ID de la obra: 144

Lejos de tus ideales.

Mezcla
NC-21
En progreso
10
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planificada Maxi, escritos 1.040 páginas, 491.653 palabras, 47 capítulos
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Capitulo XXXVI. El ladrón del todo Parte I

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Notas:
° • . Ella sintió que alguien le tocaba en su hombro. ° • . Estaba tan cansada, que no quería despertar. ° • . Unos golpecitos suaves, apenas perceptibles, la sacaron de su sueño. Algo le tocaba el hombro desnudo con cuidado, como si no quisiera asustarla. Poppy abrió los ojos lentamente, parpadeando con pesadez, dejando ver lo rojizos que estaban. Lo primero que vio fue la carita redonda de un pequeño juguete de Hoppy, la cual poseía un reloj en sus manos, ella había sido mandada por el prototipo porque sabía que Poppy se quedaría a dormir con él, señalando la hora con urgencia… pero sin perder la dulzura de quien sabe que interrumpe algo precioso. —¿Ya es tan tarde…? —murmuró la muñeca con voz ronca, más por el cansancio y los tragos que por el sueño real, pues miraba que ya eran las 5 am. Ella se encontraba dormida de boca abajo, mostrando su espalda desnuda pero lo demás estaba tapada con la sabana, se incorporó ligeramente, tomando las cobijas para tapar su cuerpo, sintiendo el leve cosquilleo de la tela sobre su piel sensible. Le sonrió al pequeño juguete, acariciando su cabeza como si fuera un niño obediente. —Gracias cariño… ya me levanto —susurró con ternura. El mini juguete asintió y, con una pequeña reverencia casi ceremonial, dio media vuelta y salió corriendo hasta meterse en la ventilación Poppy soltó una risa suave, cargada de cansancio, y al girar el rostro notó la escena que la hizo suspirar de inmediato. El Prototipo seguía allí, acostado a un costado de la cama, con su cabeza descansando sobre una parte del colchón, usándola como si fuera una almohada improvisada. Su expresión, por una vez, era tranquila… desarmada. El brillo rojo de su ojo se había desactivado, indicando que estaba profundamente dormido. Tal vez el alcohol, aunque no humano, había logrado aturdir incluso a una mente como la suya. Poppy lo observó en silencio, sin moverse. Los recuerdos de la noche anterior llegaron a ella como un huracán que la hizo sonrojar bastante, ella murió de vergüenza, al recordar como actuó como una puta necesitada. Nunca pensó actuar de esa manera tan… vulgar. se tapó mejor con las sábanas. Su cuerpo seguía desnudo, marcado por rastros de lo ocurrido, con restos de esa baba negra y transparente que tanto la hacía estremecer. El maquillaje, que alguna vez adornó su rostro con elegancia, ahora era solo unos manchones difuminados entre lágrimas secas y placer desbordado. Su cabello, recogido con esmero, se había convertido en un revoltijo de mechones despeinados que caían sobre su frente y cuello. Estaba hecha un desastre. Con un leve suspiro, Poppy apartó las sábanas con cuidado, procurando no despertar a 1006. Se incorporó con lentitud, su cuerpo aún dolía con cada paso, admitía que habían sido muy salvajes, sentía sus piernas temblor y su intimidad estaba demasiado sensible para ser tocada de nuevo. Alcanzó su vestido arrugado del suelo y comenzó a ponérselo en silencio. No había avanzado mucho cuando sintió un jalón haciéndola volver a la cama, provocando que rebotara y gimiera ante el acto. —¿A dónde crees que vas…? —la voz rasposa, grave, y con una calma inusualmente serena, la detuvo en seco. Poppy giró lentamente. Allí estaba él, con su ojo rojo encendido pero tranquilo, Mientras su cabeza aun descansaba en la cama. El Prototipo no tenía la misma intensidad desbordante de la noche anterior. No estaba fuera de sí, ni poseído por los celos o el deseo… parecía, por primera vez en mucho tiempo, en paz. Ella se rio suavemente, levantando una de sus manos para acariciar el rostro de su amado. —Sabes que tengo que irme… las personas llegaran, nadie debe saber lo que hacemos y lo sabes. —Explico Poppy bastante tranquila mientras sonreía, pero su corazón dolía por eso ultimo. No podían arriesgarse hasta que Elliot este fuera de la ecuación. El Prototipo refunfuño en su lugar, desangrándole la idea de que Poppy se aleje, pero no tuvo más opción, ya que sabía que también que tenía que dejar este lugar limpio antes que los humanos llegaran. —Entonces nos vemos… esta noche. —Contesto el ser mientras se acorrucaba como podía lo más cerca de Poppy en esa cama. Poppy asintió, sin palabras, dejando que una leve sonrisa se dibujara en sus labios. El corazón le palpitaba con fuerza, una mezcla de tristeza, amor y esperanza latiendo en su pecho. Habían vuelto. Contra todo pronóstico, contra todo lo que los había roto… se habían reencontrado. —Está bien, te veo en la noche. —Susurró ella mientras lo besaba suavemente en la frente, como solía hacerlo en aquellos primeros días cuando aún eran inocentes, cuando todo era nuevo. Después de ello solo se retiró dejando al Prototipo solo mirando como ella se retiraba por esa ventilación. Provocando que de alguna manera se sintiera impotente no poder compartir todo un día, con aquella muñeca que lo tenía loco con su amor. El ser solo se volvió a recostar, queriendo descansar en aquellas sabanas y almohadas donde aun preservaba el aroma de Poppy. Nunca pensó extrañarla de nuevo en tan solo unos segundos de que ella se fue. Realmente se sorprendía lo que el amor podía llegar a hacerle. