Ups, Accidental Baby Delivery Service

Mezcla
R
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planificada Midi, escritos 42 páginas, 20.790 palabras, 2 capítulos
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Our Love

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Lo primero que logró escuchar al momento de despertar fueron quejas, unas tan suaves que por un segundo creyó que las había imaginado, como un eco lejano en su propia cabeza. Sin embargo, conforme el mundo a su alrededor comenzaba a enfocar y su cerebro empezaba a arrancar —como un motor frío al que cuesta encender—, se dio cuenta de que aquellas quejas seguían ahí, constantes, tenues, pero presentes. Sonaban como pequeños sollozos, ahogados, tan disimulados que casi podrían perderse en el rugir de la tormenta que azotaba afuera con furia. Sus cejas se fruncieron de inmediato, como si al hacerlo pudiera apagar el sonido, y sus orejas, inquietas y molestas, se movieron de un lado a otro, agitándose como si quisieran sacudirse el molesto murmullo. Dio un par de manotazos al aire, medio dormido, como si eso fuera a disipar el sonido y traer de regreso el silencio que tanto anhelaba. ¿Quién se atrevía a interrumpir sus preciadas horas de descanso? Una parte de su cerebro —la más dormida, por supuesto— contempló la posibilidad de que tal vez era un mal sueño, o alguna canción pegajosa que se le había quedado rondando en la mente, pero no... eso era real. Y, por desgracia, cada vez más insistente. Su cuello crujió al intentar acomodarse, y Sonic chasqueó la lengua con fastidio. Un dolor sordo y molesto se apoderó de su nuca, como si hubiera dormido apoyado sobre una roca en vez de en una cómoda almohada. Frunció más el ceño. ¿Desde cuándo mi almohada se siente como cemento?, pensó, incómodo, mientras intentaba mover la cabeza para encontrar una posición más cómoda. Pero el cuello seguía igual de rígido, Un crujido sordo se dejó oír cuando intentó moverla cabeza para acomodarse mejor, Sonic soltó un quejido bajo, maldiciendo internamente el haberse quedado dormido así. Y fue en ese instante, mientras su mente aún flotaba en esa nube espesa del sueño, que algo más le golpeó la conciencia, alguien estaba llorando. No era un simple quejido sin importancia, sinolloros reales, aunque apenas perceptibles, como los de alguien que trataba de no hacer ruido... y fracasaba miserablemente. Un trueno desgarró el cielo en ese momento, más fuerte que los anteriores, haciendo vibrar el ambiente con un rugido que casi parecía una criatura enorme gritando en la lejanía de pura rabia y con ganas de destruir el universo entero. Sonic abrió un poco un ojo, perezoso, sin ganas, al escuchar el estruendo. Volvió a cerrar los párpados con pesadez, bufando ante la idea de que estuviera lloviendo tan fuerte, no podría salir a correr ese día. En su cerebro a medio funcionar, solo una explicación lógica surgió... que la fuente de los lloriqueos debía de ser Tails, supuso, con la seguridad perezosa de quien aún no está listo para enfrentar el mundo. Después de todo, ¿quién más podía ser? Su hermano menor siempre terminaba aterrorizado cuando las tormentas se desataban con tanta fuerza, y era casi una tradición no escrita que terminara buscando refugio en la cama de Sonic. No importaba cuánto Tails insistiera en que ya era grande y valiente; a la hora de los truenos, el papel de hermano valiente le tocaba a Sonic sí o sí. Ya era rutinario hasta ese punto que durante una lluvia tan fuerte como la de ese día, Tails se encontraría lugar en la cama de alguno de sus hermanos para buscar consuelo y seguridad, mayormente siempre era Sonic al ser el más receptivo con respecto al contacto físico, no es como si Knuckles no pudiera consolar al menor, pero no es su mejor fuerte, por lo tanto, el pequeño zorro iría de inmediato hacia Sonic, incluso más que con Maddie y Tom, pese a que son sus padres. Era algo con lo que Sonic solía sentirse orgulloso y su pecho se llenaba de calidez. Pero esta vez suspiró con pesadez, ya resignado a la idea incluso si sabía que el pequeño zorro lo necesitaba, y se removió apenas, acomodándose un poco mejor sin abrir del todo los ojos, mientras sus manos, aún adormecidas, apretaban con suavidad la manta que descansaba sobre su pecho. O, al menos, lo que él pensaba que era una manta, porque en ese instante ni se detuvo a pensar en ello. Aunque, curiosamente, esa "manta" se movía sola. Pero Sonic, demasiado somnoliento como para darle importancia, ignoró por completo aquel detalle sospechoso, sin pensar demasiado en lo que debería de ser importante (para sorpresa de absolutamente nadie). Con un bostezo enorme que casi le disloca la mandíbula, movió un poco las piernas y, medio en automático, hizo espacio a su lado, girando apenas el cuerpo para abrir hueco. Sus manos aún sujetaban con cuidado aquello que tenía sobre el pecho, y sus orejas se plegaron ligeramente al escuchar otro sollozo, esta vez mucho más cerca. —Venga, Tails, ven aquí... — Murmuró con voz rasposa, en medio de un bostezo ruidoso, arrastrando las palabras entre el sueño y la realidad, mientras se acomodaba de nuevo, encorvándose apenas y acurrucando más entre sus brazos lo que sostenía ahí, como era la manta, en un intento devolver a dormir, pero en una posición más cómoda. Ni siquiera pensó en mirar, simplemente se enroscó perezosamente, como quien busca una almohada más cómoda. En su mente, todo tenía sentido. Era una noche tormentosa, su hermano estaba asustado y, por supuesto, Sonic era quien debía darle abrigo. Nada fuera de lo común. Solo quería que Tails se acomodara de una buena vez para poder dormir en paz, ignorando la tempestad allá afuera. Hubo un largo momento de silencio, roto únicamente por el insistente tamborileo de la lluvia contra el suelo del exterior, era un ruido sordo, un poco diferente a cuando la lluvia chocaba contra el techo del ático en la casa, sus orejas se movieron con inquietud ante la extrañeza, pero realmente no puso atención a esos detalles de su entorno. Sonic, sintiendo que por fin todo se tranquilizaba, dejó escapar un leve suspiro aliviado y se dejó caer más contra lo que él creía que era su cómoda cama, listo para volver al abrazo dulce del sueño. Pero entonces, algo no encajó. Tails no se acomodó a su lado. No sintió el usual contacto cálido de su hermano menor. Esperó. Esperó a que Tails, tembloroso y asustado, se metiera de lleno a su lado, como siempre hacía. Esperó sentir ese pequeño cuerpo calentito y nervioso acurrucándose contra él, las dos colitas enrollándose a sus piernas, buscando refugio. Tampoco escuchó su susurro de agradecimiento de “Gracias, Sonic” o ese inevitable "¿puedo quedarme aquí?". Nada. El espacio a su lado seguía vacío, frío, solitario. Es más, era como si Tails nunca hubiera estado ahí, en primer lugar. La duda se instaló en su pecho, lenta al principio, pero cada vez más grande, como una bola de nieve rodando colina abajo. Frunció las cejas, ahora sí, muy confundido, mientras aún abrazaba lo que fuera que tenía sobre el pecho. Fue en ese instante cuando los lloriqueos se intensificaron, volviéndose más evidentes, más presentes, como un pequeño motorcito encendido justo al lado de su oído, o quizás un mosquito insistente que desea hacerle la vida miserable. Y entonces, para colmo, lo que sostenía