ID de la obra: 1446

Es complicado

Het
NC-17
En progreso
4
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planificada Mini, escritos 33 páginas, 9.006 palabras, 5 capítulos
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Capítulo 4

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Jax quedó frente a ella, casi encimado sobre ella, mirándola dormir, tan tranquila. Un ligero sonrojo se hizo presente en sus mejillas, ya que estaba a centímetros de su boca. —Esto... No está siendo fácil para mí.— - - - - Jax se quedó en esa posición, inmóvil e incapaz de siquiera moverse, estaba en una especie de shock, donde únicamente pudo admirar a Ragatha. Se dió cuenta que tenía a un verdadero ángel ante él, como se lo había dicho así mismo ese día que la encontro admirándolo. Ese día la miró por unos segundos, y esos segundos bastaron para que se viera atraído ante ella. Cuando se volvió su alumna, resistió todo posible pensamiento sobre si era linda ante sus ojos, pero dios, le fue imposible al verla sonreír mientras miraba con atención a todos los alumnos. Era cierto que a todos los nuevos estudiantes les daba una introducción a la clase e iba paso a paso hasta que tomaran entre todos un ritmo similar, pero no a todos los invitaba a cenar. Más bien a nadie, solo a ella. Pero no lo pudo evitar, tenía que conversar con ella al menos una vez, externo a sus clases de música. Por qué si ella sería su alumna, jamás podría atreverse nuevamente a hacer una cosa así. No quería que pensara algo malo de él, como que tenía intenciones detrás. Y realmente no las tenía, el simplemente estaba cumpliendo un sueño, como si se tratara de algún artista famoso al cual pudo conocer gracias a un pase VIP.  Porque para Jax, Ragatha era un ángel, y solo quería conversar con ella por una vez y ya. Pero justo ahora sus planes se complicaron. Él solo quería quedarse en su fantasía y conocer a alguien más días después. Pero Ragatga no era fácil de olvidar, y menos en estas condiciones. Verla de perfil, mientras dormía, hacía que el estómago de Jax sintiera mariposas, nunca en sus 22 años de vida había visto a una mujer tan bella como ella. Su nariz, sus párpados, sus cejas, sus mejillas, todo era perfecto. Y sobretodo su boca... Algo que le hizo estremecerse, pues, muy en sus adentros, quería besar a ese ángel. —No Jax, solo estas borracho.—Pensó. Suspiro una vez, y llevó su mirada a su torso. —Diablos, esa playera le queda demasiado bien.— Jax reaccionó ante sus pensamientos, se deslizó suavemente hacia atrás, intentando no despertar a la pelirroja y, cuando estuvo en sus pies, se levantó con cuidado, quedando de pie ante ella. —Solo... Me iré a dormir.— Apagó la luz de la habitación, dejando a la pelirroja dormir tranquilamente. - - - - La luz del sol saliendo por la mañana, atravesó la ventana del pequeño cuarto de Jax, donde, se encontraba dormida placidamente Ragatha. Los rayos de sol fueron incrementando lentamente, logrando llegar directamente al rostro de la pelirroja, lo que hizo que fuera despertando poco a poco. Al terminar de despertarse, y completamente inconsciente, Ragatha comenzó a estirarse, aún acostada. Cuando terminó de completar su estriramiento habitual, abrió por completo sus ojos, miró el techo, lo cual le provoco una sensación extraña. Como si no fuera su techo. Volteó a su lado, y el buró que estaba ahi definitivamente no era su buró. Finalmente, sintió una pequeña presión en su pecho. Levantó la cabeza hacia este y se encontró aun gran gato obeso de color gris, encima de ella. —¡¿UN GATO?!—Gritó por la impresión. Se levantó de inmediato, provocando que el gato huyera despavorido. Jax logró oír aquel grito, y de inmediato se dirigió a su habitación. —¿Señorita Ragatha?—Abrió rápidamente la puerta de su habitación y encontró a la pelirroja parada en su alfombra, mirando a todos lados tratando de reconocer el lugar dónde se encontraba. Ragatha lo miró entrar, analizó su pijama, un pantalón rojo con pequeños cuadros blancos y una playera blanca con un estampado de... en ese instante no lograba descifrar que era exactamente. Luego se miro así misma, traía las mismas calcetas que un día anterior, la misma falda que el día anterior, pero, sin embargo, algo había cambiado; no llevaba su camisa del trabajo, en su lugar, llevaba una playera con un estampado de alguna banda que desconocía. —¿Q-que traigo puesto?