Desarraigo

Het
PG-13
En progreso
6
Fandom:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 47 páginas, 21.280 palabras, 13 capítulos
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
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Capítulo 13: Condiciones no negociables

Ajustes
La ventana que daba al exterior era muy alta para ella. Incluso saltando, apoyándose en las paredes, le era imposible llegar ahí. Y aunque su kairu estaba un poco más revitalizado que la última vez que Lokar la acechó en aquel salón, no podía usarlo para nada más que para sentirse menos muerta interiormente. Tarde o temprano, Rynoh daría con la fuente del potencial del kairu oscuro dentro de ella. Aunque ni siquiera ella misma supiese donde lo ocultaba, sabía que debía estar por ahí. Sabía que debía seguir buscando en meditación dentro de si misma, porque solo así podría encontrarlo y ocultarlo. Por nada del mundo debía perder su potencial oscuro. Si caía en manos de Zane, de Zylus, o incluso de Diara, las cosas serían muy muy malas. Nada los detendría... probablemente ni siquiera el mismo Lokar. Estaba sentada bajo esa ventana desde hacía un par de horas, pensando, cuando las luces en la esquina de la celda la alertaron. Maya se incorporó de un salto, en tensión completa, lista para seguir con la batalla. Pero cuando Rynoh apareció delante de ella, no accionó de inmediato. —¿Y bien? —escupió ella, clavándole una mirada semejante a una daga envenenada— ¿Vienes a seguirte burlando de mi? ¿Para eso me trajiste estos libros absurdos? ¿Cómo una ridícula ofrenda de paz? Ambos miraron hacia el bulto de la esquina contraria, donde se habían quedado los tres libros que Bash había conseguido la otra noche. Rynoh no evitó mostrar una expresión de ligero descontento ante su regalo rechazado, pero lo ocultó de la mejor forma posible. —Vengo por lo que necesito de ti, ya lo sabes. —suspiró, con exasperación—. Así que quédate quieta y no lo hagas más dificil. Así como un parpadeo, como el flash de esas cámaras antiguas que tanto le gustaban a Boomer, Maya se encontró de nuevo en su refugio mental. De nuevo estaba en el monasterio y el viento que se alzaba en esas áreas elevadas la dejó respirar de nuevo. Aunque sabía que no era más que una ilusión, muchas cosas se sentían vivas, casi casi reales. Ahí estaba Rynoh de nuevo, echando una mirada desapasionada a su alrededor antes de cruzarse de brazos. —Vengo a proponerte algo. Maya dejó por un momento su postura defensiva para prestar real atención. Lo observó con curiosidad y cierta suspicacia. —Te escucho... Pareció como si por un momento, Rynoh iba a hablar, pero se detuvo. Cerró la boca y desvió la mirada hacia el suelo. Se quedó un segundo en silencio antes de decidir volver a comenzar. —Ya has visto los libros —por el gesto de desaprobación propia, Maya dedujo que Rynoh se arrepentía de haber dicho eso—, bueno... viste la bolsa con los libros... Bueno, da igual. —Si... continúa —gruñó ella, cruzándose de brazos a su vez. Él suspiró de nuevo, parecía que odiaba en gran medida sentirse como se sentía. Pero Maya no lograba descifrar qué era exactamente lo que pretendía. Al ver que Rynoh volvía a rodear el punto, inseguro de pronto, ella perdió ligeramente la paciencia. —Si tu intención es hacerme cooperar, me temo que no hay regalo que pueda comprarme —dio un paso hacia él, con el tono rayando en amenaza—, ni siquiera son libros buenos. Me has traído catálogos de funcionamiento de aspiradoras terrestres, Rynoh. —¿Eso son? —el chico se quedó estático un momento, luego subió una mano a su nuca antes de soltar una risa algo estrangulada— nunca lo hubiera imaginado... De todas formas no es mi problema, Bash tomó lo que estaba en el idioma correcto, supongo. —¿Estás de broma, cierto? —ella apenas y sonrió, más por la incomodidad que por todo— ¿No sabes leer acaso? ¿o el español te es un idioma extraño? —De eso es lo que quiero que hablemos. —suspiró Rynoh. —Suspiras demasiado. —murmuró ella. Él asintió resignado, sin agregar más. A Maya este mutismo le molestaba más que cuando él la persiguió por los tejados o cuando la agarró para evitar que se fuera. No le gustaba la inacción, quería que todo se acabara de una vez. Pero entonces Rynoh volvió a hablar. —He robado