La luna abrazando al sol
22 de diciembre de 2025, 18:53
Max no podía creer lo que había hecho.
Habían pasado dos semanas desde que comenzó a coquetear abiertamente con su lindo pecoso.
Pero no era suficiente, él siempre quería más.
Mira el paquete en sus manos y tiembla un poco cuando toma un cutter para abrirlo.
—Soy un mal hermano —Susurra mientras se gira para ver la puerta de su habitación y asegurarse de que nadie esté presenciando eso.
No puede creer lo lejos que ha ido con su tontería.
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Un grito asusto a Max un domingo por la mañana cuando recién había dormido dos horas después de hablar con su luna toda la noche.
Al principio pensó que algo malo había pasado y corrió hacia la habitación de su hermana.
—¿Qué pasa? —Pregunta todavía somnoliento y tropieza al solo llevar una pantufla puesta.
Pero pronto se da cuenta de que no es nada grave cuando Victoria se levanta de la cama y comienza a brincar de emoción.
—Checo diablito —Dice la rubia pero sólo logra confundir más a su hermano.
—Más bien angelito —Susurra pero lo hace tan bajo que ella no logra entenderlo —¿Por qué gritaste?
—Ya te lo dije —Afirma la joven pero pronto se da cuenta que su hermano no la entiende —Es que está tarde abrirán una subasta de la photocard de Checo diablito. Es de colección, muy difícil de conseguir.
—¿Checo diablito? —Repite el rubio apenas avivando sus cinco sentidos.
—Si, es una photocard limitada —Continúa explicando —Él lleva puesto un traje rojo súper lindo, pero usa unos cuernitos de diablo que lo hacen ver tan adorable. Definitivamente no tendré límite de dinero en esto.
Max finge desinterés y regresa a su habitación.
Pero no tarda en tomar su laptop y buscar la famosa photocard de Checo diablito.
—Dios mío —Dice el joven con las mejillas coloradas —Perdóname Victoria, pero ese hombre es mío.
No tarda en comenzar a buscar la dichosa subasta, pues también tenía algo de dinero guardado.
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Ahora no deja de ver el paquete que ha llegado bastante temprano.
Se escabulló en silencio entre los pasillos de su casa para poder recibirlo sin alertar a su familia.
Abre con cuidado el paquete y dentro de este hay algunos regalos que le han dado.
Stickers, photocards grupales de Moon Lovers y finalmente una tarjeta grande, la cual contiene el objeto preciado por el cual gastó una absurda cantidad de dinero.
Todavía recuerda lo mucho que lloró su hermana cuando perdió la subasta contra un desconocido... Que vivía en su propia casa.
Antes se habría sentido mal y le hubiera obsequiado la photocard. Pero ya había renunciado a una que le había gustado mucho y esta la compró con su propio dinero.
De igual forma le había dado todos los obsequios que Checo le mando para Victoria, y ella no podía tenerlo todo.
Sería injusto renunciar a tan preciado objeto.
Quita el papel protector y se queda anonadado al ver su nueva adquisición.
—Checo diablito —Susurra mientras lo vuelve a meter al papel protector y finalmente lo coloca en su billetera.
En ese momento su teléfono comenzó a vibrar en llegada de un mensaje.
"Hola mi sol, buenos días💖 ¿Cómo despertaste?"
Checo siempre le mandaba un mensaje de buenos días cada mañana.
Esa dinámica era nueva para el rubio, pues nunca había acostumbrado a ser tan pegado a una 'pareja', incluso a kilómetros de distancia.
"Buenos días❤️ un poco cansado, pero tus mensajes siempre me animan, mi luna, ¿Cómo estás? Me dijiste que me mandarías un vídeo esta mañana 😸"
El pecoso no tarda en responder con un vídeo de las vacas de la granja de su familia.
En este se podía apreciar como les cantaba y estás le prestaban total atención.
"Les gusta escucharme cantar. Papá supo que yo quería ser cantante cuando me vio entreteniendo a las vacas 🤪"
Max vuelve a ver el vídeo un par de veces más solo para escuchar su hermosa voz.
"Le tengo mucha envidia a esas vacas"
Checo sonríe al leer el mensaje.
Llevaba dos semanas en la granja de sus padres, quienes no dejaban de consentirlo cada vez que estaba con ellos.
Es su hijo más pequeño, el bebé de la familia.
Y quizás ya tenga veinte años, pero ellos siguen viendo al niño de seis años que se fue a la ciudad para cumplir su sueño.
Don Toño era un hombre trabajador, bastante responsable con sus labores en la granja pero también muy amoroso con sus hijos.
Si había algo que él pudiera hacer para ayudarlos a cumplir todos sus sueños, lo haría.
Nunca le gustó la idea de que su hijo fuera cantante, sabía lo peligroso que era ese mundo y le costó mucho aceptar que eso era lo que quería hacer.
Y por más inseguro que se sentía al respecto, terminó aceptando la oferta que le ofrecieron por un contrato de entrenamiento idol.
Checo estaba muy pequeño y la idea de dejarlo ir lo aterraba demasiado.