—Preguntó con temor. —Señorita Ragatha, es una playera mía.—Jax pronunció con inocencia. Pero Ragatha no pensó con incocencia. —¡¿QUE?!— Jax reaccionó ante la impresión de la pelirroja e inmediatamente comenzó a intentar darle explicaciones. —Señorita Ragatha no es lo que piensa...—Ragatha le interrumpió. —¡¿NO ES LO QUE PIENSO?! ¡ESTOY SIN MI ROPA HABITUAL EN LA CASA DE UN DESCONOCIDO!—Gritó demasiado alterada. —Si lo piensa bien ya no somos desconocidos.—Jax intentó bromear para aminorar el ambiente, lo cual solo irritó aún más a Ragatha. —¿QUE TE SUCEDE EN LA CABEZA?!—Ragatha se dirigió al joven para intentar darle una cachetada, pero Jax le detuvo ambos brazos. —Señorita Ragatha...— —¡NO ME DIGAS ASÍ!— —¡SEÑORITA RAGATHA!—Jax habló finalmente fuerte, logrando en la pelirroja un impacto que logró tenerla callada.—No paso nada entre usted y yo.—Sentenció para después soltar sus brazos y alejarse dos pasos hacia atrás y darle su espacio. Hubo un pequeño silencio, en el cual Ragatha comenzó a reflexionar. —¿Qué?—Preguntó ya mas calmada. —Entre usted y yo no sucedió nada.— Volvió aquel silencio, aunque un poco más prolongado. Ragatha se miró nuevamente asi misma y miro de vuelta a Jax. —¿Entonces c-como se explica esto?—Señaló directamente a la playera. —Debo pedirle disculpas de ante mano...—Jax hizo una pausa en la cual se llevó una mano a su nuca, nervioso.—...es solo que la vi incómoda, trate de despertarla y no reaccionaba, asi que yo... me animé a cambiarle aunque sea la camisa.— Ragatha iba a comenzar a protestar pero Jax no le dejó. —No vi nada, se lo juro.—La mano que tenia en su nuca la llevo al aire, abriendo la palma, haciendo un ademán como si estuviera bajo juicio y haciendo un juramento.—Cerré los ojos en todo momento y solo palpe lo necesario, porque ni si quiera me atreví a tocar más alla de sus brazos y cabeza.—Seguía con la mano expuesta en el aire en esa posición. Ragatha se quedó pensativa, mientras miraba la mano del moreno en el aire. —¿Qué me asegura eso?—Cuestiono, pues no le creía en un 100%. —Mi palabra de músico.—Comenzó a sonreirle, por los nervios. —¿Creerle a un músico?—Ragatha se cruzó de brazos. —A este sí.—Jax sonreía de oreja a oreja, tratando de causarle confianza a la pelirroja. Ragatha lo miró, y por instante comenzó a creerle, sin embargo, se sentía ultrajada. —No te creo.—Desvió su mirada al suelo. Deseaba que todo fuera cierto, porque este chico le había agradado, y casi no tenía amigos. —Creame señorita, yo no soy así.—Jax se acerco un paso, tratando de no incomodar a su contraria. Hubo un silencio más, Jax suspiró y se acercó a su escritorio, el cual se encontraba en la habitación. En esta, había un pequeño monitor, conectado a un teclado, Jax lo encendió y mientras esperaba que iniciara, comenzó a hablar. —No quería decirle esto por temor a que pensará mal de mí, pero ya lo hace, así que necesito comprobar que no hice nada malo.— Una vez encendido su monitor, se dirigió a un programa, el cual parecía ser un sistema de vigilancia. —Tengo cámaras en mi cuarto.—Confesó. Ragatha se asustó aún más, tanto que agarro una sabana y la abrazó, tratando de darse consuelo y con la intención de salir corriendo de ahí. —¡No lo malinterprete!—Jax desvió su mirada a ella e hizo un ademán con sus manos, indicandole que mantuviera la calma.—Mire, vivo solo, así que no tengo que esconderme nada a mí mismo, lo hago por seguridad propia.— Regresó su mirada al monitor y buscó la grabación de una noche anterior. —Además, no es la razón principal por lo que tengo estas cámaras.—Siguió clickeando hasta encontrar la grabación. —¿Ah no?—Ragatha se acercó lentamente a él. —No, la razón principal es que...—Hizo una pequeña pausa, suspiró y tiró una risita.—...por que tengo un gato.