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ El vapor flotaba suavemente en el aire, cubriendo el baño con una neblina cálida y acogedora. Poppy estaba sentada en la amplia tina, con las rodillas recogidas contra el pecho y los brazos rodeando sus piernas. El agua caliente le acariciaba la piel como un consuelo necesario. La espuma se acumulaba alrededor de su cuerpo, mientras su cabello ahora limpio, pero aún húmedo, caía por sus hombros en ondas desordenadas. Cerró los ojos por un momento, respirando profundamente el aroma del jabón floral que flotaba en el aire. Estaba cansada, pero no era sólo el cuerpo. Era un agotamiento más profundo, el que nacía del alma. La imagen del Prototipo durmiendo, con su cabeza cerca de la almohada donde ella había descansado, aún flotaba en su mente. Habían vuelto a encontrarse, se habían elegido otra vez… pero nada era igual. Había dulzura, sí, pero también oscuridad. Posesión. Miedo. Amor. Todo entrelazado como una madeja imposible de separar. —¿Qué voy a hacer contigo…? —susurró para sí misma, hundiendo un poco más el cuerpo bajo el agua caliente. Pero no era solo él. Elliot aún estaba allí. Acechando y Observando. Y ella lo sabía bien, mientras él existiera como amenaza, su mundo no sería seguro. No solo el suyo… sino también el del Prototipo, el de sus hijos, en especial para Dogday y de todo lo que estaban reconstruyendo. Poppy apretó la mandíbula, clavando la mirada en las ondulaciones del agua. No podía seguir escapando de ese problema. Elliot tenía que salir de su vida, de una vez por todas. Y esta vez, no pensaba huir ni ocultarse tras decisiones desesperadas. Se recostó un poco en la tina, dejando que su cabeza reposara contra el borde frío de mármol hecho a su medida, por esas épocas en donde era la favorita de Elliot, mientras sus pensamientos se dispersaban un momento. —¿Qué habrá pasado en la fiesta…? —murmuró, pensativa. Realmente quería disfrutar más de la fiesta, pero tenía que cumplir su trato con su ahora pareja, no se arrepentía en absoluto, su coño temblaba aun con esa sensación cosquilleante al recordar esa lengua larga y gruesa. Pero no iba a negar que le daba curiosidad, sobre como disfrutaron de la fiesta sus hijos. Tenía tanto que pensar que solo le dolió un poco la cabeza, probablemente el alcohol le estaba pasando factura, así que decidió que por hoy… solo quería estar aquí. En paz. Una palabra que apenas sabía pronunciar sin que le doliera la garganta. Poppy cerró los ojos, sintiendo el calor del agua envolverla por completo. Su cuerpo todavía estaba sensible, casi como si su piel conservara la memoria de los besos de anoche. Esa boca hambrienta, la desesperación de ser deseada y devorada… el contraste de haber sido tan maltratada por los humanos y ahora amada por otro ser que ni siquiera era humano del todo. Irónico. Pero, entre la bruma de la calma, otro rostro se coló entre los pliegues de su memoria. No era reciente. Ni siquiera era uno al que quisiera volver. Aquel humano. Aparecido en su memoria, el mismo que lo utilizo para olvidar al Prototipo, pero a pesar de todo lo recordó con cariño. Solo cerro sus ojos y trato de recordar su ultimo día con él. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ Poppy estaba sentada en aquella almohada sobre su escritorio, con la mirada perdida en los documentos que llevaba horas sin leer. Sus manos reposaban quietas sobre el papel, pero sus dedos temblaban apenas, apenas perceptibles. Sabía que sería un día muy difícil tanto que su corazón ya comenzaba a doler, sintiendo como si se volvía a romper, se supone que debía estar planeando sus nuevos proyectos, dar en marcha sus planes para que sus hijos consiguieran sus derechos y libertad. Dogday le había una oportunidad única, indirectamente controlaba a Elliot y había logrado de alguna manera llegar a un acuerdo con el Prototipo, ese antiguo amor que ahora él la odiaba, ella lo entendía y aun así lo comprendía, no podía evitar entender a 1006 sobre su resentimiento. Pero ahora mismo se sentía más miserable, porque ella a pesar de todo quiso seguir adelante, con alguien más, pero la culpa de no poder corresponder al 100% lo sentimientos de aquel humano que estaba enfrente de ella, hacía que se si entera más miserable. Él la miraba con suma tristeza, como si sus ojos reflejaran su amor por ella, algo que la muñeca no podía corresponder del todo. Un joven alto, con el cabello rubio cayendo desordenadamente sobre su frente. Con su traje del trabajador de esa maldita fabrica, sus ojos verdes brillaban con intensidad, pero hoy estaban cargados de algo más pesado, frustración… y miedo. Estaba enfrente suyo, ambos estaban solos, así lo querían. No podían evitar sentirse heridos. —Poppy… —murmuró su voz, ronca por haber callado demasiado tiempo—. No podemos seguir con esto. Ella alzó los ojos lentamente. Su rostro era una máscara de serenidad, pero sus ojos de porcelana estaban húmedos, por supuesto habían hablado por mucho tiempo sobre esto, su relación apenas tenía unos 2 meses de empezar y ella tuvo que confesarle una verdad a medias, todo para salvarlo de este infierno artificial. Él dio un paso hacia el escritorio, y luego otro. Como si temiera que, si se acercaba demasiado, el momento se rompería. —Tienes que venir conmigo —dijo, con urgencia contenida, no quería dejarla ahí, deseaba llevársela lejos—. Por favor. Vayámonos. Ahora. Antes de que sea tarde. Podemos empezar de nuevo… lejos de aquí. Poppy sonrió con tristeza, un gesto que desgarraba más que consolaba. Bajó la mirada. Sus labios temblaron apenas antes de responder, por supuesto que se sentía bastante deprimida, por fin sentía un poco de esperanza y lograba disfrutar de su nueva relación con ese apuesto humano, pero ahora ella tenía que acabar las cosas para salvarle la vida, ella no quería involucrarlo en los secretos de Playtime Co. Admitía que lo miraba más como un buen amigo que un novio, realmente compartió momentos muy felices a lado suyo, pero