Sabía que ese era el camino a seguir si quería que tuviera todas las oportunidades, porque no era el único niño que sería aprendiz en esa agencia.
De todas formas no fue fácil para él y mucho menos para su esposa, pero eran los sacrificios que se tenían que hacer para que su pequeño pudiera cumplir su sueño.
Porque si bien a él no le gustaba el mundo idol, sabía que a su hijo sí y eso era lo más importante.
Por eso disfrutaba mucho cuando lo tenía en casa, ya que sentía que recuperaba el tiempo perdido.
Checo, por su parte, amaba a su familia y eso era lo más importante para él.
Claro, ahora mismo estaba empezando una nueva etapa en su vida qué buscaba proteger.
"Te cantaré todas las canciones que quieras en persona, lo prometo💘"
El rubio sonríe cuando lee el mensaje, le encanta la idea de ser un espectador personal.
Pero le gustaría mucho abrazarlo.
Esa semanas conociéndose hicieron que acrecentara una necesidad en el joven abogado, pues se sentía demasiado embelesado con el idol.
Sin embargo, él aceptó esa dinámica tan complicada desde un inicio, sabiendo que su vida como celebridad limitaba su interacción en persona.
Así que siguió su mañana con tranquilidad, desayuno con su familia y después se dispuso a pasar el día en un parque conocido de su ciudad.

Pasadas un par de horas, Max había estado muy sumergido en su propio arte.
Le gustaba mucho dibujar, principalmente aves y flores, no se había animado a hacer retratos de personas.
Su teléfono vibró en llegada de un mensaje nuevo, y sonrió al ver de quién se trataba.
"¿Qué está haciendo el chico más guapo que conozco?👀"
Se apresura en responder, sabiendo bien que le está robando tiempo de calidad con su familia.
"En el parque de siempre, disfrutando el día 😸 ¿Qué haces, bonito?"
Sus mejillas todavía tomaban un tono rojizo cada vez que se ponía cariñoso con su pecoso.
Checo estaba feliz al leer el mensaje, sabía que no se había equivocado.
"Dando un paseo, quizá deberíamos caminar juntos ❤️"
El rubio se confunde un poco, ¿Cómo podrían dar un paseo juntos si estaban a kilómetros de distancia?
"Eso me encantaría, pero no sería capaz de dejar de abrazarte😻"
Aún así continúa con su plática, siendo sincero sobre sus deseos de estar a su lado.
No sospecha nada ni es consciente de que alguien se ha detenido justo detrás de la banca donde se encuentra sentado.
—Puedes hacerlo cuando quieras —Susurra el pecoso inclinándose un poco hacia adelante para poder posicionarse a su lado.
Max se gira para verlo y se sorprende al reconocerlo, estando sus rostros muy cerca y siendo capaz de percibir su respiración chocando en sus ahora coloradas mejillas.
—¿Esto es real? —Es lo primero que sale de sus labios, haciéndolo reír al instante.
Checo camina alrededor de la banca y se siente a su lado, lleva puesto unos lentes de sol y una sombrero de pescador negra.
Su manera de vestir es bastante sencilla, intentando no llamar la atención de nadie.
—Quise venir a visitarte —Comienza con una voz bastante tenue —Me gustaría pasar el día contigo.
El rubio siente sus mejillas arder, está conmovido al saber que se ha tomado un tiempo de sus cortas vacaciones para pasarlo a su lado.
—¿Y qué hay de tu familia? Pensé que querías verlos tanto como pudieras —Max no puede evitar ver la mano del joven muy cerca de la suya, deseando poder tocarlo.
—Mis padres entienden perfectamente mi trabajo, pero también tengo una vida personal que atender —Explica el pecoso pegándose a él —Qué lindos son tus dibujos, ¿Son dos aves?
El rubio se pone algo nervioso y casi tira su lápiz al moverse para mostrarle bien el dibujo.
—Sí, me gusta mucho ese tipo de ave —Comienza mostrándole más dibujos sobre estas —Son tortolitas, dicen que representan el amor eterno y siempre están juntas como dos enamorados.
En ese momento Checo pone su mano sobre la de Max.
—¿Somos tortolitos? —Pregunta mientras se acerca su rostro, recostandose en su hombro mientras lo observa con atención.
Esto hace que el rubio sienta que el aire se le escapa de los pulmones al observar esos hermosos ojos cafés con tintes verdosos. Quizá el reflejo de los suyos.
—Tendríamos que pasar mucho tiempo juntos —Afirma y pronto el pecoso se acomoda más cerca de él, posando sus manos en sus hombros.
—Entonces hagámoslo, llévame a conocer la ciudad —Propone animosamente para después volver a tomar su mano —Quiero aprovechar cada segundo a tu lado.
Max se detiene un segundo a observar si alguien los está viendo, pero se percata de que las personas les estan poniendo poco o nada de atención.
—No hay nada interesante en esta ciudad —Afirma —Seguramente te aburrirás después de conocer tantos países con tus giras.
Checo sonrió y se levantó de la banca, soltando su mano en el proceso.
