ID de la obra: 1488

𝐖𝐢𝐧𝐝𝐟𝐥𝐨𝐰𝐞𝐫~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Slash
NC-17
En progreso
4
Fandom:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 365 páginas, 115.635 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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Noche estrellada

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La parejita de tortolitos no había dejado la cabina de fotos incluso después de que terminaron de tomarse las fotos. Checo estaba casi sentado en las piernas de su novio, dejando que lo tomara de la cintura para atraerlo más hacia él, disfrutando de sus labios y mimándolo con pequeñas caricias. —¡Vamos a la cabina! —La voz de unos jóvenes acercándose los alertó. —Amor, hay que salir de aquí —Susurro el pelinegro separándose un poco de él, entonces apreció lo coloradas que estaban sus mejillas —Que lindo te ves todo rojito. Max llevo una de sus manos a su mejilla, pero su novio la hizo aun lado y le dio un suave beso. —Y-ya deberíamos salir —El rubio balbucea al hablar. Incluso después de confirmar si relación, todavía se pone nervioso ante esa nueva etapa que estaban viviendo juntos. El pecoso se levanta con cuidado y se acomoda su sombrero de pescador, se supone que nadie debería reconocerlo. Los dos salen de la cabina y toman las tiras de fotos que salieron de la máquina. —Una para cada uno —Dice el pelinegro extendiéndole una de estas —Salimos tan bien... Incluso nuestro beso. Esta última parte la dice en voz baja y sonríe mientras sigue observando la foto. Max, por su parte, sacó su billetera y coloco con cuidado las fotos detrás de la photocard de Checo diablito. No se dio cuenta cuando su novio se acercó con curiosidad y observo aquella tarjeta. —¿Soy yo? Apenas escuchó la pregunta, el rubio guardó su billetera sumamente avergonzado. —Yo... —Estaba bastante apenado como para decir algo. ¿Era raro llevar una photocard de su ahora novio en la billetera? No lo sabia, solo esperaba que no se burlara de él. —¿Llevas una foto mía en tu billetera? —El pecoso se pega a él y lo abraza —Incluso si no te gusta Moon Lovers, llevas una photocard mía porque me quieres. En ese momento Max no dudo en darle un corto beso en los labios. —Claro que te quiero, nunca dudes de eso —Afirmó. Después de ese tierno momento, los jóvenes se aventuraron en algunos juegos donde no dejaban de reírse y mimar al otro. —Soy muy malo con estos juegos —Confesó el pelinegro deteniéndose frente a una máquina para ganar un peluche —Siempre pierdo todo mi dinero. —Estas cosas tienen su truco, deja que yo lo haga —El rubio metió una moneda a la máquina y la música comenzó a sonar mientras movía la garra —Ya casi... El pecoso lo mira con atención y observa cómo consigue enganchar un peluche de color verde que logra llevar hasta el pequeño hueco donde podrán recogerlo. —Increible —Dice Checo mientras su novio se agacha para sacar el objeto —¡Es una iguana! —Es tu iguana —Max la extiende hacia él y su pareja no duda en tomarlo para después darle un abrazo —¿Quieres que vayamos a comer algo? Sergio lo dudo un poco, pero después asintió y ambos salieron del lugar rumbo a una pizzería que quedaba a la vuelta de la esquina. Apenas entraron en el lugar y el idol se mostró muy nervioso e indeciso. —¿Estas bien? —El rubio no es tonto y se percata de su incomodidad —Si no te gusta la pizza, entonces podemos ir a otro lado. Su novio se niega rápidamente y sabe que no tendrá de otra que ser sincero y explicar su situación. —No es eso —Murmura pegándose a él y su pareja se agacha ligeramente para poder escucharlo —Es que no puedo comer demasiado, tengo que seguir una dieta. —¿Entonces no puedes comer pizza? —El pecoso negó —¿Entonces que puedes comer? Para que piense en otro lugar. —Hace mucho tiempo que no como pizza —Susurro el pelinegro viendo el mostrador mientras la cola se iba acortando. —¿Pero se te