ID de la obra: 1474

Ashbourne Academy

Het
PG-13
En progreso
2
Tamaño:
planificada Midi, escritos 81 páginas, 36.765 palabras, 8 capítulos
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Capítulo 8: De Surrey a Belgravia

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      Capítulo 8: De Surrey a Belgravia              La primera carta llegó tres días después de que la Academia cerrara sus puertas por vacaciones. Beatrice la reconoció al instante por la caligrafía: precisa, sobria, sin adornos innecesarios. La sostuvo unos segundos antes de abrirla, como si alargar ese gesto fuera una forma de prolongar algo que todavía no sabía nombrar.        Edmund Hawthorne Surrey 9 de diciembre Señorita Saint-Clare, Espero que el viaje de regreso haya sido tranquilo.Todo quedó extrañamente silencioso tras la partida general; supongo que no era consciente de cuánto ruido llenaban los pasillos de la Academia hasta que dejó de haberlo. He llegado bien a Surrey. La casa estaba tal como la dejé: en orden, intacta, excesivamente quieta. El personal se alegra siempre más de lo que demuestra al verme regresar, lo cual sigue sorprendiéndome. Quería confirmar también que las entradas para la ópera están aseguradas. No ha habido ningún contratiempo. Me alojaré en Londres la noche del concierto; te escribiré al llegar, como prometí. Espero que el inicio del invierno te trate con más amabilidad que el final del trimestre. Con estima,E. Hawthorne              Beatrice leyó la carta dos veces. No porque fuera difícil, sino porque cada frase parecía cuidadosamente colocada, como si Edmund hubiera escrito y borrado más de lo que permitía ver.       Apoyó el papel sobre el escritorio de su habitación en la mansión familiar de Belgravia, una estancia demasiado grande para una sola persona, demasiado ordenada para sentirse propia. Afuera, Londres comenzaba a cubrirse de ese frío húmedo que no era nieve, pero tampoco indulgente.       Respondió esa misma noche.        Beatrice Saint-Clare Belgravia 9 de diciembre Señor Hawthorne, El viaje fue tranquilo. Mis padres consideran que el invierno en la ciudad “endurece el carácter”, así que no hubo opción de retrasarlo. Supongo que lo agradezco más de lo que admitiría en voz alta. Me alegra saber que has llegado bien a Surrey. Siempre imaginé ese lugar silencioso, aunque no sé por qué; quizá por cómo hablas de él, como si el tiempo allí avanzara de otro modo. Gracias por confirmarme lo del concierto. No te imaginas cuánto espero. La Sonata Claro de Luna ha sido una constante estos días, aunque intento no escucharla demasiado, por si acaso arruina la experiencia. Te deseo una estancia tranquila. Atentamente,B. Saint-Clare              Durante los primeros días, las cartas mantuvieron ese tono: respetuoso, correcto, casi académico. Edmund escribía por las mañanas; Beatrice, por las noches. Nunca coincidían, pero parecía deliberado.       Él hablaba del clima en Surrey: niebla persistente, escarcha temprana, caminatas breves por los jardines. Ella respondía con referencias veladas a cenas formales, visitas inevitables, tardes largas en salones donde nadie preguntaba nada que no supiera ya la respuesta.       Poco a poco, sin embargo, algo empezó a deslizarse entre líneas.        Edmund 13 de diciembre Hoy encontré un libro en la biblioteca que no recordaba haber leído. Lo abrí convencido de que no me sorprendería… y estaba equivocado. No diré el título todavía. Prefiero comprobar si también lo conoces. He pensado en lo que dijiste antes de irte: leer para descubrir que no eres quien pensabas al empezar. No estoy seguro de que sea una virtud, pero reconozco que explica por qué algunas historias me incomodan más que otras. La casa sigue silenciosa. He encendido la música por las tardes. No Beethoven, curiosamente. Algo más ligero. Tal vez el invierno lo exige. E.              Beatrice sonrió al leerlo. No era una sonrisa amplia, sino una que apenas curvaba los labios, como si el gesto tuviera miedo de ocupar demasiado espacio. Respondió sin pensarlo demasiado.               Beatrice 13 de diciembre Si te incomodó, probablemente valga la pena terminarlo. Yo he redescubierto uno que leí hace años, aunque no sé si cuenta como relectura o como lectura nueva: soy otra persona. El libro no. En casa no escuchan música. Dicen que distrae. Así que lo hago con auriculares, como si fuera un pequeño acto de rebelión privada. Me intriga saber qué has estado escuchando. B.              Fue la primera vez que firmó solo con una inicial. Edmund lo notó. Las cartas empezaron a llegar con mayor frecuencia. A veces no eran cartas, sino breves notas, casi mensajes: un comentario al margen de una lectura, una observación sobre el frío, una frase que no necesitaba contexto. Edmund 16 de diciembre La nieve ha empezado hoy. No cubre del todo el jardín, pero silencia el suelo.He pensado en ti, inevitablemente.        Beatrice 16 de diciembre Aquí no nieva. Solo llueve.Supongo que incluso el invierno tiene preferencias.              Las referencias al concierto comenzaron a aparecer sin anunciarse, como si ambos lo rodearan con cuidado.        