— Ragatha se detuvo, a centímetros de él, y alzó una ceja, curiosa. —Lo dejo mucho tiempo solo al día, por el trabajo. Me preocupo por él y su bienestar.—Encogió sus hombros, avergonzado.—Cada media hora reviso las cámaras desde mi celular para ver si se encuentra bien, casi siempre está aquí, en mi habitación.—Sacó su celular y rápidamente buscó una grabación de su gato, en su cama, acostado boca arriba entre las cobijas. Ragatha lo miró, y no pudo evitar sonreír ante la ternura de su gato. Después, regresó su mirada a Jax. —¿Entonces...no eres un pervertido?— —No señorita, estas cámaras las tengo desde hace dos años. Y ahora le enseñaré lo que sucedió anoche.—Volvió su mirada al monitor, al mismo tiempo, la pelirroja dirigió su mirada a este mismo, Jax comenzó a reproducir el video. Comenzó la grabación, desde la perspectiva del monitor, ya que Jax contaba con varias cámaras en su habitación. Ragatha en brazos de Jax, el cual trataba con mucho cuidado que la pelirroja no recibiera un mal golpe, mientras balbuceaba cosas que no eran perceptibles por la calidad de la grabación. La llevó hasta la cama, en la cual, unicamente la sentó.  Ragatha estaba atenta a la grabación, analizando cada acción del joven. De pronto llegó la escena donde le cambiaba la camisa, y donde claramente, a pesar de la penumbra, se lograba visualizar como Jax en todo momento se mantuvo con los ojos cerrados. La pelirroja se acercó hasta el monitor, para cambiar la perspectiva de la vista, quedando a la cabeza de la cama, donde el rostro del moreno se veía a la perfección. Jax seguía con los ojos cerrados, y así se mantuvo todo el tiempo en que le cambio la camisa a su playera. La grabación termino con Jax yendose a dormir al sofá, en la cual también había cámaras, y Ragatha pudo observar que se mantuvo ahí hasta la mañana siguiente. Ragatha quedó boquiabierta, pues esperaba ver algo malo, algo que incluso llegara a lastimarla, pero no fue así.  —Entonces...—La pelirroja habló.—No sucedió nada.— —Nop.—Jax le sonrió, con suficiencia. —Eso me consuela mucho.— —Eso me alegra.— —A mi también.—Jax la miró extrañado.—Es que, has sido de las pocas personas que han sido amables conmigo, no quería que fuera falso, o con una intención por detrás.— Jax se levantó de la silla y se posicionó frente a ella. —Señorita Ragatha, jamás podría arruinar esta...—Jax lo pensó, ¿era una amistad ya? —Amistad, si.—Ragatha lo acompletó y le sonrió, amablemente. A Jax se le iluminó el rostro, estaba emocionado. —Señorita Ragatha, como forma de disculpa por esta confusión, y además, como símbolo de iniciación de amistad...—Jax hizo una pausa.—...La invito a almorzar.—Sonrió de oreja a oreja. Ragatha le devolvió la sonrisa, y asintió ante la oferta. - - - - —Muchas gracias por la comida, estuvo deliciosa.—Ragatha llevó una mano a su estómago, estaba satisfecha. Iban en dirección a la casa de la pelirroja, ya que Ragatha tenía que trabajar. —Eso me alegra.—Dijo Jax mientras daban vuelta en un retorno, dando paso a la calle Amsterdam. Ragatha se adelantó hasta llegar a su casa, y al llegar, volteo todo su cuerpo en dirección a Jax. —Así que esta es su casa.—La pelirroja asintió.—Perfecto, así la próxima vez que tomemos, sabre a dónde traerla. Ragatha soltó una risa. —Exactamente.—Sacó las llaves de su bolso.—Maestro Jax, muchas gracias por...todo. La cena, el almuerzo...—Se llevó una mano a su nuca.—...Y sobre todo, por haber cuidado de mí mientras estaba borracha.—Sus mejillas se coloraron. —Para mí no fue ninguna molestia.—Jax le sonrió sin mostrar los dientes.—Nos vemos mañana, en la clase.— —Mañana le devuelvo su playera de...—Se miró a si misma tratando de identificar la banda del estampado.—...Bubble Blast.— Ambos ríeron. —No hay problema.— El moreno se despidió a lo lejos, sacudiendo su mano de un lado a otro, Ragatha lo imitó y se adentró a su hogar. - - - - —¡Llegué a casa!