ahora tenía que terminar las cosas, tanto que su corazón dolía. Porque pensaba que por fin estaba superando al Prototipo al buscar un tipo de remplazo que llenara su corazón vacío, obviamente el chico no merecía que jugaran con él, aun sabiendo la muñeca que el rubio realmente se veía que la amaba tanto que hacía a la muñeca sentirse más miserable, porque no podía corresponder como el deseaba. Pero tampoco iba a irse, sus niños dependían de ella para un buen futuro. Poppy sonrió con tristeza, un gesto que desgarraba más que consolaba. Bajó la mirada. Sus labios temblaron apenas antes de responder. —¿Y si me voy… qué será de ellos? Él apretó los puños, conteniendo un impulso desesperado, comprendía hasta cierto punto que Poppy quería darles una mejor vida a los juguetes, ella era uno de ellos. Para él, Poppy tenía un corazón de oro. —Hay otros. Alguien más podría ayudarlos. No es tu carga, Poppy. No debería ser tu condena. —Trato de convencerse a sí mismo, realmente trato, pero ni él se creía esa mentira. Ella negó despacio, como si esa conversación la hubiera tenido mil veces en su mente. —Soy la única con poder aquí. La única que puede protegerlos. Sin mí, no tienen a nadie. Si me voy… nadie podrá evitar que los torturen, no puedo irme sabiendo eso. —Ella hablo con calma mientras sentía que su pecho dolía, por supuesto que también quería irse de ese lugar, no había nadie más que ella que lo deseara tanto, pero ya estaba tan metida en salvarlos y su amor maternal por mucho superaba su razón. Como madre debía hacer todo lo posible por sus hijos. El joven cerró los ojos. Dolía. La entendía… pero dolía. —¿Entonces… eso es todo? —preguntó, su voz a punto de quebrarse—. ¿Este es… el final? Poppy se levantó lentamente. Levantándose de su asiento y camino sobre el escritorio hasta él. Al llegar en frente, levantó una mano y este permitió al agacharse para que le acarició suavemente la mejilla. Sus dedos fríos y delicados se detuvieron sobre su rostro como si intentaran memorizarlo. —Lamento tanto que no funcionara entre nosotros… pero me alivia saber que estarás lejos de este infierno—susurró—. Te he preparado todo… papeles, documentos firmados, ya hablé con Elliot. Podrás irte… hacer tu vida, vivirla t hasta formar una familia… realmente es lo más que puedo ofrecerte como mi acto de amor… dejarte libre con oportunidades. Él bajó la cabeza. Una lágrima silenciosa se deslizó por su mejilla. —Pero no quiero un futuro en donde no estarás tú…— Hablo suavemente el joven chico, sintiendo como su corazón se rompía, estaba enamorado de esa muñeca, pero por muchos factores era imposible continuar juntos. Es lo más sano separarse. Poppy se inclinó, rozando su frente contra la de él. No hubo beso. No hizo falta. Porque en ese momento, se lo dijeron todo. Y luego, se apartaron. Él no dijo más. Sabía que, si lo hacía, no podría marcharse. Que, si la miraba una vez más, no la dejaría quedarse. —Espero volver a verte. —Menciono el rubio separándose. —Solo rezo que cuando nos veamos… sea en circunstancias mejores. —Pidió la muñeca con tristeza. Él sonrió y asintió mientras se alejaba y antes de que se fuera este miro por última vez a esa hermosa muñeca, que le regalo momentos felices en su estancia en la fábrica. —Adiós Poppy…—Murmuro con dolor. —Adiós…—Ella se despidió mientras alzaba su mano, mirando como el rubio se iba, cerrando la puerta en su lugar. Dejándola sola con ese dolor y alivio, porque al menos sabía que el joven serio feliz, lejos de ella, lejos de la fábrica y lejos de esa mierda de vida, que estaban condenados a vivir, mientras Elliot existiera. Solo suspiro con tristeza mientras sentía como sus lágrimas bajaban por sus mejillas, porque a pesar que no podía corresponder ese amor, no significaba que no doliera. Fue entonces que en un susurro murmuro su nombre. Player. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ Cuando ella volvió abrir sus ojos, noto que aún se encontraba en su baño, sumergida en agua caliente, se había perdido por unos minutos en sus recuerdos. Para ese punto las gotas que bajaban por sus semillas no sabía si eran de agua o de sus lágrimas, estaba feliz de que el rubio logro salir de ese lugar, y solo rezaba que estuviera teniendo una buena vida. Al menos agradecía que sus sacrificios no fueran en vano y poco a poco, la paz en esta fábrica estaba comenzando a verse. En especial cuando ella estaba volviendo a vivir y disfrutar de su propia vida. Solo esperaba que esto siguiera así. Aunque fuera solo por unos minutos. Unos pasos comenzaron a escucharse por el pasillo, parecían de alguien desesperado. Cada zancada retumbaba por el suelo, sin previo aviso, la puerta del baño se abrió de golpe. Dejando ver a Kissy realmente alterada. —¡Poppy! —chilló Kissy, jadeando y con los ojos abiertos de par en par. Sus mejillas estaban enrojecidas por el esfuerzo de correr, pero lo que más destacaba era su expresión, desesperación pura, miedo desgarrado. Sobre todo, hablaba con su voz, dejando en claro que no era nada bueno lo que escucharía. Poppy se incorporó de inmediato, sobresaltada. El corazón le dio un vuelco en el pecho al ver a su amiga entrar como una tormenta. —¡¿Qué pasa?! —preguntó alarmada, mientras se reincorporaba aun estando en la tina. —Elliot… ¡Elliot regresó! —soltó Kissy con un temblor en la voz. Poppy parpadeó, confundida al principio, y luego bufó con fastidio, recostándose de nuevo en su baño, relajándose en el acto. —¿Y qué con eso? Que lo ignoren, como siempre. Yo me encargo después. —gruñó cansada, no quería tratar ahora con Elliot solo quería dormir por días. Pero Kissy negó enérgicamente, dando un paso más cerca. Su mirada estaba impregnada de urgencia. —No, Poppy. No es como antes. ¡Se