—Sino quieres acompañarme, entonces iré solo —El pecoso comienza a caminar lejos del joven abogado, quien no tarda en perseguirlo y darle alcance.
—Quien te mirara tan berrinchudo —Max no puede evitar bromear al respecto y toma su mano mientras camina a su lado —¿Qué te gustaría ver?
—Muestrame tu lugar favorito en toda la ciudad —Pide pegándose más a él.
El rubio suspira y se muerde el labio intentando disimular una sonrisa.
—Es gracioso que lo digas porque estamos en mi lugar favorito —Responde mientras señala el parque —Me gusta pasar el rato y dibujar.
—Deberías ser artista —Señala el pelinegro y rápidamente notó su incomodidad —¿Qué pasó? ¿Dije algo malo?
Ambos se detienen y se miran el uno al otro, esperando que la confianza entre los dos sea suficiente para que sea sincero.
—Me gustaría serlo, pero mis padres quieren que sea abogado como papá —Explica con una sonrisa amarga —Además, ya termine la carrera como para no ejercer. Y es difícil vivir del arte.
Sergio duda un poco antes de responder, pero no puede evitarlo al ver sus ojos apagados ante la idea de renunciar a su pasión.
—No es tan difícil con los contactos adecuados —Comienza captando su atención —Conozco personas que podrían ayudarte...
—No, no, no —El rubio se apresuró a interrumpirlo —Eso sería abusar. Mejor hablemos de otra cosa.
Checo asiente un poco incomodo, pero decide hacerle caso para no sentir que lo está presionando.
—Llévame a tu lugar favorito —Repite y cuando Max está a punto de responder, se adelanta —De cuando eras niño.
El rubio sonríe y pronto se aventuran a su destino, llegando a un salón de juegos de diversos tipos.
Maquinitas con todo tipo de temática, mesas de billar, bolos y un mini baloncesto.
—Aqui venia saliendo del colegio, pero es un secreto —Afirma divertido —Gastaba mi mesada en este lugar junto a mis dos mejores amigos.
Entonces recuerda que hay un tema que debe abordar.
—Debes tener recuerdos muy bonitos de este lugar —El pecoso centra su atención en el mini baloncesto que están por jugar, pero de pronto el rubio toma su mano y lo hace mirarlo.
—Checo, quiero decirte algo importante —Comienza todavía nervioso —Hay un chica, Kelly, es mi mejor amiga pero por un tiempo fuimos novios. Nunca fue real, solo era para complacer a nuestros padres —El pelinegro lo mira con confusión, no le importaba sus parejas —Pero seguimos fingiendo que lo somos, porque, de lo contrario, sus padres no dejaran que ella siga estudiando.
Sergio pronto entiende la situación, y esto lo anima a hacer la pregunta más importante de su viaje.
—Max, ¿Yo te gustó mucho? —La pregunta del pecoso lo confunde, creía ya haberlo dejado en claro, pero igual asiente —¿Y no te gustaria ser un poco más serio sobre esto?
Esto solo hace que su corazón se acelere ante la idea de lo que está proponiéndole, pero decide ser quien haga la pregunta directamente.
—¿Quieres ser mi novio? —Suelta, provocando una radiante sonrisa en el pelinegro.
—Si, si me gustaría —Responde mientras toma su mano con delicadeza —Y sobre tu amiga, veo que te preocupa su futuro y lo entiendo perfectamente, aunque la idea me incomoda, intentaré no ser tan celoso.
Max sonríe y se acerca peligrosamente a él.
—¿Por qué estarías celoso si tú eres quien me gusta? —En ese momento lo tomó de la cintura y lo pega a su cuerpo, sintiendo su suave y dulce respiración golpeando su rostro.
Se muere por probar sus labios, pero los gritos de unos jóvenes en otro juego lo hacen sobresaltar.
—Una máquina de fotos —Susurra el pecoso cuándo se percata de esta máquina apenas mira sobre el hombro de su novio —Vamos, me gustaría llevarme un recuerdo de este lugar.
Rápidamente entran en aquel diminuto espacio donde se acomodan para empezar a tomar sus fotos.
Al principio Max solo sonríe, sin saber que mas hacer, mientras que Checo hace distintas muecas divertidas.
Le gusta observarlo divertirse, sonriendo y bobeando a su lado, acercándose poco a poco a él.
Sabe que esta vez nadie los va a interrumpir, así que debe aprovechar la oportunidad.
—Mi luna... —Susurra haciéndolo girar para verlo, y en ese momento atrapa sus labios en un dulce beso.
Checo no titubea, y se deja llevar para disfrutar de aquellos suaves labios que tanto le encantan.
Incluso no lo admitiría en voz alta, pero no había dejado de pensar en aquel lunar muy cerca de la comisura de los labios del rubio.
Se decide por alargar el contacto tanto como puede, colocando su mano en la mejilla sonrojada de su novio y sosteniéndose de su cuello para invitarlo a más.
Pero inevitablemente la falta de aire se hace presente y esto los lleva a separarse el uno del otro.
Ninguno de los dos dice palabra, solo sonríen el uno al otro. Como dos tortolitos enamorados.