juntos. Algo que no era demasiado sorprendente, teniendo en cuenta que era difícil para los de su especie tener hijos. Incluso si ambas partes eran jóvenes.
Habían pasado cuatro temporadas de apareamiento desde ese día, y aunque Kyle todavía estaba enamorado de Stan, no albergaba esperanzas de que a Stan le gustara. Nadie lo haría, nunca.
Kyle, agachado y esperando no ser notado, detalló cada parte del cuerpo de Stan. Desde su cabello oscuro hasta su rostro handsome, su amplio pecho, sus brazos perfectos para acurrucarse contra ellos y sus piernas.
Sin embargo, cuando miraba las piernas de Stan, notó que tenía un gran corte en su extremidad derecha y sangraba profusamente. Una mordedura, quizás de un animal grande. Kyle no pudo evitarlo, jadeó y se puso de pie, preocupado por Stan. Sus movimientos fueron tan repentinos que asustaron al Alfa, quien adoptó una postura de batalla, cuchillo en mano, antes de notar quién era.
—¿Qué? ¡No hagas eso! ¡Me asustaste! ¿Por qué estabas escondido allí? —dijo Stan.
Kyle sintió que su cara se enrojecía y se preguntó qué tan malo sería si volvia a su escondite y pretendia que nunca había estado allí. ¿En qué estaba pensando? Revelarse así.
—Lo siento. Te oí y pensé que serías un depredador, así que me escondí. Pero tu pierna, ¿estás bien, Stan? —Kyle preguntó y se disculpó casi al mismo tiempo.
—Sí, estoy bien... eemnh —respondió Stan con una expresión algo confusa, haciendo que Kyle se diera cuenta de que no recordaba su nombre.
—Kyle, me llamo Kyle —Su tribu era grande, eran alrededor de 200 personas, así que era de esperar que, incluso si Kyle era notorio por tener el maldito cabello rojo, un rango alto como Stan no supiera su nombre.
—Kyle. Lo sabía. Es solo que, mi mente está en otro lugar. —Stan intentó justificarse señalando su herida, pero claramente estaba mintiendo.
—No te preocupes, lo entiendo. —Kyle forzó una sonrisa.
Guardaron silencio por unos momentos hasta que Stan habló nuevamente. —Uhm,tenemos que regresar a la tribu; un lobo me estaba siguiendo.
—¡¿Un lobo?! —Era más probable que la especie de Stan y Kyle muriera por vejez, enfermedad o al pelear con una tribu enemiga, sin embargo, todavía eran susceptibles a ser atacados y muertos por otros grandes carnívoros como lobos o felinos salvajes grandes, especialmente si estaban solos y las bestias tenían hambre. —¡¿Y pensaste que estaba bien mencionar eso hasta ahora?! ¡Eso debería haber sido lo primero que dijiste!
Stan se encogió de hombros. —Guía el camino de regreso,yo cubriré la retaguardia.
Mientras caminaban en silencio, Kyle se sentía incómodo y nervioso porque Stan probablemente lo estaba mirando, y podía ver claramente su cola descuidada y su atuendo desaliñado. Si antes era poco probable, ahora era imposible que Stan lo viera como candidato para ser pareja. ¡Kyle parecía una desgracia, al comienzo de la temporada de apareamiento! Qué vergüenza.
De repente, Kyle escuchó un suave gruñido y detuvo sus pasos. El olor a sangre se hizo más fuerte. Cuando volvió la vista atrás, vio a Stan, intentando fingir que su herida no le dolía, pero todavía sangraba y la herida se veía más grave que antes.
Ahora entendía por qué Stan lo había enviado al frente. No quería ser visto con dolor. —Stan,déjame ayudarte —Kyle se acercó e intentó apoyarlo, pero Stan retrocedió.
—No necesito tu ayuda; sigue caminando.
—Eres demasiado lento; si un lobo te estaba siguiendo, no tardaría mucho en alcanzarnos.
—Entonces, no nos retrases más.
—Solo quiero ayudar —Kyle intentó persuadir a Stan para que tragara su orgullo de Alfa y le permitiera ayudarlo, pero Stan se negó nuevamente.
—¡Basta! —La palabra de Stan sonó más como un siseo de dolor. —Crees que porque sales a recolectar solo y no te ha pasado nada, eres capaz de ayudarme. Sigue caminando si no quieres que le diga a los líderes lo que estabas haciendo. Mereces un castigo por romper las reglas.
Kyle frunció el ceño, sabía perfectamente bien que lo que había hecho estaba prohibido, pero no pensó que Stan sería tan desagradecido y lo amenazaría así. —Está bien,no importa. Continuemos; si necesitas ayuda, no me la pidas porque no te ayudaré.
Stan resopló en respuesta.
A decir verdad, Stan no tenía la autoridad moral para juzgar a Kyle. Durante la caza, se distrajo siguiendo a un ciervo y terminó abandonando su grupo de cazadores, lo que también estaba prohibido. Peor aún, cuando se dio cuenta de que estaba solo, no volvió con su grupo porque creyó que podía terminar el rastreo solo.