volvió loco! Está destruyendo su oficina, gritándole a todo el que se le acerque… ¡y decía que quería verte! Está fuera de control, como si algo se le hubiera roto en la cabeza. Poppy frunció el ceño, apretando los labios… pero aún no era suficiente. No hasta que Kissy terminó su frase, con un hilo de voz que casi no se atrevía a pronunciar. —Y… entre los gritos… mencionó a Dogday. El mundo pareció detenerse. Poppy se quedó congelada, la expresión lejana, pálida como la porcelana que la componía. Sintió un pinchazo seco y profundo en su vientre, una punzada que conocía bien. Una señal. Un aviso. Un dolor visceral, instintivo. Una alarma de madre. —No… —susurró, el pánico comenzando a aflorar desde lo más profundo. El agua caliente ya no le ofrecía consuelo alguno, ahora sentía un frío que le mordía los huesos. —No. No puede… Su voz se quebró. Se puso de pie sin pensar, saliendo de la tina con rapidez, sin importarle que aún estuviera goteando, sin secarse del todo. Tomó la toalla, envolviéndose con ella, y miró a Kissy con una expresión que jamás había mostrado antes, miedo puro. —¡Llévame con él! ¡AHORA! —ordenó. Kissy asintió de inmediato, salió de la habitación para traerle cualquier muda de ropa y así salieron juntos de ese departamento. Poppy apenas si podía razonar mientras Kissy corría por los pasillos llevándola en sus manos, aún con el cabello empapado y su corazón a mil. Solo una idea retumbaba con violencia en su mente, opacando todo lo demás. “Si le hizo algo a mi hijo… lo matare y me asegurare que el infierno no sea nada comparado con lo que le hare.” ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ El estruendo de cristal rompiéndose llenó el aire como un latigazo. La oficina de Elliot, usualmente impecable y cargada de elegancia industrial, ahora era el reflejo de una tormenta desatada. Papeles volaban por doquier, sillas volteadas, una lámpara caída con las bombillas hechas trizas en el suelo, y fragmentos de una pantalla arrancada de su base aún chispeaban en la esquina. —¡¡TRAIDORES!! —vociferó Elliot con un tono desgarrado, animal, más parecido a un rugido que a una voz humana. Su rostro estaba empapado en sudor, las venas de su cuello marcadas como cuerdas tensas, los ojos completamente inyectados en sangre. Jadeaba entre gritos, su respiración era agitada, como si el odio le quemara los pulmones desde dentro. Se había ido de vacaciones, realmente todo lo que paso con Poppy lo había hecho que se estresara tanto, que prefirió irse y relajarse. Todo lo que había pasado en estas últimas semanas, habían hecho que el fundador solo se reimplantara vender su empresa o tal vez solo desaparecer, todo estaba en un caso y lo peor a pesar de su ida, Poppy seguía haciendo que la fábrica funcionara, como si realmente ya no lo necesitara. Y eso lo rompía tanto, que aún no podía entender porque Poppy se había vuelto tan cruel con él, por ello pensó que con Dogday podría ser diferente y tener la compañía que necesitaba. Pero todo se había ido a la mierda, desde que leyó esa carta. Caminaba de un lado al otro de la oficina como un depredador herido y rabioso, golpeando todo a su paso. Lanzó una silla contra el ventanal que vibró, pero no cedió pateó su escritorio y luego empujó todo lo que había sobre él con un barrido brutal del brazo. —¡¿Creyeron que no me daría cuenta?! —gritó, con la voz cada vez más aguda, temblando—. ¡¿Pensaron que podía confiar en ustedes?! ¡¡SE HAN BURLADO DE MÍ!! ¡¡DE TODOS LADOS!! ¡¡SE RÍEN DE MÍ!! Su secretaria, una mujer joven de gafas y coleta tensa, estaba de pie en el umbral, temblando mientras intentaba acercarse con manos alzadas en gesto de calma. —Señor Elliot, por favor… por favor, cálmese… está sufriendo una crisis. Deje que llame a seguridad, o al doctor… usted no está bien… —¡NO ME TOQUES! —bramó él, girándose de inmediato hacia ella. Por un segundo, su mirada fue tan feroz que la joven retrocedió, tropezando con la pared detrás de ella. Elliot no la golpeó, pero el impulso estuvo ahí, latente, como un cuchillo que no llega a clavarse, pero ya amenaza la carne. Luego se llevó las manos a la cabeza, jalándose el cabello con tanta fuerza que arrancó algunos mechones. —¡Maldita muñeca mentirosa…! —susurró entre dientes, empezando a dar vueltas en círculo como un preso encerrado con sus propios pensamientos—. ¡Y ese maldito bastardo! ¡Ese perro maldito! ¡¡Dogday…!!¡¡VOY A ARRANCARLE EL HOCICO CON MIS PROPIAS MANOS!! Su grito final fue tan potente que hizo vibrar los ventanales del pasillo. Hasta termino por tirar su escritorio pesado, levantándolo con su propia adrenalina, provocando que sonora un horrible estruendo, que hasta los trabajadores escucharon. La secretaria sollozó en silencio. Ya no sabía si debía quedarse o huir, ella sabía que su jefe es un monstruo disfrazado de una buena persona. Elliot, al borde de la locura, alzó su rostro hacia el techo, los ojos completamente enloquecidos, temblando de rabia, de dolor, de una soledad podrida que lo estaba devorando desde dentro. Kissy Missy corría lo más rápido que sus piernas flexibles le permitían. Sujetaba entre sus manos a Poppy. —¡Allí está! —jadeó Kissy al doblar la esquina, y los gritos de Elliot se hicieron mucho más claros, más nítidos, más crueles. —¡Bájame aquí! —ordenó Poppy de inmediato con tono seco, autoritario, aunque sus ojos mostraban un terror frío. El dolor en su vientre era insoportable, como si su instinto supiera que algo malo estaba por pasar. Kissy obedeció y la dejó con cuidado en el suelo. —Ve por Dogday —dijo Poppy, tomándola con sus manos uno de sus dedos—. Encuéntralo y escóndelo. ¡No dejes que Elliot lo vea! Kissy dudó un segundo. Su expresión era pura desesperación. —¿Estás segura…? ¡Poppy, él