antoja comer pizza? —Max podía ver el deseo en los ojos de su pareja, y no se equivocó cuando lo ve asentir —Comer un poco no te hará daño. Sergio juega con los dedos de la mano de su novio, como si tuviera pena de ceder, pero al final acepta. Pronto el rubio hace el pedido y toman asiento en una de las muchas mesas vacías. Tenían suerte de que no hubieran tantas personas en el lugar. Cuando llega la comida,  Max no duda en servir una rebanada en su plato y luego toma un poco para él. Checo sonríe ante esto y pronto da un bocado. —Si mi manager estuviera aquí, me regañaría —Afirma para después seguir comiendo. Si bien era cierto que controlaban obsesivamente el peso del idol. Alice, quién siempre veía por él, sabía que no estaba en su peso ideal a falta de comer bien. Por eso buscaba hacerlo alimentarse más, pero no lo había logrado. Y ella estaría agradecida con Max por ese hito. Continúan comiendo y platican una que otra cosa sobre lo que paso en sus juegos, tocando de vez en cuando sus manos o rozando sus pies. Al pecoso le gusta mucho el contacto físico, y eso es bueno porque al rubio le encanta besarlo. Saben que no tienen mucho tiempo, pues esa noche debe marcharse para avanzar con algunos temas de su agenda y no sentir la carga pesada para cuando empiecen las grabaciones del nuevo álbum. —¿Y como vas a llamar a tu iguana? —La pregunta del rubio lo confunde —Mi hermana le pone nombre a todos sus peluches... En ese momento se detiene, quizá no debería decir eso de su hermana al ser tan personal. —Uhm, déjame pensarlo —Pero Checo no le da tanta importancia para no incomodarlo —Es una iguana pequeña, ¿Qué te parece bodoque? ¡Bodoquin! —¿Qué es eso? —Max continúa comiendo mientras su pareja le explica que se refiere a alguien pequeño. Y ese peluche era pequeño, así que tenía sentido. —Mi vuelo sale en unas horas —Afirma el pelinegro mirando la hora en su teléfono —¿Hay otro lugar al que me quieras llevar antes de irme? El rubio lo pensó un poco y finalmente asistió. Después de comer y pagar la cuenta, Max se aventuró en un pequeño viaje hasta una de las zonas con mayor altura de la ciudad. Era un mirador algo oculto donde no habían muchas personas pero la vista era espectacular. —Puedes ver toda la ciudad desde este lugar —Comienza mientras toma su mano con delicadeza —Cuando es muy temprano hay una neblina que oculta algunos lugares, y en la noche las luces hacen que parezca un mar de estrellas. —Es muy bonito —Checo está embelesado por la vista y la privacidad que les ofrece el lugar —¿Vienes aquí a menudo? —No —Su respuesta lo sorprende —Solo vine una vez por el aniversario de mis padres. Ellos se conocieron en este lugar. En ese momento el pecoso comprendió lo especial que era aquel mirador. —¿Me trajiste al lugar donde se conocieron tus padres? —El pelinegro acorta el espacio entre ambos —Eso es muy romántico. El rubio suelta una pequeña risa algo nerviosa. —Nunca había venido con nadie más que no fuera mi familia —Afirmó —Eres especial para mí. Checo no duda en juntar sus labios en un dulce beso al escuchar esto último. Claro que Max también es especial para él, se había tomado el tiempo para ir a visitarlo en medio de sus escasas vacaciones. No hacía falta que se lo dijera, porque el rubio sabía bien la importancia detrás de esta acción. —Me gustaría quedarme contigo, verte todos los días —Susurra el pecoso mientras se recuesta en el pecho de su novio —Quizá estoy siendo egoísta, pero quiero tenerte solo para mí. —Vivimos demasiado lejos el uno del otro, es demasiado complicado —El rubio responde en el mismo tono y lo abraza cálidamente. Sergio tiene una idea, pero sabe que es demasiado loca y apresurada. Su relación apenas está iniciando, estableciéndose poco a poco, pero él está acostumbrado a vivir rápido y realmente lo quiere todo en ese instante. Sin embargo, se controla y no lo dice. Ya tendrán tiempo para platicar