comenzó a moverse de forma brusca, agitándose con pequeños espasmos nerviosos. Su manta se movía. Fue entonces, cuando otro trueno iluminó la estancia por una fracción de segundo, que sus ojos se abrieron de golpe, tan grandes como dos esmeraldas recién pulidas. Su mirada, aún borrosa y nublada por el sueño, bajó lentamente, como si su mente no pudiera procesar a la velocidad que requería la situación.. Su mirada, aún algo desenfocada, se clavó en su propio pecho, parpadeando varias veces con rapidez, como si sus párpados pudieran despejarle la vista. Y entonces, como si el universo decidiera darle un golpe directo al cráneo, todos los recuerdos del día anterior le cayeron encima. Como un alud imparable. Como si el mismísimo cañón eclipse lo hubiera disparado nuevamente con su rayo destructor, pero ahora a su cerebro. Ahí, con el corazón acelerado, la mente aún embotada y los ojos abiertos como platos, asimiló su situación actual. Claro... No estaba en casa. Estaba en su anterior cueva, esa misma que había usado como escondite cuando recién llegó al mundo humano, la cual pasó a ser una cueva de fiestas y reuniones con sus amigos, y ahora, como si la vida se burlara de él y fuera su mejor bufón, ahí estaba otra vez, atrapado en medio de una tormenta brutal que parecía tener ganas de desgarrar el cielo en pedazos y probablemente inundar la tierra. Afuera, los truenos sonaban tan fuertes que hacían vibrar las paredes de roca, y la lluvia no daba tregua, golpeando sin descanso contra la entrada, como si quisiera colarse dentro a empaparlo todo y ahogarlo. La idea lo hizo temblar, pero dejó de lado ese pensamiento, tiene cosas más importante en las cuales enfocarse. Y por si la situación no fuera lo suficientemente extraña, confusa y sacada de una película mala, Sonic miraba ahora al pequeño ser que reposaba contra su pecho. Lo había encontrado apenas unas horas antes (¿horas? ¿cuanto tiempo estuvo dormido?), y, en un arranque de instinto que ni él mismo lograba explicar ahora, se lo había llevado consigo como si acabara de adoptar un Pokémon perdido en la hierba alta. Literalmente. Solo que este no lanzaba rayos ni bolas de fuego, aunque viendo su suerte, tampoco lo descartaría. Sus ojos esmeraldas, normalmente chispeantes y llenos de esa energía casi insoportable que todos conocían, ahora estaban entreabiertos, cargados de confusión, agotamiento y, sobre todo, una abrumadora sensación de “¿qué demonios se supone que debo hacer ahora?”. Cuando pensaba que lo peor que le podía pasar en la vida era tener que enfrentarse a Robotnik en calzones y sacudiendo su enorme panza como sucedió hace ya un año (y eso ya era bastante trauma), ahora le pasa esto. El bebé, acurrucado en su pecho, lloraba suavemente, con ese sonido quejumbroso y débil que no terminaba de ser un llanto completo, pero tampoco un simple balbuceo. Al menos, agradecía que no fuera uno de esos llantos desgarradores que hacía temblar hasta a las madres más experimentadas. No, este pequeño erizo —condenadamente adorable, debería de ser ilegal ser así de tierno hasta el punto de competir con Tails y eso ya es mucha guerra.— parecía más bien estarse quejando por algo, como si algo le molestara o necesitara, pero, por supuesto, Sonic no tenía la más remota idea de qué. Miró fijamente al bebé, casi esperando que de repente hablara y le dijera: "Oye, necesito un biberón, idiota, ¿tan difícil es de entender eso para tu diminuto cerebro del tamaño de un maní?" Pero no, lo único que recibió a cambio fue otro pequeño quejido, acompañado de un leve temblor del diminuto cuerpo, que seguía aferrado a él como si Sonic fuera la única cosa segura en el mundo entero. Probablemente lo era ahora, ahora que el pequeño no tenía a nadie. No tenía madre, ni padre, ni ningún conocido, estaba solo. Sonic podía comprenderlo, ahora era lo único que este pequeño ser tenía ahora. Su corazón se retorció con angustia y simpatía, sabe que se siente estar solo desde una edad temprana, que lo condenen si deja que este bebé pase por eso, porqué no lo va a permitir. Este pequeño crecerá con familia, eso si estaba asegurado. Lo que no estaba asegurado era como diablos iba a cuidar de él mientras esperaba a que pase la tormenta. El erizo azul tragó saliva con fuerza, notando cómo su garganta se sentía reseca, como si hubiera corrido una maratón en pleno desierto. Parpadeó varias veces, volviendo en sí de golpe, como si acabara de salir de un trance, y ahí estaba, la escena frente a él seguía igual de surrealista que hace unos minutos: el pequeño bulto de púas plateadas que fruncía el diminuto hocico en señal de absoluto descontento. Esos sonidos agudos y quejosos, que no llegaban a ser llanto, pero sí tenían esa cualidad insistente y constante que le daban ganas de tirarse al suelo en posición fetal, ya comenzaban a ponerle los nervios de punta. — Bien... genial... — murmuró para sí mismo, haciendo una pausa para inspirar y espirar lentamente, aunque su pecho subía y bajaba a un ritmo más rápido de lo que intentaba aparentar. — Respira, Sonic... respira... — masculló como un mantra desesperado, llevándose una mano temblorosa al hocico, apretando la mandíbula, como si eso fuera a evitar que su cerebro entrara en "modo pánico total". Por dentro ya estaba chillando a todo pulmón, rodando en círculos como un personaje de caricatura atrapado en una catástrofe. "Ok, ok... piensa, piensa... ¿qué se supone que tengo que hacer ahora? ¿Dónde está ese maldito manual de 'Cómo cuidar un bebé y no morir de ansiedad en el intento' cuando lo necesitas? ¿Alguien? ¿Una señal divina? ¿Una nota de auxilio pegada a la canasta? ¿¡No!? ¡Perfecto!", pensó, mientras sus orejas se movían nerviosas, siguiendo cada mínimo quejido del bebé como si fueran alarmas nucleares. El bebé volvió a soltar otro quejido más fuerte, uno que, en su mente ya estresada, sonó como:"¡Haz algo, inútil!" Sonic parpadeó un par de veces, clavando la mirada en ese pequeño rostro fruncido y peludito, jurando que esas mini orejas temblorosas lo estaban juzgando. Que grosero. — Hey, hey... hola, bola de púas... —Dijo al fin, ladeando apenas la cabeza, con una sonrisa nerviosa que más parecía una mueca, y ojos que rogaban internamente "por favor, no empieces a llorar a todo pulmón o te juro que lloro contigo, y no va a ser bonito". — ¿Te despertaste de mal humor, eh? —Intentó sonar tranquilo, como si no estuviera sintiendo que la responsabilidad de un universo entero se posaba en sus espaldas y empezara a bailar la macarena.— ¿Acaso no fui una almohada lo suficientemente cómoda para sus refinados gustos, su alteza?— Refunfuñó, aunque su tono cargaba ese humor sarcástico que usaba para sobrellevar las cosas. Con movimientos torpes, se enderezó lentamente en el viejo sofá de su escondite, soltando un leve quejido de incomodidad cuando su espalda crujió como una rama seca. Su cuello también protestó con un dolor agudo, y ahora que lo pensaba, ni idea de cuándo o cómo se había quedado dormido. ¿Desde cuándo las siestas venían con combo de dolor muscular? Esto era horrible, odiaba sentirse de esa forma. Fue cuando sus patas tocaron el suelo frío que se dio cuenta de que no traía las zapatillas puestas. — ¿Dónde demonios están mis zapatos...?