está desquiciado! ¡No deberías estar sola con él! —¡Haz lo que te digo! —gritó Poppy con fuerza, los ojos clavados en los de su amiga—. Yo me encargo. Pero Dogday… por favor, protégelo. Kissy asintió con un último vistazo cargado de miedo. Corrió sin mirar atrás. Poppy se quedó sola ante la puerta. Respiró hondo. Una. Dos. Tres veces. Y entonces, entro ya que la puerta estaba semi abierta mirando a la secretaria que lloraba de miedo en silencio. El interior de la oficina era un campo de guerra. Elliot estaba de pie, con la camisa abierta y empapada de sudor, los puños ensangrentados, el cabello pegado al rostro. Volteó al sentirla entrar y sus ojos enrojecidos se clavaron en ella como cuchillas. —¡Ah, claro! —gruñó, arrastrando las palabras—. ¡La estrella principal llega al fin! ¡La actriz que fingió todo! Poppy se quedó callada, mostrando esa tranquilidad enfermiza, fría, imperturbable, casi altiva. Pero por dentro… estaba temblando. Su corazón latía con violencia, golpeando con fuerza en su pecho mientras una vieja herida se reabría en su interior. El recuerdo era vívido, punzante, la forma en que Elliot la había destrozado, no solo emocionalmente, sino física y mentalmente. Aún podía sentir, en lo más hondo de su cuerpo, el eco de aquel dolor silenciado por años. —Rachel, retírate. Ahora. —dijo con voz firme, sin apartar la mirada de Elliot, pero lanzando una fugaz y fulminante mirada a la secretaria, que se abrazaba a sí misma al borde del colapso. La joven asintió con torpeza, sus ojos húmedos y la respiración entrecortada. No se atrevió a decir una palabra. Salió corriendo de la habitación y cerró la puerta de golpe tras de sí, dejando a ambos solos, sumidos en una tensión que se sentía tan espesa como el humo tras una explosión. —Elliot… —empezó Poppy con calma, aunque su voz temblaba. Dio dos pasos hacia él. —¡Cállate! —rugió él, apuntándola con el dedo tembloroso—. ¡No digas ni una sola palabra! ¡¿Cómo pudiste?! ¡Tú lo planeaste todo! ¡Todo fue una maldita farsa! —¿¡TE CREES MUY LISTA, ¿¡VERDAD!? —escupió con furia—. ¡Muy por encima de todos! ¡Como si pudieras jugar conmigo, con mi confianza… con LO QUE ES MIO! Poppy no respondió. Lo dejó gritar. Porque lo conocía, Sabía que Elliot necesitaba sentirse escuchado o si no las consecuencias serían brutales, una vez lo desafío y esa vez casi murió. —¿De qué estás hablando? —preguntó ella con el ceño fruncido, su voz ahora más firme—. ¡Yo no planeé nada! —¡¿Ah, ¿no?! —Elliot se llevó una mano al bolsillo de su saco, hurgando con violencia. Sacó una bola de papel arrugada y la lanzó con fuerza hacia ella. El proyectil golpeó su pecho y cayó al suelo. Poppy lo miró fijamente, sin entender al principio. Luego bajó la vista y se agachó con lentitud. Sus manos, normalmente firmes y cuidadosas, temblaban al tocar la bola de papel arrugada. La desplegó con un cuidado casi reverente, como si intuyera que lo que contenía tenía el poder de destruirlo todo. Y así fue. Las palabras escritas con tinta firme, pegadas letras ya sea de periódicos o revistas juntas que formaban la nota, como si se esforzaran en no delatarse, se le clavaron como cuchillas en el pecho. A cada línea, el aire se le escapaba un poco más de los pulmones. Su rostro se desfiguró, no por el llanto, sino por el asombro y el pánico que se arremolinaban como una tormenta. Ella palideció. Los ojos abiertos como platos. Su respiración se volvió entrecortada, frágil, rota. “Elliot Ludwig, te han engañado. Como empleado leal a esta compañía, no puedo seguir callando ante lo que está ocurriendo a tus espaldas. He sido testigo de comportamientos preocupantes, especialmente por parte de Poppy y Dogday. Dogday ha mantenido una relación amorosa con Catnap, rompiendo completamente todas las reglas que tú mismo estableciste. Pero eso no es todo. Poppy lo sabía. No solo lo sabía… lo encubrió. Lo permitió y lo encubrió. Dogday te traiciono y Poppy ya no es tu aliada. Ella te quiere fuera. Ha estado manipulando recursos, sembrando simpatía entre los trabajadores, quitando a todos aquellos que no sigan su ideología. Ella es más peligrosa de lo que imaginas. Te entrego esta carta, porque sé que hay otros trabajadores que están a lado de los juguetes.” Alguien había escrito esa carta y en ella se delataba todo. El papel le temblaba entre las manos. Poppy no podía apartar los ojos de esas palabras. Cada línea era una maldita traición, solo sabía que el que escribió esto pagaría caro. —E-esto es mentira… —susurró al fin, apenas audible, como si estuviera intentando convencerse a sí misma, pero lo importante era convencer a ese bastardo. Pero Elliot no respondió de inmediato. La observaba, su rostro desencajado por una mezcla de rabia contenida y algo aún más peligroso, traición. No la interrumpió. Solo caminó lentamente hacia ella, como un depredador midiendo cada paso, eso hizo que Poppy temblara comenzando a respirar con dificultad, como si sus recuerdos encadenados, comenzaran a liberarse. ¿Acaso volvería a ser su juguete personal? —¿Mentira? —dijo, con voz rota y áspera, como si cada palabra le quemara la garganta—. ¿Mentira es que lo sabías? ¿Mentira que lo ocultaste? ¿O mentira que planeas quitarme todo lo que he construido? ¿O LAS MENTIRAS QUE ME DIJO DOGDAY Y TU? —¡ESTA FABRICA TAMBIEN ES MIA! —gritó Poppy, con furia contenida comenzando a estar a la defensiva, no iba a dejarse intimidar por Elliot, por supuesto ya había pasado por lo peor en su vida, por eso mismo no iba a retroceder en especial cuando tenía que proteger a su hijo—. ¡HE HECHO MÁS POR ESTA COMPAÑÍA DE LO QUE TÚ JAMÁS PODRÍAS RECONOCER! ¡HE LIMPIADO TUS ERRORES UNA Y OTRA VEZ! —¿¡Y ESE ES TU ARGUMENTO!? —Elliot rugió, golpeando con el puño cerrado el