ID de la obra: 1405

El peligro del matrimonio

Het
NC-17
En progreso
1
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planificada Mini, escritos 56 páginas, 26.603 palabras, 23 capítulos
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Madrugada

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Aun no había terminado de despertarse, cuando escuchó pasos en la habitación contigua. Terence normalmente se despertaba antes del amanecer, sabía que no todas las hadas se levantaban a esa hora. Por eso no pensó que Vidia tuviese curiosamente su mismo horario. Había estado andando por su habitación de puntillas para no hacer ruido porque temía despertarla. La noche anterior había sido mágica en el mejor de los sentidos. Casi nunca servían sus ideas, él debía admitirlo, pero esta vez vaya si había funcionado. Vidia se había relajado mucho, hasta el punto de casi quedarse dormida. Nunca olvidaría el aroma a flores y las ondas del polvillo al caer suavemente por las nervaduras de sus alas. Su gesto de satisfacción mal disimulada o su pronto confort. La vio adormilarse antes incluso de que fuera hora de dormir y eso le confirmó que había hecho bien las cosas de alguna forma. ¿Qué tendría que hacer Vidia tan temprano? Las jornadas de Terence comenzaban tan temprano porque él salía desde la mañana entregando saquitos de polvillo a las hadas de todo el país de las hadas. Había otros repartidores, pero aun así no eran pocos los que necesitaban el polvillo. Pero Vidia no tenía porqué levantarse tan temprano, aun cuando era un hada de vuelo veloz de más bajo rango. Ahora creía haber oído que trabajaba de mano derecha del ministro del Otoño. Salió de su habitación cuando escuchó abrirse muy suavemente la puerta del cuarto de ella. Ambos se encontraron en el pasillo, y se miraron con algo de sorpresa. Ella traía una velita de cera de abeja con una delgada hebra de cordel por mecha. Con los rostros iluminados bajo esa luz anaranjada leve, Vidia dio un paso hacia atrás al ver a Terence salir de las sombras así sin más. Terence se rió suavemente de su respingo, cubriéndose la boca. —¿Viste un fantasma? Vidia, ya recompuesta, se cruzó de brazos en un gesto enfurruñado. —¿Qué haces despierto tan temprano? —preguntó, en un tono desdeñoso, aunque en sus ojos brillaba un rastro de curiosidad. Terence le devolvió una sonrisa confiada, notando su gesto, y alzó una ceja. —La verdadera pregunta es… ¿Qué haces tú despierta a esta hora? Pensé que la gran Vidia descansaba hasta tarde. Ella resopló, con una mueca desdeñosa. —No todos tenemos trabajos tan triviales como repartir polvo de hada como si fuera confeti. Algunos tenemos responsabilidades serias. —¿Confeti? —Terence soltó una risa, sacudiendo la cabeza— Sin el "confeti" no podrías hacer ni la mitad de esas cosas “serias” que tanto presumes con tu raro talento ¿sabes? Vidia lo miró de reojo, como si quisiera ignorarlo, pero una leve sonrisa sarcástica se asomó en sus labios. —¿Y qué? ¿Ahora te sientes un héroe, Terence? Si quieres que te agradezca, tendrás que esperar sentado. Él se cruzó de brazos, inclinándose ligeramente hacia ella, su tono un tanto burlón. —Si esperara tu gratitud, me convertiría en una estatua, ¿no crees? Ella rodó los ojos. —Al menos sabes lo que te espera, y ahora, si te quitas del medio, algunos tenemos cosas importantes que hacer. Terence suspiró, haciéndose a un lado en un gesto exagerado. —Por supuesto, no quisiera interponerme entre tú y el destino del otoño —Vidia pasó a su lado sin voltear, aunque murmuró por lo bajo con un tono divertido que no pudo disimular—. Bien. A ver si este siguiente ciclo lunar no necesita de tus “confetis”  Él se rió por lo bajo, comprendiendo que había logrado derribar, aunque fuera un poco, la coraza de sarcasmo de Vidia. Desde que compartían casa, ella había hecho un esfuerzo visible por ser más tolerante con él, aunque sus interacciones siempre parecían girar en torno a un juego de palabras afiladas. Por su parte, Terence hacía lo posible para que el ambiente entre ellos fuera cómodo, consciente de que, tarde o temprano, tendrían que enfrentarse al hecho de que el otoño y el bienestar de la Tierra de las Hadas dependían de ellos. Fue en le pasillo cuando ella recordó que no se podía dar el lujo de volver a ser tan odiosa como era siempre con él, que ahora se suponía que debían ser buenos el uno con el otro para poder hacer que esto funcionara. Sino, no habría otoño nunca más. Vidia resopló y, con una nueva faceta, se volvió a él. Terence estaba por salir a la cocina para prepararse algo cuando ella regresó a