— Se preguntó en voz baja, mirando sus patas descalzas, con las almohadillas rosadas encogiéndose al contacto con la piedra helada del suelo. Se le erizó el pelaje hasta la punta de las orejas y sus dedos se contrajeron como si intentaran escapar hacia dentro de sí mismos, sus pequeñas garras se mostraron un momento por reflejo, para luego suspirar, moviendo la cabeza para dejar de sentir tan rígido su cuello, probablemente se había quitado los zapatos y los calcetines mientras dormía, no era la primera vez. Mientras Sonic lidiaba con su existencia dolorida, el bebé, como si supiera que ese era el mejor momento para atacar debido a lo aturdido que estaba su nuevo cuidador, comenzó a retorcerse con más ganas, sus diminutas patitas se aferraron con fuerza inesperada al pecho del erizo, hundiendo las patitas en el suave pelaje melocotón, como un koala enojado. —¡AY! ¡Oye, oye, oye! ¡Eso duele, colega! —Se quejó Sonic, sacando las palabras a medio chillido mientras intentaba separarlo con cuidado, aunque el pequeño parecía haber activado modo "ventosa superpoderosa", negándose a soltarlo en lo absoluto.— ¿Qué comes, bebé? ¿Proteína pura? Facilmente podrías competir contra Knucks.—Refunfuñó, mientras observaba con ojos desorbitados cómo el minúsculo ser seguía colgando de su pecho como si su vida dependiera de ello. Nuevamente intentó alejarlo, pero el bebé se negaba en lo absoluto, protestando en voz alta ante las acciones de Sonic. — Tienes demasiada fuerza para ser un bebé del tamaño de mi pata, pequeño gremlin. —Bufó, ladeando las orejas con evidente angustia, tratando de ignorar la punzada en su pecho por los tirones de las pequeñas garras en crecimiento. Los quejidos agudos siguieron, aumentando en intensidad, y Sonic alzó la nariz en un gesto de derrota dramática. Mirando al bebé como si este fuera a soltarle una explicación lógica y coherente de por qué le estaba arrancando el pelaje. —Bien, bien, si, tu ganas, ya entendí, soy un adulto incompetente, ¿vale? —Soltó con exasperación, aunque sus ojos tenían un brillo de preocupación genuina. — Hey, amigo, necesito señales claras de lo que quieres, ¿sí? No hablo "bebé" fluido todavía. Y con suerte nunca tendré que hablarlo de nuevo. Esto de jalarme el pelo no me está dando muchas indicaciones de lo que necesitas, y es muy grosero.— Reprendió a la cría, como si este le entendiera algo de lo que estaba diciendo, el bebé erizo no se vio nada impresionado.—Publico dificil, eh.—Apretó la mandíbula.— Ten paciencia conmigo, la mayor parte del tiempo no tengo ni idea de lo que estoy haciendo, ¿Si? El llanto del bebé, aunque todavía contenido, aumentó su intensidad hasta ser chillidos agudos en respuesta, y Sonic sintió un sudor frío recorrerle la espalda. — No, no, no, no, ¡no llores más fuerte! Mira, yo no sé qué haces aquí, pero si empiezas a llorar a gritos, gritaré contigo y verás que soy mucho más molesto que tu. ¡Shads te lo puede confirmar! — Suspiró profundamente, apretando los labios mientras mecía al pequeño en sus brazos, un vaivén torpe, como quien no está seguro si acunar o sacudir una lata de refresco. Estaba más perdido que Adán en el día de la madre. Se tranquilizó, porqué pelear contra un bebé no hará las cosas más fáciles.— ¿Qué necesitas? ¿Tienes hambre? ¿Te duele algo? —Bajo la voz a un tono suave, aunque una gota de sudor resbaló por su sien. — ¿Ya te... ya tehiciste encima? —Preguntó con horror absoluto, como quien teme mirar dentro de una caja de serpientes venenosas, palideciendo ante la idea de que esa sea la razón de la incomodidad del bebé. — Por favor que no sea eso... Por favor que no sea eso.— Empezó a rogar en voz baja, frunciendo la nariz, se acercó con lentitud a olfatear al bebé, preparado para lo peor, esperando que su sentido del olfato no lo traicionara como aquella vez con la fábrica de queso podrido (otra historia),olfateando alrededor como quien busca una bomba escondida. Aspiró con cautela, casi temiendo lo que podía encontrar, preparándose mentalmente, pero no detectó nada fuera de lo normal. Nada desagradable, al menos. Eso fue un alivio, el pequeño bebé olía a algo… diferente. Era un aroma tenue, era lechoso y hasta cierto punto, dulce, y también sintió el olor a lavanda dela manta de Shadow, que seguía envolviendo al bebé como un capullo diminuto. Sonic dejó escapar un suspiro aliviado, relajando un poco los hombros, aunque la tensión seguía latente en su nuca. Por alguna razón, su nariz se quedó ahí, perdida entre las suaves púas del pequeño, absorbiendo ese aroma cálido y dulce que casi parecía tranquilizarlo. Era extraño, pero de pronto ya no se sentía tan solo, ni tan perdido. Sus párpados cayeron lentamente, y por un momento, solo por un momento, se permitió disfrutar esa calma efímera. Sus brazos se apretaron un poco más alrededor del pequeño, en un acto instintivo, protegiéndolo como si fuera el tesoro más preciado. — ... Está bien, amiguito... —Dijo en un susurro al fin, en voz baja, tan suave que apenas se escuchaba sobre el eco de la cueva.— Supongo que ahora somos un equipo raro... Y aunque no tenía idea de lo que estaba haciendo, ni por qué la vida le había lanzado este "regalo sorpresa", en ese instante, Sonic decidió que no lo dejaría solo. Aunque primero, tal vez, tendría que sobrevivir a la hora del llanto sin perder la cabeza. Un ronroneo suave, profundo y grave, escapó de su garganta, resonando en el silencio de la cueva como un motorcito apagado a medias. Y sí, Sonic sabía perfectamente que ronroneaba, no era ningún secreto para él, tampoco para nadie de su familia… aunque si alguien le preguntaba, lo negaría. Pero ahora no podía darse el lujo de disimularlo, porque su cuerpo simplemente hacía lo que quería para intentar calmar al pequeño demonio plateado que se removía entre sus brazos, ya no esta balanzando esos quejidos que amenazaban con perforarle los tímpanos. Y por suerte —gracias, universo, por una— el bebé pareció calmarse apenas un poco. Ya no estaba lanzando esos chillidos agudos de “¡Eres estupido!”, aunque aún se removía como un gusano hiperactivo en su agarre. Sonic soltó el aire que llevaba reteniendo, como si acabara de sobrevivir a un combate contra Eggman y mil de sus robots, y trató de recolocar mejor al chiquitín, que se retorcía demasiado. Sonic soltó un suspiro, uno de esos largos y pesados que te vacían el alma, mientras maniobraba con sumo cuidado al bebé, como si estuviera intentando sostener una bomba a punto de explotar. Con movimientos lentos, calculados —como si moverse rápido fuera a activar una trampa mortal,o peor, una caja llena de sus preciados chili dogs en equilibrio inestable—, dejó que la cabecita del pequeño descansara finalmente en el hueco de su codo, ese espacio natural que parecía hecho para cargar bebés, aunque él jamás pensó en usarlo para eso. La diminuta mejilla del bebé se apoyó, suave y caliente, contra su pecho, y Sonic sintió cómo su propio corazón latía desbocado, como si estuviera corriendo una maratón sin moverse del sitio. Sin embargo, apretó un poco los labios, respirando profundo para no dejarse llevar por el pánico. Con delicadeza, como si al mínimo error fuera a despertar a una bestia dormida(aunque en realidad ya estaba despierta, y claramente molesta), tomó la manta —esa manta de Shadow, por cierto, que seguro se enojaría si supiera que estaba cubierta en babas de bebé— y la subió suavemente hasta la barbilla del pequeño, arropándolo bien, asegurándose de que el frío de la cueva no le alcanzara. — Bien, bien, eres muy bueno, pequeño copo de nieve... —Murmuró Sonic con una sonrisa suave, dejando que una ternura involuntaria se filtrara en su voz, mientras sus ojos no se apartaban del diminuto ser acurrucado contra él. Se mordió un poco el labio, como conteniendo las ganas de decirle mil cosas, y al mismo tiempo, de preguntar qué se suponía que debía hacer ahora. Pero claro, la paz no dura demasiado cuando se trata de Sonic. Porque a pesar de su mejor intento por calmarlo, el bebé continuaba removiéndose, como un gusano inquieto, apretando las patitas en miniatura en puños, frunciendo el diminuto hocico y las cejitas, poniendo cara de "Me quejo de tu incompetencia". Pero seguía viéndose demasiado adorable como para enojarse de que era criticado por un bebé que probablemente solo tengas unos cuantos días de nacido, ¿qué sabía él? No es doctor. ¿Dónde estaba el manual que dijera "¿si frunce el ceño, es porque tiene hambre y no porque planea conquistar el mundo?” Hizo una mueca.