escritorio más cercano, haciendo que varios objetos saltaran por el impacto—. ¿¡Ese es tu maldito argumento, para mentirme!? La muñeca no retrocedió, estaba tensa mirándolo con tanto desprecio, que solo apretó los puños en silencio, sabía que estaba en problemas. Pero algo no le cuadro del todo, ¿Qué tenía que ver su hijo en esto?, fue entonces que decidió cambiar de enfoque. —Sabes que… tienes razón Elliot Ludwig, te he engañado. —Confeso la muñeca mientras daba un paso hacia adelante, mientras lo miraba con esos ojos frívolos y crueles, ella lo despreciaba tanto que solo podía sentir asco por ese humano. —Te quiero lejos de mi vida y de esta fábrica, quiero ser la dueña de este lugar… pero… Ella se detuvo mientras Elliot comenzaba a gruñir mientras tensaba su mandíbula, arándola con tanta ira escuchando su confesión. —¿Qué tiene que ver Dogday en tu rabia? —Pregunto la muñeca mientras buscaba respuestas. — ¿Qué te importa a ti si quiere tener una relación?, Cuando dejaste en claro que solo es otro juguete más en esta fábrica, ¿Por qué te sigue importando?, ¡CUANDO TE DIJE QUE TE ALEJARAS DE ÉL! —Ella rugió con fuerza mostrando su misma furia, él no tenía derecho ni siquiera de mencionarlo. Elliot se quedó inmóvil unos segundos, mirándola en silencio. Sus labios temblaban, los ojos desquiciados parecían incendiarse con una mezcla tóxica de ira, deseo y frustración reprimida. La pregunta de Poppy lo había tocado en lo más profundo… en lo que nunca se atrevía a decir en voz alta. Algo que a Poppy le heló la sangre. —¿Por qué me importa? —repitió él, muy despacio, casi saboreando cada sílaba. Luego soltó una risa baja, seca, completamente desprovista de humor—¿Tú qué crees, Poppy? Poppy solo trago en seco, algo en su voz… en su mirada… la asfixiaba. —Él era mío. —El tono en Elliot se quebró, convirtiéndose en algo más tembloroso, más patético, más enfermizo—. Desde el momento en que lo creé… ese perro era mío, escogí los mejores órganos, el mejor sujeto... que le diera su personalidad tan inocente y noble… Los ojos de la muñeca se abrieron con un estremecimiento contenido. Al mismo tiempo que comenzaba a sentir tanta rabia y asco que hablara así de su precioso hijo, como madre le repugnaba que su padre hablara así de su teóricamente nieto. —Tú no… —susurró, la repulsión invadiendo su rostro. —Nunca tocado, nunca condicionado por nadie más. —Elliot hablaba ahora con una pasión irracional, casi febril, se sentía con todo el derecho de tomarlo, después de todo él mismo creo a Dogday con mucho amor, sabía que su preciosa hija jamás lo perdonaría, que ella ya lo odiaba a muerte—. Yo tenía planes para él, Poppy. ¡Planes que tú arruinaste con tu maldita compasión, con tus valores podridos y tu falsa redención! Se acercó a ella, su sombra imponente, su rostro desencajado. —Lo quería… puro. Perfecto. Sumiso. —Su voz descendió a un susurro rasposo, y por un instante, pareció perdido en una fantasía ajena al presente—. No como todos los demás defectuosos. Poppy no pudo más con esa confesión, lo odiaba con cada pizca de su ser. Elliot seguía siendo un ser repugnante, él era todo lo que estaba mal en esa fábrica. Fue entonces que la muñeca exploto de rabia. —¡Estás enfermo…! —escupió con asco, el rostro desencajado por la repulsión, mientras mostraba su desprecio—¡TE DIJE QUE NUNCA PERMITIRE QUE TOQUES A MI HIJO!, ¡JAMAS TOCARAS A DOGDAY Y HACERLE LO MISMO QUE AMI!, ¡PREFIERO QUEMAR ESTA FÁBRICA CON TODOS DENTRO ANTES DE PERMITIR ESO! Elliot se detuvo. Por un segundo, solo uno, su rostro se volvió absolutamente inexpresivo. Vacío y Muerto. Se sentía traicionado. Devorado desde dentro por la única criatura en la que había depositado su última chispa de fe. Poppy… su orgullo. Su “hija”. Se sentía tan perdido y enojado consigo mismo, ¿Era porque aún la amaba? ¿Porque alguna parte de él seguía viéndola como su niña perfecta? ¿O simplemente porque estaba cansado? Tan jodidamente cansado… De ser ignorado. De estar solo. De ver cómo todos lo dejaban atrás, lo enterraban, lo traicionaban. Ella no era su hija. Era un cuervo al que alimentó con sus propias manos… y ahora le arrancaba los ojos. Elliot apretó los dientes. Un temblor le recorrió todo el cuerpo. El odio se apoderó de cada fibra de su ser. Ya era hora de volver al viejo orden. Y sin más, explotó. Antes de que se diera cuenta estaba caminando rápido hacia ella, Poppy trato de retroceder, pero fue demasiado tarde para ella… —¡Espera… Elliot…! —Su suplica jamás fue escuchada. —¡MALDITA MUÑECA INGRATA! —rugió con una voz tan rota que parecía que se iba a desgarrar la garganta. Sin pensarlo, sin contenerse, levantó la pierna y la lanzó contra Poppy sin importarle ya nada, otra vez. La patada la impactó directo en el estómago, ella lo vio de nuevo en un tiempo tan lento que su cuerpo no pudo reaccionar, no era fácil de recuperarse del daño que Harley le dejo hace semanas atrás y ahora volvía a sufrir. El aire escapó de sus pulmones con un gemido ahogado mientras su cuerpo salía disparado hacia atrás, estrellándose contra una estantería de metal, luego cayendo al suelo con un sonoro crujido. El sonido seco del impacto reverberó en la oficina como un disparo. Frascos, carpetas y herramientas se vinieron abajo, desparramándose por el suelo en un estruendo caótico. Poppy grito de agonía, sintiendo como la sangre se escapaba de su boca hasta manchar el suelo, escuchando un ruido blanco que la aturdía, de nuevo tenía que enfrentar la muerte por tercera vez, realmente odiaba su tamaño, estaba harta ser pequeña, pero no podía dejarse desmayar no ahora que su pequeño estaba en peligro, envuelta en un dolor sordo que palpitaba en su abdomen y en su espalda. El golpe la había dejado aturdida, con la vista