partes de una de las computadoras de Lokar —dijo al fin, sin pensar demasiad—, No las suficientes como para que lo note, aunque creo que Zane sospecha, no creo que puedan probar nada por el momento... El punto es que quiero que hagamos un canje. Tú quieres salir de aquí y conservar tu kairu. Yo tengo si o si que cumplir con mis ordenes. Pero acertaste, no sé leer, genio. Ella alzó las cejas con genuina sorpresa. No se hubiera imaginado nunca que alguien como él no sabía algo tan básico. Aún así, cuando ella quiso decir algo, Rynoh reaccionó casi explosivamente. —No es asunto tuyo —le cortó de inmediato—. ¡Y no confundas eso con ser inútil! No me hace falta —dijo, encogiéndose de hombros con mal fingida indiferencia—. No para lo que hago. El hecho es que tú si sabes leer... Hablaré con Lokar, para proporcionarte libros, como una especie de ultima dádiva mientras te desarraigo. Entre las páginas esconderé las piezas que necesitas para hacer un X-reader, te proporcionaré el kairu suficiente para un monstruo y unas tarjetas de ataques para que puedas escapar. Pareció que Maya se quedó sin aliento un segundo, porque se había quedado boquiabierta. Pero eso no duró mucho, con la misma rapidez volvió a su posición inicial, alzando levemente el mentón en son de suficiencia. —¿A cambio de qué? dijiste que era un canje. ¿Qué tengo que darte a cambio? ¿mi kairu? porque si es así estás perdiendo tu tiempo. Rynoh también perdió su nerviosismo, ahora parecía fingir con más pericia el papel de hombre de negocios. —Necesito que me leas el pergamino con las instrucciones de cómo desarraigarte —Maya estaba por gritarle la respuesta, pero él alzó una mano para detenerla—. No he dicho que te daré libre espacio para escapar, solo te he dicho que te proporcionaré los medios para que puedas crearte tú misma la forma de escapar. No directamente… no soy estúpido. Y tú, al leerme los pasos correctos, me darás los medios para hacer mi trabajo de mejor forma. ¿Entiendes? estaremos al mismo nivel. Maya tomó asiento en el escalón de roca del patio del monasterio. Rynoh se quedó frente a ella, de pie. Ambos se miraron a los ojos por unos segundos largos mientras el viento soplaba y las hojas de los árboles seguían moviéndose. —En conclusión... —dijo ella, invitándolo a resumir todo lo dicho. —Tú me lees el procedimiento correcto y yo me aseguro de que tengas… opciones. Qué hagas con esas opciones no es mi problema. Maya se puso en pie y dio unos pasos lentos para empezar a pensar en todo. No era tonta, sabía que era arriesgado, muy arriesgado. Visualizó el plan en su mente como un esquema, de un paso al siguiente, desglosando los contras y pros uno a uno hasta que dio con la primera falla. —¿Cómo se supone que voy a armarlo? —lo interrumpió—. No es solo tener piezas. Es saber cuáles sirven y cuáles no. De la nada, Rynoh frunció el entrecejo y su tono se volvió un poco chillón. —¡No te hagas la tonta! —replicó demasiado rápido—. Zane se ha jactado muchas veces de cómo siempre ha sabido cómo armar y desarmar un X-reader desde el día en el que empezó a servir a Lokar. Por lo que deduzco que el maestro Baoddai les enseñó a todos ustedes. No quieras engañarme, Maya. Ella sonrió de lado apenas. No, Rynoh no era tan tonto como decía. Ella volvió a pensarlo un momento, ya que el canje tenía su trampa. Si no buscaba sentar las bases de ese trato, podría perder incluso la poca ventaja que estaba ganando. —Si estás dispuesto a traerme un lote de piezas a la vez, yo te iré leyendo los pasos del pergamino de forma proporcional. Tú me darás las piezas primero y yo leeré después. Y —alzó un dedo en son de mando, adoptando una postura algo mandona a su vez—, dentro de este refugio mental se acaban los canjes. Aquí cada quien pelea por sus intereses. No creas que por ayudarme fuera, aquí te entregaré en bandeja de plata mi kairu. Rynoh sonrió a su vez también. —Es justo. ¿Significa que esto será como una especia de juego? —No exageres —ella suprimió su sonrisa—, sigue siendo algo serio. Sigues invadiendo mi intimidad al estar aquí. No esperes que te lo permita tan fácilmente. Agradezco tu ayuda, pero no me rendiré. Él le sonrió de la misma forma. —Me parece que tenemos un trato.
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