ID de la obra: 1431

No necesitamos a Lokar

Gen
G
Finalizada
2
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
27 páginas, 13.772 palabras, 12 capítulos
Etiquetas:
AU
Descripción:
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Capítulo 1 : Exilio

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La entrada del refugio de Lokar nunca pareció más triste, desolado y lúgubre, frio y descarnado, como cuando ellos tres lo cruzaron por última vez. Zylus iba delante, con su orgullo intacto, con sus cosas en un par de cajas de cartón en los brazos, con la frente en alto y los hombros atrás, marcando el paso. Tras él, Rynoh, pisándole los talones, iba cabizbajo, con un gesto de angustia en su mirada anaranjada, aferradas las manos a un cofre cerrado con sus propias pertenencias. Bash parecía desasociado, con un gesto bastante indiferente en el rostro que los demás atribuían a que realmente no estaba entendiendo la magnitud de todo el asunto. Él solo traía un bulto a la espalda, que parecía algo de ropa y algunas bagatelas. Sin que los demás le prestaran atención, iba tarareando una cancioncita inventada por lo bajo. Zylus caminaba con dignidad, con paso firme y decidido. Bash, en cambio, tropezó con algo y ni se dio cuenta, tarareando su cancioncita inventada. Rynoh, por su parte, dejó escapar un gemido ahogado, abrumado por la certeza de su fracaso. Cuando llevaban ya un par de kilómetros caminados en puro silencio, Zylus se volvió a ellos para gritarles: —¿Él cree que nos desahució echándonos? —¿Eh? —se sorprendió Rynoh. Al quedarse quieto en su posición producto de la impresión, fue atropellado por Bash que venía detrás de él en piloto automático. El impacto lanzó a Rynoh hacia adelante como un muñeco de trapo, tropezando con sus propios pies antes de recuperar el equilibrio de forma desastrosa. —¡Oye, fíjate! —gruñó hacia Bash antes de volverse a su líder que seguía desahogándose— ¿Qué demonios decías, Zylus? —Lokar piensa que moriremos sin él, —insistió el líder, sin querer dejar el tema— que nos hizo un gran daño echándonos ¿cierto? Con fuerza, dejó sus cosas en el suelo y se puso a caminar en círculos alrededor de ellos, despotricando a los gritos. Rynoh no evitó pensar que lo hacía ahora porque en el fondo era tan cobarde como ellos también y esperó a estar lejos del refugio de Lokar y sus oídos para poder ponerse a insultarlo. —… Supongo —respondió Rynoh, sin muchas ganas de discutir.  —¡Exacto! ¡Pero no! ¡Nosotros no caeremos! ¡Nosotros…! —Zylus, te estás mareando con tanto girar... Oh, ahí va de nuevo... —interrumpió Bash, viendo cómo su líder empezaba a dar vueltas demasiado rápido. Lokar había sido muy duro, quizá demasiado. Pero Zylus no se había quedado atrás, había tomado la delantera y le había contestado hasta la última acusación. Había sido rebelde, imprudente y orgulloso, pero, para él, no era para menos. Después de haber hecho la voluntad de su maestro todo ese tiempo, echarlos por tan poco era una injusticia. Rynoh y Bash estaban agradecidos por ser defendidos por su líder, que mantuvo en todo momento su postura prepotente ante Lokar. Pero era evidente que Zylus no había terminado de decir todo lo que pensaba del maestro. Seguía molesto y con creces y ahora gesticulaba y apretaba los puños mientras seguía moviéndose erráticamente. —Hombre, estás dándonos dolor de cabeza y nauseas ¿puedes parar? —se exasperó Rynoh, dejando su cofre en el suelo a su vez para mirarlo sin el menor atisbo de paciencia. Zylus, ante esto, detuvo su caminar para volverse hacia Rynoh. —Todo esto es culpa tuya, Rynoh. —Pareció decidir dirigir toda su frustración hacia él de la nada y se le acercó amenazadoramente con los puños disparejos en alto— Si no hubieras estropeado la última misión a la que nos envió Lokar... —¡Eso fue un accidente! —se defendió él, poniendo las manos en las caderas y alzando el mentón con altanería. —¡Claro que fue un accidente! —contraatacó este, dando un otro paso adelante— ¡Por eso es culpa tuya! —Yo solo seguía tu estúpido plan. —no se dejó intimidar, dando otro paso hacia él, mirándolo hacia abajo desde su altura con sus ojos profundos e inhumanos— Talvez deberías reconsiderar tus acusaciones hacia ti mismo. Bash, que hasta ahora solo miraba el cielo, murmuró— Mmm... yo diría que es culpa de Lokar por no saber apreciar nuestra grandeza. Ambos lo miraron con sorpresa y, de pronto, se dieron cuenta de lo ridícula que era su discusión. Se miraron un momento más con odio antes de que ambos se dieran la espalda en un gesto infantil de molestia y frustración. Ambos sabían que estaban exagerando, pero ninguno se pediría perdón, simplemente harían como si esa pequeña afrenta nunca pasó. —Da igual de quien es la culpa. —masculló entre dientes Rynoh, cruzado de brazos, dirigiéndose a su cofre olvidado sobre el hielo— El hecho es que ya nos echó. —Como a sacos de basura. —asintió Bash, dejándose caer sentado en su saco de pertenencias que se amoldó y aplastó ante su peso. —Y ya no tiene caso seguir buscando culpables. —continuó Rynoh, resoplando y a su vez tomando asiento en su cofre, recargando el mentón sobre sus puños. Los codos en las rodillas. Zylus, que seguía molesto y sin poder sacar su frustración, suspiró. Permaneció ahí un rato más, sin dar el brazo a torcer antes de que por fin el silencio y el frío se sintió lo suficientemente opresivo como para que le diesen ganas de moverse de nuevo para entrar en calor. La oscuridad empezó a cernirse sobre ellos y, para su pesar, a kilómetros a la redonda, solo se veía hielo y nieve. En voz baja, comentó— En fin... lo importante es que somos libres ahora. Somos guerreros, sobreviviremos. Un aullido lejano rompió el silencio. —¿Qué demonios...? —Rynoh se giró alarmado— ¿Sobreviviremos dónde? No veo ningún refugio cerca y... ¿eso fue un lobo? —No creo que haya lobos en el polo norte. —se encogió de hombros Zylus— Pero si nos viene algún lobo o cualquier tipo de monstruo, me encontrará en un pésimo momento. Apretó con fuerza el puño verde mientras hacía coraje de nuevo. Bash y Rynoh sonrieron levemente ante esto, ellos estaban de acuerdo. El frío se estaba haciendo cada vez mayor y ninguno de los tres estaba vestido para esos sitios helados. —¿Acamparemos? —sugirió Bash con un atisbo de ilusión, como si no estuvieran en medio de un desierto helado.
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