de eso. Y pasada la tarde, Max acompañó a su novio hasta su hotel y se despidieron con un dulce beso. —Hablemos todos los días, por favor —Pidió el pelinegro —Si no podemos estar juntos físicamente, al menos lo podemos estar en el corazón del otro. —Siempre podemos hablar, y buscaré la oportunidad de verte pronto —Max se abraza una vez más a él y le da un beso en la mejilla —Recuerda lo mucho que te quiero. —Yo también te quiero. Un último beso en los labios es todo lo que Checo quiere, deshaciendo un poco el abrazo para buscar aquello que tanto desea y siendo bien recibido por su pareja. Cuando finalmente es el momento de marcharse, el pecoso le promete que cuidará bien de su pequeño bodoquito. Y Max se conmueve un poco al perderlo de vista cuando entra al hotel. Habían sido unas cuantas horas, pero eso solo reafirmó los sentimientos que tenía por su ahora novio. Pero ahora no sabía cómo podrían manejar esa relación a la distancia cuando les gustaba mucho estar cerca del otro.  Unas horas más tarde, Max encontraba cenando con su familia cuando su teléfono comenzó a sonar. Al tomarlo para ver de quién se trataba, casi se atragantó cuando vio el número de contacto. “🌙” —¿Qué te pasa, hijo? —La voz de su padre hace que levante la vista del móvil —Parece que has visto un fantasma. —Maxie, ya te dije que nada de teléfonos en la cena —Su madre lo regaña y él rápidamente busca una excusa. —Es de la universidad —Miente —Necesito responder esta llamada. Sus padres dudan un poco, pues creían que ya había resuelto todos los asuntos universitarios que le quedaban pendiente. Sin embargo, eso le sirve para salir al jardín y responder la llamada —¿Está todo bien, amor? —Es lo primero que Max dice apenas atiende. Sergio ya debería estar en el avión. —Estoy en el hotel —Y su respuesta solo lo preocupa —No he podido salir, hay unas tipas en la recepción intentando conseguir el número de mi habitación. —¿Qué? ¿Cómo es eso posible? —El ruido está más que sorprendido —¿Cómo saben que estás ahí? —Amor estas personas no son como las fans normales —Explica y en su voz se nota lo nervioso que está —Tienen una fascinación por seguirme a todos lados, pero no esperé que dieran conmigo tan rápidamente. En ese momento Max se preocupa aún más pensando que su pareja pueda estar en peligro. —Bien, dame unos minutos —Responde mientras todavía intenta pensar en un plan —Iré para allá, prepara tus cosas que te voy a sacar de allí. El pecoso no cuestiona más y simplemente obedece, terminando la llamada para que ambos pudieran arreglar todo. El joven abogado regresa de nuevo a casa, mostrándose algo perturbado ante la idea de que su luna estuviera atravesando un momento tan complicado. ¿Por qué no simplemente esas fans se comportan y dejan de acosarlo? ¿Cuál es esa satisfacción que obtienen al invadir su privacidad de esa manera? Mira con la cabeza intentando despejar su mente, regresando a la cena con su familia, la cual no tiene ni idea de nada de lo que está pasando. Continúa con pláticas banales que poco le importaban al rubio, quién en su cabeza comienza a maquinar alguna excusa que le sirva para salir de casa. —Max, no olvides sacar la basura antes de irte a dormir —Y su padre le da la respuesta que necesitaba. —Claro, papá —Respondió rápidamente y luego recordó algo que su padre había dicho durante la cena —¿No quieres que también vaya a ponerle gasolina a tu auto? —Su oferta resulta inesperada —Para que no tengas que hacer fila tan temprano. Vaya que parece un buen hijo, casi no se nota que quiere salir corriendo para buscar a su novio. Jos lo duda por un momento, pero al final accede. Y es así como Max saca la basura esa noche y desvía su camino de la gasolinera. Tiene una mochila y una misión que cumplir. No va a permitir que esas odiosas fans sigan molestando a su amor y le perturben la noche. 
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