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Capítulo 5: Monedero Aquel sábado, ambas mujeres hacían limpieza en el armario de la casa. Dicha habitación no sólo se usaba para guardar la ropa de invierno, los futones y las mantas, sino que también conservaba otras cosas viejas. Seiko había decidido que ya era tiempo de ordenar y desechar lo que no fuera útil. Estuvieron un par de horas moviendo cajas, revisándolas y apartando lo que ya no se quedaría. Se mantuvieron tan entretenidas platicando, que no notaron la presencia de Turbo Abuela. La youkai se acercó a las cajas que estaban en el pasillo, las que irían a la basura. Con curiosidad se puso a husmear cada una de ellas, encontrando ropa vieja, libros, periódicos, herramientas, etc. Tomaba un objeto, lo revisaba por todos lados y al final, lo regresaba a su contenedor. Entonces, halló un pequeño envoltorio furoshiki de tela negra. Lo colocó en el suelo y empezó a deshacer los nudos, interesada en saber qué era, pues la forma en que estaba envuelto, daba a entender que era un regalo. —¿Qué rayos haces Turbo Abuela?, deja de sacar la basura— regañó Momo, asomándose desde el armario. —Si es basura, no debería importarte— contestó la gata con indiferencia. El último nudo fue desamarrado y la tela se abrió por completo, dejando al descubierto un monedero de terciopelo verde esmeralda, con bordados negros y boquilla plateada. Turbo Abuela lo tomó entre sus patitas y comenzó a revisarlo. —Qué bonito, está hecho a mano y la tela es muy fina— abrió la boquilla con cuidado, encontrando algodón blanco a modo de relleno. —Parece que nunca ha sido usado. — Momo se acercó, alzando una ceja con sorpresa al ver semejante objeto. —¿Y esta cosa vieja de dónde salió? — sonrió burlona, quitándoselo a la gata. —Parece muy anticuado, de principios del siglo pasado— revisó la textura y le sacó todo el algodón. —Es sólo desperdicio— lo arrojó a una caja. —¡Oye, si no lo quieres, dámelo! — gruñó Turbo Abuela, brincando al cartón para recuperarlo. —¡Claro que no, tú sólo quieres guardar basura! — sujetó a la Maneki de su collar, levantándola en el aire. —¡Tíralo ahora mismo! — La youkai sujetó con fuerza el monedero, tratando de que la joven no se lo quitara. Comenzaron a tirar del objeto, hasta que éste salió disparado al aire, cayendo en las manos de Seiko, quien venía por el pasillo en ese instante. —¿Por qué tanto alboroto? — observó con atención la pieza de terciopelo, quedándose de pronto en silencio, mientras su expresión se tornaba seria. —Éste monedero es… ¿Dónde estaba? — miró a su nieta y a la Maneki. —Turbo Abuela lo encontró en una de las cajas que van para la basura— dijo Momo, soltando a la youkai. —Idiota, si es basura, ¿Qué rayos te importa que me lo quede? — reclamó la mencionada. —Se nota tu ignorancia al no saber reconocer una artesanía. — —¡Repite eso, maldita bruja gatuna! — la adolescente cerró un puño en amenaza. La youkai sacó las garras y comenzó a tirar zarpazos al aire, retando a Momo. —¡Déjate venir mocosa, te voy a rajar la cara! — Seiko soltó un largo suspiro. Turbo Abuela tenía razón, aquel bonito monedero era una pieza artesanal que ya no se encontraba fácilmente en estos tiempos. Había sido un regalo adquirido por su yerno, el cual iba a darle a su hija, la madre de Momo, en su aniversario. El hombre le pidió a la médium que lo guardara por un par de días, en lo que llegaba la fecha. Lamentablemente, ocurrió la tragedia y no fue posible entregarlo. La exorcista decidió guardar aquel obsequio para dárselo algún día a su nieta. Pero con el pasar de los años, olvidó por completo su existencia. Y en estos momentos, ya no tenía caso siquiera mencionar el origen del monedero, pues Momo seguro se negaría a utilizarlo para su dinero, catalogándolo de viejo y ridículo. —Cállense las dos— ordenó la mujer mayor. —Momo, regresa a limpiar, hay varios de tus libros de Primaria que debemos sacar. Turbo Abuela, no quiero verlo tirado por ahí, si lo quieres, lo cuidas— le arrojó el monedero. La youkai lo atrapó en el aire, sonriendo triunfante. —¡Es mío, es mío!, ¡Perdiste, niña boba! — tarareó burlona, mostrándole la lengua a Momo. —Abuela, ¿Por qué se lo diste? — se quejó la adolescente, enseñando el dedo medio a la gata. Seiko se encaminó de regreso al armario, sin prestarle demasiada atención. —Ella le dará un buen uso. Ahora, apresúrate, que debemos terminar antes de que empiece Bakatono. — La joven exhaló con fastidio, pero ya no dijo nada. Después de todo, sólo era un monedero, no es como si Turbo Abuela tuviera dinero para echarle, ¿Verdad? … Más tarde, después de comer. Seiko se moría de la risa con el programa televisivo, mientras su nieta lavaba los platos. Entonces, algo llamó la atención de Momo. En las escaleras estaba sentada Turbo Abuela, contando monedas y guardándolas en el monedero de terciopelo verde. —¿De dónde rayos sacó ese dinero? — se preguntó. —Oye abuela, creo que la gata bruja te acaba de robar. — La exorcista le dio un vistazo a la youkai y luego a Momo. —Ese dinero es suyo, se lo ganó trabajando conmigo— mencionó como si nada. —¡¿Qué?!, ¡¿Acaso es una broma?!, ¡A ella si le das dinero y a mí no, que soy tu nieta! — reclamó la joven. —Bueno, tú no puedes atraer la buena suerte como los gatos Maneki. — Turbo Abuela se carcajeó, divirtiéndose con la cara de frustración de Momo. Acompañar a Seiko a sus misiones le estaba dejando muchas ganancias, tantas, que pronto podría comprar una caja de huevos para ella sola.***
Continuará… Gracias por leer. 26/Mayo/2026