Cazar un ciervo sin ayuda le garantizaría un gran trozo de carne y, más importante, aumentar su estatus. Le interesaba ser reconocido por los demás, especialmente durante la temporada de apareamiento.
Para su desgracia, un lobo también seguía al ciervo, y pronto se cruzaron. Stan logró escapar de las fauces del lobo con solo una mordedura que le causó cortes profundos pero no le arrancó la carne. Se sintió como un fracasado y fue incapaz de sentirse agradecido por encontrarse con Kyle —quien podía ayudarlo— porque ahora había un testigo de su incompetencia. Peor aún, el testigo era un Omega de bajo rango.
La mayoría de las veces, Stan intentaba no dejarse influenciar por algunas creencias de su tribu que carecían de fundamento, como pensar que Kyle, el único chico pelirrojo de su tribu, era una señal de mala suerte. Pero era difícil creer que Kyle no atraía la mala suerte cuando se topó con él después de la peor caza de su vida.
Stan intentaba por todos los medios no sucumbir al dolor, así que se concentró en observar la cola de Kyle y cómo se mecía con el movimiento de sus caderas al caminar. Stan nunca antes le había prestado atención a Kyle, pero ahora era bastante fácil distraerse mirando sus piernas, muslos y nalgas redondas y carnosas.
Recordó que sus compañeros de caza una vez mencionaron que Kyle tenía un cuerpo tan llamativo que sería más fácil para cualquier incauto desprevenido caer bajo su maldición. Su buen aspecto era un desperdicio en él porque nadie en la tribu era lo suficientemente tonto como para acercársele.
Siguieron caminando y Stan miraba la curva de la espalda de Kyle cuando oyó el sonido de una rama que se rompía a su derecha, y luego vio un lobo enorme corriendo hacia el pelirrojo distraído.
—¡Kyle, cuidado! —gracias a la adrenalina, Stan pudo dar un gran salto y empujar a Kyle lejos del peligro, ganándose una nueva mordedura de lobo, esta vez en su brazo derecho. Aunque no tuvo tiempo de examinar la nueva lesión porque él y el lobo rodaron por el suelo.
Kyle gritó sorprendido e intentó ayudar a Stan —que ahora estaba bajo el lobo, forcejeando para defenderse con su cuchillo— golpeando al lobo con su cesta y derramando todas sus bayas por todas partes.
El lobo gruñó pero no prestó atención a Kyle; todos sus esfuerzos se concentraron en rajar la garganta de Stan con sus colmillos. Kyle miró en todas direcciones, tratando de encontrar algo que pudiera ayudarlos y pronto vio una rama grande, que no dudó en recoger y empuñar para golpear al lobo.
El primer golpe no hizo más que irritar al lobo, pero el segundo captó su atención. A Kyle le habría gustado poder ayudar a Stan, si no fuera porque el lobo ahora tenía puesta toda su atención en él y parecía decidido a devorarlo de un bocado.
Kyle se acurrucó, paralizado por el miedo, y no pudo hacer nada más que esperar a que el lobo se abalanzara sobre él y acabara con su vida. Por suerte, el ataque nunca llegó. En cambio, oyó un aullido agudo y vio a Stan, con el cuchillo en la mano, saltar sobre la espalda del animal y clavarle el cuchillo en el cuello. El lobo resistió, pero Stan se mantuvo firme y lo apuñaló un par de veces más hasta que el animal cayó sin vida al suelo.
—¿Estás bien? —preguntó Kyle cuando Stan, quien, tan pronto como se dio cuenta de que el lobo ya no luchaba, cayó al suelo junto a él.
—Sí, ¿y tú? —La respiración de Stan sonaba agitada.
Kyle se arrodilló en el suelo. No estaba herido, pero sentía que necesitaba un descanso para calmarse. Miró todas sus bayas esparcidas por el suelo. Una mañana entera de trabajo desperdiciada. —Yo también estoy bien.
Stan recogió la baya más cercana y se la metió en la boca. Las mordeduras del lobo eran dolorosas, pero aun así intentó fingir que no le dolían. —Esta está muy jugosa.Se te da bien recolectar.
Kyle sonrió. —Y a ti se te da bien cazar.
—No estoy tan seguro —Stan cerró los ojos.
Kyle suspiró y gateó hasta llegar al lado de Stan. —¿Puedes caminar?
—Creo que sí.
—¿Ahora me dejarás que te ayude?
—No me queda otra.
Kyle puso los ojos en blanco, pero finalmente sonrió. —De acuerdo,vámonos.
Kyle ayudó a Stan a ponerse de pie y, mientras regresaban juntos a la tribu, Kyle sintió un calor en el pecho.
Todavía no albergaba ninguna esperanza de encontrar una pareja esta temporada. Esta vez no iba a cometer el mismo error de preguntarse si Stan se convertiría en su pareja, pero quizás... sería su amigo.
Eso lo haría feliz.