su lado. Sin previo aviso, Vidia pareció detenerse en seco, como si reconsiderara algo. Se volvió hacia él con una expresión curiosa. —¿Te gustan los bollos de crema? —preguntó con voz un poco más suave, sorprendiéndolo. El cambio de reacción fue tan abrupto que Terence solo atinó a reírse, un tanto desconcertado. —¿Te refieres… a que tú los preparas? —No te emociones demasiado —respondió, rodando los ojos y encogiéndose de hombros—. Solo preguntaba, nada más. Vidia, que había captado el cambio de él también, supo que sería esta una convivencia dificil, en efecto. Asintió, forzando una sonrisa y empezó a caminar hacia la cocina. Por suerte, gracias a Tinkerbell, ahora existían cosas que se llamaban microondas, que hacían pequeños bollos en una taza con pocos ingredientes. La crema batida si tendría que prepararla aparte, pero eso lo hacía rápido.  La cocina estaba envuelta en una tranquilidad que no era habitual, y mientras ella empezaba a preparar la mezcla para los bollos en una taza, él decidió acompañarla, recostado en el umbral de la puerta. Observaba cada uno de sus movimientos, intrigado por esa faceta más doméstica y natural de Vidia. —Disculpa lo anterior —dijo Vidia con una ligera sorpresa, tratando de suavizar su tono, sin mirarlo—. No sabía que te despertabas tan temprano. —Bueno, ya ves. —Él soltó una risita, sintiéndose un poco menos tenso al escuchar ese intento de disculpa— Mi trabajo comienza antes de que la mayoría de las hadas despierte. Se miraron en silencio, ambos queriendo decir algo pero sin saber bien cómo seguir. La verdad de su matrimonio impuesto y la expectativa de un futuro hijo flotaban en el aire, pero ninguno estaba listo para tocar el tema. —Ya hablamos de mi, ahora dime ¿Por qué tú te despiertas tan temprano? —Terrence intentó seguir la conversación— Pensé que el trabajo en el taller del otoño no comenzaba hasta mucho después de esta hora. Ella parecía dudar un momento antes de responder, como si tuviera que decidir si quería ser sincera. —No, yo... —ella suspiró, sin saber si decir eso o no, colocó la harina, el chocolate, la miel y todo en la tacita y la puso en el microondas mientras preparada la crema aparte— yo... salgo a recolectar gotas de rocío. Terence, sentado ahora a la mesa, alzó la mirada, con renovado interés. —¿Rocío? ¿Por qué? Ella torció la boca un momento, mientras probaba la crema y agregaba un poco más de azúcar. —Sabe bien en el té... —murmuró, justificándose— es un agua diferente, con un sabor diferente y un efecto diferente... es como el polvillo que me trajiste anoche... relaja... Terence sintió que su valía subía ante ese comentario. Lo que más quería era que Vidia dijese algo al respecto de lo de anoche, y la forma en la que había surgido, sin que él lo buscara, lo hacía todavía más sincero y creíble. Con una sonrisa de comprensión y un toque de picardía, preguntó: —¿Te molestaría si te acompaño alguna vez? Vidia dudó un momento, sin saber si aceptar su oferta. Agregó extracto de vainilla a la crema mientras pensaba. No estaba acostumbrada a recibir ayuda ni a compartir sus rutinas con nadie, pero la noche anterior había sido agradable… y tal vez dejar que él participara no era tan mala idea. —No veo porqué no podrías venir. Si crees que puedes seguir mi ritmo... —respondió con una pequeña sonrisa desafiante, intentando mantener su tono altivo, pero dejando entrever un rastro de complicidad— No me gusta esperar. Terence le devolvió una mirada entre divertida y confiada. —Soy un repartidor, tengo práctica con eso de ser rápido. —Una pequeña sonrisa curvó sus labios— Si me das una oportunidad, puede que hasta te sorprenda. Ella rodó los ojos, aunque esta vez sin molestia. Volvió a enfocarse en la crema batida, intentando distraer la pequeña sonrisa que se asomaba en sus labios, algo que parecía imposible de disimular esta mañana. La idea de que él la acompañara, aunque fuera en algo tan simple, le resultaba… inesperadamente cómoda. Cuando el microondas pitó, Vidia sacó la taza con el bollo caliente y lo cubrió con una buena capa de crema batida. A sabiendas de que al hada del polvillo le gustaba en extremo lo dulce, se atrevió a dejar caer algunos hilos de piel por encima de la crema. Al colocarlo en la mesa, se dio cuenta de que Terence la miraba, agradecido. El olor era bastante agradable y el sabor seguro que también estaba buenísimo. Ella lo miró por un instante más antes de apartar la vista. —Bueno, entonces veremos si tienes lo que se necesita. Pero si me haces perder tiempo, estás advertido.
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