— Oye, no leo mentes, amigo —El erizo cobalto hizo un puchero, con una mezcla de resignación y desesperación en su tono.— Sé que esperas que mágicamente entienda lo que quieres, pero te juro que soy malo adivinando hasta qué quiero desayunar, imagínate con esto...—Hizo una pausa.— Ojalá vinieras con subtítulos o algo, porque de verdad no sé si necesitas comida o si solo me estás juzgando por respirar.— Se pasó la pata libre por el rostro, agotado, aunque no podía dejar de mirarlo. Mientras lo mecía con un vaivén torpe, que parecía más una mini montaña rusa que un balanceo tranquilo, Sonic no pudo evitar pensar, cuidar a bebés de demasiado agotador ¿como es que los padres quieren tener hijos VOLUNTARIAMENTE? ¿En qué momento dicen ‘Sí, quiero que alguien grite a las 3 a.m. solo porque se le cayó el chupón’?" En ese momento, por primera vez en su vida, se compadeció genuinamente de Tom y Maddie. Si bien él y sus hermanos no eran bebés, tampoco eran precisamente un regalo de paz y tranquilidad, ni tampoco santas palomas (bueno, Tails quizás si, cuando no intenta construir un avión en el cobertizo). Al menos los bebés normaleslo único que hacen es llorar y querer hacer que te arranques la cabeza del cuerpo por el ruido, pero no son perseguidos por científicos locos que intentan matarte y que construyen robots gigantes para conquistar el mundo, no generan un apagón de gran alcance cuando corren, ni destruyen paredes, ni atacan a los obreros o carteros, ni tienen que salvar el mundo cada dos semanas. Lo cual, analizando todos esos datos, Tom y Maddie merecen un premio Nobel ya que para ellos, todo lo anterior, era un Martes normal de la semana. Y justo cuando por fin empezaba a hundirse en esos pensamientos existenciales y a contemplar su vida entera cuestionando todas las decisiones que ha tomado hasta ahora, algo extraño, algomuy extraño, lo sacó de golpe de su mente. Una sensación cálida, húmeda y...¿succionante? Se tensó como un resorte cuando esa sensación se intensificó, acompañada de un pequeño sonido de "slurp". Sonic parpadeó lentamente, con la mirada perdida hacia el techo, como si su cerebro se estuviera apagando por completo, hasta que un chillido —totalmente varonil y digno de un héroe de acción, por supuesto— se escapó de su garganta. Dio un salto que casi provoca que el bebé saliera volando como proyectil hacia la pared (por suerte, sus reflejos le salvaron y lo sostuvo firme al instante antes de hacer tal estupidez). — ¿¡QUÉRAYOSESTÁS HACIENDO!?—Exclamó civilizadamente Sonic, mirando con horror hacia abajo, solo para encontrar la cabecita del bebé, con sus mini púas plateadas desordenadas, y una boquita diminuta... prendida de su pecho izquierdo. Literalmente. Con sus encías chiquitas aferradas como si intentara extraer leche de un cactus peludo. El bebé, por toda respuesta, siguió intentando succionar con una intensidad casi admirable, como si dijera "De aquí voy a comer o me muero en el intento." Sus cejas estaban fruncidas con pura determinación. — ¡Hey, pequeño descarado!¡Esa zona es privada,¿sabes?!—Chilló el mayor, rojo como un tomate maduro.—¡El único que tiene permiso de molestar ahí es Shadow, y eso solo porque se pone intenso! ¿me oyes?Estará muy molesto si se entera de tu pequeña acción.— Se inclinó un poco, tratando de despegar al pequeño con cuidado, aunque la criatura parecía tener la fuerza de cien pulgas enojadas.—Es absolutamente celoso, ¡peor que Knuckles! ¡y eso es mucho decir! Él bebé le dedicó una expresión molesta, o quizás es porqué no ha podido sacar nada de ahí. Intentó separarlo, pero el bebé parecía tener la fuerza de una aspiradora industrial y se mantenía pegado con una determinación digna de un héroe en película de acción. Sonic soltó un quejido más, encogiendo los hombros con incomodidad mientras murmuraba.— No va a salir comida, ya te lo digo yo... — Masculló, haciendo una mueca.— ¿Qué crees que soy? ¿Un Sonic sabor vainilla edición limitada o qué?—Empezó a refunfuñar, conla cara completamente encendida de vergüenza, mientras el bebé insistía, frunciendo su pequeño hocico como si dijera: "Déjame en paz, erizo azul, estoy ocupado."  Hizo una mueca cuando el bebé insistía aún más, como si con pura terquedad pudiera conseguir leche de un erizo macho. El bebé seguía, succionando con una terquedad tan feroz que Sonic juraba que si existía una Olimpiada de Succión Desesperada, ese pequeñajo se llevaba la medalla de oro, plata y bronce al mismo tiempo. El pensamiento fue tan absurdo que comenzó a cuestionarse su salud mental, esta situación se le estaba subiendo a la cabeza. — Ya basta, pequeño... ya vi que tienes hambre —Sonic ya se estaba rindiendo, haciendo una mueca de incomodidad por la sensación rara, mientras ladeaba las orejas y alzaba los ojos al techo.—Ya te digo, ya no vengo con esa configuración en el cuerpo, suéltame de una vez y ambos estaremos mejor ¿qué te parece?—Era como hablar con una pared.— Hombre, eso duele —Siseó, mientras seguía meciendo al pequeño. Se mordió el labio, mirando el techo de la cueva, como si esperara que algún día cayera del cielo un manual titulado "Cómo ser papá (por accidente) cuando eres Sonic el Erizo y no tienes idea de nada sobre paternidad más allá de frases sabías (cortesía de Tom)" o mejor aún, que llegara Amy corriendo con una solución mágica. Dios, en verdad que necesita de sus consejos de vida, o alguno de salud mental porqué cree firmemente que está perdiendo la cabeza y no ha pasado ni un día. — ¿Qué hago contigo, eh? —Negó con la cabeza, acercando al bebé un poco más, con un suspiro, mientras sus púas se erizaban por el frío y por los nervios. Aunque Sonic no podía negar que ver la carita de ese pequeño bulto aferrado a él, aunque fuera de la manera más rara posible, le calentaba un poco el corazón... aunque claro, no tanto como para dejar que siguiera usando su pecho como biberón improvisado, era humillante y demasiado incomodo. El llanto comenzó bajito, como un murmullo tembloroso, pero lo suficientemente triste como para apretar directamente el corazón de Sonic. El pequeño erizo, frustrado y decepcionado de que su banquete inexistente no diera resultados, frunció su diminuto hocico y dejó escapar sollozos suaves, lastimeros, esos