borrosa y un sabor metálico en la boca. Ella como pudo aun en el suelo trato de arrastrarse lejos de los escombros de cosas y papeles, le dolía, comenzaba a sangrar, juraba que tal vez le rompió algo. No lo sabía, pero por algo la sangre se escapaba de su nariz y boca, la agonía aumentaba y ella comenzaba a llorar, de miedo y de rabia, no sabía que se podía combinar ambas cosas. Fue entonces que ella lo miro y contesto sin dejarse rendir. —¡TÚ ME HICISTE ASÍ! —escupió desde el suelo, haciendo que un chorro de sangre saliera al gritar, haciendo un charco debajo de ella, jadeando, con los ojos vidriosos por el dolor— ¡¡ME FORMASTE!!, ¡ME RECONSTRUISTE A TU IMAGEN, ME DISFRAZASTE DE FAMILIA CUANDO SOLO QUERÍAS UN JUGUETE PARA CUMPLIR TUS DESEOS! Elliot no respondió. Solo caminó lentamente hacia ella, con las manos crispadas, los labios apretados y los ojos desorbitados por una ira que parecía consumirlo vivo. —¡No eras un juguete! —rugió de repente— ¡ERAS MÍA! ¡TÚ ERAS MÍA, ¡TE CREE PERFECTA, ¡MI NIÑA, MI HIJA! —¡¿ENTONCES PORQUE DEJASTE DE VERME COMO TU HIJA?!, ¡¿POR QUÉ ME VISTE COMO TU AMANTE?! —Grito Poppy de regreso aun en el suelo, sintiendo como sus órganos palpitaban con tanto dolor, que sentía que iba a desmayarse. —¡PORQUE ESTABA SOLO! —Grito Elliot finalmente soltando su asquerosa verdad, una en el que él sabia lo estúpido y atroz que sonaba, pero sin embargo aun así decidió seguir haciéndolo. Mientras miraba a la muñeca con extrema desesperación, porque de nuevo, se estaba rompiendo y comenzando a llenarse de culpa, que pensó que no volvería a sentir, pero aun así, por alguna razón no podía arrepentirse de sus acciones. Poppy se quedo en silencio mientras cerraba la boca, mirando a Elliot con incredulidad, a pesar de su dolor físico no podía hablar. No estaba preparada para escuchar algo así, siempre intuyo que había algo mal en Elliot, pero nunca pensó que por esa razón tan banal cometiera tales actos. —¿Qué? —Pregunto la pelirrojo sin entender del todo o tal vez ni siquiera quería saber la respuesta a estas alturas. —Estaba solo Poppy… cuando perdí a mi esposa y a mi hija, me sentí solo. —Elliot ya no pudo negarse a la verdad, estaba furioso por todo y al mismo tiempo, su corazón le dolía, sentía tantas emociones que no sabia como nombrarlas. —Sentía que mi vida se había acabado…—Este miro el techo mientras sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas, porque el recuerdo de su perdida lo hacía sentir miserable. —Que ya no tenia mas por lo que vivir… comencé a refugiarme en la bebida y en mi trabajo. —Aun podía recordar cuando estaban en esos días, llenos de un oscuro hoyo, donde no tenia salida, el dolor lo mataba y solo quería matarse para reunirse con su esposa y su amada hija, que ya habían enterrado y dado su digna despedida, pero aun así él hombre no pudo descansar. Solo recordaba como contrataba a las putas de la calle para tener un poco de consuelo, pero ni siquiera eso la llenaba, ni siquiera aquella que era la que mas contrataba por tener un parecido a su esposa. —Estaba desesperado… por recuperarlas… que un día, mientras pasaba con la tu de antes… se me ocurrió una idea. —Elliot seguía hablando de cómo es que por fin había tenido la idea brillante de crear aquella muñeca viviente, aun podía remembrar aquella noche mientras aquella puta se estiraba y lo tranquilizaba, con palabras bellas, mientras el salía de su sueño solo para volver a esa triste realidad y solo pensó… ¿Y si puedo traerlas de vuelta? —Fue entonces que me encerré en mi laboratorio de ese entonces… para poder crearte mi preciosa… Poppy. —El seguía murmurando, mientras la miraba con lágrimas en sus ojos tan cansados y furiosos, la nombrada se quedaba mirándolo con horror, sin poder moverse, no sabía si era por el miedo o por la propia verdad que Elliot relataba. —Pero… aun no estabas completa… necesitabas lo principal… aquellos órganos benditos. Poppy comenzó a sentir como su corazón se aceleraba, con el asco y el miedo que sentía al saber a donde se dirigía, mientras sudaba frio y retrocedía como podía arrastrándose, al ver que Elliot avanzaba hacia ella, la muñeca comenzaba a respirar pesado, porque, aunque supiera donde viniera sus órganos, escucharlo de nuevo le daba tanto pavor. —Así que te llame… a la tu de antes… la misma que me acompaño en esas noches de soledad. —Poppy casi se vomito, al escuchar aquella confesión, siempre supo que en su vida anterior era una puta, pero nunca pensó que Elliot había confirmado que era su cliente. El hombre estaba loco, desquiciado y vil, no tenía perdón a los ojos de Poppy, pero solo le causaba más pánico, quería irse, alertar a Dogday esconderlo, esto era demasiado para ella, esta información la estaba alterando. —Y fue entonces que nacista tú mi pequeñita… la encarnación de mi amada esposa y de mi adorable hija. —Este solo sonrió de forma rota y llena de desesperanza, pero al ver a Poppy ahí asustada y llena de pánico, lastimada, sangrante, hacia que le diera un poco de felicidad porque así entendería que ella le había hecho mucho daño. Poppy no recordaba su antigua vida, Elliot se había asegurado de eso, lo único que sabia ella misma es que fue humana, fue una bella mujer dedicada a la prostitución, ella comenzó a sentir tanto odio con su yo anterior de haberse metido con ese hombre, y fue entonces que lo odio aun mas de lo que ya lo hacía, realmente pensó que no podía odiar a alguien tan fuerte como lo hace con ese bastardo. —Te di todo… ¡TODO! —Este comenzó a acercarse lleno de rabia, mientras comenzaba a recuperar la compostura. — ¡ESTABAS YENDO UN BUEN CAMINO!, ¡PERO ME ENGAÑASTE CON ESA COSA! —Rugió el hombre mientras daba un golpe en seco con su pie al suelo, apretando los