—Jax anunció su llegado a su gato, que lo recibió entre maullidos. Se dirigió inmediatamente a su habitación, agobiado por su mente. Se recosto en su cama, dirigiéndo su mirada al techo. Comenzó a recordar la conversación que tuvo con Ragatha la noche anterior. —Me sorprendió ver con que habilidad tocabas la guitarra, y la melodía tan linda que sonaba.—Se llevó una mano a su nuca.—Me hizo sentir admiración el tan solo verte, y me dió esperanza.— —¿Esperanza?—Respondió Jax. —Si, porque me hizo sentir algo en el corazón. Me hizo sentir emoción y alegría. Algo que nunca había sentido, no más de una vez. Es por eso que me animé a tomar clases de guitarra, para no dejar de sentirlo.—Tomó un momento para mirarlo a los ojos.— Es este sentimiento de siempre sentir que mi vida era muy monótona, y al fin encontrar algo que me hiciera sentir viva, fue, emocionante. —Hizo una breve y última pausa.—Y porque me gustó como tocas.—Finalizó con una sonrisa. El corazón de Jax comenzó a aumentar la velocidad de sus latidos, al recoradar la calidez de las palabras de aquella pelirroja. —¡Para nada! Es muy simbólico.— —¿Por que lo dice?— —Por que el estar hoy junto a ti, la invitación, y el momento tan agradable que pasamos, lo hace especial, porque será un recuerdo de lo bien que lo pasé con usted maestro.—Ragatha le sonrió ampliamente. Su respiración comenzó a agitarse, y sus mejillas a sonrojarse. —Diablos.—Dijo al aire, comenzaba a sentir esa sensación de coquilleo en el estómago. Y una última imagen vislumbró su mente. Ragatha en su cama, respirando tranquilamente, ante él. Recordó la forma de aquellos labios que miró por un instante, y la forma en como sus mejillas estaban rojas por el alchol con aquella playera que marcaba las curvas perfectas de su cadera. El solo hecho de que fuera su playera y que ella la tuviera puesta, lo volvía loco. Su mente lo traicionó, y quiso imaginarla, encima de él, con esa playera. Y entonces su cuerpo lo traicionó. Una erección se hizo presente bajo sus pantalones, su cuerpo le exigia liberarse de esa tensión. Y Jax no iba a reprimir el deseo de su cuerpo, ni el de el mismo. Se desabrochó los jeans y liberó su miembro, que ya estaba duro y palpitante. Lo rodeó con la mano, el contacto le provocó un alivio, excitante. Cerró los ojos y la volvió a ver. Volvió a ver a la mujer vulnerable que le había confiado sus pensamientos. La Ragatha que se había reído a carcajadas con sus chistes más tontos. La Ragatha que durmió en su cama, confiando en él. Comenzó a moverse, despacio al principio. Su fantasía no era salvaje ni brutal como solían serlo otras veces. Era más íntima, más peligrosa. Imaginó que no se había ido de la habitación. Imaginó que se había inclinado y sus labios se habían encontrado, que ella, incluso dormida, habría correspondido a su beso. Su pulgar rozó la cabeza húmeda, y un escalofrío le recorrió la espalda. Pensó en cómo sería despertarla con sus caricias, en la sorpresa en sus ojos que se convertiría lentamente en deseo. El ritmo de su mano se aceleró, cada movimiento más firme, más urgente. El mundo exterior se desvaneció. Solo existía él y la imagen de ella en esa cama, esperándolo. —Señorita Ragatha...—Susurró al aire, el nombre de esa mujer, en forma de suplica, como si le rogara a ella para ser tocado por sus manos, como si la tuviera a ella frente suyo. La presión se acumuló, un calor ardiente que se extendía desde su entrepierna. Se golpeó más rápido, la fricción, la imagen, el recuerdo de ella durmiendo placidamente, todo se mezclaba en un torbellino de placer. Con un gruñido ahogado, se estremeció. El orgasmo lo golpeó con fuerza, liberando horsd de tensión reprimida. Se derrumbó en su cama, jadeando, con el pecho opreso. Se quedó así en la oscuridad, con el corazón todavía desbocado. Se sentía culpable y, al mismo tiempo, más vivo que nunca. Se dio cuenta de que algo se había roto dentro de él, algo que no podría volver a arreglar, la amistad que había comenzado a florecer ahora estaba manchada por su propio deseo.  Y, para su horror y deleite, sabía que no quería que terminara. —¡¿Ahora cómo se supone que pueda volver a verla a la cara, después de esto?!—
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