que no llegaban a romperle los tímpanos, pero que venían acompañados de gruesas lágrimas que rodaban lentamente por sus mejillas esponjosas, empapando un poco su pelaje melocotón. Sonic sintió un tirón en el pecho, como si alguien le hubiera dado un golpe directo al corazón con un martillo de goma, de esos que hacen ruido de bocina de payaso. Y el erizo cobalto supo al instante que no podía soportar verlo llorar, menos cuando el pobre bebé solo buscaba algo tan básico como comida. — Hey, hey, shh, tranquilo, campeón, ya te conseguiré algo de comer, lo prometo... —Susurró con voz suave, casi ronca por la mezcla de ternura y pánico, mientras pegaba la nariz a la frente del bebé y dejaba varios besos cortos, suaves y cálidos sobre la piel peludita del cachorro, uno tras otro, tan tiernos que hasta él mismo se sorprendió de lo natural que le salían. Y aunque esos besos lograron hacer que el pequeño bajara un poquito el volumen de su llanto, los sollozos seguían saliendo, bajitos pero tristes, como si el mundo se estuviera acabando solo porque no pudo sacarle leche al erizo azul. Sonic respiró hondo y reajustó el agarre, acomodando al bebé como si fuera el objeto más frágil y precioso del universo —que honestamente, ahora mismo lo era—, asegurándose de que la manta no se le resbalara de los diminutos hombros. Sonic suspiró, sintiendo cómo su pecho dolía un poco con cada quejido que escuchaba, reforzando el agarre, como si eso sirviera para proteger al bebé de todo, incluso de su propio estómago vacío. — Bien, copo de nieve, vamos a buscar algo, ¿vale? Nada de llorar, que no se me da bien eso de consolar gente, menos si eres del tamaño de un peluche.— Murmuró con media sonrisa nerviosa, mientras empezaba a caminar por la cueva. La cueva estando silenciosa y fría, con el ruido incesante de la tormenta del exterior, parecía mirarlo con una especie de expectativa, como si las paredes mismas esperaran ver qué demonios iba a hacer ahora. Sonic iba caminando con ese andar incómodo de quien no sabe si va cargando un bebé o un tipo de arma ultra letal, haciendo equilibrios como si el suelo estuviera hecho de jabón. Al llegar a la pequeña zona de la cocina improvisada que con sus amigos habían construido, Tienen una nevera que Tails modificó, llena de suministros, con energía ilimitada para evitar que muchos de estos alimentos se pudrieran. Agradeció a Amy al ser la madre del grupo y abastecer semanalmente la cueva, se prometió a si mismo comprarle algún detalle especial una vez regresara a casa, porqué sabiendo que si por él fuera, la cueva estaría vacía excepto por envoltorios vacíos de chili dogs y botellas de soda. El problema vino cuando se dio cuenta de que no tenía manos libres, y por supuesto, abrir la nevera mientras cargaba al mini gremlin llorón no era tarea sencilla. Así que, como todo un acróbata, levantó una pierna con increíble equilibrio —quizás el primer momento del día en que se sintió orgulloso de sí mismo— y con la punta del pie abrió la puerta del frigorífico, que se deslizó pesadamente con un chillido. La luz blanca del interior se encendió, iluminando todo con un resplandor casi celestial, como si esperara encontrar ahí dentro la respuesta a todos sus problemas... pero no, lo único que encontró fue un festival de frutas, verduras (que claramente no pensaba comer), chucherías, y mentas, muchas, MUCHAS mentas, ¿en que momento Tails llenó todo de eso? Hasta puede ver una cantidad exagerada de bolsas con granos de café, probablemente de Shadow, y por supuesto, no pueden faltar los ingredientes para hacer chilidogs, entre más cosas. Sonic se detuvo un segundo a pensar, porqué aparentemente eso es algo que está haciendo demasiado seguido desde que encontró al pequeño bebé, y llegó a la conclusión de que, de hecho, no tiene ni la más mínima idea de que darle de comer a un bebé. Sonic entrecerró los ojos, haciendo una mueca mientras el bebé seguía gimiendo bajito contra su pecho, se había estremecido ante el cambio de iluminación, pero no lloró. Gracias al cielo que no lloró, porqué Sonic está a un sollozo de desmoronarse del estrés. — Bien… —Suspiró (como por undécima vez en el día, tal vez más, ya perdió la cuenta), inclinándose un poco más para ver qué demonios podría servirle a un bebé. — ¿Qué come un bebé? ¿Frutas? ¿Puré? ¿Aire? ¿Ilusiones? Porque eso es lo que tengo para ti ahora mismo, amigo… ilusiones. ¿Tal vez, Almas de enemigos derrotados? Puedo conseguirte de esas.—Preguntó en tono dramático, y el bebé, como respuesta, soltó un mini chillido que bien podría haber sido una risa o un "ni idea, mi loco, tú eres el “adulto” aquí". Vio de reojo una bandeja con ingredientes para chili dogs y la miró con nostalgia y tentación. — ¿Qué dices, copo de nieve? ¿Un chili dog? —Bromeó, con una risita floja, aunque por dentro sabía que era una estupidez. Su propia propuesta le hizo hacer una mueca, recordando cómo terminó él la última vez que comió chili dogs. Y no, no quería que ese bebé pasara por lo mismo, ni por asomo. Definitivamente no quería tener que limpiar el resultado de un estómago en rebelión. El solo pensarlo le da escalofríos y le hace cuestionar nuevamente todas sus decisiones de vida. Hum, recapacitando ese punto, realmente ha hecho demasiadas estupideces que no puede ni contarlos con los dedos y ni las púas juntas. Pero no va al tema. Negó con la cabeza en una brusca sacudida.— Claro que no, Sonic, cerebro estúpido. Eso es absurdo, ¿no puedes serme útil al menos una vez?—Se regañó a sí mismo, mientras el bebé parecía mirarlo con cara de "¿En serio pensaste eso?". Que bebé tan grosero. Hizo malabares con el bebé en sus brazos, y se pasó la pata por la cara, agotado, como si llevara cargando al bebé por semanas en lugar de unas pocas horas, y está seguro que de esas horas, la gran mayoría se la pasó durmiendo. Pero seguía siendo demasiado agotador. — Estoy seguro, pequeño gremlin, de que no puedo darte leche normal, creo que Maddie mencionó sobre eso alguna vez.— Estiró los labios mientras pensaba.— ...Pero tampoco puedo darte leche mía porque, bueno, sorpresa, no tengo y no tendré nunca.—Dijo, alzando una ceja con sarcasmo, mientras el bebé parpadeaba lentamente, con los ojos todavía húmedos pero ahora un poco menos llorosos, quizás entretenido viéndolo hablar solo (Pensando: Ah, genial, me tocó con el esquizofrenico), aunque aún no lograba distinguir realmente el color, quiere ver, pero el pequeño solo abre un poco sus parpados, no hay mucho que notar de eso. Sonic lo miró con gravedad, como si estuvieran en una reunión diplomática importantísima. — Así que, escúchame bien, bolita testaruda, deja de intentar alimentarte de mí, porque, uno, se siente horrible, y dos, ni a ti ni a mí nos gusta esta situación, aunque estemos atrapados en ella como dos desafortunados personajes de sitcom. El bebé soltó un pequeño chillidito, como si respondiera, y Sonic se inclinó más hacia él, alzando las cejas. — Lo mínimo que podemos hacer es tratar de hacernos sentir cómodos y tolerarnos, ¿cómo suena eso? —Preguntó finalmente, con una sonrisa ladeada, aunque la preocupación no se iba de sus ojos. El bebé se removió y soltó un resoplido. Sonic asintió con la cabeza solenme. — Tienes razón, mi error, es la primera vez que trato personalmente con un bebé y estoy haciendo todo lo posible para no perder la cabeza.