puños con fuerza, hasta que sus nudillos se ponían blancos. —¡ESA COSA QUE NI ES HUMANA, QUE NI SIQUIERA PUEDE COMPLACERTE COMO YO LO HACIA! Poppy solo gruño odiando como hablaba del Prototipo. —¡LO ARRUINASTE TODO!, ¡TÚ Y ESE PERRO MALDITO ERAN MÍOS!, ¡Y SE ARRUINARON!, ¡JODIERON TODOS MIS PLANES! —Elliot no paro, estaba enfermo de ira, enfermo de bilis, enfermo de mente. Había creado algo hermoso y lo corrompió con sus manos, ya nada podía detenerlo, pensó que al menos podía remplazar a Poppy con Dogday, al ver lo corrompida que ella se había vuelto. Pero ese perro también se había podrido y ahora lo quería de regreso, esta vez haría que Dogday fuera suyo y así no volvería a sentirse solo. — ¡Y AHORA VOY A RECUPERAR LO QUE TU Y LOS DEMAS ME ARREBATARON!, ¡Tu ya no tienes salvación Poppy! —Este se expreso con asco, al ver como su muñeca ahora podía mostrarle los dientes y podía lastimarlo. — Pero… tal vez Dogday pueda salvarse, y volver a mi lado… Poppy intentó levantarse, pero fue imposible, todo de ella pedía clemencia, descanso, pero no podía darse ese lujo, jadeando por el esfuerzo y por el dolor. Su cuerpo temblaba, pero su mirada, aún desde el suelo, seguía siendo feroz. —No… te dejare… que le arruines la vida a mi hijo… como lo hiciste conmigo. —dijo con un hilo de voz, pero con una convicción cruel que juraba su vida—. Aunque me destruyas. Aunque me quemes. Te juro, Elliot… que jamás vas a tocarlo. Se detuvo a medio paso, respirando agitado, con los puños cerrados, sudando rabia y delirio. Su sombra cubría el cuerpo de Poppy, que seguía encorvada, temblando, resistiéndose a no destruirla, porque la quería viva para que viera lo que haría a todo su maldito trabajo. Se aseguraría que Poppy tuviera un asiento en primera fila. —Ya es tarde, muñeca… —susurró, con una sonrisa enfermiza que se dibujó lentamente en su rostro manchado de sudor y locura, Elliot ya estaba roto, tal como El Prototipo había predicho, Poppy se estremeció y de verdad comenzó a sentir miedo, no por ella si no por su niño—. A partir de ahora, yo hago las reglas. Y tú estás… fuera del tablero. Luego giró lentamente, dirigiéndose a la puerta. Su voz sonó como una amenaza velada cuando habló sin voltearse, mientras ponía sus manos atrás de su espalda con elegancia, pero sin dejar de ser una persona enferma. —Y voy a recuperar lo que es mío. Poppy, aún en el suelo, sintió cómo un escalofrío le recorría la columna. Lo sabía. Sabía exactamente a quién se refería. Dogday. Y esta vez… Elliot no iba a detenerse. —¡NO TE ATREVAS! — Rugió Poppy desde el suelo, su voz quebrada por la furia y el miedo, con el cuerpo temblando, el cabello revuelto y la mirada encendida en una mezcla desesperada de odio y terror. Pero él ya no la escuchaba. La miró una última vez sin compasión, sin culpa, sin humanidad y cerró la puerta de golpe y solo escucho el cerrojo cerrándose. Bloqueada. Fue entonces que Poppy no pudo más, el dolor de su anterior ataque y ahora este, junto con el shock extremo de la adrenalina. La pérdida de sangre, la tensión extrema, el cuerpo agotado y la mente al borde del colapso… Todo fue demasiado. Sus ojos comenzaron a nublarse, la visión se oscureció poco a poco, y un frío paralizante la invadió. Antes de que pudiera emitir una sola palabra más, Poppy se dejó caer, rendida, entregándose a la oscuridad. Solo se escuchó un sonido sordo cuando dejo caer su cuerpo al suelo. El silencio llenó la habitación. …la oscuridad la envolvió. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜Comentario de la escritora☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ¡Holaaaaaaa mis amados lectores! Aquí un nuevo capitulo jeje, espero que les haya gustado mis amados lectores, ufff tremendo lore con Elliot de verdad que este hombre cada dia es mas enfermo y el siguiente capitulo, definitivamente comienza de nuevo el Dead Dove, asi que tengan la mentalidad abierta y traten de soportarlo uwu. Sinceramente ame describir esta escena y sobre porque Elliot esta tan obsesionado, con Poppy y Dogday, tal vez para muchos sea muy meh su justificación y la verdad lo es, pero para Elliot lo fue todo, y algo tan insignificante para unos, para otros es mas que suficiente para actuar de una manera tan patética, atroz y enferma. Por desgracia existe en la realidad y me canso de pensar en muchos casos, donde personas enfermas han lastimados a otros. En fin, pobre Dogday lo que le espera TwT pipip esperemos que Kissy haya llegado pronto y Poppy se despierte lo mas rápido posible. Bueno ahora pasemos con mas cosas jejeje, voy a probar la nueva dinámica de wattpad 7w7r. La verdad, me ha encantando esta pelicula, toda hermosa, preciosa hasta llore en el cine por lo increible que fue y ni hablar del ship de Frakelda x Herneval dios es mas les hare un fanfic bien puercote a esos dos, A ustedes que les parecio? jejeje Por cierto.... hoy mi abuelito fallecio...asi que muy probablemente no conteste mensaje de ustedes por un tiempo, sinceramente apenas me entere que estaba escribiendo los comentarios y... me siento como la puta mierda.... mi abuelo... un hombre increible, que a pesar que no era de sangre, me acepto a mi madre y a mi en su familia... dios... siento que mi corazon se rompe, y no se que pensar... pero al menos tengo el apoyo de mi madre querida para sostenerme y viceversa, porque tenemos que ser fuertes para apoyar tambien a mis otros familiares que perdieron a su padre y un gran abuelo. Espero poder recuperarme el siguiente fin de semana, porque ahora no tengo ganas de nada... En fin... disfruten la compañia con su familia, aprovechen cada maldito segundo con ellos, porque no saben cuando podran irse... ATT:Kiara.S
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