Edmund 18 de diciembre He recibido el programa preliminar. Incluyen una pieza previa que no esperaba.Creo que te gustará. Beatrice 18 de diciembre No me digas cuál es. Prefiero descubrirlo allí.Me he comprado unos guantes nuevos. Ridículo, quizá, pero necesario.              A medida que avanzaban los días, el contenido cambiaba. Edmund empezó a escribir sobre pequeñas rutinas: el té de la tarde, los paseos breves antes del anochecer, una conversación ocasional con el mayordomo que llevaba años en la casa y parecía saber cuándo hablar y cuándo no.       Beatrice, por su parte, dejó entrever más de su mundo: una discusión contenida durante una cena, la forma en que su madre corregía su postura incluso sentada, la biblioteca privada donde se refugiaba por las tardes.       Nunca se quejaba directamente. Nunca pedía nada. Edmund lo entendía.        Edmund 21 de diciembre Hay algo curioso en pasar tanto tiempo solo: uno empieza a notar cuándo el silencio es descanso y cuándo es evasión.No siempre acierto a distinguirlo.        Beatrice 21 de diciembre Supongo que el silencio se parece mucho a la calma… hasta que deja de serlo.              La víspera de Navidad, Edmund escribió una carta más larga de lo habitual.        Edmund 24 de diciembre Esta noche habrá una cena aquí. Tradición más que celebración.He decidido quedarme solo después. No me apetece alargar las formalidades. Pensé que tal vez tú…No, eso no es importante. Solo quería desearte una noche llevadera. E.              Beatrice leyó la carta sentada frente a la ventana, observando cómo las luces de Londres se reflejaban en el cristal. Respondió con una honestidad que la sorprendió a ella misma.        Beatrice 24 de diciembre Gracias. He pensado lo mismo. Esta casa se llena de gente esta noche, pero no de conversación. Me quedaré despierta leyendo, como siempre. Espero que Surrey sea amable contigo esta noche. B.              Después de Navidad, el tono cambió definitivamente. No hubo un momento concreto; fue más bien una aceptación mutua de que ya no necesitaban fingir distancia.       Las cartas se volvieron más personales, más cálidas, aunque nunca explícitas. Hablaron de libros concretos. De autores que ambos admiraban. De música que los acompañaba en distintos estados de ánimo.        Edmund 28 de diciembre He terminado el libro del que te hablé. Tenías razón: incomoda por motivos distintos a los que esperaba. Sir Alaric no me resulta admirable, más sí interesante. Lady Clarissa sí, es admirable en cualquier ámbito. Personalmente, encuentro que Clarissa me recuerda a quienes poseen claridad incluso en la adversidad, mientras que Alaric… bueno, Alaric sigue siendo un espejo de mis propias limitaciones. Supongo que eso dice algo de mí.              Beatrice tardó más en responder esa vez. Había descifrado el libro al que hacía referencia Edmund. Sombras de un legado de Lord Ainsley Thornbridge.       La historia sigue a Sir Alaric, un joven heredero de un antiguo linaje que debe asumir responsabilidades familiares que no desea, mientras lucha por comprender sus propias emociones frente a los demás. Se encuentra atrapado entre el deber y la libertad personal. En contraste, Lady Clarissa, una amiga cercana, decide enfrentar la vida con valentía, tomando decisiones audaces y desafiando las expectativas que la sociedad impone sobre ella. La obra explora el honor, la independencia, la amistad y la tensión entre lo esperado y lo deseado.        Beatrice 28 de diciembre Creo que logro adivinar el libro al que te refieres. ¿Sombras de un legado? Lady Clarissa entiende algo que los demás ignoran: que a veces amar no es reclamar, sino proteger.Me alegra que lo hayas leído.              Los días avanzaron. Enero se acercaba con su promesa de regreso. Y con él, el concierto.        Edmund 3 de enero Faltan dos semanas.        Beatrice 3 de enero Lo sé.He marcado el día en el calendario.        Edmund 5 de enero He reservado el hotel. Cerca del teatro. No quería tener prisas esa noche.        Beatrice 5 de enero Gracias por decírmelo. Yo tampoco quiero prisas.              

El último mensaje antes del encuentro fue breve.

       Edmund 7 de enero Mañana nos veremos en Londres. Estoy deseando que no haya más silencio ni esperas entre nosotros.              Beatrice guardó la carta junto a las demás. Por primera vez en mucho tiempo, el invierno no le pareció una estación de espera, sino de tránsito. Las calles nevadas, los cafés iluminados y los reflejos de las farolas ya no eran solo telón de fondo para la rutina diaria: eran el preludio de un encuentro que ambos aguardaban con discreta intensidad.       El concierto ya no era simplemente un evento marcado en el calendario. Era un punto de encuentro, un antes y un después que ambos intuían, aunque ninguno se atreviera a ponerlo en palabras.       Mientras se acercaba a su armario para elegir su atuendo, Beatrice comprendió que aquellas cartas habían sido más que correspondencia: habían sido la forma en que aprendieron a compartir espacio y tiempo, incluso a distancia, y la preparación silenciosa para algo que, en cuanto se vieran, cambiaría la textura de su invierno para siempre.
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