— Suspiró con frustración.— Esto sería más sencillo si Maddie o Ames estuvieran aquí, probablemente ya sabrían que hacer.— Volvió a acomodar al pequeño, apretándolo suavemente contra su pecho y lo hizo rebotar suavemente.— Son super maternales, te encantará conocerlas, Ames puede ser un poco intensa, pero del buen tipo de intensa, ¿sabes a lo que me refiero? Probablemente no dejará de hablar de lo adorable que eres, tratará de cargarte todo el tiempo y te contaría todo tipo de historias.— Sonrió con cariño al pensar en su amiga, para luego mirar otra vez al pequeño bebé, el cual, parecía atento.— Y Maddie, ella es mi mamá, probablemente será la tuya una vez regresemos a mi casa ¿te parece bien? Ella cuidará de ti, al igual que Tom, ellos serán tus padres temporales mientras Tails averigua en donde están los tuyos. Probablemente papá volverá a mirarme Sonic sonaba muy convencido. Pobre alma en desgracia. El bebé protestó, sus pequeñas patas salieron libres de la manta a su al rededor, y se aferraron al pelaje del pecho de Sonic, aunque esta vez no tiraba de ahí, para gran alivio del erizo cobalto. — Ya, dejame ver que puedo inventarme para darte de comer, ¿bien? No quiero terminar intoxicandote o algo así.— Se asomó a la nevera, y sacó una banana, cerró la puerta con el talón, caminando hacia otro cajón, usando nuevamente su pie para abrirlo y con mucha fe, logró agarrar un pequeño recipiente, que fácilmente podría ser llamar un plato en miniatura, estuvo internamente agradecido con Tails y su reciente obsesión con las cosas pequeñas. El recipiente estaba limpio y como nuevo, pero de todas formas trataría de lavarlo a fondo, agarró un tenedor con la boca que había estado momentos antes dentro de un vaso de cubiertos sin usar, y regresó hacia el sofá con sumo cuidado de no dejar caer nada en el proceso. Fue una misión exitosa y se felicitó a si mismo con palmadas fantasmales en su espalda. — Bien pequeño, estás en una pieza, quiero que sepas que estoy muy orgulloso de mi logro, deberías felicitarme también, soy un increíble cuidador, ¿verdad que si?— Sonrió ampliamente, el bebé ni siquiera se vio sorprendido (ni le entendía), Sonic bufó desilusionado.— Publico difícil, eh, le encantarás a Shadow. Seguramente será tu favorito, tiene esas púas rojas tan geniales en su cabeza, es como un rockstar, aunque con una personalidad demasiado Edgy, pero en el fondo es un blando, te lo prometo, bajo toda esa coraza de chico frío sin sentimientos.— Le sacó la lengua al bebé, el cual se removió, soltando suaves resoplidos, Sonic lo aceptó como una respuesta.— Y lo mejor de todo, ¡es mi novio! ¿puedes creerlo? Aquí entre nos, no tengo ni la menor idea de como le hice para que se fijara en mi, aunque bueno, soy irresistible.— Sonrió de oreja a oreja.—  Ames dijo que probablemente es porqué soy un erizo increíble, muy amable, valiente y sensato- El bebé le jaló el pelaje del pecho, como si dijera“Eso último no te lo crees ni tu” — ¡Ay! ¡Oye, no hagas eso! — Exclamó Sonic con un respingo, mientras alzaba al pequeño gremlin azul con sumo cuidado, sosteniéndolo frente a su cara con los brazos extendidos, como si temiera que volviera a morderlo o, peor aún, que lo usara como mordedera oficial de emergencia. El bebé apenas parpadeó, ajeno al drama, dejando caer una manita diminuta que acababa de intentar arrancarle un mechón de pelo. — Mira, te lo voy a decir con amor y paciencia, porqué soy un erizo civilizado. — Añadió, mientras lo depositaba suavemente en el sofá , con mucho cuidado, casi como si fuera de cristal (aunque, honestamente, ya no estaba tan seguro de eso, dada la fuerza sobrehumana del pequeñajo),acomodándole la mantita con el mismo cuidado con el que alguien podría contener al pequeño demonio disfrazado de ternura.—: A eso se le llama maltrato, ¿sabes? Mal-tra-to. Una palabra importante para que no termines en la cárcel de los bebés o algo así.— Le apuntó con el dedo índice, intentando verse serio, aunque su hocico curvado en una sonrisa lo delataba por completo.— ¿Nunca te enseñaron a respetar a tus mayores? Pequeño gremlin, tengo demasiado que enseñarte. Los jóvenes de hoy en día, como siempre, tan irrespetuosos.—Masculló al final, dándole un toque en la naricita, que sólo consiguió que el bebé soltara un pequeño sonido, a medio camino entre un bostezo y un gorjeo. Sonic suspiró, dejando caer los hombros como si la batalla estuviera perdida. Luego, se dejó caer al lado del erizo bebé, quien lo observaba con la misma intensidad con la que se mira una lámpara por primera vez: con fascinación infinita y cero comprensión de la vida. El erizo azul se identificó con ese sentir. Mientras tanto, Sonic tomó la toalla limpia (que probablemente no seguiría limpia por mucho tiempo)que tenía a un lado, comenzando a limpiarlos recipientes que había agarrado hace un rato, sin dejar de lanzar miradas de reojo al bebé, como quien espera que, en cualquier momento, se levante de un salto y salga volando por la entrada de la cueva. Era casi una misión imposible, porque entre intentar no tirar nada, vigilar al bebé y pelar una banana con una sola mano, parecía que estaba haciendo malabares en un circo de locos. Pero él es Sonic, por lo que todo lo hizo de maravilla. — Aunque, bueno, Tails dice que Shads está conmigo solo porque lo hago reír.—comentó, como quien lanza un secreto al viento, mientras lograba finalmente pelar la banana sin destruirla—. Algo así como Jessica rabbity su marido el conejo... —Chasqueó la lengua, sacudiendo la cabeza.— Lo cual es grosero, muy grosero, sinceramente. O sea, ¿dónde quedó mi pequeño hermano inocente, eh? Ahora es una pequeña mierda-...— Se cortó a sí mismo de golpe, aclarando la garganta ruidosamente, mirando al bebé como si acabara de decir una barbaridad frente a la realeza. — Uhm,cof cof, no oíste esa grosería de mi, ¿entendido? — Le dijo, con tono serio, alzando una ceja, como si el pequeño fuera a asentir o corregirlo.— Si alguien te pregunta, la escuchaste de Knucks, no de mí. ¿Trato? El bebé parpadeó. Despacio. Muy despacio. Como si procesar cualquier cosa que no fuera "comer, dormir y planear la dominar el mundo" le tomara el esfuerzo de una vida entera. Y, como para poner la cereza sobre el pastel, soltó un estornudo diminuto, suave, tan adorable que Sonic literalmente se llevó la mano al pecho, haciendo una mueca exagerada de "¡Oh, por el amor a las esmeraldas del caos, esto es demasiado para mi corazoncito!" Y se derritió. — Perfecto, me encanta hacer tratos contigo.— Sonrió, acomodando mejor al bebé sobre el sofá, asegurándose de que la manta lo cubriera hasta la barbilla, aunque al hacerlo, el pequeño erizo se removió y casi se enrolla como una croqueta.— No eres tan mala compañía cuando no tratas de exprimirme leche o arrancarme el pelo, ¿sabías?— Dijo, señalándose la cabeza con expresión ofendida, aunque sus ojos brillaban divertidos.— Al menos, hasta ahora, no te has cagado encima....Por ahora. — Recalcó con tono sombrío, mirando a su alrededor como si esperara que el destino le arrojara una sorpresa apestosa en cualquier momento. Lo cual, conociendo el tipo de suerte que trae, es muy probable. Luego, casi con ternura, alzó la manita minúscula del bebé y la sostuvo con la yema de sus dedos, dejando que el pequeño la apretara con sus deditos diminutos y esas pequeñas garras. Sonic dejó escapar un suspiro quedo, y con suavidad, deslizó su mano para acariciarle el costado de la cabeza, con un toque tan delicado que apenas parecía rozarlo. El bebé, como en respuesta, se inclinó hacia la caricia, emitiendo un ruidito apenas audible que a Sonic le sacó una sonrisa más amplia. — Eres tan adorable…— Murmuró, observándolo con una mezcla de cariño y resignación.— Sin duda, mi familia te va a adorar. De eso estoy seguro. Te van a malcriar tanto que no vas a tocar el suelo hasta los cinco años, vas a ver. Aunque quiero que tengas algo claro, ¿vale? — Levantó un dedo, serio, como si estuviera a punto de firmar un contrato importante.— Yo siempre seré el favorito.Siempre. Ni tú, con tus ojitos de gatito mojado en medio de la lluvia, me vas a quitar ese puesto. Así que ni te emociones. El pequeño erizo sólo respondió metiéndose la mano en la boca, claramente más interesado en saber a qué sabía su propio pulgar que en los asuntos de favoritismos familiares. Sonic soltó un bufido divertido, sacudiendo la cabeza. A veces, y sólo a veces, se preguntaba si estaba perdiendo la cabeza. Digo, ¿quién demonios se pone a discutir con un bebé que, para colmo, ni siquiera había abierto los ojos por completo? Y ni hablar de si realmente lo estaba escuchando. No, probablemente lo único que estaba oyendo eran los latidos de su propio corazoncito minúsculo. Sonic entrecerró los ojos, mirándolo con una mezcla de ternura y sospecha. "Estoy hablando solo… ¿verdad?", pensó. Y luego, por alguna razón que no podía explicar, eso le arrancó una sonrisa más grande. (Ya está delirando) Mientras tanto, tomó la banana ya pelada, la dejó caer en un recipiente y, con un tenedor, empezó a aplastarla con movimientos decididos, como si eso fuera lo único que podía controlar en su vida ahora mismo. Lo cual, probablemente era más que cierto, teniendo en cuenta la circunstancia en la cual estaba metido. — A ver, banana maldita, colabora.— Murmuró entre dientes, aplastando con más fuerza.— No me hagas quedar mal frente al niño. El bebé ni lo miró. Después de unos minutos de lucha campal con la fruta, se alejó un poco y observó su creación, orgulloso. Una papilla tan suave que parecía hecha por un chef con estrella Michelin(o eso quería creerse). No había ni un solo grumo, y Sonic se cruzó de brazos, sonriendo como quien acaba de salvar al mundo por enésima vez. Aunque luego frunció el ceño, rascándose la mejilla. — ¿Debería agregarle agua? ¿O leche?¿Un batido proteico?—murmuró, mirando al bebé, como si esperara que él, en su infinita sabiduría de recién nacido, le diera la respuesta correcta.— Es que… a ver… eres un erizo… pero también bebé… y además, extraterrestre… ¡¿Qué comen los erizos bebés del espacio, eh?! — Le susurró como si estuvieran conspirando contra el universo, como si el mismo, de hecho, es un erizo que proviene del espacio, pero esos son solo detalles sin importancia. El bebé, por toda respuesta, y siendo el más racional de entre los dos, se tiró un pedito casi inaudible, tan discreto que Sonic se quedó en silencio. Parpadeó. Volvió a parpadear. Y luego miró hacia el bebé con incredulidad. El bebé le regresó la mirada con una expresión de suficiencia (no, no lo hizo) Inevitablemente, soltó una ruidosa carcajada, eso realmente no era algo que esperaba en lo absoluto, — ¡JA! ¡Esa fue buena, lo admito!— Rió, inclinándose hacia él y dándole un golpecito en la manta, como si felicitara a un colega por una buena broma.— Pero oye, podrías avisar antes, ¿no? ¡Casi lo respiro!— Agregó, llevándose una mano a la nariz en una exageración dramática, aunque no se movió ni un centímetro del lado del bebé. Suspiró una última vez, sacudiendo la cabeza, mientras seguía revolviendo la papilla como quien revuelve sus pensamientos. — Definitivamente debería empezar a cuestionar mi estabilidad mental.— Musitó para sí mismo, con una sonrisa torcida.— ¿Hablarle a un bebé alienígena, discutir con él y ahora reírme de sus pedos? Sí, Sonic, claro que todo está perfectamente bien contigo. No hay señales de locura aquí…— Dijo, mientras al bebé se le escapaba otro mini estornudo y Sonic, inevitablemente, volvía a derretirse por dentro. Pero luego, mientras seguía mirándolo, frunció el ceño con preocupación. — ¿Tienes frío?— Preguntó en voz baja, como si el bebé le fuera a responder con palabras y no con uno de esos estornudos tiernos que le desarmaban el alma.— ¿Debería conseguir otra manta? No creo que haya alguna manta limpia por aquí, la de Shads era la única. Sonic se inclinó con cuidado, alzándolo nuevamente con una ternura que ni él mismo sabía que tenía, y lo acomodó en su regazo, asegurándose de que quedara bien envuelto en la manta, como un pequeño burrito de erizo(uno muy lindo y pegajoso). — Bueno, un poco de comida te ayudará, ¿te parece bien?— Murmuró mientras con un dedo le acomodaba suavemente las orejitas, que ni siquiera se mantenían erguidas, cayendo de lado como si también estuvieran cansadas.— Estoy seguro de que te gustará.— Añadió, tratando de sonar más convencido de lo que realmente estaba. Porque, vamos, ¿qué sabía él de alimentar bebés? Su mayor logro culinario había sido no quemar el agua, y ahora estaba a cargo de una criaturita que dependía de él para no morir de hambre. Nada de presión. — Te daré de comer de a poco, ya que estás hambriento, y... yo también lo estoy.—Confesó, sintiendo cómo el estómago le gruñía en traición, reclamando por no haber probado bocado desde hacía horas. Se llevó una mano a la barriga, mirándolo con una sonrisa forzada.— Pero no podré con mi carga de conciencia si comiera antes que tú.— Dijo con dramatismo, alzando una mano al cielo como si estuviera protagonizando una telenovela. Con un suspiro rendido, tomó la cucharita diminuta que se había puesto entre sus púas para no dejarla caer por accidente(porque claro, con un bebé, cualquier parte del cuerpo se convertía en estante improvisado), y apenas untó la punta con un poco de la papilla de banana, que ahora tenía la textura digna de un puré gourmet. O eso quería creer Sonic, porque si no, estaba a punto de darle cemento al pobre erizo bebé. — Bien, campeón, allá vamos...— Murmuró, mientras intentaba, con toda la delicadeza del mundo, acomodar al bebé para que no se le fuera de lado ni se atragantara. Se inclinó tanto sobre él que por poco no se le cae la manta, y terminó sosteniéndolo con un brazo mientras, con la otra mano, acercaba la cucharita a sus labios diminutos. La criatura, apenas con los labios entreabiertos, parecía oler la banana como si estuviera decidiendo si era digna de su paladar extraterrestre. Sonic tragó saliva pesadamente. Pero entonces, como si se hubiera decidido por fin, el pequeño sacó apenas la lengua, probó un poco, y de pronto, como si fuera la cosa más deliciosa del mundo,comenzó a comer. Y no con gracia, no, sino de forma torpe y atolondrada, como si la cuchara fuera un enemigo al que debía vencer, abriendo la boca de forma desordenada, manchándose la comisura de los labios. Sonic soltó una carcajada bajita, sorprendido y encantado a partes iguales. ¡Él lo había logrado! — ¡Vaya, sí que te gusta!— Exclamó, ayudándolo como podía, limpiando las esquinas de su boquita con un dedo y volviendo a ofrecerle otra mini porción.— A este ritmo vas a tragarte hasta la cuchara, ¿eh? Y yo que pensaba que me harías una rabieta... Menos mal que me equivoqué. Poco a poco, mientras le daba de comer, Sonic empezó a sentirse... raro. Cálido por dentro. Como si alguien le hubiera encendido una estufa en el pecho. Era una sensación extraña, como una mezcla de orgullo y ternura, algo que jamás se hubiera imaginado sintiendo mientras alimentaba a alguien, sobretodo a un bebé que, en teoría, secuestró. Él, Sonic el Erizo, héroe de mil batallas, el tipo que enfrentaba a Eggman sin parpadear, ahora estaba sentado en una cueva, dándole de comer a un bebé como si fuera lo más natural del mundo. Um, su vida realmente se está tornando demasiado extraña. El único sonido en la cueva, aparte del chapoteo insistente de la lluvia afuera, era el ruido suave y feliz de los gorgojeos del bebé mientras comía. Cada pequeño "ah" o "mh" era como música para los oídos de Sonic. Hasta que, de pronto, el bebé giró la cabeza hacia otro lado, con la boquita apretada, en una clara señal de "Ya estoy lleno, gracias por participar". — ¿Ya? ¿Tan pronto?— Preguntó Sonic, alzando una ceja, como si esperara que el bebé cambiara de opinión.— Bueno, está bien... Eres del tamaño de mi pata, claramente no tendrás un estomago como el de Knucks.— Suspiró teatralmente, mirando la papilla que quedaba.—.} Supongo que alguien tendrá que sacrificarse por el equipo... — Y, sin más, se comió lo que quedaba, haciendo una mueca al tragar.— Bleh... No está tan mal, pero sigue siendo papilla de bebé... Aunque es solo banana, pero odio esta textura. Luego, con movimientos torpes pero llenos de cuidado, dejó los trastes a un lado y levantó al pequeño, colocándolo sobre su hombro, dándose a si mismo golpecitos en la cabeza con la mano libre como quien intenta recordar cómo demonios se hacía esto. — Bien, Bien, si no me equivoco, ahora viene la parte de... sacarte los gases, ¿verdad? Algo vi en las películas... o fue en un videojuego... da igual, funcionará.— Murmuró mientras empezaba a darle suaves golpecitos en la espalda, con el bebé bien pegadito a él. Por unos segundos eternos, no pasó nada. Y se empezó a sentir ridículo. — Vamos, campeón, échalo fuera, sé fuerte... — Susurró como quien anima a un amigo en el baño. Y entonces, de repente, un pequeño resoplido atascado, como una mezcla entre suspiro y silbido, escapó del bebé. Sonic se quedó quieto, y luego,¡plop!, uneructito diminuto que, sinceramente, fue la cosa más adorable que había escuchado. Y quizás asqueroso, pero el bebé es condenadamente tierno. —¡Eso! ¡Bien hecho! — Celebró bajito, como si acabaran de ganar un trofeo. Pero justo cuando pensaba que había terminado, otro eructo, esta vez más fuerte, salió disparado, y el bebé hizo un gorgojeo que claramente era una queja. — Shh, shh, lo sé, probablemente eso se sienta asqueroso, pero si no lo hago, tendrás dolor de estómago.— Dijo con tono dulce, dándole otro golpecito suave.— Y, mira, honestamente, no estoy preparado mentalmente para que llores de verdad, ¿Entiendes? Has sido un buen bebé, no me hagas perder la razón. Cuando terminó, lo acomodó de nuevo en el hueco de su brazo, sintiéndose como una mezcla entre padre primerizo y cuidador de zoológico. — Hey, ¿cómo te sientes ahora? ¿Ya no quieres dejarme calvo? — Preguntó con una sonrisa ladeada, observando cómo el bebé se removía un poquito en la manta, frotándose la carita somnolienta contra su pecho, tan chiquito y cálido que Sonic sintió que se le derretía el corazón. El pequeño soltó un balbuceo que, para Sonic, sonó a "No prometo nada". El erizo cobalto chasqueó la lengua teatralmente.— Ah, Dios, eres peor que Tails.—Dijo, sacudiendo la cabeza, aunque sus ojos mostraban puro cariño.— Normalmente a él le da sueño horas después de comer... pero a ti te da sueñoal instante, ¿eh? Eres como nieve al sol... pum, fuera de combate. El bebé bostezó ampliamente, estirando las manitas apenas un poco, antes de volver a acurrucarse aún más contra Sonic, como si quisiera fusionarse con él. — Bueno, Copo de nieve.— Repitió Sonic con una risita.— Descansa bien, estaré aquí para cuando despiertes, ¿cómo suena eso? ¿Genial, verdad? Y sonrió, recostándose mejor en el sofá, ya más tranquilo, mientras escuchabala lluvia golpear la superficie de la cueva. — ¡Tienes el privilegio de ser cuidado por Sonic el Erizo! —añadió con una sonrisa pícara— No hay nadie como yo. Aunque, en el fondo, pensaba que quizás... tampoco había nadie como ese bebé. Mientras Sonic estaba sumergido en su pequeño mundo que creó inconscientemente, aislado de absolutamente todo, su mente decidió enfocarse únicamente en ese instante, como si nada más importara, como si el universo entero hubiera dejado de girar a su alrededor y solo quedara el eco de la tormenta a lo lejos y el bebé en sus brazos. Parecía que la cueva, con sus paredes húmedas y el sonido del agua goteando del techo, se había convertido en una especie de burbuja donde solo existía él y su momento de paz. Pero claro... había un pequeño detalle, algo mínimo...insignificante... Tan no relevante, que lo había agarrado, arrugado como un papel viejo y lo había arrojado a la papelera de reciclaje mental para jamás volver a abrirlo. O al menos eso parecía, porque su cerebro, en un acto casi criminal, había decidido ignorarlo por completo. Como si esa información no valiera la pena, como si fuera un dato inútil que podía lanzar directo a la basura y olvidarse de que existía. Y ese detalle, ni más ni menos, era que se había escapado de casa. Pero, aunque Sonic no lo recordaba, el problema seguía ahí. Como un enorme cartel de neón parpadeando sobre su cabeza que decía:" TE ESCAPASTE DE CASA, IDIOTA". Así. Sin más. Había desaparecido como si el viento se lo hubiera llevado. Y no solo eso. No fue que "salió a correr un rato" o que "iba a dar una vuelta por ahí y volvía". No. Sonic, en todo su esplendor de "gran planificador", simplemente se había ido sin decirle a nadie. Ni una nota, ni un triste mensaje de texto, ni siquiera un post-it pegado a la nevera con un "salí, no me esperen despiertos". Nada. Cero. Como si su existencia misma hubiera decidido poner "modo incógnito" y desaparecer del radar de todos. Así que bueno... En su propia defensa, él realmente había planeado volver después de correr. Pero, pasaron cositas, cositas peludas y quejumbrosas. Porque claro, al momento en que alguien notara su ausencia (y eso seguro ya había pasado hacía horas), las cosas serían muy distintas. La casa de los Wachowski seguramente estaba en pleno caos. Y no, no un caos pequeño, de esos que se arreglan con un par de llamadas o un poco de paciencia. No. Estamos hablando de un nivel de caos épico, de esos que harían ver a una película de desastres naturales como un juego de niños. Probablemente la casa se podría comparar, sin exagerar, a un campo de guerra. Sí, un campo de guerra donde las alarmas internas de pánico ya deben haber estallado hace rato, donde las luces probablemente se encendieron y apagaron al ritmo frenético del estrés, y donde seguramente ya nadie sabía qué hacer primero: si salir corriendo a buscarlo, llamar a medio planeta o simplemente gritar al cielo esperando una respuesta divina. Mm, quizás no tan así, pero se entiende. Pero claro... Eso, eso será un problema para otro momento.
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